El truco del gregario, otra vez

Artículo publicado originalmente en Rock n’Vuelta – Arueda.com

El talentoso Warren Barguil (Argos) ganó su segunda etapa en esta Vuelta a España en el final en alto de Formigal. Vincenzo Nibali (Astana) conserva el liderato tras aprovechar el trabajo de sus coequipiers para esconder su crisis.

La última etapa antes del día de descanso suele ser una guerra. Los ciclistas están ya exprimidos, pero conservan unos cuantos gramos de energía que no dudan en derrochar pensando en que al día siguiente el despertador será bondadoso y la jornada, plácida entre las sábanas blancas de una habitación de hotel que durante dos días se antojará un útero.

Eso sucedió ayer: los 148 kilómetros entre Grauss y Formigal parecían jauja después de dos semanas de competición intensa, de dos días dantescos en los Pirineos, antes de un merecido descanso. Los corredores se comportaron como auténticos suicidas, buscando incesantemente la fuga en intentonas que se anulaban entre sí. La ruta era tramposa, con puertos que eran montañas rusas y zonas de llano que resultaban toboganes. Terreno para que prevalecieran los fuertes y afloraran debilidades.

“Los fuertes” fueron una veintena de corredores que se fueron escapando poco a poco. Astana, aparentemente magnánimo, los dejaba marchar mientras un Movistar guerrero los ataba en corto. Hubo un momento en que tres ‘azules’ (Intxausti, Szmyd y Herrada) se metieron en la escapada. Dejaron desguarecido a Valverde (Capecchi y Javi Moreno no tuvieron su día), pero saciaron su sed de pelea.

La pelea, litigio, estuvo presente en los escasos 40 kilómetros de vida que tuvo la escapada desde su formación hasta la meta. Sus componentes no se entendieron y se machacaron entre ellos. En un momento dado, el emergente ganador de Castelldefels, Warren Barguil, se marchó aprovechando el desacuerdo. Rigoberto Urán, teóricamente más experto, le cazó desde atrás a apenas un kilómetro de meta. El francés parecía desfondado, pero se sacó de la manga un gran ‘show’ en esos 1000 metros, merendándose psicológicamente al ciclista de Sky, enseñándole la rueda para mostrar que tenía fuerzas, dejándole la tostada ante la posibilidad de que Nerz y Huzarski se unieran a la fiesta a última hora para ponerle nervioso. Y, en el esprín final, le superó. El ‘rookie’ cruzó la meta tres milésimas antes y dejó los ocho años de profesionalismo de Urán en una anécdota. Barguil fue más avezado y más pícaro.

Picardía tuvo Nibali en la Vuelta hace tres años, en una jornada de alta montaña antes del día de descanso y después de dos finales en alto. Como hoy, había una ruta complicada, con final en el Cotobello, y la carrera fue una locura con miles de ataques y un ritmo elevadísimo. Sucedió que al italiano, enrolado por aquel entonces en Liquigas y vestido con el maillot rojo de líder de la carrera, tuvo malas piernas. Pero, como hasta ese momento había sido el más fuerte, cuando mandó a su gregario Roman Kreuziger a marcar el ritmo el resto de favoritos se puso en guardia. El checo mantuvo un paso intenso, pero no exigente, hasta el último kilómetro de subida. Entonces, Nicolas Roche atacó y quedó en evidencia que el rey Nibali estaba desnudo. Se armó el zafarrancho, pero sólo duró apenas tres minutos. ‘Lo Squalo’ perdió apenas 20 segundos con su máximo rival en aquella Vuelta, Ezequiel Mosquera, a quien terminó derrotando en la crono de Peñafiel y el mano a mano de la Bola del Mundo. Esa crisis pudo haber marrado aquella Vuelta a Nibali, pero no lo hizo gracias a que aplicó el truco del gregario y sus debilidades sólo se vieron unos minutos.

Ayer repitió la jugada. A 10 de meta, inicio de la parte dura de la ascensión a Formigal, Euskaltel dictaba una marcha cuartelera para impedir que los Movistar de la fuga se marcharan y les robaran la clasificación por equipos. Entonces un gregario de Nibali, Janez Brajkovic, progresó hasta cabeza y ralentizó el paso. Estuvo ahí, generando una falsa sensación de exigencia y peligro, hasta que se llegó al descansillo. En él tomó el testigo Dmitri Kozonchuk, rodador de Katusha que venía de la escapada; su entrada, pese a no ser el terreno benévolo con sus características, marcó cierta diferencia. En otras palabras: aumentó el ritmo.

¿Y entonces? Sucedió que a 3km de meta aceleró Caruso (adlátere de Purito) y Valverde, encendida la mecha, atacó para chocarse de frente con el viento de cara. Ahora encabezaba el grupo Tanel Kangert, otro gregario de Nibali que neutralizó al murciano y aguantó hasta la pancarta de -2. Entonces atacó, como hace tres años, Roche; y todo saltó por los aires, y se vio que el rey Nibali iba desnudo, y Purito lo dio todo, y tras él Horner, y Valverde, y Pinot, y hasta Samuel Sánchez. Al final, en meta, ‘lo Squalo’ sólo había perdido 22 segundos con su máximo rival en esta Vuelta, Chris Horner, a quien tendrá que enfrentarse en Peña Cabarga, el Naranco y el Angliru para refrendar su triunfo. Nibali volvió a poner en práctica el truco del gregario y le funcionó, como hace tres años.

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Un comentario en “El truco del gregario, otra vez

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