La histórica redención de Andy Schleck

Octavo a 3’22” del apoteósico vencedor Andy Schleck, Rein Täaramae entra en meta roto. El estonio de Cofidis acaba satisfecho por cuanto sus relevos en momentos clave de la etapa habían conseguido descabalgar al colombiano Rigoberto Urán y auparle a los más alto de la clasificación de los jóvenes, pero a la par algo desencantado por un ataque a menos de cinco kilómetros de meta que le había desfondado, permitiendo al sorprendente Pierre Rolland acercarse peligrosamente y situarse a sólo 33” de él en la general. Respiraba Täaramae, experto en la lid del reventón y excesivo como pocos en sus aceleraciones, el aire huérfano de oxígeno del Galibier. Ésa era la principal causa de su sofoco: haber rebasado el umbral de los 2000 metros de altitud pedaleando. Más de 30 kilómetros pasaron los corredores por encima de éste durante la etapa, durante la cual recorrieron también alrededor de 130 ascendiendo, hacia el cielo, para terminar a 2645 metros sobre el nivel del mar.
Era una jornada propicia para reventones. Más cuando se venía de días de nervios, con diecisiete parciales de fatiga acumulados. Si a esto sumamos el esfuerzo de otra carrera de similar calado y dureza como el Giro de Italia, el resultado es que las piernas del ciclista que saliera indemne serían sobrehumanas. Alberto Contador no aguantó, y con ello demostró ser tan humano como cualquiera. El hecho de que en veinte años sólo tres ciclistas hayan sido capaces de clasificarse en el podio de Giro y Tour una misma temporada era suficientemente indicativo de la titánica tarea que tenía por delante el pinteño buscando el doblete. Hoy se dió de bruces con sus limitaciones. A pesar de su trabajo, el de su Saxo Bank y el de sus aliados de Euskaltel, acabo por ceder tiempo en meta, ahogado. Incluso algo más que el explosivo Täaramae.
Lejos de estas miserias durante la mayor parte de la jornada, alumbrado por la épica que tanto necesitaba para redimir su honra, Andy Schleck cabalgó majestuoso por las cumbres alpinas. Planteó la táctica de su Leopard Trek tirando de manual, lanzando a dos buenos gregarios como Joost Posthuma y Maxime Monfort en la escapada larga fraguada en el eterno Agnello con objeto de atraparlos posteriormente y beneficiarse de su trabajo. Lo hizo a la perfección gracias a un portentoso ataque en el Izoard que no halló contestación en un grupo de favoritos que prefirió jugar al ajedrez. Basso sólo contaba con el alfil Szmyd, Contador tenía sus filas desarboladas y se hallaba personalmente en jaque a cola del grupo, Evans tenía una posición tan cómoda que no puso a trabajar a sus peones hasta llegado el falso llano previo al Galibier.
El australiano, sin embargo, midió mal los tiempos. Finalmente, ante el viento de cara del Lautaret y la inconmensurable labor de Monfort y el circunstancial aliado Devenyns para Andy Schleck, tuvo que acabar en cabeza de grupo jugándose el todo por el todo, incluso su propio pellejo de rey. Se enfrentó en solitario a Eolo ante la insolidaridad de sus acompañantes y fue eliminando a los rivales que se agazapaban a su espalda, tan deseosos de atacarle como temerosos de las consecuencias, a la par que recortaba la ventaja del contrincante que se alzaba en el horizonte, inapelable y magistral. A la postre, Evans acabó por salvar sus muebles y, a la par, los de un Europcar miserable que no dio un solo relevo hasta menos de un kilómetro para el final a pesar de llevar en el grupo al gregario Rolland con su líder Voeckler y, aun así, conservó como premio el ‘amarillo’ un día más.
En los últimos metros, sobrado tras todo un día guardando energía, Frank Schleck aceleró para ser segundo a meta y remachar con un doblete la exhibición de su hermano y el Leopard Trek en conjunto. Una exhibición necesaria, sin duda alguna, para evitar a la estructura el escarnio dentro de un pelotón donde aún no habían visto garras a los felinos. Sin embargo, a tenor de lo visto sí las tenían, aunque guardadas. Hoy han sabido usarlas de la mejor manerla posible para configurar una magnífica redención y aupar al benjamín de los Schleck al segundo lugar de la general (con apenas 15” de desventaja respecto de Voeckler y casi un minuto sobre el Evans) y de paso hacerle entrar en la historia del ciclismo por la puerta grande. Falta saber si Leopard tiene también fauces para triturar mañana la carrera en Galibier y Alpe d’Huez e imponerse con ello en la general de un Tour de Francia que llega a su fin de semana postrero abiertísimo tras una agradable sucesión de sorpresas.
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