Hegemonía

¿Sabéis qué es la hegemonía cultural? Básicamente: es una teoría alumbrada por el pensador Antonio Gramsci que establece que una clase dominante, puede ser élite o no, es la que dictamina el marco cultural en el cual piensa la sociedad. Analizando a título personal y probablemente demasiado a la ligera, pienso que en Occidente la hegemonía cultural corresponde a los Estados Unidos. Es el gran centro de producción de material cultural, y encima también domina los medios a través de los cuales ésta se transmite. Si queréis leer más sobre el tema, el otro día Manoletus García publicó un post muy interesante al respecto en Remontando.

La hegemonía cultural también existe en el ciclismo. Los medios de comunicación especializados más potentes, particularmente en el formato online, son anglosajones. Las razones de esto son diversas. Mis hipótesis: que en estos países existe una cultura mediática mayor que en la Vieja Europa, histórico centro neurálgico del ciclismo; que el aficionado ciclista anglosajón tiene una extracción social y económica mayor que el europeo, lo cual le convierte en más propenso a consumir medios de comunicación, fortaleciendo a estos mediante ingresos directos y por publicidad; que la audiencia potencial de un medio escrito en inglés (entre 1000 y 1500 millones de hablantes a nivel global según datos recogidos en Wikipedia) es mayor que si estuviera escrito en español (aprox 500) ó francés (aprox 250)…

Tour de Francia. Etapa 2. Dusseldorf – Lieja. ¿Os habéis fijado en quién cerraba el pelotón hoy casi todo el día? Steve Cummings. El artista. Le veremos limpiar una victoria tarde o temprano con su maillot de campeón británico.

La hegemonía cultural se manifiesta en el ciclismo de la siguiente manera: los medios anglosajones marcan la agenda informativa a nivel mundial. No lo hacen con perversión. Simplemente están en una posición dominante, tienen la audiencia más amplia y disponen de los mejores recursos para surtirla de contenido, probablemente porque hacen muy bien su trabajo. Esto tiene muchas consecuencias; una, en particular, es el ‘hype’ (expectación) que rodea a cualquier ciclista anglosajón. Ya hay mucho más publicado y escrito sobre Adrien Costa, Neilson Powless ó Brandon McNulty de lo que hay sobre Jaime Rosón, Thomas Boudat ó Valerio Conti, lo cual provoca que los aficionados (y los informadores) conozcan mucho más a estos jóvenes talentos estadounidenses que aún no han llegado a profesionales que a corredores con más valía deportiva acreditada y más cercanos en lo cultural o incluso en lo geográfico.

Un primer caso paradigmático de este fenómeno: Lachlan Morton. Ciclista de perfil medio o incluso bajo en el contexto UCI World Tour, su personaje es gigantesco gracias a una cobertura intensiva por parte de los medios anglosajones. Un segundo: Geraint Thomas. Tercero y principal de hoy: Taylor Phinney.

La categoría deportiva de Phinney es mucho mayor que la de Morton; su fama y su personaje, también. Ciertamente, lo tiene todo para ser una figura. El pedigrí ilustre, la personalidad arrolladora, el carisma singular, el aura sonriente, la planta elegante, el talento a raudales. Es hasta guapo. Y encima ha sumado una historia personal de superación impresionante por mor de aquella caída de los Campeonatos de Estados Unidos 2014, tan escalofriante que llevó al ciclista que circulaba tras él a retirarse por el mero trauma de presenciarla. La imagen de su pierna izquierda surcada por cicatrices es potentísima. Así y todo, cada vez que leo el enésimo reportaje sobre su recuperación, su nueva filosofía de vida (con la cual me siento identificado), sus afiladas reflexiones o sus pinitos artísticos… Tengo la impresión de que le conozco más que a Alexander Kristoff, Tony Martin y Louis Meintjes juntos.

Dos apuntes más sobre hábitos.

Hoy ha ocurrido la primera caída masiva del Tour de Francia. Se ha marchado al suelo el tercero del pelotón y eso ha provocado que los equipos mejor colocados (Ag2r, Sky, Cofidis) hayan sido los principales damnificados. El bloque de Trek-Segafredo venía en torno a la posición 60, lo cual ha permitido a Alberto Contador escapar indemne de este trance que sí ha dañado a Romain Bardet o Chris Froome. Es un hecho que me parece importante, por cuanto rompe el hábito de infortunio del pinteño.

El sprint final de Marcel Kittel en Lieja fue impresionante, sí; remontó desde la posición 20-25 para imponerse. Le benefició el culebreo de Cofidis, con el lanzador Christophe Laporte abriéndose para dejar la tostada a Peter Sagan demasiado pronto. “Me he girado, he visto que Sagan estaba a mi rueda y Bouhanni tras de él… Y no iba a lanzar a Sagan”. Total: por no lanzar a Sagan, tampoco lanzó a Bouhanni. Pienso que para el hábito de ganar es básico ser ambicioso y generoso en el esfuerzo, sin miedo de que otros se aprovechen de él. Racanear aboca a la mediocridad.

Algo mejor que leer: Lo último que tengo archivado sobre Taylor Phinney es esta entrevista que le hizo Sophie Smith en Cycling Central. “En cuanto a la motivación, este par de años ha sido difícil para mí entender qué estoy aportando a la humanidad corriendo en bicicleta, pensando todo el tiempo en mí mismo y en mi cuerpo”.

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3 comentarios en “Hegemonía

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