Los últimos hijos de Indurain

La generación de 1984-86, en el ciclismo español, carece de grandes campeones. No es una cuestión de calidad, sino de evolución. La hornada de los últimos hijos de Indurain, de aquellos chavales que se emocionaban viendo las pedaladas estivales del navarro y después salían a matarse con la bicicleta por las calles del pueblo, se ha encontrado con un problema estructural a la hora de desarrollar su talento. En la época en la cual debían pasar a profesionales (2006-08) había gran profusión de equipos en España, pero muy precarios en recursos y calendario: era difícil destacar entre las docenas. Después, cuando les tocaba consolidarse (2009-11), se encontraron con que había menos equipos y los que quedaban eran igualmente pobres, por lo que sólo quienes ya habían llegado al WorldTour podían expresar plena y confortablemente su potencial.

Inicio descartado para este artículo sobre Javi Moreno en Zona Matxin

Sensación de final

Todos los días acaban, pero este un poquito más que el resto.

Si los rumores e informaciones están en lo cierto, Lance Armstrong está confesando ahora mismo frente a la rescataniños Oprah Winfrey. Confesando que él, el gran mito del ciclismo moderno, era una mentira. Que adulteró el resultado de todas las carreras en las que participó, al menos desde su regreso del cáncer; que hizo daño a mucha gente, directa e indirectamente; que engañó a todos los que nos creímos en mayor o menor medida su milagro. Y, lo peor de todo, que lo hizo conscientemente y para lucrarse.

Me alivia pensar que está admitiéndolo, a pesar del cómo.

Mi final ideal para el mito Armstrong hubiera sido frente a los Andreu, Floyd Landis, Paul Kimmage, David Walsh o cualquiera de los que defendieron la verdad ante sus artimañas de matón, jaleadas y amplificadas por sus lamentables adláteres de la UCI. Querría una confesión cruda, el oprobio ante los que verdaderamente entendemos todos los matices de su mentira. Querría una penitencia acorde al pecado.

En lugar de eso, se pone frente a Oprah, frente al público menos exigente posible, e intenta cambiarse al bando de los buenos. Con los detalles filtrados ya no hace falta ver la entrevista: Armstrong se redime a sí mismo, admite que se dopó, está dispuesto a tirar de la manta y hasta devolverá parte del dinero del contribuyente que percibió de US Postal gracias a su fraude. A ver si, conmoviendo, sale exento.

Lance Armstrong fue un ruin y un miserable. Se aprovechó de que el ciclismo quería creer en algo después de Festina para hacer dinero. Se aprovechó de los enfermos de cáncer para engrandecer su historia y su fortuna, para engrandecerse a sí mismo. Quienes debían impedirlo no sólo no miraron para otro lado, sino que trabajaron codo con codo junto a él para que el montaje fuera lo más sólido posible y ganar dinero a su rebufo.

Ahora quiero ver cómo de cegadora es la luz que Armstrong arroja sobre su mentira. Quiero ver si será capaz de desenmascarar a sus colegas; si, como decía @TheRaceRadio, las ratas acorraladas se revuelven unas sobre otras. Si, aunque sea por su interés, ayudará con su inestimable testimonio a limpiar de una vez mi deporte para que podamos partir de cero.

Ese es mi alivio. Que con el fin de Armstrong puede suceder, por fin, la catarsis que lleva tanto tiempo gestándose.

Todos los días acaban, pero este lunes un poquito más.

MPCC: Aplicación práctica

«Partiendo de la base de la confianza y la transparencia, Pro Team Astana halla en el código del MPCC un paso creíble y voluntario hacia la protección y la reinstauración de una imagen positiva y limpia del ciclismo profesional. […] Instamos a la UCI a reconocer al MPCC como un intermediario viable entre equipos, organizadores y federaciones.»

Solicitud de adhesión de Astana al MPCC

Tras el apocalipsis de la USADA, el ciclismo esta viviendo un invierno plagado de mesías de todos los tipos. Los hay escatológicos, como Change Cycling Now; salvadores, como los magnates de la World Cycling Series, de cuyas dobleces daremos debida cuenta estos días; y luego están los redentores del Movimiento Por un Ciclismo Creíble.

Ya explicó Andrés Cánovas las bases del MPCC hace unas semanas. Básicamente: lleva las reglas antidopaje un poco más lejos. Su fortaleza, como puede leerse en el extracto de la solicitud de adhesión de Astana que sirve como inicio a esta pieza, reside en que todos los estamentos del ciclismo lo encumbran como nuevo paradigma ético. Se puede leer como un voto de confianza de quienes quieren creer que esta asociación es buena para impulsar una catarsis; o quizá un acto de hipocresía de los oligarcas más gatopardistas, promotores de la renovación aparente para conservar o aumentar su cuota de poder.

Para esclarecer un poco la realidad de esta asociación, desde Revolutio.es hemos contactado con miembros de los dos colectivos clave en el ascenso y la consolidación del MPCC…

Qué es el MPCC para las carreras

Rubén Peris es la cabeza visible de la Volta a Catalunya, carrera por etapas de cien años de historia y categoría World Tour, y uno de los organizadores más relevantes del panorama mundial, con cargo de vicepresidente en la asociación que los aglutina (Asociación Internacional de Organizadores de Carreras Ciclistas – AIOCC). Como corresponde a su estatus, estuvo presente en la reunión en la cual los promotores de competiciones ciclistas decidieron oficializar que darían prioridad a las escuadras integradas en el MPCC a la hora de configurar la participación de sus carreras.

Respecto de la naturaleza de esta determinación, Peris puntualiza que «no fue un acuerdo, sino una decisión«. «En el caso de los organizadores del World Tour tenemos la obligación de acoger a los 18 equipos de la categoría y, aparte, disponemos de unas cuantas invitaciones a repartir según nuestro criterio. Tras debatirlo en la reunión, decidimos que estas invitaciones fueran a parar a conjuntos del MPCC«. Pero, atención, formar parte de esta asociación no es obligatorio para ser invitado a una competición de primera división: «Por supuesto, aplicar esta decisión corresponde a la voluntad de cada carrera. Es una condición aconsejable, pero no excluyente«.

El motivo de que la asamblea de la AIOCC adoptara esta decisión es sencillo: «Queremos un ciclismo limpio, y el MPCC parece más que dispuesto a instaurarlo«. Sin embargo, constatar que es así, que la sociedad dirigida por Roger Legeay cumple sus intenciones, no será posible de una manera directa. «Las garantías se dan únicamente sobre el papel: las escuadras se acogen al Movimiento y se comprometen a cumplir sus normas«. Pero no hay un mecanismo fedatario establecido.

El logotipo del MPCC

El logotipo del MPCC

Qué es el MPCC para los equipos

«Si no estamos ahí, morimos«, resume Eugenio Goikoetxea, director de Caja Rural, único equipo español que ha solicitado la membresía del Movimiento, preguntado por su motivación para adherirse. «Cabe la posibilidad de que nos quedemos fuera de la Vuelta a España por no formar parte del MPCC, y debemos evitarla a toda costa para asegurarnos la supervivencia del equipo«.

«Pero no nos enseñará nada«, afirma convencido. «Prácticamente cumplimos todos los puntos de sus condiciones desde que salimos a las carreteras. Aunque apenas le damos publicidad, en Caja Rural nos gastamos una pasta en controles antidopaje internos y en fomentar buenas prácticas que, por supuesto, incluyen evitar el uso de productos prohibidos«. Sobre cualquier tipo de control por parte del MPCC respecto del cumplimiento de sus disposiciones dentro del equipo, Goikoetxea dice que «no habrá ninguno concreto, más allá de nuestro compromiso. Sí soy consciente de que han escrutado nuestra plantilla en busca de cualquier sanción no tolerada por sus normas«.

Un punto interesante sobre el MPCC es su financiación. Goikoetxea asevera que «hay que pagar por ser miembro«, pero no logra especificar una cifra. A otros equipos no les han informado directamente del precio, citándoles para la próxima asamblea del Movimiento el próximo 7 de febrero. Sí puede concretar Daniel Loy, gestor del OCBC Singapore Team, uno de los afiliados más modestos y exóticos del Movimiento. Pertenecer al MPCC cuesta 500, 1000 ó 1500 €, en función de si la escuadra es Continental, Profesional o World Tour. «La tasa sirve para adquirir la membresía y costear algunos productos que nos proveen, como pulseras para expresar nuestro compromiso antidopaje«.

Preguntado por la motivación de OCBC Singapore para estar en el MPCC, Loy responde de una manera certera: «Nos beneficiamos de pertenecer a una asociación fuertemente opuesta al dopaje y en la cual los equipos tienen la oportunidad de debatir e intercambiar ideas sobre este deporte«. Quizá esta sea la gran aportación del Movimiento Por un Ciclismo Creíble: puede que sea un espacio para la regeneración, el entendimiento y la discusión sana. Puede que sea bueno para el Ciclismo. Pero está por ver.

Foto: OCBC Singapore

Por qué la tele pública alemana no quiere al Tour

[Esto no es un asunto, ni una pieza, sino una rareza. Se trata de un artículo más bien académico -de hecho lo he escrito a petición de un profesor de mi facultad- exponiendo con brevedad el auge y el fracaso del ciclismo alemán, centrándome en la cobertura televisiva del Tour de Francia. De naturaleza meramente expositiva, escaso en detalles y redactado áridamente, queda publicado por si puede ser útil para alguien…]

Históricamente, el ciclismo ha sido un deporte europeo. Aunque ahora vira a la globalización, la tradición era que se practicaba en un triángulo que tenía por vértices a España, Italia y Países Bajos y por centro a Francia y Bélgica.

Alemania se mantenía relativamente ajena a la competición en bicicleta. Sin apenas carreras de prestigio, sin apenas campeones. Todo cambió a finales del siglo pasado, cuando se registró una relativa explosión canalizada por el equipo Telekom, una escuadra financiada por la compañía telefónica germana (primero estatal; luego privatizada) para dar salida a todos los talentos surgidos en el territorio durante los últimos años del telón de acero.

El primer gran éxito del Team Telekom lo proveyó el danés Bjarne Riis, ganador del Tour de Francia de 1996 donde Indurain abdicó de su reinado en la Grande Boucle. En aquella misma edición de la Grande Boucle empezaron a despuntar los nacionales, principalmente Erik Zabel y Jan Ullrich. Zabel, uno de los mejores esprinters de la historia, ganó seis veces el maillot verde que distingue al corredor más regular del Tour de Francia. Ullrich, por su parte, campeonó en una edición de la gran ronda francesa a la tierna edad de 23 años y no logró reeditar el triunfo en toda su carrera deportiva, imposibilitado por la hegemonía de Lance Armstrong; sin embargo, subió un total de seis veces más al cajón de los Campos Elíseos.

A partir de ellos se infló la burbuja del ciclismo alemán, que pasó de ser poco menos que insignificante a codearse con las naciones históricas. En 2006, tres de los veinte equipos de primera división tenían patrocinador germano. En el país se disputaban 50 días de competición profesional; más del doble que en el año 2000, cuando sólo había 19.

A partir de ahí, la hecatombre. En poco tiempo, el deporte de la bicicleta se desmoronó en Alemania hasta llegar a la situación actual. El año pasado sólo se disputaron 13 días de competición profesional en suelo germano. El último equipo del país en primera división desapareció en 2010; hoy día sólo sobrevive uno en segunda. La Vuelta a Alemania, otrora una prueba pujante encuadrada en la máxima categoría, dejó de disputarse fulminantemente en 2008 por el éxodo de patrocinadores.

En medio, un proceso de destrucción de figuras por mor del dopaje. En mayo de 2006 cayó Jan Ullrich, imputado en la Operación Puerto; justo un año después, Erik Zabel admitió la existencia de un plan de dopaje organizado en el mítico Team Telekom. El desengaño de la sociedad alemana era ya mayúsculo, y explotó por dos positivos casi consecutivos de ciclistas nacionales en pleno Tour de Francia 2007.

Las dos televisiones públicas germanas, ARD y ZDF, se alternaban la emisión de las etapas de la gran ronda francesa. En otra época, el Tour había sido el producto más atractivo de su parrilla veraniega. Sin embargo, en ese contexto de desencanto era ya un estorbo. Cuando Zabel confesó haber recurrido a sustancias prohibidas, los directivos advirtieron que un escándalo de dopaje más comportaría la suspensión de cualquier emisión relacionada con ciclismo.

El 11 de julio se confirmó el positivo alevoso por testosterona de Matthias Kessler, uno de los últimos remedos del antiguo Telekom, que adolecía de una malísima fama en el mundillo. Una semana después, Patrik Sinkewitz “pitó la máquina” por la misma sustancia. Su caso fue especialmente doloroso por cuanto era una joven promesa, el abanderado de la regeneración del Team Telekom bajo el amparo de su marca para telefonía móvil, T-Mobile, que abandonó el patrocinio de la escuadra a finales de aquella temporada, harta de escándalos.

Televisivamente, los hechos se precipitaron: el mismo día que se anunció el positivo de Sinkewitz, ARD y ZDF cesaron abruptamente la retransmisión de la Grande Boucle. «No podemos difundir una prueba con equipos y corredores sobre los cuales planea la sospecha del dopaje«, explicó Nikolaus Brender, redactor jefe de la ZDF. «Con este gesto queremos mostrar que estamos dispuestos a sostener el ciclismo si, y solamente si, está limpio, es decir, sin productos dopantes y prohibidos. Es una advertencia al ciclismo y a todos los demás deportes«.

La televisión pública alemana, sin embargo, se vio forzada a dar una nueva oportunidad al ciclismo y el Tour en virtud del acuerdo firmado con la Unión Europea de Radiodifusión (UER), comercializadora de los derechos televisivos del Tour de Francia, que le obligaba a mantenerlo en su parrilla hasta 2011 inclusive.

La situación no mejoró. La conducta reprobable de las escuadras germanas en relación al dopaje siguió saltando a la vista. En el Tour 2008 se pudo ver a Stefan Schumacher, un corredor de segunda fila, coronando en cabeza el mítico y durísimo Galibier e imponiéndose a los mejores ciclistas de la carrera en la contrarreloj larga que terminó de definir aquella edición de la Grande Boucle. Su coequipier en la escuadra alemana Gerolsteiner, el austríaco Bernhard Kohl, hasta entonces prácticamente irrelevante, terminó tercero de la general y ganó el entorchado de mejor escalador. Ambos dieron positivo una vez concluida la carrera. Nadie se echó las manos a la cabeza.

ZDF y ARD, irritadas por el alarde de inconsciencia de la escuadra dirigida por un tóxico profesor de Matemáticas llamado Hans-Michel Holczer, hicieron un nuevo amago de dejar de emitir el Tour de Francia y volvieron a ser obligadas a recular por la UER. Aguantaron retransmitiendo con desgana la Grande Boucle hasta 2011, cuando el contrato caducó y por fin pudo desprenderse de esa desagradable imposición

En 2012, primer año después de la tele pública, el Tour de Francia tuvo una presencia testimonial en las pantallas alemanas. La zona sur del país la pudo seguir a través de Schweizer Fernsehen; los abonados de plataformas de pago, por Eurosport. El saldo deportivo fue bueno: participaron 13 ciclistas del país, con Andre Greipel anotándose tres victorias de etapa. El saldo social y mediático del Tour de Francia en Alemania, en cambio, arroja números rojos.

Agárrame ese Tinkov

Oleg Tinkov es un personaje, en el sentido más amplio de la palabra. Millonario porque, según él, supo crear un imperio de la nada, excorredor y patrocinador del Saxo Bank de Contador a través de su Tinkoff Bank. Está en el ciclismo para distraerse, cumpliendo lo dicho hace cuatro años, cuando dejó su Tinkoff Credit Systems en manos de Igor Makarov, el acaudalado dueño de Itera, para que lo convirtiera en Katusha. Aquella operación no fue un buen trago para el emprendedor ruso: acostumbrado a concluir triunfante de todos sus negocios, en esta ocasión le tocó salir por la puerta de atrás, fastidiado por cuanto dejaba la escuadra bajo la batuta de Andrei Tchmil, con quien no había congeniado durante el medio año que compartieron la capitanía de Tinkoff, y a quien describió, con razón a tenor de los resultados, como «un gran ciclista y un pobre director deportivo«. Se dice en los mentideros que su regreso de la mano de Riis es, más allá de un divertimento, una revancha contra Makarov y los suyos.

Oleg Tinkov junto a Alberto Contador. Foto: Astanafans

Oleg Tinkov junto a Alberto Contador. Foto: Astanafans

Por lo pronto, la segunda aventura ciclista de Tinkov ha encontrado una tremenda dificultad ante sí. Saxo-Tinkoff tiene complicada la licencia WorldTour por cuanto, salvo que la Comisión de Licencias dé una sorpresa en la evaluación de equipos con problemas éticos como Lampre o Astana, se juega la última plaza vacante en la primera división con Argos-Shimano. Y, para más inri, los organizadores de pruebas WorldTour han decidido dar prioridad en las invitaciones a los equipos enrolados en el Movimiento por un Ciclismo Creíble, que no puede admitir a Saxo-Tinkoff por la sanción de dos años que recibió su gran estrella Alberto Contador.

Así las cosas, la presencia del equipo en las grandes carreras, incluyendo las rondas de tres semanas, está peliaguda. Preguntado por el particular en una conferencia de prensa ofrecida para inaugurar una nueva sede de su banco en el centro de Moscú, Tinkov fue lenguaraz y descarado: «Alberto Contador es una superestrella, el mejor ciclista del mundo, y yo no puedo recordar los nombres de quien sea que tenga Argos-Shimano en su plantilla. Francamente, me resulta difícil imaginar un escenario en el que no nos den la licencia«. Tal cual. Las declaraciones, venenosas, hallaron respuesta en un tuit de Marcel Kittel, líder del Argos-Shimano: «¡Olé, Oleg! Bonita entrevista. [sic] Tienes razón: ¿para qué necesita el ciclismo credibilidad y normas?«.

Y aquí es donde encontramos al Tinkov más irreverente y provocador. Ni corto ni perezoso, respondió a Kittel y otros tuiteros que discutían el particular: «¿En serio creéis que mi equipo debería enfrentarse a Argos-Shimano para conseguir una licencia WorldTour?«. Y, de remate, un LOL [Laughing Out Loud, equivalente a ‘Me parto de risa’]. Y no había que rebuscar demasiado para encontrar alguna burrada más en el Twitter de Tinkov. A una aficionada que le preguntaba por noticias sobre el tema de la licencia, le contestó que sólo se las daría a cambio de sexo. A un desagradable ‘fake’ de Cipollini que le comparaba con un teleñeco mal bronceado, le invitó a «chupársela». Incluso tuvo tiempo de una alusión a Tyler Hamilton, que corriera en el primer Tinkoff.

Pero es que Oleg Tinkov es así de bizarro. Y no sólo para el ciclismo. Basta darse una vuelta por sus dos cuentas de Youtube. En la personal se exhiben joyas como el vídeo de arriba, pedaleando en rodillo sobre su Colnago vestido con el maillot de su antiguo equipo y celebrando un triunfo imaginario. Después podemos encontrarle nadando un largo en piscina cubierta o esquiando, una y dos veces. También cuelga ‘sketches’ propios de Muchachada Nui (¡qué pena no entender ruso!) y vídeos haciendo hablar a un colega para gustarse mientras tanto poniendo caras raras. Incluso avergüenza a su colega y también millonario Richard Branson, dueño de Virgin y el antiguo patrocinador del ciclismo australiano a través de Fly V, al que podemos ver bailando rusamente con las risas del propio Tinkov de fondo.

Su segundo canal, BizSekrety, es teóricamente más serio; de hecho, su último capítulo lo es, lamentablemente. Ofrece una serie de vídeos donde Oleg Tinkov y su subalterno Oleg Anisimov se entrevistan con distintas personalidades del mundo de los negocios para extraer sus trucos y secretos. Quizá debería parecerse a La Noche Abierta o El Loco de la Colina, pero termina siendo más similar a Manu a Manu, el programa de Bilbovisión donde a Iban Mayo le quitaron el EPO.

Las entrevistas de BizSekrety se caracterizan por la presencia del alcohol, ya sea materialmente o en espíritu, y porque la gente no cesa de tocarse la nariz en pantalla. Se hacen a personajes muy variopintos y en localizaciones muy distintas. A veces incluyen un ‘bonus track’, al final del vídeo, con Tinkov y Anasimov disertando en entornos extraños: aquí, por ejemplo, hablan subidos a una tortuga [a partir del minuto 40; desde el 42, Anasimov en apuros]. Hay entrevistas donde Tinkov, vestido de blanco impoluto, no logra aguantarse la risa en ningún momento. Otras las inicia de manera inenarrable, como este magnífico «Engelbert… Engelbert… Engelbert… What the fuck«. Una última bizarrada: esta entrevista con un chef, que Tinkov empieza en pose diligente y termina con los ojos cerrados y casi echado sobre la mesa después de pegarse un buen almuerzo y liquidar una botella de vino.

Este es Oleg Tinkov, y hay que quererlo tal y como es. Seguramente termine resultando cargante a lo largo de la temporada, con su excentricidad y su arrogancia. Pero ya tenemos suficientes personajes políticamente correctos en el mundo del ciclismo… Así que mejor que no nos lo agarren ni coarten.

Ahora

El ciclismo lleva muchos años viviendo sin dentro ni fuera, con las fronteras básicas difuminadas por la vergüenza, con los atisbos de mentira arropados por todos los conductos oficiales y los atisbos de verdad circundados de oprobio, tildados de palabras emitidas por el resentimiento, la frustración, el fracaso, la locura.

El ciclismo lleva muchos años señalando bombillas fundidas cuando le pedían que arrojara luz sobre sus hechos. Escondiendo la mirada bajo tierra, sin dirigirla hacia dentro porque no sabía qué era dentro y qué era fuera.

El ciclismo lleva muchos años con la cabeza erguida con orgullo y podrida con avaricia. Infestado de canallas que se aprovechan de la ilusión y las ganas ajenas para engordar su cuenta corriente de ruindad. Bribones expertos en guardarse la cara y apuñalarse por la espalda, asentados porque aunque los vaivenes les hagan orbitar más cerca o más lejos de la gran esfera del poder nunca les echarán del todo del sistema. A menos que sean cabezas de turco, claro; chivos expiatorios que paguen los pecados de todos.

El ciclismo lleva muchos años alimentando a su oligarquía dominante. Porque toda esa gente de Aigle, todos los mandados, mandatarios y mandamases, ha construido una red de relaciones tan compleja que es casi imposible de abolir por completo. Alrededor de la UCI existen decenas de empresas de accionariados y cargos que se cruzan, bifurcan y separan en una trama ininteligible de intereses y dinero, siempre dinero.

El ciclismo lleva muchos años con los mismos nombres intercambiándose posiciones, proclamas y prebendas. Como en las elecciones americanas, unos susurran continuidad y otros gritan cambio, pero en realidad su deseo es que todo permanezca porque así está bien. Porque temblarían si un potentado imparcial como el que ha terminado con la falacia de Armstrong metiera mano en esos negocios variopintos y cuestionables, que van desde la organización y difusión de carreras (Pekín sólo es la guinda) a la orquestación de pleitos ridículos con excusa del dopaje donde, más allá de qué dictamine el tribunal, termina ganando la banca.

Ahora que las fechorías del ciclismo empiezan a percibirse gracias a la luz que proyectan los ajenos, ha llegado el momento de la catarsis.

Las nuevas generaciones de ciclistas, técnicos y demás son, o parecen, distintas a las anteriores. Hace falta que no suceda lo que me contaba el otro día un director deportivo: que los virtuosos de verdad se cansan y se marchan, que sólo se quedan los que quieren vivir de esto tal y como está montado. Parafraseando a uno de esos resentidos, frustrados, fracasados y locos, Jörg Jacksche: el problema no son tanto las personas como el sistema. Por eso, las cumbres con ‘stakeholders’ auspiciadas desde él y destinadas a recabar ideas no sirven, no servirán, para nada: sólo generarán, en el mejor de los casos, un cambio aparente.

El ciclismo lleva muchos años en la mierda y dirigido con praxis de mierda. Ahora es el momento de la catarsis, de personas nuevas con ideas nuevas; o, al menos, de personas conocidas con ideas renovadas. Que desmonten el actual entramado para generar una estructura incorrupta e incorruptible. Esto sería lo ideal.

El problema es que ni yo me creo este cuento.

Foto: Pedale Tricolore

The High Road

¿Sabéis lo que significa ‘High Road’? Es curioso que nos pasáramos un par de años usando ese término e incluso le cantáramos un réquiem el pasado mes de agosto sin saber su connotación. Pues bien: ‘high road’, más allá del sentido literal de «carretera alta», tiene por sentido figurado la «vía buena«, la correcta, la virtuosa. Entendido así, no es difícil imaginar por qué Bob Stapleton le puso a su estructura HighRoad cuando la telefónica T-Mobile, harta de asuntos de dopaje, decidió que no quería seguir poniendo nombre al equipo que financiaba y, de hecho, financió sin rédito publicitario un año más.

Ahora, el ciclismo recibe a un nuevo HighRoad, otra escuadra nombrada con una marca blanca y pagada con el desagradable mecenazgo de una empresa que, cansada de escándalos, se marcha dando un portazo. Lo más doloroso es que esa empresa parecía un apoyo eterno e inquebrantable para el ciclismo de élite, comprometida sólidamente desde hace casi dos décadas con la práctica totalidad del ciclismo neerlandés. Hunde la moral que se vayan diciendo que les echan, que ya no creen en el ciclismo pese a que lo han vivido y sustentado tan de cerca, y no poder gritar que no, ni quitarles razones.

Sólo hay que pensar en Geert Leinders, recién despedido de Sky por sus supuestamente oscuras prácticas en Rabobank. En Humanplasma, el escándalo de dopaje donde se vieron involucrados nombres importantes para la historia del equipo. En Theo de Rooij, el ex mánager general que recientemente desbarró afirmando que durante su mandato se consentía el dopaje. En Michael Rasmussen, que vestido de amarillo con el logotipo de Rabobank en el pecho fue retirado del Tour de Francia 2007 por el escándalo de los ‘whereabouts’. Incluso podríamos ampliar la lista con Thomas Dekker, que confesó implícitamente utilizar métodos prohibidos durante su explosión. O en la poco clara suspensión de Carlos Barredo, que bien podría ser un capricho de la UCI o algo más.

Esos fueron los sucesos que tensaron la paciencia de la empresa Rabobank. La colmó la investigación de la USADA, que les salpicó a través de Luis León Sánchez, que justificó su relación con Michele Ferrari diciendo que Caisse d’Épargne trabajaba con él en 2007, y Levi Leipheimer, que confesó haberse dopado durante una carrera deportiva que incluye tres campañas defendiendo el ‘naranja’. Este último fue el verdadero golpe: los intereses comerciales de Rabobank en Estados Unidos son tan amplios que no admiten relación alguna con el proceso que ha defenestrado a Armstrong. A imagen y semejanza que las marcas que apoyaban al texano, el banco neerlandés huye de la primera línea del ciclismo. Y es de agradecer que, al menos, conserve el patrocinio de la federación holandesa y no abandone a su suerte a sus estructuras profesionales.

Tras una temporada fantástica a nivel deportivo y ético, el ciclismo ha vuelto este mes de octubre a enfrentarse a sus peores fantasmas, que para más inri llevaban muertos y enterrados varios años y han sido resucitados por motivos tan cuestionables como ajenos. Ahora toca aprender de los errores, afianzar un nuevo comienzo y tomar la High Road. Que, como decían los Broken Bells, es difícil de encontrar. Pero existe y, de hecho, podemos decir con orgullo que está siendo utilizada en el ciclismo moderno.

¿Qué ha pasado en China?

Digamos que hace un montón de tiempo, en el Siglo XIV, China hizo suyo un archipiélago pequeñito que, en cinco islas y tres rocas, apenas superaba los siete kilómetros cuadrados de extensión; le puso Diaoyu. Tan baldío e inútil era que lo desatendieron, se convirtió en tierra de nadie y, a finales del siglo XIX, Japón le cambio el nombre a Senkaku y se lo anexionó sin decir nada ni oír protestas. Al final de la Segunda Guerra Mundial, y como parte de los acuerdos de paz que propiciaron que exista esa base militar de Okinawa donde nació Chris Horner, ese territorio pasó a manos de Estados Unidos, que en 1972 las devolvieron a Japón en cumplimiento de un tratado sucesivo.

Por aquel entonces la ONU ya había publicado un informe insinuando que las Senkaku podían tener grandes reservas energéticas, así que la República Popular de China (la grande, la China con mayúsculas) y la República de China (la pequeñita, considerada a sí misma heredera de las antiguas dinastías aunque más conocida por el nombre de su isla-territorio, Taiwán, o su capital, Taipéi) realizaron débiles protestas. La cosa no pasó a mayores porque el recuerdo de la Gran Guerra y la consustancial y sangrienta invasión de Manchuria realizada por Hiro Hito y los suyos estaba muy fresca. Además, por aquel entonces China se hallaba en pleno genocidio maoísta (o Revolución Cultural), un acontecimiento lo suficientemente grave para restar atención a los demás.

La crisis de las Islas Senkaku

Los tiras y aflojas en torno a las Islas Senkaku se han reavivado últimamente con la «regularización» de su propiedad, ya que aunque estaban bajo jurisdicción japonesa pertenecían a determinadas personas, y no al país, que invirtió 20,7 millones de euros en comprárselas a sus súbditos para añadir al Tesoro Nacional sus recursos energéticos, preciadísimos ahora que el país está en plena crisis posnuclear, además de su perímetro para pesca y las posibilidades geoestratégicas que aportan esos siete kilómetros cuadrados de piedras en mitad del Mar Este de China. Un proceso calificado de «farsa« por el próximo presidente del Partido Comunista Chino y futuro mandamás de la nación, Xi Yinping, y la agencia estatal de noticias Xinhua.

La polémica se desató en China; y con ella sucede como con todas las controversias del gigante asiático, que hay un telón oscuro y la sospecha de que todo el descontento popular es un artificio diseñado por el omnipotente y orwelliano gobierno del país. La cuestión es que hay barcos patrulleros de la República Popular rondando los islotes; también pesqueros de los aliados de la República taiwanesa, repelidos a manguerazos. Hay un embajador, el japonés en China, muerto en la puerta de su domicilio por un infarto (?). Se masca la tensión: Estados Unidos tiene el cuchillo preparado para partir y repartir en caso de conflicto porque tiene acuerdos de defensa con Japón, pero se ve obligado a envainarlo porque también hay una gran cantidad de su deuda soberana en manos de China y sus acreedores le piden que no se propase. Incluso China y Japón están obligados a guardarse el respeto, por mucho que les duelan los siete kilómetros cuadrados, porque sus relaciones comerciales bilaterales mueven 262.000 millones de euros cada año

Son muchos factores que llegan al pueblo chino resumidos en eslóganes simples para desencadenar una campaña xenófoba antijaponesa, destinada a generar tensión y presión en los vecinos y espoleada por la coincidencia en fechas con el aniversario de aquella invasión de Manchuria durante el siglo pasado. El resultado son postales esquizofrénicas, como las latas de oferta de un supermercado colocadas en forma de tanque; manifestaciones planeadas ante la embajada japonesa y el acoso a cualquier vestigio nipón, incluidos restaurantes, fábricas… o equipos ciclistas.

Taiji Nishitani (Aisan), ganador de una etapa de la Vuelta a China I. Foto: Sonoko Tanaka

Taiji Nishitani (Aisan), ganador de una etapa de la Vuelta a China I. Foto: Sonoko Tanaka

Y llegamos al ciclismo

En septiembre se han disputado en China dos carreras ciclistas: la Vuelta a China I y la Vuelta a China II. Nombres poco imaginativos para dos rondas por etapas llanas y nacidas benditas con la categoría .1 por obra y gracia de su organizador Global Cycling Promotions, la empresa creada por la UCI y sufragada con los fondos reservados del World Tour para organizar carreras en «nuevos mercados» y producir beneficios. La general de ambas pruebas se las llevaron Renegados del Christina Watches: la Vuelta a China I, disputada del 7 al 13 de septiembre, fue para Martin Pedersen; la Vuelta a China II, del 16 al 23, para Stefan Schumacher.

En la Vuelta a China I hubo presencia japonesa, con el Aisan Racing Team, que incluso triunfó en una etapa con Taiji Nishitani; pero en la Vuelta a China II… No. La escuadra nipona fue invitada a abandonar el ‘circo’ en el intermedio entre una ronda y otra para evitar posibles incidentes relacionados con la xenofobia rampante en aquellos días, a pesar de que según corredores presentes en la carrera ésta no afectó ni enreareció en ningún momento la competición. También una fotógrafa (Sonoko Tanaka, sus fotos ilustran este artículo) y un comisario de la UCI fueron enviados a su país.

El Tour de Pekín, la próxima polémica

Si bien lo acaecido en las rondas chinas .1 ha sido prácticamente inane, más allá del perjuicio directo al Aisan y el resto de expulsados de carrera, las consecuencias del racismo chino pueden ser muy trascendentes en la próxima prueba internacional que se disputará en su territorio. Ésta es el Tour de Pekín, programado del 9 al 13 de octubre como acto conclusivo del UCI World Tour. Allá donde se repartirán los últimos puntos de la temporada, que pueden inclinar la balanza y meter en primera división a uno u otro de los aspirantes a integrarla en 2013.

Global Cycling Promotions, también organizadora de esta competición, ya ha tomado su primera medida con respecto a «las circunstancias«, convenciendo a Argos-Shimano para que renuncie a participar en una carrera crucial a la cual le invitaron hace un mes. El motivo es la naturaleza de su coespónsor Shimano, radicado en Japón. La duda que suscita esta acción: ¿Qué sucederá con dos formaciones WorldTour con patrocinador nipón, Garmin-Sharp y RadioShack-Nissan? Si participan, quizá estén en riesgo y agraviarán a Argos-Shimano; si no, desvirtuarán completamente la carrera, pues estarán ausentes dos escuadras que deben presentarse por normativa.

Ya sabemos lo que ha pasado y está pasando en China, pero… ¿Qué pasará ahora?

Fotos: Sonoko Tanaka

Miércoles largo y triste

Antonio Martín Velasco, Manolo Sanroma, Xavi Tondo… y ahora Víctor Cabedo.

¿Por qué siempre se nos van ciclistas buenos? Pues es fácil: porque no hay malos. Pueden tener más o menos nivel deportivo, un carácter afable o rarito, ser feos o guapos… Pero, en términos de virtud y sacrificio, todos los ciclistas son buenos. Desde el primo Samuel, el rico, hasta Dani, el pobre. Del beato Lastras al piadoso Rebellin. Tras cada uno de esos tíos con dorsal que observamos, aplaudimos y hasta admiramos hay una larga historia de esfuerzo, de detalles nimios y decisivos, de apoyos insospechados, de horas (y horas) (y horas) de bicicleta por carreteras en las que no siempre brilla el sol.

Nos hemos pasado el día hablando de Euskaltel. Primero ha surgido una polémica amarga, porque Igor González de Galdeano, en esa obsesión por los puntos inducida por la UCI y las presiones empresariales, ha prescindido de dos corredores emblemáticos, Amets Txurruka e Iván Velasco. Ciclistas buenos [como todos], excelentes gregarios, que se olían la tostada hasta el punto de preguntar a algún illuminati por Facebook cuánto había en su cuenta, si es que había algo. El cero existente ha sido el motivo esgrimido por el técnico alavés para no renovarles, pese a que ambos han participado en Giro y Vuelta este año (Amets también en el Tour) y a que en el Ránking de Mérito que decide el World Tour sólo suman los puntos de doce ciclistas, por lo que pueden haber hasta dieciocho que no aporten nada en ese término. Luego vinieron otras noticias en clave ‘naranja’, dos fichajes, una retirada…

Pero vamos: que todo eso da igual en relación a lo que tenemos entre manos. Ninguno de los observadores, ni siquiera los protagonistas, recordaremos este larguísimo día 19 de septiembre como el día en que no renovaron a Amets y Velasco; ni por la retirada de Alan Pérez, ni por los fichajes de Jon Aberasturi y Gari Bravo, ni por el campeonato mundial de Tony Martin doblando a Contador.

El 19 de septiembre ha sido en el que volvimos a sentir el escalofrío de la muerte de un ciclista profesional en la carretera. Este mundillo es una familia, desestructurada por un patriarca disfuncional, pero familia al fin y al cabo. Y sentimos cada deceso tan cerca que nos ponemos de duelo, nos santiguamos a nuestra manera y nos indignamos, abatimos y entristecemos.

A la par que moría Víctor Cabedo, cuyo obituario repleto de circunstancias y matices melancólicos, pequeñas lágrimas, ha relatado inmejorablemente su colega y leopardo Navarro Cueva, también lo hacía en Cádiz un chaval, David Moraleda, que había ido en bicicleta a comprar una Coca Cola y fue topado por un inconsciente ciego a alcohol y a porros.

La consternación y el desconsuelo es inevitable, claro. Nos sentimos vulnerables, porque nos da por pensar en el otro día, con la bici, ese coche que pasó por el costado tan pegadito, haciendo aire mientras adelantaba a toda velocidad; en el que apareció de repente a la salida de una curva; el que estaba parado en el arcén, frenó de improviso o se incorporó cuando no debía porque no pasaba nadie…

Descansad en paz, Víctor y David.

Maldito miércoles de mierda.

Foto: Biciciclismo

La pegada, los jefes y los indios

Terminada la Vuelta a España, el interés del mundillo ciclista se centra en el Campeonato del Mundo que se disputará la próxima semana en la región holandesa de Limburgo, con la novedad de la crono por equipos y el gran aliciente de siempre de otorgar el entorchado arcobaleno masculino en la prueba final del domingo 23. Las convocatorias de las distintas selecciones se van haciendo públicas, y ayer martes le tocó el turno a la española

Este año, el Mundial será una cuarta Clásica de las Árdenas (o la quinta, si incluimos a la Flecha Brabançona como tal): algo más de 260 kilómetros, con unos 100 primeros «técnicamente exigentes» según la descripción oficial y el resto a recorrer en diez vueltas por un circuito quebrado de longitud algo superior a 16 km que incluye las subidas al Bemelerberg (900 m, 5%) y el Cauberg (1200 m, 5’8%). Territorio de Amstel Gold Race.

Así las cosas, José Luis de Santos ha optado por seleccionar a un ‘dream team’ con los españoles más aptos para una carrera del género. La selección presenta hasta seis corredores capaces de luchar por el arco iris o, cuando menos, una medalla. De ellos, cuatro (Freire, ‘Purito’, Valverde, Samuel) se han clasificado en el top 10 de al menos una de las cinco últimas ediciones de la Amstel, siendo Freire quien más querencia demuestra por el terreno con hasta seis puestos entre los diez primeros de dicha clásica durante su carrera deportiva.

No cabe duda, pues, de que la selección española para el Mundial tiene pegada. La duda es si, con cinco líderes y cuatro gregarios (asumiendo que Dani Moreno gastará todas sus balas en ese rol), más jefes que indios, tendrá consistencia suficiente para obtener un buen resultado. Este es un aspecto preocupante, visto el desarrollo de los últimas competiciones de élite por países cuyo recorrido ha sido exigente. En Varese 2008, ‘Purito’ y Samuel batallaron por su cuenta con música clásica sonando por el pinganillo mientras Valverde y Freire se quedaban con Paolo Bettini. Mendrisio 2009, por su parte, vio como los tres españoles que quedaban en la selección final de nueve se traducían en un exiguo bronce para ‘Purito’ mientras Valverde y Samuel se mordían las uñas por detrás. Más recientemente, en los Juegos de Londres (de altimetría más sencilla), Luis León y una vez más Valverde se quedaron en fuera de juego por no desmarcarse ni cooperar con eficiencia.

El precedente que quizá indique la manera de rentabilizar la enorme cantidad de talento acumulada en el ‘nueve’ español es Pekín 2008. Allí, la carrera se planteó en la práctica como un marcaje a estrellas rivales a las cuales perseguir por aquel largo repecho (o corto puerto) y su bajada. La pegada de aquella selección logró el oro merced a un gran esprint de Samuel Sánchez. La prueba fue tan movida, y kamikaze, que la guerra individual se demostró la mejor opción.

Quizá plantear una carrera muy dura para desarbolar tácticas de equipo ajenas, sin concesiones ni atender a los casi diez kilómetros de terreno benigno que separan en cada giro Cauberg y Bemelerberg, sea una buena alternativa. La otra sería convencer a algunos de los jefes para aceptar el papel de indios; difícil papeleta para De Santos, domesticar a un campeón olímpico, un tricampeón mundial, el ganador de la Vuelta a España o alguno de sus compañeros de podio, ambos con triunfos recientes en las Ardenas. Otra opción, más complicada de asumir si cabe, hubiera sido dejar alguno de los líderes en casa para convocar a algún gregario natural más, situación que podría darse de renunciar Samuel a la cita y reemplazarle Egoi Martínez. Pero eso, como la totalidad de este último párrafo, es ciclismo-ficción.

Convocatoria de la Selección Española para el Campeonato del Mundo en línea Elite masculino Alejandro Valverde, Jonathan Castroviejo, Pablo Lastras (Movistar), Joaquim Rodríguez, Dani Moreno, Óscar Freire (Katusha), Samuel Sánchez [reserva: Egoi Martínez] (Euskaltel), Alberto Contador (SaxoBank), Juan Antonio Flecha (Sky)

Foto: Fundación Euskadi