Kristoff con Paolini y Nibali, solo

Publicado originalmente en Arueda.com

Alexander Kristoff (Katusha) se impuso en una Milán – San Remo marcada irremisiblemente por el mal tiempo, que frenó al resto de velocistas, y en la que sólo atacó Vincenzo Nibali (Astana).

Óscar Freire sabe de qué va Milán – San Remo, por algo la ganó tres veces mientras estuvo activo. Cuando Alasdair Fotheringam le preguntó en Cyclingnews por la influencia de que Pompeiana, una subida de 5 kilómetros al 5% que se iba a recorrer entre Poggio y Cipressa, se cayera de la ruta a última hora por el mal estado de su firme, el cántabro fue tajante: “No hará la carrera más fácil o difícil para los velocistas puros. Lo que realmente influye en una Milán – San Remo es el viento, que si es de cara ralentiza y hace más probable el esprín, y la lluvia, que rompe”.

El viento no estuvo, pero la lluvia y el frío se hicieron sentir durante siete horas. Alteraron el sino de la carrera y depararon una volata de treinta corredores donde ganó el más duro, Alexander Kristoff (Katusha), aprovechando un trabajo impecable por parte de su coequipier Luca Paolini, uno que llevaba varios meses apuntando a la victoria y, cuando se cayó la Pompeiana, varió sus planes para pasar de líder y aspirante a gregario de lujo. El italiano dio una exhibición de doméstico para que su compañero no sintiera el aire más que en la última recta de meta; bastante tenía con soportar la lluvia en su armatoste nórdico, recio y potente. En los instantes decisivos, Paolini supo acelerar en el momento justo para quitar de la cabeza a cualquier Cancellara o Battaglin la idea de atacar para sorprender.

Philippe Gilbert (BMC) hizo el resto con un movimiento táctico desconcertante. Quizá buscara distraer la atención para que su coequipier Greg Van Avermaet demarrara por el otro lado de la carretera; y el belga lo hizo, en efecto, pero su desmarque acabó frustrado por un aparente salto de cadena. Finalmente, la intervención del ex campeón del mundo sólo sirvió para brindar la victoria en bandeja a Kristoff, lo cual no deja de ser irónico. Antes de firmar por Katusha en 2012, el noruego pasó dos campañas en BMC; en junio de 2011, tras el Giro, le dijeron que se buscara equipo. Lo encontró y en él ha conseguido un bronce olímpico y diez victorias, la última esta San Remo que le consagra como estrella a sus 26 años.

“Un buen tío que siempre está ahí, merecía conseguir una victoria, me alegro por él”, define Mark Cavendish (OPQS), uno de los grandes derrotados del día. “Aguanté perfecto en las subidas, me encontraba genial. Pero un esprín después de 300 kilómetros bajo la lluvia es algo completamente distinto y mis piernas no dieron más de sí”. Sólo pudo ser quinto y cerrar la progresión de Juanjo Lobato hacia el puesto de podio que finalmente ocupó Ben Swift. El gaditano de Movistar compitió como los ángeles y consiguió una cuarta plaza redentora para ese ciclismo español irritado por la presunta carestía de referentes que padecerá cuando se retiren los que ahora ganan. Ante el temor, una cucharada de realidad: en España hay ciclistas jóvenes y talentosos, menos rutilantes de lo acostumbrado, pero capaces de mantener el pabellón. “Puedo estar disputando esta carrera en el futuro”, dijo Lobato henchido de confianza.

Otro decepcionado fue Peter Sagan, la estrella del rock, la altura de un Cannondale con poca base. El director Mario Scirea planteó la carrera con la osadía habitual y los gregarios verdes se quemaron buscando hacer duros el Turchino y los ‘capos’, subidas previas a los momentos clave. Carne de cañón: en la Cipressa sólo quedaba en pie el abnegado Alessandro De Marchi. Aun así, Sagan no llegó a echar de menos a Moreno Moser, baja de última hora por molestias en el cuádriceps; sus piernas estaban “bloqueadas por el frío” y sólo le sirvieron para un exiguo décimo puesto.

Vincenzo Nibali, el único favorito en ensayar un ataque reseñable, estaba molesto con el resto de candidatos a la victoria. “¿Dónde están los corredores con cojones de antaño?”, tuiteó sintético. En meta, sentado en las escaleras del autobús de su Astana, sí se extendió: “Había hablado con muchos corredores en el pelotón, sobre todo con Sagan, que me dijo que quería moverse en la Cipressa… Pero, cuando ataqué, ninguno de los que decían que querían hacer dura la carrera para eliminar esprinters me siguieron”. El Tiburón se sintió vendido, y probablemente con razón; le dejaron marcharse y tostarse en su solitaria intentona abrigado por las motos para después absorberle apenas llegó lo serio. Advirtió Nibali: “Habría sido diferente si alguien hubiera venido conmigo. Por ejemplo Cancellara, que después de todos los puestos de honor sin victoria de estos años debería plantearse atacar de nuevo”.

Nada más lejos. ‘Espartaco’ fue claro en su análisis: “El Poggio es una autopista donde vas a 40 por hora. No voy a volver a cometer el error de atacar ahí”. Habla quizá quemado de los años posteriores a su enorme triunfo de 2008, en los que ha sufrido marcajes férreos y algún episodio ingrato como llevar a su rueda a un corredor inferior como Gerrans para que lo batiera en meta. Escarmentado, Cancellara ayer jugó conservador: “Me hubiera gustado hacer algo más en el esprín, pero tampoco entreno para eso”. E insistía en despreciar la posibilidad de “atacar para dar un rato de espectáculo”. Mientras tanto Giuseppe Martinelli, director de Astana, se expresaba romántico después de ver a su pupilo estrellarse contra la lluvia, el frío, la distancia, el pelotón y la traición de los otros favoritos: “La pena es que sólo hay un Nibali”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s