Valverde regala a Visconti

Dicen quienes le han visto de cerca que en los últimos meses Giovanni Visconti no era la misma persona de Farnese, o al menos no del todo. Estaba algo alicaído, deprimido porque las sensaciones no terminaban de ser buenas en su retorno a la primera división del ciclismo. Un corredor tan ambicioso y acostumbrado al triunfo no puede vivir sin resultados, y estos no habían aparecido aún en 2012. Sus mejores clasificaciones eran 7º en la Clásica de Almería y un notable 10º en la Gante-Wevelgem. Faltaba el gran premio.

Visconti no había llegado sin victorias al mes de abril desde 2007, su primer año en Quick Step. Por eso la sequía era tan acuciante para su estado de ánimo. Por eso resultará tan beneficioso para él el triunfo alcanzado esta mañana en la Klásika Primavera de Amorebieta, descriptible como una verdadera exhibición del equipo Movistar. La escuadra telefónica dominó de principio a fin, con una táctica de sacrificio colectivo ejecutada a la perfección a pesar de la acumulación de calidad y galones en el ‘diez’ presentado. Arroyo, Cobo, Javi Moreno y otros agotaron sus energías antes del último giro al duro circuito final, con paso por Muniketa (2ª) y Autzgane (3ª), para mantener el orden y cazar a la fuga donde brillaron Txurruka (Euskaltel – ganador de la Montaña), Gari Bravo (Caja Rural), César Veloso (Andalucía), Bagües (Orbea) o Pacheco (Gios-Deyser).

En los últimos kilómetros llegó el turno de los grandes. Ausente Samuel Sánchez, los hombres de Movistar apenas tenían la oposición de Igor Antón (Euskaltel) y el combativo bloque de Saur-Sojasun (que, como Movistar, colocó a cuatro hombres entre los diez primeros, aunque lejos del podio). Intentaron burlarlos Valverde y Madrazo en el último descenso de Muniketa; frustrada su tentativa, David López secó un demarraje de Antón en Autzgane y controló ante la llegada de sus coequipiers Visconti y Valverde. Fue el vizcaíno quien lanzó el ‘volata’ final en las calles de Amorebieta, con Visconti a su rueda y Valverde tras él, vigilando la escasa potencia rematadora de Antón. El murciano recortó su esprint para permitir la victoria de su compañero transalpino.

«Es un campeón, dentro y fuera de la bicicleta«, declaraba Visconti sobre Valverde en Radio Euskadi nada más cruzar la línea de meta . El ‘Bala’ le había gratificado con el triunfo que necesitaba, regalándole también la consustancial dosis de autoestima y los Puntos de Mérito que quizá él no pueda sumar a final de temporada. Lo sucedido hoy es también clave de cara a las Ardenas, donde el papel de subalterno del italiano ya no sólo se sustentará en una orden o un sentimiento de admiración, sino que también tendrá un deje de agradecimiento.

Foto: Movistar Team

Samuel triunfa en las emboscadas

A la novena fue la vencida. Y no podía ser de otra manera: por circunstancias y por connotaciones, esta Vuelta al País Vasco debía terminar en el palmarés de Samuel Sánchez y Euskaltel-Euskadi.

Llevaba Samuel Sánchez toda su extensa carrera deportiva esperando para consumar este éxito. Antes de la edición 2012 contaba ocho participaciones, todas saldadas con una posición entre los diez primeros. Entre los diez primeros, también, ha terminado en 32 de los 56 parciales que ha disputado en la ronda vasca: de ellos, siete victorias y 11 segundas posiciones. Números considerables que expresaban su especial predilección por la Itzulia, pero también la ingratitud de la carrera para con el corredor.

A pesar de su constancia, Samuel Sánchez jamás se había adjudicado la Vuelta al País Vasco. Anduvo cerca en 2006, cuando vistió cuatro días el maillot amarillo de líder, pero la contrarreloj final en Zalla escenificó una alucinante remontada de José Ángel Gómez Marchante. Su Euskaltel-Euskadi, equipo eterno con fecha de caducidad estipulada el próximo invierno, tampoco había tenido demasiada suerte con la Itzulia: sólo la había ganado con Iban Mayo, en 2003.

Sin embargo, Euskaltel últimamente es adepto a las apoteosis en momentos delicados. La pasada temporada, las críticas por la llegada de la Vuelta a España a Bilbao fueron soliviantadas con una estimulante victoria de Igor Antón. Esta semana, las dudas por la emancipación del espónsor telefónico de la longeva estructura de la Fundación Euskadi y las dificultades financieras de la propia Vuelta al País Vasco han sido resarcidas con esta meritoria victoria de Samuel Sánchez.

Los factores fueron, siempre, favorables al asturiano. El recorrido le vino como anillo al dedo: una etapa con final en el Santuario de Arrate (donde cuenta tres victorias consecutivas), otra en Ibardin (cuyas grandes pendientes se le adaptan a la perfección), y una crono de recorrido técnico y disputada, para más inri, sobre mojado. Samuel, magistral, se aprovechó incluso del comportamiento de sus rivales y supo hacer buenos los pronósticos para consumar un final feliz y deseado por los actuales gestores de Vuelta al País Vasco y Euskaltel-Euskadi.

 

Galería Fotográfica de la Vuelta al País Vasco en El Pedal de Frodo
Vídeos de todas las etapas de la Vuelta al País Vasco en Youtube

OTRAS CLAVES

La ambición de ‘Purito’

Dentro de las circunstancias manejadas a la perfección por Samuel Sánchez, la más destacada es la ambición de Joaquín ‘Purito’ Rodríguez. El catalán venía a la ronda vasca con intención de obtener resultados, confianza y ‘momentum’ físico de cara a las Clásicas de las Ardenas, y cumplió con dos victorias en Ibardin y Oñate. En la vía hasta la consecución de ambos éxitos contó con la inestimable colaboración de Samuel, que supo ver la posibilidad de una comunión de intereses y el previsible flaqueo de Rodríguez en la crono final. Asimismo, fue relevante la labor de control del pelotón desarrollada por Katusha en la fase intermedia de las etapas, valiosísima para un Euskaltel que vio así aliviada la responsabilidad inherente a ser el equipo local.

El empuje de Kiserlovski

Calificar a alguien de “vencedor moral” suele equivaler a reconocer su fracaso en lo tangible. Así sucedió con Robert Kiserlovski. El croata de Astaná fue uno de los corredores más incisivos de la prueba, ansioso por lograr un resultado que certificara el salto de calidad efectuado en este inicio de temporada. Llevó esto al extremo en la quinta etapa, de recorrido quebrado y final en Oñate, en la cual emprendió una valerosa cabalgada en la cual supo mantener a raya al grueso del pelotón y estimular su ritmo cardíaco. Sólo Samuel y ‘Purito’ le echaron mano en la subida postrera para dejarle tercero en meta. La CRI de Oñate le arrebató el premio que ostentaba, un bonito top5 de la general, e incluso le sacó de las diez primeras posiciones. Eso sí; Kiserlovski, al menos, fue el vencedor moral.

La emboscada de Oñate

A priori, la veintena de kilómetros de lucha individual programados el último día parecían condicionar el total de la Itzulia, para ponerle el signo inequívoco de los contrarrelojistas. Sin embargo, el oriundo Markel Irízar se lo advertía a un periodista vasco: “en ese recorrido no se costea sacar la ‘cabra’”. Visto lo visto, así ha sido: la crono era técnicamente intrincada en el inicio y el final; su intríngulis fue acrecentado por la lluvia y puso el triunfo en bandeja a Samuel. Apenas la parte intermedia dejaba espacio para la alegría de los hombres potentes que, como Tony Martin o Chris Horner, se las prometían felices tras Arrate pero disminuyeron sus opciones en las dos jornadas precedentes. El reconocimiento de la crono-emboscada de Oñate, durante el cual el propio Martin se fue al suelo, terminó de borrarles la sonrisa… y las posibilidades.

Foto: El Pedal de Frodo

Al Menchov de 2012 sólo le interesa el Tour

En la salida de la tercera etapa de la Vuelta a Andalucía, con final en la subida al Santuario de la Virgen de la Araceli de Lucena, se pregunta a Denis Menchov por sus intenciones. Su respuesta, flemática: “sin estrés”. Terminó segundo, sólo superado por un imperial Alejandro Valverde.

Denis Menchov (1978, Orel – Rusia) tiene un porte apolíneo, no tanto por estética como por elegancia y serenidad. A veces lleva estas características al extremo y transmite cierta frialdad. Sin embargo, no es tanto una cuestión de indolencia como de claridad de ideas: Menchov cree saber lo que debe hacer en cada momento. Confía en sí mismo con tal intensidad que es capaz de rechazar los planes de entrenamiento que le recomienda la escuadra alegando que no es un juvenil y sabe prepararse. Tan individuo que extraña, no gusta de extenderse en explicaciones pero reconoce sin tapujos la realidad. Teniéndole al lado, su opacidad desconcierta y su seguridad reconforta…

Esta mañana decías que harías la etapa sin estrés. Sin embargo, has terminado segundo.
Compito por sensaciones. No viene mal probar si no vas por encima de tu límite. Si voy asimilando bien el trabajo y marcho cómodo, puedo permitirme dar un poco más.

¿Te gusta el ciclismo?
Sí. Me divierto compitiendo, e incluso me lo paso mejor cada año: las cosas se hacen más fácilmente.

¿Alguna vez te has aburrido en una carrera?
Es difícil que eso suceda. Hay veces que es lógico no tener ganas de correr: a final de temporada, tras mucha carga de competición, siempre da un poco de pereza ponerse el dorsal. Pero jamás me ha ocurrido eso en febrero.

Este invierno, después de tres años de flirteo, Menchov fichó por Katusha. Es el cuarto equipo de su carrera, tras Banesto / Illes Balears (1999-2004), Rabobank (2005-2010) y Geox (2011). “Me gusta estar aquí”, afirma; “pienso que estoy en el sitio correcto”. Según Velochrono, para firmar por la escuadra rusa rechazó ofertas de Saxo Bank, Astaná y Vacansoleil.

¿Por qué has tardado tanto tiempo en fichar por Katusha?
Diversas razones. Los primeros dos años tenía contrato con Rabobank, y debía cumplirlo. Luego hubo buenas opciones de fichar en invierno de 2010, pero no llegamos a un acuerdo con Andrei Tchmil. [ex mánager de Katusha, futuro aspirante a mandamás de la UCI]

El «año raro» en Geox

Si esta temporada se alumbra como la consecución de un antiguo deseo, de defender los colores del equipo de su país, la anterior fue simplemente “un año raro”. Desestimado por Rabobank, ofendido por Tchmil en un oscuro choque de navajas con su mánager Raimondo Scimone, Menchov firmó por Geox. Una vez rubricado el contrato se torcieron los elementos centrales (con la escuadra fuera del World Tour y, más adelante, del Tour de Francia que el ruso anhelaba disputar) y también los periféricos (detalles como que la ropa del equipo no llegara hasta febrero).

El primer objetivo del año, el Giro de Italia, concluyó con un insípido octavo puesto; el segundo, la Vuelta a España, terminó con un quinto lugar, honroso por cuanto llegó tras quemar la mayor parte de sus naves trabajando para el ganador Juanjo Cobo. A pesar de ello, las sensaciones determinaron un saldo negativo para Menchov. En otras entrevistas el ruso afirmó, lavándose las manos, que no llegó a estar a gusto en la escuadra en ningún momento. En ésta entonó un poco más el mea culpa.

¿Qué balance haces de tu año con Geox?
Geox fue un año particular, sobre el que prefiero no hablar. En general yo no estaba muy centrado en mi trabajo, estaba demasiado despistado y no fue mi mejor temporada.

¿Por qué?
Prefiero no hablar sobre ello.

¿Piensas que ayudar a Cobo en la Vuelta te honra como profesional?
Sí. Creo que hice lo que debía. Estaba en Geox y seguí las órdenes de los técnicos. Además, siendo realista pienso que no estaba en disposición de ganar la Vuelta. Cobo sí que lo estaba y debía sacrificarme por él en la medida de lo posible.

¿Hasta qué punto influye el ambiente del equipo en el rendimiento del ciclista?
Es algo que depende de cada uno. Para mí la atmósfera es muy importante: si estoy cómodo me resulta más fácil dar lo mejor de mí mismo.

«Sólo estaré mentalizado para ganar en el Tour»

Ahora, en el “sitio correcto”, Menchov podrá centrarse en alcanzar el gran objetivo de su carrera deportiva: ganar el Tour de Francia. A pesar de su podio en 2010 (tras Alberto Contador y Andy Schleck), la ocasión en que más cerca estuvo de conseguir el preciado maillot amarillo, que jamás ha vestido, fue la edición de 2008. Siempre en la línea de los grandes favoritos, realizó en Prato Nevoso un ataque impresionante, ganador, que terminó con sus huesos y su moral en el suelo. En meta perdió 20” con Sastre; al día siguiente cedió 30” camino de Jausiers, y con ello también su plaza de podio al austríaco Bernhard Kohl.

Aquel ataque frustrado en Prato Nevoso…
La vida es así.

Siempre has sido percibido, y ese Tour es una muestra de ello, como un corredor fácil de doblegar y poco persistente cuando no se percibía brillante. ¿Te parece una fama justa?
Hace algunos años puede que sí, pero ahora espero que no. En los últimos años he aprendido bastante y pienso que es importante aprovechar la experiencia.

La experiencia es, quizá, la gran baza de Menchov de cara al próximo Tour. En el abanico de aspirantes a la victoria, sólo Evans tiene una cantidad equiparable de ese preciado intangible. De ella tira el ruso a la hora de plantear su temporada completamente en torno a su gran objetivo.

¿Te consideras capaz de ganar el Tour?
Por supuesto. De momento está dentro de mis posibilidades. Sólo tengo que preocuparme por prepararme adecuadamente y llegar a la carrera al 100%: mi temporada entera se enfocará en eso.

¿Entera?
Sí. Prácticamente me da igual el calendario que realice hasta julio. No voy a salir mentalizado para ganar en ninguna carrera hasta el Tour de Francia.


A pesar de estas palabras, no puede decirse que Menchov haya realizado un papel ominoso en lo que llevamos de temporada. 4º en Andalucía, no terminó en París-Niza pero fue 11º en Catalunya, en cuya cuarta etapa sólo Urán le derrotó en el esprint por la victoria. En el Circuito de la Sarthe, disputado esta semana, también va a rondar el top10. Después le esperan el Tour de Romandía y el Critérium du Dauphiné antes del ansiado Tour. En él tendrá como principales rivales a Evans y Wiggins, favorecidos como él por la prevalencia de la contrarreloj y la ausencia de Contador.

En el Tour tendrás como principales rivales a Cadel Evans y Bradley Wiggins.
Evans es mucho más favorito y peligroso que Wiggins. Es mucho más experto y fuerte en la montaña.

Entonces, ¿qué hay de Wiggins?
A Wiggins hay que respetarlo mucho. Ha llevado a cabo una progresión enorme y es obligatorio admirarlo. Tiene sus límites, obviamente: con su cuerpo, su altura y peso, es muy difícil subir puertos empinados con la misma eficiencia que los escaladores puros… Pero aún así lo hace bien.

La pregunta del millón: ¿tienes más fácil ganar el Tour sin Contador?
Sí, por supuesto. Es el número uno del mundo en grandes vueltas. Tiene un físico privilegiado que marca la diferencia.

¿Y no será también una cuestión de cabeza?
Contador es un fenómeno. Sus cualidades físicas le permiten consumar sus objetivos de una manera bastante sencilla, haciendo buenas las circunstancias.

Por último, resultaba olbligatorio preguntar a Menchov por la curiosa promesa del mánager de Katusha, Hans-Michel Holczer, respecto de su posible victoria en el Tour. El ex patrón del equipo Gerolstiner, llegado a la escuadra rusa por recomendación de la UCI desbancando a un Manolo Sáiz que según declaró en Radio Marca Barcelona parecía cercano a sustituir en el cargo a Tchmil a tenor de negociaciones sostenidas durante el Tour, declaró lo siguiente en la presentación de Katusha en la Plaza Roja de Moscú lo siguiente: “Si Menchov gana el Tour de Francia, iré andando desde París hasta Moscú”.

¿Cómo te tomas esa promesa de Holczer?
Sin hacer caso, ¿no? [ríe] Cada uno tiene… Así no se hacen las cosas, pero ha tenido esa expresión y punto.

A mí me pareció un menosprecio enorme.
Cada uno tiene derecho a expresarse como quiera.

El hambre de Farrar y la saciedad de Kreder

La realidad siempre se empeña en autoafirmarse. Es el más tozudo de todos los entes: jamás marcha hacia atrás, aunque sus hechos describan ciclos. Hoy, Garmin ha vivido una vez más las dos caras de la moneda a través de sus velocistas. Michel Kreder consiguió una bonita e inesperada victoria en el Circuito de la Sarthe en el mismo lugar y carrera en el cual estrenó su palmarés con Garmin la pasada campaña, con la circunstancia de que en esta ocasión su verdadera intención no era campeonar, sino lanzar a su hermano Raymond. Tyler Farrar, por su parte, volvió a no ganar en Scheldeprijs, cayendo a manos de un esprinter de nuevo cuño como Marcel Kittel, que dio la primera victoria a Argos-Shimano con su nueva demoninación.

La derrota de Farrar resulta un tanto dolorosa por redundante. El estadounidense, no hace tanto uno de los esprinters punteros del panorama mundial, no ha logrado aún ninguna victoria esta temporada a pesar de haber competido un total de 27 días. Se trata de una ineficencia desalentadora, más aún habida cuenta de que no es un problema de mala preparación por cuanto ha logrado clasificarse entre los diez primeros en un total de 11 llegadas masivas esta campaña. ¿Será que Tyler Farrar ya no es tan veloz como antes? Así lo atestiguan finales como el de la sexta etapa de la Vuelta a Qatar, en la cual Demaré y Galimzyanov le ganaron la mano con una facilidad pasmosa. También indica una conclusión parecida el desenlace de hoy en Scheldeprijs: un esprint abierto en el cual Farrar batió a Bos, que inició la volata, pero no pudo evitar que Kittel le rebasara claramente desde atrás y por la derecha.

Mientras Tyler Farrar pasa hambre, Michel Kreder se encuentra saciado. El holandés cuenta ya tres victorias esta campaña, sumadas dos en el Tour del Mediterráneo a la conseguida hoy en la Sarthe. A pesar de todo, preguntado en la Clásica de Almería si se veía capaz de desbancar a Farrar en la jerarquía de esprinters de la escuadra de Jonathan Vaughters, se mostraba prudente: «Espero tomar un rol más importante en el equipo esta temporada, pero tengo claro que siempre trabajaré para quien esté mejor que yo«. Cuestionado por la capacidad de su coequipier norteamericano de volver a conseguir victorias con facilidad, Kreder lo reducía todo a una cuestión de suerte. «Tyler está en buena forma: ha hecho un buen invierno y está preparado para ganar. La suerte del último kilómetro depende de muchos factores que quizá aún no le han sonreído, pero acabarán por beneficiarle«.

No es fácil reinar sobre la pléyade de velocistas de Garmin. Las bazas del conjunto norteamericano no se reducen a los mentados Farrar y Kreder: también están el hermano de este último, Robert Hunter, Heinrich Haussler, Murilo Fischer… o el vasco Koldo Fernández de Larrea, hasta ahora algo opaco a pesar de tres clasificaciones entre los diez primeros obtenidas en Algarve y Mediterréaneo, pero destinado a tener algo que decir en lo que resta de temporada. Preguntado por la ‘chance’ de Farrar, se muestra respetuoso: «Están surgiendo esprinters jóvenes que conviene tener en cuenta, pero Tyler tiene un gran palmarés y merece la confianza de la escuadra«.

Garmin trabajará para la velocidad de Farrar en las mayores citas del año. A pesar de su perceptible pérdida de mordiente, en la concentración del equipo en Calpe se dedicó una jornada completa a ensayar cómo lanzarle en los esprints. Su futuro puede estar en las piedras: en repetidas ocasiones ha declarado su preferencia por ellas, y en enero indicó en Cyclingnews que en este inicio de temporada tendría «la mentalidad de un clasicómano«. Quizá en las clásicas pueda calmar su aguda hambre de victoria.

Foto: Flickr de Garmin-Barracuda

Daryl Impey saldó la deuda de Morris Possoni

A Daryl Impey se le queda dormida la mandíbula de vez en cuando. Es una secuela, anecdótica, de un accidente que le pudo costar la vida y perdura con tal viveza en la memoria del ciclismo que recordarlo no merece ocupar más que un par de frases, treinta segundos de vídeo: en la última etapa de la Vuelta a Turquía de 2009, cuando se disponía a consumar su triunfo en la general de la Vuelta a Turquía, el esprinter de  Rabobank Theo Bos le agarró del hombro, arrojándolo al suelo de manera escalofriante. La caída le obligó a cruzar la meta en ambulancia, impidiéndole subir al podio definitivo para laurearse con todos los honores procedentes. La ronda turca sumó en su palmarés con más de escalofrío que gloria.

Por eso, para compensar ese aura evocadora de condescendencia, Daryl Impey merecía un triunfo como el conseguido en la segunda etapa de la Vuelta al País Vasco. El sudafricano no deja de ser un hombre de mucho trabajo y escasa suerte. Le costó cinco triunfos en categoría profesional dar el salto a un equipo ídem; cuando su carrera empezaba a despegar, sucedió el desagradable incidente turco; disfrutó de una oportunidad en RadioShack, pero sus cualidades de velocista no encajaron en la labor de brega precisada por Bruyneel. No le renovaron y aquel invierno cayó en la trampa de Pegasus, lo cual le obligó a volver a casa encuadrado en el modesto MTN-Qhubeka; a media campaña le rescataron los alemanes NetApp, que posteriormente le permitieron abandonar la casa germana para enrolarse en el potentísimo GreenEdge, en cuyas filas ha tenido el privilegio de desempeñar un trabajo clave para la victoria de Michael Albasini en la Volta a Catalunya.

 La victoria de hoy no sólo ha sido justa con el sudafricano, que ayer estaba «decepcionado» y hoy celebraba su triunfo extasiado. También ha supuesto el saldo de una especie de deuda latente, contraída hace algo menos de cuatro años en la misma ciudad (Vitoria) donde Impey esprintó de forma agónica para aguantar la ventaja obtenida a través de un demarraje casi involuntario bien entrado el último kilómetro. Allí, entonces, Morris Possoni había realizado otro esprint agónico para aguantar la ventaja obtenida a través de una fuga lejana. El italiano, entonces en High Road, no pudo resistir la acometida de su coequipier Kim Kirchen, quien le derrotó en el último golpe de riñón. Impey, en cambio, sí ha logrado levantar los brazos; también los levantó tras él Allan Davis, compañero en GreenEdge y vasco de adopción, que no le rebasó para otorgarle un meritorio triunfo. Más retrasado, 122º con algo más de medio minuto de pérdida y vestido de Lampre, llegaba Morris Possoni.

Foto: Esports3 – Hat tip @mrconde

La aventura persa de Óscar Pujol y Vidal Celis

La bicicleta requiere una dosis de valentía. Cuando uno es pequeño y acaba de aprender a montar, tarde o temprano se le acaba planteando el dilema de si tirarse o no por una cuesta abajo de apariencia indómita, perlada de piedras de entre las cuales surgen matojos, arraigados de manera incomprensible en una tierra sin firmeza. Cosas del momento, acabas recorriendo la cuesta abajo: puede que termines besando el suelo, raspado y dolorido, o que salgas airoso y orgulloso del reto que acabas de afrontar y superar. De un modo similar, aquel que lleva ya muchos años sabiendo montar en la bicicleta, que incluso ha sido profesional de máxima categoría, puede que se le plantee el dilema de embarcarse en un periplo por países lejanos cuyos nombres evocan atlas; una oportunidad de vivir a través del ciclismo. Así piensa Óscar Pujol. «¿Cuándo voy a ir a Irán, o a Corea, si no es por esto?»

Junto al cántabro Vidal Celis, Pujol firmó el viernes con el conjunto continental iraní Azad University. Se trata de la escuadra en la cual infló su bagaje de puntos en los últimos años Amir Zargari, ahora corredor de AG2R. La gestiona el propio Zargari, con ayuda de su entorno, y concluyó la temporada pasada en segunda posición del UCI Asia Tour por equipos, un detalle que no es baladí por cuanto le proporciona invitación de manera automática a cualquier carrera del circuito continental asiático.

El cómo han llegado los dos españoles al Azad es más bien un quién. Ambos, Celis y Pujol, deben la oportunidad al malayo Yong Li Ng. Se trata de un viejo conocido del pelotón español (pasó dos temporadas en el Würth, filial sub23 del Liberty de Manolo Sáiz) que ha sabido labrarse una buena carrera deportiva hasta acumular siete años de experiencia profesional en escuadras de diverso pelaje. Este invierno la desaparición de LeTua, equipo continental donde llevaba militando tres años, le obligó a buscar nuevos horizontes allende. Los encontró en el Azad de Zargari, donde desempeña un rol que va un poquito más allá del mero ciclista.

Ng se llevó consigo a los hermanos Niño, con quienes mantenía relación de LeTua, y decidió recurrir a dos españoles para cerrar la plantilla de la escuadra. Primero se acordó de Vidal Celis, también coequipier suyo en LeTua en 2011: «Hace una semana, Ng se puso en contacto conmigo y acepté su propuesta«, cuenta el cántabro. El malayo tenía buen recuerdo de Celis, por cuanto su balance la pasada campaña fue escaso «por una lesión de rótula que fastidió la segunda parte de la temporada«, pero bastante positivo. «Gané dos etapas en la Jelajah Malaysia (2.2)«, relata el ex corredor de Footon-Servetto, «y no me llevé la general porque los corredores del Tabriz [Sohrabi, Eibegger, Askari…] pusieron toda la carne en el asador en la última etapa. Rompieron la carrera, a mi equipo e incluso a mí mismo«. De cualquier manera, las referencias eran buenas y propiciaron que Celis obtuviera un hueco con la escuadra iraní, con la cual debutará en la Vuelta a Corea (22 a 29 de abril) para continuar en con las rondas de Japón (20 a 27 de mayo) y Singkarak (Indonesia, 4 a 10 de junio), todas ellas de categoría 2.2.

El fichaje de Pujol, por otra parte, se gestó gracias a las referencias dadas a Ng por el benefactor Marcelino Pacheco, alma máter del blog Sprint Especial y el Proyecto Ciclista Solidario. El malayo, convencido de las cualidades del vallisoletano, se puso en contacto con él a través de Facebook. En poco menos de una semana, el ex corredor de Cervélo y Omega Pharma ya está registrado en la UCI en las filas del conjunto persa y dispuesto a debutar junto a Celis en Corea, para después continuar con la Vuelta a Azerbaijan (Irán, 2.2, 11 a 16 de mayo). «Será una buena oportunidad para dejarme ver, intentar llamar la atención de las escuadras europeas y hacer valer la buenísima pretemporada que he realizado«, afirma esperanzado Pujol. Y si no servirá para, por lo menos, vivir una apreciable aventura gracias a la bicicleta.

Foto: Laurie Beyler – oscarpujol.com

No necesitó descolgar a nadie

El Tour de Flandes vivido ayer, año I después del Kapelmuur, no superó en espectáculo a los precedentes pero logró alinearse con ellos. El experimento del circuito final con tres pasos por Oude Kwaremont y Paterberg, destinado a endurecer la ruta y permitir a la organización de la prueba embolsarse la compensación económica de la nueva meta de Oudenaarde, cumplió con su segundo objetivo pero no logró completar el primero. La carrera fue igual de dura y tuvo un desarrollo similar al vivido en años anteriores, sin llegar a lo sublime, sin abandonar lo intenso

Crónica de Borja Cuadrado: ‘El sprint más simbólico de Boonen’

Tensión es la palabra más adecuada para describir esta edición de De Ronde. Desde el mismo inicio, la fuga de quince corredores obligó a los directores a expresarse tácticamente. Una vez sentenciada esta, el significativo duelo entre proactivos y desactivadores derivó en una carrera monótona y frustrante para actores y espectadores. Después, fue la labor de los dos MVPs, Chavanel y Ballan, la que dirimió una carrera en la que, efectivamente, Boonen no necesitó descolgar a nadie para ganar…

Una fuga de quince que no logró condicionar la carrera

En los primeros kilómetros de carrera, un ataque de Vladimir Isaichev (Katusha) desencadenaba la formación de la escapada del día. Ésta incluía quince hombres: dos españoles, Pablo Lastras (Movistar – demostrando sus ganas de brillar en Flandes) y Pello Bilbao (Euskaltel – impresionante a sus 22 años), y dos significativos, Martin Tjalingii (Rabobank) y Tyler Farrar (Garmin). Ambos eran de largo los mejores hombres de la fuga; representaban bazas tácticas para sus respectivos líderes, Matti Breschel y Sep Vanmarcke; y suponían una valiosa representación para sus escuadras por la ausencia de ciclistas de RadioShack, BMC u Omega Pharma.

Los grandes candidatos al triunfo no podían permitirse conceder una gran ventaja a la escapada. Durante varios kilómetros dejaron crecer su renta peligrosamente: nadie se movió hasta que OPQS, gran favorito, asumió la inciativa que el resto rehusó. El propio Boonen reconocía en conferencia de prensa que “no meter nadie en la fuga de quince fue lo peor que pudimos hacer”: tirar era el tributo a pagar. Sin embargo, el desgaste de los hombres de Lefévère fue minimizado por la ayuda de un aliado inesperado, Europcar. Los franceses, ausentes de la escapada, quisieron redimirse acercando el pelotón a ésta. Entre su brega y la inercia propia de la tensión previa a cada subida adoquinada, la caza estuvo servida.

El sorprendente orden interno de BMC

Una de las grandes incógnitas de la temporada de piedras era cómo se iban a coordinar los esfuerzos de los corredores del millonario ‘dream team’ de BMC. En su alineación aparecían cuatro hombres que, por trayectoria, podían ser perfectos contendientes a la victoria: Thor Hushovd, Alessandro Ballan, Philippe Gilbert y Greg Van Avermaet.

Existía la sensación de que cada uno podría hacer la guerra por su cuenta, generando un caos contraproducente para las lógicas ambiciones de victoria de la escuadra. Sin embargo, no hubo tal. Conscientes de que su forma física no era la ideal, Hushovd y Gilbert guardaron los galones y se pusieron la cofia, consagrándose al servicio de un inspiradísimo Ballan y dejando a Van Avermaet cierta libertad para buscar sus propias opciones, sobre todo a partir de que el penúltimo paso por el Kwaremont dejara claro quiénes eran los más fuertes de la carrera. También fue de reseñar la labor de Hincapie, pendiente de Ballan hasta el segundo giro por el circuito final; y la de Burghardt, clave en la última vuelta a éste.

En la misma línea de disciplina táctica que BMC se situó Garmin. Los hombres de Vaughters unieron sus fuerzas decididamente en torno al jovencísmo Vanmarcke, lo cual resultó llamativo en el caso de hombres como Heinrich Haussler o Johan Vansummeren, que a pesar de ser el vigente campeón de París-Roubaix no tuvo reparos en quemar sus naves a 40 kilómetros de meta para forzar la que, gracias a la estimable continuación de Chavanel, se constituiría como la selección casi-definitiva. Ésta fue neutralizada por Sky, cuya apuesta por Boasson Hagen terminó en fracaso por cuanto supuso despreciar las opciones de un astuto Juan Antonio Flecha y el noruego apenas pudo ser 19º en meta.

La carrera, bloqueada: proactivos vs desactivadores

Hubo un tramo en esta Ronde, entre la aproximación al circuito final y el primer giro a éste, en el cual se vivió un bucle de ataques que eran sistemática e inmediatamente anulados. Equipos como Europcar, Astaná o Sky, proactivos y con ganas de batalla, se toparon con otras escuadras como Garmin, Omega Pharma o BMC que, desactivadoras, decidieron no permitir ningún escarceo, mandaron siempre a sus segundos o terceros espadas a atrapar a los fugitivos para dormir la carrera. En medio, inactivas, formaciones como Vacansoleil o Farnese Vini.

Fue una fase algo frustrante, y a la par curiosa por cuanto deparó imágenes insólitas como la del kazajo Assan Bazayev (Astaná) demarrando con un gel de glucosa entre los dientes [segundo 30 del vídeo superior], se extendió durante más de media hora y no varió a pesar de las aparatosas caídas de Sebastian Langeveld (GreenEdge) y, sobre todo, Fabian Cancellara. Esta última no llegó tampoco a afectar verdaderamente a la marcha de la carrera: no afectó a las tácticas de ésta, si bien restó una importante alternativa en los kilómetros finales.

Boonen no necesitó descolgar a nadie: Pozzato le perdonó

La tranquilidad de Tom Boonen en esta edición del Tour de Flandes fue uno de los factores diferenciales en su marcha y resolución. ‘Tommeke’ avisó en la previa de que no se sentía obligado a apabullar: confiaba en su esprint y en su equipo. Gracias a esto pudo permitirse no demarrar en ningún momento, olvidando los locos ataques a 60 de meta realizados en carreras pretéritas. De hecho, sólo salió a contraatacar en los últimos kilómetros, cuando ya viajaba a solas con Ballan y Pozzato

Precisamente este último, en la mejor versión que se le recuerda desde Quick Step, marcó otra clave de la carrera. Ayudó a Boonen a empalmar con Ballan y, después, le perdonó en la última subida al Paterberg, en la cual el belga renqueó y halló la clemencia del rubio de Farnese Vini, que cesó de marcar el ritmo tras coronar. Pozzato tomó nota de la debilidad exhibida por el a la postre ganador y decidió que podía batirle de tú a tú en el esprint. Huelga decir que, finalmente, no pudo. Enterró sus opciones no eligiendo bien el desarrollo para la ‘volata’, lo cual le obligó a sentarse a bajar piñones con ésta ya lanzada… para felicidad del chico de OPQS.

Chavanel y Ballan fueron los verdaderos MVPs; Sagan, el MIP

Más allá del soberbio Pozzato y el Boonen tranquilo, los dos hombres más valiosos por su influencia en el devenir de la carrera fueron sin duda Sylvain Chavanel y Alessandro Ballan. El italiano de BMC supo rentabilizar la gran labor de su escuadra. Rodó siempre en posiciones cabeceras, estuvo presente en las escaramuzas más importantes y finalmente forzó la suya propia, la postrera, con un demarraje sin alzarse los pedales en el último paso por el Oude Kwaremont. Una vez Pozzato y Boonen llegaron a su rueda, conservó energías para derrocharlas en tres ataques que hallaron siempre respuesta por parte del belga, toda vez que su compatriota le había prometido no saltar a su rueda en ningún caso. Finalmente, su generosa inversión de fuerzas obtuvo por rédito el tercer cajón del podio.

Menos premio, al menos individualmente hablando, se llevó Sylvain Chavanel. El francés de OPQS es, como bien le definió ayer Borja Cuadrado en su crónica, un ciclista de culto, más grande por aura que por palmarés. Ayer intimidó con su halo de magnificencia a la práctica totalidad de los atacantes que probaron fortuna durante el bloqueo de la carrera; después, en el penúltimo paso por el Oude Kwaremont, tomó el testigo de los hombres de Garmin para marcar un fuerte ritmo que dejó en cabeza los once corredores más fuertes de la carrera. El corte fue neutralizado por el grueso del pelotón unos kilómetros más tarde, pero fue significativo. No en vano, siete de los hombres que viajaban en él terminaron entre los diez primeros.

Uno de ellos, Peter Sagan, fue una de las grandes sensaciones de este Tour de Flandes. No hizo nada extraordinario; o, mejor dicho, nada extraordinario para él. El eslovaco se mostró fuerte, incontenible y ambicioso: siempre atento en cabeza, algo solo por cuanto su Liquigas sólo puede ofrecerle el insuficiente apoyo de Oss y Sabatini, activo en los cortes… Su buena actuación no fue excelente por cuanto cayó en la trampa de no seguir a Pozzato y Boonen en su camino hacia la rueda de Ballan. Cuando el italiano de Farnese encendió la moto, Sagan dejó la responsabilidad de empalmar a un opaco Boasson Hagen. En esa mala decisión se le fue la carrera. No obstante, el mérito de su quinto puesto en meta es enorme y le coloca entre los favoritos a ganar el Tour de Flandes 2013, haya o no Kapelmuur en él.

Foto ©: Tim De Waele – OPQS

Devolder quiere ser el único hombre feliz

«El domingo sólo habrá un hombre feliz. Si gano, seré yo. Y voy a por ello«. A pesar de una temporada anónima, casi lamentable, y de no colmar las expectativas en la anterior pese a ganar la Vuelta y el campeonato nacional belgas, Stijn Devolder no llega achantado al Tour de Flandes a tenor de las declaraciones realizadas en diversos medios (Het Nieuwsblad, GvASporza, Cyclingnews…) en los últimos días. El corredor de Vacansoleil, de hecho, afirma sin contemplaciones que no se conforma con un buen resultado: «Sólo me satisfará llevarme un tercer trofeo«. Con esta frase, Devolder hace gala de los dos triunfos en De Ronde que descollan en su nutrido palmarés. Los ha aludido, de hecho, buscando razones para el optimismo. «Vuelvo a tener frescas en la cabeza mis dos victorias en Flandes«.

«La confianza en mí mismo ha aflorado de nuevo«, comenta. Sus resultados, en principio, no ofrecen demasiados motivos para esto; sin embargo, lo cierto es que sus prestaciones no van reflejadas en ellos. El belga ha lucido bien en las últimas carreras en las cuales ha competido, ofensivo y cerca de las principales escaramuzas. Sirvan como ejemplo los Tres Días de la Panne, que usó «como entrenamiento» y de los cuales salió «feliz«, a pesar de que la contrarreloj «no fue satisfactoria»  y le dejó en octava posición. Se ve a sí mucho mejor que en campañas anteriores. «Antes escalaba cada kilómetro; ahora, los recorro suavemente. He cambiado de entrenador y regresado al buen camino. Mi condición física se parece a la de hace dos años«.

No duda, por tanto, ni de sus posibilidades ni de su estado de forma. Menos claro parece su papel durante la prueba. «No necesito ser líder de mi equipo. Nunca he corrido esta carrera como jefe de filas, y aun así la he ganado dos veces. Me conformo con poder hacer mi propia carrera«. En esta ocasión, el antiguo integrante de Quick Step compartirá galones con otros dos potenciales ‘outsiders’, Björn Leukemans y Lieuwe Westra. Este último se ha mostrado dispuesto a ponerse al servicio de sus coequipiers; pese a ello, el propio Devolder le ha señalado como «candidato» a luchar por la victoria.

Respecto del resto de contendientes, el bicampeón de ‘De Ronde’ ha señalado una primera fila de cuatro grandes favoritos, con Fabian Cancellara, Tom Boonen, Filippo Pozzato y Matti Breschel. Y espera «estar con ellos«. Curiosamente, cuando se le pregunta si él mismo es un favorito, se defiende y rehuye contestar. «Ser favorito no cuenta. Lo importante es ganar el domingo«. No cabe duda: por aproximación, por condiciones y por palmarés, Stijn Devolder es uno de los grandes ‘tapados’ de cara al Tour de Flandes 2012.

Foto: Kurt Vanrespaille – Web oficial de Stijn Devolder

Boonen y Cancellara, de órdagos antes de Flandes

El pasado lunes, preguntado por el Tour de Flandes, el suizo Fabian Cancellara se descargaba de responsabilidad e iniciaba la tradicional guerra psicológica previa a cualquier gran carrera: «La presión que yo tenía el año pasado corresponde ahora a Tom Boonen«. Y explicaba. «Después de este fin de semana, con sus victorias en GP E3 Harelbeke y Gante – Wevelgem, él tiene cinco estrellas en la lista de favoritos«. E incluso se permitía el lujo de citar una conversación con el hombre cuyo rendimiento previsto en De Ronde parece más próximo a la decepción: «He hablado con Philippe Gilbert y sabemos que, estén al 90 o al 100%, los hombres a batir son los mismos: Omega Pharma – Quick Step».

No yerra ‘Espartaco’ adjudicándole presión, responsabilidad y vitola de favoritismo a la escuadra belga y su líder. Tom Boonen, ganador en dos ocasiones del Tour de Flandes, no rehuyó en la rueda de prensa de OPQS su rol de candidato número uno a la victoria, pero avisa de que la pelota no está en su tejado. «Yo no estoy obligado a descolgar a nadie, tengo confianza en mi esprint y puedo recurrir también a mi equipo«. Ahí están sus dos grandes puntos fuertes, quizá los diferenciales respecto de Cancellara. Los coequipiers del suizo en RadioShack-Nissan  (Bennati, Gallopin, Popovych) resultan sensiblemente inferiores al tremendo bloque de OPQS (Chavanel, Terpstra, Steegmans). En cuanto a la punta de velocidad, el propio Boonen se explica: «Quizá él [Cancellara] tenga un motor un poco más grande… Pero yo soy más rápido«.

Siguiendo con los órdagos, ‘Tommeke’ afirmó no tener por qué vigilar especialmente al campeón suizo: «Yo sólo corro para batirme a mí mismo«. Y ponía los nombres de otros dos candidatos sobre la mesa: «Espero mucho de Filippo Pozzato y Peter Sagan«. Sobre el talento eslovaco del Liquigas, Boonen apuntaba que «estará en el podio en los próximos tres o cuatro años; quizá pueda llegar lejos este mismo domingo«. Citaba incluso a su coequipier y reciente ganador de los Tres Días de la Panne Sylvain Chavanel: «Es uno de los mayores favoritos, por cuanto llega en buena forma y el trazado es bastante duro, acorde con sus características«. No concedía tantas opciones, sin embargo, a Edvald Boasson Hagen: «Si se llega al esprint habrá que vigilarle, pero no lo considero un favorito«.

No cabe duda: tanto Tom Boonen como su OPQS llegan muy crecidos a este Tour de Flandes. Apenas concluido marzo, el individuo lleva siete victorias y el colectivo 23. Una cifra poderosa, sobre todo comparada con la pareja de triunfos que ostenta su máximo rival Fabian Cancellara, que suponen también los dos únicos laureles en el haber de su RadioShack. Quizá sea por esta circunstancia que los belgas llegan con toda la expectación sobre sus espaldas, como rivales a batir para unos contrincantes que no tienen prácticamente nada que perder ante la inmensa superioridad belga.

Foto ©: Omega Pharma – Quick Step

Ferrari se impone en el circuito francés

La Copa de Francia, la competición de tipo ‘challenge’ que reúne la mayoría de las clásicas que se disputan en el país vecino y que bien podría ser replicada en España, vivió hoy viernes su cuarta manga con la disputa de la Route Adélie. En la clásica, disputada en los alrededores de la ciudad noroccidental de Vitré, triunfó al velocista italiano Roberto Ferrari (Androni Giocattoli), superando claramente a Laurent Pichon (Bretagne) y el local Julien Simon (Saur).

La clave de la carrera de 200 km estuvo en el circuito final, girado en ocho ocasiones, cuyos nueve kilómetros incluían la subida a la Cota de Chênelière. A pesar de la acumulación de esfuerzos y de la gran cantidad de ataques, la victoria se jugó entre un grupo compacto que superaba de largo el medio centenar de corredores. Hubo representación española, o casi, en muchos de los movimientos del día. La escapada larga, por ejemplo, incluía al ucraniano de Canet, Oleg Chuzda (Accent Jobs), y fue neutralizada curiosamente con la colaboración de su ex equipo, Caja Rural. La escuadra navarra trabajó pensando en las opciones de Francesco Lasca y Manuel Cardoso, que sin embargo no terminaron la carrera. Por último, el madrileño Javier Mejías (TT1) anduvo en las escaramuzas finales y fue cazado a sólo tres kilómetros de meta cuando marchaba en solitario. Los esfuerzos finales de aventureros como Megías o Laurent Mangel (Saur) fueron finalmente en vano y sólo sirvieron de antesala para la victoria de Ferrari.

Tras esta prueba, la Copa de Francia continúa encabezada por Arnaud Démare (FDJ), empatado a puntos con los otros dos ganadores de mangas de la ‘challenge’ con derecho a puntuar, Florian Vachon (Bretagne) y Samuel Dumoulin (Cofidis). La general por equipos la encabeza Bretagne-Schuller, igualado con Saur-Sojasun y un punto de ventaja sobre FDJ.

Foto: Directvelo