Crueldad sin necesidad de honra

Dice Borja que en el ciclismo corren dioses airados, pero yo diría que en realidad son héroes frenéticos buscando esa condición de dioses airados. Héroes sin medios, a veces también sin fines, pero con un objetivo: trascender.

No entiendo que Sky se haya comportado de una forma tan cruel“, dijo en meta Eusebio Unzué a Laura Meseguer. El técnico navarro aún estaba perplejo porque Alejandro Valverde, la joya de su corona, había sido descabalgado de la bicicleta y el liderato por un ataque de los británicos, buscando un abanico con una peligrosa maniobra que estrechó el pelotón y tuvo por consecuencias ineludibles los roces y la caída de unos veinte ciclistas entre los que se contaba medio Movistar.

Más crueldad: el movimiento fue liderado por Juan Antonio Flecha, ejecutado por Xabi Zandio y Rigoberto Urán, planificado por el director deportivo Nicolas Portal. Todos antiguos integrantes de la escuadra navarra; los tres últimos, incluso, ex compañeros de Valverde. El murciano fue al autobús de Sky y les espetó: “Estoy jodido. No me lo esperaba de vosotros“. Antes, en Cope, había hablado de antideportividad y falta de cojones. Mientras tanto, Flecha y ‘Purito’ escurrían el bulto, escudados en que ignoraban el infortunio de ‘Bala’. La diferencia entre ambos fue que Katusha cesó de tirar cuando Intxausti avisó de la circunstancia, mientras Sky continuó apoyado de manera desconcertante por BMC, súbitamente convencido de las condiciones de Steve Morabito.

Quizá vengaban afrentas de tiempos pasados, algo siempre presente en el complejo e intangible código del ciclismo. Porque, si en los duelos en pistola era poco honroso apuntar con esmero al cuerpo del contrincante o rematarle cuando se hallaba herido, en el deporte de la bicicleta la venganza suele servirse tan fría como fina, y el escudo de la legitimidad es amplio, amplísimo. Así que no hubo piedad a la hora de hacer revivir a Valverde aquella situación de Suances, de tirar por detrás desesperado mientras el pelotón desfilaba en el horizonte.

Las prisas de Valverde detrás de Sky eran las de Luis Ángel Maté y sus cuatro compañeros de fuga delante. Merced al difícil terreno de salida, la fuga se había hecho de galgos: Maté, Jesús Rosendo, Assan Bazayev, Tony Martin, Simon Clarke. Todos con buen motor y, en mayor o menor medida, ambición por trascender. El ‘Lince Andaluz’, sabedor de que el maillot rojo estaba a su alcance si la complacencia cundía en Movistar, tiró hasta vaciarse. La joya de 13 minutos de ventaja que contaba la fuga a 40 km de meta fue reducida a quincalla de 6 por la crueldad de Sky. No había mucha esperanza de lidearto Valdezcaray arriba, aunque sí quedó un margen para la victoria que aprovechó el infravalorado Clarke para conseguir su primera victoria desde junio de 2008.

Hubo más historias en la etapa, como los ataques vanos de Contador, el extraño brillo de Nicolas Roche, la celebración a destiempo de un Marcos García que mostró hoy su mejor versión de siempre o la desacostumbrada solidez de Juanjo Cobo que, como suele sucederle, se ha descartado demasiado pronto. Aunque ninguna como las derivadas de ese movimiento cruel de Sky, legítimo porque su frenesí inició antes de la mala suerte, pero cuya honra es cuando menos discutible.

Fotos: Graham Watson – Vuelta a España

Anuncios

Crueldad y supervivencia

Nada, que los de Mavic no entienden castellano… No sabían lo que pedía… Y claro, a 180 pulsaciones, me he alterado…“, y puntos suspensivos, y balbuceos, y pequeñas disculpas. Era Samuel Sánchez, al micrófono de Quique Iglesias de Cadena Cope, explicando lo sucedido cuando, a una decena de kilómetros de meta, había voceado al coche neutro urgiéndole a repararle el cambio de su Orbea.

La primera semana del Tour de Francia es muy cruel. “Marca la diferencia. La manera con la que se corre hace que vayas gastando y gastando, y te va matando. Es como ponerle la puya al toro para desangrarlo y que vaya perdiendo la energíadecia Iván Gutiérrez en una entrevista con Borja Cuadrado.

Hoy, el cántabro se mostraba en cabeza del pelotón, apretando los dientes para avivar el ritmo de un pelotón tendente a aletargarse tras sufrir múltiples caídas, enganchones y cortes. Porque, cuando se juega para ganar, conviene el pavor antes que la mansedumbre; y hay que forzarlo aunque cueste una bronca de Sylvester Szmyd, cabreado porque tiene a su líder Peter Sagan (a la postre ganador) descolgado.

Hoy en el pelotón deben haberse oído tantos frenazos como gritos, aunque en realidad los ciclistas viajan en una burbuja de algarabía, rodeados de ruidos mecánicos y humanos, del pinganillo, de las motos y los coches rebasándoles a lado y lado por una calzada de cinco metros de ancho, del público gritándoles alborozados mientras fija un fotograma vital que jamás olvidará. ¡Es el Tour de Francia!

Yo sobreviví a la tercera etapa del Tour“, tuiteaba Luis Ángel Maté nada más terminar la carrera. El ‘Lince Andaluz’ supo aguantar en el grupo de favoritos, buen hito para sus primeros pasos en una ‘Grande Boucle’. Y ha sido más bien una cuestión de supervivencia, por cuanto pocos pueden decirse, como él, indemnes hoy. Hasta Wiggins, el imbatible e inmortal, cedió tiempo en meta (anulado por los jueces) debido a una caída de Boeckmans forzada por Freire y provocada por un ‘seto’ de GreenEdge. También perdió un gregario, el valioso y polivalente Konstantin Siutsou, pieza clave en los milimetrados planes de Sky, con fractura de tibia.

Más cruel si cabe fue la jornada para Movistar, que marró la ocasión de ganar la etapa con Valverde al salir el murciano recto en la curva postrera y, para más inri, sufrió la baja de José Joaquín Rojas, que no pudo sobrevivir con la clavícula rota por tres sitios y se perderá sus deseados Juegos Olímpicos en favor de su coequipier Fran Ventoso.

Foto: Facebook Movistar Team

No es tan “fácil”

¿Cuántos corredores están capacitados para luchar por la victoria en el Tour de Francia? Siendo realistas, pocos. Apenas seis o siete, diez como mucho, de los 500 que componen el pelotón World Tour; por no incluir la categoría Profesional, donde está claro que no hay nadie capaz en condiciones normales de vestir el amarillo en París, aunque quizá el año que viene tengamos en la categoría a Contador o Andy Schleck…

Por eso, porque sólo hay un Tour y apenas unos pocos capaces de ganarlo, ese perfil de mirlo blanco es tan valioso y codiciado. Alejandro Valverde desea cumplirlo, pero está por ver que sea capaz de ello. Las capacidades del murciano, imponderables por altas, le sitúa sin asomo de duda en el elitista grupo de los superclases; sin embargo, aunque sus características han demostrado ser adecuadas para ganar clásicas de las Ardenas y una ronda de tres semanas de perfil bajo como la Vuelta a España, el Tour… es otra cosa… Más después de año y medio parado. No es tan “fácil”.

El mismo Valverde lo asume, situando desde el principio su objetivo en ocupar algún escalón del podio, sin mirar directamente a lo más alto por si le deslumbrara el fulgor amarillo. Ciertamente, no se ve desde dónde puede acceder al primer cajón en este Tour de Francia: sin bonificaciones, que en finales como el de hoy en Bologne-sur-Mer serían una mina de tiempo; con más de cien kilómetros de contrarreloj, perniciosos por mucho trabajo específico que haya realizado; asumiendo que la alta montaña para Valverde no es terreno donde acumular ventaja sino para resistir… ¿Quizá algún movimiento táctico avezado? No es tan “fácil”.

Y eso que Movistar, si tiene algo, es un equipo profundo, fuerte, para forzar la carrera a calambrazos por encima del impulso continuado y anestésico de Sky. Juanjo Cobo, vigente campeón de la Vuelta a España a pesar de todo, sigue teniendo los plomos activos y sin ofrecer motivos para la preocupación; si sigue en esta línea, puede estar entre los diez mejores en la montaña de esta ‘Grande Boucle’. Rui Costa tiene un aura similar, aunque más agresiva. El rebelde Kiryienka, los ‘largos’ Karpets y Plaza, rodadores expertos como Iván Gutiérrez y Erviti, un genio abnegado como Rojas… Volcando sus esfuerzos en Valverde son un bloque temible. Pero claro… No es tan “fácil”.

Foto: This Is Our Sport – Festina

Una etapa de culto

No ha sido la más espectacular, por cuanto hemos visto carreras mucho más duras, repletas de pajarones, perladas de ataques épicos… Tampoco la más significativa, por cuanto ésta no es una prueba que marque la temporada, si bien es cierto que suele sellar antes y después en las carreras deportivas de quienes triunfan o fracasan en ella. Pero la jornada de hoy del Critérium du Dauphiné, con inicio en Saint-Alban-Leysse y final en Morzine tras 167,5 kilómetros en los cuales se superaban seis puertos, incluyendo los míticos Colombiére (1ª) y Joux Plane (HC), ha estado llena de detalles y actuaciones que acentúan sensaciones

1. Sky calentando en el rodillo

Antes de la salida, en previsión de la batalla que se desataría de inicio con la subida al Col de Plainpalais (1ª). No se equivocaron los británicos: la lucha en ese primer puerto fue importante, y generó una fuga potente y cortes en el pelotón.

2. El abandono de Andy Schleck

El luxemburgués se bajó a los 67 kilómetros tras circular descolgado desde el principio, rebasando la línea del patetismo. No es una cuestión de sufrimiento por su arrogancia ignorante, o ignorancia arrogante; va algo más lejos. Sufre las consecuencias de meses de mala planificación, falta de tensión y escasa mentalidad competitiva. En este Dauphiné ha demostrado no estar bien a ningún nivel: su estado de forma es poco esperanzador, parece frágil mentalmente. Y, por si fuera poco, sufre problemas de salud, con una rodilla renqueante por un percance en Sierra Nevada y el costado derecho dolorido tras su caída en la ‘crono’ del pasado jueves. Demasiadas malas vibraciones juntas.

3. La exhibición de Sky

Controló la etapa y echó abajo la potente fuga de Feillu, Machado y compañía, ayudado al final de dicha labor por un ambicioso Lotto. Luego, su dominio tiránico en el Joux Plane recordó al US Postal de Lance Armstrong, con Edvald Boasson Hagen ejerciendo de rodador-triturador en sus compases iniciales al estilo de Pavel Padrnos o George Hincapie y cuatro ‘galácticos’ en el grupo de nueve favoritos que llegó a coronar unido el mítico puerto. Un Michael Rogers desconocido, ofreciendo las mejores prestaciones de su vida en montaña; Richie Porte, abstracción eficaz; Chris Froome, tan fácil… Tal fue la sugestión, el revival, que incluso Haimar Zubeldia estuvo a cola  de ese grupo de privilegiados, recordando al de Euskaltel.

4. El ímpetu de Cadel Evans

El vigente campeón del Tour de Francia no se resignó ante la aplastante superioridad de Sky en el Joux Plane. Atacó en el inicio del descenso y no logró hacer hueco, perjudicado por la bondadosa pendiente inicial de éste; probó de nuevo en su parte final, y ahí sí que logró hacer hueco. Se jugó el físico en cada curva de la peligrosa travesía hacia Morzine; Sky debió ralentizar para no arriesgar el suyo. A la postre, Evans apenas sacó unos segundos de renta, migajas; pero consiguió algo más relevante, enseñando los dientes y las ganas de ser un campeón que prometen que no será un elemento pasivo en julio.

5. El desgaste de Evans y Sky

Vástago indeseable de sus respectivas actuaciones. Decía Manolo Sáiz en Twitter que este Tour huele al del 96, y explicaba que “la exigente lucha Indurain vs ONCE nos sometió a un desgaste excesivo“. Aquella campaña, la batalla en el entonces llamado Dauphiné Liberé mermó tanto a los contendientes que sólo tres de los 10 primeros clasificados del Tour de Francia habían pasado por él. 1º y 2º, Riis y Ullrich, venían de la Vuelta a Suiza. En 2012, los beneficiarios de este factor, el desgaste del individuo Evans y el colectivo de Wiggins, pueden ser Robert Gesink, Alejandro Valverde o Levi Leipheimer.

6. La presentación en sociedad de Nairo Quintana

El colombiano de Movistar Team está llamado a ser uno de los mejores vueltómanos del mundo de aquí a unos pocos años; lleva demostrándolo desde su victoria en el Tour del Porvenir de 2010 o la Volta a Catalunya del año pasado, donde brilló con el maillot de Colombia. Movistar le reclutó este invierno y en Murcia se explicó por qué, pero para meterle en el saco de los jóvenes superclases donde sólo caben tres o cuatro elegidos le faltaba una actuación de relumbrón… Y ha sido aquí, en Morzine, donde ha revindicado su cuerpo de insultante juventud (22 años) a pesar de su apariencia curtida y esas maneras de cafetero humilde y prudente. Salvo sorpresa no estará en el Tour, está fuera de la preselección, pero después de su exhibición podemos empezar a pensar en sus posibilidades de cara a la Vuelta y las grandes rondas de un futuro próximo.

En definitiva…

A la vista de todos estos detalles apuntados hoy, parece seguro que ésta es la etapa a la cual nos referiremos una y otra vez en un futuro para explicar por qué los ciclistas hacen rodillo antes de cada carrera de inicio intenso, cuál es la razón de que Andy Schleck no trascendiera a la historia del ciclismo, por qué recordamos a Cadel Evans, qué fue aquel revolucionario equipo Sky, cuál fue la clave del Tour 2012, dónde iniciaron las páginas doradas de la leyenda de Nairo Quintana. Esta séptima etapa del Critérium du Dauphiné ha sido una etapa de culto. Una de esas jornadas que explican ‘per se’ por qué el ciclismo mola tanto.

Fotos: Movistar Team, Team Sky

El patrón del Giro

En Cortina d’Ampezzo ganó ‘Purito’ Rodríguez y no hubo diferencias entre los cuatro primeros de la general; apenas uno de los contendientes más destacados por la ‘maglia rosa’, Roman Kreuziger, cedió de manera significativa. Esos son los hechos, lo que se reflejará en las hojas estadísticas y trascenderá con el paso del tiempo, pero quizá sea lo menos importante. Contextualizando la etapa en el total de la vuelta, lo relevante han sido las sensaciones y las actitudes, que han hecho cristalizar lo que decíamos el lunes: Liquigas quiere hacer la carrera dura para jugárselo todo al fondo fisico de su líder Ivan Basso, el verdadero patrón del Giro de Italia.

Hoy los hombres de Roberto Amadio compusieron un monólogo que hubiera sido perfecto de no marrarse el penúltimo ‘sketch’, habitualmente el más brillante, de Sylvester Szmyd. Valerio Agnoli había dejado el pelotón en una treinta de ciclistas subiendo el Passo Duran; Damiano Caruso ejerció de ‘killer’ inconmensurable en Forcella Staulanza y Eros Capecchi por fin cubrió las expectativas rompiendo la baraja al inicio del Giau, último puerto de la jornada cuya bajada llevaría a los corredores hasta Cortina. El número del acalambrado Szmyd quedó vacante, obligando a Basso a asumir su carga y controlar a los cinco rivales que quedaron vivos durante diez kilómetros cuya pendiente rondaba los dobles dígitos.

Se vivió media hora de impás, batalla de nervios y miradas de reojo que no cambiaron prácticamente nada. Probablemente Basso ya había conseguido lo que buscaba, confirmarse como el patrón del Giro, constatar que su dominio crece progresivamente a medida que las jornadas pasan y las fuerzas se consumen, meter miedo de cara a Alpe di Pampeago y Stelvio. Con él viajaban dos invitados incómodos, el ‘rosa’ real y el ‘rosa’ in pectore. El primero, un ‘Purito’ sólido a pesar de la deserción desafortunada de sus coequipiers (Losada y Vicioso claudicaron pronto; Moreno fue con el gancho todo el día, pese a que limitó pérdidas en meta); el segundo, Ryder Hesjedal, augusto y confiado porque sus fuerzas y los 30 kilómetros de contrarreloj final le inspiran los mejores augurios. También estaba Michele Scarponi, cuyo juego conservador le mantiene en la partida pero sólo le ha permitido robar tiempo en una jornada, Rocca di Cambio. Rigoberto Urán y Domenico Pozzovivo completaban el sexteto de supervivientes tras la masacre de Liquigas.

Fue el corredor de Colnago, licenciado en Medicina, quien aplicó un tratamiento de choque a la modorra suspicaz en que se hallaba inmerso el grupo de privilegiados cambiando el ritmo en el último medio kilómetro de subida del Giau. De inmediato amputó a Scarponi, otro acalambrado, y a Urán, superado por las circunstancias. Ambos conectaron de nuevo en el descenso, pero dejaron patentes sus limitaciones.

Terminada la bajada, donde Hesjedal hizo un timido ataque cesado por miedo a dar con los huesos en el asfalto, llegaron los últimos kilómetros llanos y el esprint victorioso de ‘Purito’ Rodríguez, mucho más cerebral y maduro que de costumbre, que pudo franquear la meta en primer lugar y besar emotivamente un crespón negro para homenajear a su paisano Xavi Tondo, de cuya muerte se cumplía hoy un año. Los Movistar, últimos coequipiers del catalán, pueden ofrecerle la general por equipos, que prácticamente sentenciaron hoy gracias a la gran prestación de Intxausti, Pardilla y Brusheghin y el tremendo naufragio de Astaná, cuyos dos líderes (el polémico, Tiralongo, y el legítimo, Kreuziger) cedieron más tiempo del esperado. Mención de honor merecen los hombres de Euskaltel, muy ambiciosos tras el gran triunfo de Ion Izagirre ayer en Falzes, con Mikel Nieve afirmándose los galones con un ataque corajudo y una resistencia encomiable en la carnicería del Giau, donde poco le faltó para empalmar con el sexteto de privilegiados.

Foto: Liquigas Cannondale

Las buenas noticias de Javi Moreno

Javi Moreno (1984, Jaén) tiene de estado en Whatsapp tres emoticonos: una pareja cogida de la mano, un corazón y un bebé. “Sí, voy a ser padre”, dice; y ríe. El bebé se llamará Javier, y nacerá en septiembre. “¡En plena Vuelta a España!”. Buenas noticias.

Hay veces que la vida recompensa todo el trabajo de golpe, obsequiando a bocajarro las satisfacciones merecidas. Quizá ése sea el sentido de los cuarenta días en el desierto, esos que sirven para superar tentaciones y ayudan a forjarse un carácter, unos objetivos, una forma de actuar; un karma. Así siente el jienense que le ha sucedido: “Después de todo el trabajo realizado estos años, veo que empiezo a obtener resultados y satisfacciones”. La última, el pasado domingo con la victoria en la general de la Vuelta a Castilla y León.

La travesía hacia el World Tour

Javi Moreno pasó seis años en la base del ciclismo profesional español antes de poder saltar al UCI World Tour. Grupo Nicolás Mateos, 2006, fue “un año malo”. Extremadura, 2007, fue algo mejor por cuanto estrenó su palmarés con una etapa en la Vuelta a Madrid. Después vino un trienio con Andalucía, el equipo de su tierra, iniciado con un ilusionante 21º lugar en la Vuelta a España, torcido con una estremecedora caída en la Volta a Catalunya de 2009 y cerrado con un 2010 de buenos puestos y sensación desigual.

Por eso, porque no terminaba de “sentirse valorado”, Moreno decidió escapar de la escuadra de Antonio Cabello para firmar por Caja Rural, que se interesó por hacerse con sus servicios conscientes de su calidad innata. De ellos guarda “muy buenos recuerdos”, y no es para menos. Pusieron la escuadra a su servicio en la que hasta ahora era la mejor carrera de su vida deportiva, una Vuelta a Asturias 2011 en la cual demostró poderío ganando el final en alto del Acebo y aguantando los embites de un Tino Zaballa encendido en Naranco con la inestimable ayuda de su entonces y ahora compañero José Herrada, inconmensurable, “el más fuerte de aquel día, sin duda”.

La recompensa de la élite

Tras aquella exhibición, muestra de su mejor versión, solo cabían las buenas noticias. Éstas llegaron en invierno de aquel año, con el fichaje por Movistar. Allí el jienense ha encontrado sus expectativas colmadas, “todo lo que se puede pedir. Es otro nivel, no falta de nada. Además me he adaptado muy bien al equipo, a su filosofía”.

Su primera carrera con la escuadra telefónica, buenas noticias, fue el Tour Down Under. En la quinta etapa de la carrera, con final en Willunga Hill, exhibió sus cualidades siendo el último hombre de Alejandro Valverde en su camino hacia la primera victoria tras año y medio de ostracismo. Ahí se ganó la confianza del murciano. ¿Qué siente al ver el vídeo de la carrera, esas prestaciones tan buenas? “buf, No sé… Me veo tan apretado…” Y ríe. “Pero fue un día de esos en los que todos sale bien”. El comentarista de la televisión australiana, ante su gesto de esfuerzo desmesurado, no pudo evitar exclamar: “He is killing himself!”.

Una primera apoteosis en Castilla y León

Moreno conoció la gloria colectiva varias veces más, siempre junto al ciclista murciano, en Andalucía, París-Niza y Amorebieta. Este fin de semana, en la Vuelta a Castilla y León, le tocó saborear la individual, el triunfo propio. Moreno supo filtrarse en el corte de 15 corredores que se jugó la victoria en la segunda etapa; al día siguiente, en la durísima jornada de montaña con salida y llegada en Segovia y tránsito por puertos emblemáticos de la Sierra madrileña como Morcuera, Navafría y Navacerrada, descabalgó al líder Luis León Sánchez con la inestimable ayuda de sus compañeros de Movistar.

¿Cómo se llevó a cabo el asalto a la carrera? “De inicio, varios compañeros entraron en la fuga grande del día. Después, en el último puerto del día (Navacerrada), Juanjo Cobo puso un ritmo fortísimo en el grupo donde estaba junto a Luis León para seleccionarlo. Cuando Cobo se abrió, ataqué y me llevé a Urtasun y Luisle a rueda; mantuve el ritmo hasta que Luisle se descolgó. En esas cacé a Arroyo, que se había dejado ir de la fuga y me hizo de puente hasta ella. Una vez allí relevamos a tope para distanciar a Luis León, que terminó reventando”. Superado el escollo del líder Luis León, tocaba rematar la faena distanciando a Guillaume Levarlet y Pablo Urtasun, que también viajaban en el grupo delantero y le llevaban unos segundos de ventaja. “Esprinté pensando únicamente en ganar la etapa”. No pudo; se la llevó Yelko Gómez. Pero la fortuna sonrió al jienense: sus dos rivales, francés y navarro, sufrieron un percance en el esprint que les costó cuatro segundos.

Escuchando su relato, la táctica suena intrincada y avezada. ¿Estaba planteada así de inicio?Sí. Cuando José Luis Arrieta [director deportivo de Movistar] nos la explicó en el autobús, me pareció una barbaridad, muy difícil de llevar a cabo”. Pero se consumó. Después de una victoria tan épica, ¿qué hace un corredor? “Subir al podio”, responde; y ríe. En realidad, en aquel momento lloró. Fue una victoria importante, tanto para él (“me satisface”) como para su escuadra (“era una carrera especial, queríamos ganarla para dedicársela a Xavi Tondo y dimos un recital”).

Castilla y León supone la primera apoteosis para Javi Moreno con los colores de Movistar. Tocará intentar refrendarla en Rioja, Asturias y Madrid, próximas citas del calendario español donde el jienense estará presente. Después no llegará el Tour (“en el equipo hay una jerarquía; Eusebio Unzué confía en un bloque que lleva años asentado, y es algo que respeto profundamente”), pero sí la Vuelta. Durante la disputa de ésta nacerá su crío. Parece que este año Javi Moreno va a recibir muchas buenas noticias.

Foto: Rafa Gómez / Ciclismo a Fondo

Las tres figuras de Giovanni Visconti

Hay quien le percibe como un corredor soberbio, demasiado acostumbrado al estrellato y el triunfo para ser terrenal. Giovanni Visconti (1983, Turín; radicado en Palermo) lleva años siendo uno de los nombres más destacados del ciclismo italiano por derecho propio: 22 victorias y tres campeonatos nacionales le contemplan. El reto es ahora convertirse en un gran nombre del ciclismo mundial. Para ello serán claves las Clásicas de las Ardenas, cuyo acto inicial tendrá lugar hoy con la Amstel Gold Race y en las cuales será uno de los principales sostenes de Alejandro Valverde. El retrato de Visconti, de su realidad y su posibilidad, puede hacerse a través de tres figuras que repasó en una entrevista antes de la Clásica de Almería.

Paolo Bettini

La comparación eterna, inmediata, inevitable por cuanto llegaron a compartir equipo tres temporadas. “Bettini ha sido fundamental para mí en mis primeros años como profesional. Observándole comprendí muchas cosas y decidí qué tipo de corredor quería ser y pienso poder ser. Antes de conocerlo, lo miraba como un ídolo. Tenía un póster suyo colgado en mi habitación. Correr junto a él fue un sueño hecho realidad”.

Se dijo que terminó litigando con él. “No. Es mentira. Fueron palabras sin sentido dichas por periodistas. Bettini no estaba contento con Quick Step por motivos económicos, pero no había ningún problema conmigo. Si hubiera tenido un problema con Paolo, lo reconocería”. Y aporta hechos para desmentirlo. “Sin ir más lejos, me ha convocado a varias citas con la selección italiana y quiere llevarme con un papel importante a Juegos Olímpicos y Mundial. En enero incluso me invitó a su casa para charlar sobre el tema”. Confirmó en Cobbles and Hills sus pensamientos arcobalenos: “[Bettini] Me ha dicho que pruebe en la Amstel a modo de test pensando en el Mundial”. Y es que el Mundial de Valkenburg, con subida postrera al Cauberg [cota final de la Clásica de la Cerveza] seguida de un llano posterior, es “ideal” para sus características. “Podré echar mano de mi punta de velocidad”.

Giovanni Visconti

Parece redundancia, pero es necesario detenerse en él, el que quiere ser como Bettini y no un cabeza de ratón. “He ganado muchas carreras en Italia, pero ése no es mi ideal como ciclista. Si fuera así, me hubiera quedado allí, en una escuadra que me pagara bien, donde fuera líder indiscutible y tuviera la opción de ganar treinta pruebas cada año… Pero yo quiero ser algo más”.

Por eso dio el paso atrás, cambiando el brillo de Quick Step por el mate de Farnese Vini en invierno de 2008. “Con Quick Step tuve la posibilidad de medirme en grandes escenarios sin tener que llevar a cabo labores de equipo, pero me vi un poco superado. Por ello decidí fichar por un equipo profesional. Fue una decisión valiente destinada a crear los cimientos de mi carrera profesional”.

Ahora me siento preparado para volver a enfrentarme a los mejores en los grandes escenarios”. Por eso da un paso adelante. “Unzué espera que sea un corredor importante. Siento que estoy en una de las mejores escuadras del mundo, sobre todo por lo tranquilo que se puede estar”. ¿Por qué valorar la tranquilidad? ¿Antes sentía mucha presión? “Con Farnese sólo corría dos o tres carreras de primerísimo nivel cada año, y de mi resultado dependía la sensación que generara la escuadra y que ésta se ganara invitaciones para citas posteriores. Ahora no tengo ese estrés, y puedo correr ciertas carreras pensando en otras. Pero en el fondo me gusta la presión. Me apetece la responsabilidad, que me citen entre los favoritos, porque significa que estoy ahí”.

Sabiendo eso, la mentalidad con que observa el estrellato y sus ambiciones, sólo cabe preguntar qué le falta para alcanzarlo. “Sólo un día de gloria, esa gran carrera en la cual me vea fortísimo y, gane o no, trate de tú a tú con los mejores. Tras esa primer ocasión en la cual pueda luchar en el último kilómetro por ganar una gran clásica cambiarán mis intenciones y mi estatus en el ciclismo”.

Alejandro Valverde

En su regreso a la élite, Visconti tiene que lidiar con el segundo plano. Es cola de león. Se supedita completamente a Alejandro Valverde: de él dependerán sus resultados, su balance, su éxito. “No es una cuestión de humildad, sino de realidad. Él es Valverde, escrito en mayúscula, y yo soy Visconti, a secas. A mi me gustaría ser como Valverde, pero aún no lo soy. Así que estoy a su servicio. Como líder Valverde es un verdadero señor con sus coequipiers, y existe la posibilidad de que si marcho verdaderamente fuerte pueda jugarme mis opciones. Pero será porque Valverde lo consienta”. Así sucedió en Amorebieta.

Visconti extiende su pleitesía a las Ardenas. “Sólo estar junto a Valverde en los kilómetros finales y ser decisivo para que él consiga la victoria supondrá un salto de calidad para mí”. Asumido esto, empieza a hablar de futuro. “No tengo prisa por ostentar un estatus de favorito. Me veo física y mentalmente tres años menos de los que realmente tengo, y en consecuencia con siete u ocho años más para ser un ciclista importante a nivel mundial. Al fin y al cabo, de momento sólo soy un chiquillo que no ha ganado ninguna carrera importante. Aquí en Movistar ha empezado una era para mí; y una era no dura un año. Tengo tiempo por delante…

La duda es si será lo suficientemente paciente y sabrá esperar ante un año sin la cantidad de victorias acostumbradas. “Estoy convencido de que conseguiré victorias durante el año, pero también será importante para mí en el balance de la temporada qué grandes carreras haya ayudado a ganar”. Entonces, ¿aunque no ganaras más carreras…? “No sería una desilusión para mí ser un gregario durante todo el año. Sobre todo porque no seré un gregario normal, un aguador para los cien primeros kilómetros. Yo seré un gregario de lujo, un hombre verdaderamente importante para mi líder”.

Ahora toca traducir toda esta teoría, todo el pensamiento y la posibilidad, en realidad. Desde esta misma tarde iremos comprobando cómo Visconti, a partir de sus tres figuras, articula su salto a la primera línea del ciclismo mundial.