Apenas un coche de ancho

Artículo publicado originalmente en Rock n’Vuelta – Arueda.com

Ayer, la tercera etapa de la Vuelta a España terminó en el Mirador de Lobeira de Vilagarcía de Arousa con una victoria soberbia de Chris Horner (RadioShack), que se enfundó el maillot rojo merced a las bonificaciones y los segundos que picó en meta.

Por efecto de recencia, Horner ha centrado gran parte de los comentarios. El americano es una pléyade de anécdotas: ha vivido en una caravana, no esconde su vicio de comer en el McDonald’s y, sobre todo, está a dos meses de cumplir 42 años. Ese dato da un valor extra a su golpe doble de hoy, pues le convierte en el ciclista más viejo en ganar una etapa (el anterior era Pino Cerami en el Tour’61) y ser líder (tiene tres años menos que Andrea Noe’ cuando fue ‘maglia rosa’ en 2007) en una ronda de tres semanas de la historia. Un hito ideal para reflejar la carrera deportiva de un Benjamin Button que compite poco, casi siempre acuciado por los problemas físicos y percances varios, pero consigue resultados cada vez más impresionantes. Añade lustre al de hoy que quisieron cazarle Valverde y Purito y que le ha arrebatado el liderato a un Nibali que, en realidad, lo cede aliviado: unos días de estrés que se ahorra. Chris, ¿puedes ganar la Vuelta? “Si gané País Vasco, puedo ganar la Vuelta”.

Sin embargo, la gran novedad del día, el centro de las conversaciones de la caravana de la carrera y el mismo pelotón, ha sido el largo puente de dos kilómetros hacia Illa de Arousa. Dentro del último cuarto de la etapa se ha pasado dos veces por él, ida y vuelta hacia la isla, un pequeño paraíso de 11 kilómetros de playa con una reserva de aves en la zona sur. Tal vez por eso, el bucle dentro de la isla ha sido de apenas cinco kilómetros, lo justo para lucirla en televisión.

Con objeto de eludir problemas si distintas partes de la carrera se encontraban de frente en el puente, la organización optó por dividirlo en dos: un carril en cada sentido, separado por balizas de plástico unidas entre sí con cinta de señalización, roja y blanca como en cualquier montaje español. El resultado: un carril de “apenas un coche de ancho”, en palabras de Cameron Wurf (Cannondale). El australiano venía descolgado por un pinchazo y tuvo que estar un minuto parado en el puente porque toda la caravana de coches se detuvo y le impidió seguir su marcha. No fue el único con motivos para la queja: Fabricio Ferrari (Caja Rural) se comió una baliza y besó el suelo.

Las críticas han sido numerosas, algunas ‘sottovoce’ y otras más directas. Rigoberto Urán ha dirigido un tuit a @lavuelta: “Vaya sorpresa nos tenías preparado en el puente, ¡bastante peligroso para mi gusto!”. Alejandro Valverde fue, en principio, más críptico: “Galicia es bonita… pero para venir de vacaciones”. Después aclaró que se refería a que “hay que venir a disfrutarla con tranquilidad. Lo que era de mucho peligro es el puente por donde hicieron pasar al pelotón”.

Una vez concluido que el puente fue peligroso, las preguntas subsiguientes son quién es el culpable del peligro y si se podría haber evitado. Adjudicar la responsabilidad a Unipublic es sencillo, pero no se corresponde con la realidad: las instituciones gallegas que patrocinan la prueba pidieron que se visitara la isla, y por tanto que se atravesara el puente. En el mejor de los casos se podía hacer un bucle de 11 kilómetros en ella, insuficiente para que toda la caravana de la carrera estuviera con toda seguridad a la vez dentro de la isla y el puente pudiera utilizarse completo tanto a la entrada como a la salida. Era imprescindible dividirlo, y se hizo de la mejor manera posible aunque no fuera suficientemente buena. Un cúmulo de circunstancias que derivó en un peligro, un despelote que pudo ser mayor y tener trascendencia deportiva si las cabezas visibles del pelotón, con Fabian Cancellara ejerciendo como siempre de ‘capo’, no hubieran ralentizado la marcha.

… Por fortuna, los corredores hicieron olvidar estos momentos de desconcierto y sonrojo brindando una bonita subida al Mirador de Lobeira. Con fortuna hoy ofrecerán un espectáculo similar, en una jornada sin apenas llano, con el empinadísimo Mirador de Ézaro donde la pasada campaña se impuso Purito Rodríguez presto para destrozarla a 35 de meta y el enésimo repecho final, esta vez en Fisterra, que regala a la travesía el poético nombre de “Etapa del Fin del Mundo”.

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