Sensación de final

Todos los días acaban, pero este un poquito más que el resto.

Si los rumores e informaciones están en lo cierto, Lance Armstrong está confesando ahora mismo frente a la rescataniños Oprah Winfrey. Confesando que él, el gran mito del ciclismo moderno, era una mentira. Que adulteró el resultado de todas las carreras en las que participó, al menos desde su regreso del cáncer; que hizo daño a mucha gente, directa e indirectamente; que engañó a todos los que nos creímos en mayor o menor medida su milagro. Y, lo peor de todo, que lo hizo conscientemente y para lucrarse.

Me alivia pensar que está admitiéndolo, a pesar del cómo.

Mi final ideal para el mito Armstrong hubiera sido frente a los Andreu, Floyd Landis, Paul Kimmage, David Walsh o cualquiera de los que defendieron la verdad ante sus artimañas de matón, jaleadas y amplificadas por sus lamentables adláteres de la UCI. Querría una confesión cruda, el oprobio ante los que verdaderamente entendemos todos los matices de su mentira. Querría una penitencia acorde al pecado.

En lugar de eso, se pone frente a Oprah, frente al público menos exigente posible, e intenta cambiarse al bando de los buenos. Con los detalles filtrados ya no hace falta ver la entrevista: Armstrong se redime a sí mismo, admite que se dopó, está dispuesto a tirar de la manta y hasta devolverá parte del dinero del contribuyente que percibió de US Postal gracias a su fraude. A ver si, conmoviendo, sale exento.

Lance Armstrong fue un ruin y un miserable. Se aprovechó de que el ciclismo quería creer en algo después de Festina para hacer dinero. Se aprovechó de los enfermos de cáncer para engrandecer su historia y su fortuna, para engrandecerse a sí mismo. Quienes debían impedirlo no sólo no miraron para otro lado, sino que trabajaron codo con codo junto a él para que el montaje fuera lo más sólido posible y ganar dinero a su rebufo.

Ahora quiero ver cómo de cegadora es la luz que Armstrong arroja sobre su mentira. Quiero ver si será capaz de desenmascarar a sus colegas; si, como decía @TheRaceRadio, las ratas acorraladas se revuelven unas sobre otras. Si, aunque sea por su interés, ayudará con su inestimable testimonio a limpiar de una vez mi deporte para que podamos partir de cero.

Ese es mi alivio. Que con el fin de Armstrong puede suceder, por fin, la catarsis que lleva tanto tiempo gestándose.

Todos los días acaban, pero este lunes un poquito más.

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