Horner, el relajado

Artículo publicado originalmente en Rock n’Vuelta – Arueda.com

En espera de que la contrarreloj de Tarazona sacuda hoy la carrera de arriba a abajo, tras Hazallanas ha quedado dibujada una carrera con varios favoritos sólidos y un gran candidato que es a la vez una gran incógnita.

Curva en herradura a 2’5 kilómetros de la meta del Alto de Hazallanas. Chris Horner se acerca enfervorecido, con ese gesto de esfuerzo suyo que le dibuja una sonrisa en el rostro, a imagen y semejanza de aquella que exhibía Carlos Sastre cuando acompasaba la respiración pese a que por dentro estuviera maldiciendo los pies que le meneaban. Y la gente le jalea, “Horner, Horner, Horner”, mientras él machaca a sus rivales y exhibe unas cualidades insólitas.

El americano de RadioShack se hace querer por su aura excéntrica. Sonríe todo el rato, le gusta comer en el McDonald’s, ha vivido durante años en una caravana, ha tenido coleta de hippie y también perilla de camionero, ha perdido etapas sobre la línea de meta y cuando ha ganado lo ha hecho de forma impresionante. Y, encima, está ofreciendo el mejor rendimiento de su carrera a un mes de cumplir los 42 años.

Es por esta última circunstancia, sobre todo, que levanta suspicacias. Los amigos de calcular vatios dicen que sus prestaciones no son normales; incluso circulan teorías conspiratorias relacionando los casi cinco meses que pasó sin competir entre su prematura retirada de la Volta a Catalunya y el Tour de Utah con el dopaje – oficialmente fue por una lesión en la rodilla. También hablan de que no tiene contrato para la próxima temporada y quizá haya decidido jugarse el todo por el todo. Sin embargo, en otros círculos Horner es defendido: siempre se ha augurado que alberga cualidades extraordinarias que no han salido a la luz por su terrible mala suerte con las caídas y los problemas de salud varios. Y tiene un buen palmarés, donde brilla la Vuelta al País Vasco de 2010.

El aludido, por su parte, se lo toma con cierta calma preguntado por Velonews. “No hay nada que pueda decir que satisfaga a todo el mundo. Teniendo 41 años entiendo que la gente tenga sus dudas”. Y sobre la pregunta clave, si se dopa o no, concede: “Me parece una pregunta justa. Todo el mundo la hará. No hay forma de evitarla”. Y es que, por desgracia, cualquier ciclista que destaque a día de hoy por encima de los demás levanta suspicacias, tal y como le sucedió sin ir más lejos a otro Chris, Froome, en el pasado Tour.

Sus rivales, por su parte, son bastante más prudentes a la hora de reflejar de su sorpresa por las prestaciones de Horner. “Estoy un poco sorprendido con la fortaleza que ha demostrado. Ni yo ni ningún rival contábamos con lo que hizo ayer”, dijo ayer Valverde en conferencia de prensa; “pero no sabemos hasta dónde puede llegar y si su ritmo puede ir a más o a menos”. En esa misma idea abunda Purito Rodríguez: “No sabes cómo va a responder porque nunca ha disputado la general de una gran vuelta”. Y añade: “Está fino, pletórico, fresco y corre sin presión. Y motor tiene como ha demostrado en País Vasco o California”.

Aunque viste de rojo, Horner está tan relajado. Ya el día que tomó el liderato por primera vez dijo, tan ricamente: “Si gané País Vasco, puedo ganar la Vuelta”. Ayer, en la web de RadioShack, mostraba una total ausencia de nervios de cara a los 38 kilómetros contra el reloj de hoy en Tarazona: “No sé si el recorrido se adapta a mis cualidades o no, pero hace muchos años que no hago una buena contrarreloj. Si pierdo el maillot rojo, intentaré recuperarlo en la montaña”. En el día de descanso, mientras todos sus compañeros excepto los dañados Zubeldia y Kiserlovski salían con la bicicleta y Cancellara ensayaba con la ‘cabra’, él se quedó junto al camión del equipo haciendo rodillo.

Su planteamiento ante los días que vienen es sencillo: ganar, sin más. “Esta situación no es muy distinta de la que pude vivir en la Redlands Classic [vuelta por etapas estadounidense] en 1996. Aunque la carrera y los rivales sean mejores, en Redlands no pensaba en ganar la Vuelta sino en ganar Redlands. El objetivo es el mismo: ganar”. Sobre el recorrido es igual de lacio: “[El otro día camino de Hazallanas] Creía que no conocía la subida, pero cuando la encaré me di cuenta de que sí. En teoría no conozco ninguno de los puertos que quedan de aquí al final de la Vuelta, pero quizá me acuerde de ellos en plena carrera”.

En el intríngulis táctico si es más analítico. “Los mejores estamos solos, sin gregarios, en las últimas subidas”. Todo es cuestión de jugar bien el mano a mano, de aprovechar el momento como lo hizo el lunes. Atacó un momento de flaqueza de Valverde y el despiste inherente para hacer hueco. “Aunque para la prensa o los aficionados no sea candidato a la victoria, a la hora de la verdad en carrera se me vigila como a cualquier otro favorito. Por eso me resulta difícil hacer hueco”, había dicho tras Peñas Blancas.

Sus rivales son a día de hoy cuatro: Nibali, Valverde, Purito y Basso, que como él no ha corrido ninguna ronda de tres semanas este año y por tanto llega considerablemente fresco, factor nada despreciable en una ruta tan exigente como la planteada en esta Vuelta. Sus aliados son todos los RadioShack: Cancellara, impresionante cuando enciende el motor y hace series con el Mundial de Florencia en mente; Zubeldia y Kiserlovski, eliminados para la general por la caída de la neutralizada del lunes; Matthew Busche, que considera a Horner su mentor y bebe los vientos por él. Todos a una pensando en hacer valer el estado de gracia del sorprendente líder de esta Vuelta a España.

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