La moneda

A veces uno se encuentra con retales de sí mismo y se queda estupefacto. Hoy, repasando el Giro d’Italia 2012 para un reportaje sobre Thomas de Gendt que saldrá publicado en la próxima Ciclismo a Fondo (ya veréis: mola cantidad), me he topado con este artículo que publiqué en Revolutio.es resumiéndolo y…

Qué lástima que Revolutio.es acabara tan pronto. No sé si los leopardos éramos los mejores periodistas, pero sí estoy convencido de que éramos el mejor grupo posible. Nuestras visiones y nuestras ambiciones coincidían; nuestro talento se complementaba y espoleaba. Duró apenas unos meses en plenitud: entonces llegaron las ofertas de fuera y todos encontramos un trabajo que nos apartó del bello proyecto común. La amistad, por fortuna, sigue presente. Y por muchos años.

… Y la cuestión es que no me he reconocido en este texto. Será por la carga de trabajo, será por el estrés, será porque estoy dedicando demasiados esfuerzos al marketing y la comunicación corporativa, pero llevo siglos sin sentir la creatividad que expresa este texto. De Gendt dice que se le antoja que aquel Giro parecía la carrera deportiva de otro. Yo tampoco reconozco este artículo como mío. Sin embargo, lo es. Y me siento orgulloso de haber sido esto.

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Verano

Acabó la Vuelta a España y, con él, el verano. Dalí decía que en realidad se acababa cuando las bicis llegaban a París; los Venga Monjas tienen otra teoría igualmente interesante; yo opino que acaba con la Vuelta. De repente uno siente la presión abandonando su cuerpo, la felicidad invadiéndolo. Incluso pega ponerse pantalón largo.

Han sido semanas de mucho curro que he tenido la inmensa suerte de disfrutar muy bien acompañado y en lugares fantásticos. He vivido muchos de esos momentos que parecían conclusiones, fundidos a negro felices y placenteros. Y ahora viene el último con la fiesta en la que uno se emborracha junto a sus colegas, sus alter egos, sus rivales y sus complementarios. Si esta noche me encuentro al mastín, le invitaré a un chupito.
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56

Hoy vi a Vicente Belda y Darío Gadeo en menos de 10 metros. Estábamos junto al autobús de Movistar, observando partir a Nairo Quintana. Saludé primero a Vicente, con quien comenté el plato grande de 56 dientes que llevó Nairo durante la crono. “¿Tanto?”, fue su primera reacción mientras ponía expresión de duda. En efecto, tanto: querían que lo moviera en los falsos llanos de un recorrido ratonero, complejo, “difícil de interpretar” en palabras de Addy Engels. Yo no vi el ejercicio de Nairo: sólo lo escuché por la radio mientras conducía hacia Calpe, pero una vez en sala de prensa me contaron que se le había visto atrancado en la parte final y le pregunté si le habían sobrado dientes. “Sí, pero no en el plato sino en la boca. Me hubiera venido bien no tener dientes para que pasara más aire a mis pulmones”.

Siguiendo con Nairo: diría que su contrarreloj fue muy buena. Después de todo, fue 11º. Fue Chris Froome quien se salió del mapa. Él también salió con plato de 56. Fue el primer desarrollo del que me enteré pululando por los autobuses y lo interpreté como una apuesta: dar el todo por el todo en esta crono para forzar un escenario en el cual fuera realista asaltar el maillot rojo en Aitana. Lo logró. Sigue leyendo

Todo

Este año estudié un Máster en marketing. Gracias a él viví experiencias inolvidables, conocí personas extraordinarias y aprendí unas cuantas cosas. Una de ellas un axioma, “todo comunica”, que podríamos desarrollar en que la personalidad de las organizaciones se refleja en los individuos. En ese sentido, es curioso ver conducir a los coches de equipo hacia el avituallamiento. Dimension Data se maneja con prudencia y respeto; otros van adelantando al resto de coches de tres en tres y con raya continua.

Todo comunica; también el silencio. He estado tres o cuatro etapas sin publicar en este blog. En principio era porque he tenido una movida en los ojos, irritados hasta impedirme pasar más tiempo del imprescindible frente a la pantalla. En realidad, reconozco que me ha costado mantenerle el pulso a la carrera tras Formigal. La Vuelta a España es una experiencia genial, especialmente cuando se afronta bien acompañado como es mi caso. Sin embargo, hay días que se hacen pelota; porque hay mucho o poco curro, porque no tienes ganas de sonreír, porque la carrera no te interesa. Yo he sufrido unos pocos seguidos en esta tercera semana de carrera. A lo Van Garderen, como me decía un amigo hoy.

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Ahusky

La etapa del Col d’Aubisque ha tenido todo lo que se pide a una jornada reina. El recorrido estaba: cuatro puertos de entidad y bien enlazados, con apenas 10 kilómetros de impás entre uno y otro. El más molón, el primero: Inharpu, también conocido como Ahusky, con su comedero de buitres al pie de la subida, sus rampas sostenidas, su carretera estrecha, sus desfiladeros, su paisaje pirenaico… Verdaderamente me he quedado con el deseo de volver algún día a su cima, pero pedaleando.

Para que fuera una etapa reina faltaba lo difícil, que era la carrera, y entre Movistar y Orica-BikeExchange la han brindado. Ambos equipos han salido a competir con ambición y han colado tres buenos elementos en la fuga numerosa del día. La diferencia entre el éxito relativo de los australianos y el sinsabor de los españoles ha estado en que las X de sus estrategias, Simon Yates y Alejandro Valverde, han corrido suertes completamente distintas. Sigue leyendo

Soldado

La sala de prensa respiraba agitada hoy. El motivo era la resolución de la etapa, con una escapada de serie C y un pelotón que la dejó marchar, complacido, para llegar a meta con 35 minutos de retraso. Al fin y al cabo los periodistas, aunque estemos en contacto directo con el pelotón, somos meros espectadores de la carrera. Nos disgusta presenciar un espectáculo mediocre; una vez irritados, no empatizamos con las razones de los artistas. Los aficionados escriben tuits; nosotros, crónicas.

Sinceramente, a mí me gusta ver a nombres poco habituales disputándose victorias de calado; no obstante, reconozco que esto es un mero rasgo de frikismo. Hoy no me ha molado carrera por lo que suponía para los pueblos que la acogían: esperaban una competición de 180 ciclistas y han encontrado que sólo han apretado una docena de hombres. Los demás han paseado. Tiene su lógica: nadie iba a controlar 200 kilómetros en pos de un sprint que se presumía incierto dado lo tramposo del terreno final. Sin embargo, aun con el cansancio que arrastran y las dos jornadas decisivas que vienen, lo suyo hubiera sido que el pelotón hubiera llegado a diez minutos de la fuga. Aunque sólo fuera por estética. Sigue leyendo

Cobo

¿Os acordáis de que ayer escribí que no quise subir a Peña Cabarga y me dio pena por no revivir los momentos de aquella Vuelta a España con Juanjo Cobo? Hoy le he visto en la salida. Gorra negra calada, gafas de sol enormes de montura también negra, barba cerrada y un crío en los brazos. “No es mi hijo”, me contestó cuando le pregunté.

Es curioso cómo las personas nos relacionamos con cada recuerdo de forma relativamente distinta. Están la alegría, el rechazo, la Milinko Pantic… y unos cuantos estadíos intermedios. En este caso yo he sentido muchísima alegría y un punto de Milniko. Cobo es el artífice de algunos de los mejores días de mi vida y, por encima de todo, una persona fantástica, dulce, amable, cariñosa. Además, disfruta del anonimato. Por saciar vuestra curiosidad os diré que ahora mismo está desempleado y dedica el tiempo que antes empleaba sobre la bici a practicar surf. El resto de cosas que me ha contado pertenecen a su vida privada. Sigue leyendo