Balerma

“Han corrido mucho juntos. Cuentan con experiencia. Tienen 28, 32 años, y ya han pasado por cualquier situación unas cuantas veces. Quizá cuando tenían 22 ó 24 años les hubiera costado más reaccionar porque, cuando alguien sufre una avería mecánica, toma un poco de tiempo darse cuenta de lo que sucede y organizarse. Ellos lo resolvieron rápidamente” (Dave Brailsford)

Chris Froome solucionó una nueva situación de crisis en este Tour de Francia; la cuarta tras sortear la caída de Geraint Thomas bajando, la avería en el cambio que sufrió en la despiadada etapa jurásica y salirse en una curva del descenso previo al Peyresourde. En todas ha tirado de suerte del campeón, del poderío de su Team Sky y, por supuesto, de su extraordinaria fuerza física. No obstante la lógica euforia que produce solventar situaciones límites como estas, la acumulación de ‘close calls’ me hace pensar que algo no funciona. Quizá a nivel técnico, o quizá a nivel karmático. Entre las lecciones que me ha dado la vida figura que el cántaro da viajes a la fuente hasta que se rompe y el fracaso es paulatino.

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Baikonur

“No sé qué ha pasado. Aru no es bueno yendo a rueda [de sus gregarios]: nos perdimos cuatro o cinco veces en el tramo de carretera ancha. No sé si culpa suya o nuestra. No sé por qué él estaba situado tan atrás. Era una carretera ancha, deberíamos habernos colocado juntos en cabeza del pelotón, pero no nos encontramos los unos a los otros ya que él estaba vagando por el grupo y, al no verle, nosotros también nos pusimos a hacer lo mismo. No logramos juntarnos de nuevo. Fallamos en nuestra misión de colocar a Fabio” (Michael Valgren)

De las francas declaraciones de Valgren, lo que más me llama la atención es el comienzo de la segunda frase: “Aru no es bueno yendo a rueda de sus gregarios”. Desde fuera parece lo más sencillo del mundo: seguir a los compañeros, que te llevarán a buen puesto y buen puerto, y basta. Sin embargo, tiene su intríngulis mantenerse cerca del coequipier, saber cuándo dejarle espacio y cuándo encimarle, poseer las habilidades técnicas pertinentes para surcar el pelotón persiguiéndole, contar con las fuerzas necesarias para ello, e incluso confiar en que ésa es la persona adecuada para cumplir con ese trabajo. Sumamos factores y nos damos cuenta de que ir a rueda de los compañeros es complicado. Pasa como con otras mil suertes del ciclismo: su complejidad pasa inadvertida. Por eso es tan fácil, y tan atrevido, y tan arbitrario, juzgar.

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Galones

“Prefiero días como éste en los cuales se puede ir a tope de revoluciones. Ayer fue más bien una cuestión de supervivencia porque era una etapa larguísima. Tienes que preocuparte de beber, de comer, de ahorrar energías… Jornadas así de extenuantes generan tácticas negativas. En cambio, cuando el día es más corto, sucede una competición más positiva” (Simon Yates)

Vista la etapa de ayer, la primera conclusión es obvia: ¡cómo molan las carreras cortas! Y tiene cierta parte de razón: la intensidad es mucho mayor, existe muchísimos menos miedo a desfondarse y a las consecuencias de medir mal un ataque. Inmediatamente se vienen a nuestra cabeza tres jornadas: Alpe d’Huez (Tour 2011), Formigal (Vuelta 2016) y esta misma de ayer. Todas tuvieron tres elementos en común: el perfil montañoso, el ejercicio de fondo de más de 200 kilómetros en el día anterior y la presencia de Alberto Contador como chispa para encender la pólvora. Podemos esperar que estos diseños se conviertan en un recurso habitual para los organizadores de grandes vueltas. No serán, sin embargo, el patrón oro. Giro, Tour y Vuelta son pruebas de resistencia, maratonianas por naturaleza. Además, ese derroche de fuerzas que tanto gusta en parciales de montaña puede ser muy peligroso en los destinados al sprint.

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Hierro

“A Chris [Froome] le ha faltado un puntito que sí han tenido otros”
“Ha sido un final inesperado, pero no es ningún drama lo de hoy”
“Si hubiera jugado a ganar la etapa hubiera sido candidato a la victoria”
“No se me ha ocurrido mirar atrás”
(Frases sueltas de Mikel Landa, recogidas de diversos medios)

Mikel Landa tiene muchas cualidades deportivas que le hacen competitivo y un aura que le hace extraordinario. Durante toda su carrera le he percibido como un dechado de virtudes con muchísima personalidad: un gallo con todas las letras. Escalador, inexplicable, carismático y engreído, evanescente y genial. Y, por encima de todo, atrevido hasta el punto de ser descarado. No hay más que pensar en el Giro de su eclosión ante el gran público, en la etapa de Andorra de la Vuelta a España conquistada en rebeldía, o incluso en aquellas Lagunas de Neila en las que, contando 21 años, pintó la cara de su jefe de filas Samuel Sánchez, de un Purito Rodríguez en pleno apogeo o de un Juanjo Cobo que un mes después se vestiría de rojo en Cibeles.

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Españoles

“Jesús Herrada, campeón nacional, es el español más joven que disputa el Tour: 26 años. Mikel Landa cumplirá 28 en diciembre, y los otros nueve participantes están ya en la treintena. La media de estos once alcanza los 32,5 años, que subirá a 32,7 en cuanto Javi Moreno (33) y Dani Navarro (34) soplen las velas el próximo 18 de julio. El pelotón español envejece y cada vez aporta menos efectivos: tomaron la salida 13 (abandonaron por lesión Ion Izagirre y Valverde). De las diez naciones con más de cinco inscritos, ninguna bate a España en edad media”

El análisis de José Andrés Ezquerro en As de la participación española en este Tour de Francia es certero y desalentador. Es cierto que, si Alejandro Valverde e Ion Izagirre todavía estuvieran en carrera, probablemente andarían situados en el top15 provisional e incluso hubieran peleado alguna victoria de etapa. No es menos cierto que serían árboles ocultando el bosque, que es la tendencia a la baja del ciclismo español en la Grande Boucle. A eso podemos sumar estas declaraciones de Javier Mínguez en El País contando cómo le cuesta reunir un ‘nueve’ competitivo para el Europeo de Herning, e incluso para el Mundial de Bergen. Tanto uno como otro aludía al descenso del número de equipos y carreras como motivo de esto. ¿El pelotón español ha perdido profundidad por la falta de escuadras y de calendario? Vamos a comprobarlo.

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Cooperación

“Estoy impresionado por la falta de iniciativa y de ataques de ciertos equipos. Me irrito cuando pienso en el telespectador que espera con impaciencia que llegue el Tour de Francia, aunque seguramente ya disfrutó bastante el pasado fin de semana. […] Aprovecho que estoy en televisión para realizar una llamada a la acción. Si algún corredor está interesado en escaparse conmigo, estaré disponible desde las 9:00 en el autobús de Wanty” (Yoann Offredo en la TV francesa; palabras recogidas por L’Équipe)

Hay 22 equipos en el Tour de Francia pero cada día cogen la fuga sólo dos, Fortunéo y Wanty, que saltan en el kilómetro cero. No existe un sólo porqué: cualquier fenómeno hay que explicarlo por una suma de factores. En este caso, la principal razón es el férreo control que el pelotón ejerce sobre las escapadas y sobre las intenciones de sus integrantes. La crónica de Carlos Arribas en El País (y este vídeo de Velon) cuentan un episodio revelador: Stefan Küng, ya sin la obligación de trabajar para Richie Porte, quiso meterse en la fuga de ayer y los equipos de los velocistas anularon su ataque a base de piernas y de insultos. ¡Qué complejo es ese grupo social llamado pelotón!

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Netflix

“Hasta ahora los sprints han sido un auténtico caos. Creo que el panorama está cambiando porque cada vez hay más sprinters competitivos y luchando por tener una posición ideal en cabeza del pelotón. La pelea es encarnizada, el nivel medio ha subido muchísimo, e incluso los lanzadores tienen cada vez menos espacio porque los velocistas prefieren estar solos en la posición 10 antes que acompañados en la 20” (Reinardt Janse van Rensburg)

Para un periodista que cubre una gran vuelta desde casa, la jornada de descanso es el único momento posible para realizar entrevistas con personas presentes en la caravana. Y no con cualquiera: hay que localizar un sujeto que sea interesante, no vaya a estar demasiado solicitado y pueda estar dispuesto a sacrificar 10 minutos de reposo y soledad, dos situaciones que apenas se experimentan a lo largo de los 25 días que dura una gran vuelta. En mi caso aposté por Reinardt Janse van Rensburg, sudafricano de Dimension Data, el mejor lanzador de lo que llevamos de Tour de Francia junto a Davide Cimolai. Lo demostró currando para Edvald Boasson Hagen en la jornada de la dignidad. Un detalle que sumar a la cita inicial: apuesta por Cofidis para controlar la llegada de hoy a Bergerac.

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Despiadado

“Porte en el hospital. Démare fuera de control. Barguil batido por un centímetro. El Tour es despiadado” (Laurent Vergne)

Empecemos por el final: la etapa reina, jurasiana (por ser en el Jura) y jurásica (por lo monstruosa) del Tour de Francia ha sido una obra maestra del ciclismo, del deporte y del drama. “Los organizadores han tenido lo que querían”, dijo con amargura Dan Martin, ciclista de Quick-Step colateralmente perjudicado por la durísima caída de Richie Porte en el descenso sinuoso y húmedo del Mont du Chat. El irlandés se refería a la acumulación de subidas durísimas y descensos peligrosos que atentaba casi frontalmente contra la integridad de los ciclistas. Por un lado es una forma de premiar cualidades que van más allá de lo puramente físico: la habilidad, la atención, la gestión de esfuerzos, o incluso la astucia. Por otro es ponerles en riesgo; un riesgo que, por otra parte, es inherente a cualquier competición. Puedo empatizar con los corredores tanto como los hago con los organizadores que buscan espectáculo a toda costa. Desde mi papel de periodista y espectador, sólo puedo decir que ha sido una etapa maravillosa que bien vale por todo un Tour de Francia.

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Jurásica

“En un momento estás en carrera y en el siguiente estás tirado en la cuneta después de haber volado por encima del quitamiedos junto a un compañero. Ésa es la naturaleza de la competición, y asusta. Piensas sobre todo lo que podría suceder en una carrera y nunca puedes prevenir algo fortuito que pueda acabar con tus opciones. Da miedo cuando ocurre algo así… Pero, por fortuna, Geraint [Thomas] está bien y yo ni siquiera me fui al suelo. Sólo me salí de la carretera”. (Chris Froome)

Una de mis principales obsesiones personales es el concepto de “instante decisivo”. Lo acuñó un fotógrafo francés del siglo pasado y consiste, básicamente, en que trabajamos durante años para llegar a un instante decisivo que se presenta de improviso y es cara o cruz. Si lo aprovechamos, nuestros desvelos reciben recompensa; si no, sólo queda seguir jugando en espera de que aparezca el siguiente instante decisivo. Pienso que lo que distingue a los deportistas especiales de los buenos es esa capacidad de resolver los instantes decisivos; ya sea por fortuna, por instinto o por talento. Algunos lo llaman (lo reducen) “suerte del campeón”. Sea lo que sea, Froome lo tiene. Lo de ayer bajando fue una muestra más.

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Dignidad

“Él conserva su velocidad de los tiempos de HTC. Su debilidad frente a los velocistas punteros es que no lima jamás. Es Edvald: un tío amable, demasiado amable. No obstante, si puedes llevarle en cabeza [hasta el último momento], es temible”. (Bernhard Eisel)

La gran sensación de la tercera etapa victoriosa de Marcel Kittel no fue su tercera aceleración terminal, sino la de su gran rival Edvald Boasson Hagen y la de su lanzador Reinardt Janse van Rensburg. Los Dimension Data realizaron un trabajo extraordinario en los últimos kilómetros, con Mark Renshaw y Bernhard Eisel (los lugartenientes de Mark Cavendish) cediendo su papel protagonista al campeón sudafricano y a la vieja joven promesa noruega. El resultado fue espectacular: no hubo quien quitara a Reinardt del primer puesto hasta que él quiso quitarse; Boasson Hagen trató de rematar y sólo seis diezmilímetros le separaron del triunfo.

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