La madurez y las grandes

Artículo publicado originalmente en Zona Matxin

Como todo en esta vida, los equipos tienen su ciclo. Nacen, crecen y mueren; algunos incluso se reproducen, por bipartición o por gemación. Son algo así como organismos. Tiene su lógica desde el punto de vista de las teorías biologicistas del liderazgo y la cultura empresarial. Al principio hay una fase de ensamblaje: se forma el conjunto en torno a la idea (misión-visión-valores) que señalan la idiosincrasia de la estructura y sus patrocinadores, transcurren uno o dos años de evolución normalmente disruptiva (mil y un imprevistos se suceden: no se reconoce al líder, los corredores no se comprometen, el staff no congenia, los organizadores u otros estamentos no respetan) y al segundo o tercero, ya sí, las cosas ocurren como deben. Todos conocen ya a todos, todos saben hacer mucho mejor su trabajo y el organismo funciona en armonía: está maduro.

En el ciclismo, el signo principal de madurez es acceder a las grandes competiciones. Hay quienes nacen santos, como Sky, GreenEdge o Leopard, que tuvieron el lujo de debutar en el Tour Down Under. Pagaron la novatada con disfunciones en Primera, el tributo por ser WorldTour desde el segundo uno de su existencia. Sky no anduvo conforme a lo esperado y se vio obligado a reconocer que había sido demasiado arrogante; Leopard fue un desbarajuste donde los corredores tomaron el mando por encima de los directores. GreenEdge, en cierta medida excepción a la regla, disfrutó de una excelente temporada donde brilló la Milán – San Remo de Simon Gerrans, si bien experimentó un relativo fracaso en un Tour de Francia donde solo Matthew Goss le dio presencia a través de los esprines.

En proyectos más modestos, en cambio, el primer día de competición en WorldTour es un hito y una seña de crecimiento; y la primera gran vuelta, la culminación de la madurez. La próxima temporada, hasta cinco escuadras aspiran a debutar en una ronda de tres semanas. Wanty aspira a la Vuelta, Samuel Sánchez mediante según los mentideros aunque Colombia ha mostrado públicamente su interés por el campeón olímpico asturiano; UnitedHealthCare, por su parte, quiere asistir al Giro aunque carece del gancho necesario para ello.

Muchas más posibilidades de participar en la ‘corsa rosa’ tienen los africanos de MTN-Qhubeka. El suyo es un proyecto con todas las virtudes posibles para ser deseable: joven, pionero, con una filosofía novedosa (merced a sus acciones de beneficencia), con patrocinadores potentes (la principal telefónica panafricana, MTN, y un gran fabricante de dispositivos electrónicos, Samsung) y radicado en un entorno emergente (África). Su pasada temporada, la primera en Profesional, fue buena, casi excelsa gracias a la guinda del triunfo de Gerald Ciolek en San Remo, aunque no exenta de complicaciones, con una pequeña revolución en su staff ya empezada la temporada por inspiración de Aigle. Una vez asentada la estructura y aumentado el potencial de su plantilla (a Ciolek, Pardilla o Meintjes se han unido Teklehaimanot, Merhawi Kudus y las posible resurrecciones deportivas de Augustyn y Gerdemann), la confianza en el seno de la escuadra africana es máxima como contó a Velonews su máximo responsable Douglas Ryder.

Similares expectativas tiene IAM Cycling. La estructura suiza nacida a partir de las cenizas del histórico Crédit Agricole y a expensas de una empresa especializada en la gestión de grandes fortunas y carteras de inversión nació con la seriedad por bandera y, consecuentemente, no aspiró a entrar en las mayores citas en 2013. Sin embargo, cuando apareció en WT dejó sensaciones correctas, principalmente gracias al desempeño del joven Sébastian Reisenbach, el oficio de Johan Tschopp y los destellos del desafortunado Heinrich Haussler. Una buena clase media (Brändle, Elmiger, Löfkvist, Saramotins, Wyss…) hizo el resto: las prestaciones no fueron brillantes, pero sí suficientes. Para la próxima campaña han dotado de mordiente a su nómina con los fichajes de Sylvain Chavanel y Matthias Fränk. Los decesos de conjuntos de escalafón superior (Euskaltel, Vacansoleil y Sojasun) les colocan en buenísima posición de cara a una invitación para el Tour. Y tampoco sería de extrañar, dado la profundidad de su plantilla, que rondaran la Vuelta.

Un caso ligeramente distinto es el de Bretagne. Se trata de una estructura con una década de vida y tres año en la categoría Profesional, a la cual ascendieron en 2011 con tal de optar a tomar parte en el Tour, que aquella edición salía de su región natal. Sin embargo, ASO no les concedió prebenda alguna y les dejó fuera de concurso por su escaso nivel deportivo. En esas llevan desde entonces, peleando sin fruto, con su mánager Joel Blévin enfilando la puerta de salida tras cada decepción para después darse un año más para conseguir la ansiada invitación. Esta, la cuarta, podría ser la vencida: con las desapariciones antes reseñadas y el ascenso de Europcar a la máxima categoría, el camino está más limpio de rivales que nunca. Además, su plantilla parece algo mejor: conservan a baluartes como Vachon o Gerard y la progresión de Fonseca y Sepúlveda parece más que adecuada, lo cual se suma a la llegada desde Sojasun de dos buenos corredores (Laborie y Delaplace) que se suman a un fichaje de postín como Romain Feillu.

Que estos tres candidatos reciban el premio a su progresión, que por fin se puedan considerar maduros y adultos, dependerá de la gracia que ASO y RCS estén dispuestos a concederles.

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