Dichosos vatios

Artículo publicado originalmente en Zona Matxin

Tienes que ser cuidadoso, porque en algún momento tendrás que dibujar una línea en la arena y decir: por encima de aquí es dopaje, por debajo no. […] Las prestaciones de los corredores limpios superarán a las prestaciones de dopados del pasado. La raza humana mejora

Dave Brailsofrd, mánager general de Sky

Dentro de la evolución tecnológica constante a la cual está abocada la sociedad, en el ciclismo se ha pasado de organizar el entrenamiento por horas, medir la prestación física por tiempo invertido en realizar un recorrido o su potencial por sensaciones a utilizar otros parámetros más sofisticados como las pulsaciones, la capacidad pulmonar… o los vatios. Recientemente, estos últimos se han impuesto en lo concerniente a controlar de forma tangible el trabajo y el rendimiento del ciclista. Y ahora, también, se quiere instaurar como instrumento para la detección de dopaje, asumiendo que rendir por encima de unos determinados umbrales indican una prestación adulterada.

Antonie Vayer, ‘La preuve par 21’ y el modelo limitado

Las tribulaciones en torno a este asunto llevan años desarrollándose dentro del mundillo, y se reactivaron antes del Tour gracias a la publicación de ‘La preuve par 21‘, una suerte de revista escrita por el doctor Jean-Pierre de Mondenard, el ingeniero aeronáutico y excolaborador de Cyclismag Frédéric Portoleau y el antiguo entrenador de Festina, Antoine Vayer. En él se calculan y comparan las prestaciones de 21 corredores relevantes de la historia del Tour de Francia en determinados escenarios de la ronda francesa para calificar éstas como “humanas”, “sospechosas”, “milagrosas” o “mutantes”.

Sin embargo, la publicación de Vayer, Portoleau y Mondenard adolece de rigor científico. Su gran problema es que no parte de datos fiables, sino de estimaciones. Realiza el cálculo a partir de una fórmula matemática de la cual existen varias versiones. Dos de sus variables no son rigurosas: el peso del corredor, por ejemplo, se sitúa homogéneamente en 70kg para facilitar la comparación de prestaciones, y el tiempo se extrae cronometrando vídeos de retransmisiones televisivas.

Se parte de una fórmula con muchos e importantes límites. Según explica el técnico de FDJ Julien Pinot, hermano del ciclista Thibaut Pinot, “no tiene en cuenta si la subida se realiza en esfuerzo constante o a tirones, si hay otras subidas antes, la temperatura, el viento, las condiciones de la carretera, posibles incidencias aerodinámicas…”. Tim Keirrison, entrenador de Sky, añade otros factores despreciados por la fórmula como “las pendientes” o “la compañía de otros corredores”. “Y también hay una gran diferencia si la subida va de 0 a 1000 metros o de 1000 a 2000; aunque sea exactamente la misma ascensión y se desarrolle igual, la potencia desarrollada por el ciclista será muy distinta”.

El propio Keirrison resume las flaquezas del modelo en una frase: “Parte de demasiadas asunciones”. En el caso de Vayer, además, resulta peligrosa su manera de acercarse al hecho, con una simplificación excesiva, desprecio total de las circunstancias de carrera y grandes titulares como “Lance no era nada comparado con Miguel Indurain” (en términos de dopaje, se entiende) que buscan llegar al público general, vender cuantas revistas sea posible, pero sin rigor alguno. El antiguo entrenador de Festina se defiende: “No utilizo las palabras ‘dopado’ ni ‘limpio’, ni digo que un corredor lo sea. Sólo ofrezco cifras para que cada uno saque sus conclusiones”. Y se presenta como adalid: “Quiero acabar con el dopaje. Gente que no es aficionada al ciclismo me para por la calle para felicitarme por mi trabajo”. Dicho trabajo genera reservas o incluso repulsa en el mundillo. Bernard Hinault le echó del punto de encuentro del Tour de Francia y, cuando fue a la sala de prensa de la gran ronda francesa, los periodistas le ignoraron.

Brailsford, Froome y la pseudociencia

Mientras tanto, la especulación en torno a los vatios continúa rampante. Prácticamente cada día, webs como Science of Sport y perfiles de Twitter como @Veloclinic o @ammattipyoraily ofrecen sus cálculos y conclusiones razonadas. Admiten los límites de su modelo y persisten en él mientras solicitan a los equipos que publiquen los datos de potencia reales que obtienen con sus medidores SRM. Algunos, como Garmin o Alejandro Valverde, lo hacen; otros, como Laurens Ten Dam, colaboran facilitando cifras. La mayoría, como Sky, se niegan en redondo…

“Hay mucha pseudociencia por ahí”, descalifica Dave Brailsford. “Si publicas datos, muy poca gente podrá interpretarlos adecuadamente. Sólo crearás ruido”. El mánager general de Sky sabe que su pupilo Chris Froome es el gran objeto de controversia. Su epatante actuación en Ax 3 Domaines ha suscitado decenas de análisis relacionados con vatios. Fred Grappe, técnico de FDJ, dijo que estuvo “cerca del límite de lo humanamente posible, pero dentro de lo fisiológicamente explicable en un corredor fresco, sin demasiada fatiga en las piernas”. Analistas independientes sostienen que marcó 6,37 W/kg sobre 23 minutos y eso está “fuera de lo normal”. Antonie Vayer, utilizando su particular lenguaje, le define como “casi mutante”. Sobre los cálculos de este último fue preguntado el propio Froome ayer en rueda de prensa; los interpretó mal y los desautorizó.

Grappe, Pinot y el PPR

Dentro de la utilización de la potencia como método de detección de dopaje, el avance más riguroso científicamente hablando viene de la Universidad de Besançon y está liderado por dos técnicos de FDJ ya citados en este artículo, Frédéric Grappe y Julien Pinot. Es un sistema denominado ‘Profile de Puissance Personalissé’, “Perfil de Potencia Personalizado” o PPR. Consiste en registrar los picos de potencia de un corredor sobre distintos intervalos de tiempo (potencia media en 10 segundos, 1 minuto, 20 minutos, 4 horas…) y observar la evolución de estos.

Según defienden Grappe y Pinot, es una ayuda tanto para el entrenamiento como para la detección de anomalías, para dirimir si se dopa y para adivinar su potencial a largo plazo. Un estancamiento o bajada de los valores indicaría que ciertas áreas no se están entrenando adecuadamente, o la presencia de una lesión. Una evolución positiva pronunciada y sobrevenida, en cambio, señalaría que se está recurriendo a métodos prohibidos. Tan serio es el asunto que el propio FDJ propuso este invierno que el PPR fuera un método antidopaje complementario al pasaporte biológico. Grappe es vehemente en este sentido: “La UCI se centra en los datos sanguíneos, pero estos ya han demostrado no detectar ciertos productos”.

Sin embargo, el PPR no es la panacea. Sus debilidades fueron señaladas precisamente por un corredor de FDJ, el ingeniero Jérémy Roy. “La medida no es fiable [por los posibles errores o descalibraciones del dispositivo de medición], no se toma en cuenta la fatiga y la repetición de esfuerzos. Además de que batir récords, superar límites, es el objetivo del entrenamiento”. Tim Keirrison pone también el foco en la “ineficiencia” del cuerpo humano, una máquina imperfecta cuyo rendimiento oscila inevitablemente: “Partiendo de que tenemos una eficiencia del 20%, no es difícil entrenar para subir al 21% y que mejoren las prestaciones en consecuencia”. La analogía de Velojournal, blog particularmente combativo contra la relación de los vatios y el dopaje, resulta esclarecedora: “Es como si la policía monitorizara las cuentas bancarias de todo el mundo y procesara a los dueños de las que subieran mucho sospechando que el dinero vendría del robo de un banco”.

Por norma general, el dopaje mejora las prestaciones, pero una mejora de las prestaciones no tiene por qué significar dopaje. La relación de causalidad no es clara porque el cuerpo humano es muy complejo. Han existido, existen y existirán casos de actuaciones alucinantes, pero la incidencia del dopaje en estos no puede determinarse por el mayor número de vatios desplegados. En primer lugar porque medirlos requiere un perfeccionamiento de la técnica de la cual se dispone actualmente y las fórmulas para calcular la potencia tienen a este efecto el mismo valor que los refranes para la sociología. Y en segundo lugar porque, aunque en ciertos aspectos sea sistematizable, el deporte expresa lo intangible y lo inenarrable del género humano, y eso no hay SRM que lo mida.

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