Quizá repita lo del año pasado

Artículo publicado originalmente en Rock n’Vuelta – Arueda.com

Philippe Gilbert se impuso ayer en el insospechado final en cuesta de Casteldefells, rebasando sobre la línea de meta a Edvald Boasson Hagen.

Después de un 347 días buscándola, Philippe Gilbert ya tiene su victoria. La maldición del arco iris se estaba cebando con el belga, que corría el riesgo de emular a Stephen Roche o Luc Leblanc y no ganar una sola carrera oficial en su año de campeón del mundo.

Partimos de un hecho: Gilbert no volverá a ser el de 2011. Aquella campaña, defendiendo los colores de Omega Pharma, consiguió 18 victorias en 74 días de competición- Entre ellas: el doble entorchado de campeón belga (tanto en línea como en crono), la ronda nacional, las cuatro grandes clásicas de cotas (Flecha de Brabante, Amstel Gold Race, Flecha Valona y Lieja – Bastoña – Lieja) y etapa y liderato en el Tour de Francia… En suma, una temporada de ensueño y difícilmente repetible en la cual le salía cualquier cosa: se imponía en contrarrelojes, llegadas en cuesta, esprines mano a mano con las velocistas o sorprendiéndoles cerca de meta con un ataque a lo Recio…

En 2012, ya con un jugoso contrato trienal por valor de ocho millones de euros en el bolsillo a la salud de Andy Rihs (patrón de BMC), las cosas salieron peor y no estrenó su palmarés precisamente hasta la Vuelta, donde ganó por partida doble. Sin embargo, la temporada no terminó en decepción: haciendo valer sus condiciones de superclase, cambió las tornas con un ataque perfecto en el instante decisivo del Mundial de Valkeburg. Se regaló el arco iris y un año más de crédito, de ser considerado uno de los cinco mejores ciclistas del mundo, pese a la falta de resultados a lo largo de la temporada.

Esta campaña había caído de nuevo en una relativa mediocridad, golpeando el poste una y otra vez en las grandes citas, con Peter Sagan ejerciendo de bestia negra en primavera. En el Tour acabó quemado por sus obligaciones para con Cadel Evans y Tejay Van Garderen, a quienes guardaba el bulto pese a estar lejos del amarillo siguiendo órdenes del defenestrado John Lelangue. Aciago, su falta de ‘punch’ había quedado en evidencia de forma clamorosa en el último mes. En un final en cuesta del Eneco Tour, perfectamente lanzado por Daniel Oss, el joven Arnaud Démare le ganó la mano y casi le humilló. En esta misma Vuelta a España realizó un ataque romo e insulso a un kilómetro de la meta de Lago de Sanabria donde se impuso Michael Matthews, a años luz de su nivel pretérito; después cayó derrotado frente a Zdenek Stybar en el duelo de piernas frescas de Mairena de Aljarafe.

Ayer, en cambio, la historia fue muy distinta. Gilbert supo moverse entre los velocistas, atufados por una cuesta final que resultó más dura de lo esperado. Rigoberto Urán abrió paso a Edvald Boasson Hagen, que lanzó el esprín a 300 metros de meta, optimista e incluso temerario, y el campeón del mundo supo aprovechar su rebufo para alcanzarle, remontarle y rebasarle en los últimos 50 metros. Se irguió, magnífico, y lució su pechera ‘arcobaleno’. Como en 2012, una llegada catalana de la Vuelta supone su primer triunfo de la temporada. Si consigue otra victoria de aquí a Madrid habrá calcado su aproximación a los Mundiales que, de nuevo, son adecuados para sus características. Quién sabe: quizá Gilbert repita lo del año pasado.

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