Gajes del Tour

El pelotón del Tour de Francia no ha ganado para sustos en esta primera semana. Caídas e incidentes de diversa índole han estado a la orden del día, siendo habitualmente la principal noticia de cada jornada por encima de las evoluciones deportivas de la misma. Esa tendencia, aborrecible, ha tenido hoy su apogeo. El pelotón, viajando de camino a Saint Flour por un recorrido quebrado, ha perdido a dos candidatos al podio, visto magullarse a su vigente campeón e incluso presenciado el execrable atropello de dos escapados por parte de un coche de la televisión francesa.
Resulta difícil encontrar un porqué para este Tour tan accidentado. El hecho es que sus 18 retirados en la novena etapa constituyen una marca excesiva, la mayor desde la durísima edición de 2003, cuando se registraban 26 abandonos a estas alturas de carrera tras las jornadas de Morzine-Avoiraz, Alpe d’Huez y Gap; en este Tour, sin embargo, la dificultad montañosa más reseñable ha sido la cima de SuperBesse donde ayer se impuso Rui Costa. Las cifras se tornan escalofriantes cuando se recuentan las causas de los abandonos y se halla que 14 de ellos han venido por caídas. Desde dentro del pelotón se habla del “nerviosismo” y la “tensión” como el principal motivo de estos incidentes.
Un análisis más frío arroja algunos posibles motivos más allá del estadío psicológico del pelotón. Uno de ellos es lo apretado de la clasificación general: ninguna de estas nuevas primeras etapas han sido verdaderamente selectivas de cara a ésta, y esto provoca que existan más candidatos a lucir en la misma con ganas de defender sus opciones peleando por la posición dentro del pelotón, aumentando con ello el riesgo de incidientes y, en general, el peligro.
Otro factor es el tamaño del pelotón. Los 198 ciclistas (veintidós equipos con nueve corredores cada uno) que tomaron la salida suponen la mayor participación en quince años, junto a 2003 y 1997 (cuando se repitieron las cifras). La presencia de más elementos en la carrera favorecen la posibilidad de incidencias, y de hecho un análisis de la relación entre el número de participantes y los abandonos por caídas registrados en las últimas seis ediciones del Tour alumbra una posible correspondencia entre estos factores como se puede ver en la tabla adjunta.

Los grandes damnificados de hoy, siguiendo los pasos de Wiggins, Leipheimer y Horner, fueron Alexandre Vinokourov y Jurgen Van der Broeck. Ambos cayeron a media etapa, en un descenso aparentemente sencillo y bien asfaltado en el cual había patinado unos minutos antes el fugado Johnny Hoogerland (Vacansoleil). El líder de Astaná se fracturó el fémur al saltar sobre el guardarraíl, mientras el belga se rompió el omoplato y tuvo que retirarse, mareado, tras un intento vano de continuar. El parte de bajas se completó con las renuncias de Wout Poels y Pavel Brutt y las caídas de Frederik Willems (cuyo abandono, sumado al de su líder Van der Broeck, deja a Omega Pharma con sólo seis ciclistas), David Zabriskie y el vasco Amets Txurruka…
… Pero pudo ser aún mayor si Juan Antonio Flecha y Johnny Hoogerland no hubieran corrido mejor suerte. El catalán de Sky y el holandés de Vacansoleil fueron atropellados a 36 kilómetros de meta por el imprudente conductor de un coche de la televisión francesa. El susto fue mayúsculo y sus consecuencias prácticamente mínimas con respecto a las posibilidades: apenas “chapa y pintura”, y la pérdida de una escapada que, ganadora, llegó a meta destacada del pelotón. Es el segundo accidente de un vehículo de carrera con ciclistas acaecido en este Tour tras la embestida de una moto de Getty Images al danés Nicki Sörensen (Saxo Bank); dos tragedias potenciales cuyo marco no debería distraer la atención de su causa, el sobredimensionamiento de la flota de vehículos acompañantes de este Tour de Francia.
En el plano estrictamente deportivo, la jornada de hoy supuso una alegría para el ciclismo español gracias a la victoria de Luis León Sánchez (Rabobank). El murciano se valió del trabajo desaforado de Thomas Voeckler, encendido en pos del maillot amarillo con el cual finalmente se hizo, para conseguir su tercera victoria de etapa en una ‘Grande Boucle’ y colocarse de paso en las primeras posiciones de la general, circunstancia que no es baladí toda vez que su líder Robert Gesink anda mermado por una caída y quizá deba entregar los galones. También magullado entró en meta, a cuatro minutos y dentro del grupo de favoritos, Alberto Contador. El madrileño se queja de dolores en su rodilla derecha tras sufrir un enganchón con Vladimir Karpets mediada la etapa de hoy. Otro caído que espera mejorar mañana, día de descanso, es Andreas Klöden, único de los cuatro líderes de RadioShack indemne… hasta hoy, cuando la misma caída que eliminó a Van der Broeck y Vinokourov le ha mandado al hospital en busca de diagnóstico. Gajes del Tour.
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¿Y no quería venir a Geelong?

Unas semanas antes de los Campeonatos del Mundo de Australia, Fabian Cancellara no dejaba claro si competiría o no en ellos. Envuelto en una vorágine de incertidumbre en torno a su futuro, con suspicacias en torno a cómo durante la Vuelta a España se había dejado arrastrar hacia los bares por algunos de sus compañeros en el equipo Saxo Bank… lo que menos le convenía era la presión. Y, para ello, nada mejor que hacerse el sueco y dejar en el aire su presencia en Geelong.
Liberado de todos los apremios que le podían extasiar, Cancellara llegó hace una semana a la ciudad australiana, se sacudió el ‘jet lag’ y tomó esta tarde (mañana en España) la salida en la crono dispuesto a arrasar tal y como lo había hecho en tres de los cuatro anteriores Mundiales de la especialidad, donde campeonó con distancias que llegaron a rondar los tres minutos respecto al segundo. Un dominio insultante que repitió de nuevo, siendo el único de los favoritos en completar la segunda vuelta al circuito donde se desarrolló la prueba con menos de medio minuto de pérdida respecto a la primera. Una señal de que fue el mejor de los participantes no sólo en cuanto a fuerzas, sino en cuanto a regularlas.

El resto de competidores estuvieron a la hora de la verdad a años luz. La primera referencia verdaderamente buena la marcó en la segunda tanda el polaco Maciej Bodnar, gregario de Liquigas con mucho motor y juventud de sobra para llegar a las más altas cotas; acabó noveno a más de tres minutos de la locomotora suiza. Michael Rogers y Luis León Sánchez, en la tercera tanda, sostuvieron un duelo intensísimo que acabó con ambos en la zona noble de la clasificación, quinto y séptimo respectivamente, con un retraso final de en torno a dos minutos y medio…
Sólo otros tres ciclistas bajaron de la hora. David Millar fue el único capaz de hacer ver ese espejismo que supone ver a alguien por encima de Cancellara cuando el suizo se encuentra en estado de gracia. Le superó en el primer parcial, situado al final del primer repecho; después cayó a posición de plata ante la irresistible fuerza de ‘Espartaco’. Peor le fueron las cosas al australiano Richie Porte, una de las grandes revelaciones de la temporada, que se fue hundiendo conforme avanzó la prueba y tras circular casi toda la tarde en el podio sólo pudo llevarse la medalla de chocolate. Quien pudo andar más cerca de la Locomotora fue Tony Martin, a quien un pichazo en la primera parte de la carrera le hizo pedalear a contrapié; tras la incidencia se mantuvo en los tiempos de Millar, pero siempre estará la duda de cómo hubieran ido las cosas para él de no haberla sufrido, de si pudiera haber estado con Cancellara o incluso batirle como ya hiciera en la crono larga de la Vuelta a Suiza este año.
La actuación española estuvo algo por encima de lo acostumbrado en estos años de vacas flacas dentro del panorama nacional en esta especialidad. Iván Gutiérrez ya no es el contrarrelojista puro que fuera campeón del mundo sub23 de la disciplina y se maneja en prestaciones mediocres dentro de la élite; hoy fue 17º. Luis León Sánchez, por su parte, dio emoción a la retransmisión de la prueba gracias a su duelo con Rogers y acabó en una dignísima séptima posición.
En el polo opuesto a Cancellara estuvieron, como en la pasada edición de los Mundiales, James Weeks y Reginald Douglas, los triatletas de San Cristóbal y Nieves que suelen competir en esta prueba constituyendo uno de los absurdos que a veces propicia la globalización del ciclismo. Perdiendo veintitrés minutos no hicieron más grande a Cancellara, sólo le pusieron un contrapunto. Lo cierto es que era muy difícil ensanchar la leyenda de la Locomotora suiza más allá de los impresionantes cuatro entorchados en cinco años que acumula en su palmarés. Éste tiene un sabor especial: lo ha conseguido sin presión (según él, eso lo hace más sabroso) gracias a ser no sólo el más fuerte, sino también el más inteligente. Es un superclase para el recuerdo y lo demuestra cuando los focos brillan más intensamente, como los auténticos superclases.

Quieren traerse un Mundial a España

Hace ya unos días que la comitiva española llegó a Geelong para participar en los prácticamente mal denominados Mundiales de Melbourne. Capitaneada por José Luis de Santos en la parte deportiva, con una representación institucional más amplia de lo habitual para defender a capa y espada la candidatura de la ciudad berciana de Ponferrada para optar a la organización de los Mundiales de 2013 y con el siempre eficaz jefe de prensa de la RFEC Luis Román Mendoza para contar sus peripecias. El objetivo: traerse al menos un Mundial a España.
La primera gran opción, esperanza e ilusión, era que los encargados de la candidatura de Ponferrada 2013 fueran quienes consiguieran el primer Mundial para la delegación española esta madrugada, mañana en Australia. Parecían ir bien colocados: los rivales de Florencia, Génova y Hooglede-Gits no tenían demasiado postín ni especial difusión. Además, Ponferrada 2013 había tenido mucho apoyo del Gobierno y la Junta de Castilla y León, aunque no tanto de los medios.
Una vez en Australia, las opciones de la candidatura española comenzaron a bajar enteros. La rumorología, bastante certera en estos casos, señalaba a Florencia como ciudad elegida en el cónclave de trece altos cargos de la UCI que decidiría dónde se desarrollarían los fastos de 2013. Y, efectivamente, este mediodía se confirmó la noticia. La UCI le ha concedido a Italia su cuarto Mundial en quince años; el quinto si contamos Mendrisio, ciudad suiza pero prácticamente italiana. Se dice que la solvencia organizativa de los italianos es admirable… Así pues, Ponferrada deberá esperar un año más para culminar su sueño de organizar un Mundial, dificultado sin duda por no ser una capital de provincia.
Féminas y sub23: opciones remotas
Una vez eliminados los bercianos, a España sólo le queda la opción deportiva para traerse un Mundial; los mejor colocados para ello son, sin duda, los hombres de categoría élite. Entre las chicas, las opciones son mínimas. Rosa Bravo, Ana Belén García y Belén López están por desgracia lejos de las Pooley, Vos o Ardnt; de hecho en la crono de hoy, ganada precisamente por Pooley, Bravo (31ª) y López (33ª) han completado sendas actuaciones anónimas.
En cuanto a los jóvenes, la distancia con la élite existe pero es algo menor. Jesús Herrada, Juan José Lobato, Higinio Fernández y Mikel Landa ya demostraron durante la temporada en general y en el Tour del Porvenir en particular capacidad de codearse con los mejores. En la prueba en ruta, Lobato es una interesantísima baza para el esprint mientras sus compañeros pueden buscar el triunfo mediante fugas. En la CRI, disputada esta mañana, Herrada ha cuajado una notable performance al ser octavo a sólo 1’18” del campeón, el irresistible Taylor Phinney.
Freire, a por su cuarto Mundial
Son los mayores quienes más posibilidades tienen de campeonar en Geelong. José Luis de Santos ha tenido buen criterio para realizar la lista, primando para la prueba en ruta la formación de un equipo sólido y entregado al cántabro Óscar Freire antes que la selección plagada de posibles ganadores que tuvo España en otras ocasiones. Para la contrarreloj ha habido más problemas. Hubo muchas dudas, con Rubén Plaza y Luis León renunciando a tomar parte en ella; pero finalmente se han saldado, como casi todo este año en la selección y en contraste con lo que sucedió en Mendrisio, sin malos rollos. Representarán a España Iván Gutiérrez y Luis León Sánchez, quienes tienen un recorrido adaptado a sus características pero una competencia brutal encabezada por Cancellara, Porte, Martin y Larsson.
En la ruta hay, de inicio, un grupo de seis ciclistas que ejercerán de gregarios y tendrán a Freire como líder, a Gárate como ‘capitano’ y a Samuel como hombre libre. Imanol Erviti, Luis León Sánchez, Rubén Plaza, Carlos Barredo, Haimar Zubeldia y Fran Ventoso llegan a la cita mundialista en un estado de forma óptimo; la mayoría han completado la Vuelta, mientras Zubeldia se ha preparado en las pruebas ProTour canadienses y Ventoso ha hecho lo propio en las semiclásicas italianas y francesas. Todos tienen avales de sobra y se centrarán en proteger a Freire y controlar una carrera que se prevé movida, muy influenciada por el viento. Para ello tendrán la compañía o la animadversión de otras selecciones potentes como Italia (Pozzato, Visconti), Australia (Goss, Evans) o Bélgica (Gilbert), que cuentan también con líderes definidos y quizá opten por dinamitar la prueba para eliminar a esprinters puros como el americano Farrar, el alemán Greipel o el británico Cavendish.
Los puntales de la selección, Gárate, Samuel y Freire, tienen ya sus funciones bien definidas. El hecho de que no habrá pinganillos en la prueba en ruta dota a Juanma Gárate de una importancia especial en los esquemas de la selección: al ser el más veterano del grupo, tomará galones y ejercerá de ‘capitano’; o, lo que es lo mismo, de director fáctico. Él tomará las decisiones y mandará tirar o parar a sus compañeros en función de las necesidades de Freire. Samuel Sánchez, por su parte, podrá jugar sus bazas y no estará atado a las necesidades del cántabro…
El cántabró. Óscar Freire. La mejor baza de todas, el mejor esprinter que ha tenido España en años, con un talento especial para los Mundiales. Ya lleva tres: desde Verona 2004 está empatado con Rik Van Steenbergen, Alfredo Binda y Eddy Merckx en esa plusmarca sólo al alcance de los dioses de este deporte. Su objetivo, de aquí a su retirada, será romperla y colocarse como líder en solitario de ese ránking de ensueño con cuatro impresionantes entorchados. Este año tiene una ocasión de oro con un recorrido que le viene como anillo al dedo y una selección volcada en jugar su baza. El domingo, alrededor de las nueve de la mañana, tras una madrugada donde los aficionados españoles lucharemos a brazo partido con Morfeo, sabremos si Freire consigue traerse ese anhelado Mundial a España.

Qué es un Top 10

¿Habéis oído alguna vez aquello de que las preguntas sobre la vida jamás tienen la misma respuesta cuando se les hace a personas distintas? Pues es así. Tal vez una cuestión científica sea unívoca, pero nunca lo es una cuestión vital. A raíz de eso, y como conclusión para la Vuelta a España, hoy la pregunta es… ¿qué ha significado para cada uno de los ciclistas que han acabado entre los diez primeros la gran ronda española ese puesto de honor?
1. Vincenzo Nibali (Liquigas) Lo Squalo ha sido el gran protagonista de las horas posteriores al podio de Madrid. Era lo de menos tras completar una Vuelta casi anónima, cediendo la responsabilidad al resto de contendientes por la general hasta que en Peña Cabarga se hizo con el liderato prácticamente por eliminación y con ello obtuvo algo de atención mediática. Entonces empezó lo difícil para él. En la contrarreloj de Peñafiel casi perdió la Vuelta donde a priori iba a ganarla; pudo respirar tranquilo cuando le birló doce segundos a Mosquera en Toledo y finalmente ganó resistiendo al gallego en la Bola del Mundo. Tras hacerse con la Roja, el primer gran triunfo de su carrera deportiva, Nibali se ha postulado como candidato a rivalizar con Contador y Andy Schleck en el próximo Tour. No le falta calidad y ha mostrado esta temporada tanto en Vuelta como en Giro una solidez notable. Esta por ver, sin embargo, que pueda aguantar en montaña a los mejores del mundo. De cualquier manera, el próximo julio tendrá a su servicio a una gran escuadra como Liquigas que se volcará por su causa. No se puede descartar nada en lo que respecta al rendimiento de la gran esperanza italiana.
2. Ezequiel Mosquera (Xacobeo) La baja de Igor Antón le convirtió en el portador de todo el cariño y las esperanzas del público español, y desde luego ha sabido manejarse en esos términos. Es un escalador puro de los de antes, aunque su candidatura seria a la victoria en la general la presentó en la crono de Peñafiel; luego, en la Bola del Mundo, su corajudo ataque robó el corazón a los aficionados, que ya le identifican con los Escartín, Heras… Ayer por la tarde, Ezequiel confirmó lo que se negaba a refrendar por respeto a su actual equipo y era un secreto a voces: ha fichado por Vacansoleil, donde seguramente se lleve a algún compañero suyo de Xacobeo. Gracias a sus prestaciones en esta Vuelta los holandeses han echado el resto por ficharle. En principio, la escuadra capitaneada por Dan Luijkx se asegura con su fichaje correr la gran ronda española; una cita que se une al Giro, más o menos plausible gracias al fichaje de Ricco’ (ya redimido, es una de las grandes figuras del pelotón italiano), y a la expectativa de acudir al Tour gracias a la calidad de su plantel. De cualquier manera, Mosquera conocerá la élite internacional a sus 34 años gracias a Vacansoleil y, sobre todo, a su trabajo en esta Vuelta.
3. Peter Velits (Columbia) El eslovaco llegaba a esta Vuelta rebotado: no contemplaba competir en la Vuelta a principios de año, pero una lesión en abril le hizo cambiar su calendario. Gracias a esto llegó, vio y triunfó obteniendo un cajón de podio con el cual ni siquiera soñaba en la apoteósica salida de Sevilla. Mostró regularidad, algo inesperado toda vez que, como él mismo reconocía, en las grandes vueltas “un día iba bien y al siguiente mal, siempre”. Tras esto cambia su mente: el mejor de los Velits no sólo puede aspirar a ser un gran clasicómano o un decente corredor de grandes vueltas. Puede ser un líder desde ya para un equipo sin demasiadas bazas para las carreras por etapas como HTC – Columbia. De su techo hablaremos cuando dispute un Tour a plena máquina pensando en la general; por lo pronto, no se avista.
4. Joaquín Rodríguez (Katusha) El escalador catalán llegaba a la Vuelta sin presión después de una dignísima campaña en marzo y abril y un Tour superlativo. Con los deberes hechos, pero también con ambición. ‘Purito’ aspiraba a colocarse como mejor ciclista del mundo y lo ha conseguido, tal y como atestigua el nuevo ránking UCI. Por el camino ha conseguido algo más intangible y, también, más glorioso: se ha situado en la memoria de los españoles gracias a su espíritu combativo y sus ansias de ir siempre a por algo más. Ha acabado fundido, de hecho ha tenido que renunciar al Mundial; pero también ha recibido un tremendo empujón moral que le hará afrontar la próxima temporada con la convicción de que, ya sí, es uno de los corredores más importantes del ciclismo internacional.
5. Frank Schleck (Saxo Bank) El luxemburgués no tenía nada que perder ni que ganar en esta Vuelta. Una actuación discreta no hubiera sido saludada con gestos de asombro, ya se sabe que los Schleck gustan de venir a España pero no precisamente por competición; una sobresaliente, en realidad, tampoco le hubiera supuesto un gran beneficio. Deja su equipo, ya tiene resuelto su futuro como jefe de filas en una estructura creada ad hoc para él y su hermano; no había, en definitiva, una gran motivación para Frank en esta Vuelta que no fuera la honrilla y el salvar un año por lo demás algo opaco. Eso se notó. Al final de la carrera, conforme se fue sintiendo mejor después de dos meses sin casi competir, el mayor de los Schleck sí se mostró más incisivo; antes se movió en la zona gris. Su quinto puesto final ha sido una recompensa a su regularidad y a una seriedad que, por desgracia, no tuvo su hermano.
6. Xavier Tondo (Cervélo) Es uno de los grandes triunfadores de la carrera, a la altura de Velits. El ciclista de Valls jamás había terminado una grande en toda su carrera, y esta Vuelta no sólo la ha concluido sino que ha estado con los mejores e incluso ido a más los últimos días. Ha hecho gala de una inteligente manera de correr que hasta ahora no había mostrado, sin duda aprendida de Carlos Sastre: se dejaba ir cuando demarraban los más fuertes y luego iba recuperando terreno conforme se sucedían los kilómetros de ascensión. Además se le vio fuerte en la crono de Peñafiel, lo cual hace que a partir de ahora sea un hombre a tener en cuenta en las próximas grandes rondas que dispute para luchar por la general. Esto lo han sabido ver los rectores del nuevo Movistar, que cuenta con el catalán como líder para las vueltas de tres semanas de la próxima campaña.
7. Nicolas Roche (AG2R) Como Velits y Tondo, al irlandés este top10 en la Vuelta le sirve para autoafirmarse como futuro corredor de generales. No cabe duda de que es una de las mayores promesas en esta especialidad, siendo que muestra una solidez impepinable en las llegadas en alto y ‘punch’ para las subidas cortas, lo que le habilita para luchar por las clásicas de las Árdenas. Su problema puede ser la contrarreloj, terreno donde se deja más tiempo del deseable. No parece un ganador, pero sí un digno contrincante por el podio de las vueltas de tres semanas de esta década.
8. Carlos Sastre (Cervélo) Qué signfica para él esta Vuelta lo ha dejado claro en su última nota de prensa: el cierre del proyecto Cervélo. Le costó los mejores años de su carrera deportiva alumbrarlo, y lo aparca con un deje de decepción. La época dorada del abulense ya pasó; esta temporada, maratoniana para él una vez que ha hecho las tres grandes vueltas, ha acusado notablemente la pérdida de chispa propia de la edad. La próxima campaña, en el equipo Geox, tendrá la oportunidad de darse un último día de gloria antes de proceder a una digna retirada y subirse a un coche de equipo. En su debe en esta Vuelta: prácticamente no ayudó a su compañero Xavi Tondo, claramente en mejor estado de forma que él.
9. Tom Danielson (Garmin) No se le ha dedicado una línea en las crónicas, y eso es muy sintomático para el ciclista americano. Por un lado, es señal de que siendo regular, sin estridencias, uno se puede encaramar a posiciones de privilegio en una gran ronda. Por otro, es señal de que un corredor como él, simplemente, no engancha. Lleva tres top10 en la Vuelta a España en su carrera deportiva y, sin embargo, nadie parece recordárselos. A sus 32 años quizá no sea tarde para reciclarse en un buen gregario… o a lo mejor prefiere seguir engrosando su palmarés de vueltómano de segunda fila.
10. Luis León Sánchez (Caisse d’Épargne) El murciano cerró. Cerró el top10, cerró la historia de Caisse d’Épargne en las grandes vueltas y cerró su ciclo en el equipo bancario. Llegó a la Vuelta sin responsabilidad, pensando en triunfos parciales y en preparar el Mundial, y tuvo que tomar galones cuando ninguno de sus compañeros fue capaz de dar mejores prestaciones que él en la general. Al final forzó la máquina más de lo deseable para apuntarse su primer puesto entre los diez primeros en una gran vuelta, el camino por el que le ha llevado Eusebio Unzué estos años. Sin embargo, no parece que sea el ideal para él. Veremos qué opinan en su próximo equipo, Rabobank.

El día de la dignidad

Hay pocas cosas más complicadas de entender en la sociedad actual que el concepto de dignidad. Es unívoco pero también prácticamente indefinible. Se puede reconocer en la existencia y el comportamiento de las personas de alrededor. También en sus circunstancias, que al fin y al cabo terminan por emanar de las propias personas. El sábado, en las carreteras guipuzcoanas, pudimos ver la dignidad en casi todos los elementos que rodearon a la que es ahora mismo, junto a la Vuelta al País Vasco, la cita más importante del ciclismo euskaldun.
La edición 2010 de la Clásica de San Sebastián vino a certificar en su desarrollo y conclusión la tendencia al alza que ha tomado la prueba organizada por el Grupo Correo de un tiempo a esta parte. Tras unos inicios poco brillantes, su inclusión en la Copa del Mundo la propulsó a la élite del ciclismo; la defunción de la antigua ‘challenge’ de la UCI y el nacimiento de la nueva, el UCI ProTour, la condujo a un segundo plano. Se situó, por decirlo de alguna manera, entre las peores de las mejores. Esta frustrante tesitura se tradujo en un menor interés del aficionado y el propio ciclista por la carrera donostiarra, que además vio como su recorrido (perpetuado a modo de clásica) había dejado de sorprender y de proporcionar alternativas para el desarrollo del espectáculo. Como suma de todo esto, cada edición era más previsible que la anterior y la nómina de ganadores fue decreciendo en calidad… hasta hace un par de años, cuando una victoria de Alejandro Valverde rompió esa línea de mediocridad dentro de la élite. En 2009 fue Barredo quien se llevó el gato al agua en lucha cerrada con otro excelente ciclista como Roman Kreuziger. El sábado se jugó la victoria una terna de lujo, digna de una prueba ProTour…

El sábado, que para casi todos los presentes en la Clásica fue el día de la dignidad, fue también un día complicado para los hombres de Caisse d’Épargne. No es que hubiera mucho en juego deportivamente, al fin y al cabo una clásica de verano no arruina una temporada (aunque sí que puede salvarla). Era un motivo extradeportivo el que les hacía llegar a la salida de Donosti en plena tensión. Eusebio Unzué, su director, les resolvería todas sus dudas en torno al futuro del equipo allí. El resultado del rendez-vous emplazado por el técnico navarro no fue demasiado clarificador; pidió quince días más a sus ciclistas, que en definitiva seguían con derecho a buscarse otro conjunto para la próxima temporada. La reunión, sin embargo, pareció sentar bien a los corredores, que se desempeñaron bien (dignamente) durante la carrera. De hecho, Luis León Sánchez consiguió la victoria, otro resultado de postín para un palmarés que comienza a ser abultado, y declaró estar a la espera de la ‘fumata blanca’ de Unzué para definir su futuro, desmintiendo de paso haberse comprometido ya con Rabobank.
No ha sido un año fácil en el seno de la formación bancaria. Habitualmente, el histórico tándem formado por José Miguel Echavarrí (ya retirado) y el propio Eusebio Unzué ha funcionado bien a la hora de cubrir el prespuesto necesario para mantener en liza a una de las estructuras más antiguas del ciclismo mundial, actual decana del pelotón español. En esta ocasión, por contra, el anunciado cese de patrocinio de Caisse d’Épargne no ha podido ser cubierto con garantías por Unzué con margen suficiente, y la incertidumbre ha influido indudablemente en el rendimiento del equipo, que por si fuera poco recibía en mayo un auténtico mazazo con la sanción por dopaje de su buque insignia Alejandro Valverde. Muestra de ello fue un Tour de Francia donde, a la postre, se fueron de vacío; no pudieron llevarse ninguna etapa a pesar de acumular varios segundos puestos, ni tampoco la general por equipos que RadioShack le arrebató en la última semana de carrera. En ambos casos la ansiedad se hizo notar, no se tomaron decisiones adecuadas en determinados momentos y eso restó brillantez a la notoria actuación del conjunto de base navarra.
De cara a la próxima temporada la situación sigue en el aire. La supervivencia de la escuadra parece garantizada por un patrocinador que aportaría una suma del orden de los tres millones de euros. Que éste fuera el único inversor provocaría la inmediata bajada de categoría del equipo, e incluso su inviabilidad toda vez que al sancionado Valverde le resta un año de contrato a razón de algo más de dos millones de euros. No parece, sin embargo, que el murciano vaya a actuar con mala fe en este sentido y ponga problemas a una formación que, por lo demás, le ha apoyado en todo momento. Volviendo al escenario de que no apareciera otro patrocinador, la diáspora sería obligatoria; sería sencillo retener a los jóvenes y a algunos gregarios que deberían asumir el rol de líderes, pero otros muchos corredores como Luis León, Arroyo, Urán, Kyrienka o Rojas saldrían hacia otras formaciones ProTour. Quienes saldrán seguro, por otra parte, son los ciclistas franceses, comprometidos con equipos de su país en la mayoría de casos, con la excepción de un Christophe Moreau decidido a retirarse y un Mathieu Drujon expectante (y con contrato). El surgimiento de otro patrocinador que aportara, al menos, otros tres millones de euros, sí permitiría que la escuadra de Unzué mantuviera su merecido e histórico estatus dentro del ciclismo mundial, representado por la majestuosa victoria de Luis León Sánchez en la Clásica de San Sebastián. Contrapuesta a su derrota frente a Casar en la novena etapa del Tour de Francia, un ejemplo de dignidad.
Hizo aún más valioso y significativa la actuación de Luis León el desarrollo de la carrera, espectacular gracias a los novedosos múltiples pasos por Arkale y Jaizkibel, y los rivales a los que hubo de enfrentarse el murciano. De un lado, un Alexandre Vinokourov tan impulsivo como siempre, haciendo gala de una fortaleza y una combatividad insobornables ante la crítica o las observaciones ajenas, apenas perturbadas cuando lo que escucha desde lo más alto del podio son pitos y no aplausos como le sucedió en Lieja. Su punto álgido fue un ataque a pocos kilómetros de meta que apenas pudo sostener Luis León y mostró las flaquezas del otro contendiente, Carlos Sastre.
El abulense se mostró sólido (digno), aunque falto de ese punto de explosividad que se pierde con la edad. Se le acaba la gasolina y él lo sabe, por eso la ha racionado esta temporada en una decisión difícil de comprender de primeras pero que ahora resulta incluso lógica. Retrasó al máximo su inicio de temporada y minimizó sus días de competición en lo que parecía un signo de holgazanería pero no es sino un medio para poder participar con garantías de lucimiento en las tres grandes vueltas. Sastre lleva a cuestas el peso de su equipo, Cervélo; en su espalda siente todos los millones de euros que los diseñadores de cuadros Vroomen y White invierten en la escuadra. Quiere que se traduzcan en buenos resultados, actuaciones dignas, y se responsabiliza en primera persona de que sea así. Por eso afrontará por segunda vez en su carrera el reto de correr las tres grandes vueltas en una misma temporada.
Otros hombres dignos en el día de la dignidad, en esta edición de la Clásica de San Sebastián que no pasará a la historia pero fue agradable y sintomática, fueron los revindicativos Haimar Zubeldia y Xavi Florencio. Uno palió (quizá sólo en parte) con un cuarto puesto el sinsabor de quedarse fuera del Tour de Francia por lesión; otro minimizó (seguro que sólo en parte) la decepción de verse fuera de la gran ronda francesa por una decisión discutible de su equipo, que le detectó un “mini” positivo por pomada contra las hemorroides y optó por sacarle de circulación. Ambos consiguieron restituir en la prueba donostiarra, quizá influidos por el ambiente de redención imperante, su amenazada dignidad.

Un cuchillo para cortar las dimensiones

Difícilmente una etapa puede ser más rica en conclusiones que la disputada ayer en el Tour de Francia. La primera, la inevitable, es que será la más definitoria de esta edición de la Grande Boucle. Hoy el recorrido, el calor y los propios corredores han empuñado todos juntos el cuchillo para cortar la carrera y dividirla en tres sucesivas competiciones, en tres dimensiones distintas donde los corredores lucharan por tres gratificaciones diferentes, aquellas que quedan a su alcance después de que la jornada les haya mostrado sus limitaciones y sus fortalezas de manera inequívoca.
“Hay veces que me da la sensación de que los de la general y yo corremos en las mismas carreteras, pero no la misma carrera”, decía ayer por la tarde Robbie McEwen en su Twitter. Se había dado cuenta de por dónde iban los tiros. De cómo él, encuadrado en la dimensión de quienes luchan por las victorias de etapa, no se encontraba en el mismo plano que los dos que pelean por el maillot amarillo y la pléyade de corredores que buscan el peldaño del podio de París que dejan libre los dominadores. División efectiva, realizada por los cuchillos empuñados al unísono por todos los factótum de la carrera…
Alguno de ellos, incluso, se confundió ayer por esta multiplicidad de planos. Fue el caso de Luis León Sánchez, líder de un Caisse d’Épargne que camino de Saint Jean de Maurienne tomó por fin la actitud combativa que tanto se le ha reclamado y que tantos réditos puede darle toda vez que posee un nivel medio espectacular en su ‘nueve’, tal vez el mayor de la carrera. El murciano se encontró en la fuga del día, nacida a base de tirones y sin el beneplácito de un BMC que se negaba a dejar marchar una fuga peligrosa, con doce compañeros de fatigas de calidad que incluían dos coequipiers poderosos como Christophe Moreau e Iván Gutiérrez. Los dos se vaciaron en pos de las opciones de Luis León, que se quedó a mitad de La Madeleine (puerto final de la jornada) con sólo tres secuaces para llevar a término la escapada: Damiano Cunego, Sandy Casar, Anthony Charteau. Dos clientes peligrosos pero interesados por relevar para acercarse a la victoria de etapa, Cunego y Casar, y un buen perro de tiro como Charteau, francés de Bouygues que rara vez se había visto en otra y a priori se vaciaría por ayudar. 
Mientras duró el ascenso, sin embargo, no hubo colaboración. Luisle tiró solo y se dejó todas sus fuerzas; en el descenso no hizo sino ir a rueda de los generosos relevos de Charteau y los ratoneros esfuerzos de Cunego y Casar. En los últimos metros, cuando su dimensión confluyó con la de los candidatos al amarillo, su demarraje se vio solapado con el de Casar, ganador, y perjudicado por un trazado endiablado que situaba la meta en una curva a izquierdas. Una vez bajado de la bicicleta, contrariado, se expresaba: “Teníamos planteado coger la fuga para intentar sacar el máximo tiempo posible en la general. En el llano [tras la Madeleine] me comentaron desde el coche que tenía que pensar en la victoria de etapa pero cuando se cambia de opinión luego es difícil que salgan bien las cosas”. Pura confusión de roles, de dimensiones de la realidad…
Los dos que difícilmente olvidarán en que plano están serán los aspirantes a la primera posición de la general Alberto Contador y Andy Schleck. No lo harán porque se han esforzado para ostentar ese estatus en comandita, y si hay algo que no se olvida es el esfuerzo. Ambos salieron conscientes de que ayer era un día clave y para ello movieron a sus coequipiers. Andy introdujo a su potente Jens Voigt en la fuga del día; Alberto incordió en todo momento a BMC con los movimientos del ínclito Vinokourov, que atacó nerviosamente en varios momentos clave para desarmar a la escuadra de Cadel Evans… y lo consiguió. Una vez descapitalizado el equipo del líder, carente de patrón la carrera, fue el turno de Saxo Bank para acelerar el ritmo y dejar el grupo de hombres fuertes en treinta. Luego entró Astaná, que con Tiralongo dejó la selección en una docena de ciclistas. Y después llegó el tirón final de un Dani Navarro incomensurable, quizá la gran revelación del Tour, que dejó a Contador y Schleck definitivamente en una dimensión aparte a la que luchó por entrar sin éxito un motivado Samuel Sánchez. Madrileño y luxemburgués lucharon entre sí; aprovechando que aún tenían los cuchillos en la mano, Andy asestó varias puñaladas que no hicieron sangre en Contador. Se miraron entonces y decidieron que, a bien que sólo quedaban dos en la dimensión, se llevarían bien. Al menos, hasta Saint Jean de Maurienne.
El resto de los Quince (Catorce en carrera) de quienes llevamos hablando todo este tiempo en Arueda conforman el último de los planos de la carrera, el de aquellos que lucharan por el tercer puesto. Samuel tiene la ‘pole’; parece ir con un puntito más que el resto y, de hecho, ya posee ese codiciado tercer lugar de la general. Tras él Gesink, Menchov, dos invitados de lujo como Leipheimer (capitán de RadioShack por deceso de Armstrong) y un Joaquín Rodríguez que se mantiene en la pomada para sorpresa de quienes esperábamos verle luchar por etapas sin mayor pretensión; en otro plano de la carrera… Y Van der Broeck, Basso y Kreuziger, que quizá cedieran ayer más de lo esperado, sobre todo en el caso del checo. Aunque para concesiones las de Sastre y Wiggins, eliminados de la general por cinco minutos perdidos entre ascenso y descenso del tétrico Col de la Madeleine.
Aunque lo tétrico y trágico estuvo ayer, mayormente, centrado en la figura de un Cadel Evans que cedió, siempre sentado, nueve minutos. Nueve minutos que le costaban formar parte de las dimensiones de privilegio, aquellas donde se encuadraba cuando vestía la prenda amarilla. Siempre sentado, pero no por gusto sino porque corrió con un codo roto y no podía erguirse sobre la bicicleta. Algún día, el vigente campeón del mundo se retirará y todos hablaremos de sus rarezas, de sus extrañas relaciones con la prensa y el resto de los ciclistas, de su impericia para atacar y de la cobardía con la que corría hasta el año pasado. Ojalá no olvidemos, tampoco, su tremendo coraje y su capacidad de sacrificio, que como su carácter están fuera de lo común…

El Tour de los Quince: primer balance

En la previa del Tour de Francia, en Arueda.com seleccionamos a los Quince. Eran los máximos favoritos, los llamados a copar las primeras posiciones de la clasificación general en la gran ronda francesa. Una semana de competición después, tras dos jornadas de montaña (la inocua de Station des Rousses y la decisiva de ayer en Morzine-Avoiraz), una crono y una etapa de pavés que les han obligado a jugar sus bazas, hacemos balance y análisis del rendimiento y las opciones de nuestros Quince.
Alberto Contador (3º a 1’01”) Sensaciones encontradas para el pinteño. La prestación de su equipo durante toda esta semana ha sido ideal: Vinokourov se sacrificó por él en el pavés, Noval le protegió en el llano y el resto reservó energía al máximo para llegar a las etapas de montaña en plenitud de condiciones y avasallar como de hecho lo hicieron. Su actuación, sin embargo, no fue tan sólida como la de su Astaná. Y es que, si bien se mostró tranquilo y en buenas condiciones, cedió unos pocos segundos evitables la jornada de pavés (en principio por una avería mecánica) y otros ayer en Avoiraz, cuando no fue capaz de responder a un ataque de Andy Schleck. La pregunta ahora es si tendrán continuidad esas vacilaciones.
Carlos Sastre (12º a 2’40”) El abulense se ha limitado a estar en su sitio esta primera semana, con pérdidas moderadas que le mantienen en la pomada pero no en primera línea. Su mejor baza es esperar a la tercera semana, donde goza de un puntito extra del que la mayoría carece, y lo sabe. Aunque también debe tener claro que, para subir al podio de París, deberá arriesgar en algún momento.
Samuel Sánchez (9º a 2’15”) Fue protagonista en la etapa de ayer, pero representó un papel poco honroso. Se le vio con buenas piernas, bien situado, y de hecho fue el único en contestar al ataque postrero de Andy Schleck. Y le dio continuidad, tomando el peso de la escaramuza y cediéndole en bandeja la victoria al luxemburugés. El resto de la primera semana se ha mostrado listo para la batalla, aunque quizá perdió en el prólogo más tiempo del conveniente.
Luis León Sánchez (20º a 5’03”) El murciano estuvo vigoroso durante toda la primera semana, pero empañó su actuación en la etapa de ayer al ceder en la ascensión final a Avoiraz. No se adaptó bien al alto ritmo impuesto por Astaná en unos puertos empinados, más aptos para escaladores ligeros que para trotones para él. Ése es el hándicap que se encontrará durante toda su carrera si, efectivamente, decide centrarse en luchar por la general de las grandes vueltas.
Iván Basso (13º a 2’41”) El italiano, como Sastre, apenas ha asomado durante las primeras etapas de este Tour. Ha realizado, de hecho, una carrera clónica a la del abulense, cediendo lo lógico para sus características en pavé y prólogo y aguantando el ritmo en montaña. Espera, también, a la tercera semana. Y, como no, deberá moverse para aspirar a un peldaño del podio de París…
Roman Kreuziger (7º a 1’45”) El checo se ha mostrado sólido, lo cual es de valorar hablando de un ciclista de 23 años. Bien situado en prólogo y pavés, ha tenido suerte con las caídas y libró bien el día de ayer en Avoiraz, donde incluso ensayó un ataque que Contador no permitió prosperar. Su momento pordría llegar con los puertos tendidos de Pirineos.
Bradley Wiggins (14º a 2’45”) El británico cuenta con un equipo de calidad como Sky a su servicio y ha hecho un uso adecuado de él. Gracias a sus coequipiers, por ejemplo, recortó en el pavés parte del tiempo perdido en el prólogo; ayer, ellos fueron los que dieron el tirón decisivo para dejar descolgado a Lance Armstrong en el Col de Ramaz. Luego, en Avoiraz, fue Wiggins quien se descolgó, asfixiado por el ritmo de Dani Navarro. Por fortuna, contó con Thomas Lövkist para echarle una mano y minimizar pérdidas en meta. Lo que no pudo limitar, por desgracia, fueron unas sensaciones no demasiado positivas respecto del resto de favoritos.
Cadel Evans (Líder) El australiano ha salvado con matrícula de honor esta semana, y prueba fehaciente de ello es el maillot amarillo del que es portador en este momento. Bien en el prólogo, magnífico en el pavés, dominó la situación en montaña y fruto de ello llegó a lo más alto de la general. Su problema es ahora la defensa del liderato con un equipo, BMC, que no está ni mucho menos a la altura de las circunstancias. Es su gran talón de Aquiles.
Michael Rogers (10º a 2’31”) El australiano anduvo en las mismas posiciones que Sastre o Basso, pero la lectura de su caso debe ser algo distina a la realizada con español e italiano. Él es un rodador, y es por ello que en esta primera semana debiera haber aprovechado para poner algo de tierra de por medio y coger colchón para que pérdidas como la de ayer (apenas diez segundos en tiempo, algo más en estado de ánimo) no pesen como una losa sobre sus opciones de salir triunfante de este Tour.
Lance Armstrong (39º a 13’26”) El gran derrotado de entre los Quince. Y posiblemente el gran derrotado de lo que llevamos de temporada ciclista. Fue humillado ayer por tres generaciones posteriores a la suya, generaciones a las cuales veía derrotables cuando anunció su ‘comeback’ hace dos años. Perdió casi doce minutos en lo que se supone el fin de su ciclo en la cima del deporte. Además, ha dejado de tener la suerte del campeón, viéndose afectado constantemente por caídas que limitaban su rendimiento. De aquí a París deberá centrarse en labores de equipo, tales como filtrarse en fugas o ayudar a su compañero en RadioShack Levi Leipheimer, que sí se encuentra en la pomada con los favoritos.
Andy Schleck (2º a 20”) La cara A de Saxo Bank. Podría haber sido uno de los perdedores más significativos de la primera semana y, en cambio, ha acabado siendo uno de los ganadores. Camino de Spa sufrió una tremenda caída que casi le deja KO para la general; pero la labor de Cancellara y el sindicalismo ciclista impidió que fuera así, permitiéndole entrar en el tiempo del grupo de favoritos. Al día siguiente, en el pavés de Arenberg, armó el zafarrancho junto al propio Cancellara y distanció a la gran mayoría de contendientes por la general. Y para rematar consiguió ayer la victoria en la cima de Morzine gracias a la ingenuidad de Samuel Sánchez. Ahora, segundo en la general, su colocación es inmejorable para llegar a las cotas más altas.
Frank Schleck (Abandono) La cara B de Saxo Bank. Fue el gran damnificado del pavés de Arenberg; allí sufrió una caída y se fracturó la clavícula, dejando la carrera y con ello a su hermano sin su gran apoyo para la montaña y a nosotros con sólo Catorce favoritos. Ya en casa, se concentra en su nuevo gran objetivo: la Vuelta a España.
Denis Menchov (5º a 1’10”) El ruso ha sido el que más y mejor ha combinado solidez con ese mate, ausencia de brillo, que le convierte en el auténtico tapado de la carrera. Sobresaliente tanto en el prólogo como en el pavés, estuvo en su sitio en la montaña de Avoiraz. Y punto. Se encuentra bien situado y parece capaz de protagonizar cualquier escena, desde el triunfo más glorioso hasta la derrota más bochornosa.
Robert Gesink (11º a 2’37”) Afectado por una caída en Arenberg cuando mejor se encontraba, está en el mismo punto que Basso y Sastre. En su contra, sin embargo, están el hecho de que no es aún un fondista consagrado y que las sensaciones no son las mejores: aún no ha mostrado su proverbial agresividad en montaña. Una auténtica incógnita…
Jurgen Van der Broeck (4º a 1’03”) El belga, quizá la apuesta más arriesgada de entre los Quince, está respondiendo maravillosamente a todas las exigencias que le plantea la carrera. Ha estado en segunda fila en todas las circunstancias, ayer incluso se atrevió a lanzar un ataque que resultó infame al no ser capaz de despegarse ni un metro del grupo de favoritos. Luego aguantó dentro de él, lo que ya supone un mérito suficiente. La duda es si su aparente imperturbabilidad seguirá presente con el paso de los días.