Ganó Cookson, lo bueno por conocer

Artículo publicado originalmente en Arueda.com

En el duelo por la presidencia de la UCI entre el mandamás saliente, Pat McQuaid, y el aspirante, Brian Cookson, se impuso el británico con 24 votos, por 18 del irlandés.

En la Sala Cinquecento del Palazzo Vecchio de Florencia, la antigua oficina de Maquiavelo, inmensa y repleta de imágenes de batallas cruentas, se desarrolló el último acto de una guerra encarnizada en muchos momentos hasta rozar el patetismo. Pat McQuaid, el presidente vigente, y Brian Cookson, el caballo blanco impulsado por los lobbies anglosajón, ruso y francés, dirimían una contienda que venía sucediendo desde hace meses entre noticias incomprensibles y giros dramáticos impropios de un proceso electoral serio.

Era la Asamblea General de la UCI. Representantes de la práctica totalidad de las federaciones del globo se juntaban en lo que parecía una especie de ONU del ciclismo, con 42 delegados sentados en unas mesas adelantadas, divididos por continentes, y un estrado donde se alineaba en primera fila los miembros del Comité Directivo de la UCI (convenientemente dispuestos de izquierda a derecha según sus simpatías en este proceso; Cookson era el segundo por la izquierda, entre sus promotores Mike Plant e Igor Makarov) y en la segunda el núcleo duro de la cúpula, con Pat McQuaid en el centro, presidiendo.

La Asamblea se desarrolló en cinco fases. La primera fue el inicio, apenas un calentamiento con un discurso de McQuaid seguido de un impás que pronto fue roto con la subida al estrado del presidente del Comité Ético de la UCI, Peter Zevenbergen. Éste trató tres temas sensibles: afeó a McQuaid por la carta enviada a las federaciones nacionales lanzando andanadas contra sus opositores; descalificó a Plant y Makarov por su Dossier, no entregado al Comité pero sí filtrado en parte a la prensa; y por último anunció que existía una queja presentado por la federación griega el día anterior, no estudiada por premura de tiempo, de que el bando de Cookson había intentado comprar su apoyo.

La tensión no podía ir a más. Se sucedían las intervenciones de personas del palco y de la platea, algunas absurdas y otras cargadas de razón como las de Jorge Ovidio González, presidente de la Federación Colombiana de Ciclismo, cuyos seis turnos de palabra fueron lo más cuerdo que se escuchó en todo el Congreso. También fue el más aplaudido, incluso cuando definió al propio Congreso como un “espectáculo lamentable”.

Entonces tocó debatir sobre la modificación del artículo 51.1 y el gallinero se alborotó definitiva y tristemente. A tal punto llegó la confusión que en un momento el abogado de la UCI, Philippe Verbiest, tuvo que levantar la sesión e ir lanzado a consultar la Constitución de la UCI para ver si lo que iba a hacer se podía hacer. Se votó a mano alzada para decidir si el voto sería secreto (lo fue), y salió un empate que pospuso la votación de cualquier enmienda al 51.1 para el próximo congreso.

Sobrevino de nuevo el impás con la revisión de la temporada económica. El bando de McQuaid no había podido sacar adelante el salvavidas para su nominación que hubiera sido la aprobación de las propuestas de Malasia, Turquía o Barbados. Pero el irlandés seguía pudiendo presentarse por cuanto la legitimidad de su nominación residía en una reinterpretación del 51.1 tal y como está a día de hoy. Cuando esto fue hecho ver a los delegados, justo después de que iniciara el proceso electoral en sí y tanto británico como irlandés hicieran sus respectivos discursos, se volvió a armar una zapatiesta. Todos hablaban, algunos para decir lo suyo y otros para pedir a los algunos que se callaran y se votara de una vez.

Todo el murmullo acabó cuando Cookson se levantó, fue a la tribuna y dijo: “Se acabó, ya hemos tenido suficiente de esto. Votemos y punto”. Ese acto de jerarquía fue la premonición de lo que estaba por venir. Brian Cookson ganó, derrotando a Pat McQuaid, y se hizo con la presidencia de la UCI. Sus 24 votos provenieron en su mayoría de Europa, con el voto en bloque de Oceanía, parte de América… Y, he aquí la sorpresa, la mayoría de los africanos y algún asiático. El teórico apoyo unánime de Asia y África a McQuaid no se consumó. Ahí perdió el irlandés las elecciones.

La quinta fase del Congreso fue el declive. Gran parte de los presentes se fueron de la sala, deseosos de atacar el piscolabis que esperaba en la sala de abajo. Un torrente de parabienes a Cookson por su victoria y contadas caras largas. Mientras tanto, se celebraba la votación para elegir a los nuevos miembros del Comité Directivo de la UCI. Pat McQuaid, en calidad de presidente en funciones, tuvo que llamar uno a uno a los delegados para que depositaran su voto secreto mientras nadie le escuchaba. Triste final para ocho años de hegemonía, veintidós si contamos con el reinado (sí, reinado) de su predecesor y ventrílocuo Hein Verbruggen.

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