Despiadado

“Porte en el hospital. Démare fuera de control. Barguil batido por un centímetro. El Tour es despiadado” (Laurent Vergne)

Empecemos por el final: la etapa reina, jurasiana (por ser en el Jura) y jurásica (por lo monstruosa) del Tour de Francia ha sido una obra maestra del ciclismo, del deporte y del drama. “Los organizadores han tenido lo que querían”, dijo con amargura Dan Martin, ciclista de Quick-Step colateralmente perjudicado por la durísima caída de Richie Porte en el descenso sinuoso y húmedo del Mont du Chat. El irlandés se refería a la acumulación de subidas durísimas y descensos peligrosos que atentaba casi frontalmente contra la integridad de los ciclistas. Por un lado es una forma de premiar cualidades que van más allá de lo puramente físico: la habilidad, la atención, la gestión de esfuerzos, o incluso la astucia. Por otro es ponerles en riesgo; un riesgo que, por otra parte, es inherente a cualquier competición. Puedo empatizar con los corredores tanto como los hago con los organizadores que buscan espectáculo a toda costa. Desde mi papel de periodista y espectador, sólo puedo decir que ha sido una etapa maravillosa que bien vale por todo un Tour de Francia.

Cronoescalada a Hirmes. Peñarrodada – Hirmes. Efectivamente, hoy me he puesto un dorsal por primera vez en mi vida. He competido disfrazado de PinoRoad, con dos bidones de Rusvelo en el cuadro de mi Pinarello. He sentido por primera vez los nervios del calentamiento, las conversaciones someras con los sentidos puestos en el reloj biológico. El bajón de adrenalina al tomar la salida y el subidón de esprintar hacia meta. Resultado: he bajado en 1’10” el tiempo que marqué en el “ensayo” de ayer, he sido doblado en el primer kilómetro por el ganador y luego me he dado el gustazo de doblar a mi vez a tres participantes. He sido 5º de mi categoría, la Elite; 23º en la clasificación ‘scratch’; y 4º en la local, a sólo 15 segundos de subir al podio. Cómo me gusta ser un globero.

Ayer dos equipos hicieron un carrerón. El primero, por su trascendencia y por la magnitud de la actuación, Ag2r. Corría en casa; de hecho, el recorrido pasaba por las inmediaciones de su sede. No es un detalle baladí: así se explica cómo se atrevieron a tensar y romper la carrera en descensos que conocen a la perfección. Su estrategia de hoy tuvo la rara cualidad de que prácticamente todos los corredores tuvieran su momento de protagonismo: Domont, Bakelants y Vuillermoz en la fuga; Gastauer, Latour, Frank y Gautier triturando el pelotón cuesta abajo y cuesta arriba; Bardet rematando. Sólo Naesen se quedó sin su cuota de cámara en momentos clave. Da gusto ver a un equipo crecer en torno a un líder hasta convertirse en uno de los mejores del mundo, capaz de definir un Tour de Francia.

El otro equipo enorme fue Sunweb-Giant. Los resultados del conjunto neerlandés tienen un mérito extraordinario habida cuenta de lo limitado de su plantilla: 14º en CQRanking, cuenta sin embargo con un Giro d’Italia en su palmarés de esta temporada y es capaz de realizar argucias tácticas para sacar el máximo partido de su arsenal. Ayer se marcharon cinco corredores en la fuga: Arndt, Ten Dam y Geschke bregaron para que Matthews cogiera puntos de cara a la clasificación de la Regularidad, en la cual es segundo a la espera de la extenuación de Kittel, y Barguil se proyectara a un liderato holgado (dobla en puntos al siguiente) en la Montaña. “Faltó un centímetro para que la etapa fuera perfecta”, puso Ten Dam en su Strava. Qué despiadada fue la providencia privando a ‘Wawa’ de la victoria frente a un Urán que, inspiradísimo, alcanzó la mayor victoria de su vida deportiva con su Cannondale atascada en 53×11 por una avería sufrida en la caída de Porte.

La caída de Porte. Qué mala suerte, una vez más, del australiano. Qué ciclista tan dotado y tan desgraciado. Fue un error no forzado sobrevenido en un descenso muy complicado; un hito más en una larga serie de infortunios. Recuerdo que, en mi apuesta preTour, le puse una carita pensativa. Sabía, sabíamos todos, que iba a estar delante; sospechaba, sospechábamos todos, que acabaría pecheándola. La lástima, diría incluso la rabia, es que lo haga por una dolorosa caída que le fracturó pelvis y clavícula pero pudo incluso ser mucho peor. La potencia de la imagen no estuvo solo en cómo su cuerpo descontrolado rodó por la carretera y rebotó contra el balate; también en esa BMC que se precipitó ladera abajo hasta escaparse del plano de la cámara.

Igualmente clave es la caída y retirada de Geraint Thomas. El galés se había mostrado como el gregario más en forma de Team Sky junto a Michal Kwiatkowski, que probablemente esté rindiendo a su mejor nivel de siempre. Perderle es un contratiempo importantísimo para Froome: si hay un compañero que podía acompañarle en trances como el Mont du Chat, en el cual se vio sólo contra ocho rivales, era ‘G’. Toma ahora una importancia capital que Sergio Henao y, sobre todo, Mikel Landa den un paso adelante y se conviertan en lugartenientes de primera. Si no es así, el anglokeniano se puede ver aislado varias veces en este Tour de Francia. Y no siempre habrá intereses cruzados que le beneficien.

Para no eternizar este texto, sólo un párrafo más. A Alberto Contador ayer se le cruzó el gato negro de cada año con dos caídas fortuitas y sobrevenidas; sin embargo, él mismo eludió responsabilizarlas de su rendimiento subpar de ayer. Esta vez no hubo excusas: “Es secundario hablar de dolor: no he estado como me hubiera gustado estar y ya está. Tenía buenas sensaciones esta mañana, pero luego las piernas no me han respondido”. Durante años, el campeón madrileño ha escondido su tendencia a la baja tras circunstancias puntuales. Ayer, de repente, le cayeron cuatro minutos y medio y con ellos cuatro años y medio de lógico, inevitable y honroso declive. Lógico e inevitable porque los años no pasan en balde. Honroso porque el Contador ciclista da la cara en cada metro de competición. De hecho, todavía no ha dicho su última palabra en este Tour de Francia.

Algo mejor que leer… Después de todas las temporadas que vimos venirse abajo en la jornada jurásica, me parece pertinente remitiros a este texto escrito por el ciclista profesional Larry Warbasse para Rouleur. En él se relatan perfecta, sucinta e íntimamente el inmenso sacrificio tanto físico como emocional que hacen los deportistas para alcanzar su máximo nivel. Cuando hayáis terminado de leerlo, pensad de nuevo en las caídas de Richie Porte, Geraint Thomas y compañía. No las veréis igual.

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Un comentario en “Despiadado

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