Leopard Trek: ¿resurge Mapei III?

Hace diez años que Giorgio Squinzi, patrón del histórico equipo Mapei, decidió desdoblar su estructura después de dos campañas con un efectivo sobredimensionado de casi cuarenta y cinco corredores capaces de tiranizar allá donde compitieran. La fórmula fue relativamente sencilla: generar una nueva escuadra con los directores y ciclistas más jóvenes de aquel súper equipo. El resultado fue sencillamente extraordinario: la leyenda de una formación cuyos catorce ciclistas, todos ellos menores de 24 años, acumularon 47 victorias en aquel 2002.
La mera lectura de la plantilla del conocido como Mapei III explica por sí sola estos registros. En ella figuran hombres que jamás confirmaron lo apuntado (Zanotti, Zerzan) y otros cuya luz se apagó demasiado pronto (Gasparre, Sinkewitz, el velocísimo Clerc); pero también respetadísimos profesionales (Cheula, Willems, Murayev, Eisel, Petrov), prestigiosos ‘cracks’ (Allan Davis, el tricampeón mundial contrarreloj Michael Rogers, Filippo Pozzato) y, por encima de todos, uno de los mejores corredores de la actualidad y casi de la historia: Fabian Cancellara. Si a estos mimbres unimos el trabajo del Centro Mapei de Aldo Sassi, encargado de supervisar la preparación y evolución física de los entonces jóvenes prodigios, y la conjunción orquestada por la dirección de Roberto Damiani, Joxean Fernández ‘Matxin’ y Luca Guercilena, se comprende sin asomo de duda por qué Mapei III se ha convertido en un mito, referente y parangón para cualquier escuadra de formación de ciclistas.

Aunque cualquier comparación es osada e incluso odiosa, podría decirse que el espíritu de Mapei III resurgirá esta temporada con el Leopard Trek continental. Se trata de una escuadra nacida a modo de adláter a partir de la fusión entre el RadioShack de Armstrong y Bruyneel y el Leopard de los Schleck; aprovechará la estructura de su conjunto superior, esa acumulación de talento y aspiraciones encontradas llamado RadioShack – Nissan, y será capitaneado por uno de los directores de aquel mítico Mapei III, Luca Guercilena, y un ex ciclista del Mapei “grande”, Adriano Baffi. Su génesis no deja de ser un fruto de la conveniencia de Bruyneel, necesitado de mostrar cierto compromiso con el ciclismo luxemburgués a través del cuidado de sus principales promesas y, de paso, sacar provecho de la cantidad de auxiliares y directores con contrato en vigor.
La cabeza visible de Leopard Trek será Bob Jungels, proyecto de contrarrelojista de 19 años, compañero de entrenamientos de los hermanos Schleck y gran razón de ser para el nacimiento de este equipo por la necesidad de que sus cualidades se fogueen en buenas carreras bajo la tutela adecuada. Junto a él estarán cuatro compatriotas luxemburgueses de entre los que destaca su potente coetáneo Tom Kohn.
Más allá del Gran Ducado, la acumulación de talentos del resto de Europa es llamativa. De España se llevan al ligero Jesús Ezquerra, criado por Manolo Sáiz en Cuevas El Soplao; de Portugal a Fabio Silvestre, un contrarrelojista de campanillas capaz de ser podio en la Vuelta al Alentejo con apenas 20 primaveras; de Alemania, un talento puro y recio, el campeón de Europa sub23 Julian Kern. Leopard Trek contará además con tres velocistas con denominación de origen alpina: el suizo Oliver Hofstetter y los lombardos Eugenio Alafaci y Giorgio Brambilla, ya profesional un par de campañas con De Rosa y dos veces podio en la París-Roubaix sub23.
La cuota de experiencia y cierto exotismo la aportará el moldavo Alexander Pliuschin. Se trata de un ciclista con un Tour de Francia, tres campeonatos de su país y cuatro años de World Tour en las piernas, dos con Ag2r y dos con Katusha, además de cierta aureola de infravaloración. Pliuschin es un hombre completo y combativo, con aptitudes para los recorridos complicados como demostró ganando el Tour de Flandes sub23 en 2007. Baffi ya le ha señalado como líder de la escuadra para la próxima temporada, junto a Jungels.
El ilusionante proyecto Leopard Trek dio sus primeros pasos este mes de diciembre, compartiendo concentración en Calpe con sus ‘senior’ de RadioShack – Nissan. Ya tiene fecha para su debut en competición, que tendrá lugar el 4 de Febrero en el GP Costa de los Etruscos italiano. A partir de ese día podremos comenzar a dirimir si, efectivamente, la comparación de este nuevo vivero con aquel mítico Mapei III es osada, odiosa… o procedente.

Zaugg ni empieza ni termina

Dicen que la historia no empieza ni termina, sino que continúa. Que cualquier intento de ponerle coto, principio y final, es vano. También dicen que cualquier conclusión es, en el fondo, el inicio de algo. Todo esto lo ha refrendado hoy el suizo Oliver Zaugg con una preciosa victoria en el Giro de Lombardía, último Monumento de la temporada y colofón de la campaña ciclista de alto nivel, con la cual abrió su palmarés a la par que cerraba la breve pero rutilante historia de Leopard Trek.
Siempre dio la sensación de que Oliver Zaugg (1981, Lachen – Suiza) podía hacer algo más, llegar a brillar en lo más alto. Era un escalador prometedor, y con esa aureola pasó por Saunier Duval y Gerolsteiner, escuadras donde demostró dos tendencias: la primera, realizar actuaciones de mérito sin una réplica posterior, lo cual le granjeaba fama de irregular a pesar de recurrir habitualmente a una táctica de solidez y frialdad; la segunda, ir a más con el transcurso de la temporada y dar sus mejores prestaciones a finales del verano en la Vuelta y las semiclásicas italianas, sus escenarios favoritos junto a las montañas suizas.
Incapaz de generar victorias (su palmarés estaba desierto hasta hoy), pasó dos años en Liquigas como gregario de Nibali, Basso y compañía y este invierno fichó por Leopard Trek, en el cual ha gozado de los galones suficientes para ser líder en las carreras en las cuales no estuvieron presentes los plenipotenciarios hermanos Schleck, con quienes curiosamente sólo ha coincidido en Mallorca. Estaba llamado a liderar a la escuadra luxemburguesa en el Giro de Italia, pero la trágica muerte de Wouter Weylandt cercenó dolorosamente sus aspiraciones.
En el día de hoy Zaugg aprovechó todas las circunstancias y culminó con un acelerón sorprendentemente inapelable para la totalidad de favoritos en la subida postrera de Villa Vegano una carrera por demás espectacular. La fuga lejana, poco numerosa pero compuesta de excelentes ciclistas como Johan Van Summeren o un Mikel Astarloza a quien no pesan sus dos años de inactividad, no tuvo demasiada vida ante el empuje de un ofensivo Luca Paolini, quien descendió a buenísima velocidad la Colma di Sormano llevando a su rueda a grandes candidatos como Fuglsang, Lastras, Nibali o el campeón saliente y mejor ciclista del año Philippe Gilbert.
Curiosamente el belga, si bien fue clave para que el movimiento prosperara, no fue quien mejor lo aprovechó. Se desgastó en exceso en el llano y, llegada la Madonna del Ghisallo, se encontró con Nibali, quien le ganó la partida obligándole a hincar la rodilla. Inició entonces la exhibición de lo Squalo, desatado, repleto de clase y espíritu, deseoso de desquitarse de una temporada más gris de lo esperado. Coronó la cima de la patrona de los ciclistas con más de un minuto y medio de ventaja sobre un pelotón excesivamente dubitativo hasta que Sky tomó el toro por los cuernos y asumió la caza del italiano, quien petó definitivamente a quince de meta y vio su ventaja devastada y la portentosa cabalgada jibarizada.
Llegó una treinta de ciclistas con opciones al pie de la última subida del día, Villa Vegano, y allí Zaugg, entero tras un día entero oculto en el gran grupo, no tuvo dudas ni dificultad. Ni Gilbert, resentido de los esfuerzos de todo el día y todo el año, ni el grupo de cinco perseguidores (por orden de llegada a meta: Dan Martin, ‘Purito’ Rodríguez, Basso, Niemiec, Pozzovivo) que se configuró tras él en el descenso hacia Lecco, pudieron doblegarle. El suizo estrenó su palmarés en el acto conclusivo de 2011, dando un nuevo paso para continuar una carrera deportiva cuya significación promete ser mucho más relevante de hoy en adelante.

La histórica redención de Andy Schleck

Octavo a 3’22” del apoteósico vencedor Andy Schleck, Rein Täaramae entra en meta roto. El estonio de Cofidis acaba satisfecho por cuanto sus relevos en momentos clave de la etapa habían conseguido descabalgar al colombiano Rigoberto Urán y auparle a los más alto de la clasificación de los jóvenes, pero a la par algo desencantado por un ataque a menos de cinco kilómetros de meta que le había desfondado, permitiendo al sorprendente Pierre Rolland acercarse peligrosamente y situarse a sólo 33” de él en la general. Respiraba Täaramae, experto en la lid del reventón y excesivo como pocos en sus aceleraciones, el aire huérfano de oxígeno del Galibier. Ésa era la principal causa de su sofoco: haber rebasado el umbral de los 2000 metros de altitud pedaleando. Más de 30 kilómetros pasaron los corredores por encima de éste durante la etapa, durante la cual recorrieron también alrededor de 130 ascendiendo, hacia el cielo, para terminar a 2645 metros sobre el nivel del mar.
Era una jornada propicia para reventones. Más cuando se venía de días de nervios, con diecisiete parciales de fatiga acumulados. Si a esto sumamos el esfuerzo de otra carrera de similar calado y dureza como el Giro de Italia, el resultado es que las piernas del ciclista que saliera indemne serían sobrehumanas. Alberto Contador no aguantó, y con ello demostró ser tan humano como cualquiera. El hecho de que en veinte años sólo tres ciclistas hayan sido capaces de clasificarse en el podio de Giro y Tour una misma temporada era suficientemente indicativo de la titánica tarea que tenía por delante el pinteño buscando el doblete. Hoy se dió de bruces con sus limitaciones. A pesar de su trabajo, el de su Saxo Bank y el de sus aliados de Euskaltel, acabo por ceder tiempo en meta, ahogado. Incluso algo más que el explosivo Täaramae.
Lejos de estas miserias durante la mayor parte de la jornada, alumbrado por la épica que tanto necesitaba para redimir su honra, Andy Schleck cabalgó majestuoso por las cumbres alpinas. Planteó la táctica de su Leopard Trek tirando de manual, lanzando a dos buenos gregarios como Joost Posthuma y Maxime Monfort en la escapada larga fraguada en el eterno Agnello con objeto de atraparlos posteriormente y beneficiarse de su trabajo. Lo hizo a la perfección gracias a un portentoso ataque en el Izoard que no halló contestación en un grupo de favoritos que prefirió jugar al ajedrez. Basso sólo contaba con el alfil Szmyd, Contador tenía sus filas desarboladas y se hallaba personalmente en jaque a cola del grupo, Evans tenía una posición tan cómoda que no puso a trabajar a sus peones hasta llegado el falso llano previo al Galibier.
El australiano, sin embargo, midió mal los tiempos. Finalmente, ante el viento de cara del Lautaret y la inconmensurable labor de Monfort y el circunstancial aliado Devenyns para Andy Schleck, tuvo que acabar en cabeza de grupo jugándose el todo por el todo, incluso su propio pellejo de rey. Se enfrentó en solitario a Eolo ante la insolidaridad de sus acompañantes y fue eliminando a los rivales que se agazapaban a su espalda, tan deseosos de atacarle como temerosos de las consecuencias, a la par que recortaba la ventaja del contrincante que se alzaba en el horizonte, inapelable y magistral. A la postre, Evans acabó por salvar sus muebles y, a la par, los de un Europcar miserable que no dio un solo relevo hasta menos de un kilómetro para el final a pesar de llevar en el grupo al gregario Rolland con su líder Voeckler y, aun así, conservó como premio el ‘amarillo’ un día más.
En los últimos metros, sobrado tras todo un día guardando energía, Frank Schleck aceleró para ser segundo a meta y remachar con un doblete la exhibición de su hermano y el Leopard Trek en conjunto. Una exhibición necesaria, sin duda alguna, para evitar a la estructura el escarnio dentro de un pelotón donde aún no habían visto garras a los felinos. Sin embargo, a tenor de lo visto sí las tenían, aunque guardadas. Hoy han sabido usarlas de la mejor manerla posible para configurar una magnífica redención y aupar al benjamín de los Schleck al segundo lugar de la general (con apenas 15” de desventaja respecto de Voeckler y casi un minuto sobre el Evans) y de paso hacerle entrar en la historia del ciclismo por la puerta grande. Falta saber si Leopard tiene también fauces para triturar mañana la carrera en Galibier y Alpe d’Huez e imponerse con ello en la general de un Tour de Francia que llega a su fin de semana postrero abiertísimo tras una agradable sucesión de sorpresas.

La valentía cambió las tornas

Hace unos días, en la meta de Luz Ardiden donde Samuel Sánchez triunfó y los grandes favoritos distanciaron a un Alberto Contador cuando menos poco inspirado, Andy Schleck citó a Ivan Basso y Cadel Evans como los rivales a batir en este Tour de Francia. Obvió a Contador, forjando un exabrupto que, repetido días después en Plateau de Beille, constituía una machada calculada dentro de la guerra psicológica planteada por los hermanos Schleck al madrileño. Sabían que sus piernas estaban bien y trataron de derrotarle a través de la cabeza: emparedarle durante las subidas, picarle en la prensa… En una palabra, provocar su desquicio para sacarle de la carrera
Con un Contador mentalmente frágil, sólo tendrían que derrotar a rivales en teoría asequibles en las montañas. Una vez “conseguido” lo primero, dispusieron de tres jornadas pirenaicas para lo segundo. Luz Ardiden supuso un buen prólogo; Lourdes, una tregua; Plateau de Beille, una ocasión marrada. En total, ascendidos tres puertos de primera y cuatro de categoría especial, Frank Schleck se acercó al amarillo de Voeckler tan solo cuarenta segundos; Andy, veintidós. Esa fue la renta conseguida con la carrera a su merced en todos los aspectos…
Hoy, la valentía cambió las tornas. Con un ataque en un Segunda poco sugerente (el Col de Manse) y su estremecedor descenso, Cadel Evans y Alberto Contador consiguieron veintiuno y dieciocho segundos de ventaja respectivamente sobre Voeckler y Frank. Menos de un minuto sobre Basso. Y más de un minuto sobre Andy.
El menor de los Schleck confesaba en meta: “no me esperaba este ataque”. Ciertamente, el libro de ruta no lo anunciaba. Considerando el devenir de la carrera, sin embargo, cabía presagiarlo. Había sido una jornada dura, de altísima velocidad (se llegó a meta con veinticinco minutos de adelanto sobre el horario previsto), y la subida tendida que se iba a coronar a once kilómetros de meta alumbraba después una bajada vertiginosa. El terreno y las circunstancias eran propicias. BMC lo supo ver y aumentó el ritmo de un pelotón que ya había dejado la victoria de etapa en manos de la fuga.
La escuadra de Evans lanzó el guante y éste lo recogió un Contador reforzado moralmente tras el día de descanso, aliviado también de una rodilla que según confesó su hermano y mánager Fran hoy en Eurosport estuvo a punto de llevarle al abandono en la primera semana de carrera. Su demarraje inicial sirvió para avisar al resto de favoritos. Una vez consumado el reagrupamiento, fue continuado por su coequipier Dani Navarro en lo que constituye la primera ayuda efectiva y decisiva de Saxo Bank al superclase madrileño.
La segunda tentativa rompió la baraja. Probablemente fue la primera ofensiva sostenida de todo el Tour, el primer ataque de más de veinte segundos de duración. Halló eco en Cadel Evans y Samuel Sánchez y la terna, una vez en cabeza, no dudó que debía persistir en su apuesta. El descenso, estrecho y húmedo, coincidente en su parte final con el del Col de la Rochette que tan mal recuerdo trae al aficionado español, fue una exhibición de un Evans encendido para acallar a los críticos que aún le acusan de cobarde.
Mientras el noruego Hushovd se llevaba la etapa por delante de Boasson Hagen (otro noruego) y su coequipier Hesjedal (cuya ascendencia y apellido son también noruegos), Voeckler y Frank Schleck descendían a cuchillo para minimizar la pérdida. Mal le fue a un Basso romo que a partir de ahora tiene la obligación de atacar para soñar con el podio de París. Peor aún estuvo Andy, asustado por la caída de Jeanesson (apenas un derrape mal hecho) según contaba en meta. Perdió más de un minuto y enterró sus opciones de ganar este Tour de Francia.
La clasificación general aún sitúa al luxemburgués por delante de Contador, pero lo cierto es que el español le ha ganado la posición por una cuestión de valentía. Su movimiento de hoy, el beneficio que ha generado para un Evans lanzado hacia la victoria final, le ha encumbrado como juez de la carrera. De su consistencia en jornadas posteriores, el ‘momentum’ del australiano y la reacción del resto de favoritos dependerá que Contador consume una remontada encomiable y quién sabe si histórica.

Samuel y los Schleck ganan el juego de Luz

Las declaraciones de Paolo Tiralongo publicadas esta mañana en L’Equipe probablemente sean las más interesantes de lo que llevamos de Tour. Tras admitir ser el “décimo hombre” de Alberto Contador en carrera, un gregario más de esos que tanto necesita el pinteño toda vez que su Saxo Bank parece más débil de lo deseable, el italiano dejaba un titular contundente: “Alberto no está sereno”. Y ampliaba: “no puede estarlo. La gente le silba acusándole de algo que no ha cometido. Aunque no lo muestre en público, lo cierto es que esto le afecta”.
En la subida a Luz Ardiden de hoy, Contador estaba de todo menos sereno. Diríase que se encontraba fuera de quicio. Sus debilidades eran y son públicas: psicológicamente no está fuerte, y en consecuencia sus piernas son frágiles al no haberse recuperado como debían. Los Schleck conocían esa circunstancia y le plantearon en Luz Ardiden un juego de nervios tras fracasar en el Tourmalet su táctica de vencer por aplastamiento colectivo, toda vez Voigt fagocitó al resto de Leopard Trek.
Andy delante, Frank detrás. Alberto emparedado entre Schlecks. Así pasó toda la subida al coloso final de la jornada de hoy. Los luxemburgueses jugaban, le recortaban en las curvas, acosándole, y a veces ensayaban a cortarle de la estela del corredor anterior del pelotón principal. Dejaron a Szmyd (gregario de Basso en Liquigas) el control del grupo de favoritos hasta que, a cuatro kilómetros de meta, hablaron entre sí y pasaron al ataque. Demarró Andy y le secó Contador; después vinieron tres tentativas consecutivas de Frank frenadas en dos ocasiones por el pinteño y en otra por Basso.
A la cuarta, el mayor de los hermanos de Leopard no halló oposición y se marchó en solitario. Andy Schleck, por su parte, continuó con el juego de nervios soldándose a rueda de un Contador cada vez más cegado y mermado por las circunstancias. A dos kilómetros de meta ralentizó su marcha, desafiando a Andy a realizar en Luz Ardiden un ‘surplace’ como el de Ax 3 Domaines. La diferencia vino por el hecho de que esta vez era el madrileño quien se hallaba en desventaja y, una vez Basso y Evans se movían cinco segundos por delante suya, tuvo que alzarse sobre su bicicleta para atrapar su rueda. Tardó casi treinta segundos en coger la estela y, si lo hizo, fue porque Andy dio un tímido relevo para terminar de empalmar.
Fue un mal presagio que se convirtió en certeza con una crisis en el último medio kilómetro que llevó a Contador a ceder en meta 13” respecto de Basso, Evans y Andy y 33” con un Frank Schleck que se coloca en la ‘pole’ para arrebatar el amarillo a Voeckler. Queda al madrileño el consuelo de haber limitado la pérdida en un día por demás horroroso, y también el no ser la única cara amarga del día: Robert Gesink y Andreas Klöden se dejaron hoy todas sus opciones de subir al podio de París, resentidos sin duda de sus caídas en los días precedentes.
La cara feliz fue, sin duda, la de Samuel Sánchez. El asturiano fue el mejor ciclista del día, por piernas y por táctica. Se atrevió a marcharse en el descenso del Tourmalet junto a dos elementos de Omega Pharma (Gilbert y Vanendert, quien le acompañó hasta meta para firmar un meritorio segundo puesto) y aprovechó a las mil maravillas el trabajo de su coequipier Rubén Pérez, escapado de inicio y atrapado para realizar el breve tramo de valle antes del inicio de Luz Ardiden. En la subida se benefició de los juegos existentes en el pelotón y en la cima fue indiscutiblemente más fuerte que su compañía belga. Consigue así Samuel el triunfo que se le escapó el año pasado entre los dedos frente a Andy Schleck, y repite también para Euskaltel – Euskadi el éxito conseguido hace diez años por Roberto Laiseka en este mismo lugar. Tras su exhibición táctica y física de hoy, el campeón olímpico se ha ratificado como candidato a un podio de París que se antoja caro.

Un repecho y el efecto de recencia

Le etapa amenazaba tormenta, y la tormenta no se hizo de rogar. Conidciones meteorológicas aparte, el Mûr-de-Bretagne (traducido de manera algo ‘sui generis’ al español como Muro de Bretaña, cuando en francés significaría “Maduro de Bretaña”) anunciaba batalla a pesar de ser poco más que un repecho duro en su primer kilómetro y una subida suave en el segundo. Era final de etapa. Y los ánimos estaban caldeados…
Había un favorito, el vigente campeón Alberto Contador, que debía dispersar en el ambiente del Tour la sensación de debilidad ofrecida durante el primer fin de semana de competición, saldado con 1’38” de pérdida respecto de su máximo rival Andy Schleck. La ocasión de hoy era propicia, y tenía además precedentes positivos. En el reciente Giro de Italia, el pinteño dio su primer golpe de mano en una llegada similar en Tropea, después de suscitar dudas en los días anteriores. En el pasado Tour, Contador consiguió en la empinada y corta subida de Mende diez segundos sobre Andy Schleck.
El ataque estaba, pues, más que cantado. Llegó a kilómetro y medio de meta, cuando el “muro” bretón alcanzaba su máxima pendiente. Contador había avanzado hasta la cabeza del pelotón prácticamente en solitario, apenas ayudado por un coequipier de Saxo Bank, para situarse a la par de un opulento Leopard Trek que contaba con Fuglsang y los dos hermanos Schleck entre los veinte primeros del grupo. Fränk incluso viajaba a rueda del superclase madrileño, pero no pudo contener su demarraje; tuvo que ser Gilbert el encargado de cerrar el hueco, beneficiado sin duda por el viento de cara que según Evans sufrieron los corredores durante la mayor parte de la subida.
Posteriormente se desarrolló la lucha por la etapa, caótica para beneficio de la inercia por dos factores. El primero, un Evans pletórico que se mostró pronto como el más fuerte de los contendientes y condicionó con ello el movimiento de otros favoritos; el segundo, un Gilbert empeñado en ganar cuyo ansia le llevó a desperdiciar la superioridad numérica de su Omega Pharma con un movimiento tan lamentable como fue anular el tirón de su compañero Jurgen Van der Broeck pensando en que sería un buen lanzamiento para su hoy débil esprint.
A la postre fue Cadel Evans quien se llevó el gato al agua con un impresionante esprint de 200 metros que, si bien no logró arrebatar el amarillo a Thor Hushovd, si consiguió dejar con la miel en los labios a un Contador que llegó a creerse ganador. El pinteño no se llevó la etapa, pero consiguió derrotar con ocho segundos de diferencia a otros favoritos como Gesink, Basso o el propio Andy Schleck. Una ventaja ciertamente anecdótica en términos numéricos, pero muy valiosa en el psicológico.
En el proceso de memorización, existen dos efectos preponderantes y muy a tener en cuenta en el estadío moral de los favoritos de este Tour: primacía y recencia; el primer recuerdo y el último marcan nuestros pensamientos en torno a un asunto. El 1’20” de la primera etapa, provocados por una caída, y los 8” del repecho de hoy, fruto meramente de una diferencia de prestaciones entre los distintos corredores, son la sensación latente ahora mismo entre los aspirantes a la clasificación general de este Tour de Francia. Es por ello que, de cara a futuras etapas como la de Super Besse (el sábado), lo sucedido hoy en el repecho del Muro de Bretaña puede jugar un papel clave. Más allá del efecto de los números estará el efecto de recencia…

El destino, ciego, se llevó a Wouter Weylandt

Los humanos sabemos que la muerte es algo consustancial a la vida, pero aún así luchamos por evitarla. Para eso tenemos el instinto de autoconservación: eludimos el peligro y nos enfrentamos a él buscando la huida de lo inevitable. Intentamos ignorar la muerte, latente en cada uno de nuestros pasos y dispuesta a irrumpir cuando el destino decida que es el momento. No nos resignamos a esperar ese momento sin más porque también sabemos que el destino, ese ente hecho de consecuencias y revestido de casualidades, se maneja en base a una lógica que le hace cruel. Frío. Ciego.
Hoy la ceguera y la frialdad del destino han acabado con la vida de Wouter Weylandt. 26 años, belga, clasicómano y esprinter de segundo nivel encuadrado en el Leopard Trek de los hermanos Schleck. La lógica humana dictaba que no debería haber muerto hoy, como no debería morir ninguno de los otros 206 participantes de este Giro de Italia. Menos aún estando su mujer encinta y con el parto planificado para septiembre.
Sin embargo, la racionalidad del destino se resuelve a sí misma por otros cauces, violentando a la humana y manejándola a su voluntad. Los designios de las personas dictaban que Wouter no debería haber estado compitiendo en el Giro de Italia, sino descansando en casa y preparando la Vuelta a Bélgica, a disputar a finales de mes. Pero (ay, destino) Daniele Bennati, esprinter de Leopard para la ‘corsa rosa’, se cayó en el Tour de Romandía con resultado de una fractura de clavícula. Weylandt fue llamado a filas para reemplazarle.
La de hoy ha sido la última caída de Wouter Weylandt, pero no la primera. Su oficio de velocista le había hecho golpearse contra el asfalto en muchas ocasiones. La penúltima fue en la pasada Scheldeprijs. Ahí, la providencia provocó que Tyler Farrar, su mejor amigo, hiciera el afilador con Mark Cavendish y cayera delante de él, que aunque frenó no pudo evitar arrollar al americano y dar un tremendo topetazo con su rueda trasera a una espectadora.
Quien sabe qué cadena de causas y efectos de consecuencias fatales puso en marcha esta vez el destino en su ciega lógica para hacer caer al antiguo corredor de Quick Step en el Passo del Bocco, una tachuela situada a 25 kilómetros de meta. El destino orquestó con saña su maniobra, porque el belga fue a parar contra un muro y perdió la vida en el acto.
Cesó su aliento y se cortó también la respiración del mundo del ciclismo, un ente vivo con una conciencia común más arraigada de lo habitual en cualquier colectivo. Aficionados, corredores, directores, periodistas, desatendieron la carrera de inmediato porque, en el marco de la competición, estaba sucediendo un drama más importante que ella. Todos nos rebelamos contra la lógica del destino, quien había sesgado de cuajo la vida de uno de los nuestros. Todos nos rebelamos también contra la lógica de aquellas personas que, ajenas y con pésimo gusto, se recreaban en las imágenes del deceso por puro morbo, desatendiendo que en ellas se reflejaba el fallecimiento de una persona que sentía, padecía, anhelaba, se enfadaba cuando las cosas le salían mal, tuiteaba la ecografía de su futuro bebé desde una BlackBerry… De una persona que, como el resto de sus congéneres, soñaba. Soñaba con ser cada día mejor y pasar a la historia siendo un ejemplo y un héroe como todos aquellos que existen con dignidad y buenos valores.
Weylandt era un chico sano que se ganaba la vida pedaleando para otros corredores. Esta campaña trabajó principalmente para Cancellara y para Bennati; en otras lo hizo para Boonen. Era uno más del mundo del ciclismo, ese cuyos miembros luchan entre sí con ahínco por una victoria pero también se ayudan mutuamente, aunque ello requiera bajar al cauce de un río para salvar un coche, unas bicicletas, unas vidas valiosas por su valor espiritual y no por el lógico. Weylandt ganó tres clásicas de la Copa del Mundo sub23 y etapas en la Vuelta a España y en el Giro de Italia, pero eso ahora mismo importa poco en la memoria del aficionado al ciclismo. Wouter Weylandt ya es un héroe a quien cruelmente se llevó el destino, frío y ciego. Descanse en paz.