De proezas y resurrecciones en el Morredero

El miércoles inició en Belorado la Vuelta a Castilla y León, una de las pocas carreras de cinco días disputadas en territorio español cuya progresión es positiva. Los organizadores de Cadalsa consiguen atraer desde hace varias temporadas a las mayores figuras del pelotón mundial; este año no ha sido una excepción, a pesar del cambio de fechas, y en la línea de salida estaba el mejor vueltómano del mundo, Alberto Contador. Una auténtica proeza para José Luis López Cerrón y los suyos.
Las dos primeras jornadas de la ronda castellano-leonesa, bastante disputadas, depararon sendas victorias para un Theo Bos (Cervélo) cada vez más consolidado en el ciclismo de carretera tras dejar a un lado la pista. La tercera era la llegada al Morredero, terreno abonado para el lucimiento de Contador, más aún habida cuenta de que el paso por el temible Alto de Foncebadón seleccionaría la carrera. Pero la cima leonesa no vio un triunfo del madrileño. Al contrario, el doble ganador del Tour hubo de hincar la rodilla ante el ímpetu de tres rivales de categoría que decidieron aplastarle dejándole el peso de la carrera a la par que le atacaban a cada instante.
El premio gordo de la ruleta de ataques se lo llevó Igor Antón, escalador de Euskaltel, que consiguió la victoria. Tras un par de años de maduración, el de Galdákano ha conseguido desarrollar la solidez necesaria para estar en la lucha por la victoria varias jornadas seguidas, la cualidad que se le echaba en falta para cruzar la línea que separa a los buenos ciclistas de los mejores. Antón supo aprovechar las circunstancias, el movimiento del siempre combativo Ezequiel Mosquera, para llevar agua a su molino y entrar en el exclusivo club de corredores que han derrotado a Alberto Contador en un final en alto e igualdad de condiciones. En las dos últimas campañas sólo han sido capaces de hacerlo Toni Colom (luego fue sancionado), Juan José Cobo, Alejandro Valverde en dos ocasiones y Piérrick Fédrigo. Premio para la proeza de un Antón que con esta victoria confirma además la buena racha de Euskaltel – Euskadi, necesitado de triunfos para convencer a sus espónsor de renovar sus patrocinios, que expiran este invierno.
Junto a Antón y Mosquera, el tercer elemento que ha puesto de su parte para hacer sucumbir a Alberto Contador ha sido el colombiano Juan Mauricio Soler. Tras dos años ciertamente desalentadores, grises, vistiendo la ‘maglia’ del Barloworld, el ganador del trofeo al mejor escalador del Tour de 2007 parece haber reencontrado su mejor golpe de pedal en el seno de Caisse d’Épargne. Hoy ha cruzado segundo la línea de meta, con su gesto antiestético de siempre pero con mucho mejor ritmo que en las últimas temporadas. Su resurrección de hoy en el Alto del Morredero es un nuevo indicador para confirmar lo que las cifras ya señalan: Caisse d’Épargne es el equipo más fuerte del mundo. Lo dicen las sensaciones y la clasificación UCI; Cycling Quotient lo sitúa segundo, sólo por detrás de HTC – Columbia. Lo cierto es que Eusebio Unzué posee al menos a ocho corredores capaces de hacer top10 en el Tour, pero sólo dos con la solidez necesaria para colarse en el podio de París (y uno de ellos está a punto de ser sancionado…). El equipo bancario tendrá que jugar sus cartas con mucha astucia en la gran ronda francesa para conseguir un resultado positivo, per la calidad deportiva de sus hombres hace que éste se encuentre a su alcance.
De cualquier manera, la sensación preponderante que ha dejado esta ascensión al Morredero es la vulnerabilidad de Alberto Contador. El líder de Astaná ha caído hoy frente a tres rivales netamente inferiores a él en una situación, la soledad frente a un grupo de rivales directos, a la cual habrá de enfrentarse muchas veces el próximo julio en su camino hacia el maillot amarillo debido a la incapacidad de su equipo. Esperemos que, para esa fecha, haya aprendido la lección que impartió el magnífico Fabian Cancellara en las clásicas de adoquines: cuando eres favorito, no puedes esperar a sufrir una encerrona. Hay que ser el primero en atacar, más sin una escuadra que te proteja. Como dice la máxima, quien da primero da dos veces…
Foto: Cyclingnews

Ezequiel Mosquera: el último de su estirpe

Cuando uno observa a Ezequiel Mosquera (1975, Teo – A Coruña) sobre la bicicleta, la primera imagen que le viene a la mente es la de otro escalador puro, el aragonés Fernando Escartín. Ellos dos, junto a Roberto Heras y ‘Chava’ Jiménez, son los últimos grandes exponentes de esa especie que hasta hace unos años representaba el arquetipo de ciclista español: hombres extremadamente delgados, en muchas ocasiones de baja estatura también, que sufrían en el llano y hacían sufrir en la montaña a cualquiera de sus rivales gracias no sólo a sus cualidades innatas, sino también a un carácter agresivo sobre la bicicleta, un arrojo sin parangón que les hacía atacar cuando la carretera más se empinaba, fuera en el último puerto o en el primero.

Hablamos de una especie de corredor endémica, casi inédita más allá de nuestras fronteras y presente desde los primeros pasos del ciclismo español: desde Federico Ezquerra y Vicente Trueba, pasando por Federico Martín Bahamontes y Julio Jiménez, hasta llegar al que se convirtió en el prototipo de esta raza, ese Pedro Delgado que tuvo los arrestos de arriesgarse a un periplo en el PDM holandés para conseguir esa pericia en el llano que les faltaba a sus congéneres.
Ezequiel Mosquera es un escalador de los de antes. Su única cualidad en el llano es el ser capaz de apretar los dientes cuando es necesario, ser un esforzado de la ruta. A pesar de haber rozado en varias ocasiones el podio de la Vuelta a España, jamás ha renegado de esta condición: no busca tener varios hombres a su servicio, prescinde del aureola que rodea a los grandes líderes del pelotón. Se conforma con pedalear sin ataduras. «Sencillamente me gusta ser ciclista. No es que me chifle la competición; sólo la sobrellevo». Sincero. Sencillo.
Sencillos fueron también sus comienzos en el ciclismo. Pasó a profesionales con 23 años en el modesto equipo portugués Paredes, donde se mantuvo cuatro campañas y consiguió dos victorias antes de pasar dos temporadas en Cantanhede y Carvalelhos. Cuando se le recuerda la experiencia portuguesa, Eze sonríe aún con mayor amplitud de la habitual, enseña un poco más su aparato dental (a la vejez, viruelas). «Ganaba poco dinero, pero fue una época bonita. Cuando estaba allí me quejaba, pero ahora vuelvo y sólo tengo buenos recuerdos. En febrero, durante la Vuelta al Algarve, sentí bastante nostalgia».
Eze tampoco olvida cómo logró salir de Portugal hacia cotas mayores. «A Óscar Guerrero siempre le voy a estar agradecido». Fue el técnico vitoriano quien le dio la alternativa en España, haciéndole un hueco en el modélico y añorado equipo Kaiku y dándole la oportunidad de destacar en un calendario de cierto nivel. «El bloque de Kaiku podría haber llegado muy lejos. Teníamos una buena empresa apoyándonos, buenos corredores, buena imagen, buen staff… lo teníamos todo para haber llegado lejos. Pero duró menos de lo que deseábamos». Su mayor éxito vestido de rosa fue una etapa de la Vuelta a la Rioja, conseguida gracias a una épica cabalgada. Llamó la atención de Vicente Belda, que le incorporó a aquel Comunidad Valenciana de 2006, moribundo y fustigado por la OP, donde pasó un año en blanco. Surgió entonces la oportunidad de firmar con el nuevo Karpin – Galicia de Álvaro Pino…
Tres exitosas temporadas después, Mosquera persigue objetivos elevados dentro de un calendario de mucha mayor calidad que el que disputaba en su día en Portugal. El gallego lidera el Xacobeo – Galicia, de categoría profesional y con varias presencias en carreras ProTour. «Para este inicio de temporada tengo un pico de forma en Catalunya, País Vasco y Castilla y León [en las dos primeras completó actuaciones anónimas; la tercera ha empezado hoy]. Teníamos la posibilidad de correr el Giro, pero era muy complicado y hubiera sido necesario reforzar la escuadra para afrontarlo con garantías… Y después me centraré en preparar la Vuelta a España».
Ésa es su carrera fetiche. Ha tardado ocho temporadas y cinco equipos en poder participar en la gran ronda española, y explota cada presencia en ella al máximo. 5º en la general final de 2007, 4º en 2008, 5º en 2009. Regularidad al máximo, sólo hace falta un puntito más para pisar el podio. «Voy a ir a la Vuelta con intención de hacer entre los tres primeros, pero con los pies en el suelo. Una caída te puede dejar sin opciones a las primeras de cambio», tal y como le sucedió a él mismo en la etapa de Lieja de la edición pasada.
Pero, a la hora de la verdad, su anhelo en la Vuelta a España es otro. Le delata, de nuevo, la preponderancia que toma el aparato de dientes en su cara. «Tengo ganas de conseguir un triunfo de etapa. Todos estos años me he quedado con la miel en los labios [cinco veces entre los cuatro primeros de diversos parciales], porque aunque fuera el mejor de los favoritos llegaban escapados por delante. Pero este 2010 tengo seis finales en alto, seis oportunidades buenas». Se le pregunta si le gustaría ganar en la Bola del Mundo, final en alto inédito que se disputará el penúltimo día de carrera, con todos los grandes jugándose el triunfo definitivo. Sonríe, esta vez con la boca cerrada. «Sí. Sería un puntazo».

A sus 35 años, con doce campañas como profesional en las piernas, es imposible no preguntar por una hipotética retirada. La respuesta es, cuanto menos, sorprendente: «No me veo muchos años más compitiendo. Ya digo: me gusta ser ciclista, la vida sacrificada, el entreno diario… Pero el ambiente de competición es muy exigente, no me gusta demasiado examinarme todos los días».
El día que se retire, el ciclismo español se quedará con Carlos Sastre como única referencia en cuanto a escaladores puros de tronío (Contador es un ciclista total, moderno, capaz de desempeñarse igual de bien subiendo y en contrarreloj). Habrá que esperar a la evolución de Sergio Pardilla, que se experimenta en el Carmiooro italiano, o de un Beñat Intxausti que evoluciona y sorprende (fue 3º en la Vuelta al País Vasco) en las filas de Euskaltel con objeto de llegar donde Iban Mayo no pudo. El día que Ezequiel Mosquera se retire perderemos a uno de nuestros últimos escaladores de élite. Pero también a un corredor que hace de su condición de esforzado de la ruta, de su modestia y sencillez, su enorme y auténtica virtud.

Bicefalia, arrogancia, "hand in glove"

El frenesí de la temporada ciclista no cesa; estamos en Abril, mes de plena efervescencia en el mundo de las dos ruedas y con la actualidad dividida en varios focos. Mientras en el Circuito de la Sarthe Luis León Sánchez se llevaba una nueva victoria evitando el esprint con un potente demarraje en el último kilómetro, en la Vuelta al País Vasco se volvía a reproducir la controversia de ayer con Valverde realizando maniobras susceptibles de malinterpretación en su duelo con Óscar Freire. El cántabro zanjó el debate con unas contundentes declaraciones recogidas por el periodista de Eurosport Adrián G. Roca en su Twitter: «Ha sido la misma táctica, el mismo esprint que ayer, solo que en diferentes posiciones. A ver si [el juez] es igual de estricto». No lo fue.
La gran polémica del día se ha situado lejos de las carreteras. La ha desatado desde las páginas del diario inglés The Guardian el incomensurable velocista Mark Cavendish, indiscutible número uno del mundo en lo que a ‘volatas’ se refiere y una de las lenguas más largas del pelotón. «Él no es un problema para mí: yo soy mejor corredor». Las declaraciones, que dirigidas a un rival acérrimo constituirían una falta de respeto y una muestra de arrogancia extrema, adquieren un cariz aún peor cuando se conoce que van dirigidas a su propio compañero de equipo en HTC – Columbia, André Greipel. «Aun en mala forma, soy mejor que él».
«Me molestaron mucho sus comentarios tras Milán – San Remo. Si se veía mejor que yo podría haberlo dicho antes, y no con la hoja de resultados en la mano». Ya comentamos en su día la controversia surgida en torno a cómo Greipel perdió una buena oportunidad de luchar por la victoria en la ‘Classiccisima’ por ceder su puesto a Cavendish, corredor de mayor estatus que sin embargo se arrastraba por las carreteras en los días previos a la disputa del primer Monumento de la temporada. El resultado de esta decisión, ilógica en lo deportivo, fue un pobre 89º puesto para el velocista británico. Y, más adelante, unas explosivas declaraciones por su parte que amenazan con desestabilizar la armonía dentro de la escuadra capitaneada por Bob Stapleton.
Cavendish no se limita a criticar a su compañero (¿enemigo?), sino que impone condiciones públicamente: «No hay ninguna opción de que venga a una carrera donde yo participe». Desprecia con esto las opciones del esprinter alemán de participar en los más selecto del calendario mundial, reservado para el mayor caché de ‘Manx Express’. Y, al final de la entrevista, lanza unos últimos dardos sobre Greipel: «Si sólo quisiera conseguir victorias de mierda, correría carreritas de mierda (sic)». Sería justo y necesario recordarle al antiguo pistard de la Isla de Man que el único motivo por el cual Greipel tiene que correr «carreritas de mierda» es porque se ve obligado a cederle el mejor calendario. No se debe ser tan lenguaraz y hostil, y menos contra un coequipier.
Sólo parece existir una solución para este problema, y de hecho parece ser la buscada por Cavendish: la salida de uno de los dos hombres del equipo Columbia en dirección a otra nueva escuadra a la cual aportar la decena de triunfos que cualquiera de ellos (Mark ó André) garantizan cada temporada. Para el corredor germano ya se baraja un posible destino: Omega Pharma – Lotto, estructura históricamente acostumbrada a contar con un esprinter dominante en sus filas y huérfana de ello este año. Sin embargo, no parece probable que el culebrón acabe así. Resulta mucho más factible que sea Cavendish quien abandone Columbia con rumbo hacia el Sky de su mentor Dave Brailsford, que ya intentó en vano incorporarle este invierno y a buen seguro volverá a la carga con gusto el próximo. Teniendo en cuenta este dato, las declaraciones de Cavendish se pueden interpretar como un desaire, no ya a su compañero Greipel, sino al cuadro técnico de su equipo. Un gesto, un brindis contra ellos, un aviso de que está dispuesto a abandonar su plantilla apenas sea posible.
La bicefalia de Columbia ya no se sostiene; a Stapleton le ha llegado la hora de escoger con cuál de las cabezas quedarse. La punta de velocidad de Cavendish no tienen parangón en el ciclismo mundial, siendo Greipel algo más lento pero mucho más potente y consistente, tanto a la hora de lanzar esprints largos como para superar esas dificultades montañosas que son el talón de Aquiles del británico. Un factor diferencial llega cuando ambos se bajan de la bici: el carisma de ‘Manx Express’ contrasta con la timidez de ‘Hulk’, incapaz de atraer los focos hacia sí de otra manera que no sea sobre la bicicleta. Por otra parte, retener a Cavendish y dejar marchar a Greipel supondría perder una magnífica baza para los esprints y albergar en el seno del equipo una bomba de relojería, capaz de estallar en el momento menos adecuado por sus deseos de marchar a un equipo Sky para cuya concepción (británica) y talante (arrogante) es, como se dice en inglés, «hand in glove» (uña y carne).
Foto: Francis Ruiz

Los jueces que dan y quitan a Valverde

Difícilmente podría haber sido más controvertido el triunfo que se ha llevado Alejandro Valverde en la primera etapa de la Vuelta al País Vasco. Por si no fuera suficiente con la sanción que se cierne sobre el corredor murciano a raíz de la famosa «procura» del CONI y el veredicto favorable de los jueces del TAS (hay quien sostiene que hoy no debería estar participando en la ronda vasca), hoy han sido otros jueces (los de carrera) quienes le han otorgado la victoria después de que Valverde entrara en meta, quejumbroso, tras Óscar Freire. El motivo de la queja se puede ver en el vídeo de RTVE: el velocista de Rabobank realiza una trayectoria oblicua durante su esprint, impidiendo que el de Caisse d’Épargne le supere y forzándolo a cerrarse peligrosamente contra las vallas. El cántabro se ha visto finalmente relegado en las clasificaciones, hecho ante el cual ha reaccionado protestando vehementemente según recoge Biciciclismo.
Lo cierto es que Freire tiene motivos para quejarse. Analizando la grabación de los últimos metros de la etapa, saltan a la vista dos hechos. En primer lugar, el cántabro gana la posición a Valverde incluso antes de que se lance la ‘volata’. En segundo, no realiza ningún cambio en su trayectoria, oblicua desde el inicio para compensar la dirección del viento según contó en la llegada. Desde el punto de vista del corredor murciano, sin embargo, se observa que la mencionada trayectoria del hombre de Rabobank le obliga a corregir la suya y con ello obstaculiza su posible progresión. En todo momento Valverde parece capaz de dar un punto más de sí e incluso superar Freire, pero el hueco existente entre éste y la valla resulta insuficiente para rebasarle (el cántabro defiende lo contrario).
Visto así, resulta comprensible la decisión de darle la victoria a Alejandro Valverde (yo, de hecho, la comparto). El detalle enervante es que los jueces, en un alarde absurdo de corrección política, decidieron no relegar a Freire a la última posición del grupo, como suele ser habitual cuando se descalifica a un ciclista. No; decidieron que el cántabro no merecía caer hasta el 24º lugar, y le dieron el segundo. Esta decisión, destinada a compensar las iras del tres veces ganador de Milán – San Remo, tiene un punto que puede ser interpretado como alivio de conciencia ó como socarronería. Porque, si tan seguros estaban los jueces de la Itzulia de que Freire había maniobrado ilegalmente en el esprint, ¿por qué no se han atrevido a situar al cántabro en el lugar que la ley dicta? Parece que hubieran decidido darle a Valverde una parte de lo que sus homólogos del TAS están dispuestos a quitarle. Y, además, con un proceder igual de dudoso.

La prueba de fuego de Quick Step

Decía al principio de la temporada de clásicas que las preguntas que se planteaban ante ella las responderían las piedras. Un mes de competición después se podría decir que la mayoría de las incógnitas se alojan en el seno de Quick Step. Esta semana previa a la disputa del Tour de Flandes, carrera en la que el conjunto belga acumula cuatro de los últimos cinco triunfos gracias a Boonen y Devolder, ha estado marcada en ese sentido por las declaraciones del mánager de la escuadra flamenca Patrick Lefévre, que no dudo en declarar a P Magazine su enfado con la Federación Belga por condicionar a Iljo Keisse y, sobre todo, sus críticas a dos de los puntales de su propio equipo para las clásicas: Wouter Weylandt y Stijn Devolder.

Las críticas de Lefévre están cargadas de razón. A Weylandt le acusa de haber tenido unos pocos días buenos y, después, nada más. Lo cierto es que el velocista belga no tuvo demasiadas actuaciones brillantes la pasada temporada, y que ésta prácticamente no la ha empezado; cuenta, sin embargo, con el atenuante de su juventud. Respecto de Devolder existen menos paliativos: Lefévre le acusa de centrarse únicamente en el Tour de Flandes, y basta mirar sus resultados en 2009 para comprobar que no se puede más que estar de acuerdo con el técnico. Victoria en Flandes aparte, Stijn no hizo más que dos buenas cronos en Tirreno – Adriático (2º) y otra en el Campeonato de Bélgica (4º). El resto del año lo pasó en el anonimato, a pesar de completar más de medio centenar de días de competición adicionales.

Cabe la posibilidad de que las declaraciones de Lefévre fueran un latigazo para intentar hacer reaccionar a sus pupilos. En ese sentido, el acicate funcionó: tanto Devolder como Weylandt se mostraron agresivos y voluntariosos en los Tres Días de la Panne, el primero tirando del pelotón en solitario durante la etapa inaugural y el segundo esprintando en el sector matinal de la clausura, si bien también dejaron en evidencia que su forma física deja un poco que desear de cara a enfrentarse al Tour de Flandes, su gran compromiso de la temporada. Como consecuencia de este estado de forma precario, Weylandt se ha caído del ‘ocho’ de Quick Step para el Monumento flamenco. Devolder, por su parte, se ha visto relegado y se resigna a trabajar para que Tom Boonen consiga su tercera victoria en la clásica belga.

La realidad es que, en este momento, el superclase de Mol es la baza más sólida que puede poner en liza el conjunto belga. A su alrededor apenas podrá disponer de un aspirante de segunda fila como Sylvain Chavanel, gregarios sólidos pero poco relevantes como Barredo, Hulsmans y Tossato y un candidato a sorpresa positiva como Maarten Wynants. La situación será muy distinta a la del año pasado, donde Quick Step pudo bloquear la carrera a su antojo y servir la victoria para aquel que más interesó. Seguramente Boonen deberá luchar cuerpo a cuerpo con el que, a tenor de lo visto en el E3 Harelbeke, es el rival a batir: el suizo Fabian Cancellara, que en 2009 vio frustradas sus aspiraciones de ganar su tercer Monumento por una cadena rota en el Koppenberg y una ansiedad excesiva y en 2010 tendrá en Matti Breschel un gregario de excepción. Tras ellos, la opción del catalán Flecha, la posibilidad de un Gilbert estelar y las múltiples bazas de Liquigas (Oss, Bennati, Quinziato) y Rabobank (Nuyens, Boom, Langeveld). En la línea de meta de Meerbeke sabremos el nombre del ganador; pero, antes, nos enteraremos de si Quick Step es capaz de superar su prueba de fuego.

Los invitados a la fiesta del Tour de Francia

El diario deportivo L’Equipe ha anunciado en su edición de hoy los nombres de los 22 equipos que tomarán parte en el Tour de Francia 2010, que se disputará entre el 3 y el 25 de Julio. En principio, la lista no contiene grandes sorpresas: a las dieciséis escuadras cuya presencia estaba garantizada por el acuerdo que en su día sellaron las formaciones ProTour de 2008 y los organizadores de las grandes vueltas se han unido los seis equipos de nuevo cuño de mayor nivel deportivo: Cervélo, Garmin, BMC, Katusha, Sky y Radioshack.
La controversia nace, por un lado, del hecho de que se queda fuera un equipo profesional francés de gran progresión como Saur – Sojasun, que cuenta en plantilla con grandes exponentes del ciclismo galo como Jimmy Casper o Jonathan Hivert. Y por otro de que la salida de la gran ronda francesa se situará en Rotterdam (Países Bajos), lo cual hacía casi preceptivo la presencia de algún equipo neerlandés que se añadiera a Rabobank, como Skil ó Vacansoleil. Ambas estructuras, de hecho, llevan años haciendo méritos para recibir la invitación de la empresa ASO para la gran fiesta anual del ciclismo en este 2010.
Decepción para Vacansoleil…
Para Vacansoleil, la noticia ha sido un auténtico jarro de agua fría, habida cuenta de los precedentes que hacían probable su participación en el próximo Tour: sus actuaciones en carreras relacionadas con ASO como la Vuelta a España (donde fueron uno de los equipos más combativos) ó el Tour de Qatar disputado en Febrero (donde se llevó la general con Wouter Mol) eran, junto al fichaje de dos de los estandartes del ciclismo francés como son los hermanos Brice y Romain Feillu, un gran aval deportivo. Además, el patrocinio que la marca Vacansoleil aportó a la pasada París-Niza suponía un enorme guiño económico e institucional.
La reacción del mánager Hilaire Van der Schueren en Sporza ha ido en la línea del desencanto: «obviamente, estoy muy decepcionado». Y apunta denodadamente contra la presencia de ciertos equipos cuya plaza estaba garantizada por pacto: «ASO comparte opinión conmigo, sin la norma de que los 16 ProTour que sobreviven de 2008 tengan plaza en la carrera automáticamente habría espacio para nosotros. Hay equipos cuyo nivel es menor que el nuestro, como Footon, que está lleno de jóvenes». En este caso, el director neerlandés dispara donde más duele: la presencia en el Tour de una escuadra deportivamente débil que, para más inri, fue vetada de la carrera en el pasado por los problemas de dopaje de sus antiguos ciclistas estrella Riccardo Ricco’ y Leonardo Piepoli. «Al menos somos el primer equipo reserva», se resigna Van Der Schueren.
… y para Skil – Shimano
En el caso de Skil, la estructura dirigida por Iwan Spekenbrink llegó incluso a participar en el Tour de Francia del año pasado, donde tuvo una suerte desigual: su combatividad, en especial durante las primeras etapas, no llegó a refrendarse con resultados en la línea de meta. A pesar de todo, el sabor de boca dejado por la escuadra antiguamente radicada en Japón fue bueno. Este invierno, con objeto de ganarse los favores de ASO, se consolidó una colonia francesa relativamente extensa en el equipo, con cinco corredores galos en plantilla. Sin embargo, no ha sido suficiente para convencer a los organizadores del Tour de Francia.
Al contrario de las reacciones del seno de Vacansoleil, que iban por la senda de la indignación, las de los hombres de Skil se acercaban más a la resignación. «En secreto esperas buenas noticias», declaró el mánager Iwan Spekenbrink a De Telegraaf, «pero sabíamos que había buenísimos candidatos como Radioshack, Sky ó BMC. Ciertamente no puedo decir que no entienda la elección de equipos hecha por ASO». El corredor Koen De Kort se expresa en su blog en la misma línea: «se veía venir, pero no deja de ser una decepción», comienza. «Sin embargo, comprendo la decisión de ASO de dar las wild-card a quienes las han recibido».
Los seis invitados
No es demasiado aventurado afirmar que dejar fuera a cualquiera de los seis equipos a los que se han otorgado a las invitaciones hubiera constituido un pequeño sacrilegio deportivo. La presencia del recién nacido Team Sky resulta indiscutible toda vez que cuenta con la mayor estructura de entre todos los equipos profesionales, además de con la gran promesa del ciclismo mundial (Edvald Boasson Hagen) y la gran sorpresa del Tour del año pasado (Bradley Wiggins). Radioshack posee un gran nivel medio y, por encima de todo, al heptacampeón Lance Armstrong. Garmin ha demostrado en sus dos participaciones en la gran ronda francesa una solidez sobrada que, seguramente, tendrá continuidad este año.
Ofrecían algo más de dudas Cervélo, Katusha y BMC. En los canadienses, la intención de Carlos Sastre (ganador del Tour 2008) de centrarse en disputar el Giro de Italia parecía una suerte de anticipación a la no inclusión del equipo entre los elegidos por ASO; sin embargo, han pesado otros nombres como Thor Hushvod y Heinrich Haussler, ambos ganadores de etapa en la edición del año pasado e incluso maillot verde de la regularidad en el caso del noruego. Para Katusha, su pobre nivel en el Tour de 2009, sin presencia en la general y con una única victoria de etapa a cargo de Serguei Ivanov, parecía un hándicap importante. Parece haberles redimido ante ASO su notable principio de año, con Joaquim Rodríguez, Robbie Mc Ewen y Filippo Pozzato a muy buen nivel.
Por último está BMC. La escuadra de base suiza recibe su invitación con alegría, seguramente porque se sabían en el alero toda vez que sus grandes estrellas, Cadel Evans y Alessandro Ballan, parecían convencidas de que no iban a estar en el Tour y dispuestas a darlo todo en el Giro de Italia. Han pesado para la decisión de ASO, por encima de todos, dos hechos: sus excelentes relaciones con el staff del equipo (Jim Ochowicz, mánager de BMC, ejercía el mismo cargo en 7-Eleven, primer equipo americano en correr el Tour; John Lelangue, director deportivo, trabajó durante años para ASO) y la presencia en la formación de Cadel Evans, podio en dos ocasiones en la gran ronda francesa y actual campeón del mundo de fondo en carretera. La duda, como en el caso de Sastre, es si el australiano dará el ancho en la ‘Grande Boucle’ después de darlo todo en la ‘corsa rosa’.
En definitiva, la lista de invitados a la fiesta del Tour de Francia ha sido la que dictaba la lógica. Se echa de menos únicamente la presencia de algún equipo holandés acompañando a Rabobank en la salida de Rotterdam. Para ello, tal vez, hubiera hecho falta un poco más de valentía en el seno de ASO: atreverse a dejar fuera a escuadras cuyo nivel esté en duda, como BMC o Katusha, para poner en liza a otras cuyo rendimiento será con toda seguridad bueno aunque no se traduzca en buenos resultados en la meta, como hubiera sido el caso de Vacansoleil, Skil o Saur. De cualquier manera, el espectáculo en las carreteras francesas este mes de Julio está servido… y garantizado.

Había que arrimar el hombro

Hace un año, la supervivencia de la Volta a Catalunya corría peligro. Estaba ahogada económica, mediática y deportivamente: sus gestores no conseguían encontrar ni inversores ni difusión eficaces, mientras que la coincidencia en fechas con el Giro d’Italia suponía un tremendo hándicap en el marco del actual ciclismo de la globalización, donde el calendario europeo se va esquilmando poco a poco en favor del de otros continentes. Rubén Peris, cabeza visible de la organización de la ronda catalana, no cesaba de proclamar sus dificultades en la prensa y anunciar el probable deceso de la prueba.
La proximidad del Centenario de la carrera (que se disputó por primera vez en 1911 con victoria para Sebastien Masdeu) ha urgido a las instituciones catalanas y a la propia organización, y gracias a eso en 2010 han cambiado las tornas. En el plano económico se afianzó un patrocinador que asumió el Gran Premio de la carrera, el Esport Parc, una entidad nacida de la cooperación entre políticos, financieros y emprendedores privados que pretende crear un parque empresarial que aglutine las sedes regionales de las grandes marcas deportivas. Mediáticamente, se apostó por los resúmenes televisivos en Teledeporte y el 33 y adjudicar la difusión en papel al Grupo Godó (Mundo Deportivo, La Vanguardia).
Por último, en el plano deportivo se han tomado dos medidas. En primer lugar, las fechas: la Volta abandonó la tercera semana de Mayo para reubicarse en la penúltima de Marzo, mucho más propicia y ocupada hasta ahora por una Vuelta a Castilla y León que solía acoger una participación epatante que correspondía más al nivel ProTour de la ronda catalana. Cadalsa, organizadora de la prueba castellano-leonesa, aceptó alterar sus fechas y situarse en el hueco que ostentaba la Vuelta a Aragón, que desde hace unos años sólo existía en los papeles. En segundo, se alteró el diseño de las etapas, pasándose de un estilo tradicional y casi anodino (mayoría de etapas llanas y un par de parciales montañosos) a otro de perfiles quebrados, con terreno para la batalla, en la línea de París – Niza. Se mantuvo, eso sí, el final de carrera en el circuito de Montmeló, que va camino de convertirse en emblemático.
El resultado de todas estas medidas salta a la vista. No hace falta siquiera ver los buenísimos resúmenes televisivos, ni la cobertura de Mundo Deportivo, ni el balance económico de la carrera, que seguramente no muestre números rojos. Sólo hay que mirar la clasificación, con dos corredores de clase mundial (y además catalanes) como Joaquim Rodríguez y Xavi Tondo copándola. O a un hombre como Taaramae, quizá uno de los ciclistas más espectaculares de la actualidad, completando el podio. Victorias parciales para referencias mundiales como Cavendish o Voigt…
Todo esto viste mucho más que lo que se puede leer de ediciones anteriores. Promete mucho más sobre el papel, sin necesidad de adentrarse en el desarrollo de la carrera. No cabe duda de que se ha avanzado en la dirección correcta este año dentro de la organización de la Volta a Catalunya. No cabe duda de que a la Volta le hacía falta un impulso pero, sobre todo, hacía falta que quien debía dárselo tuviera ganas de arrimar el hombro para reverdecer laureles.

Las polémicas de Milán – San Remo

Una táctica sobria y un esprint fulgurante le dieron a Óscar Freire (Rabobank) su tercera Milán – San Remo el pasado sábado. El cántabro se adjudicó una edición, la 101, que estuvo como siempre rodeada por unos días previos llenos de expectación… y unos posteriores marcados por la alabanza al ganador y la polémica.
El triunfo de Óscar Freire resultó, en una palabra, imperial. El cántabro realizó una aproximación ideal a la clásica italiana: en principio centrado en conseguir victorias que le dieran confianza (un trofeo de la Challenge de Mallorca, dos etapas de la Vuelta a Andalucía), encontró un obstáculo en forma de gripe en la Tirreno-Adriático, antesala de San Remo. Esto provocó que en la Carrera de los Dos Mares apenas se le viera en cabeza, lo cual bajó su cotización como favorito a la victoria.
Un triunfo imperial
Eso a él no le molestó. Lo reconocía sin tapujos en una entrevista a Deia, donde también dejaba un premonitorio «mi condición física es como para ganar». Confiaba en sus posibilidades, y éstas no le defraudaron. Y es que el guión del primer Monumento de la temporada no tiene secreto alguno para el cántabro. Con la del sábado son tres las ocasiones en que se ha impuesto en la recta de meta, antes Via Roma y ahora Lungomare Italo Calvino; tres ocasiones similares en las cuales ha esprintado más que el teórico favorito para hacerse con la victoria. En 2004 batió sobre la misma línea de meta a un Zabel que ya celebraba su quinto triunfo en esta carrera; en 2007 derrotó con claridad a un Petacchi que acababa de rebasar su apogeo. Y en 2010…
En 2010 Freire consiguió un triunfo de mérito que le sitúa como el quinto con más ediciones de Milán – San Remo en su haber (el primero es Merckx con siete; Freire empata con Coppi y De Vlaemnick) gracias a tres factores clave. El primero, claro está, sus propias condiciones, tanto físicas como mentales, aderezadas con una experiencia extensa. El segundo su compañero Paul Mertens, prometedor esprinter alemán que se filtró junto a él en el grupo de cabeza y arropó a Óscar en los últimos kilómetros, evitando que los grandes favoritos cogieran su rueda con comodidad. Y la tercera fue una de las controversias del día: la táctica de Liquigas.
¿Por qué jugó Liquigas la baza de Bennati?
«Un equipo como Liquigas podía hacer cualquier cosa, desde atacar hasta esperar al esprint. Han optado por el esprint y todos nos beneficiamos de ello». Con estas palabras reconocía el propio Óscar Freire cuán beneficiosa para sus intereses fue la táctica del equipo italiano, uno de los más fuertes del mundo (si no el más), en la Milán – San Remo. Roberto Amadio contaba con un arsenal envidiable a su disposición: escaladores de relumbrón como Nibali, Kreuziger, Pellizotti y, en menor medida, el joven Valerio Agnoli; tres rodadores potentísimos como Daniel Oss, Sabatini y Quinziato; y, como joya de la corona, el esprinter Daniele Bennati, muy rápido pero algo limitado en las clásicas.
En lugar de destrozar la carrera en los ‘capos’ con sus múltiples bazas y guardar en la recámara la bala de Bennati, Amadio prefirió jugárselo todo a la carta del velocista de Arezzo. La acumulación de talento existente en su ‘ocho’, sin embargo, acabó provocando ciertas vicisitudes y malos humores en el equipo: el siciliano Vincenzo Nibali pasó al ataque en la parte final de la carrera y ello provocó el enfado de Bennati, que afirmaba en TuttoSport que «Nibali debería haber estado también en nuestro ‘tren'». El malestar crece cuando se comprueba que su demarraje provocó el salto de ‘Pippo’ Pozzatto y, con ello, el posterior gasto de energías de un Daniel Oss inconmensurable que tuvo que vaciarse para controlar el grupo en soledad durante más de dos kilómetros.
¿Por qué tiraba Garzelli?
Hablando de tácticas conservadoras, es inevitable referirse a la labor llevada a cabo por Garzelli en el Poggio, última cota de la Milán – San Remo. En él, el ganador del Giro d’Italia 2000 se puso en cabeza del grupo y controló su paso hasta que un ataque de Gilbert rompió su ritmo y le eliminó. La pregunta es por qué el corredor de Acqua e Sapone no intentó usar la fuerza que atesoraba el sábado para atacar en lugar de para frenar los demarrajes del resto de corredores. En principio, trabajaba para su coequipier Luca Paolini (décimo en el esprint); sin embargo, el asunto no parece tan claro. No en vano, el prestigioso periodista de CyclingWeekly Lionel Birnie insinuó en su Twitter la posibilidad de que su trabajo estuviera pagado por otra escuadra.
¿Por qué Columbia optó por Cavendish en lugar de Greipel?
Siguiendo con derrotados del primer Monumento de la temporada, no cabe duda que el gran fiasco de la carrera antes de empezar se localizaba en el seno del equipo Columbia. El conjunto americano, que a la postre sólo introdujo al voluntarioso australiano Michael Rogers (25º) en el grupo de los elegidos que llegó en cabeza al Lungomare Italo Calvino, tomó la salida con la certeza de que no iban a salir bien parados de la clásica italiana.
En las filas de Columbia estaba el campeón saliente, Mark Cavendish; pero su estado de forma era alarmantemente deficiente. El bagaje con que contaba el británico este 2010 era, cuando menos, pírrico: no incluía victoria alguna y sí la deshonra de haber llegado descolgado en todas las etapas de Tirreno – Adriático, en la última a consecuencia de una caída cuando iba bien colocado para disputar el sprint. De cualquier manera, los presagios eran malos y se cumplieron: Cavendish se cortó en el descenso del Turchino y, tras reintegrarse en el pelotón gracias al trabajo de sus compañeros, cedió de nuevo en la Cipressa, penúltima cota de la carrera, para acabar en una anónima 89ª posición.
Sin embargo, lo más sangrante del caso no es el mal renidimiento de Cavendish, sino cómo Columbia apostó por él en detrimento del alemán André Greipel, velocista de campanillas como el británico. La diferencia entre ambos radica únicamente en la mayor celebridad de Cavendish: el alemán consigue un número similar de victorias (23 a 20 en 2009, 17 a 14 en 2008), pero el caché del británico le impulsa por encima suya en la jerarquía del equipo Columbia. Ello provoca que Greipel, que no esconde su frustración, se vea relegado a la hora de tomar parte en las mejores carreras del mundo. Incluso aunque Cavendish demuestre no estar en forma para participar con éxito en ellas…
Sorpresas y espectáculo
En Milán – San Remo también hubo lugar para la aparición de ciclistas con los cuales no se contaba, que sólo en algunos casos dieron así una alegría a su equipo. Y es que, por increíble que parezca, hubo un joven sorprendente que no acabó de agradar a su escuadra (ni a sí mismo) con su buena actuación. Yohann Offredo, rodador de 24 años de la Française des Jeux, rodó dieciséis kilómetros escapado en la parte final de la carrera, entre la Cipressa y el Poggio, una gesta encomiable teniendo en cuenta las alta velocidad y la dureza que se acumulan a esas alturas de la prueba. Sin embargo, su conducta y la de su director en la línea de meta dan a entender que su desempeño no fue del todo valorado, ya que ambos entendían que debería haber esperado para lanzar su último ataque.
Aunque si hay que hablar de sorpresas, la más destacada fue el esprinter de Colnago-CSF Sacha Modolo. Nadie contaba con este joven italiano de 22 años, que con apenas una veintena de días de competición como profesional realizó la machada de colarse cuarto en la ‘volata’ final. Modolo, ganador el año pasado del GP Liberazione (prueba reina del calendario ‘dilettante’ italiano), supo colocarse adecuadamente y pasar con los mejores el Poggio, postulándose también como un clasicómano prometedor. Un escalón por debajo en el grado de sorpresa estuvo Francesco Ginanni (Androni Giocattoli), cuyas inmensas condiciones necesitan refrendarse cuanto antes en un calendario de mayor nivel que el italiano.
Para terminar esta contracrónica de la Milán – San Remo, que mejor que un vídeo curioso e impresionante: la grabación del descenso de la Cipressa hecha por el catalán Juan Antonio Flecha con una cámara en su casco, obviamente fuera de carrera. Ha sido publicada hoy en el blog de Michael Barry, director del equipo Sky… y quita el hipo.

PD Un agradecimiento para Cyclismag, web altamente recomendable que me ha sido de gran ayuda para recopilar gran parte de la información del texto

Tondo vence a lo grande

La etapa de París – Niza hoy nos ha retrotraído a una época más antigua, a un ciclismo que empezó a morir cuando nacieron los primeros grandes equipos, cuando la tecnificación emparejó las fuerzas y convirtió en imposible para un corredor burlar en solitario al resto sin mediar circunstancias excepcionales. El catalán Xavi Tondo se ha impuesto en la séptima jornada de la París – Niza después de todo un día en fuga, casi doscientos kilómetros acompañado seguidos de treinta más en solitario. Pero, realmente, el trabajo que ha dado lugar a esta victoria, el derroche de fuerza y talento de Tondo, lleva mucho más tiempo produciéndose. Hace casi ocho años que se fraguaba este triunfo.
Su carrera deportiva, como la carrera de hoy, no ha sido ni mucho menos sencilla. Pasó a profesionales en 2003 con el histórico Paternina, donde llegó gracias a su buen desempeño y la ayuda del medallista olimpico Carles Torrent. Sólo se mantuvo en ese bloque un año, a pesar de que su pundonor fue básico para conseguir muchos de los éxitos del equipo almeriense aquella temporada, como la Volta a Catalunya que se llevó José Antonio Pecharromán. El porqué no renovó es un misterio incluso para él. Se quedó esperando la llamada, sin llaves a las puertas de una carrera profesional incipiente y prometedora.
Tuvo que reinventarse, peregrinar por equipos de poca enjundia como Barbot, Catalunya – Ángel Mir, Relax y LA-MSS para conseguir victorias de mérito y volver a llamar la atención de estructuras mayores. Otros en su lugar se habrían desanimado, pero Xavi tiene un factor diferencial: disfruta de la bicicleta. Es una de esas personas auténticas que consideran que están viviendo un sueño. Por eso el año pasado, cuando recibió la oportunidad de liderar una escuadra relativamente potente como Andalucía-Cajasur, la explotó al máximo realizando una temporada para enmarcar, consiguiendo la primera victoria española del año en el Tour de San Luis y colocándose al menos una vez entre los cinco primeros en ocho meses distintos de la campaña.
Este invierno llamaron a su puerta para incorporarlo a una formación de alto nivel. Fueron varias las ofertas y se decidió por la que más estimulante le resultó: Cervélo le ofrecía la oportunidad de probar material tope de gama, prototipos, todo un lujo para un aficionado a la bici como él. En la Clásica de Almería, su primera competición con los colores de su nuevo equipo, su omnipresente sonrisa se adornaba también con un brillo especial en los ojos. «Esto es otro mundo». Como un niño con zapatos nuevos.
Xavi llevaba toda la vida sobre la bicicleta esperando a que llegara esta París – Niza, la de su debut en una carrera ProTour extranjera, en una de sus favoritas. En el prólogo se colocó con los mejores; resistió en Aurillac y en Mende le pudo la ambición de ir a por Alberto Contador, el número uno del ciclismo mundial. Pero el gran problema vino ayer, en Aix-en-Provence: el abanico de AG2R le dejó cortado. Se acababa el sueño de meterse entre los diez primeros de la general.
Pero los grandes ciclistas no sólo tienen un gran talento o una gran fuerza, sino también una gran determinación. Igual que en la Vuelta 2009 una lesión le mermó hasta bajarlo de la bicicleta y él no se resignó sino que atacó una y otra vez, hoy tocaba revolverse ante la mala suerte y los designios del destino. Revolverse con más trabajo. Cuando en el Alto de Barjols un grupo de buenos corredores se adelantaron para disputar los puntos de la montaña, Xavi no dudó un instante y se metió en la pelea. Acabó dentro de una escapada de 25 hombres que ponía tierra de por medio respecto del pelotón…
Y es que eran 25 hombres, pero sobre todo eran muy buenos. En el grupo se encontraban jóvenes promesas de relumbrón como Sicard (Euskaltel), Machado (Radioshack) o Gautier (Bouygues); el ganador de un Giro de Italia y tres Giro de Lombardía Damiano Cunego (Lampre); todo un podio del Tour como Levi Leipheimer (Radioshack); el medallista mundial Alexandr Kolobnev (Katusha); el mejor ciclistas francés de la actualidad como es Sylvain Chavanel (Quick Step)… una colección de corredores de primer nivel, aguerridos y valientes, que habían decidido desafiar al pelotón de tú a tú.
La fuga puso tierra de por medio de inmediato. Uno tras otro, piedra sobre piedra, se iban acumulando los segundos de ventaja. Los fuertes relevos de Tiago Machado en favor de Leipheimer eran continuados por Tony Martin, que trabajaba para Monfort (Columbia); después pasaba Moinard (Cofidis), encendido en pos del maillot de puntos rojos; si no, aparecía Van der Broeck (Omega Pharma) para hacer su trabajo en cabeza. No había un orden, no era la típica fuga acoplada y resignada a no llegar. Era una escapada hecha con el corazón, con unos pulmones privilegiados y unas piernas que no cesaban de girar los pedales pensando en la victoria, propia o ajena, pero nunca en la rendición.
Liquigas, Astaná y, sobre todo, Caisse d’Épargne tuvieron que llevar a cabo una labor titánica para menguar las distancias y evitar que el maillot amarillo recayera sobre Chavanel, muy bien colocado en la general y gran beneficiado de la tónica de la carrera. Pero consiguieron controlar la situación: los fugados contaban con una ventaja de apenas 1’30» al inicio del puerto de Vence, de primera categoría, que se coronaba a treinta kilómetros de meta. El hueco era pues, exiguo; parecía claro que una aceleración de cualquiera de los hombres más fuertes de la carrera acabaría con la escapada en un abrir y cerrar de ojos.
Fue entonces cuando Xavi Tondo inició la culminación de sus ocho años de trabajo a brazo partido. Comenzó a tirar, generoso, y fue deslavazando uno a uno a sus compañeros de aventura. Los últimos en aguantar fueron Cunego y el voluntarioso Gautier, que acabaron por ceder en un arreón del catalán. Quedaban más de cinco kilómetros de ascenso, seguidos de unos veinticinco de bajada y otros siete de subida hasta Tourretes-sur-Loup. Por detrás, el grupo se movía al son que dictaba Caisse d’Épargne a través del nunca suficientemente valorado David López. El pelotón llegó a quedarse en una veintena de unidades, señal del fuerte ritmo impuesto por el gregario vizcaíno; la distancia respecto de Tondo no se recortaba. Todos los escapados fueron absorbidos, pero Xavi seguía por delante.
Comenzaba el descenso, y con él comenzaba la agonía, el momento de sufrimiento que precede al éxtasis. El pelotón avanzaba y recortaba los segundos uno a uno, de nuevo piedra sobre piedra, lenta pero meticulosamente. Cuando iniciaron los kilómetros de subida finales, el acta de defunción de la aventura de Tondo estaba lista para sellarse. Pero, cuando parecía que todo se acababa, nacieron las dudas. Escaramuzas, ataques de segunda fila, parones; Xavi sacaba fuerzas de flaqueza mientras en el pelotón sólo un ataque del alemán Jens Voigt pareció capaz de amenazar la victoria del catalán, que a sólo un kilómetro de meta hacía aún más amplia esa sonrisa que siempre hay en su rostro.
Xavi Tondo cruzó la meta de Tourrettes-sur-Loup con apenas seis segundos sobre el gran grupo que, embravecido, aceleraba para rebasarle. Pero su mérito fue mucho más allá de esa mínima ventaja; su mérito son ocho años de lucha infatigable gracias a la ilusión de un niño con zapatos nuevos que se siente afortunado de vivir de la bicicleta, que al fin y al cabo es lo que más quiere junto a Silvia, su pareja. Fue capaz de culminar una victoria épica que tuvo tras de sí un trabajo igualmente épico. Por un día en esta París – Niza nos hemos olvidado de Valverde, Contador y Sagan. Hoy el merecido protagonista ha sido Xavi Tondo, que ha puesto en valor su trabajo, su fuerza, su talento, y ha disfrutado del ciclismo como siempre y como nunca a la vez. Y nos ha hecho disfrutar a todos los aficionados a este gran deporte.

La leyenda de Contador en París – Niza

Hay veces que existe una relación especial entre un corredor y una carrera. Le sucedía a Cunego con Lombardía y le sucede a Contador con París – Niza.
En esta ronda ha escrito muchas de las mejores y más recordadas páginas de su carrera deportiva. En 2004 dio en ella sus primeras pedaladas al máximo nivel y, siendo un bisoño proyecto de superclase de apenas 21 años, fue capaz de colocarse quinto en la etapa prólogo ante algunos de los mejores especialistas de la lucha individual de aquel momento, incluyendo los dos campeones del mundo contrarreloj de aquel año: David Millar, ganador en la carretera que en agosto perdería el título tras reconocer haberse dopado, y Michael Rogers, que ha pasado a la historia como arcoiris legítimo. También fue protagonista en la etapa final de esta misma edición, donde únicamente un momento de debilidad en el Col d’Eze le apartó de discutirles la victoria de tú a tú en Niza a dos grandes como Denis Menchov y Alexandre Vinokourov.

Para Contador fue el inicio de una correspondencia con la París – Niza, de una relación recíproca donde ambas partes han ido alimentando su respectiva leyenda. Sólo el veto que impidió a Astaná disputar las pruebas de ASO en 2008 ha privado al madrileño de disputar una edición de esta ronda por etapas. Por el camino ha dejado constancia de su progresión. Pequeñas muestras, fulgores provenientes del cincel de la experiencia modelando el talento de un corredor prometedor que poco a poco extrae de sí mismo el superclase que lleva dentro mientras su propia ambición y su juventud le ponen zancadillas.
Ejemplo de esto es la edición de 2007, la primera en la que Alberto se hizo con la general final. Tras unas buenas prestaciones en el prólogo (5º), cedió una veintena de segundos respecto al resto de favoritos en una emboscada en los últimos kilómetros de la segunda etapa que le confirieron ventaja al que resultaría ser el otro contendiente por la victoria absoluta, Davide Rebellin. No pudo recortárselos en el final en alto de Mende, donde el madrileño se impuso al italiano sin marcar distancias significativas. No quedaba sino atacar en los dos parciales que ofrecían terreno propicio para ello, con finales en la cinematográfica Cannes y la soleada Niza.
Camino de Cannes Alberto Contador compuso una de sus anécdotas más recordadas. Se subía el Col de Tanneron y el madrileño aceleró para distanciar a un Rebellin que, impotente y sin equipo, no reaccionó. Se llevó a su rueda a David López (Caisse d’Épargne), y cazó a Luis León Sánchez, coequipier del vizcaíno, que circulaba por delante. En cabeza, con apenas una decena de kilómetros por recorrer y unos treinta segundos sobre el pelotón, Contador parecía capaz de derrocar al líder Rebellin con ayuda de sus improvisados colaboradores en la tentativa. Sin embargo, un tirón en un repecho encendió la mecha de Luis León, que atacó a su otrora compañero de escuadra en pos del triunfo parcial, desarbolándole. Los gritos de Alberto rogándole que se detuviera y colaborara con él («¡Luisle! ¡Luisle!») forman ya parte del anecdotario ciclista. Aunque fue neutralizado por el gran grupo en Cannes, Alberto fue a la postre capaz de salir victorioso tras imponerese en la última etapa en Niza con un margen sobre Rebellin que le dio también la general.
No tan feliz fue el final la París – Niza del año pasado. Un Contador en estado de agitación por la repentina compañía del heptacampeón del Tour Lance Armstrong no supo dominar sus nervios (ni su ambición) en el penúltimo parcial de la vuelta. Contador ostentaba el liderato gracias a una incontestable exhibición en la Montagne de Lure, pero se desquició al ver cómo su equipo se venía abajo con treinta kilómetros por recorrer. El madrileño no supo conformarse al verse en cabeza junto a Colom y Luis León, muy lejos en la general como para arrebatarle su maillot amarillo. En una situación propicia para defender su liderato en solitario, no tiró; dejó llegar a su altura a más rivales y acabó acribillado a demarrajes, claudicando en favor de Luis León Sánchez. Desfondado. Dejando una triste imagen donde era rebasado por grupos de corredores descolgados que le observaban con sorpresa. El polémico comentario de Lance Armstrong en su Twitter, «amazing talent but still a lot to learn» («gran talento pero mucho por aprender»), no fue gratuito. Pero abrió una herida en Alberto, que trató de resarcirse infructuosamente con un ataque lejano al día siguiente en la clásica etapa de Niza. Fue la semilla de una ruptura en el seno de Astaná que acabó por salir a la luz en pleno Tour de Francia.
Hoy Alberto Contador ha ampliado la parte dorada de su leyenda en París – Niza con una portentosa victoria en el Col de Mende que ya le viera ganar tres años ha ante Davide Rebellin. Su equipo Astaná desarrolló un trabajo magnífico y, si bien le dejó algo solo en los compases finales de la etapa, también le colocó el triunfo en bandeja. El superclase que empezó su carrera en la estructura de Manolo Sáiz no necesitó siquiera demarrar de forma violenta; lo hizo progresivamente, con un ritmo constante que le lanzó el corredor de Française des Jeux Christophe Le Mével y con el cual fue eliminando uno a uno a sus rivales: Tondo, Kreuziger, la sensación Peter Sagan… incluso el líder Jens Voigt cedió ante el empuje del madrileño. Sólo Valverde, ‘Purito’ Rodríguez y un Samuel Sánchez que se vio perjudicado por una pésima colocación al inicio de la subida fueron capaces de reaccionar, pero lo hicieron sin solvencia. Había una diferencia, mínima, entre la velocidad de Contador y la del resto; la diferencia de talento que inclina la balanza en favor del que es ahora mismo el mejor vueltómano del mundo.
La relación de amor y odio de Contador y la París – Niza se prolonga una edición más. Por lo pronto sólo ha aparecido la parte dulce; quién sabe si, por esta vez, la carrera francesa sólo se va a portar bien con Alberto y a dejarle campeonar con la suficiencia que su talento merece. Quién sabe si la ambición volverá a complicarle la carrera a Alberto de aquí hasta la llegada final en el Paseo de los Ingleses de Niza…