Gajes del Tour

El pelotón del Tour de Francia no ha ganado para sustos en esta primera semana. Caídas e incidentes de diversa índole han estado a la orden del día, siendo habitualmente la principal noticia de cada jornada por encima de las evoluciones deportivas de la misma. Esa tendencia, aborrecible, ha tenido hoy su apogeo. El pelotón, viajando de camino a Saint Flour por un recorrido quebrado, ha perdido a dos candidatos al podio, visto magullarse a su vigente campeón e incluso presenciado el execrable atropello de dos escapados por parte de un coche de la televisión francesa.
Resulta difícil encontrar un porqué para este Tour tan accidentado. El hecho es que sus 18 retirados en la novena etapa constituyen una marca excesiva, la mayor desde la durísima edición de 2003, cuando se registraban 26 abandonos a estas alturas de carrera tras las jornadas de Morzine-Avoiraz, Alpe d’Huez y Gap; en este Tour, sin embargo, la dificultad montañosa más reseñable ha sido la cima de SuperBesse donde ayer se impuso Rui Costa. Las cifras se tornan escalofriantes cuando se recuentan las causas de los abandonos y se halla que 14 de ellos han venido por caídas. Desde dentro del pelotón se habla del “nerviosismo” y la “tensión” como el principal motivo de estos incidentes.
Un análisis más frío arroja algunos posibles motivos más allá del estadío psicológico del pelotón. Uno de ellos es lo apretado de la clasificación general: ninguna de estas nuevas primeras etapas han sido verdaderamente selectivas de cara a ésta, y esto provoca que existan más candidatos a lucir en la misma con ganas de defender sus opciones peleando por la posición dentro del pelotón, aumentando con ello el riesgo de incidientes y, en general, el peligro.
Otro factor es el tamaño del pelotón. Los 198 ciclistas (veintidós equipos con nueve corredores cada uno) que tomaron la salida suponen la mayor participación en quince años, junto a 2003 y 1997 (cuando se repitieron las cifras). La presencia de más elementos en la carrera favorecen la posibilidad de incidencias, y de hecho un análisis de la relación entre el número de participantes y los abandonos por caídas registrados en las últimas seis ediciones del Tour alumbra una posible correspondencia entre estos factores como se puede ver en la tabla adjunta.

Los grandes damnificados de hoy, siguiendo los pasos de Wiggins, Leipheimer y Horner, fueron Alexandre Vinokourov y Jurgen Van der Broeck. Ambos cayeron a media etapa, en un descenso aparentemente sencillo y bien asfaltado en el cual había patinado unos minutos antes el fugado Johnny Hoogerland (Vacansoleil). El líder de Astaná se fracturó el fémur al saltar sobre el guardarraíl, mientras el belga se rompió el omoplato y tuvo que retirarse, mareado, tras un intento vano de continuar. El parte de bajas se completó con las renuncias de Wout Poels y Pavel Brutt y las caídas de Frederik Willems (cuyo abandono, sumado al de su líder Van der Broeck, deja a Omega Pharma con sólo seis ciclistas), David Zabriskie y el vasco Amets Txurruka…
… Pero pudo ser aún mayor si Juan Antonio Flecha y Johnny Hoogerland no hubieran corrido mejor suerte. El catalán de Sky y el holandés de Vacansoleil fueron atropellados a 36 kilómetros de meta por el imprudente conductor de un coche de la televisión francesa. El susto fue mayúsculo y sus consecuencias prácticamente mínimas con respecto a las posibilidades: apenas “chapa y pintura”, y la pérdida de una escapada que, ganadora, llegó a meta destacada del pelotón. Es el segundo accidente de un vehículo de carrera con ciclistas acaecido en este Tour tras la embestida de una moto de Getty Images al danés Nicki Sörensen (Saxo Bank); dos tragedias potenciales cuyo marco no debería distraer la atención de su causa, el sobredimensionamiento de la flota de vehículos acompañantes de este Tour de Francia.
En el plano estrictamente deportivo, la jornada de hoy supuso una alegría para el ciclismo español gracias a la victoria de Luis León Sánchez (Rabobank). El murciano se valió del trabajo desaforado de Thomas Voeckler, encendido en pos del maillot amarillo con el cual finalmente se hizo, para conseguir su tercera victoria de etapa en una ‘Grande Boucle’ y colocarse de paso en las primeras posiciones de la general, circunstancia que no es baladí toda vez que su líder Robert Gesink anda mermado por una caída y quizá deba entregar los galones. También magullado entró en meta, a cuatro minutos y dentro del grupo de favoritos, Alberto Contador. El madrileño se queja de dolores en su rodilla derecha tras sufrir un enganchón con Vladimir Karpets mediada la etapa de hoy. Otro caído que espera mejorar mañana, día de descanso, es Andreas Klöden, único de los cuatro líderes de RadioShack indemne… hasta hoy, cuando la misma caída que eliminó a Van der Broeck y Vinokourov le ha mandado al hospital en busca de diagnóstico. Gajes del Tour.

Wiggins, Horner y Leipheimer no van a ganar el Tour

No hay noticia en una victoria de Cavendish en una etapa completamente llana en cuyos veinticinco últimos kilómetros apenas sí hay media docena de curvas. Su HTC es pura precisión, y las condiciones ideales de hoy favorecieron una prestación milimétricamente perfecta. Velits, Eisel, Martin, Goss y Renshaw cumplieron a la perfección con su labor y dejaron a Manx Express lanzado a 200 metros de meta con la única misión de acelerar un poco para contrarrestar el potente esprint planteado por André Greipel (cara al aire durante 300 metros, pura ansia de resarcimiento) y mantener a raya a un Alessandro Petacchi que optó por seguir la rueda del británico en lugar de por su característico demarraje largo. Triunfo fácil para Cavendish y nuevo entorchado verde para un José Joaquín Rojas cuyas limitaciones en las ‘volatas’ puras, de velocidad y tentetieso, quedaron hoy en evidencia. El murciano debe jugar otras bazas para imponerse en la clasificación de la regularidad; lo sabe y lo está haciendo con cierto éxito.
Las novedades no se hallaron en la resolución de la etapa, sino en los kilómetros anteriores. Faltando algo más de una treinta para el final, una caída a mitad del pelotón dejó fuera de juego a una parte importante del mismo, afectando a potenciales contendientes a la ‘volata’ final (Tyler Farrar, Edvald Boasson Hagen) y también a favoritos para la general. Ante el inmediato tirón en el pelotón de supervivientes, forzado entre otros por un Leopard Trek inmisericorde y con el insólito ‘fair play’ de muchos de sus ciclistas en Stockeu completamente olvidado, Levi Leipheimer (RadioShack) logró concluir con sólo tres minutos de pérdida; su coequipier Chris Horner, mucho más magullado, llegó último a más de doce. Peor suerte corrió un Bradley Wiggins (Sky) que integró, junto a Rémi Pauriol (FDJ, esperado atacante en las etapas de media montaña) y Tom Boonen, la lista de abandonos del día.
El líder del conjunto Sky fue, sin duda, el más dramático de los damnificados de hoy. La escuadra británica había puesto todas sus esperanzas, después de la valiosa victoria de etapa de ayer, en sus opciones de concluir en buena posición en la general. Sirva como muestra el hecho de que la totalidad del equipo se retrasó con la vana esperanza de que pudiera reemprender la marcha, ignorantes de su clavícula fracturada. La baja de Wiggins deja a Sky sin un referente claro y aparentemente fiable de cara a París como era el reciente ganador del Dauphiné, cuarto en el Tour hace dos años. Su testigo podrían recogerlo el intermitente Rigoberto Urán, el sólido Geraint Thomas o incluso un Edvald Boasson Hagen al cual no se establecen límites, a pesar de ser frágil a priori en la alta montaña. Contaran con el inevitable hándicap de tener que cambiar el chip de improviso y los tres minutos de pérdida acumulados en el día de hoy.
Respecto de RadioShack, los sucesos perjudiciales acaecidos las jornadas precedentes parecen haberse extendido más allá de esos días lluviosos donde perdieron a Brajkovic. Con la prácticamente segura baja de Horner pierden a un hombre que, dejando aparte de una elevada autoconfianza que le llevó a afirmar que sólo Contador estaba por encima suya en montaña, auguraba una prestación buena y sobre todo bastante expectación. Por otra parte, los cuatro minutos y medio de desventaja acumulados por Leipheimer alejan definitivamente al veterano ciclista estadounidense de las posiciones de privilegio y le obligan a replantear cuando menos su táctica y quién sabe si también su rol de cara a una mayor recompensa para su desempeño.
En definitiva, las desdichas dejan a Andreas Klöden como único candidato de RadioShack indemne, presto y dispuesto para luchar por la general del Tour de Francia. Frente a él, en el aperitivo de mañana en SuperBesse (primer final en alto más o menos serio donde los escaladores contaran con verdadera ventaja respecto de los hombres potentes), estarán los inevitables Contador y Andy Schleck, el superlativo Evans que bien podría romper el esperado duopolio del madrileño y el luxemburgués, y un nutrido grupo de candidatos a sorprender (o al menos resistir lo máximo posible) encabezado por Robert Gesink, Jurgen Van der Broeck, Alexandre Vinokourov e Ivan Basso. La lucha empezará a partir de mañana, con una nueva jornada de la cual quizá extraigamos el nombre de algún ciclista más que no va a ganar el Tour pero pocas certezas más. Al fin y al cabo, esta carrera en sus primeros compases es pura resistencia. Y supervivencia.

Delante y detrás de la lluvia

Delante de la lluvia que acompañó durante la práctica totalidad de la jornada de hoy al pelotón viajó durante gran parte de la etapa una fuga de cinco esforzados de la ruta que, puro coraje, se lanzaron a por todas desde el inicio de la jornada. Un contrarrelojista cuya clase viene anunciada desde hace años, Adriano Malori de Lampre; un colombiano atípico de Cofidis, Leonardo Duque; una verdadera fuerza de la naturaleza en busca del gran resultado que le saque a la palestra, Anthony Roux de FDJ; dos ciclistas que, siguiendo la idiosincrasia de su equipo (Vacansoleil), atacan sin temple y la mayoría de veces sin beneficio, Johnny Hoogerland y Lieuwe Westra.
Avanzaron juntos, mojados pero no empapados, protegidos por el viento de cola, hasta el momento en el cual se rompió su entendimiento. Se atacaron entre sí, como si no fuera suficiente con la agresión de la lluvia, hasta que sólo quedó en cabeza el homérico Malori. Buscaba atraer hacia el maillot blu-fucsia los ojos de unos aficionados que difícilmente volverán a observar la prenda con atención, toda vez que su principal esprinter Alessandro Petacchi se ha diluido en el aluvión de jóvenes velocistas y su líder para la general Damiano Cunego parece destinado a ser arrastrado por la corriente a las catacumbas de la clasificación con el paso de los días y el inicio de las hostilidades entre los grandes favoritos. La empresa de Malori naufragó a menos de cinco kilómetros de meta…
Detrás de la lluvia, lejos del pelotón, se quedaron multitud de hombres cuyo pecado consiste en no haber estado donde debían cuando debían. Errores de colocación, despistes propios o ajenos… resultan en caídas y cortes que merman las prestaciones. Y la salud, claro. Ciclistas ya debilitados, como Chavanel, Boonen, Intxausti o Amador, se quedaron descolgados por diversos incidentes y tuvieron que resentirse de sus heridas lejos de la cabeza de carrera, junto al habitual bloque de gregarios de un Contador que llegó solo en el pelotón, huérfano de coequipiers, y trató de buscar pelea en el repecho final sin fortuna. Aún más abandonado, náufrago en medio de la lluvia, quedó un Kiryienka cuya tardía llegada a meta fue saludada por los comisarios del Tour de Francia con un fuera de control.
Los perjudicados más significativos de estos días donde la lluvia está haciendo acto de presencia para provocar la marejada en el seno del pelotón están siendo, sin duda, los hombres del conjunto RadioShack. Johan Bruyneel presentaba cuatro posibles líderes en la salida de Vendée, potenciales top10 e incluso aspirantes al podio: Janez Brajkovic, Levi Leipheimer, Chris Horner y Andreas Klöden. Sólo los dos últimos se mantienen indemnes, secos de percances reseñables. Leipheimer perdió de vista la lluvia de hoy con una caída cerca de meta que le ha costado algo más de un minuto de pérdida; Brajkovic ni siquiera llegó a verla, sepultado ayer por una escalofriante caída que le fuerza a poner sus miras en la próxima Vuelta a España para evitar que su hoja de servicios de esta temporada quede en blanco.

De entre la lluvia, siguiendo la rueda de un Bauke Mollema valiente y quimérico, apareció Geraint Thomas con su maillot de mejor joven; reconocimiento para un corredor tan bisoño como polifacético, con tantos años por delante como posibilidades de deslumbrar en un futuro. A su rueda otro prodigio: Edvald Boasson Hagen. Coequipiers en Sky, talentos solapados entre sí por fuerza y ambición, pero complementarios por cuanto uno (Thomas) aporta la consistencia y el otro (Boasson Hagen) pone el instinto ganador, ese que le lleva a atesorar 52 victorias en seis años como profesional (11 de ellas en el ProTour) con sólo 24 años. El galés lanzó al noruego, y éste sencillamente mantuvo a raya a su compatriota Thor Hushovd y el minusvalorado Matthew Goss. Triunfo sensacional para un vikingo destinado a coleccionar trofeos en todas las circunstancias posibles y por muchos años, llueva o truene por el camino.

Fotos: Cyclingnews y Movistar Team

Un repecho y el efecto de recencia

Le etapa amenazaba tormenta, y la tormenta no se hizo de rogar. Conidciones meteorológicas aparte, el Mûr-de-Bretagne (traducido de manera algo ‘sui generis’ al español como Muro de Bretaña, cuando en francés significaría “Maduro de Bretaña”) anunciaba batalla a pesar de ser poco más que un repecho duro en su primer kilómetro y una subida suave en el segundo. Era final de etapa. Y los ánimos estaban caldeados…
Había un favorito, el vigente campeón Alberto Contador, que debía dispersar en el ambiente del Tour la sensación de debilidad ofrecida durante el primer fin de semana de competición, saldado con 1’38” de pérdida respecto de su máximo rival Andy Schleck. La ocasión de hoy era propicia, y tenía además precedentes positivos. En el reciente Giro de Italia, el pinteño dio su primer golpe de mano en una llegada similar en Tropea, después de suscitar dudas en los días anteriores. En el pasado Tour, Contador consiguió en la empinada y corta subida de Mende diez segundos sobre Andy Schleck.
El ataque estaba, pues, más que cantado. Llegó a kilómetro y medio de meta, cuando el “muro” bretón alcanzaba su máxima pendiente. Contador había avanzado hasta la cabeza del pelotón prácticamente en solitario, apenas ayudado por un coequipier de Saxo Bank, para situarse a la par de un opulento Leopard Trek que contaba con Fuglsang y los dos hermanos Schleck entre los veinte primeros del grupo. Fränk incluso viajaba a rueda del superclase madrileño, pero no pudo contener su demarraje; tuvo que ser Gilbert el encargado de cerrar el hueco, beneficiado sin duda por el viento de cara que según Evans sufrieron los corredores durante la mayor parte de la subida.
Posteriormente se desarrolló la lucha por la etapa, caótica para beneficio de la inercia por dos factores. El primero, un Evans pletórico que se mostró pronto como el más fuerte de los contendientes y condicionó con ello el movimiento de otros favoritos; el segundo, un Gilbert empeñado en ganar cuyo ansia le llevó a desperdiciar la superioridad numérica de su Omega Pharma con un movimiento tan lamentable como fue anular el tirón de su compañero Jurgen Van der Broeck pensando en que sería un buen lanzamiento para su hoy débil esprint.
A la postre fue Cadel Evans quien se llevó el gato al agua con un impresionante esprint de 200 metros que, si bien no logró arrebatar el amarillo a Thor Hushovd, si consiguió dejar con la miel en los labios a un Contador que llegó a creerse ganador. El pinteño no se llevó la etapa, pero consiguió derrotar con ocho segundos de diferencia a otros favoritos como Gesink, Basso o el propio Andy Schleck. Una ventaja ciertamente anecdótica en términos numéricos, pero muy valiosa en el psicológico.
En el proceso de memorización, existen dos efectos preponderantes y muy a tener en cuenta en el estadío moral de los favoritos de este Tour: primacía y recencia; el primer recuerdo y el último marcan nuestros pensamientos en torno a un asunto. El 1’20” de la primera etapa, provocados por una caída, y los 8” del repecho de hoy, fruto meramente de una diferencia de prestaciones entre los distintos corredores, son la sensación latente ahora mismo entre los aspirantes a la clasificación general de este Tour de Francia. Es por ello que, de cara a futuras etapas como la de Super Besse (el sábado), lo sucedido hoy en el repecho del Muro de Bretaña puede jugar un papel clave. Más allá del efecto de los números estará el efecto de recencia…

Sublime Garmin

En un inicio de Tour de Francia donde el ojo de la polémica ha estado situado sobre los hombros de Alberto Contador y el 1’38” cedido por éste ante un Andy Schleck frío y camuflado en su Leopard Trek, el plano deportivo está teniendo varios protagonistas meritorios. Philippe Gilbert estuvo espléndido en la etapa inaugural y espera ávido el final en el Mur de Bretagne que tendrá lugar mañana. Cadel Evans se ha mostrado excelentemente impulsivo ante lo que desde su entorno se percibe como “una gran ocasión de ganar el Tour”; ayer tiró de sus coequipiers de BMC hasta un excelente segundo puesto en la CRE. José Joaquín Rojas, por su parte, está haciendo acopio de sus variadísimas virtudes y enfocándolas en imponerse en la clasificación de la regularidad, cuyo maillot verde ya relega a su deseado entorchado de campeón de España…
Pero el gran nombre es, sin duda, Garmin. La victoria en la crono por escuadras de Les Essarts y el esprint ganador de Tyler Farrar en Redon suponen un culmen para la labor del mánager Jonathan Vaughters y su pléyade de técnicos y ciclistas. Dos grandes éxitos que recompensan a la perfección su filosofía de trabajo, de conjunto y detalle, por llegar en el inigualable escenario del Tour de Francia y, sobre todo, por su naturaleza colectiva y solidaria.
En los 23 km del domingo se vio un Garmin conjuntado, capaz de optimizar al máximo sus recursos y llegar al final del recorrido con los seis ciclistas aconsejables: cinco para marcar el tiempo y uno de reserva. La CRE es una disciplina especial donde para triunfar es necesario tener una técnica depurada y una táctica calculada que permitan quemar las naves en el momento adecuado a la par que se mantiene un ritmo máximo. Garmin la domina gracias a un trabajo concienzudo y continuo que, sin embargo, llevaba desde febrero de 2009 (crono inaugural de la Vuelta a Qatar) sin resultar en una victoria para el conjunto conocido como ‘argyle’ por los rombos escoceses que luce en el maillot desde su creación.
Entre los tres corredores descolgados en la crono por equipos figuraban dos de los vagones claves del triunfo de hoy, Tyler Farrar y Julian Dean. Guardaron energía, su CRE duró unos kilómetros menos, y eso lo han notado en la ‘volata’ de hoy. En ella emergieron a rueda de un superlativo David Millar a menos de un kilómetro de meta, aprovechando el descontrol generado por los acelerones de Danilo Hondo y Geraint Thomas, la caída de Samuel Dumoulin y el exceso de confianza de un HTC desarbolado. Una vez en cabeza, Thor Hushovd arrancó y les ofreció su preciada rueda de campeón del mundo y vigente líder del Tour de Francia, humildad y compañerismo ante todo…
A pesar del duelo planteado por Rojas y el golpe de riñón final de Feillu, la victoria de Farrar fue clara. Para hacer aún más sublime la actuación de Garmin, el esprinter americano entró en meta formando una W con las manos en recuerdo de su fallecido amigo Wouter Weylandt. Entre la adrenalina y el trabajo duro, fue la dosis de emoción necesaria para encumbrar al excelso conjunto de Jonathan Vaughters.

El ridículo táctico de Saxo Bank

Las caídas son un elemento inherente al ciclismo, un riesgo latente y a veces también un tributo a pagar. En una carrera como el Tour, nerviosa por constituir un gran escenario, multitudinaria por congregar a dos centenares de ciclistas y a millares de aficionados en cada una de sus etapas, el riesgo se multiplica y el tributo suele subir. Así sucedió hace doce años cuando Zülle perdió un maillot amarillo que pudo ser suyo en el Passage de Gois de donde partió esta mañana la ‘Grande Boucle’…
Así ha sucedido también hoy a ocho kilómetros de la meta del Mont des Alouettes, cuando una de las personas que visionaban la carrera sin mayores pretensiones se convirtió en protagonista involuntaria del día y quizá de la carrera derribando a un Astaná y provocando una enorme montonera que atrapó en su vorágine a los dos principales favoritos españoles para la general de esta edición del Tour de Francia, Samuel Sánchez y Alberto Contador.
Las circunstancias de ambos fueron completamente diferentes. La caída se produjo en la parte derecha del pelotón, más o menos a la altura del quincuagésimo corredor. Samuel viajaba, con al menos cuatro compañeros, alrededor del nonagésimo lugar y en la orilla izquierda: estuvo a punto de librar la caída, pero un corredor de Katusha le arrastró al suelo. Contador, por su parte, se encontraba en mediada la segunda mitad del pelotón y con apenas tres coequipiers (Porte, Sörensen y Navarro) junto a él. No llegó a caer al suelo, pero se vio bloqueado por la barrera de ciclistas y bicicletas que se interponía entre él y la cabeza de carrera.
El resto de los Saxo Bank habían levantado el pie unos kilómetros antes, siguiendo la estrategia ya efectuada el año pasado por Astaná en este mismo escenario, y no estaban disponibles para ayudar a Contador a solventar la urgencia que se había presentado. Ello se tradujo en una caza desesperada, sostenida la mayor parte del tiempo por Euskaltel para mayor oprobio y ridículo táctico de los ciclistas dirigidos por Bjarne Riis.
Los demás favoritos, en su totalidad, salvaron esa primera incidencia y quedaron encuadrados en un primer grupo de alrededor de ochenta ciclistas. La posterior, a dos kilómetros de meta, afectó a ‘tops’ como Andy Schleck, Robert Gesink o Bradley Wiggins; sin embargo, no contó para la general siguiendo la popularmente conocida como norma de los tres kilómetros, que dicta que a los corredores que sufran caídas, averías o pinchazos dentro de los tres últimos kilómetros se les asignará el tiempo del grupo en el cual viajaran en el momento de la incidencia.
El hecho es que las provisiones de la UCI establecen que esta ley queda sin efecto en los finales en alto y la etapa de hoy acabara en un puerto de cuarta, lo cual puede suscitar discusiones: ¿por qué ASO dispuso en su libro de normas que en esta etapa sí afectar la norma de los tres kilómetros, divergiendo con la UCI?
Sea como fuere, lo cierto es que las normas particulares del Tour de Francia indicaban claramente esta circunstancia. Por ello, la minucia no resta gravedad a la verdadera clave de la jornada de hoy: el naufragio táctico de Saxo Bank, y por ende de un Contador que no dispuso de compañeros para empalmar con el grupo de cabeza tras la montonera que le atrapó por ir mal situado dentro del pelotón. No es tolerable que, mientras todos los favoritos viajan en cabeza del grupo, el vigente campeón lo haga en la cola y sin apenas coequipiers junto a él. La etapa de hoy ha sido un desastre que, para más inri, probablemente será ampliado en el día de mañana con una crono por equipos (corta: sólo 23 km) en la cual el Leopard Trek de los Schleck es netamente superior al Saxo Bank del pinteño. El Tour de Francia no podría haber empezado peor para un Contador que, desde hoy, corre a contrapié.

¿Llegará Contador en buena forma al Tour de Francia?

Este sábado al mediodía, aprovechando la Marcha auspiciada por su Fundación y organizada por Cadalsa, Alberto Contador ha anunciado su participación en el próximo Tour de Francia. Resuelve con ello la incógnita en torno a su presencia en la salida del Paso de Gois el sábado 2 de julio, si bien ésta estaba ya casi resuelta una vez había sido conocida por cauces no oficiales junto a su comparecencia en el Campeonato de España CRI de Castellón. La pregunta ahora es si Contador será capaz de llegar en un estado apropiado al Tour de Francia, empresa harto complicada por cuanto deberá superar multitud de factores y romper con numerosos precedentes cuyo análisis hará más meritoria si cabe una buena actuación del pinteño en la ‘Grande Boucle’

El estado físico, dependiente del psicológico

Correr [y ganar] un Giro de Italia deja una terrible fatiga en el cuerpo de cualquier ciclista, tanto en el plano físico como el psicológico. Los músculos están al límite y los valores hematológicos muy bajos: es el turno del sistema hormonal, que es el responsable de la recuperación del resentido cuerpo del corredor. En su labor influye decisivamente el sistema nervioso, quien transmite al hormonal las señales necesarias para apremiarlo; la fatiga de éste, el estrés, el cansancio psicológico en definitiva, pueden mermar la efectividad de la recuperación e incluso poner en peligro su efectuación. El establecimiento de un tiempo de descanso, en el caso de Alberto once días en los cuales no ha cogido la bicicleta “en serio”, tiene una doble función: dar tiempo al sistema hormonal para trabajar y a su cabeza (principal componente de su sistema nervioso) para recuperar un estadío positivo.
No es una cuestión, por tanto, de tono muscular. Este se habrá perdido ligeramente en esos once días vacantes, pero no de una manera significativa; tampoco la fatiga del Giro, si no llega al extremo de derruir completamente el físico y la mente del corredor como no parece haber sucedido en un Alberto que no llegó al límite en la tercera semana de la ‘corsa rosa’, debe influir decisivamente. Esto se explica por el principio de la supercompensación. El cuerpo, sometido a ejercicio físico intenso, es como un muelle: se va contrayendo (baja su rendimiento) cuanta más carga recibe (más actividad física)… y, una vez cesa la carga (para la actividad física), reacciona recuperando su estado original e incluso haciéndose más grande (mejorando sus prestaciones) si es de buena calidad (ergo su sistema hormonal y nervioso trabajan bien en la “reconstrucción” del músculo y el cuerpo en general).
En la misma sintonía están los valores hematológicos. Estos también deberán restituirse durante las épocas de descanso y entrenamiento previas al Tour. Primero, deberán llegar a los parámetros normales en el pinteño, proceso que puede tomar en torno a dos semanas. Después llegará el momento de intentar mejorarlos, como hace cualquier deportista antes de cualquier competición importante. En condiciones normales aplicadas al caso de Alberto, no se podría recurrir a una concentración en altitud puesto que estas requieren unos veinte días para ser efectivas. Sin embargo, las excepcionales condiciones físicas del ciclista de Saxo Bank y su continua exposición a este tipo de ‘stages’ pueden acortar estos plazos… Y, en todo caso, siempre puede recurrirse a las famosas cámaras hipobáricas.
En conclusión: es posible para Contador llegar en buena forma física al próximo Tour de Francia. Todo dependerá de la reacción de su sistema hormonal a la fatiga del reciente Giro de Italia y, en primera instancia, de su manera de afrontar la fatiga psicológica que seguramente éste haya dejado en el pinteño.
Los antecedentes juegan en contra de Contador
El año pasado, ninguno de los quince primeros clasificados del Tour de Francia había participado en el Giro de Italia. En las últimas cinco campañas, sólo un hombre ha sido capaz de clasificarse entre los diez primeros de ambas pruebas en el mismo año: Denis Menchov, siendo quinto en el Giro y tercero en el Tour en 2008. Si ampliamos la consideración al top15, han conseguido ese hito cinco corredores: el citado Menchov, Lance Armstrong, Tadej Valjavec, David Arroyo y Damiano Cunego. En los últimos veinte años, sólo tres hombres han hecho podio en Giro y Tour el mismo año: Marco Pantani, Miguel Indurain y Claudio Chiapucci. En toda la historia, sólo seis esforzados de la ruta han ganado ambas pruebas en una temporada: los citados Pantani e Indurain (dos veces), Stephen Roche, Bernard Hinault (dos), Eddy Merckx (tres), Jacques Anquetil y Fausto Coppi. Estos y otros datos que engrandecen aún más la posibilidad de que Contador consiga dar buenas prestaciones en ambas pruebas este año 2011 pueden verse en el gráfico adjunto…
Así las cosas, sólo queda esperar y ver si Contador será capaz de marcar un nuevo hito en la historia del ciclismo.
PD 1: Hay una errata en el gráfico. También David Arroyo tomará parte en el próximo Tour de Francia tras completar el pasado Giro.


PD 2: Quizá algún experto o conocedor de la preparación física haya advertido inexactitudes y simplificaciones en esta parte del artículo. Obviamente, las hay: el objetivo del texto es explicar a personas sin un conocimiento excesivo de este tema un supuesto sobre la recuperación de Alberto Contador de los esfuerzos del pasado Giro con objeto de afrontar el próximo Tour de Francia. Por ello, ha sido aconsejable reducir la complejidad de ciertos conceptos e incluso eliminar algunos. Espero no haber cometido ningún error de bulto y haber transmitido adecuadamente lo que sé de este tema, aprendido mayormente del preparador físico Servando Velarde (alma máter de Proyecto CIDi), mi cuñado Francis Roda (licenciado en INEF), varias lecturas realizadas a titulo personal… y, por supuesto, mis profesores de Biología desde Secundaria =)

Geox se queda fuera del Tour de Francia 2011

La empresa ASO ha anunciado hoy la nómina de escuadras participantes en la próxima edición del Tour de Francia. En ella figuran, como es preceptivo por la actual normativa mundial del ciclismo, los dieciocho equipos ProTeam (de Primera División); junto a ellos, cuatro invitados: los franceses Cofidis, FDJ, Europcar y Saur-Sojasun. Un plantel en el cual brilla por su ausencia el conjunto de Denis Menchov y Carlos Sastre, Geox-TMC, que tampoco estará en París-Niza y Tirreno-Adriático, primeras citas importantes de la temporada ciclista.
La concesión por parte de ASO de sus cuatro ‘wild card’ a formaciones francesas es lógica y poco discutible si obviamos que llevaba implícito dejar fuera de la carrera a Geox. Cofidis es una estructura potente y combativa que pone salsa allá donde participa. FDJ acumula en su plantilla a importantes ciclistas franceses como Fédrigo o Casar a quienes no hubiera sido lógico dejar fuera. Europcar tiene cierto valor deportivo y está radicado en la región de Vendée, en la cual será la Grand Départ de la ronda francesa este 2011. Y Saur-Sojasun, por su parte, tiene un buen grupo de corredores (con la gran promesa gala Jérôme Coppel a la cabeza) y lleva años haciendo méritos ante ASO, que había contraído ya una deuda moral ante la escuadra y su patrocinador.
No cabe duda de que los cuatro equipos invitados han hecho méritos para estar en la salida del Tour de Francia 2011. El problema es la existencia de un quinto, con un valor deportivo quizá superior y damnificado por el reparto. El equipo Geox-TMC, antiguo Footon-Servetto, presenta este año un potencial muy superior al de temporadas anteriores gracias a incorporaciones de la calidad de Denis Menchov (tercero en el pasado Tour) ó Carlos Sastre (ganador de la ronda francesa en 2008). Con esos dos ciclistas como capitanes y un buen bloque tras ellos con ciclistas contrastados como Juanjo Cobo, David De la Fuente o David Blanco, y jóvenes como Rafa Valls, Fabio Duarte o Fabio Felline, Geox podría presentar un ‘nueve’ capaz de ser protagonista en cualquier prueba por etapas.
Las controversias (y consecuencias) de la no invitación de Geox
“No creo que haya más de cinco equipos en el mundo capaces de presentar un mejor bloque para una gran vuelta”, afirma Joxean Fernández ‘Matxin’, director de Geox, en declaraciones a Arueda.com. “No se ha valorado lo suficiente la calidad deportiva del equipo. Han mandado más otras cuestiones”. Preguntado por si siente que la escuadra está siendo perseguida por las altas instancias del ciclismo, el técnico vizcaíno contesta: “No. Simplemente no está siendo valorado como merece. Con esto, se está faltando al respeto a los corredores que forman parte de este proyecto”.
Los corredores. Otros damnificados. La reacción de los líderes del equipo no se ha hecho esperar. Carlos Sastre, a través de su servicio de prensa y Cyclingnews.com, ha declarado: “después de diez años en los que he podido asistir a la ronda gala, el no poder hacerlo en este 2011 es un palo. Es la decisión de ASO y no podemos hacer nada ante esto. Hay otras carreras: estaremos en el Giro, y también en la Vuelta”. Por su parte, Menchov ha sido “el primero en llamar” a Matxin para redefinir su calendario: a partir de ahora, no habrá otro horizonte para el ruso que la ‘corsa rosa’, el próximo 7 de mayo, en Turín.
Otra cara de la no invitación de Geox al próximo Tour es los rumores desatados en torno a la escuadra, cuyo turbulento invierno ha sido una constante fuente de noticias. Se apuntaba en los mentideros a una posible espantá de corredores y espónsors. Sastre sesgaba de cuajo los rumores en torno a su persona (“No tengo ninguna razón para dejar mi equipo”), mientras Matxin negaba cualquier asomo de intención por parte de Menchov de dejar el equipo. ¿Y los patrocinadores? “Acabo de salir de una reunión con todos ellos para acabar de definir el nuevo maillot”, revela el director vizcaíno. Se filtró que, sin Tour, Geox quizá retirara su apoyo a la escuadra. “A lo mejor fue un método de presión. No es lo que nos han transmitido en ningún momento a los miembros del equipo”.
La no inclusión en el plantel del Tour no ha sido la única noticia mala recibida hoy por Geox. La escuadra tampoco ha sido invitada a participar en París-Niza (también organizada por ASO) ni en Tirreno-Adriático (de RCS, empresa reponsable del Giro). Respecto a esta última carrera, Matxin comenta: “No creo que faltemos en la línea de salida. Sólo se han anunciado veinte escuadras; faltan dos plazas y espero que una sea para nosotros. Eso sí: habrá que esperar”.
En cualquier caso, el de hoy ha sido un día negro para Geox; un equipo que vive a trompicones, en una montaña rusa, desde aquel aciago día de julio en el cual Riccardo Ricco’ dio positivo. Un Ricco’ que, por cierto, sí estará presente en el Tour de Francia en las filas del conjunto Vacansoleil.

El Tour y la extinción de los contrarrelojistas

Observando las cifras del Tour de Francia de 2011, presentado ayer entre grandes fastos en París con todos los grandes personajes del ciclismo menos los mal mirados Petacchi y Contador, lo primero que salta a la vista es una falta de kilometraje un poco triste. Lejos de las ediciones bestiales de finales del siglo pasado, donde las etapas resultaban largas para desgastar a los llamados “escaladores puros”. Poco a poco, la Grande Boucle ha ido siguiendo el ejemplo de Giro y Vuelta: acortar sus etapas y dotarlas de alicientes en su parte final, sacrificando la dureza, el cansancio físico, en pos del espectáculo; un contrasentido difícilmente comprensible si nos movemos en los parámetros del deporte tradicional, pero mucho más admisible si contextualizamos el hecho dentro del deporte, digamos, mediático.
La tendencia en las grandes vueltas es no castigar las piernas del corredor pensando en que llegue con fuerzas a las escaramuzas preparadas en los finales de etapa, tendiéndole incluso recorridos con puertos a media etapa y terreno favorable después para que se envalentone, proporcione media hora de subida extraordinaria y una hora y media de persecución a brazo partido con el gran grupo. Huelga decir que eso rara vez sucede con hombres de la general; sólo los cazaetapas gustan de ese tipo de recorridos, lo cual convierte la carrera en un espectáculo consumible pero carente de chicha real. Un espectáculo, en definitiva, prescindible. Ningún aficionado medio quiere ver día tras día a corredores de segundo nivel batirse el cobre en trazados teóricamente alpinos mientras los grandes circulan en grupo a diez minutos de cabeza de carrera y traban amistades…

Sin entran en consideraciones más particulares, una de las cifras que más llama la atención del recorrido del Tour 2011 es la de los kilómetros contrarreloj. Apenas 41 kilómetros individuales, el penúltimo día en Grenoble, y 23 por equipos, la segunda jornada de competición en Les Essarts. Apenas 64 kilómetros, en la línea de los poco más de sesenta del año pasado, contrapuestos a los 141’5 de 2005 o los 171’5 (de los cuales 102 individuales) de 2003.
En ninguno de los últimos cuatro Tours se ha superado el centenar de kilómetros contrarreloj totales, una cifra que se superaba de sobra en todas las ediciones anteriores de la Grande Boucle. Cuestión de tendencias: hay poco de lo que sorprenderse, tampoco en Vuelta o Giro se apuesta demasiado por la lucha del ciclista contra el crono… con la consiguiente pérdida de matices que ello acarrea.
Una de las grandes atracciones de las grandes vueltas, de los clásicos, ha sido la lucha denodada entre escaladores y contrarrelojistas. Los unos sabían que debían aprovechar la montaña al máximo para marcar diferencias; los otros, que su objetivo era defenderse como gato panza arriba en las subidas para administrar las rentas obtenidas en las cronos. Esta lucha, que tan épicos y emocionantes duelos nos deparaba, se ha perdido. Ya no hay una contrarreloj antes del primer bloque montañoso y otra al final de la prueba, una para desequilibrar la balanza y otra para dar la posibilidad de reequilibrarla. No. Ya sólo se hace la del final, sumada al prólogo o la CRE… una ración pírrica de lucha contra el crono.
Ya no sale rentable ser contrarrelojista. Al menos, para ganar grandes vueltas. Los pocos especialistas que quedan son rematadamente puros, como David Millar o Fabian Cancellara. Los hay que aún se atreven a pensar en las rondas de tres semanas siendo rodadores, como Tony Martin o Richie Porte. Pero son los menos.
Quizá esto sea consecuencia de estas tendencias modernas en el recorrido de las grandes vueltas. O quizá lo que desencadene este hecho, la progresiva extinción de los contrarrelojistas, es la multidimensionalidad de los corredores. Venimos de un ciclismo poco tecnificado donde se potenciaba la mejor cualidad del corredor pensando en lo que ganaría gracias a ella: se le hacía unidimensional. Y avanzamos cada vez más hacia ciclistas a los que se hace evolucionar en todos los terrenos posibles para limitar las pérdidas: multidimensionales.
El dilema es el siguiente: ¿han cambiado los recorridos porque han cambiado los ciclistas? ¿O han cambiado los ciclistas porque han cambiado el recorrido? El dilema del huevo y la gallina, pero con un matiz extra. ¿Puede ser que la tecnificación haya equiparado a gregarios y líderes, aumentando la importancia del colectivo y con ello haciendo las carreras propensas al inmovilismo? El círculo vicioso: ¿sería la solución una nueva potenciación de la disciplina de la lucha contra el cronómetro, donde uno se vale por sí solo y el equipo no cuenta? De estas dos últimas premisas hablaremos en otra ocasión…