Atleta sabio y maestro de Flandes

Publicado originalmente en Arueda.com

Tercer Tour de Flandes para el suizo Fabian Cancellara (Trek), que sin tener un día especialmente brillante rubricó uno de los mejores triunfos de su carrera deportiva por delante de Van Avermaet (BMC), Vanmarcke (Belkin) y Vandenbergh, representante de un OPQS desarbolado por un ataque del modesto Dries Devenyns (Giant).

En una jornada tremendamente accidentada, el infortunio fue ingrato con Fabian Cancellara y sus compañeros de Trek. Su capitán de ruta, Yaroslav Popovych, quedó eliminado a media ruta al enganchar su manillar con el abrigo rojo de una señora. Su lugarteniente Stijn Devolder, renacido en las últimas fechas después de unos años fantasmales en Quick Step y Vacansoleil, cayó dos veces y terminó con el codo machacado, convertido en una acumulación de bollos, infecciones e inflamaciones. Y su hombre de confianza, Gregory Rast, cayó con Devolder en la primera ocasión y quemó sus balas en reintegrarlo al pelotón de favoritos.

Solo, Fabian Cancellara supo jugar sus cartas sin cantar su jugada durante 230 kilómetros. Fue discreto y supo no abrumarse por la soledad frente al resto de favoritos y el bloque transatlántico de OPQS, de cuyo naufragio hablaremos dentro de tres párrafos. Antes, unas declaraciones de ‘Espartaco’ publicadas por Cyclingnews en la vigilia de De Ronde: “Tenía sensaciones encontradas después de Gante-Wevelgem. Durante el entrenamiento me encontraba raro, no era feliz. Tenía muchas preguntas que no sabía responder. ‘¿Estoy listo para competir en Flandes?’. Realicé unas cuantas llamadas de teléfono y hablé con gente que sabe. Respondieron mis preguntas. Por eso estoy tranquilo”. Es la figura del atleta sabio que, dudando de sus cualidades antes de la batalla, pregunta a gente que él percibe más sabia. Es la figura del atleta doblemente sabio.

El suizo supo manejarse en cada situación de carrera, no desesperar, no demostrar sus piernas, que eran buenas pero no mejores que las de Vanmarcke. Tiró de sangre fría en todas las escaramuzas, dejó que Sagan y su Cannondale tiraran del carro como si fueran más favoritos que él, y se aprovechó de las zozobras de OPQS de las que hablaremos dentro de un par de párrafos. Cuando juzgó el momento adecuado, porque Van Avermaet tenía más piernas de las sospechadas para derrotar a los favoritos y remolcar a Vandenbergh, ‘Espartaco’ lanzó su ofensiva en el último paso por el Viejo Kwaremont con Vanmarcke soldado a su rueda. Posteriormente, en el Paterberg, pasó su momento de zozobra. El belga de Belkin vio la oportunidad de arrebatarle los laureles, de desbancarlo, de matar al padre y escenificar el relevo generacional en una estampa repleta de significado; se puso de pie y apretó. Cancellara, “muerto” según reconoció en el comunicado de prensa de su equipo, apretó los dientes y logró aguantar.

Fracasado el intento de Vanmarcke de derrocar al maestro de Flandes, la sombra de su ascendente creció y se hizo gigantesca hasta envolver al resto de contendientes. Van Avermaet estaba algo desquiciado porque creía que su movimiento “era bueno”, pero no pudo llevarlo a buen puerto porque “Vandenbergh no colaboró en absoluto”; el citado gigantón de 1,97, porque no oía nada por el pinganillo y sabía que el bloque de su OPQS se había ido a pique como veremos a partir del próximo párrafo; Vanmarcke porque estaba acalambrado, su golpe de estado había fallado y encima el suizo había sido más astuto, primero obligándole a colaborar con él y después forzándole a abortar lo que podría haber sido una tentativa buena de Vandenbergh. En recta de meta, Cancellara tomó la posición donde menos afectaba el viento de costado y ganó; en el podio, se bebió una cerveza de una sentada; en el hotel, celebró la victoria con un patinete. Exultante en una de sus mayores tardes de gloria.

Cómo Devenyns hundió a su antiguo equipo

Dries Devenyns vive en el Oude Kwaremont. Entrena cada día por las carreteras del Tour de Flandes, se las sabe de memoria; aun así, en las cinco temporadas que pasó enrolado en Quick Step (de 2009 a 2013), sólo corrió De Ronde dos veces, siempre en el rol de gregario, relegado por los múltiples ganadores potenciales que han figurado y figuran en el plantel de Patrick Léfévre. Este invierno, cansado de no brillar, cambió de aires y fichó por Giant-Shimano. Con el rayado vertical albinegro del conjunto 1t4i, Devenyns convirtió en fatal la mala táctica de OPQS.

Los farmacéuticos tenían el ‘ocho’ con mayor nivel medio de cuantos se presentaron en la salida de Brujas. La selección del Koppenberg dejó claro que cuatro de los trece mejores ciclistas presentes se alineaban en su equipo: Tom Boonen, Zdenek Stybar, Niki Terpstra y el ya mentado Stijn Vandenbergh. Sin embargo, como ya les había ocurrido en alguna ocasión en esta temporada de piedras, no supieron hacer valer esta mayoría. En cada escaramuza, el único que saltaba tras el atacante era el gigantón; los otros tres se quedaban a rueda de Cancellara, Sagan y Vanmarcke. Mandar siempre al menos bueno de los cuatro no era la decisión adecuada, y se demostró a la postre.

A 30km de meta, Dries Devenyns ensayó un demarraje con más esperanza que fuerza. Vandenbergh salió a su rueda; con él, otros cinco hombres. Mientras tanto, Boonen, Stybar y Terpstra especulaban a rebufo de Cancellara; querían que el suizo cerrara la brecha de metros que se había abierto entre una mitad del grupo de favoritos y la otra. En esa tesitura, Van Avermaet lanzó su ofensiva en pos del triunfo; el único OPQS en disposición de responder era Vandenbergh, que se soldó a su aspiración mientras los otros tres líderes rodaban con expresión de insulsa astucia a rueda de los rivales a batir. En el Oude Kwaremont se vislumbró la tragedia táctica cuando ningún OPQS fue capaz de seguir a Cancellara y Vanmarcke; en Paterberg se certificó, cuando cada uno hizo la guerra por su cuenta, afectados según Boonen por un fallo del pinganillo que les impidió organizarse como convenía.

… Y así fue como un renegado llamado Dries Devenyns hundió con un ataque a tiro de piedra de su casa el barco de OPQS, llamado por algunos “Bayern de Boonen”, a quien sólo le queda París-Roubaix para rentabilizar su insultante superioridad numérica, que no táctica, en las piedras.

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