Giro Sin Tregua

Los aires utópicos de eterno crecimiento que se respiran en el mundo actual llegaron hace bastante tiempo al Giro de Italia. Con la retirada de Mario Cipollini, récord de victorias de etapa en la ‘corsa rosa’ bajo el brazo, llegó un nuevo patrón llamado Angelo Zomegnan dispuesto a buscar nuevos horizontes para una carrera cuyo prestigio había decaído en favor de su pariente ibérica, la Vuelta a España.
La manera de devolver al Giro a su históricamente merecido puesto de segunda carrera de tres semanas en importancia tras el Tour de Francia fue buscar trampas, alicientes y experimentos desconocidos o que hubieran caído en desuso. Un ejemplo de esto fueron las llegadas en circuito y multiplicar los pasos por meta, lo cual resultó en un éxito absoluto. Otro fueron los finales de etapa con emboscada, una auténtica tendencia iniciada en la ‘corsa rosa’ e imitada por organizadores de todo el globo. Y más. Se redujo la contarreloj hasta límites insospechados. También está el ‘sterrato’, pistas de tierra o “cemento ecológico” situadas en montaña o campo por donde se encamina a los corredores para construir imágenes de ciclismo épico como las del pasado año en Montalcino. Y por supuesto están esos empinados puertos cuyo asfalto forma una pared más que una carretera; los dolomíticos de inigualable pendiente y los alpinos de desesperante longitud…
Un recorrido terrorífico
Todas estas variantes rompedoras, introducidas y conservadas año a año, estarán presentes en el trazado de esta edición, conmemorativa de los 150 años de Reunificación de Italia. Habrá una etapa de ‘sterrato’ (la quinta), alguna jornada con varios pasos por meta (la cuarta), finales trampa (el tercer y el sexto día entre otros), poca contrarreloj… y puertos, muchos puertos. 39 en total, 14 de ellos de primera y ocho albergando un final de etapa. Iniciará este impresionante ‘rush’ Montevergine el próximo viernes (7º parcial) y terminará Sestriere el sábado 28, penúltimo día de carrera, con el Colle delle Finestre (ocho kilómetros sin asfaltar) como preámbulo. Entre medias, mucho y bueno. Dos pasos por el tembile Monte Etna el domingo 15; el coloso austríaco Grossglockner, despuntado para dejar el título de Cima Coppi al Passo Giau, el viernes 20; el terrorífico Zoncolan con la sobrecogedora subida (y la sobrecogedora bajada) del Crostis precediéndole el sábado 21; el citado Giau, la mítica Marmolada y Val di Fassa al día siguiente; una cronoescalada a Navegal tras el segundo día de descanso; Macugnaga (19ª etapa) para dirimir las diferencias que aún resten…
Una enumeración de miedo que nos deja como pronóstico lógico un Giro sin tregua, más conociendo el espectacular precedente del año pasado. En teoría, la inmensa pléyade de favoritos a la victoria final tendrá terreno de sobra para hundirse y emerger, para batallar sin cuartel… Lo malo es que las previsiones a veces no se cumplen. Quizá tanta dureza retraiga a los favoritos y estos se limiten a esperar el hundimiento de sus rivales, pensando que las manzanas caerán del árbol por madurez y no por las sacudidas.
El favorito Contador… y quienes pretenderán desbancarle
Sin embargo, no sería una postura muy inteligente por parte de los contendientes; al menos, por parte de quienes aspiran a la victoria final. La mera e intimidatoria presencia de Alberto Contador en la línea de salida da a la ‘corsa rosa’ un favorito de mucho peso: un hombre que, en circunstancias normales, sería ganador seguro del Giro. El madrileño es prácticamente insuperable en un mano a mano cuando la carretera mira hacia el cielo y brillante en la lucha contra el crono. Para vestirse de rosa habrá que derrotar al actual corredor de Saxo Bank, y esa es una empresa harto complicada por mucho que éste afirme no llegar en su mejor momento a la crono por equipos que servirá de pistoletazo de salida hoy en Turín.
Los contendientes no podrán esperar una flaqueza de Contador: tendrán que exhibir unas cualidades superiores a las del español…Y ninguno de ellos las tiene, así que deberán tirar de valentía para compensar. Quizá alguno de los favoritos sea algo más conservador; pero difícilmente lo serán todos y más habiendo en este Giro tantos aspirantes con cuentas por saldar.
Vincenzo Nibali, por ejemplo, llega con la misión de dar continuidad a su excelente Vuelta a España del año pasado y la presión de liderar a un equipazo como Liquigas que ya campeonó en este escenario en 2010 con Basso. Del propio Liquigas salió con ambición de luchar por las mejores carreras con la máxima responsabilidad el checo Roman Kreuziger (Astaná), quien parece balanceándose en esa fina línea que distingue el primer nivel y el segundo. Denis Menchov será el paladín de Geox; conoce lo que es subir a lo más alto del podio en esta carrera y encara una de sus últimas oportunidades de triunfar en una gran vuelta de nuevo. Estos tres corredores tienen la fortuna de ser fuertes en contrarreloj y parten con una pequeña ventaja respecto de…
… Los escaladores, aquellos que deberán jugarse la piel en las subidas para llegar de rosa al Duomo de Milán. El italiano Michele Scarponi, única baza de enjundia transalpina junto a Nibali (algo remarcable en una prueba tendente a la endogamia hasta hace bien poco), liderará el convulso Lampre con su estilo impulsivo y espectacular. ‘Purito’ Rodríguez, catalán de Katusha, acude sin miedo al Giro: anuncia su intención de intentar ganar este año una ‘Grande’, bien esta o bien la Vuelta, y no parece propicio a tener reparos en arriesgar sus opciones en tácticas ofensivas. Otros escaladores a tener en cuenta en esta edición tan propicia para este género de ciclistas serán el talaverano David Arroyo (Movistar, segundo en la general del pasado Giro gracias a la fuga bidón de L’Aquila), el vasco Igor Antón (Euskaltel, en principio con intención de disputar únicamente triunfos parciales), el italiano Domenico Pozzovivo (Colnago), los corajudos Fabio Duarte y Carlos Sastre (Geox) o la temible escuadra de Androni, que puede ofrecer mucha batalla y desnivelar la carrera con las bazas de Serpa, Sella y el impredecible José Rujano.
Los individuos, clave por encima de los colectivos
Como bien exponen los casos de Androni y Geox, no sólo habrá grandes ciclistas en la salida del Giro: también habrá grandes equipos. Son remarcables las alineaciones de Liquigas (Nibali, Szmyd, Agnoli, Capecchi), Astaná (Kreuziger, Kiserlovski, Masciarelli, Tiralongo), Katusha (‘Purito’, Di Luca, Moreno, Caruso) o incluso Saxo Bank (Contador, Porte, Navarro, Hernández). Sin embargo, esta no va a ser en principio una ‘corsa rosa’ donde la fuerza del equipo vaya a decidir la carrera. La tremenda dureza repartida por todo el recorrido seguramente separe de forma clara el grano de la paja, una tendencia que se acentuará con el paso de los días. Así, las escuadras serán de ayuda sólo en parciales menos duros que permitan movimientos tácticos… y en los días malos de los líderes, cuando los favoritos se desfonden y deban agarrarse a las ruedas de sus gregarios para terminar con dignidad y minimizando las posibles pérdidas de tiempo, que se pagarán caras habiendo tantos hombres (y tan parejos) buscando un puesto de honor.
El Giro de Italia que inicia hoy y termina el próximo domingo 29 de mayo será, pues, una carrera individual y terriblemente selectiva. Zomegnan, patrón de la ‘corsa rosa’, ha decidido celebrar por todo lo alto los 150 años de la Reunificación de Italia con un recorrido leonino. Esto propiciará probablemente que este Giro sea recordado no tanto por la efeméride sino por la dureza desaforada. El punto es que, si los corredores no lo marran, será un Giro que pasará a los anales de la historia. El Giro sin tregua.
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Gilbert tenía el As de la Amstel

Amstel Gold Race, más que una carrera, es una especie de entelequia ininteligible para quien no conoce sus interioridades. El perfil quebrado, con una treintena de cotas y el Cauberg (subida no especialmente dura pero sí bien situada en el casco urbano de Valkenburg) como insignia y postre, hace presagiar la prevalencia de la fuerza y la resistencia sobre otros factores. Sin embargo, la realidad es distinta. La cualidad básica para llegar vivo hasta el final es una técnica depurada; la diferencial para imponerse, la explosividad.
Amstel suele ser, además, una carrera desarrollada de menos a más, poco dada a exhibiciones individuales o desde lejos y sí de un grupo que se va seleccionando progresivamente en cada cota hasta quedarse en aproximadamente una docena de corredores que se juegan el todo por el todo para subir a lo más alto del podio. Amstel podría asemejarse, pues, con una especie de partida de póker: cada uno tiene sus cartas, las apuestas van subiendo y el corredor las va viendo si se considera capaz de ello. Finalmente, en el Cauberg, all-in y a enseñar las cartas.
La carrera de hoy respondió al guión típico. Los favoritos se guardaron hasta veinte kilómetros de meta, momento en el cual sendos tirones de Alexander Kolobnev y Joaquín Rodríguez (ambos de Katusha) dejaron el grupo cabecero en apenas trece ciclistas. De entre ellos saltó un Andy Schleck inquieto, sabedor de sus pocas opciones en un final explosivo, que se jugó todo y a la hora de la verdad no tenía cartas para nada, más aún contando con el único respaldo de un calculador Fuglsang estando los otros dos líderes de Leopard, su hermano Frank y Cancellara, eliminados por visicitudes mecánicas.
Mientras Andy se fatigaba por delante, los mejores se desconcertaban entre sí. La tostada se la comía un Omega Pharma cuyo líder Gilbert parecía insultantemente fuerte y cargaba la responsabilidad de la caza a su ejemplar gregario Jelle Vanendert. Gerrans, podio final, afilaba el cuchillo; Leukemans usaba a su coequipier Hoogerland, quien ayudó a los intereses de Gilbert más que a los de su líder de Vacansoleil. Rabobank fue un caso aparte. Con ocho corredores excepcionales en la línea de salida, se dedicó a hacer guerrillas durante los compases iniciales de la carrera y llegó con tres a los finales: Paul Mertens, Robert Gesink y Óscar Freire. Había piernas, pero por desgracia en Rabobank la táctica del colectivo no suele hacer justicia a las cualidades de los individuos.
Los ‘naranjas’ no jugaron ninguna de sus cartas y pagaron esa inacción al llegar a las estribaciones del Cauberg. Para entonces ya se sabía que sus manos no eran buenas y que Gilbert llevaba una jugada tan interesante que se podía permitir incluso dar relevos a su gregario para cazar a un Andy Schleck que por una vez se mostró voluntarioso. ‘Purito’ Rodríguez rompió la baraja y mostró por qué ahora es el Rey en la jerarquía de Katusha; a su rueda se soldó un Gilbert inconmensurable que le superó cuando quiso. Es el verdadero As del ciclismo belga e hizo valer esa condición para ganar el póker de la Amstel.

Qué es un Top 10

¿Habéis oído alguna vez aquello de que las preguntas sobre la vida jamás tienen la misma respuesta cuando se les hace a personas distintas? Pues es así. Tal vez una cuestión científica sea unívoca, pero nunca lo es una cuestión vital. A raíz de eso, y como conclusión para la Vuelta a España, hoy la pregunta es… ¿qué ha significado para cada uno de los ciclistas que han acabado entre los diez primeros la gran ronda española ese puesto de honor?
1. Vincenzo Nibali (Liquigas) Lo Squalo ha sido el gran protagonista de las horas posteriores al podio de Madrid. Era lo de menos tras completar una Vuelta casi anónima, cediendo la responsabilidad al resto de contendientes por la general hasta que en Peña Cabarga se hizo con el liderato prácticamente por eliminación y con ello obtuvo algo de atención mediática. Entonces empezó lo difícil para él. En la contrarreloj de Peñafiel casi perdió la Vuelta donde a priori iba a ganarla; pudo respirar tranquilo cuando le birló doce segundos a Mosquera en Toledo y finalmente ganó resistiendo al gallego en la Bola del Mundo. Tras hacerse con la Roja, el primer gran triunfo de su carrera deportiva, Nibali se ha postulado como candidato a rivalizar con Contador y Andy Schleck en el próximo Tour. No le falta calidad y ha mostrado esta temporada tanto en Vuelta como en Giro una solidez notable. Esta por ver, sin embargo, que pueda aguantar en montaña a los mejores del mundo. De cualquier manera, el próximo julio tendrá a su servicio a una gran escuadra como Liquigas que se volcará por su causa. No se puede descartar nada en lo que respecta al rendimiento de la gran esperanza italiana.
2. Ezequiel Mosquera (Xacobeo) La baja de Igor Antón le convirtió en el portador de todo el cariño y las esperanzas del público español, y desde luego ha sabido manejarse en esos términos. Es un escalador puro de los de antes, aunque su candidatura seria a la victoria en la general la presentó en la crono de Peñafiel; luego, en la Bola del Mundo, su corajudo ataque robó el corazón a los aficionados, que ya le identifican con los Escartín, Heras… Ayer por la tarde, Ezequiel confirmó lo que se negaba a refrendar por respeto a su actual equipo y era un secreto a voces: ha fichado por Vacansoleil, donde seguramente se lleve a algún compañero suyo de Xacobeo. Gracias a sus prestaciones en esta Vuelta los holandeses han echado el resto por ficharle. En principio, la escuadra capitaneada por Dan Luijkx se asegura con su fichaje correr la gran ronda española; una cita que se une al Giro, más o menos plausible gracias al fichaje de Ricco’ (ya redimido, es una de las grandes figuras del pelotón italiano), y a la expectativa de acudir al Tour gracias a la calidad de su plantel. De cualquier manera, Mosquera conocerá la élite internacional a sus 34 años gracias a Vacansoleil y, sobre todo, a su trabajo en esta Vuelta.
3. Peter Velits (Columbia) El eslovaco llegaba a esta Vuelta rebotado: no contemplaba competir en la Vuelta a principios de año, pero una lesión en abril le hizo cambiar su calendario. Gracias a esto llegó, vio y triunfó obteniendo un cajón de podio con el cual ni siquiera soñaba en la apoteósica salida de Sevilla. Mostró regularidad, algo inesperado toda vez que, como él mismo reconocía, en las grandes vueltas “un día iba bien y al siguiente mal, siempre”. Tras esto cambia su mente: el mejor de los Velits no sólo puede aspirar a ser un gran clasicómano o un decente corredor de grandes vueltas. Puede ser un líder desde ya para un equipo sin demasiadas bazas para las carreras por etapas como HTC – Columbia. De su techo hablaremos cuando dispute un Tour a plena máquina pensando en la general; por lo pronto, no se avista.
4. Joaquín Rodríguez (Katusha) El escalador catalán llegaba a la Vuelta sin presión después de una dignísima campaña en marzo y abril y un Tour superlativo. Con los deberes hechos, pero también con ambición. ‘Purito’ aspiraba a colocarse como mejor ciclista del mundo y lo ha conseguido, tal y como atestigua el nuevo ránking UCI. Por el camino ha conseguido algo más intangible y, también, más glorioso: se ha situado en la memoria de los españoles gracias a su espíritu combativo y sus ansias de ir siempre a por algo más. Ha acabado fundido, de hecho ha tenido que renunciar al Mundial; pero también ha recibido un tremendo empujón moral que le hará afrontar la próxima temporada con la convicción de que, ya sí, es uno de los corredores más importantes del ciclismo internacional.
5. Frank Schleck (Saxo Bank) El luxemburgués no tenía nada que perder ni que ganar en esta Vuelta. Una actuación discreta no hubiera sido saludada con gestos de asombro, ya se sabe que los Schleck gustan de venir a España pero no precisamente por competición; una sobresaliente, en realidad, tampoco le hubiera supuesto un gran beneficio. Deja su equipo, ya tiene resuelto su futuro como jefe de filas en una estructura creada ad hoc para él y su hermano; no había, en definitiva, una gran motivación para Frank en esta Vuelta que no fuera la honrilla y el salvar un año por lo demás algo opaco. Eso se notó. Al final de la carrera, conforme se fue sintiendo mejor después de dos meses sin casi competir, el mayor de los Schleck sí se mostró más incisivo; antes se movió en la zona gris. Su quinto puesto final ha sido una recompensa a su regularidad y a una seriedad que, por desgracia, no tuvo su hermano.
6. Xavier Tondo (Cervélo) Es uno de los grandes triunfadores de la carrera, a la altura de Velits. El ciclista de Valls jamás había terminado una grande en toda su carrera, y esta Vuelta no sólo la ha concluido sino que ha estado con los mejores e incluso ido a más los últimos días. Ha hecho gala de una inteligente manera de correr que hasta ahora no había mostrado, sin duda aprendida de Carlos Sastre: se dejaba ir cuando demarraban los más fuertes y luego iba recuperando terreno conforme se sucedían los kilómetros de ascensión. Además se le vio fuerte en la crono de Peñafiel, lo cual hace que a partir de ahora sea un hombre a tener en cuenta en las próximas grandes rondas que dispute para luchar por la general. Esto lo han sabido ver los rectores del nuevo Movistar, que cuenta con el catalán como líder para las vueltas de tres semanas de la próxima campaña.
7. Nicolas Roche (AG2R) Como Velits y Tondo, al irlandés este top10 en la Vuelta le sirve para autoafirmarse como futuro corredor de generales. No cabe duda de que es una de las mayores promesas en esta especialidad, siendo que muestra una solidez impepinable en las llegadas en alto y ‘punch’ para las subidas cortas, lo que le habilita para luchar por las clásicas de las Árdenas. Su problema puede ser la contrarreloj, terreno donde se deja más tiempo del deseable. No parece un ganador, pero sí un digno contrincante por el podio de las vueltas de tres semanas de esta década.
8. Carlos Sastre (Cervélo) Qué signfica para él esta Vuelta lo ha dejado claro en su última nota de prensa: el cierre del proyecto Cervélo. Le costó los mejores años de su carrera deportiva alumbrarlo, y lo aparca con un deje de decepción. La época dorada del abulense ya pasó; esta temporada, maratoniana para él una vez que ha hecho las tres grandes vueltas, ha acusado notablemente la pérdida de chispa propia de la edad. La próxima campaña, en el equipo Geox, tendrá la oportunidad de darse un último día de gloria antes de proceder a una digna retirada y subirse a un coche de equipo. En su debe en esta Vuelta: prácticamente no ayudó a su compañero Xavi Tondo, claramente en mejor estado de forma que él.
9. Tom Danielson (Garmin) No se le ha dedicado una línea en las crónicas, y eso es muy sintomático para el ciclista americano. Por un lado, es señal de que siendo regular, sin estridencias, uno se puede encaramar a posiciones de privilegio en una gran ronda. Por otro, es señal de que un corredor como él, simplemente, no engancha. Lleva tres top10 en la Vuelta a España en su carrera deportiva y, sin embargo, nadie parece recordárselos. A sus 32 años quizá no sea tarde para reciclarse en un buen gregario… o a lo mejor prefiere seguir engrosando su palmarés de vueltómano de segunda fila.
10. Luis León Sánchez (Caisse d’Épargne) El murciano cerró. Cerró el top10, cerró la historia de Caisse d’Épargne en las grandes vueltas y cerró su ciclo en el equipo bancario. Llegó a la Vuelta sin responsabilidad, pensando en triunfos parciales y en preparar el Mundial, y tuvo que tomar galones cuando ninguno de sus compañeros fue capaz de dar mejores prestaciones que él en la general. Al final forzó la máquina más de lo deseable para apuntarse su primer puesto entre los diez primeros en una gran vuelta, el camino por el que le ha llevado Eusebio Unzué estos años. Sin embargo, no parece que sea el ideal para él. Veremos qué opinan en su próximo equipo, Rabobank.

La cuerda de Nibali y Mosquera

Nibali y Mosquera. Quedaban cuatro kilómetros a meta, la subida a la Bola del Mundo que se estrenaba en la Vuelta a España en el papel de colofon, el duelo estaba servido y la cuerda de cincuenta segundos empezaba a tensarse y relajarse. El gallego tiraba de un extremo por delante; lo Squalo sujetaba el otro a unos treinta metros de distancia. Había desatado las hostilidades un ataque inclemente de Frank Schleck un kilómetro antes. El luxemburgués se retorcía ahora a la par que el poseedor de la plaza de podio que anhelaba, el sorprendente Peter Velits, y otros dos aspirantes al mismo honor como Joaquín Rodríguez y Nicolas Roche. Todos ellos pecaron de pusilánimes durante el resto de los kilómetros de subida. En los puertos anteriores, donde ninguno llegó a intentar la escapada lejana que podría haber puesto en jaque a Velits, y en la ascensión a Navacerrada que precedía a la Bola, donde se conformaron con seguir la rueda de David García y Roman Kreuziger, los mejores gregarios de esta Vuelta que hoy escurrían sus últimos gramos de fuerza. Mientras, todos esperaban a que algo pasara y Velits respiraba tranquilo porque, efectivamente, iba a conservar su merecido puesto de honor.
Merecido. De merecimientos fue la historia de esos cuatro kilómetros de duelo entre Nibali y Mosquera. Los cincuenta segundos que les separaban podrían haber sido treinta y ocho de no haber mediado el despiste de ayer en Toledo por parte de Mosquera, y eso quizá pesara en los ánimos del gallego. La cuerda que separaba al futuro ciclista de Vacansoleil del rojo era doce segundos más larga y Nibali se aprovechó de ello pare evitar que llegara a tensarse. Reguló con acierto el italiano, que llegó a perder veinte segundos (más los ocho de bonificación extra que tomaría Mosquera) pero acabó por recortar la distancia hasta coger a una decena de metros de la línea de meta la rueda del gallego, que ya no apretaba buscando la general sino que se dejaba una marcha más en previsión de la lucha por la etapa.
Finalmente no hubo tal. Nibali no lo dijo claramente en meta, Mosquera dijo no saber nada y un elegante “si me ha regalado la etapa se lo agradezco”, Álvaro Pino fue menos caballeroso y se enfadó en antena con Chema Abad (presentador de Tablero Deportivo en RNE) cuando el periodista dio por hecho de manera algo impertinente que el italiano había regalado la etapa al ciclista de “su” Xacobeo. La percepción del que escribe fue que Nibali buscaba el triunfo parcial para complementar el de la general de la segunda gran vuelta de Liquigas este año (tres podios en tres grandes, un año fantástico para los ‘verdes’), llegó a rueda de Mosquera y le faltó tiempo para rebasarle, por lo que dejó de esforzarse.
Fue, en todo caso, un final justo. Mosquera no merecía irse de esta Vuelta de vacío, sólo con el segundo puesto de la general en el zurrón; su equipo, Xacobeo, tampoco. Nibali, por su parte, ha sido el mejor durante las tres semanas de esta carrera; poco espectacular, ha estado también poco obligado por sus rivales. ‘Purito’ Rodríguez se desinfló con el paso de las etapas, Frank Schleck despertó demasiado tarde, Velits y el resto de ciclistas del top10 nunca fueron una amenaza para él, Igor Antón se cayó cuando parecía el mejor. Mosquera se dejó 27 de los 41 segundos que finalmente le ha separado en la general en etapas teóricamente intrascendentes; en ellas se separó definitivamente del triunfo que quizá alcance el año que viene. Era de justicia pues que Nibali confirmara su victoria en la gran ronda española en la espectacular subida a la Bola del Mundo, golpe de gracia de una Vuelta a España que supone todo un triunfo para Unipublic.

Un diente que puede decidir la Vuelta

Una gran vuelta son noventa horas, pero se decide por insignificantes segundos que suelen corresponder a detalles nimios. Andy Schleck perdió el Tour de este año en una salida de cadena, Fignon cedió el amarillo en 1989 ante Lemond por sólo ocho segundos, a Óscar Sevilla se le escapó el podio de la Vuelta 2003 en una sucesión de problemas mecánicos desastrosos. Hoy, Ezequiel Mosquera ha puesto en discusión el triunfo de Vincenzo Nibali en la general de la Vuelta a España, que parecía garantizado. Un cambio importante causado por detalles. Por un desafortunado pinchazo mal solventado y por una audaz decisión del corredor de Xacobeo – Galicia a la hora de montar su bicicleta.
La contrarreloj de Peñafiel de la Vuelta a España ha sido una de esas grandes jornadas de ciclismo, de las que ponen al aficionado al borde del infarto y a prueba los nervios de los corredores, técnicos, organizadores… implicados en la carrera. Lo que al inicio parecía una contrarreloj cualquiera de una gran vuelta, con Cancellara marcando el mejor tiempo a pesar de sufrir un cierto desfallecimiento en la parte final de la prueba, se acabó convirtiendo en una auténtica esquizofrenia, un maremágnum donde la mala realización de TVE y la no provisión de referencias a los medios por parte de Unipublic jugaron un papel clave para convertir la excitación en confusión.
Se había preparado una contrarreloj llana que, por su trazado, propiciaría tres zonas bien diferenciadas de viento: una primera dirección Norte de unos seis kilómetros, una segunda dirección Oeste de dieciocho y una tercera dirección Este de veintidós. En las primeras horas del día apenas sopló el aire, lo cual dejaba todas estas cábalas en agua de borrajas. Sin embargo, conforme fue avanzando la jornada se levantó un viento fuerte dirección Este que cambió por completo el signo de la prueba. Ahora habría una zona con fuerte viento de cara, pero también una aún mayor con viento a favor que permitiría el desarrollo de una velocidad altísima.
Eso sólo lo supieron leer algunos como Denis Menchov, el primero en montar el plato de 55 dientes (que permite una velocidad punta mayor que el estándar en contrarreloj, de 54) y hacerlo notar en meta. También lo hizo Peter Velits, sorprendente ganador de la etapa que se confirma como gran revelación de la carrera aupándose al podio. Ezequiel Mosquera, el quijotesco escalador de Xacobeo que ha tomado el testigo de Igor Antón como acaparador de las simpatías de los aficionados, puso un plato de 55 dientes también; sus dos rivales para la general, Joaquín Rodríguez y Vincenzo Nibali, optaron por usar un 54.
Ahí se marcó la diferencia. Nibali, mucho mejor contrarrelojista que Mosquera, no pudo demostrar su superioridad en la carretera. Los 54 dientes fueron un factor; el otro, un pinchazo resuelto con amateurismo por los auxiliares del equipo italiano que le hizo perder unos treinta segundos. El resultado, una distancia de únicamente veinte segundos, treinta y ocho en la general, mucho menos de lo que podría haber sido, que deja la carrera completamente abierta a falta de una jornada con final en la Bola del Mundo, decisiva y garante de épica.
Junto a Nibali destaca en el capítulo de perdedores Joaquín Rodríguez, quien cedió el maillot rojo al italiano y también una inmensidad, seis minutos que le dejan muy lejos del podio que parecía tener asegurado y ahora pertenece a Velits. El resto de la general no ha cambiado sustancialmente: del cuarto (Schleck) al noveno (Sastre) hay apenas treinta segundos, y de allí al tercer lugar de Velits menos de dos minutos; una apretura que parece una llamada a la emoción en esa subida a la Bola del Mundo que se va a estrenar esta Vuelta entre la mayor de las expectaciones.
El ciclismo tiene algo de karmático. Suele inclinar los detalles, la gloria, por aquel que más y mejor trabaja. Unipublic llevaba tiempo trabajando por producir una gran Vuelta y aquí la tiene; Mosquera lleva años de trabajo infatigable para conseguir al fin un gran éxito basado en la humildad y el arrojo del que hacen gala tanto él como su equipo, y tiene una oportunidad de oro para lograrlo. Nibali, en cambio, reconoció no saber el recorrido de lo que quedaba de Vuelta en el primer día de descanso; en el segundo fue incluso más lejos al decir que no sabía quién era Mosquera, que por eso se quemó a su rueda en Pal. Eso, para algunos un comentario gracioso, para otros soez, para mí irrespetuoso, le ha acabado por pasar factura. En Pal y hoy en Peñafiel. Al Ciclismo le gustan los detalles y funciona con karma, y eso puede hacer que la Vuelta se decida del lado de Mosquera por un diente, el del plato de 55 que montó en su bicicleta por conocer bien el recorrido y las circunstancias, al contrario que su rival que a buen seguro sacará de esta gran ronda española una lección sobre lo que es el Ciclismo.

El truco del gregario

Dice el tópico que el ciclista gana las carreras no tanto con las piernas como la cabeza, auténtica suministradora de motivación y serenidad para el hombre que hace girar los pedales. En la jornada de ayer de la Vuelta, al igual que en la que acabó en Morzine-Avoiraz en el pasado Tour de Francia, se vio que esta máxima tiene un recoveco más en el hecho de que a veces al ciclista la mente no le sirve sólo para ayudarle a pedalear más, sino para pedalear menos… y evitar el pedaleo de los rivales.
La cima asturiana de Cotobello se estrenó en la competición representando en sus rampas una repetición de lo visto en Avoiraz. De paso, ha dejado la sensación de ser un puerto digno de leyenda, por encima de la norma española en longitud y pendiente media, con una carretera vistosa y en un lugar donde hay cierta afición por el ciclismo. Un auténtico acierto para Unipublic, organizadora de la Vuelta que recibió el chivatazo de esta interesante subida por medio de Chechu Rubiera, cuyo nombre adosaron a la cima en la presentación del recorrido. Cotobello – Cima Chechu Rubiera. A la hora de la verdad, se han ahorrado referir al ciclista asturiano en el Libro de Ruta por aquello de hacer olvidar la injusticia deportiva de que RadioShack no esté en la Vuelta. Es uno de los pocos detalles feos de Javier Guillén y su equipo, pero no hay que obviarlo.

Volviendo a la representación, sólo cambiaron los protagonistas respecto del Tour. Pongamos en el vídeo de Avoiraz a Nibali en lugar de Contador, Mosquera y Purito por Andy Schleck y Samuel Sánchez, y sobre todo Kreuziger por Dani Navarro, y tendremos la película de la subida de ayer. Nibali tenía su día malo y, para ocultarlo, hizo uso del mejor de sus gregarios para trucar la carrera y adormecer al resto de contendientes por la general. Cuando el checo Kreuziger tomó la delantera y comenzó a aumentar gradualmente el ritmo, todos se ajustaron a su incómoda rueda. Precisamente por eso, por incómoda, y porque la acumulación de esfuerzos del tríptico cantábrico y de una etapa exigente por los incesantes escarceos en particular hacía que ninguno de los mejores fuera con buenas sensaciones. Los mejores tenían motivos para respetar el paso de Liquigas: Purito Rodríguez sabía que, yendo como va justo, no podía permitirse alegrías; Mosquera, de largo el más combativo de toda la prueba en la alta montaña, parecía poco inspirado. Velits y Tondo, cuarto y quinto, acusaron de hecho el ritmo y cedieron un poco en el caso de eslovaco y algo más en el del catalán.
Hubo amagos de insurrección, momentos en que la paz artificial impuesta por Kreuziger estuvo a punto de desmoronarse, de fallar el truco del gregario. Fueron los ataques de Frank Schleck, Tom Danielson y Carlos Sastre, de la segunda fila del grupo de favoritos y aún con algo que decir en la carrera toda vez que los tres parecen estar acabando al alza la gran ronda española. Liquigas dejó ir a los atrevidos, como lo había hecho antes con los chavales de Euskaltel que encontraron premio a su valentía con la impresionante victoria de Mikel Nieve, en lo que se interpretó como un gesto de suficiencia. Como si el ataque de unos contrincantes que se encontraban a más de tres minutos en la general no fuera preocupante para ellos. Efectivamente, no lo era. Tenían mejores cosas de que preocuparse.
Como en la fábula del Rey Desnudo de Hans Christian Andersen, tuvo que ser el más niño e inocente quien gritara que en realidad el Rey iba como Dios lo trajo al mundo y aquel traje era una falacia. Nicolas Roche demarró al notar que poco a poco el ritmo de Kreuziger iba decreciendo sin que nadie hiciera nada, desarmó al checo e hizo saltar a la vista que Nibali estaba inerme e incapaz. Sobrevino entonces el carrusel de ataques, Rodríguez, Mosquera, un García Dapena increíblemente sólido. Todos dejando atrás a un Nibali clavado que cedía el liderato al motivadísimo Purito Rodríguez, que no se engañaba en meta y admitía estar destinado a ceder de nuevo el rojo en la crono.
Fueron 37 los segundos que cedió lo Squalo frente al catalán de Katusha en apenas 700 metros, pero no fueron ni mucho menos una derrota para el siciliano, que pasó el examen con nota tirando de precedentes con la inteligente maniobra de Contador en Avoiraz. Al revés, fue un triunfo. Engañó a sus contrincantes hasta dejarles para distanciarle sólo 700 metros que de otra manera podrían haber sido siete kilómetros. Entonces Nibali sí hubiera tenido un problema, pero lo evitó gracias al truco del gregario.

Tras Xorret, Nibali es el rival a batir

La llegada a Xorret de Catí va camino de convertirse no ya en un seguro de éxito, sino en un clásico para la Vuelta a España. Su estrecha carretera y empinada pendiente siempre deparan imágenes espectaculares; su labor de rompehielos, siendo casi siempre la cima alicantina una de las primeras etapas en marcar diferencias en la general, le confiere un cariz atractivo de prueba de fuego para los implicados en la lucha por el maillot de líder. Con ello permite análisis y emana sensaciones útiles para aventurar el posible devenir de la Vuelta.
Precisamente en torno al maillot rojo que distingue al número uno de la general se ha desatado la única polémica de la jornada. Joaquín Rodríguez e Igor Antón se pasaron el día entero pugnando por el liderato de la carrera ante la segura caída a puestos traseros de Gilbert en la subida a Xorret. Empatados a tiempo catalán y vizcaíno, el corredor de Euskaltel se hacía con el codiciado rojo por puestómetro (suma de los puestos obtenidos por ambos corredores en la meta de las etapas disputadas) de llegar ambos juntos a meta.

Así, Rodríguez pasó el día entero buscando ese segundo que le permitiera adelantar al de Galdakano. Se metió en la lucha por el esprint especial de Onil, donde consiguió ser tercero y con ello un segundo menos para la general; pero una caída previa a la disputa de la bonificación hizo que los jueces decidieran anularla. Purito, incansable, luchó a brazo partido en Xorret de Catí por distanciar a Antón. Le resultó imposible, así que llegado el momento decidió jugarse la carta de esprintar en la meta, situada dos kilómetros después de la cima, e intentar picar tiempo. Pareció conseguirlo, Antón perdía rueda respecto de Nibali y él; pero en los últimos metros el italiano se dejó ir, hizo función de puente y evitó que Purito tomara ese segundo que le colocaría como líder.
En un primer momento, sin embargo, los jueces estimaron que sí había habido esa distancia y llamaron a Joaquín Rodríguez al podio. Cuando repararon en su error y estimaron que era Antón el nuevo portador del maillot rojo, el rebote de Joaquín Rodríguez fue curioso según reporta José Andrés Ezquerro (AS) en su Twitter. La pregunta es si merece la pena el rebote, toda vez que ahora tocan dos etapas de terreno quebrado, lo que significa desgaste para el equipo de líder. Un tributo a pagar elevado teniendo en cuenta que ser primero en la general a estas alturas de la prueba es algo circunstancial. Da lo mismo ser segundo, tercero o…
Cuarto. Cuarto en la general es Xavi Tondo, catalán del conjunto Cervélo que parece haber intercambiado roles con su a priori líder Carlos Sastre. En el transcurso de la etapa de hoy, el conjunto dirigido por Álex Sans ha portado el peso de la carrera a partir del Puerto de la Carrasqueta. En principio parecía un trabajo destinado a dinamitar el pelotón y minar a los rivales de un Sastre que necesitaba recortar los dos minutos de desventaja con que contaba en la general. Luego, en Xorret, el abulense se puso en cabeza a seleccionar definitivamente el grupo de favoritos y se vio claro que el principal beneficiario de la labor realizada durante la etapa no era el abulense sino Tondo.

Parece ser que Sastre ha admitido estar un peldaño por debajo del catalán en estos momentos y ha trabajado para él tanto en la subida al puerto alicantino como en la bajadadel mismo. El corredor de Valls llega más fresco a esta Vuelta, toda vez que no ha competido en junio y julio con la descarga que ello supone para sus piernas. En su contra juegan dos factores que precisamente acreditan a Sastre como contendiente en la general: adolece de consistencia en los momentos decisivos (como ha demostrado hoy cediendo unos segundos insignificantes pero sintomáticos en meta ante el esprint de Rodríguez y Nibali) y aún está por ver su capacidad de afrontar a tope la tercera semana de una grande, cita que no ha disputado a tope en toda su carrera deportiva.
Otro equipo que deberá replantearse su táctica una vez transcurridas las primeras etapas de la Vuelta es Caisse d’Épargne. Hoy ha colocado cinco corredores en el grupo de favoritos. Los hombres de Eusebio Unzué son líderes en la clasificación por escuadras y cuenta en sus filas con cinco ciclistas capaces de entrar en el top20 de la general… pero ninguno para el top5, por más que ‘il asino’ Marzio Brusheghin se halle situado en el quinto lugar provisional. Para brillar en la gran ronda española y aspirar al rojo, no quedará sino echar mano de una táctica valiente como la del glorioso día de L’Aquila, movimiento audaz que les permitió aupar al segundo cajón del Giro de Italia a David Arroyo. Avala esto el hecho de que en esta Vuelta lo más parecido a un bloque sólido para controlar la carrera es un Katusha que ya ha gastado bastantes balas en estos primeros compases de carrera, por lo cual es relativamente asequible dar un vuelco táctico. Lo que parece claro es que, sólo con la regularidad de sus mejores ciclistas, la escuadra navarra no puede aspirar sino a acumular hombres en el top10.
El capítulo de decepciones se abre con Denis Menchov. El ruso de Rabobank llega a la Vuelta acomodado, con la temporada justificada por su podio en el Tour y su futuro asegurado por un contrato con el equipo Geox. No tiene necesidad de apretar, ni de buscar los puestos de honor; eso genera una distensión que en días como hoy le lleva a ceder más de dos minutos en una subida de apenas cinco kilómetros. Tampoco han estado en el lugar adecuado Ezequiel Mosquera y Frank Schleck; el de hoy no era el terreno ideal para el gallego, mientras que el luxemburgués sencillamente no acaba de cogerle el punto a esta Vuelta.
Haciendo un análisis rápido, la primera fila de entre los aspirantes al cajón más alto del podio de Madrid han quedado reducidos a una terna formada por Joaquín Rodríguez, Igor Antón y Vincenzo Nibali, separados entre sí por dos exiguos segundos. De ellos, Antón es el que más y mejor se ha mostrado, toda vez que ya lleva un triunfo parcial (Valdepeñas) en el zurrón. Rodríguez, por su parte, parece fuerte y capaz de todo, pero esta por ver si acusará los esfuerzos del Tour en la parte final de la carrera.
En cuanto a Nibali, lo ‘Squalo’ no acaba de lucir pero esta ahí. Siempre con los mejores, a rueda de los favoritos, entre los seis primeros en todas las etapas decisivas de lo que llevamos de Vuelta. No parece sencillo distanciarlo en montaña, donde se muestra sólido al estilo de los grandes campeones; mientras en contrarreloj es flagrantemente superior a la pléyade de escaladores españoles que pudiera acosarle de tomar el rojo en la crono de Peñafiel. El italiano es, ahora mismo, el rival a batir en una Vuelta que ha iniciado ilusionante y, sobre todo, bonita.