Golpes que parecía caricias

Artículo publicado originalmente en Rock n’Vuelta – Arueda.com

La ascensión al mítico Angliru no decepcionó. Chris Horner aguantó los envites de Vincenzo Nibali y terminó por sentenciarle en los dos últimos kilómetros. La etapa fue para Kenny Elissonde (FDJ).

Se sabía que todo quedaba pendiente del Alto del Angliru. Diríase que desde el principio de la carrera se intuía que la decidiría el coloso asturiano de 12 kilómetros y rampas de hasta el 23%. Era la intención de la organización, que había diseñado un recorrido donde era relativamente difícil sentenciar. Pese a su vistosidad, los finales en alto de Andalucía, las etapas de desgaste de Pirineos, los constantes finales en repecho o incluso la crono y los dos primeros actos del tríptico final de montaña eran escenarios donde todo se movía en diferencias de medio minuto en el mejor de los casos. Si encima da la casualidad de que el mejor escalador no es el mejor contrarrelojista, como ha sucedido aquí, gloria: mano a mano servido.

Porque el Angliru ayer fue un mano a mano. Purito, Valverde, Roche: todos fueron meros convidados de piedra, pese a sus ambiciones. Vincenzo Nibali se encargó de que fuera así con su ataque tempranero a siete kilómetros de meta. ‘Lo Squalo’ limpió la carretera y obligó a Horner a fajarse y tomar la responsabilidad. Aguantó Purito, pero demasiado justo. Terminó pagando el sobreesfuerzo. Le fue algo mejor a Valverde, que se marcó su ritmo desde bastante antes y gracias a ello mantuvo el tipo, y el podio.

Mientras murciano y catalán penaban, el italiano lo dio todo. Su estacazo inicial se complementó con un buen trabajo de Astana, cuya táctica funcionó tan perfectamente que Nibali tenía dos gregarios (Tiralongo y Fuglsang) a su disposición a 4km de meta. Y no es que el trabajo en equipo sirva mucho en una subida tan empinada, pero psicológicamente es muy reconfortante. Después vino la sucesión de golpes. Como si tuviera a Horner contra las cuerdas, como un púgil joven que se ceba con un veterano buscando el momento en el que caiga derribado a base de golpes constantes. Nibali se obcecó, dándose un homenaje a sí mismo y regalando al aficionado una actuación preciosa,
de morir matando.

… Y murió. En un momento dado, Horner se separó unos centímetros de las cuerdas y le lanzó una serie de puñetazos directos que al principio aterrizaron en carne pero terminaron impactando en la mandíbula y mandándole a la lona. Dejó de verlas venir: marcó un ritmo asfixiante y le asfixió. Hizo parecer los golpes de Nibali caricias, y se impuso con suficiencia. No llegó al ‘colpo doppio’ porque Kenny Elissonde, el niño héroe de FDJ que llevaba en fuga desde el principio, tenía demasiada ventaja. Pero de todas maneras consiguió su objetivo principal. Ayer, en el Angliru, Horner ganó la Vuelta.

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