Mi fábula de Katusha

Mientras disfrutamos del inicio de la competición y observamos entre palomitas cómo la Operación Puerto salpica al fútbol, esta semana se empezará a resolver uno de los asuntos más controvertidos que afectan al ciclismo: Katusha se enfrenta a la Comisión de Licencias, y a la UCI, en el TAS.

Todo está dicho ya desde el punto de vista deportivo: es un sinsentido por su nivel, pero Katusha podría enfrentar una temporada de ostracismo, fuera de la élite. Respecto de los motivos concretos de la exclusión del WorldTour, se han escuchado tantos como bocas se han abierto. Y yo hoy voy a abrir la mía, que probablemente sea la menos válida, para contar mi particular fábula.

Katusha está fuera del WorldTour como aviso a sus gestores, que se quieren quedar la UCI.

El equipo está sufragado por Igor Makarov, un magnate gasero con tal afición al ciclismo que incluso lo practicó a alto nivel hace un cuarto de siglo. Makarov lleva comprando voluntades desde que fundó su Russian Global Cycling Project para culminar su proyecto personal de arrebatar al lobby que controla hoy día la UCI su lucrativo chiringuito.

Por ejemplo: ha llevado el ciclismo a países como Azerbaiyán con los cuales mantiene suculentos negocios, de la mano de la familia alemana, formada por antiguos integrantes de Cervélo y Gerolsteiner, que hoy día tiene un peso importante en las altas instancias. Otro caso: su empresa Itera es la principal patrocinadora de la Unión Europea de Ciclismo, asociación de federaciones nacionales del viejo continente cuyo presidente es Andrei Tchmil, otrora clasicómano venerado y exmánager de Katusha.

Makarov estaba yendo demasiado lejos. Apoyaba, postulaba a Tchmil para que fuera presidente de la UCI tras los comicios que tendrán lugar durante los Mundiales de Florencia 2013, lo cual chocaba con McQuaid y los suyos, que prefieren a Cookson, presidente de la federación británica, o en su defecto a Lappartient, de la francesa.

Cargarse a Holczer, miembro de la familia alemana que ejercía de topo en Katusha, fue la gota que colmó el vaso. Y, como en todas partes cuecen habas, no fue difícil proveer a la Comisión de Licencias de motivos para excluir al conjunto ruso, la joya de la corona de Makarov, del WorldTour.

Esa es mi versión de los hechos, una fábula conspiranoica preciosa. Creérsela o no es cosa de cada uno.

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