La categoría en medio

Artículo publicado originalmente en Zona Matxin

Durante el último mes se venía escuchando un rumor insistente: los rectores de Movistar estaban solicitando a los distintos estamentos del ciclismo español que se rebajaran las condiciones mínimas de los equipos continentales con objeto de sacar una escuadra de este categoría a las carreteras en 2014. Alfonso Galilea, director técnico de Movistar Team y presidente tanto de la asociación de equipos profesionales española (ECP) como mundial (AIGCP), desmiente esto. “Hubo conversaciones, pero ni mucho menos ‘lobby'”. También niega que Movistar quiera promocionar un Continental de inmediato: “En 2014, no. Aunque para 2017, si se siguen los planes que hay marcados, será obligatorio que todo equipo WorldTour tenga un filial Continental”.

Sea como fuere, el pasado jueves tuvo lugar una reunión del Consejo Ciclista Profesional (CCP) en la cual se llevó a cabo esta rebaja con la esperanza de que la próxima temporada haya más equipos continentales en España que se unan a Burgos BH y cubran la baja de Euskadi. El CCP es el cónclave del ciclismo español. En él se reúnen representantes escogidos de ciclistas, equipos, organizadores y Federación para consensuar las líneas de futuro del ciclismo en carretera profesional masculino. Es el órgano competente para decidir la normativa específica de la categoría Continental en España desde que la UCI la creó en 2005, impuso unas condiciones mínimas y dejó a voluntad de cada país fijar sus exigencias particulares para ella partiendo del siguiente espíritu: es una categoría de formación entre el profesionalismo y el amateurismo. La tercera división del ciclismo. La categoría en medio.

La UCI deja en su normativa mínima la puerta abierta a que los Continentales sean profesionales o aficionados; esto es, a que sus corredores cobren un salario como trabajadores, a que cobren una compensación como amateurs o a que, simplemente, no cobren. Fuera de Europa se opta mayoritariamente por requerir las condiciones mínimas, que establecen que el corredor no cobra y sólo dispone de seguros de responsabilidad civil, accidente, enfermedad y repatriación. En el viejo continente, Países Bajos o Alemania, entre muchos otros, hacen lo mismo; en Italia se incrementan las condiciones, pero fundamentalmente en términos deportivos; mientras, Francia impone salarios mínimos de unos 20000€ anuales por corredor.

¿Y en España? Responde José Rodríguez, abogado experto en derecho deportivo y miembro del CCP en representación de la Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP): “En España nunca se ha debatido si los Continentales deben ser profesionales o aficionados. La tercera división es profesional porque entre los corredores y el equipo hay una relación laboral, de trabajador y empleado”. Así, los ciclistas de la categoría tienen derecho, además de a los seguros requeridos por la UCI, a Seguridad Social y un salario anual de 10000€ para los menores de 25 años, 13000€ para 25 años o más y 20000€ para quienes ya hayan sido Profesionales (segunda división) o WorldTour (primera). Son cifras ligeramente menores a las de 2012, cuando los menores de 26 percibían 13200€ y tanto mayores de 26 como exprofesionales 24000€.

La idea de fondo: evitar la creación de una categoría precaria, de profesionales sin remuneración. “En su día se afrontó esta posibilidad con la categoría GSIII [antecesora de la Continental como tercera división], y se resolvió que no participaran en las competiciones profesionales españolas”, asevera Rodríguez. “No sería bueno que los ciclistas no cobraran”, razona Aritz Arberas, director del equipo Euskadi, “porque son personas de 22 ó 23 años que deben ir pensando en su futuro y no en vivir de los padres tanto como sea posible. No debemos caer en eso. Sin embargo, no vería descabellado un contrato de prácticas”. Por su parte, Domenec Carbonell, antiguo responsable del Andorra-GrandValira que fuera continental en 2009 registrado en Andorra y actualmente involucrado en el Team Ecuador, que lo será en 2014 inscrito en el país sudamericano, es más tajante: “El salario es irrelevante si los corredores disponen de material, calendario… Esta categoría es de formación, y por tanto los ciclistas que se encuadran en ella están aprendiendo el oficio. Debería existir la posibilidad de que dentro de un equipo hubiera profesionales con salario, como profesores, y jóvenes sin él, como aprendices”.

Sin embargo, según Rodríguez la opción de que no haya salarios “no se contempla”, por cuanto se considera que los corredores de la categoría es profesional. Para rebajar el gasto en sueldos, el límite está en el salario mínimo interprofesional, de unos 9000€ anuales. “Hay jurisprudencia del Tribunal Supremo que obliga a que sea así”, explica el abogado. Se trata de varias sentencias, la última de 2009, que establecen que una vez existe retribución el deportista es profesional y, por tanto, su vinculación laboral se enmarca en el Estatuto de los Trabajadores. Ir contra esto podría incurrir en fraude de ley.

Pese a todo, a juicio de Arberas los salarios no son la única gran dificultad económica que hallan los Continentales. En su opinión, “la consecución del aval” es una empresa si cabe más complicada. El aval es una garantía bancaria, el depósito de una cantidad de dinero que se utilizaría (o ejecutaría) en caso de que el equipo no pudiera hacer frente a sus obligaciones financieras. El objetivo del aval es evitar que nazcan equipos-fantasma para morir a mitad de temporada dejando deudas contraídas con proveedores, personal y corredores. La UCI exige a todos sus equipos que dispongan un aval; en el caso de la categoría continental, de un mínimo de 20000€ ó un 15% de la masa salarial. En España, el porcentaje sube hasta el 25%. En la práctica, la masa salarial suele oscilar entre 200.000€ y 300.000€, resultando en un aval de entre 50.000€ y 75.000€ que, si sujetara al criterio UCI, quedaría entre 30.000€ y 45.000€. Alfonso Galilea razona por su parte que “el porcentaje de la norma española no es mucho mayor que el exigido por la UCI” y “no debería ser un problema”.

La otra gran novedad en las disposiciones del CCP para los continentales refiere a la participación en competiciones del calendario aficionado. Por primera vez, será posible para un Continental disputar fechas amateur; en principio, las vueltas de mayor categoría como Navarra o Galicia, si bien están por concretar ciertos aspectos de esta norma, aún no oficializada. “Es un cambio que venía demandándose desde hace tiempo para que los equipos continentales puedan disputar un buen número de días de competición sin salir de España”, expone José Luis de Santos, presidente de la Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP) y miembro del CCP. “Hubo una época en la que, con Lérida, Tarragona, Extremadura, Circuito Montañés… Había un buen calendario de nivel .2. Ahora sólo existe León en ese escalón, y hay que compensar la carencia de alguna manera”, remacha. “A mí me parece perfecto, es necesario”, avala Diego Gallego, director del Burgos BH. Aritz Arberas ofrece el contrapunto: “Probablemente los equipos Elite (aficionados) se enfadarán, porque perderán días. Pero es la solución para no perder del todo la estructura piramidal del ciclismo. Lo ideal sería que hubiera más pruebas .2…”

El otro cambio en este aspecto de participación llega en el endurecimiento de la sanción para los organizadores que no inviten a todos los equipos españoles (ya sean WT, Profesionales o Continentales) antes de dar el paso de invitar a un Continental extranjero, que pasa de 2000€ a 4000€. Galilea es claro a la hora de resumir el fundamento de la norma: “Hay que proteger al ciclismo español y garantizar a los equipos de formación un calendario base”. Sin embargo, el organizador de la Vuelta a Andalucía, Joaquín Cuevas, piensa distinto: “Esta norma no me ayuda, sino que me condiciona. A mí un Continental foráneo me puede interesar más que uno nacional por muchos motivos: deportivos, económicos o comerciales. Del mismo modo que yo no exijo a un equipo que contrate a un corredor determinado, a mí el CCP no debería exigirme que contrate a unos equipos determinados”. En réplica a las palabras de Cuevas, Galilea es directo: “No creemos que esta norma atente contra las organizaciones”.

Sea como fuere, la legislación está fijada y la suerte, echada. De Santos espera que sirva para “espolear la creación de nuevos equipos, o la promoción de alguno de los mejores amateur a la categoría superior”. Galilea confirma que “ya hay escuadras que han pedido información y se han interesado por salir como Continental”. Respecto a la controversia, es inevitable: cualquier norma tiene un beneficiario y un perjudicado, nunca llueve a gusto de todos. Lo importante es que ésta salga lo mejor posible y, si el tiempo demuestra que no funciona, se rectifique. Porque, con la actual estructura de nuestro deporte, la división Continental, la categoría en medio, es básica para que el ciclismo tenga futuro en el país.

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