Humano

“Ha arrancado Richie Porte muy fuerte delante de mí; he visto que quedaban 700 metros, pegaba mucho aire, y he decidido que pasaran otros corredores porque se me podía hacer largo hasta meta”. Lo dice Alberto Contador ante los medios de comunicación españoles presentes en Francia; lo pico, lo tuiteo, y recibe un sinfín de retuits irónicos. “Está ganao”. “Nada humano le derrota”.

El haterismo es una respuesta normal al fenómeno fan. Casi consustancial. Yo, en lo personal, soy más de hatear que de admirar; sólo que mis odios me los guardo para mí e intento que no se noten cuando confluyen con mi ejercicio profesional, en el cual me parece más pertinente ser ecuánime que sesgado. No obstante, me resulta más sencilla la parte de callarme que la parte de disimular.

Tour de Francia. Etapa 3. Verviers – Longwy. Una de las cosas buenas de no estar trabajando sobre el terreno sino desde casa es que paso buena parte del día fuera de la burbuja de la carrera ciclista. Puedo, por ejemplo, ir a mi clasecita de Chino por las mañanas y salir a pedalear por las tardes. Hoy han caído 80 kilómetros que me han sentado maravillosamente.

“Nada humano le derrota”. A diferencia de la mayoría de protagonistas, a los cuales hay que buscar a la zona de autobuses rezando por que no se hayan refugiado en su fortaleza de cristales ahumados y rogando por que la abandonen medio minuto para abastecernos de declaraciones, Alberto Contador se detiene en cada meta a ofrecer su perspectiva de la etapa. Habla, habla mucho; así refuerza su personaje y su carisma, así acapara más titulares que nadie en el panorama nacional, así emite palabras que sientan mal a una parte del público e incluso del pelotón. Célebre es aquella columna de Amets Txurruka en Gara, titulada ‘Pinocho’, apuntando como su relato de “he venido a la carrera sin prepararme”, esa rebaja de expectativas para después generar sensación de sorpresa, hace sentir a los rivales que o bien ellos son malos de solemnidad o bien él miente como un bellaco. Es sólo un ejemplo de cómo el pez puede morir por la boca, y de cómo que lo haga depende en buena medida de la oreja que le escuche.

“Nada humano le derrota”. En las declaraciones de Contador hoy en meta sólo me ha chirriado la alusión al viento. Por lo demás, me parece honesto: admite que no podía seguir el cambio de ritmo de Richie Porte y ha decidido abrirse para no reventar. Yo he visto a un ciclista tirando de experiencia para paliar sus limitaciones; uno que sabía que disponía de margen para dejarse rebasar por otros corredores sin perder tiempo en meta. He visto, también, a un ciclista más débil que los dos rivales más directos con los que se ha medido (el citado Porte y Rafal Majka). No veo a Contador en el podio de los Campos Elíseos. El transcurso del Tour de Francia nos revelará la realidad.

El otro gran nombre de la jornada ha sido Peter Sagan. Sí, abracadabra. Patrick Lefevere dijo de él que le manejaba “una agencia de comunicación”… ¡Como si fuera algo malo! Gracias a eso, a los vídeos de ‘Grease’, a las redes sociales exquisitamente gestionadas, a las sesiones de fotos irreverentes, su figura es magnética hasta trascender lo deportivo.

La ‘flash interview’ de Sagan hoy ha sido para enmarcar en lo publicitario. Agachando la cabeza para escuchar a su interlocutor colocaba el Bora-Hansgrohe de su gorra en el centro de la pantalla. Las gafas de motocross eran un elemento disonante y llamativo, muy propicio para el comentario, lo cual seguramente habrá hecho feliz al patrocinador de turno. Respecto al discurso, el “no sé qué es la presión” ha sido ideal por su naturalidad. Después, en rueda de prensa ha dejado una perla: “¿En qué cambiaría el mundo si volviera ganar el maillot verde? En nada… Hay cosas más importantes en la vida”. Tiene razón. Casi todo en esta vida pasa de refilón sin rozar siquiera lo esencial.

Algo mejor que leer… Vía Volata he llegado a esta pieza de Rouleur sobre Frederik Backaert, ciclista de Wanty-Groupe Goubert que hoy estaba presente en la fuga y compagina su carrera deportiva con el trabajo en la granja familiar. Impagable la explicación de cómo la construcción de nuevos establos en la misma lastró su evolución como ciclista en su época sub23.

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