La descendencia de la Vuelta

El pasado domingo, hace ya casi una eternidad, terminó la Vuelta a España. La conclusión general y prácticamente unánime fue que durante estas tres semanas se había vivido en la piel de toro una carrera tan preñada de emociones como huérfana de figuras. Por alguna razón, la calificación del espectáculo rozaba el sobresaliente (lo ponían en duda unas etapas finales descafeinadas por la falta de terreno decisivo) pero era rebajada por la ausencia de grandes nombres, corredores que por sí solos llamaran a los aficionados.

El eterno complejo de la gran ronda española
Hay dos clases de competiciones: las que viven de la presencia de estrellas y las que fabrican referentes. Que una carrera tenga una u otra aura viene de una serie de condicionantes de los cuales emanan lo que podríamos definir como ‘estatus’ de la prueba: tales son su historia, su recorrido, el arraigo que ésta tenga entre el público, la atención que le presten los Medios de Comunicación… La Vuelta, por distinas razones, nunca estuvo segura de que su historia fuera lo suficientemente lustrosa como para equipararse con otras carreras de similar caché, al menos sobre el papel, como las otras dos grandes rondas o los Monumentos. Tampoco tuvo la certeza de contar con el apoyo del público, ni de los Medios; ni siquiera se sentía cómoda con su recorrido y planteaba incluso encerrar sus contrarrelojes en tibios pabellones, cambiando la carretera y la brisa por bicicletas estáticas y el más absoluto de los bochornos.
Todo era hijo del complejo, del miedo a no ser lo deseado, de no poder compararse honrosamente con el Tour o, al menos, con el Giro. Tras unos años de cierto sonrojo, donde el nivel deportivo de la prueba fue cayendo hasta límites poco saludables, cambió la cúpula de Unipublic y con ello viró el rumbo. La entrada en las oficinas de ASO, organizadora del Tour de Francia, se saludó con cierta reticencia: había miedo de que los franceses convirtieran la Vuelta en una hermana pequeña, un ‘sparring’. Es pronto para saber si está siendo así; sólo la perspectiva, el paso de los años, nos permitirá analizar el curso de los hechos y su realidad. Pero sí se pueden ver cambios positivos en la gran ronda española.
Con la excepción de la historia, un parámetro insubsanable de un año a otro, la Vuelta ha registrado mejoras en todos los aspectos concernientes al estatus: los Medios le prestan atención y dedican portadas a lo acaecido en ella; los recorridos son más osados y entretenidos que la propuesta de autovías existente a inicios de siglo; incluso el público se vuelca con un espectáculo que, sobre todo en casos como el de País Vasco, se echaba de menos.
El aura de la Vuelta es distinta y mejor. Un buen síntoma de ello es que, al no contar con figuras de relumbrón disputándose el triunfo, las ha creado. Juan José Cobo y Chris Froome son ahora nombres de cierto calibre cuyo fichaje ha sido discutido en el seno de muchas escuadras. Cierto es que en el caso del ‘Bisonte de la Pesa’ es complicado hallar un hogar lejos del candor de ‘Matxin’ y hay pocas dudas en torno a su renovación con Geox; cierto es, también, que Froome finalmente no ha cambiado de estructura y continuará en el Team Sky junto a su “inmejorable mentor” Bobby Julich. Pero el caché de ambos ha subido hasta cotas inimaginables gracias a su excelente desempeño en una Vuelta a España cuyas emociones han dado a luz dos estrellas de nivel mundial que serán observadas con la lupa del respeto allá donde se presenten a partir de ahora. ¿Hay mejor descendencia para una carrera acomplejada de su aura?

Una oportunidad para Marcos

Febrero. Dos ofertas, o más bien propuestas, sobre la mesa. Está la realidad de Super Froiz: correr en aficionados, cobrar un sueldo a cambio de dar un paso atrás, y rezar por el trabajo de su mánager en aras de volver a la máxima categoría. Al otro lado, las promesas de KTM-Murcia: continuar como profesional a cambio de palabras y de la misma oportunidad. Marcos García (1986, San Martín de Valdeiglesias) eligió la propuesta del conjunto grecomurciano y se aferró a lo más bajo del ciclismo de élite. A los pasados Campeonatos de España Marcos llegó la misma mañana de la competición en su coche particular, como el resto de componentes de su equipo que quedaban registrados en la UCI. Deshauciado, sin bici de repuesto ni mayores medios que su ilusión por su ciclismo. Acabó décimo la carrera, encuadrado en el segundo grupo que llegó a meta tras Rojas y Contador.
No es la única actuación de mérito que puede contar esta temporada. Luce en su balance un tercer lugar en el GP Llodio tras Santi Pérez y Daniele Ratto, meritorio sabidas las circunstancias. En 2011 no podrá acumular más honores, acumulables con los conseguidos los dos años previos en las filas de Xacobeo a través de puestos de honor, trabajo denodado en favor de Mosquera o incluso escapadas en solitario en el Giro de Italia. El desmantelamiento de KTM-Murcia le impedirá correr de nuevo esta campaña. Logró desvincularse de él ante la UCI a inicios de julio e incluso estuvo en la órbita de Burgos 2016, pero las negociaciones no culminaron y su búsqueda no prosperó.
No echará de menos, sin embargo, estos meses de competición. Tiene por delante todo un 2012 gracias a Caja Rural, quien ha confirmado hoy su fichaje de cara a la próxima temporada. El equipo de Azparren, Artetxe y Goikoetxea da así un nuevo paso en su búsqueda de un mayor nivel deportivo. Con Marcos García sumará un buen escalador con un amplio margen de progresión, capacidad de sacrificio y cierta punta de velocidad que siempre le acerca a las posiciones de privilegio cuando las carreras se resuelven en grupos pequeños. Su mezcla con Javi Moreno y José Herrada puede deparar una terna interesantísima, de cara al futuro e incluso al presente si sus respectivas cualidades son aderezadas con valentía. Un valor más a sumar en la cuenta de un Caja Rural que debería estar presente en la próxima Vuelta a España y cuya línea de progresión hace insobornable su presencia en la siguiente gran ronda nacional.

Andalucía aún "sin nueve definido" para la Vuelta

Faltan apenas tres semanas para la Vuelta a España y las distintas escuadras participantes en la gran ronda española van decidiendo sus respectivas alineaciones para configurar poco a poco la lista de ciclistas llamados a estar presentes en la salida de Benidorm el próximo 20 de agosto.
Ayer, la web Wielerfits adelantó la lista de RadioShack: dos de los caídos en el Tour de Francia, Andreas Klöden y Janez Brajkovic, liderarán al conjunto de Bruyneel; a priori como sostén para estos jefes de filas acudirán otros corredores aptos para figurar entre los primeros de la general (Haimar Zubeldia, Tiago Machado, el jovencísimo Matthew Busche), un bisoño contrarrelojista capaz de sorprender (Nelson Oliveira), un esprinter veterano (Robert Hunter) y dos hombres más aún por definir, incógnitas como la táctica de su equipo. Para RadioShack, al fin y al cabo, la Vuelta es únicamente un objetivo secundario más en su temporada. Los americanos no necesitan justificar su temporada en la piel de toro toda vez que cuentan con veintitrés victorias en su haber, incluyendo dos rondas World Tour (País Vasco, Suiza) y dos de categoría .HC (Tres días de la Panne, Vuelta a California).
No es este el caso de Andalucía – Caja Granada. El conjunto del sur de la Península llega a la Vuelta con pocos resultados (apenas una victoria, a cargo de Jesús Rosendo en la modesta prueba uruguaya Rutas de América) y transmitiendo la sensación de ser una formación combativa, destinada a dar salida a los jóvenes ciclistas andaluces, pero algo ineficiente a la hora de sacar partido al talento acumulado en su plantilla.
Convocatoria de Andalucía para la Vuelta
Con objeto de lucir en la Vuelta a España, su gran objetivo de la temporada, Antonio Cabello mantiene a toda su plantilla preparando un pico de forma para agosto y septiembre. De los dieciséis hombres con los que cuenta el técnico cordobés, sólo nueve tendrán el premio de correr en la gran ronda española; quiénes es una incógnita hasta para el propio Cabello. “Aún no hay nada definido y nadie tiene el hueco asegurado, aunque obviamente hay corredores que por su rendimiento este año tienen más opciones de entrar. La convocatoria se decidirá la semana anterior a la Vuelta en función de la actuación de los ciclistas en las carreras previas, las vueltas a Burgos y Portugal”.
Preguntado por si los corredores que competirán cinco días en tierras castellanoleonesas contarán con cierta ventaja respecto a quienes estarán una decena de jornadas fajándose en la dura Grandísima, Cabello niega: “Para nada”. ¿Puede ser la fatiga un problema para el rendimiento de quienes completen Portugal y encadenen con la Vuelta?. “No. De hecho, el año pasado los corredores del equipo que mejor anduvieron en la Vuelta, como [Juan José] Estrada o [Javier] Ramírez Abeja, venían de Portugal. Esta temporada, al haber sólo cinco días entre el final de una ronda y el inicio de la otra, quienes sean seleccionados para la Vuelta y se hallen compitiendo en la Volta recibirán orden de ir más tranquilos en las cuatro o cinco jornadas finales de ésta para no gastar demasiadas fuerzas”.
Antonio Cabello habla sobre José Belda
Respecto de posibles sorpresas en el ‘nueve’ de Andalucía – Caja Granada para la Vuelta, circulaba un rumor insistente desde los Campeonatos de España: José Belda, prodigioso ciclista elite de 36 años, podía ser promocionado desde el conjunto amateur Guerola – Terra i Mar para disputar la gran ronda española con el conjunto andaluz. Cuestionado por el particular, Cabello niega la mayor: “No, no hubo nada serio en este tema. Es cierto que existieron conversaciones informales, pero nada más allá”. Y explica: “llevar a un corredor aficionado a la Vuelta supone dejar a un profesional en casa. Y, por si fuera poco, es un riesgo por cuanto no se sabe cómo se va a adaptar ese ciclista a una competición profesional tan larga y exigente como esta”.
Sin embargo, Cabello muestra interés por una futura incorporación de Belda a Andalucía – Caja Granada. “No me disgustaría probarlo en profesionales”. No es para menos: en el mundillo ciclista, de hecho, existe curiosidad por ver al corredor valenciano desenvolverse en la máxima categoría después de un par de temporadas repletas de exhibiciones como la dada recientemente en la clásica vasca de Loinaz, donde estuvo casi ochenta kilómetros escapado en solitario por delante del pelotón y fue capaz de llegar destacado con casi dos minutos respecto al segundo clasificado. “Anda como a mí me gustaría ver a muchos profesionales. Mueve unos desarrollos impresionantes en las subidas. Creo que andará muy bien si se le da la oportunidad”.
Osuna no correrá como ‘stagiaire’
Respecto del papel de los tres ‘stagiaires’ anunciados por el equipo Andalucía – Caja Granada en este final de temporada, Cabello aclara: “Javier Chacón tomará parte en la Volta a Portugal. José Aguilar quizá corra también en la ronda lusa, pero dependerá de cómo evolucione Sergio Carrasco de la tendinitis que le ha tenido prácticamente toda la temporada en el dique seco; si va bien, quizá haya que buscar alguna alternativa para Aguilar. Respecto de Román Osuna, ganó los Campeonatos de España sub23 y pienso que ahora mismo puede ser más útil para la escuadra luciendo su maillot en las carreras de su categoría, estando también listo para una eventual convocatoria con la Selección nacional para el Tour del Porvenir o el Mundial, que haciendo días de competición con los profesionales. Más aún habida cuenta de que, con su rendimiento y resultados, el año que viene no tendrá problemas para dar el salto de categoría”. Un cambio de planes que quizá no agrade al joven granadino pero que, sin embargo, no incide en el buen futuro que se le augura dentro del ciclismo profesional.

La resolución del ‘caso Contador’, en diciembre

El Tribunal de Arbitraje Deportivo ha anunciado hoy a través de su página web el aplazamiento de la audiencia sobre el ‘caso Contador’ que iba a tener lugar en los próximos días 1, 2 y 3 de agosto. En él, las dos partes enfrentadas en este proceso, personadas en Alberto Contador y la Real Federación Española de Ciclismo (RFEC) por un lado y por la Unión Ciclista Internacional (UCI) y la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) por otro, iban a exponer sus argumentos sobre una posible sanción por dopaje durante el Tour 2010 al ciclista madrileño al jurado del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que dispondría a partir de entonces de entre uno y dos meses para emitir un dictamen condenatorio o absolutorio para Contador en base a una mezcla de interpretación legal y sentido común que suele desembocar en resoluciones habitualmente ‘sui géneris’.
El retraso de la fecha de esta audiencia se produce a petición de las partes implicadas, que al igual que hicieron en junio han acordado solicitar un nuevo intercambio de alegaciones por escrito. Con esto los implicados en el proceso se procuran el conocimiento de cuando menos una parte de los argumentos de su contrario, encontrando así nuevos razonamientos en los dossieres ajenos y obteniendo tiempo para contrarrestarlos dado que la audiencia ante el TAS se pospone automáticamente dos meses más.
A partir de ahora viene, a falta de información sólida, especulación pura y dura por mi parte. Este nuevo retraso podría ser un paso más hacia el empate técnico entre ambas partes en el juicio ante el TAS; ambas tendrán perfectos argumentos y respuestas para estos, lo cual provocaría que el dictamen final dependiera de valoraciones minuciosas o incluso subjetivas. Estos dos meses ‘extra’ supondrán también tiempo disponible para que quienes defienden la inocencia de Contador y quienes propugnan su culpabilidad lleguen incluso a consensuar una salida para esta kafkiana situación.
Ambas partes parecen dispuestas a llevar el caso hasta el final. Contador quería defenderse en primera persona, no tenía “nada que esconder” según contó su hermano Fran en El País; Pat McQuaid, por su parte, se descolgó con unas declaraciones beligerantes al comentarista inglés Ned Boulting en las cuales afirmaba no creerse “la historia de la carne”. Sin embargo, tampoco se antoja que tengan prisa por ello vistos los dos retrasos, incluyendo el precedente desde junio a agosto, que lleva la audiencia ante el TAS.
Este retraso pospondrá a su vez el dictamen, que podría haber tenido lugar en septiembre (coincidiendo con la Vuelta) o a lo sumo en octubre, no se dará cuando menos hasta diciembre. Con ello, el positivo por clembuterol de Alberto Contador podría tardar hasta año y medio en traducirse en una sanción o una absolución, insólitas ambas por su naturaleza y su dificultoso alumbramiento.

Siete motivos para un Tour histórico

Os recomiendo leer este reportaje en Arueda.com, por aquello de las imágenes y demás

Las lágrimas de Cadel Evans en el podio de los Campos Elíseos cerraron un Tour de Francia cuya frenética última semana puede elevarle a la leyenda.
No se recordaba una Grande Boucle tan movida y emocionante, enriquecida además con el alto perfil de sus competidores y la dispersión del talento en diversos equipos, en el ciclismo contemporáneo iniciado tras el ‘caso Festina’. Apenas la edición de 2003, la del Centenario, marcada por el calor y las debilidades de Lance Armstrong frente a Jan Ullrich, recordada por el aficionado español por la terrible caída de Beloki en La Rochette y la magnífica victoria de Ibán Mayo en Alpe d’Huez, ofreció un espectáculo equiparable.
La política de ASO de retrasar la lucha por la general hasta la segunda decena de etapa, dejando la primera sembrada de esprints sazonados con finales nerviosos donde clasicómanos y esprinters competían mientras los favoritos cruzaban los dedos, perdían segundos moralmente decisivos y se caían miserablemente, fue hecha buena por los ciclistas y ha sido aprobada por los aficionados. El Tour llegó vivo hasta el final gracias a la torpeza táctica de un Leopard que tal vez despertó demasiado tarde, el sentido del espectáculo de elementos como Thomas Voeckler o Samuel Sánchez, el orgullo del derrotado Contador y la solidez del campeón Evans. Todos ellos configuraron unas etapas finales memorables. En general, los 198 corredores que tomaron parte en este Tour de Francia contribuyeron, a su manera, a determinarlo histórico por motivos como los siete reseñados a continuación…
El dramatismo de las caídas
Nada como las dificultades, circunstancias desgraciadas, para poner un punto de interés a un acontecimiento. La primera semana del Tour de Francia estuvo sembrada de caídas. Sin ir más lejos, el gran favorito Alberto Contador comenzó a perder la carrera con una en la primera etapa. En los días posteriores sobrevino un goteo de grandes nombres perdidos para la causa del amarillo: Gesink, Wiggins, Vinokourov, Van den Broeck, tres de los cuatro líderes de RadioShack… Auténticos desastres que marcaron el desarrollo de la carrera al reducir drásticamente el número de favoritos y aspirantes a lucir en el puestómetro.
El dominio de Cavendish y su lucha con Rojas
La primera semana no sólo fue escenario de caídas e ilusiones rotas contra el asfalto: también sirvió para la representación de una de las luchas más entretenidas y electrizantes de todo el Tour. El murciano José Joaquín Rojas, decidido a conseguir el maillot verde de la Regularidad para Movistar, entró en la guerra por los puestos de privilegio en todas las etapas a su alcance, enfrentándose en muchas ocasiones a grandes ciclistas que aportaron su nota de brillantez a la carrera como Philippe Gilbert, Thor Hushovd o Edvald Boasson Hagen. Su problema vino cuando Mark Cavendish encendió la locomotra de su HTC y comenzó a imponerse inapelablemente en cinco finales llanos. Recortó su ventaja, le superó y acabó por lucir el entorchado verde en París. En medio, cruces de palabras en la prensa, acusaciones e incluso una particular declaración de intenciones donde Movistar mostró su intención de dejar a Cavendish fuera de control para auparse al ‘verde’.
El atropello de Flecha y Hoogerland
En la novena etapa, un insólito coche de France Télévision atropelló a Juan Antonio Flecha y Johnny Hoogerland. Del conductor nunca más se supo; de su delito, en cambio, nació una historia admirable. Ambos corredores no sólo acabaron la etapa donde fueron golpeados por el automóvil, sino que también llegaron a París. Ni siquiera lo hicieron en el anonimato deportivo: Flecha y, especialmente, Hoogerland destacaron en las fugas con su habitual coraje e intrepidez. En torno a ellos se creó un halo de heroísmo que ha culminado, en el caso del holandés, en un auténtico culto a los 34 puntos de sutura resultados de su encontronazo con una alambrada a través incluso de camisetas y canciones.
La heroica defensa de Thomas Voeckler
En la misma jornada del atropello, el francés Thomas Voeckler se aupó al liderato del Tour de Francia con la exigua renta de 2’26”. Salió indemne de los descafeinados Pirineos y se plantó en los Alpes con sus opciones de dar la sorpresa intactas e in crescendo. Se las dejó en el Galibier, camino de Alpe d’Huez, y acabó cuarto en la general, un resultado con el cual no podía ni siquiera soñar. Voeckler no es un ciclista querido dentro del pelotón por los mismos motivos que le hacen reconocible y hasta entrañable para el aficionado: tiene una relación bulímica con el protagonismo, que gana robándoselo a los demás a través de gestos estridentes, excesos deportivos, lenguas moviéndose como un péndulo de extenuación y ex abruptos tan poco caballerosos como atractivos para la cámara. Genio y figura, Voeckler ha sido uno de los grandes nombres de este Tour de Francia gracias a su tenaz defensa del maillot amarillo ante corredores mucho mejores que él. Su fe, y las alucinantes prestaciones de Europcar, movieron montañas.
Andy Schleck: el aspirante a rey puso en jaque el Tour
Destronado por su torpeza en el descenso, perdido en la guerra de nervios sostenida con Contaodr, víctima del escarnio del mundillo ciclista, Andy Schleck defendió su honra de la única manera posible en la 18ª etapa del Tour. Un ataque lejano en el Izoard le permitió pasar en solitario por el paraje lunar de la Casse Desserte, como los grandes campeones de Bobet, y rematar junto a un Leopard excelente aquella jornada la faena en la subida postrera al Galibier mientras el resto de favoritos se miraban, acusadores. Esta épica ofensiva de sesenta kilómetros puso el Tour patas arriba, eliminó a grandes candidatos a todo como Alberto Contador o Samuel Sánchez y revindicó al luxemburgués ante esa parte del Ciclismo que le consideraba aniñado y sobrevalorado. Su ataque no valió para ganar el Tour de Francia, pero sí le granjeó el respeto de todo el deporte. Y ese logro, intangible, quizá valga más que un jersey amarillo.
Contador no pudo ganar, pero fue el juez
Tras condicionar el desarrollo del Tour a través del miedo que infundía a los Schleck, Alberto Contador fue derrotado en la vertiente sur del Galibier. Al día siguiente, en la norte, se lanzó a por todo y a por nada a la vez. No buscaba la etapa, ni la general; sólo quería dejar en la carretera ese último gramo de fuerza que no iba a necesitar en su Pinto natal, ni ante el TAS, ni en la Quiznos Pro Challenge. Se lanzó en busca del honor y la venganza deportiva, y consiguió ambas aunque no las culminara con una victoria por obra y gracia de un inspiradísimo Pierre Rolland. El ataque de un Contador lleno de frenesí puso nuevamente la carrera al borde del infarto, y quizá la decidió al animar a Andy Schleck a realizar un derroche de fuerzas que pudo lamentar luego en la subida de Alpe d’Huez, donde no pudo distanciar a Evans. El madrileño de Saxo Bank no fue el ganador, pero sí fue el juez y quizá el verdugo. Ahora le toca ponerse ante el tribunal.
El Ciclismo hizo justicia con Evans
Hay pocos finales mejores para una carrera ciclista que la victoria de quien lleva persiguiendo el éxito demasiado tiempo. Con 34 años largos, Cadel Evans se convirtió en el tercer ganador más veterano del Tour de Francia en toda su historia. Lo hizo a través de sus señas de identidad, equiparables tal vez a la esencia del Ciclismo: tenacidad, solidez, sufrimiento. Tomando la responsabilidad como dicen sus admiradores, o a rueda como dicen sus detractores, el australiano de BMC fue el mejor de esta Grande Boucle, el más regular y también el más inteligente. Cimentó su triunfo en la montaña, donde aguantó a pesar de que su equipo BMC apenas era voluntad en ese terreno, y lo remató en la contrarreloj final, donde superó y jibarizó a los Schleck con suficiencia. Campeón merecido, perpetúa también un ejemplo para el futuro: quien triunfa no tiene por qué hipotecar su temporada en pos del Tour. Se puede ganar en París habiendo competido y hecho gala de calidad en carreras previas. Una auténtica lección que debería ser aprendida por otros contendientes de esta excelsa Grande Boucle.

Este Tour recordará a Contador

No ha podido ganar el Tour, ni siquiera esta etapa. Pero Alberto Contador ha regalado hoy al Ciclismo un día épico para su honra y regocijo.
Un ataque de Chris Anker Sörensen, de Saxo Bank. Orejas tiesas en el pelotón. Son los compases iniciales de la etapa, la fuga lleva ya unos kilómetros establecida, el Télégraphe está en sus primeras estribaciones. No tiene sentido, a menos que… Demarraje de Contador, claro. Andy Schleck, Cadel Evans y Thomas Voeckler a su rueda. Dani Navarro, otro coequipier del pinteño, surge desde atrás para darle un relevo de unos pocos metros, un respiro exiguo para el madrileño a cambio de un atracón de hipoxia para el asturiano. De más atrás aún viene otro chaval de Asturias, Carlos Barredo, amigo enrolado en Rabobank, y propulsa de nuevo al grupo de Contador para acabar abriéndose a los quinientos metros, exhausto.
También se tienen que abrir Evans y Voeckler. El australiano, nervioso con su bicicleta como en la etapa de Sierra Nevada de la Vuelta 2009, se queja de su máquina y la cambia. Contador, ebrio también de 2009 (París-Niza, última jornada, otro ataque desaforado al inicio de la etapa cuando se había quedado sin opciones de cara a la general), seguía con su tentativa y con Andy Schleck a rueda. Cazan la fuga. La rompen, también. Se marchan con Rui Costa (Movistar) y Christophe Riblon (AG2R), ganadores de un concurso que tenía por premio vivir en primera persona una etapa histórica. Por detrás, Evans se refugia en el Liquigas de Basso en lo que podríamos llamar, entrecomillado, “pelotón”; Voeckler persiste, suicida, y consuma Galibier arriba su error de pretender equipararse con dos superclases en el terreno predilecto de estos. A partir de ahí, la ofensiva acaba por establecerse y acaba por morir.
Boxeo bajo mínimos en Alpe d’Huez
Fue una jornada épica por salvaje. Por el destrozo sufrido en el seno del pelotón, por las decisiones rápidas y ofensivas, por el lactato acumulado en las piernas de los ciclistas. A pesar del reagrupamiento en el descenso del Galibier y la teórica calma sobrevenida con éste, Alpe d’Huez se convirtió en una lucha donde apenas quedaban fuerzas y cada uno se defendía con su clase. El lanzamiento de Jakob Fuglsang en la primera rampa del gigante alpino, error monumental por cuanto dejó en ventaja a Evans y cortó a los hermanos Schleck (sus dos jefes de fila), se tradujo apenas en una anécdota cuando se puso de relieve que la etapa era una ruleta entre corredores asfixiados, un combate entre boxeadores derrengados.
Boxeador fue Alberto Contador a cinco kilómetros de meta para golpear con un curioso puñetazo a un aficionado impertinente que le perseguía vestido de enfermero y haciendo gesto de pincharle con una jeringuilla. El madrileño ya iba sólo, el mejor en la lucha de clase a falta de fuerzas, dejando atrás a todos los favoritos mientras estos se marcaban entre sí a aproximadamente un minuto de distancia. Tras él avanzaba, inexorable, Samuel Sánchez; a su rueda, un Pierre Rolland conservador a quien se le cuenta tanto el mérito de aguantar con los mejores toda la etapa como se le descuenta el demérito de no haberse mostrado cara al aire ni dado una pedalada en favor de su coequipier y maillot amarillo Thomas Voeckler.
Por eso, que en los kilómetros finales el francés de Europcar emergiera de la rueda de Samuel para remachar a Contador deja un sabor agridulce. Jugó sus cartas, sí, pero quizá hubiera sido más deseable para el Ciclismo (y para el aficionado español) la victoria de ese Contador épico, enrabietado, encarnando todos los valores de un deporte donde morir matando no es un órdago antinatural sino un valor encomiable. El demarraje de hoy, desde la inferioridad y aún resintiéndose de la brutal cura de humildad recibida ayer, coloca a Contador en el peldaño de los grandes héroes ciclistas de toda la historia. También esta edición del Tour de Francia oposita para situarse entre las mejores carreras de siempre, referentes para el futuro. Y se acordará de sus 198 participantes, pero especialmente de un Alberto Contador que le ha puesto un colofón magistral en espera del epílogo de mañana.

La histórica redención de Andy Schleck

Octavo a 3’22” del apoteósico vencedor Andy Schleck, Rein Täaramae entra en meta roto. El estonio de Cofidis acaba satisfecho por cuanto sus relevos en momentos clave de la etapa habían conseguido descabalgar al colombiano Rigoberto Urán y auparle a los más alto de la clasificación de los jóvenes, pero a la par algo desencantado por un ataque a menos de cinco kilómetros de meta que le había desfondado, permitiendo al sorprendente Pierre Rolland acercarse peligrosamente y situarse a sólo 33” de él en la general. Respiraba Täaramae, experto en la lid del reventón y excesivo como pocos en sus aceleraciones, el aire huérfano de oxígeno del Galibier. Ésa era la principal causa de su sofoco: haber rebasado el umbral de los 2000 metros de altitud pedaleando. Más de 30 kilómetros pasaron los corredores por encima de éste durante la etapa, durante la cual recorrieron también alrededor de 130 ascendiendo, hacia el cielo, para terminar a 2645 metros sobre el nivel del mar.
Era una jornada propicia para reventones. Más cuando se venía de días de nervios, con diecisiete parciales de fatiga acumulados. Si a esto sumamos el esfuerzo de otra carrera de similar calado y dureza como el Giro de Italia, el resultado es que las piernas del ciclista que saliera indemne serían sobrehumanas. Alberto Contador no aguantó, y con ello demostró ser tan humano como cualquiera. El hecho de que en veinte años sólo tres ciclistas hayan sido capaces de clasificarse en el podio de Giro y Tour una misma temporada era suficientemente indicativo de la titánica tarea que tenía por delante el pinteño buscando el doblete. Hoy se dió de bruces con sus limitaciones. A pesar de su trabajo, el de su Saxo Bank y el de sus aliados de Euskaltel, acabo por ceder tiempo en meta, ahogado. Incluso algo más que el explosivo Täaramae.
Lejos de estas miserias durante la mayor parte de la jornada, alumbrado por la épica que tanto necesitaba para redimir su honra, Andy Schleck cabalgó majestuoso por las cumbres alpinas. Planteó la táctica de su Leopard Trek tirando de manual, lanzando a dos buenos gregarios como Joost Posthuma y Maxime Monfort en la escapada larga fraguada en el eterno Agnello con objeto de atraparlos posteriormente y beneficiarse de su trabajo. Lo hizo a la perfección gracias a un portentoso ataque en el Izoard que no halló contestación en un grupo de favoritos que prefirió jugar al ajedrez. Basso sólo contaba con el alfil Szmyd, Contador tenía sus filas desarboladas y se hallaba personalmente en jaque a cola del grupo, Evans tenía una posición tan cómoda que no puso a trabajar a sus peones hasta llegado el falso llano previo al Galibier.
El australiano, sin embargo, midió mal los tiempos. Finalmente, ante el viento de cara del Lautaret y la inconmensurable labor de Monfort y el circunstancial aliado Devenyns para Andy Schleck, tuvo que acabar en cabeza de grupo jugándose el todo por el todo, incluso su propio pellejo de rey. Se enfrentó en solitario a Eolo ante la insolidaridad de sus acompañantes y fue eliminando a los rivales que se agazapaban a su espalda, tan deseosos de atacarle como temerosos de las consecuencias, a la par que recortaba la ventaja del contrincante que se alzaba en el horizonte, inapelable y magistral. A la postre, Evans acabó por salvar sus muebles y, a la par, los de un Europcar miserable que no dio un solo relevo hasta menos de un kilómetro para el final a pesar de llevar en el grupo al gregario Rolland con su líder Voeckler y, aun así, conservó como premio el ‘amarillo’ un día más.
En los últimos metros, sobrado tras todo un día guardando energía, Frank Schleck aceleró para ser segundo a meta y remachar con un doblete la exhibición de su hermano y el Leopard Trek en conjunto. Una exhibición necesaria, sin duda alguna, para evitar a la estructura el escarnio dentro de un pelotón donde aún no habían visto garras a los felinos. Sin embargo, a tenor de lo visto sí las tenían, aunque guardadas. Hoy han sabido usarlas de la mejor manerla posible para configurar una magnífica redención y aupar al benjamín de los Schleck al segundo lugar de la general (con apenas 15” de desventaja respecto de Voeckler y casi un minuto sobre el Evans) y de paso hacerle entrar en la historia del ciclismo por la puerta grande. Falta saber si Leopard tiene también fauces para triturar mañana la carrera en Galibier y Alpe d’Huez e imponerse con ello en la general de un Tour de Francia que llega a su fin de semana postrero abiertísimo tras una agradable sucesión de sorpresas.

Mirando el ránking de mérito

Este es el Ránking de Mérito, en base al cual la UCI definirá las dieciocho escuadras World Tour del próximo año. Los quince primeros clasificados tienen asegurada la condición de ProTeam, y con ello la participación en las mejores carreras ciclistas del mundo; los situados entre el 16º y el 20º puesto se juegan las tres plazas restantes ante una comisión independiente de la UCI.
El quid de la cuestión es que el baremo del cual se extrae este ránking es «secreto». Ha sido filtrado públicamente en alguna ocasión, y en privado muchísimas más. Con esos datos y las clasificaciones de CQ he calculado esta versión del ránking, aproximada por cuanto difícilmente podrá llegar a ser exacta dado que no existe una información oficial y publicada del mismo.
Os apunto algunas reflexiones que me ha dejado latentes el proceso de articular este ránking:
· El sistema de puntuación es obviamente subjetivo, por cuanto las victorias son tomadas en cuenta individualmente y no así los puestos de podio. Además, por obra y gracia del sistema de categorización de las carreras hay algunos sinsentidos deportivos como que se suman más puntos por dos victorias de etapa en la Vuelta al Lago Qinghai que por la victoria en la general de la Vuelta a Castilla y León…
· Sin embargo, la manera de tomar en cuenta los puestos de honor (únicamente a través de la posición obtenida en los distintos ránking World Tour y continentales) me parece muy adecuada. Es una forma de no recompensar directamente esas actuaciones conservadoras que tan de moda están en el ciclismo actual.
· Los únicos puntos que no van adosados a los corredores sino a las estructuras son aquellos conseguidos a través de las clasificaciones por equipos de las carreras World Tour y .HC. Para dar una idea de la importancia de estos, la formación que más puntos lleva gracias a esto es RadioShack con 166 de los 844 puntos acreditados. Un porcentaje ínfimo, apenas una tercera parte de lo necesario para mantenerse en la Primera División… que es aún menor en el caso del resto de escuadras… Es injusto para con los gregarios que sea el líder quien se lleve todos los puntos correspondientes a los logros consigo.
· Al hilo de lo anterior, es imprescindible señalar que esta clasificación cambiará completamente con el mercado de fichajes. HTC y Omega Pharma bajarán su puntaje, BMC lo inflará, GreenEdge irrumpirá con fuerza… En definitiva, esta versión del ránking con las plantillas de 2011 apenas tendrá significación al final del año más allá de indicar cuál ha sido la prestación real de las distintas formaciones durante el año.
· … Y, obviamente, aún están sin sumar carreras importantísimas aún por disputar como Tour, Vuelta, Mundiales …

Bendita costumbre de combatividad

Tras el monumental sobresalto de ayer, la etapa de hoy no ha llegado a sorprender a nadie. En este Tour, la combatividad se ha convertido en una bendita costumbre.
La jornada camino de Pinerolo respondió al guión acostumbrado en un día de media montaña de una gran vuelta, más aún si éste se sitúa en la tercera semana de carrera: una fuga numerosa se marchó ante la pasividad del pelotón, corredores de segunda fila buscaron moverse para dar un salto en la general, el equipo del líder controló y en los postres se atizaron los favoritos con escasa significación mientras quienes marchaban por delante se jugaban la victoria. Pura, emocionante, normalidad.
Bien sabe de esto Rubén Pérez, ciclista de Euskaltel, el esforzado de la ruta que más escapadas del día (6) lleva acumuladas en este Tour junto a Mickäel Délage y Jérémy Roy (FDJ). Hoy se filtró entre los catorce de turno e incluso a estos les atacó en la subida a Séstriere; dejaba atrás al meritorio Andrey Amador, fugado a pesar de su esguince de tobillo, y a grandes escapistas como Sylvain Chavanel o Sandy Casar. También estaba en el grupo el irresistible Edvald Boasson Hagen, quien le adelantó en la subida a Pramartino y se resarció imponiéndose en meta de su derrota de ayer ante Hushovd. Precedió a Bauke Mollema, incapaz de neutralizarle y afectado por la mala suerte de su compañero en la empresa de cazar al gigante noruego, un Jonathan Hivert que desperdició la última oportunidad del modesto Saur-Sojasun de llevarse un parcial de esta Grande Boucle con un accidentado descenso que incluyó un derrape, una caída y una salida de bandera hacia un patio vecino a la calzada.
En el mismo descenso atacaron, desaforados y en conjunto para regocijo de Pepe Martí, preparador físico personal de ambos, Samuel Sánchez y Alberto Contador. El español ya lo había probado en la subida previa; su demarraje, sin embargo, estaba cantado y encontró la firme resistencia de unos hermanos Schleck dispuestos a no ser ridiculizados de nuevo por el ciclista de Saxo Bank. La bajada suicida de asturiano y madrileño apenas se tradujo en meta en 27 segundos de ganancia, para ellos y para el resto de favoritos, sobre el líder Thomas Voeckler (casi calcó el descenso de Hivert) y un Ivan Basso cuyo punto fuerte jamás fue la suerte del descenso.
El italiano de Liquigas es, precisamente, uno de los grandes interesados en las etapas que mañana y pasado decidirán en gran parte el Tour, en vísperas de la definitiva contrarreloj de Grenoble (sábado). La acumulación de dureza beneficiará a los fondistas como él. El viernes se afrontará el interminable Galibier por el lado de Télégraphe y, tras un larguísimo descenso, el legendario Alpe d’Huez. Antes, el jueves, se subirán tres puertos de categoría especial: el eterno Agnello, el durísimo Izoard y otra subida de enorme longitud como el Galibier encarado por la vertiente de Lautaret, poco adecuada para exhibiciones dada su exigua pendiente media de menos del cinco por ciento.
Serán dos jornadas, especialmente la de mañana, donde quien desee hacer daño deberá ser ofensivo desde lejos para ver su traducida su agresividad en diferencias en la meta. La posición ventajosa de un Evans cuyo punto [apenas] débil está en la alta montaña y la ausencia de un equipo verdaderamente dominante incentiva esta posibilidad de ataques lejanos. Unos Schleck heridos en su orgullo y ridiculizados en el mundillo ciclista, el sufridor Basso, los acostumbradamente combativos Contador y Samuel Sánchez e incluso un Movistar dispuesto a dejar fuera de control a Mark Cavendish para precipitar el maillot verde de la regularidad sobre los hombros de José Joaquín Rojas tienen mañana y pasado terreno de sobra para traducir sus intenciones en hechos. O, al menos, en honrosos intentos que dejen una marca en la memoria del aficionado, ávido de gestas que pongan la guinda a este intenso Tour de Francia.

La valentía cambió las tornas

Hace unos días, en la meta de Luz Ardiden donde Samuel Sánchez triunfó y los grandes favoritos distanciaron a un Alberto Contador cuando menos poco inspirado, Andy Schleck citó a Ivan Basso y Cadel Evans como los rivales a batir en este Tour de Francia. Obvió a Contador, forjando un exabrupto que, repetido días después en Plateau de Beille, constituía una machada calculada dentro de la guerra psicológica planteada por los hermanos Schleck al madrileño. Sabían que sus piernas estaban bien y trataron de derrotarle a través de la cabeza: emparedarle durante las subidas, picarle en la prensa… En una palabra, provocar su desquicio para sacarle de la carrera
Con un Contador mentalmente frágil, sólo tendrían que derrotar a rivales en teoría asequibles en las montañas. Una vez «conseguido» lo primero, dispusieron de tres jornadas pirenaicas para lo segundo. Luz Ardiden supuso un buen prólogo; Lourdes, una tregua; Plateau de Beille, una ocasión marrada. En total, ascendidos tres puertos de primera y cuatro de categoría especial, Frank Schleck se acercó al amarillo de Voeckler tan solo cuarenta segundos; Andy, veintidós. Esa fue la renta conseguida con la carrera a su merced en todos los aspectos…
Hoy, la valentía cambió las tornas. Con un ataque en un Segunda poco sugerente (el Col de Manse) y su estremecedor descenso, Cadel Evans y Alberto Contador consiguieron veintiuno y dieciocho segundos de ventaja respectivamente sobre Voeckler y Frank. Menos de un minuto sobre Basso. Y más de un minuto sobre Andy.
El menor de los Schleck confesaba en meta: “no me esperaba este ataque”. Ciertamente, el libro de ruta no lo anunciaba. Considerando el devenir de la carrera, sin embargo, cabía presagiarlo. Había sido una jornada dura, de altísima velocidad (se llegó a meta con veinticinco minutos de adelanto sobre el horario previsto), y la subida tendida que se iba a coronar a once kilómetros de meta alumbraba después una bajada vertiginosa. El terreno y las circunstancias eran propicias. BMC lo supo ver y aumentó el ritmo de un pelotón que ya había dejado la victoria de etapa en manos de la fuga.
La escuadra de Evans lanzó el guante y éste lo recogió un Contador reforzado moralmente tras el día de descanso, aliviado también de una rodilla que según confesó su hermano y mánager Fran hoy en Eurosport estuvo a punto de llevarle al abandono en la primera semana de carrera. Su demarraje inicial sirvió para avisar al resto de favoritos. Una vez consumado el reagrupamiento, fue continuado por su coequipier Dani Navarro en lo que constituye la primera ayuda efectiva y decisiva de Saxo Bank al superclase madrileño.
La segunda tentativa rompió la baraja. Probablemente fue la primera ofensiva sostenida de todo el Tour, el primer ataque de más de veinte segundos de duración. Halló eco en Cadel Evans y Samuel Sánchez y la terna, una vez en cabeza, no dudó que debía persistir en su apuesta. El descenso, estrecho y húmedo, coincidente en su parte final con el del Col de la Rochette que tan mal recuerdo trae al aficionado español, fue una exhibición de un Evans encendido para acallar a los críticos que aún le acusan de cobarde.
Mientras el noruego Hushovd se llevaba la etapa por delante de Boasson Hagen (otro noruego) y su coequipier Hesjedal (cuya ascendencia y apellido son también noruegos), Voeckler y Frank Schleck descendían a cuchillo para minimizar la pérdida. Mal le fue a un Basso romo que a partir de ahora tiene la obligación de atacar para soñar con el podio de París. Peor aún estuvo Andy, asustado por la caída de Jeanesson (apenas un derrape mal hecho) según contaba en meta. Perdió más de un minuto y enterró sus opciones de ganar este Tour de Francia.
La clasificación general aún sitúa al luxemburgués por delante de Contador, pero lo cierto es que el español le ha ganado la posición por una cuestión de valentía. Su movimiento de hoy, el beneficio que ha generado para un Evans lanzado hacia la victoria final, le ha encumbrado como juez de la carrera. De su consistencia en jornadas posteriores, el ‘momentum’ del australiano y la reacción del resto de favoritos dependerá que Contador consume una remontada encomiable y quién sabe si histórica.