Extremos en busca del espectáculo

Durante buena parte de la pasada década, el espectáculo en las grandes vueltas se convirtió en un parámetro relativo porque el resultado en términos absolutos era desolador. La comparación del desarrollo de las distintas ediciones de Giro, Tour y Vuelta con sus análogas del siglo anterior tendían a arrojar una tendencia triste de abulia entre los corredores y complacencia entre los organizadores. Ambos repetían sus conductas, de conservar a rueda del líder hasta el último suspiro en el caso de los primeros y de acumular puertos recortando contrarreloj, sin buscar fórmulas para la innovación, en el caso de los segundos.
En los últimos años, por fortuna, esta tendencia está cambiando sensiblemente. Los empresarios buscan exprimir al máximo a los artistas y, para ello, se han atrevido a renovar su escenario a través de la acentuación de sus características diferenciales. El Giro perpetuó los finales nerviosos y la dureza desaforada en la última semana; el Tour recurrió al misticismo, aprovechando efemérides para hacer dobles pasos por Tourmalet y Galibier en 2010 y 2011, respectivamente; la Vuelta, en plena construcción de una identidad atractiva, renunció a la roma dureza de los Pirineos e impuso la electricidad de las montañas andaluzas y asturianas y los repechos propios de cada pueblecito.
Hoy se ha dado un paso adelante en esta tendencia con la publicación de los próximos recorridos de Giro y Tour; filtraciones a cargo de Tuttosport en el caso italiano y de la propia web de la carrera en el francés. Esta circunstancia no es baladí, sino reseñable. Anunció la ruta del Giro d’Italia un diario ajeno al grupo RCS (propietario de la Gazzetta dello Sport), lo cual probablemente propicie ciertos errores en su ‘exclusiva’; por otra parte, fue un órgano de ASO quien se equivocó e hizo público el recorrido del Tour, generando con ello expectación en torno a él (tal y como afirma en su Twitter el director del Giro, Michele Acquarone)… y contrarrestando el efecto de la revelación del Giro, en un curioso movimiento de competencia sectorial.
Más allá de detalles, anecdóticos fuera de los despachos, el contenido de ambas filtraciones merece cierto comentario.

El Tour de Francia ha aprendido la lección de 2010: no propician espectáculo los finales en alto ‘per se’, sino las circunstancias precedentes y posteriores a estos. Interesa diseminar los puertos por el toda la ruta para situar oportunidades para la ofensividad de los escaladores por toda ella; interesan etapas cortas pero intensas cuando las piernas de los corredores han acumulado fatiga; interesa poner contrarrelojes antes y después de los principales bloques montañosos para obligar a los ciclistas a aprovecharlos en movimientos audaces y arriesgados.
El resultado es un recorrido variado y equilibrado, con dos contrarrelojes en la 9ª y 19ª etapa de 38 y 52 kilómetros que, sumadas a los seis del prólogo, totalizan 96 kilómetros de esfuerzo individual que hacen crecer las opciones de rodadores con ambición por las grandes vueltas como Bradley Wiggins, Cadel Evans o (quien sabe) Tony Martin a la par que disminuyen las de escaladores puros como Andy Schleck. Para corredores como el luxemburgués habrá también terreno, con tres llegadas en alto (La Planche des Belles Filles -7ª-, La Touissure -11ª-, Peryagudes -17ª-) y otras seis etapas de media o alta montaña, que sumadas con los presumibles finales nerviosos de la primera semana suponen terreno de sobra para compensar la pérdida de las CRI… Siempre que se arriesgue un poco, claro está.

Respecto del Giro d’Italia, la incertidumbre por la proveniencia extraoficial de la ruta hace algo más complicado el análisis. A priori se seguirá un esquema similiar al de cada edición de la ‘corsa rosa’. Primera y segunda semanas estarán abonadas para la velocidad del esprint y los nervios de los repechos finales, con una crono individual, otra por equipos y un final en alto sin dureza previa para poner el picante de cara a la general.
El último tercio de la carrera, por contra, se encontrará plagado de dureza. Dos finales en alto en el penúltimo fin de semana ejercerán de entremés antes de la criba definitiva, llamada a acaecer en las etapas 17ª (4500 metros de desnivel, con pasos por Valparola, Duran, Forcela Staullanza y Giau, con llegada previo descenso a Cortina d’Ampezzo) y 20ª (5900 metros de desnivel, transcurso por Tonale, Aprica, Teglio y Mortirolo y culminación en Stelvio); dos platos fuertes entre los que se insertará un temible final en Alpe di Pampeago y tras los cuales se hará una contrarreloj individual en Milán, el golpe de gracia.
A falta de conocer el recorrido de la Vuelta a España, parece claro que las grandes vueltas apostarán en 2012 por estirar sus respectivas características, ir un poco más lejos o por lo menos continuar en su línea. Optarán para ello por extremos algo distantes entre sí, pero con el fin común de levantar al ciclista (verdadero propiciatorio del espetáculo) del sillín y al espectador del sillón.

¿Llegará Contador en buena forma al Tour de Francia?

Este sábado al mediodía, aprovechando la Marcha auspiciada por su Fundación y organizada por Cadalsa, Alberto Contador ha anunciado su participación en el próximo Tour de Francia. Resuelve con ello la incógnita en torno a su presencia en la salida del Paso de Gois el sábado 2 de julio, si bien ésta estaba ya casi resuelta una vez había sido conocida por cauces no oficiales junto a su comparecencia en el Campeonato de España CRI de Castellón. La pregunta ahora es si Contador será capaz de llegar en un estado apropiado al Tour de Francia, empresa harto complicada por cuanto deberá superar multitud de factores y romper con numerosos precedentes cuyo análisis hará más meritoria si cabe una buena actuación del pinteño en la ‘Grande Boucle’

El estado físico, dependiente del psicológico

Correr [y ganar] un Giro de Italia deja una terrible fatiga en el cuerpo de cualquier ciclista, tanto en el plano físico como el psicológico. Los músculos están al límite y los valores hematológicos muy bajos: es el turno del sistema hormonal, que es el responsable de la recuperación del resentido cuerpo del corredor. En su labor influye decisivamente el sistema nervioso, quien transmite al hormonal las señales necesarias para apremiarlo; la fatiga de éste, el estrés, el cansancio psicológico en definitiva, pueden mermar la efectividad de la recuperación e incluso poner en peligro su efectuación. El establecimiento de un tiempo de descanso, en el caso de Alberto once días en los cuales no ha cogido la bicicleta “en serio”, tiene una doble función: dar tiempo al sistema hormonal para trabajar y a su cabeza (principal componente de su sistema nervioso) para recuperar un estadío positivo.
No es una cuestión, por tanto, de tono muscular. Este se habrá perdido ligeramente en esos once días vacantes, pero no de una manera significativa; tampoco la fatiga del Giro, si no llega al extremo de derruir completamente el físico y la mente del corredor como no parece haber sucedido en un Alberto que no llegó al límite en la tercera semana de la ‘corsa rosa’, debe influir decisivamente. Esto se explica por el principio de la supercompensación. El cuerpo, sometido a ejercicio físico intenso, es como un muelle: se va contrayendo (baja su rendimiento) cuanta más carga recibe (más actividad física)… y, una vez cesa la carga (para la actividad física), reacciona recuperando su estado original e incluso haciéndose más grande (mejorando sus prestaciones) si es de buena calidad (ergo su sistema hormonal y nervioso trabajan bien en la “reconstrucción” del músculo y el cuerpo en general).
En la misma sintonía están los valores hematológicos. Estos también deberán restituirse durante las épocas de descanso y entrenamiento previas al Tour. Primero, deberán llegar a los parámetros normales en el pinteño, proceso que puede tomar en torno a dos semanas. Después llegará el momento de intentar mejorarlos, como hace cualquier deportista antes de cualquier competición importante. En condiciones normales aplicadas al caso de Alberto, no se podría recurrir a una concentración en altitud puesto que estas requieren unos veinte días para ser efectivas. Sin embargo, las excepcionales condiciones físicas del ciclista de Saxo Bank y su continua exposición a este tipo de ‘stages’ pueden acortar estos plazos… Y, en todo caso, siempre puede recurrirse a las famosas cámaras hipobáricas.
En conclusión: es posible para Contador llegar en buena forma física al próximo Tour de Francia. Todo dependerá de la reacción de su sistema hormonal a la fatiga del reciente Giro de Italia y, en primera instancia, de su manera de afrontar la fatiga psicológica que seguramente éste haya dejado en el pinteño.
Los antecedentes juegan en contra de Contador
El año pasado, ninguno de los quince primeros clasificados del Tour de Francia había participado en el Giro de Italia. En las últimas cinco campañas, sólo un hombre ha sido capaz de clasificarse entre los diez primeros de ambas pruebas en el mismo año: Denis Menchov, siendo quinto en el Giro y tercero en el Tour en 2008. Si ampliamos la consideración al top15, han conseguido ese hito cinco corredores: el citado Menchov, Lance Armstrong, Tadej Valjavec, David Arroyo y Damiano Cunego. En los últimos veinte años, sólo tres hombres han hecho podio en Giro y Tour el mismo año: Marco Pantani, Miguel Indurain y Claudio Chiapucci. En toda la historia, sólo seis esforzados de la ruta han ganado ambas pruebas en una temporada: los citados Pantani e Indurain (dos veces), Stephen Roche, Bernard Hinault (dos), Eddy Merckx (tres), Jacques Anquetil y Fausto Coppi. Estos y otros datos que engrandecen aún más la posibilidad de que Contador consiga dar buenas prestaciones en ambas pruebas este año 2011 pueden verse en el gráfico adjunto…
Así las cosas, sólo queda esperar y ver si Contador será capaz de marcar un nuevo hito en la historia del ciclismo.
PD 1: Hay una errata en el gráfico. También David Arroyo tomará parte en el próximo Tour de Francia tras completar el pasado Giro.


PD 2: Quizá algún experto o conocedor de la preparación física haya advertido inexactitudes y simplificaciones en esta parte del artículo. Obviamente, las hay: el objetivo del texto es explicar a personas sin un conocimiento excesivo de este tema un supuesto sobre la recuperación de Alberto Contador de los esfuerzos del pasado Giro con objeto de afrontar el próximo Tour de Francia. Por ello, ha sido aconsejable reducir la complejidad de ciertos conceptos e incluso eliminar algunos. Espero no haber cometido ningún error de bulto y haber transmitido adecuadamente lo que sé de este tema, aprendido mayormente del preparador físico Servando Velarde (alma máter de Proyecto CIDi), mi cuñado Francis Roda (licenciado en INEF), varias lecturas realizadas a titulo personal… y, por supuesto, mis profesores de Biología desde Secundaria =)

Antón, con el plácet de Contador

El Giro tiene un patrón claro e inviolable. Se llama Alberto Contador y está destinado a regir en lo que resta de carrera. El madrileño, cómodo en ese papel, no parece dispuesto a generar dudas y tampoco gestas. Practica el ciclismo control buscando atar en corto a quienes percibe como rivales y beneficiar a sus aliados. Nibali y Scarponi son de los primeros y han sufrido su marcaje en sus respectivos ataques, el verde en el Zoncolan y el blu-fucsia en el Grossglockner. Rujano y Antón son de los segundos y recibieron el plácet del pinteño para mandar en dichos colosos.
Los regalos, como los castigos, no son en vano. Llegan a cambio de pleitesía, favores ya concedidos o a conceder. Alberto Contador no tiene un equipo verdaderamente sólido en este Giro de Italia: llegan las subidas y se disuelve, quedando apenas en pie dos escaladores puros como Dani Navarro y Jesús Hernández. Los demás se pierden, llámense Matteo Tosatto y vengan ya de vuelta en esto de la bicicleta, o Richie Porte y sean jóvenes de talento con un séptimo puesto en la ‘corsa rosa’ figurando en el palmarés. Por ello vienen bien tácticas como las ejercidas por Euskaltel camino del Grossglockner o relevos como los de Rujano en los compases finales de dicha ascensión. Favores que se pagan a quien los merece.
No es menos cierto, sin embargo, que esas prebendas no llegan sin mérito del receptor. Ayer Rujano tuvo que aguantar toda la subida el ritmo infernal de Contador; hoy Antón tuvo que lanzarse en solitario desde mediado el Zoncolan. El vizcaíno realizó una auténtica demostración de condiciones y coraje, subiendo con agilidad y buen tiento las empinadas pendientes del coloso dolomítico. ‘Fuji’ logró no caer en el error de Joaquín Rodríguez y Michele Scarponi, quienes empezaron demasiado fuertes y acabaron cediendo, e hizo estériles los esfuerzos de un Nibali que anduvo a buen nivel en la parte final.
‘Lo Squalo’ fue otro nombre propio de la etapa. Hoy mostró por primera vez en este Giro su talante agresivo y esa rara cualidad de regular sus esfuerzos como nadie, como hizo el pasado año en la Bola del Mundo con Mosquera. Nibali, mente fría, subió de menos a más; parece que esa va a ser su tónica en este Giro, que inició romo y promete concluir a tope después de llegar con poca competición en las piernas. Pero, ‘peccato’, enfrente tendrá a un Contador poco dispuesto a ceder alegrías. Muestra de ello ha sido el kilómetro final de hoy, calculado por el pinteño para aplacar la fe del líder de Liquigas. Atacó, esperó a que el siciliano llegó de nuevo a su rueda y volvió a arrancar con objeto de remacharle en un gesto poco caballeroso. Preguntado por la RAI, Nibali habló de “falta de respeto”; Contador, directamente, se hizo el loco.
El patronazgo sólido de Contador parece destinado a marcar el Giro incluso más que el sainete que se está viviendo en el plano organizativo. La etapa de hoy ha perdido en apenas 24 horas un puerto importante (Crostis) y, luego, un tramo de veinte kilómetros en el cual los ‘tifosi’ iban a intentar causar estragos como protesta a la decisión de la UCI de suprimir la ascensión y su bajada. El motivo, más allá de lo público, son luchas de poder entre federación, carreras y equipos en las cuales todos tienen demasiado que perder… incluidos los propios ‘tifosi’, aficionados que son ninguneados a la hora de tomar decisiones.

Tres días de infierno tras el nombre del Crostis

En el Giro de este año se está respirando azufre. La gran ronda italiana ha vivido hasta ahora más polémica que deporte, rodeada de controversias surgidas de las lacras habituales, la circunstancia incontrolable del estallido del Etna y un nuevo foco de debate público, nacido a raíz de la trágica muerte de Weylandt, en torno al papel de las rutas planteadas por los organizadores con respecto de la seguridad de los corredores. La discusión en torno a la conveniencia de la presencia de ‘sterrato’ en la ruta fagocitó el corriente espectáculo ofrecido en aquella etapa por los ciclistas, verdaderos protagonistas de este deporte que deberían ser también la verdadera noticia.
La realidad, por desgracia, no suele respetar al deseo y tampoco corresponder con la lógica. Así, las horas previas al inicio del tríptico de terroríficas etapas montañosas que definirán el Giro no están generando discusión sobre las posibles tácticas, debilidades y fortalezas de los favoritos sino en torno a la peligrosidad del Monte Crostis, terrible puerto a ascender en la etapa del sábado como prolegómeno del Zoncolan, tras cuya cima se recorrerán varios kilómetros de ‘sterrato’ antes de afrontarse un descenso empinado, de carretera estrecha, y protegido con redes en sus tramos más complicados para evitar la posibilidad de que un miembro de la caravana del Giro trace mal y se despeñe. Un debate, en esencia, estéril: los ciclistas subirán y bajarán el Crostis por mera voluntad del organizador. Y sólo una vez los esforzados de la ruta hayan completado su bajada sabremos cuán peligrosa es. Quien monta habitualmente, en carretera y en montaña, sabe que hay rutas en apariencia impracticables y hostiles que se tornan asequibles y dóciles cuando se cabalga sobre la bicicleta… Así que hablemos de deporte.
La ración de montaña planteada por los hombres de RCS para este fin de semana es demencial. El mismo Contador tuiteó un elocuente “el viernes empieza el infierno” que resulta sumamente definitorio. Los focos se los lleva inevitablemente la etapa del sábado, contenedora del citado Crostis (14km con una pendiente siempre en progresión hasta acumular el 10 % de media) y el ya conocido Zoncolan (10km al 12% con puntas del 22%). La expetación inmediata la acapara el Grossglockner, plato fuerte de la etapa de mañana viernes. Carretera buena, turística, y empinada hasta a falta de siete kilómetros de meta, cuando acontecerá un descansillo y la subida volverá pero sin ser la misma. El coloso austríaco será duro, pero también es cierto que esta despuntado: para que su pico no arrebate el título de Cima Coppi al Giau superándolo en altitud se prescindirá de dos durísimos kilómetros finales, e incluso a un sugerente trayecto por adoquines sitos en la cima en la búsqueda del más difícil todavía.
A pesar de las crueldades dispuestas viernes y sábado, la verdadera etapa reina llegará el domingo. Serán 229 kilómetros de exigencia máxima, con el Piancavallo abriendo boca y hostilidades cuando apenas se lleve cubierta una décima parte de la etapa; luego vendrán algo más de cien incómodos kilómetros con la Forcella Cibiana colocada a medias para castigar aún más las piernas de los corredores antes del dantesco ‘rush’ final con el eterno Giau, la posterior subida sin apenas tregua tras el descenso a la mítica Marmolada (Passo di Fedaia). Después aún restará una última ascensión al Refugio Gardeccia, un golpe de gracia de seis kilómetros que incluyen dos tramos de algo más de medio kilómetro por encima del 12% al inicio y al final. Es la jornada más temida por los corredores, más incluso que el Zoncolan: piensan que la enorme acumulación de esfuerzos pasará factura.
Los corredores. Ellos deberán ser los protagonistas una vez se esfumen las controversias evanescentes que llevan días distrayéndonos de su labor. Tendrán terreno de sobra para dirimir sus diferencias y dejar claras cuáles son sus verdaderas opciones y ambiciones. Alberto Contador, ‘rosa’ a su pesar después de tres etapas donde para descargar de trabajo a sus coequipiers ha intentado perder el liderato sin éxito, parte como rival a batir. Su exhibición en el Etna dejó sin argumentos a detractores y críticos y puede haber dado lugar a una nueva carrera por el segundo puesto que en esta ocasión tiene más sentido que en otras ocasiones habida cuenta de que una sanción al pinteño en junio dejaría sin efecto sus resultados en mayo y, por ello, auparía a quien ocupe el segundo cajón del podio de Milán al estatus de ganador sin gloria.
Mezquindades aparte, Contador tendrá frente a sí rivales de muy diversos palos y capaces de darle su propia medicina. El principal, por combatividad y consistencia, es Michele Scarponi; junto a él, ‘lo Squalo’ Vincenzo Nibali, puro talento para los muchos descensos comprometidos que se afrontarán este fin de semana. Estarán también Kreuziger, con equipo de sobra y potencia aplicable en subidas que no superen el 7% (como el final del Grossglockner), y un Denis Menchov cuya fotaleza radica en aguantar cerca subiendo para rematar en la contrarreloj de Milán. También estará la terna de escaladores explosivos conformada por el discreto vasco Igor Antón,‘Purito’ Rodríguez y José Rujano, el hombre que mejor ha aguantado los demarrajes de Contador en este Giro y capaz de postularse como la auténtica bomba de esta edición de la carrera.
Nombres, hombres y terreno de sobra para enterrar las polémicas. Aunque nos distraigan las polémicas, fácilmente resumibles en el paradigma Crostis, hay en este Giro mucho más allá. Y en este fin de semana, si la realidad no decide quitar la lógica a las previsiones como casi siempre, la temperatura irá subiendo en el infierno dolomítico donde Contador, Scarponi, Nibali y compañía se jugarán su pasaporte al ‘rosa’.

Contador rompe la baraja del Giro

A seis kilómetros y medio de la cima del Monte Etna, meta de la novena etapa del Giro de Italia, Alberto Contador rompió esta 94ª edición de la ‘corsa rosa’. O, al menos, consolidó con un golpe de autoridad contundente su estatus de rival a batir en este Giro; ese del cual había sido apeado por sus propias declaraciones, ciertos signos de debilidad como los aparecidos en Montevergine y la positiva insolencia de rivales como Scarponi y Nibali. Pero el tres veces ganador del Tour de Francia es un hueso demasiado duro de roer. Tiene fuerza, calidad, coraje, mentalidad, instinto. Es un compendio de virtudes, un verdadero superclase cuyo patronazgo en cualquier carrera donde se presente es indiscutible hasta que se demuestre lo contrario.
Muestra de ello son las circunstancias previas al golpe de mano de hoy. El pinteño marchó toda la carrera escondido, con compañeros inseparables como Navarro y Hernández a su vera, sin inquietarse por la fuga de nueve corredores de calidad que marcó la etapa, entre los cuales se incluían Visconti, Lastras y un sólido Jan Bakelandts. Se escondió durante la primera subida al Etna, que apenas si sirvió para limpiar de esprinters el sótano del pelotón, y marchó tranquilo durante gran parte de la segunda, a la expectativa mientras el Geox de Menchov daba un tirón para acercar el pelotón a la escapada, y también mientras un excelso Niemiec marcaba incansable el ritmo del pelotón buscando el beneficio de su líder Scarponi.
La subida final al Etna transcurrió durante su primera mitad entre un cierto letargo, casi en trance. El citado ritmo de Niemiec, la pendiente liviana y el incómodo viento adomercieron las ganas de lucha de algunos favoritos. Tuvo que ser el siempre combativo Androni Giocattoli de Gianni Savio quien desatara las hostilidades a través de un recuperado José Rujano a diez kilómetros de meta; cuando Contador dio su hachazo, el venezolano supo cobijarse a su rueda para aguantar un ritmo que se reveló destructivo para Michele Scarponi, quien se vació en pos de alcanzar al ciclista de Saxo Bank y acabó por reventar como también lo había hecho el hasta hoy ‘maglia rosa’ Pieter Weening.
Una vez Scarponi hubo doblado la rodilla, Contador tuvo hecha gran parte de su trabajo y pudo concentrarse en mantener una velocidad crucero y acelerar un par de instantes para intentar descolgar al pegajoso Rujano. El resto de favoritos se reagruparon, no quisieron tomar la cabeza del grupo (era un suicidio, en realidad, tragar viento y llevar cómodos a los rivales desde tan lejos) y volvieron a ceder la responsabilidad a un Niemiec vacío. Gregario contra líder, sota contra as, se rompió la baraja. La brecha abierta, de en torno al minuto, no fue cerrada ni minimizada por falta de voluntad de los favoritos. Los escarceos postreros demostraron que había fuerza en las piernas de Kreuziger, Nibali o Arroyo, pero también temor a gastarlas en benificio ajeno. Otros aspirantes a la general como Denis Menchov o ‘Purito’ Rodríguez ni siquiera gozaron de esa fuerza.
Finalmente, uno de los ataques de Contador acabó por distanciar al notable Rujano y otorgar al madrileño una victoria meritoria que llega acompañada por una ‘maglia rosa’ quizá demasiado tempranera por el desgaste que supondrá para el equipo controlar las once difíciles etapas restantes hasta la crono de Milán. De cualquier manera, los impresionantes seis kilómetros finales de Contador hoy en el Etna olieron cuando menos a ruptura de baraja, si no a sentencia.

El destino, ciego, se llevó a Wouter Weylandt

Los humanos sabemos que la muerte es algo consustancial a la vida, pero aún así luchamos por evitarla. Para eso tenemos el instinto de autoconservación: eludimos el peligro y nos enfrentamos a él buscando la huida de lo inevitable. Intentamos ignorar la muerte, latente en cada uno de nuestros pasos y dispuesta a irrumpir cuando el destino decida que es el momento. No nos resignamos a esperar ese momento sin más porque también sabemos que el destino, ese ente hecho de consecuencias y revestido de casualidades, se maneja en base a una lógica que le hace cruel. Frío. Ciego.
Hoy la ceguera y la frialdad del destino han acabado con la vida de Wouter Weylandt. 26 años, belga, clasicómano y esprinter de segundo nivel encuadrado en el Leopard Trek de los hermanos Schleck. La lógica humana dictaba que no debería haber muerto hoy, como no debería morir ninguno de los otros 206 participantes de este Giro de Italia. Menos aún estando su mujer encinta y con el parto planificado para septiembre.
Sin embargo, la racionalidad del destino se resuelve a sí misma por otros cauces, violentando a la humana y manejándola a su voluntad. Los designios de las personas dictaban que Wouter no debería haber estado compitiendo en el Giro de Italia, sino descansando en casa y preparando la Vuelta a Bélgica, a disputar a finales de mes. Pero (ay, destino) Daniele Bennati, esprinter de Leopard para la ‘corsa rosa’, se cayó en el Tour de Romandía con resultado de una fractura de clavícula. Weylandt fue llamado a filas para reemplazarle.
La de hoy ha sido la última caída de Wouter Weylandt, pero no la primera. Su oficio de velocista le había hecho golpearse contra el asfalto en muchas ocasiones. La penúltima fue en la pasada Scheldeprijs. Ahí, la providencia provocó que Tyler Farrar, su mejor amigo, hiciera el afilador con Mark Cavendish y cayera delante de él, que aunque frenó no pudo evitar arrollar al americano y dar un tremendo topetazo con su rueda trasera a una espectadora.
Quien sabe qué cadena de causas y efectos de consecuencias fatales puso en marcha esta vez el destino en su ciega lógica para hacer caer al antiguo corredor de Quick Step en el Passo del Bocco, una tachuela situada a 25 kilómetros de meta. El destino orquestó con saña su maniobra, porque el belga fue a parar contra un muro y perdió la vida en el acto.
Cesó su aliento y se cortó también la respiración del mundo del ciclismo, un ente vivo con una conciencia común más arraigada de lo habitual en cualquier colectivo. Aficionados, corredores, directores, periodistas, desatendieron la carrera de inmediato porque, en el marco de la competición, estaba sucediendo un drama más importante que ella. Todos nos rebelamos contra la lógica del destino, quien había sesgado de cuajo la vida de uno de los nuestros. Todos nos rebelamos también contra la lógica de aquellas personas que, ajenas y con pésimo gusto, se recreaban en las imágenes del deceso por puro morbo, desatendiendo que en ellas se reflejaba el fallecimiento de una persona que sentía, padecía, anhelaba, se enfadaba cuando las cosas le salían mal, tuiteaba la ecografía de su futuro bebé desde una BlackBerry… De una persona que, como el resto de sus congéneres, soñaba. Soñaba con ser cada día mejor y pasar a la historia siendo un ejemplo y un héroe como todos aquellos que existen con dignidad y buenos valores.
Weylandt era un chico sano que se ganaba la vida pedaleando para otros corredores. Esta campaña trabajó principalmente para Cancellara y para Bennati; en otras lo hizo para Boonen. Era uno más del mundo del ciclismo, ese cuyos miembros luchan entre sí con ahínco por una victoria pero también se ayudan mutuamente, aunque ello requiera bajar al cauce de un río para salvar un coche, unas bicicletas, unas vidas valiosas por su valor espiritual y no por el lógico. Weylandt ganó tres clásicas de la Copa del Mundo sub23 y etapas en la Vuelta a España y en el Giro de Italia, pero eso ahora mismo importa poco en la memoria del aficionado al ciclismo. Wouter Weylandt ya es un héroe a quien cruelmente se llevó el destino, frío y ciego. Descanse en paz.

GST I: Liderato simbólico para un ‘tricolore’

Con 39 puertos por delante, 19’1 kilómetros de contrarreloj por equipos apenas son el chocolate del loro: una dulce y paladeable minucia. Pero, en esencia, nada significativo. Por ello, las diferencias de esta bonita jornada inicial del Giro hay que cogerlas con pinzas y casi desecharlas: los ocho segundos obtenidos por Nibali respecto de Contador no representan nada en una prueba de tres semanas tan dura que probablemente se decida por minutos.
El valor es meramente simbólico, como simbólico es el hecho de que el primer líder de este Giro conmemorativo de la Reunificación italiana sea el campeón transalpino contrarreloj, un Marco Pinotti que ya había anunciado en Cyclingnews su intención de vestirse de ‘rosa’ el día de hoy. Su equipo, el extraordinario HTC, puso todos los medios para ello. La escuadra americana siempre obtiene buen rendimiento de una especialidad cuya mecánica muy similar a la suya, el lanzamiento de esprints: un corredor rápido embala durante 200 metros, deja relevo a un corredor potente que mantiene la velocidad 500, y así sucesivamente. De este modo, los hombres dirigidos por Valerio Piva han dado una exhibición de poder con Renshaw, Cavendish, Rabon, Alex Rasmussen y el menos conocido pero imprescindible Patrick Gretsch sacrificándose por un Pinotti radiante.
Lo curioso será observar mañana si el rodador lombardo consumará la paradoja de trabajar para perder el liderato. Encuadrado en su HTC y con su mismo tiempo está Mark Cavendish, actual mejor esprinter del mundo, y la lógica dicta que el campeón de Italia contrarreloj se unirá al resto de sus coequipiers para prepararle las llegadas, empezando por la presumible ‘volata’ de mañana. Si el conocido como ‘Manx Express’ se clasifica entre los tres primeros en meta obtendrá una bonificación que le permitirá rebasar a un Pinotti que, de cualquier manera, ya habrá cumplido su objetivo de vestir el ‘rosa’ al menos un día.
Algo sorprendente… El Giro de Italia no es un objetivo para Omega Pharma – Lotto, y por ello ha traído una alineación de retales donde apenas el prometedor velocista Adam Blythe se adivina como cabeza visible, con dos vueltómanos como Jan Bakelandts y Francis De Greef aspirando a consumar un salto de calidad que les lleve del top20 al top10. Sin embargo, en su ecléctico ‘nueve’ hay buenos rodadores y eso se ha plasmado en la CRE de hoy: cuartos y líderes durante buena parte de la prueba. Quizá sea su momento más brillante en toda la ‘corsa rosa’.
Algo decepcionante… Decepción relativa para Garmin-Cervélo y RadioShack. Los primeros, favoritos por antonomasia en cualquier crono por equipos, han estado algo por debajo de sus expectativas y notado el cambio de última hora que sacó de su ‘nueve’ a Jack Bobridge (actual campeón de Australia) en favor de Thomas Peterson (segundo corredor más lento en completar el recorrido de hoy). Los chicos de Bruyneel, por su parte, han rayado a un gran nivel y sabido mover sus fichas para llegar con un buen bloque a la parte final. La decepción viene por el hecho de que los diez segundos que les han sobrado para superar a HTC quizá hubiera podido dárselos un buen ‘croner’ como Ivan Rovny, eliminado a las primeras de cambio en una curva mal trazada en la cual se fue contra las vallas.
Algo ajeno… Impresionante Thomas Voeckler hoy en los Cuatro Días de Dunkerque. El líder del conjunto Europcar desbancó al alemán Marcel Kittel, dominador hasta ahora de la prueba por etapas gala, rompiendo la baraja con una serie de ataques espectacular en un repecho adoquinado situado en el circuito final. Su exhibición se culminó cuando, en el último paso por el citado repecho, comenzó a doblar corredores rezagados. Una vez los hubo rebasado, comenzó a saludar a la cámara porque tenía tiempo: acumuló casi dos minutos de ventaja en la veintena de kilómetros que rodó en solitario. Voeckler es puro espectáculo, pero también efectividad… Y cada vez, más.

Giro Sin Tregua

Los aires utópicos de eterno crecimiento que se respiran en el mundo actual llegaron hace bastante tiempo al Giro de Italia. Con la retirada de Mario Cipollini, récord de victorias de etapa en la ‘corsa rosa’ bajo el brazo, llegó un nuevo patrón llamado Angelo Zomegnan dispuesto a buscar nuevos horizontes para una carrera cuyo prestigio había decaído en favor de su pariente ibérica, la Vuelta a España.
La manera de devolver al Giro a su históricamente merecido puesto de segunda carrera de tres semanas en importancia tras el Tour de Francia fue buscar trampas, alicientes y experimentos desconocidos o que hubieran caído en desuso. Un ejemplo de esto fueron las llegadas en circuito y multiplicar los pasos por meta, lo cual resultó en un éxito absoluto. Otro fueron los finales de etapa con emboscada, una auténtica tendencia iniciada en la ‘corsa rosa’ e imitada por organizadores de todo el globo. Y más. Se redujo la contarreloj hasta límites insospechados. También está el ‘sterrato’, pistas de tierra o “cemento ecológico” situadas en montaña o campo por donde se encamina a los corredores para construir imágenes de ciclismo épico como las del pasado año en Montalcino. Y por supuesto están esos empinados puertos cuyo asfalto forma una pared más que una carretera; los dolomíticos de inigualable pendiente y los alpinos de desesperante longitud…
Un recorrido terrorífico
Todas estas variantes rompedoras, introducidas y conservadas año a año, estarán presentes en el trazado de esta edición, conmemorativa de los 150 años de Reunificación de Italia. Habrá una etapa de ‘sterrato’ (la quinta), alguna jornada con varios pasos por meta (la cuarta), finales trampa (el tercer y el sexto día entre otros), poca contrarreloj… y puertos, muchos puertos. 39 en total, 14 de ellos de primera y ocho albergando un final de etapa. Iniciará este impresionante ‘rush’ Montevergine el próximo viernes (7º parcial) y terminará Sestriere el sábado 28, penúltimo día de carrera, con el Colle delle Finestre (ocho kilómetros sin asfaltar) como preámbulo. Entre medias, mucho y bueno. Dos pasos por el tembile Monte Etna el domingo 15; el coloso austríaco Grossglockner, despuntado para dejar el título de Cima Coppi al Passo Giau, el viernes 20; el terrorífico Zoncolan con la sobrecogedora subida (y la sobrecogedora bajada) del Crostis precediéndole el sábado 21; el citado Giau, la mítica Marmolada y Val di Fassa al día siguiente; una cronoescalada a Navegal tras el segundo día de descanso; Macugnaga (19ª etapa) para dirimir las diferencias que aún resten…
Una enumeración de miedo que nos deja como pronóstico lógico un Giro sin tregua, más conociendo el espectacular precedente del año pasado. En teoría, la inmensa pléyade de favoritos a la victoria final tendrá terreno de sobra para hundirse y emerger, para batallar sin cuartel… Lo malo es que las previsiones a veces no se cumplen. Quizá tanta dureza retraiga a los favoritos y estos se limiten a esperar el hundimiento de sus rivales, pensando que las manzanas caerán del árbol por madurez y no por las sacudidas.
El favorito Contador… y quienes pretenderán desbancarle
Sin embargo, no sería una postura muy inteligente por parte de los contendientes; al menos, por parte de quienes aspiran a la victoria final. La mera e intimidatoria presencia de Alberto Contador en la línea de salida da a la ‘corsa rosa’ un favorito de mucho peso: un hombre que, en circunstancias normales, sería ganador seguro del Giro. El madrileño es prácticamente insuperable en un mano a mano cuando la carretera mira hacia el cielo y brillante en la lucha contra el crono. Para vestirse de rosa habrá que derrotar al actual corredor de Saxo Bank, y esa es una empresa harto complicada por mucho que éste afirme no llegar en su mejor momento a la crono por equipos que servirá de pistoletazo de salida hoy en Turín.
Los contendientes no podrán esperar una flaqueza de Contador: tendrán que exhibir unas cualidades superiores a las del español…Y ninguno de ellos las tiene, así que deberán tirar de valentía para compensar. Quizá alguno de los favoritos sea algo más conservador; pero difícilmente lo serán todos y más habiendo en este Giro tantos aspirantes con cuentas por saldar.
Vincenzo Nibali, por ejemplo, llega con la misión de dar continuidad a su excelente Vuelta a España del año pasado y la presión de liderar a un equipazo como Liquigas que ya campeonó en este escenario en 2010 con Basso. Del propio Liquigas salió con ambición de luchar por las mejores carreras con la máxima responsabilidad el checo Roman Kreuziger (Astaná), quien parece balanceándose en esa fina línea que distingue el primer nivel y el segundo. Denis Menchov será el paladín de Geox; conoce lo que es subir a lo más alto del podio en esta carrera y encara una de sus últimas oportunidades de triunfar en una gran vuelta de nuevo. Estos tres corredores tienen la fortuna de ser fuertes en contrarreloj y parten con una pequeña ventaja respecto de…
… Los escaladores, aquellos que deberán jugarse la piel en las subidas para llegar de rosa al Duomo de Milán. El italiano Michele Scarponi, única baza de enjundia transalpina junto a Nibali (algo remarcable en una prueba tendente a la endogamia hasta hace bien poco), liderará el convulso Lampre con su estilo impulsivo y espectacular. ‘Purito’ Rodríguez, catalán de Katusha, acude sin miedo al Giro: anuncia su intención de intentar ganar este año una ‘Grande’, bien esta o bien la Vuelta, y no parece propicio a tener reparos en arriesgar sus opciones en tácticas ofensivas. Otros escaladores a tener en cuenta en esta edición tan propicia para este género de ciclistas serán el talaverano David Arroyo (Movistar, segundo en la general del pasado Giro gracias a la fuga bidón de L’Aquila), el vasco Igor Antón (Euskaltel, en principio con intención de disputar únicamente triunfos parciales), el italiano Domenico Pozzovivo (Colnago), los corajudos Fabio Duarte y Carlos Sastre (Geox) o la temible escuadra de Androni, que puede ofrecer mucha batalla y desnivelar la carrera con las bazas de Serpa, Sella y el impredecible José Rujano.
Los individuos, clave por encima de los colectivos
Como bien exponen los casos de Androni y Geox, no sólo habrá grandes ciclistas en la salida del Giro: también habrá grandes equipos. Son remarcables las alineaciones de Liquigas (Nibali, Szmyd, Agnoli, Capecchi), Astaná (Kreuziger, Kiserlovski, Masciarelli, Tiralongo), Katusha (‘Purito’, Di Luca, Moreno, Caruso) o incluso Saxo Bank (Contador, Porte, Navarro, Hernández). Sin embargo, esta no va a ser en principio una ‘corsa rosa’ donde la fuerza del equipo vaya a decidir la carrera. La tremenda dureza repartida por todo el recorrido seguramente separe de forma clara el grano de la paja, una tendencia que se acentuará con el paso de los días. Así, las escuadras serán de ayuda sólo en parciales menos duros que permitan movimientos tácticos… y en los días malos de los líderes, cuando los favoritos se desfonden y deban agarrarse a las ruedas de sus gregarios para terminar con dignidad y minimizando las posibles pérdidas de tiempo, que se pagarán caras habiendo tantos hombres (y tan parejos) buscando un puesto de honor.
El Giro de Italia que inicia hoy y termina el próximo domingo 29 de mayo será, pues, una carrera individual y terriblemente selectiva. Zomegnan, patrón de la ‘corsa rosa’, ha decidido celebrar por todo lo alto los 150 años de la Reunificación de Italia con un recorrido leonino. Esto propiciará probablemente que este Giro sea recordado no tanto por la efeméride sino por la dureza desaforada. El punto es que, si los corredores no lo marran, será un Giro que pasará a los anales de la historia. El Giro sin tregua.

El discurso del silencioso Arroyo

“Después de mucho ayudar, en este Giro por fin me he podido expresar”, decía sonriente a los corresponsales de la Gazzetta dello Sport en la meta del Tonale el penúltimo día de competición del Giro de Italia. El segundo puesto de la general de la ‘corsa rosa’ ya era suyo
David Arroyo (1980, Talavera de la Reina) ha sido siempre un hombre silencioso sobre la bicicleta, poco dado a las estridencias y al lucimiento individual. Él no es la cigarra sino la hormiga, trabaja pacientemente y siempre sacrificando sus opciones en pos de otros más cualificados aunque probablemente menos mentalizados. Recio, sólo se ha retirado en una carrera en seis años. Es un gregario de manual, perteneciente esa raza de vueltómanos diésel pocas veces brillantes pero siempre iluminados. Por ello, para el talaverano poder expresarse sobre las dos ruedas con la misma alegría que gasta lejos de ellas mediante una enorme actuación en el Giro fue motivo de máxima felicidad. Porque los eternos días de fatiga desapercibida merecen aunque sólo sean minutos de gloria relevante.
La feliz disertación de Arroyo se comenzó a construir en uno de esos días que pasan a la memoria colectiva y, con ello, a la historia del deporte de la bicicleta. En el undécimo parcial de la ‘corsa rosa’, el talaverano se filtró en una fuga de más de medio centenar de hombres junto a cuatro compañeros de Caisse d’Épargne (Kyrienka, Amador, Jeannesson y Losada) que realizaron un trabajo magnífico para que ésta saliera adelante mientras las escuadras de los favoritos se miraban con recelo en el seno del pelotón y dejaban crecer la ventaja hasta los casi trece minutos consumados en meta. Arroyo viajaba acompañado también de grandes nombres como Carlos Sastre, Bradley Wiggins, Xavi Tondo, Linus Gerdemann, Robert Kiserlovski o el líder tras la etapa Richie Porte, todos ellos corredores capaces de figurar entre los primeros clasificación general sin necesidad de esta inesperada ayuda.
Sin embargo, Mario Cipollini lo vio claro en su columna de la Gazzetta sobre la jornada: “Ahora, mi favorito para el Giro es Arroyo”. El tiempo daría la razón al otrora gran esprinter italiano. La apuesta, algo sorprendente teniendo en cuenta lo altisonante de sus compañeros de fuga, no lo era tanto revisando las credenciales del talaverano. Éste había completado nueve grandes vueltas: dos Giros, dos Vueltas y cinco Tours. Su potente motor estaba fuera de toda duda para aquel que siguiera medianamente la actualidad ciclista. Y, sobre todo, había mostrado un estado de forma excepcional, encontrándose siempre con los mejores en las etapas holandesas y en el embarrado final de Montalcino; sólo había fallado en el Terminillo, donde cedió un par de minutos. La sensación de Cipollini no tardó en ser avalada por los hechos: en Asolo, tras la subida al Monte Grappa, Arroyo cogía la ‘maglia rosa’. Desde ahí hasta Verona, la felicidad y el brillo…
Aunque su ventaja se fue limando poco a poco, sobrevivió al Zoncolan donde Basso hizo patente su superioridad respecto del resto de participantes; también en la cronoescalada de Plan de Corones y en Peio Terme. Su brillo, sin embargo, fue aún mayor el día que tuvo que claudicar en su defensa del entorchado, camino de Aprica previo paso por el Mortirolo. En la subida al gigante lombardo, el puerto favorito de Marco Pantani, Arroyo tuvo que ver como Liquigas montaba su zafarrancho particular y le dejaba atrás, roto. En la bajada, en cambio, nos regaló una gesta para el recuerdo. Un descenso de esos que antes se llamaban a tumba abierta que le sirvió para cazar a todos los que iban delante de él, con excepción de Basso, Nibali y Scarponi. Los apenas 40″ de desventaja respecto de la terna con que contaba al inicio de la subida a Aprica se vieron aumentados a más de 3′ debido a la falta de colaboración de los que iban con él en el grupo, indignamente abúlicos. Cedió el liderato.
Pero, aunque el resultado no fuera el mejor, las sensaciones si lo habían sido. En los siguientes parciales se limitó a aguantar su segunda plaza del podio corriendo tal y como lo hizo el resto de la prueba: a su ritmo, sin forzar, dejándose ir en los momentos clave. El balance: “ha sido la semana más bonita de mi vida”, como contaba a Javier Gómez Peña en las páginas de El Correo en un análisis postrero. No era sencillo, pero sí justo para un hombre que, tras ser despreciado por Manolo Sáiz para la ONCE después de tres años en el equipo (de 2001 a 2003), se vio obligado a revindicarse en el modesto LA-Pecol luso con dos preciadas etapas en la Volta a Portugal. Luego llegó el fichaje por Caisse d’Épargne, con él el pasaporte al ciclismo de alto nivel; y, después, al brillo y la oratoria en los más lustrosos escenarios.
Para su vuelta, en Talavera le habían preparado un gran recibimiento. Con su amigo Álvaro Bautista, motociclista campeón del mundo de 125cc en 2006, a la cabeza, y secundado por ex compañeros de fatigas como Abraham Olano o Rafa Díaz Justo. Centenares de talaveranos le arroparon en un día muy especial donde todos le transmitieron lo cerca que habían estado de él durante la ‘corsa rosa’. Desde su hijo, que según recogía As le pedía que “apretara el culo”, hasta el alcalde José Francisco Rivas, que acabó su disertación con una cita de Charles Dickens: «El hombre no sabe de lo que es capaz hasta que no lo intenta».
La pregunta es ahora cómo cambiará esta expresión al más alto nivel, este discurso desde el púlpito del Giro de Italia. A corto plazo, su gran actuación y la sanción de Alejandro Valverde le han abierto la posibilidad de correr como jefe de filas de Caisse d’Épargne junto a Rubén Plaza la Vuelta a España. A largo, Arroyo se expone al mismo peligro que un otrora integrante del equipo bancario, el gallego Óscar Pereiro. Quizá verse tan arriba le haga dejar de tocar el suelo con los pies, creerse capaz de todo. Exigirse expectativas muy por encima de su capacidad. Ése es un riesgo real que deberá superar para que este podio del Giro sea su cénit y no el principio del fin, el inicio de un silencio eterno y decepcionante…

Ivan Basso, las deudas y la criba de la eternidad

Ha pasado ya casi una semana desde que Ivan Basso fue aupado por sus compañeros de Liquigas a lo más alto del Foro de Verona. Vestido de rosa, el italiano sonreía ampliamente con gesto de satisfacción. Y, sobre todo, de alivio.
A principios de mayo no era difícil imaginarse a Ivan Basso (1977, Varese) pensando en el Giro de Italia con inquietud, como si fuera no tanto un objetivo deportivo como uno moral. E ineludible. Ivan tenía ante sí una gran ocasión para llevarse de nuevo la ‘corsa rosa’, contaba con un recorrido hecho a su medida y un equipo potentísimo a su servicio. Las circunstancias ideales para ganar la gran ronda italiana, sí. Pero el objetivo de Ivan no era tanto la gloria deportiva, sino algo más elevado como la gloria moral. No era de extrañar, pues, que estuviera tan nervioso…
Tras concluir el Giro del Trentino, apenas dos semanas antes de la salida del Giro, Basso se mostraba inseguro ante los medios de comunicación. Quería repetir la victoria de la temporada anterior en la pequeña prueba italiana para demostrarse a sí mismo que su estado de forma era bueno. “Sólo” consiguió una quinta posición, realizando una actuación más que decente pero insuficiente para sentir que llegaba al pistoletazo de salida de Amsterdam en las condiciones adecuadas. Decidió correr el Tour de Romandía, inicialmente fuera de su planificación, para afinar su puesta a punto.
No iba a estar tranquilo en casa, pensando que quizá pecara de pereza y que seis días más de competición antes de su gran objetivo, seis días que le aseguraran el correcto estado físico, no le habrían hecho daño. No podía dejar nada al azar antes de un Giro que no era uno más, sino su ‘chance’ para pagar sus deudas. Con el mundo del ciclismo en general, con la propia ‘corsa rosa’ en particular. Y también con la escuadra Liquigas que le dio la oportunidad de volver al profesionalismo.
Era un Giro trascendente para sanear su cuenta corriente moral. Aquella que abrió proclamándose campeón del mundo sub 23 por delante de dos compatriotas con los que prometía marcar una época del ciclismo, Danilo Di Luca y Giuliano Figueras. Ese día de 1998 en Valkenburg Basso prometió al deporte de las dos ruedas una rivalidad épica con un Di Luca que afirmó que “de no ser por las tácticas yo me habría llevado el arcoiris” y, sobre todo, un superclase agresivo y poderoso cuyos hitos y palmarés iban a pasar a la Historia.
El ciclismo, sin embargo, es un deporte cruel con sus amantes, y aquellos que pretenden dominarlo hasta convertirse en mitos deben llevar grabado a fuego en su mente el siguiente axioma: no hay gloria sin sufrimiento. En ese proceso de sufrimiento, en si se sucumbe o se supera, reside la criba entre los buenos y los eternos.
El proceso de criba para Basso ha sido complicado. Su debut en el Tour de Francia, en 2001 con los colores de Fassa Bortolo, cuando aún se estaba encontrando a sí mismo como corredor y lo mismo lo intentaba en la montaña que al esprint, intentó hace saltar la banca en la séptima etapa. El siempre vibrante Día de la Bastilla, fiesta nacional francesa del 14 de Julio, el varesino atacó subiendo el Col de Fouchy. Formó el corte bueno con Voigt, Cuesta, Roux y su ídolo Jalabert, con quienes se intentaría jugar la victoria en Colmar. Pero, en el descenso que conducía a la población francesa, Basso cayó y se rompió la clavícula. Era, según sus compañeros de fatigas, “el más fuerte” de aquella jornada en que se acabaría llevando el gato al agua Laurent Jalabert.
Era su pecado de juventud. La agresividad. Ivan tenía un espíritu combativo, propio del lobo de la bicicleta que era y de la necesidad que había tenido en su época ‘dilettante’ de ganar por aplastamiento. Había que rebajar ese temperamento para optimizar el rendimiento del varesino, y de ello se encargó un hombre de carácter como Giancarlo Ferretti, su director en Fassa Bortolo. Ferretti le obligó a trabajar para los Petacchi, Bartoli o Casagrande, le dejó buscarse la vida en las grandes rondas y le limitó sus impulsos de atacar. Los resultados deportivos fueron dos jerseys blancos de mejor joven en el Tour de Francia. Los actitudinales, un corredor que transmitía cierta abulia, escondido, de gran motor y poco espectáculo.
Eso era algo que el ciclismo no podía permitir. La deuda contraída con aquella caída de Colmar ya estaba pagada con los entorchados de la gran ronda francesa, ahora le tocaba a Ivan convertirse en un superclase brillante para que las paces estuvieran hechas. Y aunque consiguiera marcas tan impresionantes como ser el ciclista que menos cedió con Lance Armstrong en la montaña del Tour 2003, no lo estaba haciendo. Al revés: caminaba hacia la opacidad. Fichó por CSC, un equipo donde sería líder absoluto, y consiguió unos resultados impresionantes, incluyendo su primer podio en la ‘Grande Boucle’ (3º en 2004) y su primera victoria como profesional en el Giro dell’Emilia…
Pero seguía siendo un corredor romo. En el Giro’05 se puso primero de la general sin realizar ni un ataque por sí mismo, siempre a rebufo de los más agresivos y evitando que el viento le rozara la cara. De nuevo, algo que el ciclismo no podía permitir. Era necesario un escarmiento, aunque costara que la ‘corsa rosa’ se endeudara con él. En la decimotercera etapa, vestido de líder, cedió un minuto en un trazado asequible. Problemas estomacales le impedían rendir como lo había hecho hasta aquel momento en que las circunstancias se revolvieron contra él, como una especie de castigo del ‘karma’.
Al día siguiente, en un parcial complicado camino de Livigno, Basso cedió más de cuarenta minutos. Recorrió el total de la etapa rodeado por sus compañeros de CSC, que empujaban literalmente unas lágrimas que le impedían seguir las pedaladas del menos cualificado de sus coequipiers. Ivan, sin embargo, quiso acabar aquel nefasto día. La catarsis le vendría bien, ahora iba a luchar tal y como el cuerpo le pedía. Y vaya si lo hizo: a los dos días ya estaba con los mejores, atacando y ganando de manera imperial primero en el Colle di Tenda y luego en una crono llana, su tradicional talón de Aquiles.
Basso era el mejor de aquel Giro, aunque el castigo karmático del ciclismo le impidiera llevárselo. También lo fue del Giro siguiente, donde su victoria sí fue imperial sobre la carretera como el ciclismo quería… pero oprobiosa fuera de ella. Mientras él volaba por La Thuile, el Monte Bodone o el Passo Lanciano, en España salía a la luz la Operación Puerto. Y, en ella, camuflado bajo el nombre Birilio, estaba Ivan. Sus amistades peligrosas le costaron el cariño del público, las instituciones ciclistas y su equipo. No corrió más aquel año: estaba manchado, aunque lo negara y las tretas de la justicia española impidieran su sanción.
Un año y un contrato roto con Discovery Channel después, Basso fue sancionado. Ahora sí que estaba endeudado, en práctica bancarrota. El ciclismo daba por perdido a un proyecto de corredor histórico que, para más inri, le había dejado en la estacada con la mayor afrenta posible: dopaje. Ivan debería contraer aún más débito para poder llegar al equilibrio con todos aquellos que le reclamaban lo que le habían prestado. Y, para su fortuna, meses antes de cumplir su sanción encontró un prestamista a fondo perdido: Liquigas.
Es de reconocer el gran mérito que tuvo Roberto Amadio en este fichaje. En la semana de abril en que anunció el fichaje de Basso, la escuadra ‘verde’ se encontraba en plena campaña de desprestigio, toda vez que había tenido que prescindir de su hasta entonces líder Danilo Di Luca por sus problemas con los estamentos y el dopaje. Amadio tuvo la audacia suficiente para desafiar al sistema de los apestados, de no volver a acoger a quienes hubieran pecado por mucha contrición que hubieran realizado. Ivan, que había seguido entrenando aun alejado de las competiciones, debutó a sus órdenes el 26 de Octubre de 2010, apenas dos días después de cumplir su sanción; lo hizo con un tercer lugar en la Copa Japón, que llegó fruto de un arrojo excepcional.
Basso había vuelto, aunque fuera endeudado hasta las cejas. Y así ha estado hasta ahora, cuando en este Giro de Italia saldó todas sus cuentas pendientes. Lo hizo poco a poco, con un rendimiento regular, pero dando un golpe de gracia que venía a imitar el gesto de extender un cheque a sus acreedores. Fue en el Monte Zoncolan donde, imperial, reventó uno por uno a todos sus rivales aprovechando el trabajo de sus coequipiers y, sobre todo, su enorme fuerza. Allí se impuso al resto e hizo fehaciente su reinado. Su magnífica exhibición significó la preponderancia del talento y el coraje por encima de las dificultades y los pecados propios. Significó que Basso pasaba a la historia al superar la criba de la eternidad.