Por qué la tele pública alemana no quiere al Tour

[Esto no es un asunto, ni una pieza, sino una rareza. Se trata de un artículo más bien académico -de hecho lo he escrito a petición de un profesor de mi facultad- exponiendo con brevedad el auge y el fracaso del ciclismo alemán, centrándome en la cobertura televisiva del Tour de Francia. De naturaleza meramente expositiva, escaso en detalles y redactado áridamente, queda publicado por si puede ser útil para alguien…]

Históricamente, el ciclismo ha sido un deporte europeo. Aunque ahora vira a la globalización, la tradición era que se practicaba en un triángulo que tenía por vértices a España, Italia y Países Bajos y por centro a Francia y Bélgica.

Alemania se mantenía relativamente ajena a la competición en bicicleta. Sin apenas carreras de prestigio, sin apenas campeones. Todo cambió a finales del siglo pasado, cuando se registró una relativa explosión canalizada por el equipo Telekom, una escuadra financiada por la compañía telefónica germana (primero estatal; luego privatizada) para dar salida a todos los talentos surgidos en el territorio durante los últimos años del telón de acero.

El primer gran éxito del Team Telekom lo proveyó el danés Bjarne Riis, ganador del Tour de Francia de 1996 donde Indurain abdicó de su reinado en la Grande Boucle. En aquella misma edición de la Grande Boucle empezaron a despuntar los nacionales, principalmente Erik Zabel y Jan Ullrich. Zabel, uno de los mejores esprinters de la historia, ganó seis veces el maillot verde que distingue al corredor más regular del Tour de Francia. Ullrich, por su parte, campeonó en una edición de la gran ronda francesa a la tierna edad de 23 años y no logró reeditar el triunfo en toda su carrera deportiva, imposibilitado por la hegemonía de Lance Armstrong; sin embargo, subió un total de seis veces más al cajón de los Campos Elíseos.

A partir de ellos se infló la burbuja del ciclismo alemán, que pasó de ser poco menos que insignificante a codearse con las naciones históricas. En 2006, tres de los veinte equipos de primera división tenían patrocinador germano. En el país se disputaban 50 días de competición profesional; más del doble que en el año 2000, cuando sólo había 19.

A partir de ahí, la hecatombre. En poco tiempo, el deporte de la bicicleta se desmoronó en Alemania hasta llegar a la situación actual. El año pasado sólo se disputaron 13 días de competición profesional en suelo germano. El último equipo del país en primera división desapareció en 2010; hoy día sólo sobrevive uno en segunda. La Vuelta a Alemania, otrora una prueba pujante encuadrada en la máxima categoría, dejó de disputarse fulminantemente en 2008 por el éxodo de patrocinadores.

En medio, un proceso de destrucción de figuras por mor del dopaje. En mayo de 2006 cayó Jan Ullrich, imputado en la Operación Puerto; justo un año después, Erik Zabel admitió la existencia de un plan de dopaje organizado en el mítico Team Telekom. El desengaño de la sociedad alemana era ya mayúsculo, y explotó por dos positivos casi consecutivos de ciclistas nacionales en pleno Tour de Francia 2007.

Las dos televisiones públicas germanas, ARD y ZDF, se alternaban la emisión de las etapas de la gran ronda francesa. En otra época, el Tour había sido el producto más atractivo de su parrilla veraniega. Sin embargo, en ese contexto de desencanto era ya un estorbo. Cuando Zabel confesó haber recurrido a sustancias prohibidas, los directivos advirtieron que un escándalo de dopaje más comportaría la suspensión de cualquier emisión relacionada con ciclismo.

El 11 de julio se confirmó el positivo alevoso por testosterona de Matthias Kessler, uno de los últimos remedos del antiguo Telekom, que adolecía de una malísima fama en el mundillo. Una semana después, Patrik Sinkewitz “pitó la máquina” por la misma sustancia. Su caso fue especialmente doloroso por cuanto era una joven promesa, el abanderado de la regeneración del Team Telekom bajo el amparo de su marca para telefonía móvil, T-Mobile, que abandonó el patrocinio de la escuadra a finales de aquella temporada, harta de escándalos.

Televisivamente, los hechos se precipitaron: el mismo día que se anunció el positivo de Sinkewitz, ARD y ZDF cesaron abruptamente la retransmisión de la Grande Boucle. “No podemos difundir una prueba con equipos y corredores sobre los cuales planea la sospecha del dopaje“, explicó Nikolaus Brender, redactor jefe de la ZDF. “Con este gesto queremos mostrar que estamos dispuestos a sostener el ciclismo si, y solamente si, está limpio, es decir, sin productos dopantes y prohibidos. Es una advertencia al ciclismo y a todos los demás deportes“.

La televisión pública alemana, sin embargo, se vio forzada a dar una nueva oportunidad al ciclismo y el Tour en virtud del acuerdo firmado con la Unión Europea de Radiodifusión (UER), comercializadora de los derechos televisivos del Tour de Francia, que le obligaba a mantenerlo en su parrilla hasta 2011 inclusive.

La situación no mejoró. La conducta reprobable de las escuadras germanas en relación al dopaje siguió saltando a la vista. En el Tour 2008 se pudo ver a Stefan Schumacher, un corredor de segunda fila, coronando en cabeza el mítico y durísimo Galibier e imponiéndose a los mejores ciclistas de la carrera en la contrarreloj larga que terminó de definir aquella edición de la Grande Boucle. Su coequipier en la escuadra alemana Gerolsteiner, el austríaco Bernhard Kohl, hasta entonces prácticamente irrelevante, terminó tercero de la general y ganó el entorchado de mejor escalador. Ambos dieron positivo una vez concluida la carrera. Nadie se echó las manos a la cabeza.

ZDF y ARD, irritadas por el alarde de inconsciencia de la escuadra dirigida por un tóxico profesor de Matemáticas llamado Hans-Michel Holczer, hicieron un nuevo amago de dejar de emitir el Tour de Francia y volvieron a ser obligadas a recular por la UER. Aguantaron retransmitiendo con desgana la Grande Boucle hasta 2011, cuando el contrato caducó y por fin pudo desprenderse de esa desagradable imposición

En 2012, primer año después de la tele pública, el Tour de Francia tuvo una presencia testimonial en las pantallas alemanas. La zona sur del país la pudo seguir a través de Schweizer Fernsehen; los abonados de plataformas de pago, por Eurosport. El saldo deportivo fue bueno: participaron 13 ciclistas del país, con Andre Greipel anotándose tres victorias de etapa. El saldo social y mediático del Tour de Francia en Alemania, en cambio, arroja números rojos.

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