La pegada, los jefes y los indios

Terminada la Vuelta a España, el interés del mundillo ciclista se centra en el Campeonato del Mundo que se disputará la próxima semana en la región holandesa de Limburgo, con la novedad de la crono por equipos y el gran aliciente de siempre de otorgar el entorchado arcobaleno masculino en la prueba final del domingo 23. Las convocatorias de las distintas selecciones se van haciendo públicas, y ayer martes le tocó el turno a la española

Este año, el Mundial será una cuarta Clásica de las Árdenas (o la quinta, si incluimos a la Flecha Brabançona como tal): algo más de 260 kilómetros, con unos 100 primeros “técnicamente exigentes” según la descripción oficial y el resto a recorrer en diez vueltas por un circuito quebrado de longitud algo superior a 16 km que incluye las subidas al Bemelerberg (900 m, 5%) y el Cauberg (1200 m, 5’8%). Territorio de Amstel Gold Race.

Así las cosas, José Luis de Santos ha optado por seleccionar a un ‘dream team’ con los españoles más aptos para una carrera del género. La selección presenta hasta seis corredores capaces de luchar por el arco iris o, cuando menos, una medalla. De ellos, cuatro (Freire, ‘Purito’, Valverde, Samuel) se han clasificado en el top 10 de al menos una de las cinco últimas ediciones de la Amstel, siendo Freire quien más querencia demuestra por el terreno con hasta seis puestos entre los diez primeros de dicha clásica durante su carrera deportiva.

No cabe duda, pues, de que la selección española para el Mundial tiene pegada. La duda es si, con cinco líderes y cuatro gregarios (asumiendo que Dani Moreno gastará todas sus balas en ese rol), más jefes que indios, tendrá consistencia suficiente para obtener un buen resultado. Este es un aspecto preocupante, visto el desarrollo de los últimas competiciones de élite por países cuyo recorrido ha sido exigente. En Varese 2008, ‘Purito’ y Samuel batallaron por su cuenta con música clásica sonando por el pinganillo mientras Valverde y Freire se quedaban con Paolo Bettini. Mendrisio 2009, por su parte, vio como los tres españoles que quedaban en la selección final de nueve se traducían en un exiguo bronce para ‘Purito’ mientras Valverde y Samuel se mordían las uñas por detrás. Más recientemente, en los Juegos de Londres (de altimetría más sencilla), Luis León y una vez más Valverde se quedaron en fuera de juego por no desmarcarse ni cooperar con eficiencia.

El precedente que quizá indique la manera de rentabilizar la enorme cantidad de talento acumulada en el ‘nueve’ español es Pekín 2008. Allí, la carrera se planteó en la práctica como un marcaje a estrellas rivales a las cuales perseguir por aquel largo repecho (o corto puerto) y su bajada. La pegada de aquella selección logró el oro merced a un gran esprint de Samuel Sánchez. La prueba fue tan movida, y kamikaze, que la guerra individual se demostró la mejor opción.

Quizá plantear una carrera muy dura para desarbolar tácticas de equipo ajenas, sin concesiones ni atender a los casi diez kilómetros de terreno benigno que separan en cada giro Cauberg y Bemelerberg, sea una buena alternativa. La otra sería convencer a algunos de los jefes para aceptar el papel de indios; difícil papeleta para De Santos, domesticar a un campeón olímpico, un tricampeón mundial, el ganador de la Vuelta a España o alguno de sus compañeros de podio, ambos con triunfos recientes en las Ardenas. Otra opción, más complicada de asumir si cabe, hubiera sido dejar alguno de los líderes en casa para convocar a algún gregario natural más, situación que podría darse de renunciar Samuel a la cita y reemplazarle Egoi Martínez. Pero eso, como la totalidad de este último párrafo, es ciclismo-ficción.

Convocatoria de la Selección Española para el Campeonato del Mundo en línea Elite masculino Alejandro Valverde, Jonathan Castroviejo, Pablo Lastras (Movistar), Joaquim Rodríguez, Dani Moreno, Óscar Freire (Katusha), Samuel Sánchez [reserva: Egoi Martínez] (Euskaltel), Alberto Contador (SaxoBank), Juan Antonio Flecha (Sky)

Foto: Fundación Euskadi

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Una camiseta con bolsillo

Hace dos días que pasó, y el pelotón pasta ahora como si nada en esos campos castellano-leoneses tan amarillos y tan eternos. Supongo que un campo puede ser eterno, pero el pavor, el frenesí y el éxtasis no. Vivimos en un mundo lleno de conflictos, basada en el movimiento constante, el choque de particulas, el consumo de productos… y todo lo permanente es algo así como patológico. Si la Vuelta a España hubiera estado en constante pavor, frenesí o éxtasis hubiera sido necesario que, tras el coche del médico, viajara otro vehículo con asistencia psicólogica. Quizá valiera con una moto, por aquello de que los utensilios de ese galeno cabrían en una riñonera y en su labor conviene un contacto más personal, sin chapa de por medio más allá del palique… Pero una moto es una moto, ocupa sitio y gasta combustible. Y eso, para una organización que no invierte ni en cobertura televisiva, ha de ser un engorro.

El factor diferencial de la Vuelta a España con respecto a Giro y Tour no ha sido tan deportivo como psicológico. También en el Tour de Francia se fue muy rápido, con Sky remolcando la carrera como si fuera un lastre; también el Giro de Italia fue incierto, decidiéndose por segundos y con grandes dosis de suspense y heroísmo de tinte épico. Pero la lucha por la general de la Vuelta está siendo, más allá de la competición en sí, emocionalmente intensa. Contador necesitaba sacudirse el trauma del filete, a ojos propios y ajenos. ‘Purito’ se aprovechó de ello en su terreno predilecto en la primera mitad de la Vuelta …

[ Aquí voy a hacer un inciso. Va a ser tan poco ortodoxo como esas camisetas con bolsillo, pero tampoco este texto va a ser mucho mejor que una de esas. Esta Vuelta a España 2012 me recuerda al Tour de Francia de 2011 o varios de los últimos Giros de Italia: dividido en dos mitades, una primera alternando finales en cuesta y esprints en la cual no se resuelve nada salvo que hay varios candidatos igualados, y una segunda en la cual se crean las diferencias. Creo que esa es la verdadera tendencia de las grandes vueltas modernas, junto a la parquedad de kilómetros contrarreloj. ]

… y luego, hace dos días, sucumbió ante ello para hallarse de nuevo ante su trauma, o complejo, de no poder alcanzar ese triunfo apoteósico, esa gran vuelta, esa clásica monumental, ese campeonato, porque siempre le falta un puntito: descorazona que la mejor carrera que haya ganado sea la Flecha Valona, o la Volta a Catalunya. Valverde, rebotado desde un Tour aciago y casi maldito, ha vuelto a ganar como ganaba y sumado esa solidez que desarrolló en la Vuelta 2009, aquella de ‘Ahorra Energía’, para autoafirmarse. Y Froome, el cuarto gran protagonista, está desplegando una dignidad inaudita en el rol de gran derrotado, sin escatimar la ceniza de sus piernas quemadas en cada meta alcanzada a fuerza de chepazos para recompensar el trabajo de sus coequipiers; una experiencia valiosa para convertirse en un líder de verdad.

Todo muy psicológico. Yo estudio Periodismo, pero hago asignaturas de Psicología; y no puedo con las teorías positivistas que convierten en una especie de Matemáticas todas esas visicitudes mentales que sufrimos las personas. Con lo sencillamente complicados que somos, pretender reducirnos a una serie de mecanismos identificables y lógicos es… Demasiado. Con el ciclismo me pasa algo similar: el positivismo de Sky es espléndido, pero puede llegar a ser desquiciante si se prolonga o, peor aún, se perpetúa…

Por eso es tan importante lo realizado por Alberto Contador, ‘Purito’ Rodríguez y Alejandro Valverde camino de Fuente Dé. En un terreno incómodo, perlado de falsos llanos y verdaderas rampas, arriba y abajo, no hubo lugar para consideraciones de vatios y sí para tácticas desasidas. Contador y su SaxoBank supieron plantear un escenario sin actores relevantes más allá de las fuerzas de los principales implicados: no había Gesinks, Talanskys o Antones cuyos intereses menores influyeran en la batalla; sólo los líderes y algunos gregarios.

Las cartas se destaparon. En el cuerpo a cuerpo, Contador sacó tiempo a ‘Purito’ en el llano y lo mantuvo en Fuente Dé; el catalán, aun desarbolado por las circunstancias, no navegó al pairo y mantuvo el tipo en la subida final. Valverde, con más fuelle tras parapetarse en la desesperación de Katusha, remontó para dotar de más sentido a la pregunta irresoluble e impertinente de qué hubiera sucedido sin la caída de Valdezcaray.

Y nosotros, los aficionados incondicionles, tan felices con el espectáculo. Y los espectadores ocasionales, encantados. Es la gran virtud de esta Vuelta: ha terminado por contentarnos a todos. Y Galdós y Toribio, a punto de ser cazados por ese pelotón arrogante y abusón entre los eternos campos castellano-leoneses…

Regresa el gran Valverde

El tránsito por una sanción es traumático. La competición es un modo de vida indispensable para los corredores, y estar alejado de ella mina mental y físicamente a cualquier ciclista enamorado de su profesión. Nadie es el mismo antes y después de su inactividad; cuesta retornar al nivel previo. Por bien que se entrene, la chispa no se mantiene con el mismo esplendor y sólo se recupera con el paso de las carreras. Alberto Contador, recién cumplidos sus seis meses efectivos de castigo, está en ello; Alejandro Valverde, a juzgar por lo que se está viendo en esta Vuelta, ya ha recuperado tanto su punta de velocidad como el instinto asesino.

La subida al Col de la Gallina ha sido despiadada, a cara de perro tras una etapa rapidísima pese a su perfil escarpado gracias al impulso de un Sky dispuesto a tomar el liderato. Para su desgracia, el capitán Chris Froome olvidó en el Col de la Gallina todo el cálculo y la frialdad que caracteriza al conjunto británico; atacó sin más concesiones que las impuestas por sus limitaciones, y eso fue tan agradecido para el espectáculo como perjudicial para sus intereses deportivos.

Contador tampoco actuó como sí mismo; retuvo en sus piernas todos los demarrajes que había derrochado en Arrate para soltar sólo uno, cerca de meta, que pretendía definitivo. Sin embargo, al pinteño la sanción le ha pasado factura: carece de remate. Fue Valverde quien se llevó el gato al agua, aprovechando la arrancada de ‘Purito’ Rodríguez en busca de una victoria prestigiosa jugando de local.

El triunfo resultó imperial. No hubo distancias milimétricas, como en Arrate, Willunga Hill o Lac de Vassivière. Tampoco fue una cabalgada como la de Peryagudes, tan magnífica como extraña en la carrera deportiva del superclase murciano. Valverde ganó casi como en sus mejores momentos, como en Courchevel, el Morredero, la Pandera o Lieja. Esprintó con fuerza en los compases finales de una subida de entidad, y le bastó para evitar que cualquier rueda ajena asomara cerca de la suya en meta. Ha sido el primer gran triunfo de Alejandro Valverde en su suerte natural desde que regresó de su sanción, y quizá tenga réplica pronto en Barcelona, Ézaro… o Ancares.

Foto: Movistar Team

Crueldad sin necesidad de honra

Dice Borja que en el ciclismo corren dioses airados, pero yo diría que en realidad son héroes frenéticos buscando esa condición de dioses airados. Héroes sin medios, a veces también sin fines, pero con un objetivo: trascender.

No entiendo que Sky se haya comportado de una forma tan cruel“, dijo en meta Eusebio Unzué a Laura Meseguer. El técnico navarro aún estaba perplejo porque Alejandro Valverde, la joya de su corona, había sido descabalgado de la bicicleta y el liderato por un ataque de los británicos, buscando un abanico con una peligrosa maniobra que estrechó el pelotón y tuvo por consecuencias ineludibles los roces y la caída de unos veinte ciclistas entre los que se contaba medio Movistar.

Más crueldad: el movimiento fue liderado por Juan Antonio Flecha, ejecutado por Xabi Zandio y Rigoberto Urán, planificado por el director deportivo Nicolas Portal. Todos antiguos integrantes de la escuadra navarra; los tres últimos, incluso, ex compañeros de Valverde. El murciano fue al autobús de Sky y les espetó: “Estoy jodido. No me lo esperaba de vosotros“. Antes, en Cope, había hablado de antideportividad y falta de cojones. Mientras tanto, Flecha y ‘Purito’ escurrían el bulto, escudados en que ignoraban el infortunio de ‘Bala’. La diferencia entre ambos fue que Katusha cesó de tirar cuando Intxausti avisó de la circunstancia, mientras Sky continuó apoyado de manera desconcertante por BMC, súbitamente convencido de las condiciones de Steve Morabito.

Quizá vengaban afrentas de tiempos pasados, algo siempre presente en el complejo e intangible código del ciclismo. Porque, si en los duelos en pistola era poco honroso apuntar con esmero al cuerpo del contrincante o rematarle cuando se hallaba herido, en el deporte de la bicicleta la venganza suele servirse tan fría como fina, y el escudo de la legitimidad es amplio, amplísimo. Así que no hubo piedad a la hora de hacer revivir a Valverde aquella situación de Suances, de tirar por detrás desesperado mientras el pelotón desfilaba en el horizonte.

Las prisas de Valverde detrás de Sky eran las de Luis Ángel Maté y sus cuatro compañeros de fuga delante. Merced al difícil terreno de salida, la fuga se había hecho de galgos: Maté, Jesús Rosendo, Assan Bazayev, Tony Martin, Simon Clarke. Todos con buen motor y, en mayor o menor medida, ambición por trascender. El ‘Lince Andaluz’, sabedor de que el maillot rojo estaba a su alcance si la complacencia cundía en Movistar, tiró hasta vaciarse. La joya de 13 minutos de ventaja que contaba la fuga a 40 km de meta fue reducida a quincalla de 6 por la crueldad de Sky. No había mucha esperanza de lidearto Valdezcaray arriba, aunque sí quedó un margen para la victoria que aprovechó el infravalorado Clarke para conseguir su primera victoria desde junio de 2008.

Hubo más historias en la etapa, como los ataques vanos de Contador, el extraño brillo de Nicolas Roche, la celebración a destiempo de un Marcos García que mostró hoy su mejor versión de siempre o la desacostumbrada solidez de Juanjo Cobo que, como suele sucederle, se ha descartado demasiado pronto. Aunque ninguna como las derivadas de ese movimiento cruel de Sky, legítimo porque su frenesí inició antes de la mala suerte, pero cuya honra es cuando menos discutible.

Fotos: Graham Watson – Vuelta a España

No es tan “fácil”

¿Cuántos corredores están capacitados para luchar por la victoria en el Tour de Francia? Siendo realistas, pocos. Apenas seis o siete, diez como mucho, de los 500 que componen el pelotón World Tour; por no incluir la categoría Profesional, donde está claro que no hay nadie capaz en condiciones normales de vestir el amarillo en París, aunque quizá el año que viene tengamos en la categoría a Contador o Andy Schleck…

Por eso, porque sólo hay un Tour y apenas unos pocos capaces de ganarlo, ese perfil de mirlo blanco es tan valioso y codiciado. Alejandro Valverde desea cumplirlo, pero está por ver que sea capaz de ello. Las capacidades del murciano, imponderables por altas, le sitúa sin asomo de duda en el elitista grupo de los superclases; sin embargo, aunque sus características han demostrado ser adecuadas para ganar clásicas de las Ardenas y una ronda de tres semanas de perfil bajo como la Vuelta a España, el Tour… es otra cosa… Más después de año y medio parado. No es tan “fácil”.

El mismo Valverde lo asume, situando desde el principio su objetivo en ocupar algún escalón del podio, sin mirar directamente a lo más alto por si le deslumbrara el fulgor amarillo. Ciertamente, no se ve desde dónde puede acceder al primer cajón en este Tour de Francia: sin bonificaciones, que en finales como el de hoy en Bologne-sur-Mer serían una mina de tiempo; con más de cien kilómetros de contrarreloj, perniciosos por mucho trabajo específico que haya realizado; asumiendo que la alta montaña para Valverde no es terreno donde acumular ventaja sino para resistir… ¿Quizá algún movimiento táctico avezado? No es tan “fácil”.

Y eso que Movistar, si tiene algo, es un equipo profundo, fuerte, para forzar la carrera a calambrazos por encima del impulso continuado y anestésico de Sky. Juanjo Cobo, vigente campeón de la Vuelta a España a pesar de todo, sigue teniendo los plomos activos y sin ofrecer motivos para la preocupación; si sigue en esta línea, puede estar entre los diez mejores en la montaña de esta ‘Grande Boucle’. Rui Costa tiene un aura similar, aunque más agresiva. El rebelde Kiryienka, los ‘largos’ Karpets y Plaza, rodadores expertos como Iván Gutiérrez y Erviti, un genio abnegado como Rojas… Volcando sus esfuerzos en Valverde son un bloque temible. Pero claro… No es tan “fácil”.

Foto: This Is Our Sport – Festina

En honor de los huéspedes huidos

Un poquito más allá de un pueblecito llamado Neupré solía anidar el halcón peregrino. El modesto rapaz se asentaba en una roca que culminaba el típico cerro ardenés, escaso en altura pero profuso en humedad, arboleda, verdor, claroscuro, tierra marrón y vida. Llego un tiempo, cómo no, en que el entorno se urbanizó; la sociedad, arrogante y carente de tacto, metió mano en el ecosistema hasta convertirlo en hostil. En 1957 el halcón peregrino desapareció, o más bien dejó de dar señales de vida para trasladarse a algún vergel; se marchó. Abandonó su roca.

En 2008, ASO introdujo en la Lieja-Bastoña-Lieja una nueva cota en su parte final. Hería ver cómo la selección provocada por La Redoute quedaba anulada antes de Saint-Nicolas por un tramo de llano ancho, confortable, casi autovía. Para evitarlo, decidió implementar una nueva subida, esa que transita cerca de donde anidaban los halcones peregrinos. La nombraron Roche aux Faucons, en honor de los huéspedes huidos.

Dónde

Si la mayoría de cambios de recorrido en los Monumentos suelen ser discutidos y saludados con escepticismo, éste fue observado con expectación. Prometía una buena dosis de frenesí para descartar la frigidez de los grupos de treinta corredores que llegaban a jugarse la carrera en la Côte d’Ans.

La Roche aux Faucons no es una subida superior, ni en dureza ni en longitud, a las tradicionales. No tiene la contundencia de Saint Nicolas, la brutalidad de Stockeu, la eternidad de Haute-Levée, ni el compendio de misticismo de La Redoute. De hecho, diríase que su gran atractivo no radica en la subida en sí: 1500 metros al 9’9%, cuya pendiente va progresivamente aumentando hasta llegar al final de la urbanización que recorre. Su intríngulis llega en los tres kilómetros posteriores, zona de bosque ardenés, las inmediaciones de la Roca: falso llano, a veces favorable pero siempre traicionero por cómplice de un par de hectómetros que vuelven a picar hacia arriba para coronar o descartar a los contendientes.

Cómo

La Roche aux Faucons es terreno de gloria para el fuerte y de penitencia para quien no ha medido bien sus capacidades. Así lo certifica su rol decisivo en las cuatro Decanas de cuyo recorrido ha formado parte. Lo han comprobado, con diversa suerte, el legítimo magistrado de la Roca Andy Schleck y su secuaz o rival Philippe Gilbert. En 2009, por ejemplo, el luxemburgués atacó al inicio de la subida para alcanzar al belga, que marchaba escapado desde la Redoute; le rebasó y se marchó solo hasta la victoria en la zona de la Roca ante la patética duda del resto de favoritos.

En las dos últimas ediciones fue también Andy quien desató las hostilidades en la urbanización, con Gilbert a su rueda. 2010 les vio atrapados por Alberto Contador, gregario de un Alexandre Vinokourov que aquel día quería ganar a cualquier precio y aprovechó los falsos llanos posteriores para marcharse hacia la victoria junto a Kolobnev. En 2011, Andy y Gilbert fueron acompañados por el hermano Fränk; el papel de los dos luxemburgueses terminó por ser el de colaboradores testimoniales, de entregar la victoria en bandeja al belga.

Una historia ligeramente distinta fue la primera aparición de la Roca en 2008: Andy venía escapado y fue alcanzado a la entrada del bosque ardenés por ‘Purito’ Rodríguez, quien se había llevado a rueda al hermano Fränk y Davide Rebellin, los dos grandes rivales de su jefe de filas Alejandro Valverde. Por fortuna, el murciano voló donde anidaren los huéspedes huidos y alcanzó al grupo de privilegiados antes de alejarse de la Roca. Después remató a sus acompañantes en Ans. Cuentan que Davide Rebellin le felicitó por su triunfo cinco kilómetros antes de que sobreviniera, tras resistir su demarraje en Saint Nicolas…

Quién

Este año il Piadoso, proscrito en Miche, no estará para diagnosticar el resultado antes de tiempo. Sí estarán el resto de protagonistas mentados. Por deferencia de vigente campeón, Philippe Gilbert merece ser citado en la ‘pole’ con esos aires de resucitado exhalados en Huy. Andy y Fränk, por su parte, llegan en una dinámica un tanto negativa, de excusas y apelaciones a la mala suerte para justificar una carencia de chispa y nobleza competitiva que se espera conviertan en abundancia cuando se acerque la Roca. También Valverde estará presente, aunque cabe duda de si las secuelas de su caída en la Volta a Catalunya le permitirán jugar algún tipo de rol o dejarán su participación en una anécdota.

Más allá de ellos está el hombre más fuerte por sensaciones y aproximación, aquel gregario que casi perpetra un desastre en 2008 y ahora aspira con toda la legitimidad posible al triunfo, ‘Purito’ Rodríguez. Otro español con vitola de favorito es Samuel Sánchez, quien no tenía clara su participación a pesar de haber terminado entre los 15 primeros en seis de sus siete participaciones en la ‘Decana’. Desde Italia llegan tres amenazas: Damiano Cunego, quien ha preparado su asalto con un podio en el Giro del Trentino; Vincenzo Nibali, líder de Liquigas que pretende refrendar su jerarquía sobre Sagan; y el sorprendente ganador de Amstel Enrico Gasparotto, que contará con la ayuda del croata Robert Kiserlovski. No se pueden despreciar las opciones del francés Thomas Voeckler, invitado con Europcar, y el local Jelle Vanendert, único hombre capaz de estar entre los cinco primeros en las dos mangas anteriores del Tríptico de las Árdenas que culmina la siempre espectacular campaña de Clásicas.

El recorrido al detalle en inrng

Lista de participantes

Fotos: Wikimedia y Cyclingnews

Las tres figuras de Giovanni Visconti

Hay quien le percibe como un corredor soberbio, demasiado acostumbrado al estrellato y el triunfo para ser terrenal. Giovanni Visconti (1983, Turín; radicado en Palermo) lleva años siendo uno de los nombres más destacados del ciclismo italiano por derecho propio: 22 victorias y tres campeonatos nacionales le contemplan. El reto es ahora convertirse en un gran nombre del ciclismo mundial. Para ello serán claves las Clásicas de las Ardenas, cuyo acto inicial tendrá lugar hoy con la Amstel Gold Race y en las cuales será uno de los principales sostenes de Alejandro Valverde. El retrato de Visconti, de su realidad y su posibilidad, puede hacerse a través de tres figuras que repasó en una entrevista antes de la Clásica de Almería.

Paolo Bettini

La comparación eterna, inmediata, inevitable por cuanto llegaron a compartir equipo tres temporadas. “Bettini ha sido fundamental para mí en mis primeros años como profesional. Observándole comprendí muchas cosas y decidí qué tipo de corredor quería ser y pienso poder ser. Antes de conocerlo, lo miraba como un ídolo. Tenía un póster suyo colgado en mi habitación. Correr junto a él fue un sueño hecho realidad”.

Se dijo que terminó litigando con él. “No. Es mentira. Fueron palabras sin sentido dichas por periodistas. Bettini no estaba contento con Quick Step por motivos económicos, pero no había ningún problema conmigo. Si hubiera tenido un problema con Paolo, lo reconocería”. Y aporta hechos para desmentirlo. “Sin ir más lejos, me ha convocado a varias citas con la selección italiana y quiere llevarme con un papel importante a Juegos Olímpicos y Mundial. En enero incluso me invitó a su casa para charlar sobre el tema”. Confirmó en Cobbles and Hills sus pensamientos arcobalenos: “[Bettini] Me ha dicho que pruebe en la Amstel a modo de test pensando en el Mundial”. Y es que el Mundial de Valkenburg, con subida postrera al Cauberg [cota final de la Clásica de la Cerveza] seguida de un llano posterior, es “ideal” para sus características. “Podré echar mano de mi punta de velocidad”.

Giovanni Visconti

Parece redundancia, pero es necesario detenerse en él, el que quiere ser como Bettini y no un cabeza de ratón. “He ganado muchas carreras en Italia, pero ése no es mi ideal como ciclista. Si fuera así, me hubiera quedado allí, en una escuadra que me pagara bien, donde fuera líder indiscutible y tuviera la opción de ganar treinta pruebas cada año… Pero yo quiero ser algo más”.

Por eso dio el paso atrás, cambiando el brillo de Quick Step por el mate de Farnese Vini en invierno de 2008. “Con Quick Step tuve la posibilidad de medirme en grandes escenarios sin tener que llevar a cabo labores de equipo, pero me vi un poco superado. Por ello decidí fichar por un equipo profesional. Fue una decisión valiente destinada a crear los cimientos de mi carrera profesional”.

Ahora me siento preparado para volver a enfrentarme a los mejores en los grandes escenarios”. Por eso da un paso adelante. “Unzué espera que sea un corredor importante. Siento que estoy en una de las mejores escuadras del mundo, sobre todo por lo tranquilo que se puede estar”. ¿Por qué valorar la tranquilidad? ¿Antes sentía mucha presión? “Con Farnese sólo corría dos o tres carreras de primerísimo nivel cada año, y de mi resultado dependía la sensación que generara la escuadra y que ésta se ganara invitaciones para citas posteriores. Ahora no tengo ese estrés, y puedo correr ciertas carreras pensando en otras. Pero en el fondo me gusta la presión. Me apetece la responsabilidad, que me citen entre los favoritos, porque significa que estoy ahí”.

Sabiendo eso, la mentalidad con que observa el estrellato y sus ambiciones, sólo cabe preguntar qué le falta para alcanzarlo. “Sólo un día de gloria, esa gran carrera en la cual me vea fortísimo y, gane o no, trate de tú a tú con los mejores. Tras esa primer ocasión en la cual pueda luchar en el último kilómetro por ganar una gran clásica cambiarán mis intenciones y mi estatus en el ciclismo”.

Alejandro Valverde

En su regreso a la élite, Visconti tiene que lidiar con el segundo plano. Es cola de león. Se supedita completamente a Alejandro Valverde: de él dependerán sus resultados, su balance, su éxito. “No es una cuestión de humildad, sino de realidad. Él es Valverde, escrito en mayúscula, y yo soy Visconti, a secas. A mi me gustaría ser como Valverde, pero aún no lo soy. Así que estoy a su servicio. Como líder Valverde es un verdadero señor con sus coequipiers, y existe la posibilidad de que si marcho verdaderamente fuerte pueda jugarme mis opciones. Pero será porque Valverde lo consienta”. Así sucedió en Amorebieta.

Visconti extiende su pleitesía a las Ardenas. “Sólo estar junto a Valverde en los kilómetros finales y ser decisivo para que él consiga la victoria supondrá un salto de calidad para mí”. Asumido esto, empieza a hablar de futuro. “No tengo prisa por ostentar un estatus de favorito. Me veo física y mentalmente tres años menos de los que realmente tengo, y en consecuencia con siete u ocho años más para ser un ciclista importante a nivel mundial. Al fin y al cabo, de momento sólo soy un chiquillo que no ha ganado ninguna carrera importante. Aquí en Movistar ha empezado una era para mí; y una era no dura un año. Tengo tiempo por delante…

La duda es si será lo suficientemente paciente y sabrá esperar ante un año sin la cantidad de victorias acostumbradas. “Estoy convencido de que conseguiré victorias durante el año, pero también será importante para mí en el balance de la temporada qué grandes carreras haya ayudado a ganar”. Entonces, ¿aunque no ganaras más carreras…? “No sería una desilusión para mí ser un gregario durante todo el año. Sobre todo porque no seré un gregario normal, un aguador para los cien primeros kilómetros. Yo seré un gregario de lujo, un hombre verdaderamente importante para mi líder”.

Ahora toca traducir toda esta teoría, todo el pensamiento y la posibilidad, en realidad. Desde esta misma tarde iremos comprobando cómo Visconti, a partir de sus tres figuras, articula su salto a la primera línea del ciclismo mundial.