El Tour de los Quince

El sábado comienza un Tour de Francia en la línea del año pasado en cuanto a expectación. A pesar de la presencia de un dominador absoluto como Alberto Contador, pocas veces se ha presentado la gran ronda francesa tan abierta. La ausencia de un patrón, de un equipo claramente más fuerte que el resto, hace que la carrera se presuma táctica e imprevisible. Y, en consecuencia, extiende el abanico de corredores con opciones de conseguir una plaza de podio hasta límites insospechados. En Arueda hemos seleccionado a los principales candidatos a un lugar de privilegio y a continuación analizamos sus bazas para alcanzar el éxito en el que hemos venido a llamar ‘El Tour de los Quince’
Alberto Contador El vueltómano número uno del pelotón mundial es, por derecho propio, el gran favorito indiscutible a llegar a los Campos Elíseos vestido de amarillo. Puede ganar tiempo en cualquiera de los terrenos tradicionalmente decisivos: es netamente superior a todos en montaña, mientras que en contrarreloj sólo unos pocos pueden hacerle sombra. Llega, además, en un estado de forma óptimo, sólo un kilogramo por encima de su peso ideal. Además en Dauphiné, a pesar de caer derrotado frente a un Brajkovic que llegaba al cien por cien a la cita, las sensaciones fueron inmejorables. Su único lunar a nivel individual podría ser el pavés, presente en la tercera etapa camino de Arenberg y donde corredores más pesados como Lance Armstrong podrían robarle tiempo. Su talón de Aquiles, sin embargo, no es otro que su equipo, Astaná, más débil de lo deseable y que podría dejarle en la estacada ante una emboscada táctica del resto de escuadras.
Carlos Sastre El ganador de la ‘Grande Boucle’ 2008 es por tradición la segunda baza sólida del ciclismo español para campeonar en París. Un análisis más detenido de la situación, por el contrario, no es tan esperanzador. El abulense lleva un año infame, donde ni las piernas ni la suerte han estado de su lado. Se presentó en el Giro en baja forma y lo acabó en una decepcionante octava posición mermado por las caídas. A su favor juega su talento para la escalada y su raza, condiciones innatas que deberá sacar a relucir en el que podría ser su último Tour de Francia
Samuel Sánchez Campeón olímpico y dos veces podio en la Vuelta, el asturiano se enfrentará por cuarta vez a la gran ronda francesa con la ambición de cuando menos superar el séptimo puesto alcanzado en 2008. El gran problema que deberá subsanar el jefe de filas de Euskaltel es su falta de calidad diferencial en montaña y contrarreloj; su gran ventaja, las muchas etapas que acaban con una ración de su terreno favorito, la bajada.
Luis León Sánchez Es la opción sorpresa del ciclismo nacional. Luis León ha centrado sus miras en el Tour por primera vez en su carrera, en parte impulsado por la circunstancia de la sanción de su coequipier Alejandro Valverde. Hasta dónde puede llegar en la general que él mismo ha definido como su objetivo prioritario es un auténtico misterio, toda vez que nunca ha disputado una ronda de tres semanas con esa intención. Está por ver, en especial, si la potencia de la que hace gala habitualmente se va resintiendo con el paso de los días.
Ivan Basso El italiano llega a la ‘Grande Boucle’ con los deberes hechos tras su portentoso triunfo en la general del Giro de Italia. Pero, sobre todo, viene renacido y deseoso de acabar de una dentellada con todos los prejuicios existentes en torno a él tras su sanción por tentativa de dopaje. El varesino es un escalador de fondo; no le faltará terreno en un Tour que ha distribuido la dureza en el recorrido de las etapas en lugar de concentrarla en la parte final de los parciales con los casi odiosos finales en alto. En su contra puede pesar el Giro que lleva en sus piernas. Pero, sobre todo, cuenta con el aval de tener un equipazo como Liquigas tras de sí, con compañeros como…
Roman Kreuziger Y es que el checo es uno de los grandes candidatos a hacer saltar la banca este Julio. Ha pasado el año relajado, luchando por cotas elevadas apenas en París – Niza (donde fue cuarto) y dando destellos de calidad allá por donde ha pasado. Su clase está fuera de toda duda después de acabar noveno en 2009, con sólo 24 años. Y lo más interesante es que no sabemos cuál habrá sido su evolución este invierno, ya que sus enormes cualidades pueden haberse desarrollado hasta auparle a un lugar en el podio de París…
Bradley Wiggins Si bien en 2009 la presencia del británico en las primeras plazas de la general se antojaba similar a la de un ‘sputnik’, ahora no. Enrolado en la superestructura Sky, Wiggins ha realizado una aproximación sólida a la Grande Boucle, con participaciones discretos aunque dignas en lo más granado del calendario internacional y siempre con el Tour entre ceja y ceja. Quizá el mejor contrarrelojista entre los aspirantes a la general Contador aparte, la gran sorpresa de 2009 ya es un hombre vigilado y tenido en cuenta por el resto de favoritos.
Cadel Evans Una actuación decepcionante en la edición del año pasado de la gran ronda francesa supuso una auténtica catarsis para el corredor australiano, cobarde hasta entonces y corajudo desde el momento en que se vio impotente por no hacer sino seguir la rueda del resto de candidatos a la victoria allá donde fuera. Cadel Evans es ahora un corredor totalmente distinto a la anterior versión de él mismo que vimos acabar entre los diez primeros del Tour en varias ocasiones. Está por ver hasta dónde será capaz de llegar con su nueva actitud y las cualidades de siempre, vestido de arco iris y ayudado por un equipo (BMC) que si diluirá apenas llegue la montaña.
Michael Rogers La otra gran baza ‘aussie’ será este hombre, líder del potentísimo HTC que intentará confirmar con 31 años los que apuntaba con 20: que es un hombre hecho para las rondas de tres semanas. Hasta ahora, su mejor actuación en un Tour fue un anónimo noveno puesto en 2006. Mejorar esto es casi una obsesión para un Rogers que ha realizado una temporada interesante merced a un cambio en sus métodos de preparación que, a juzgar por sus triunfos en las generales de las Vueltas a Andalucía y California, han sido para bien.
Lance Armstrong El texano es uno de los nombres propios de cualquier competición en la que tome parte. Y, en el caso de este Tour 2010, aún más después de anunciar que ésta será su última participación en la gran ronda francesa. Su última vez en una competición con la cual ha desarrollado una sinergia casi nunca vista entre un corredor y una carrera; durante siete años prácticamente vivieron el uno para el otro, algo que dio réditos a ambos. La gran duda es si, a sus 38 años, estará en disposición de luchar por lo máximo o si, por el contrario, será únicamente el mascarón de proa del gigantesco drakkar de RadioShack, que incluye corredores como Levi Leipheimer, Andreas Klöden ó Chris Horner que podría representar una baza táctica valiosísima para RadioShack por sus buenísimas cualidades… o ser incluso capaces de optar a puestos de honor con el permiso o la colaboración del heptacampeón.
Andy Schleck Posiblemente, el luxemburgués sea el enemigo natural de Contador. Tanto para este año como para los próximos. Andy representa la antítesis de Alberto; el asfixiante ritmo que es capaz de imponer en la montaña podría ser la kriptonita de los nerviosos ataques lanzados por el de Pinto. Las cualidades que le llevaron al segundo escalón del podio el año pasado habrán aumentado este invierno como consecuencia lógica de la evolución de un ciclista de apenas 25 años que afronta esta Grande Boucle con un reto estimulante: llevarse el maillot blanco por tercera vez consecutiva y empatar así con el superclase teutón Jan Ullrich, entrando con ello en la historia del Tour de Francia.
Frank Schleck El hermano de Andy es su principal apoyo tanto fuera como dentro de la carretera, donde representa el papel de ‘capitano’ de ruta del potentísimo Saxo Bank junto a dos clásicos como Jens Voigt y Stuart O’Grady. Pero ojo, el mayor de la pareja luxemburguesa no es un convidado de piedra en la lucha por la general, tal y como demostró con el cuarto lugar alcanzado el año pasado. Al contrario, su solidez le podría llevar a una plaza de podio a poco que la carrera se le ponga de cara… o su hermano no requiera de sus servicios.
Denis Menchov Eterno aspirante a la victoria en la Grande Boucle, el dos veces ganador de la Vuelta a España y una del Giro de Italia posiblemente se encuentre ante su última buena ocasión de consumar una victoria en la gran ronda francesa donde su cota máxima es, hasta ahora, un cuarto lugar en 2008. A sus 32 años llega en un momento de máxima madurez, habiendo realizado un calendario liviano para llegar en plenitud de condiciones a un Tour de Francia que es objetivo prioritario para su equipo, Rabobank, toda vez que su salida está sita en la ciudad holandesa de Rotterdam.
Robert Gesink Aunque, si de ciclismo holandés hablamos, el adalid número uno es este corredor. Gesink se enfrenta por segunda vez a la gran ronda francesa después de la mala experiencia del año pasado, donde tuvo que retirarse a las primeras de cambio por una caída. Escalador de campanillas como demostró con su sexto puesto en la Vuelta a España 2009, el gran aval del corredor de Rabo es una portentosa exhibición en la etapa reina de la Vuelta a Suiza, donde se impuso de manera imperial. Sus hándicap son la inexperiencia, debilidad en la lucha contra el crono y tener tras de sí un equipo que funciona más como una suma de individuos que como un conjunto de verdad.
Jurgen Van der Broeck El belga es nuestra última gran apuesta para destacar en la general de este Tour de Francia. El año pasado se pasó casi toda la carrera escapado por delante del pelotón, haciendo la guerra por su cuenta toda vez que su líder Cadel Evans había naufragado. Ahora el líder es él; y, como tal, planteará una carrera seria, haciendo valer su fortaleza contrarreloj para llegar lo más lejos posible en la clasificación final. Cuenta con el equipo Omega Pharma a su servicio, y especialmente con un Dani Moreno que debutará en la gran ronda francesa con ganas de comerse el mundo.
Fuera de este grupo de grandes favoritos nos hemos dejado al líder de Garmin Christian Vandevelde, ciclista sólido donde los haya pero algo débil para optar al podio de París, y a un Damiano Cunego (Lampre) que luchando por triunfos parciales podría encontrarse de sopetón con un puesto de privilegio en la general. También habrá en la salida de Rotterdam jóvenes de gran caché y mayores expectativas como Edvald Boasson Hagen (Sky), Jakob Fuglsang (Saxo Bank), Tony Martin (HTC) ó Rui Costa (Caisse d’Épargne), cuyas opciones individuales estarán sometidas a los designios de los líderes de sus respectivos equipos.

La Vuelta deja fuera a RadioShack

A mediodía de ayer, la organización de la Vuelta a España remitía una nota de prensa con veintidós equipos y una nota al pie informando de su decisión respecto de la lista de invitados a la gran ronda española. Y con ello se desataba la guerra dialéctica.
Las escuadras que tomarán parte en la Vuelta serán, según los deseos de Unipublic, las dieciséis que firmaron el llamado ‘Acuerdo de Londres’ hace dos años (básicamente, los ProTour de 2008 que siguen en las carreteras) y seis que son directamente invitadas por la organización: los ProTour Sky, Katusha y Garmin y los profesionales Cervélo, Andalucía – Cajasur y Xacobeo – Galicia. Una selección, según declara Javier Guillén [máximo ejecutivo de la Vuelta a España] en As llevada a cabo en base a «criterios estrictamente deportivos», que deja fuera de la carrera a la gran sensación de su pasada edición de la gran ronda española, Vacansoleil, al BMC de Cadel Evans y a uno de los indiscutibles mejores equipos del mundo, RadioShack.
Es en el seno de esta última estructura donde se ha hecho notar más el descontento y la indignación con Unipublic. La primera reacción fue de Johan Bruyneel, que en su Twitter anunció recién conocida la noticia que haría comentarios «interesantes y picantes». Más tarde, emitió un comunicado donde se mostró «no sólo sorprendido, sino perplejo. Pensé que se trataba de un error y llamé a Javier Guillén para que me diera explicaciones. Me dijo que no ofrecíamos un equipo suficientemente bueno y no me lo podía creer. Sólo con Leipheimer, Klöden, Horner y Brajkovic llevábamos a cuatro potenciales ganadores de la Vuelta. Era nuestro otro objetivo del año junto al Tour, por eso (y porque debíamos correr la Vuelta a California) no corrimos el Giro de Italia».
Si tomamos lo que dice Bruyneel como cierto, realmente la razón no está con Unipublic. Leipheimer, Klöden, Horner y Brajkovic parecen corredores de entidad suficiente como para garantizar la invitación del que, por otra parte, es el octavo equipo del mundo según el Ránking UCI y el quinto según CQ Ránking. Ahora bien, no parece que esa fuera efectivamente la alineación que RadioShack planeaba disponer en la gran ronda española.
Según algunas fuentes y declaraciones de Chechu Rubiera a Biciciclismo, ésta incluía a Janez Brajkovic, Chris Horner, Geert Steegmans y el bloque ibérico del equipo conformado por el propio Rubiera (que con la decisión de Unipublic no estará en el estreno en competición de la cima que lleva su nombre, también conocida como Coto Bello), Zubeldia, Irízar, Machado y Paulinho. Pero no por Leipheimer y Klöden, que de cumplir un calendario formado por Tour y Vuelta acabarían la temporada con 80 días de competición, una cifra a todas luces excesiva para ciclistas de 37 y 35 años respectivamente.
Así, no parece que Bruyneel las tenga todas consigo; pero lo mismo se puede decir de Javier Guillén. El valor deportivo del ‘nueve’ preseleccionado por RadioShack es enorme más allá de las ausencias de sus cabezas de cartel, empezando por el heptacampeón del Tour Lance Armstrong. No puede ser que sea el factor decisivo para esta no invitación a la Vuelta. Más bien puede que lo sea la nota al pie a la cual hacíamos referencia al principio, que establece que «Unipublic se reserva la posibilidad de modificar esta lista si circunstancias importantes así lo aconsejaran, teniendo siempre muy presentes las responsabilidades éticas de los participantes y su calidad deportiva», y la intención sea presionar a RadioShack para que mejor aún más su propuesta.
O quizá, como señala en algunos mentideros, sea un castigo al equipo americano por lo que pueda haber de cierto en las declaraciones de Landis. O por las posturas contrarias a las sostenidas por las grandes autoridades que Bruyneel y Armstrong han adoptado en asuntos de trascendencia para el futuro del ciclismo. Un ciclismo que Bruyneel afirma «estar dispuesto a hacer todo lo posible para profesionalizar» en un pequeño ataque de megalomanía.
En Vacansoleil, en cambio, la decisión de Unipublic de dejarles fuera de la Vuelta en favor de equipos de menor calidad como Garmin o cuyo desprecio por el calendario español ha sido manifiesto como Sky ha sido acogida con resignación. Su mánager Dan Luijkx ha declarado que «es lamentable que no podamos hacer ninguna gran vuelta en 2010 después de lo bien y rápido que anduvo todo en 2009… Esperamos que estas peleas entre organizadores y equipos se acaben cuando llegue el nuevo sistema en 2011. Estamos tristes, pero tenemos que centrarnos en las muchas citas grandes que nos quedan en estos meses». Evita así las polémicas el gerente del conjunto holandés, que revolucionó varias veces la gran ronda española el año pasado con su actitud combativa, y se pone en manos del sistema de invitaciones previsto para la próxima campaña, basado en méritos deportivos y no en económicos o, directamente, subjetivos.
El tercer agraviado significativo por la no invitación a la Vuelta a España, BMC, se lo toma con aún mayor filosofía y, sobre todo, con realismo. Y es que no posee plantilla ni estructura suficiente para afrontar las tres grandes rondas esta temporada, hecho que se hubiera consumado de haber estado presentes en la salida de Sevilla. «Nuestros planes pasaban por competir en un ‘grande’, el Giro de Italia», explica ufano el mánager Jim Ochowicz, «y eventualmente una segunda, el Tour de Francia. Pero hacer la Vuelta, en 2010, no era posible».
Por lo que respecta a los equipos a los que se ha otorgado una invitación, las reacciones de alegría han sido mucho más tibias. Andalucía, cuya viablidad depende en gran medida de estar presente en la gran ronda española, expresaba su agradecimiento a través de su jefe de filas José Ángel Gómez Marchante. Xacobeo, por su parte, afirmaba que su objetivo será mejorar en la Vuelta de 2010 lo hecho en la de 2009, para lo cual contará con el liderazgo de Ezequiel Mosquera y el respaldo de buenos elementos como David García Dapena, Gustavo César o Rodrigo García. Dave Brailsford, mánager de Sky, hablaba de un «voto de confianza de Unipublic», mientras Katusha, Garmin y Cervélo aún no han realizado ninguna declaración al respecto. Los primeros están dentro por la predilección de Javier Guillén por su líder Joaquín Rodríguez; los segundos, por Tyler Farrar; los terceros, por Carlos Sastre. Ahora bien, no se sabe si por su presencia en el ‘nueve’ de la Vuelta o por su poder fáctico…

* Agradecimiento a Daniel Sánchez por su traducción de las declaraciones de Dan Luijkx

El discurso del silencioso Arroyo

«Después de mucho ayudar, en este Giro por fin me he podido expresar», decía sonriente a los corresponsales de la Gazzetta dello Sport en la meta del Tonale el penúltimo día de competición del Giro de Italia. El segundo puesto de la general de la ‘corsa rosa’ ya era suyo
David Arroyo (1980, Talavera de la Reina) ha sido siempre un hombre silencioso sobre la bicicleta, poco dado a las estridencias y al lucimiento individual. Él no es la cigarra sino la hormiga, trabaja pacientemente y siempre sacrificando sus opciones en pos de otros más cualificados aunque probablemente menos mentalizados. Recio, sólo se ha retirado en una carrera en seis años. Es un gregario de manual, perteneciente esa raza de vueltómanos diésel pocas veces brillantes pero siempre iluminados. Por ello, para el talaverano poder expresarse sobre las dos ruedas con la misma alegría que gasta lejos de ellas mediante una enorme actuación en el Giro fue motivo de máxima felicidad. Porque los eternos días de fatiga desapercibida merecen aunque sólo sean minutos de gloria relevante.
La feliz disertación de Arroyo se comenzó a construir en uno de esos días que pasan a la memoria colectiva y, con ello, a la historia del deporte de la bicicleta. En el undécimo parcial de la ‘corsa rosa’, el talaverano se filtró en una fuga de más de medio centenar de hombres junto a cuatro compañeros de Caisse d’Épargne (Kyrienka, Amador, Jeannesson y Losada) que realizaron un trabajo magnífico para que ésta saliera adelante mientras las escuadras de los favoritos se miraban con recelo en el seno del pelotón y dejaban crecer la ventaja hasta los casi trece minutos consumados en meta. Arroyo viajaba acompañado también de grandes nombres como Carlos Sastre, Bradley Wiggins, Xavi Tondo, Linus Gerdemann, Robert Kiserlovski o el líder tras la etapa Richie Porte, todos ellos corredores capaces de figurar entre los primeros clasificación general sin necesidad de esta inesperada ayuda.
Sin embargo, Mario Cipollini lo vio claro en su columna de la Gazzetta sobre la jornada: «Ahora, mi favorito para el Giro es Arroyo». El tiempo daría la razón al otrora gran esprinter italiano. La apuesta, algo sorprendente teniendo en cuenta lo altisonante de sus compañeros de fuga, no lo era tanto revisando las credenciales del talaverano. Éste había completado nueve grandes vueltas: dos Giros, dos Vueltas y cinco Tours. Su potente motor estaba fuera de toda duda para aquel que siguiera medianamente la actualidad ciclista. Y, sobre todo, había mostrado un estado de forma excepcional, encontrándose siempre con los mejores en las etapas holandesas y en el embarrado final de Montalcino; sólo había fallado en el Terminillo, donde cedió un par de minutos. La sensación de Cipollini no tardó en ser avalada por los hechos: en Asolo, tras la subida al Monte Grappa, Arroyo cogía la ‘maglia rosa’. Desde ahí hasta Verona, la felicidad y el brillo…
Aunque su ventaja se fue limando poco a poco, sobrevivió al Zoncolan donde Basso hizo patente su superioridad respecto del resto de participantes; también en la cronoescalada de Plan de Corones y en Peio Terme. Su brillo, sin embargo, fue aún mayor el día que tuvo que claudicar en su defensa del entorchado, camino de Aprica previo paso por el Mortirolo. En la subida al gigante lombardo, el puerto favorito de Marco Pantani, Arroyo tuvo que ver como Liquigas montaba su zafarrancho particular y le dejaba atrás, roto. En la bajada, en cambio, nos regaló una gesta para el recuerdo. Un descenso de esos que antes se llamaban a tumba abierta que le sirvió para cazar a todos los que iban delante de él, con excepción de Basso, Nibali y Scarponi. Los apenas 40″ de desventaja respecto de la terna con que contaba al inicio de la subida a Aprica se vieron aumentados a más de 3′ debido a la falta de colaboración de los que iban con él en el grupo, indignamente abúlicos. Cedió el liderato.
Pero, aunque el resultado no fuera el mejor, las sensaciones si lo habían sido. En los siguientes parciales se limitó a aguantar su segunda plaza del podio corriendo tal y como lo hizo el resto de la prueba: a su ritmo, sin forzar, dejándose ir en los momentos clave. El balance: «ha sido la semana más bonita de mi vida», como contaba a Javier Gómez Peña en las páginas de El Correo en un análisis postrero. No era sencillo, pero sí justo para un hombre que, tras ser despreciado por Manolo Sáiz para la ONCE después de tres años en el equipo (de 2001 a 2003), se vio obligado a revindicarse en el modesto LA-Pecol luso con dos preciadas etapas en la Volta a Portugal. Luego llegó el fichaje por Caisse d’Épargne, con él el pasaporte al ciclismo de alto nivel; y, después, al brillo y la oratoria en los más lustrosos escenarios.
Para su vuelta, en Talavera le habían preparado un gran recibimiento. Con su amigo Álvaro Bautista, motociclista campeón del mundo de 125cc en 2006, a la cabeza, y secundado por ex compañeros de fatigas como Abraham Olano o Rafa Díaz Justo. Centenares de talaveranos le arroparon en un día muy especial donde todos le transmitieron lo cerca que habían estado de él durante la ‘corsa rosa’. Desde su hijo, que según recogía As le pedía que «apretara el culo», hasta el alcalde José Francisco Rivas, que acabó su disertación con una cita de Charles Dickens: «El hombre no sabe de lo que es capaz hasta que no lo intenta».
La pregunta es ahora cómo cambiará esta expresión al más alto nivel, este discurso desde el púlpito del Giro de Italia. A corto plazo, su gran actuación y la sanción de Alejandro Valverde le han abierto la posibilidad de correr como jefe de filas de Caisse d’Épargne junto a Rubén Plaza la Vuelta a España. A largo, Arroyo se expone al mismo peligro que un otrora integrante del equipo bancario, el gallego Óscar Pereiro. Quizá verse tan arriba le haga dejar de tocar el suelo con los pies, creerse capaz de todo. Exigirse expectativas muy por encima de su capacidad. Ése es un riesgo real que deberá superar para que este podio del Giro sea su cénit y no el principio del fin, el inicio de un silencio eterno y decepcionante…

Ivan Basso, las deudas y la criba de la eternidad

Ha pasado ya casi una semana desde que Ivan Basso fue aupado por sus compañeros de Liquigas a lo más alto del Foro de Verona. Vestido de rosa, el italiano sonreía ampliamente con gesto de satisfacción. Y, sobre todo, de alivio.
A principios de mayo no era difícil imaginarse a Ivan Basso (1977, Varese) pensando en el Giro de Italia con inquietud, como si fuera no tanto un objetivo deportivo como uno moral. E ineludible. Ivan tenía ante sí una gran ocasión para llevarse de nuevo la ‘corsa rosa’, contaba con un recorrido hecho a su medida y un equipo potentísimo a su servicio. Las circunstancias ideales para ganar la gran ronda italiana, sí. Pero el objetivo de Ivan no era tanto la gloria deportiva, sino algo más elevado como la gloria moral. No era de extrañar, pues, que estuviera tan nervioso…
Tras concluir el Giro del Trentino, apenas dos semanas antes de la salida del Giro, Basso se mostraba inseguro ante los medios de comunicación. Quería repetir la victoria de la temporada anterior en la pequeña prueba italiana para demostrarse a sí mismo que su estado de forma era bueno. «Sólo» consiguió una quinta posición, realizando una actuación más que decente pero insuficiente para sentir que llegaba al pistoletazo de salida de Amsterdam en las condiciones adecuadas. Decidió correr el Tour de Romandía, inicialmente fuera de su planificación, para afinar su puesta a punto.
No iba a estar tranquilo en casa, pensando que quizá pecara de pereza y que seis días más de competición antes de su gran objetivo, seis días que le aseguraran el correcto estado físico, no le habrían hecho daño. No podía dejar nada al azar antes de un Giro que no era uno más, sino su ‘chance’ para pagar sus deudas. Con el mundo del ciclismo en general, con la propia ‘corsa rosa’ en particular. Y también con la escuadra Liquigas que le dio la oportunidad de volver al profesionalismo.
Era un Giro trascendente para sanear su cuenta corriente moral. Aquella que abrió proclamándose campeón del mundo sub 23 por delante de dos compatriotas con los que prometía marcar una época del ciclismo, Danilo Di Luca y Giuliano Figueras. Ese día de 1998 en Valkenburg Basso prometió al deporte de las dos ruedas una rivalidad épica con un Di Luca que afirmó que «de no ser por las tácticas yo me habría llevado el arcoiris» y, sobre todo, un superclase agresivo y poderoso cuyos hitos y palmarés iban a pasar a la Historia.
El ciclismo, sin embargo, es un deporte cruel con sus amantes, y aquellos que pretenden dominarlo hasta convertirse en mitos deben llevar grabado a fuego en su mente el siguiente axioma: no hay gloria sin sufrimiento. En ese proceso de sufrimiento, en si se sucumbe o se supera, reside la criba entre los buenos y los eternos.
El proceso de criba para Basso ha sido complicado. Su debut en el Tour de Francia, en 2001 con los colores de Fassa Bortolo, cuando aún se estaba encontrando a sí mismo como corredor y lo mismo lo intentaba en la montaña que al esprint, intentó hace saltar la banca en la séptima etapa. El siempre vibrante Día de la Bastilla, fiesta nacional francesa del 14 de Julio, el varesino atacó subiendo el Col de Fouchy. Formó el corte bueno con Voigt, Cuesta, Roux y su ídolo Jalabert, con quienes se intentaría jugar la victoria en Colmar. Pero, en el descenso que conducía a la población francesa, Basso cayó y se rompió la clavícula. Era, según sus compañeros de fatigas, «el más fuerte» de aquella jornada en que se acabaría llevando el gato al agua Laurent Jalabert.
Era su pecado de juventud. La agresividad. Ivan tenía un espíritu combativo, propio del lobo de la bicicleta que era y de la necesidad que había tenido en su época ‘dilettante’ de ganar por aplastamiento. Había que rebajar ese temperamento para optimizar el rendimiento del varesino, y de ello se encargó un hombre de carácter como Giancarlo Ferretti, su director en Fassa Bortolo. Ferretti le obligó a trabajar para los Petacchi, Bartoli o Casagrande, le dejó buscarse la vida en las grandes rondas y le limitó sus impulsos de atacar. Los resultados deportivos fueron dos jerseys blancos de mejor joven en el Tour de Francia. Los actitudinales, un corredor que transmitía cierta abulia, escondido, de gran motor y poco espectáculo.
Eso era algo que el ciclismo no podía permitir. La deuda contraída con aquella caída de Colmar ya estaba pagada con los entorchados de la gran ronda francesa, ahora le tocaba a Ivan convertirse en un superclase brillante para que las paces estuvieran hechas. Y aunque consiguiera marcas tan impresionantes como ser el ciclista que menos cedió con Lance Armstrong en la montaña del Tour 2003, no lo estaba haciendo. Al revés: caminaba hacia la opacidad. Fichó por CSC, un equipo donde sería líder absoluto, y consiguió unos resultados impresionantes, incluyendo su primer podio en la ‘Grande Boucle’ (3º en 2004) y su primera victoria como profesional en el Giro dell’Emilia…
Pero seguía siendo un corredor romo. En el Giro’05 se puso primero de la general sin realizar ni un ataque por sí mismo, siempre a rebufo de los más agresivos y evitando que el viento le rozara la cara. De nuevo, algo que el ciclismo no podía permitir. Era necesario un escarmiento, aunque costara que la ‘corsa rosa’ se endeudara con él. En la decimotercera etapa, vestido de líder, cedió un minuto en un trazado asequible. Problemas estomacales le impedían rendir como lo había hecho hasta aquel momento en que las circunstancias se revolvieron contra él, como una especie de castigo del ‘karma’.
Al día siguiente, en un parcial complicado camino de Livigno, Basso cedió más de cuarenta minutos. Recorrió el total de la etapa rodeado por sus compañeros de CSC, que empujaban literalmente unas lágrimas que le impedían seguir las pedaladas del menos cualificado de sus coequipiers. Ivan, sin embargo, quiso acabar aquel nefasto día. La catarsis le vendría bien, ahora iba a luchar tal y como el cuerpo le pedía. Y vaya si lo hizo: a los dos días ya estaba con los mejores, atacando y ganando de manera imperial primero en el Colle di Tenda y luego en una crono llana, su tradicional talón de Aquiles.
Basso era el mejor de aquel Giro, aunque el castigo karmático del ciclismo le impidiera llevárselo. También lo fue del Giro siguiente, donde su victoria sí fue imperial sobre la carretera como el ciclismo quería… pero oprobiosa fuera de ella. Mientras él volaba por La Thuile, el Monte Bodone o el Passo Lanciano, en España salía a la luz la Operación Puerto. Y, en ella, camuflado bajo el nombre Birilio, estaba Ivan. Sus amistades peligrosas le costaron el cariño del público, las instituciones ciclistas y su equipo. No corrió más aquel año: estaba manchado, aunque lo negara y las tretas de la justicia española impidieran su sanción.
Un año y un contrato roto con Discovery Channel después, Basso fue sancionado. Ahora sí que estaba endeudado, en práctica bancarrota. El ciclismo daba por perdido a un proyecto de corredor histórico que, para más inri, le había dejado en la estacada con la mayor afrenta posible: dopaje. Ivan debería contraer aún más débito para poder llegar al equilibrio con todos aquellos que le reclamaban lo que le habían prestado. Y, para su fortuna, meses antes de cumplir su sanción encontró un prestamista a fondo perdido: Liquigas.
Es de reconocer el gran mérito que tuvo Roberto Amadio en este fichaje. En la semana de abril en que anunció el fichaje de Basso, la escuadra ‘verde’ se encontraba en plena campaña de desprestigio, toda vez que había tenido que prescindir de su hasta entonces líder Danilo Di Luca por sus problemas con los estamentos y el dopaje. Amadio tuvo la audacia suficiente para desafiar al sistema de los apestados, de no volver a acoger a quienes hubieran pecado por mucha contrición que hubieran realizado. Ivan, que había seguido entrenando aun alejado de las competiciones, debutó a sus órdenes el 26 de Octubre de 2010, apenas dos días después de cumplir su sanción; lo hizo con un tercer lugar en la Copa Japón, que llegó fruto de un arrojo excepcional.
Basso había vuelto, aunque fuera endeudado hasta las cejas. Y así ha estado hasta ahora, cuando en este Giro de Italia saldó todas sus cuentas pendientes. Lo hizo poco a poco, con un rendimiento regular, pero dando un golpe de gracia que venía a imitar el gesto de extender un cheque a sus acreedores. Fue en el Monte Zoncolan donde, imperial, reventó uno por uno a todos sus rivales aprovechando el trabajo de sus coequipiers y, sobre todo, su enorme fuerza. Allí se impuso al resto e hizo fehaciente su reinado. Su magnífica exhibición significó la preponderancia del talento y el coraje por encima de las dificultades y los pecados propios. Significó que Basso pasaba a la historia al superar la criba de la eternidad.

Valverde, el pecado original y la marca de Caín

Hubo un tiempo en que en el ciclismo, como en el cristianismo, existía un pecado original. Una trampa presupuesta, una mala acción que se consideraba prácticamente inherente al corredor que llegaba al profesionalismo y penalizaba su imagen desde el mismo momento en que aparecía en el primer plano mediático subido en la bicicleta. «Ese», decía el televidente, «es un dopado». Y ante eso sólo unos pocos ‘rara avis’ podían desafiar a la opinión (¿quizá el saber?) general y decir con la frente alta: «Yo no. Yo estoy limpio». Al resto no les quedaba sino agachar la cabeza y seguir pedaleando.
La Operación Puerto vino a poner esto de manifiesto. Supuso una purga, la penúltima en la serie de escándalos que inauguró del ‘caso Festina’ y parece haberse clausurado con el pasaporte biológico que, se supone, ha limpiado el ciclismo de cualquier atisbo de dopaje. Aquel 22 de Mayo de 2006 en el cual se destapó la mayor red de «preparación deportiva» (mezquino eufemismo) fue una inmensa catarsis, en especial, para el ciclismo español; se dice que pudo haberlo sido para todo el deporte, pero las autoridades prefirieron no salir de las dos ruedas.
Decenas de corredores cayeron en desgracia gracias a esta operación de la Guardia Civil. Cayeron, sobre todo, dos de los equipos que peor fama arrastraban dentro del panorama nacional y, quizá, mundial: Kelme y ONCE. Dos escuadras históricas, ahora añoradas y en aquel tiempo poco defendidas por el grueso del colectivo ciclista: ni quienes se sentaban en los despacho ni aquellos que aplaudían en las cunetas alzaron la voz. No clamaron. Y quienes sí se atrevieron a moverse, los corredores que se plantaron en el Campeonato de España, fueron comparados por algunos medios con «trileros que se manifestaban porque les han descubierto el truco». En resumidas cuentas, a decenas de esforzados de la ruta se les destensó la cuerda sobre la cual danzaban en el vacío. Se consideraba que, de alguna manera, habían pagado por su pecado original.
Hubo sin embargo quien siguió teniendo la cuerda tensa. Personas que fueron protegidas de su pecado original con otro artefacto bíblico, la marca de Caín. Ésa que señalaba al hijo de Eva como asesino de su hermano Abel pero, a la vez, le hacía inmune ante cualquier ataque. Los nombres de estos corredores difícilmente saldrán algún día a la luz, sólo hay suspicacias en torno a ellos. Sólo uno vio reflejado su sambenito más allá del rumor: Alejandro Valverde. Posiblemente uno de los tres mayores talentos de lo que llevamos de siglo, el murciano estaba presente de manera prácticamente inequívoca en los papeles de la Operación Puerto. Bolsa 18 de sangre: Valv.(Piti). Del año 2003. Su penúltima temporada en Kelme.
Se dice que, por mucho que corra el hombre, su pasado será más rápido que él y acabará por alcanzarlo. En el caso de Alejandro, el pasado le ha dado caza a lomos del empeño de un jurista italiano, el fiscal del CONI Ettore Torri, deseando cortar la cabeza del superclase español para equiparar su condición de implicado en la Operación Puerto a la de sus compatriotas Michele Scarponi e Ivan Basso, a quienes tuvo que sancionar tras hallarles culpables de relacionarse con Eufemiano Fuentes, uno de los mayores gurús del dopaje de la historia.
Le costó cuatro años y cientos de procedimientos torticeros, pero lo consiguió. Torri abrió procesos disciplinarios insulsos ‘per se’, convocó audiencias que no parecían ir a ninguna parte; movió Roma con Santiago casi sin resultado. Hasta que, en invierno de 2008, el juez que instruía en España la Operación Puerto se fue de vacaciones y su sustituta, que no estaba aleccionada de cómo llevar adelante la marca de Caín que protegía a Alejandro Valverde, le cedió parte de la bolsa de sangre número 18 de las incautadas en los dominios de Eufemiano. A partir de ahí, a través de una serie de maniobras muy lógicas en el bricolage casero pero dudosísimas en el terreno jurídico, Ettore Torri demostró que esa sangre, que contenía EPO, pertenecía a Valverde.
La connivencia de AMA y UCI, cuya manifiesta antipatía hacia el murciano se hizo patente en numerosas ocasiones, hizo el resto. El enroque de la RFEC, la justicia española y el propio Valverde no resistieron más el acoso proveniente de Italia y Suiza. El TAS decidió el pasado lunes en favor de los extranjeros, que construyeron una versión totalmente verosímil de los hechos mientras la defensa del español se centraba en tumbarla mediante defectos de forma, un tibio argumento ante un tribunal más humano que tecnócrata como es el de Arbitraje Deportivo. Alejandro Valverde no volverá a correr más hasta el 1 de Enero de 2012 y perderá todos sus resultados de 2010 con efecto retroactivo.
La astronómica cantidad de dinero gastada por el corredor de Caisse d’Épargne en abogados (los rumores no coinciden en las cifras, pero ninguno baja del millón de euros) sólo ha dilatado el proceso; no habrá servido de nada si no prosperan los deseperados recursos que los abogados interpondrán en los tribunales suizos en las próximas fechas. Tampoco habrán servido su condición de paladín del ciclismo español, ni sus múltiples victorias, ni los centenares de controles antidopaje con resultado negativo que ha pasado estos años. La marca de Caín ha caído y todos estaban dispuestos a vengar a un imaginario Abel. Dispuestos a que Alejandro Valverde pagara por su pecado original, bruma de otro tiempo.

Basso y Liquigas ordenan las fuerzas del Giro

El único hecho que parecía consumado de antemano en la salida de este Giro de Italia era que Liquigas iba a ser el equipo más fuerte de la carrera. Parecía una verdad incontestable y el devenir de los acontecimientos en esta ‘corsa rosa’ no hace sino dar la razón a esa sensación inicial. La escuadra verde ejerce una tiranía incontestable, se saben dueños y señores del transcurso de la prueba. Eso, un lujo, se convierte a veces en un hándicap tal y como sucediera camino de L’Aquila, cuando el resto de formaciones (incluyendo el Astaná del entonces líder Vinokourov) les cedieron la tostada para cazar a la inmensa fuga de sesenta corredores que casi cambia la carrera. Fue un día de perros para los hombres de Roberto Amadio, que terminaron por claudicar y tomar el mando del pelotón con cierto oprobio. Tuvieron que renunciar a su táctica porque la actitud del resto de equipos hacía que ellos mismo fueran los máximos perjudicados por ella.
A pesar del tropezón del día de L’Aquila, Liquigas siguió siendo el líder de facto de la carrera. No sólo le ha sido adjudicado el papel, sino que prácticamente lo ha reclamado en cada ocasión, en cada metro de recorrido. Parecía disgustarles ver a Caisse d’Épargne llevando el control, a pesar de que esa suerte fuera la natural para los pupilos de Neil Stephens toda vez que uno de sus hombres, David Arroyo, portaba la ‘maglia rosa’. En la etapa de hoy, apenas han llegado las primeras pendientes de la jornada, los Liquigas han arrebatado el testigo a los bancarios. Les liberaban de responsabilidad sin sacar ninguna contraprestación, toda vez que el ritmo del pelotón apenas ha aumentado en los primeros compases de dominio ‘verde’. Los efectos del trabajo del conjunto italiano se han visto en el Passo Duron, segundo puerto de la jornada, cuyas estrechas rampas han generado la primera selección de la carrera gracias al arreón de Agnoli, Vanotti y Kiserlovski, hoy gregarios magistrales incluso por encima de Sylvester Szmyd.
Si bien la superioridad de Liquigas era un hecho, la fortaleza de sus líderes ofrecía algo más de dudas. La preparación de Vincenzo Nibali no ofrecía demasiadas garantías de que fuera un candidato sólido a aguantar las tres semanas en punta; la opacidad de Ivan Basso hacía que tampoco fuera un caballo ganador de inicio. Es por ello que las decisiones tácticas de Roberto Amadio parecían cuestionables. Llevar controlada la carrera hasta sus últimos compases y una vez ahí dejar a sus jefes de filas batirse el cobre en igualdad de condiciones con el resto de favoritos en lugar de aprovechar la indudable fortaleza individual de sus elementos para levantar el zafarrancho de inicio era, por así decirlo, despreciar una ventaja muy significativa. En este punto hay que remitirse de nuevo a L’Aquila, donde filtraron en la escapada a su tercera baza, Robert Kiserlovski. El croata no mostró buenos detalles; al contrario, cedió algo de tiempo respecto a los mejores de la escapada. ¿Dónde estaba la fiabilidad en apostar por el movimiento de ciclistas de segunda fila en detrimento de Basso y Nibali?
El tiempo ha dado la razón a Amadio. O, mejor dicho, se la ha dado el Zoncolan. La subida alpina, rebosante de público para la ocasión, ejerció de navaja de Occam y desmenuzó las fortalezas y debilidades de todos y cada uno de los participantes de este Giro. Para muestra, un dato: el primer grupo de más de dos componentes en llegar a meta lo hizo a nueve minutos y medio del ganador, compuesto del destronado Stefano Garzelli, su gregario Vladimir Miholjevic y el antes nombrado Kiserlovski. Los 34 corredores que entraron por delante de ellos fueron de uno en uno, o como máximo en dueto.
Así las cosas, gracias a la catarsis organizada a partes iguales por Ivan Basso, su equipo Liquigas y un recorrido durísimo, la clasificación de hoy establece prácticamente el orden de fuerzas de este Giro. A saber: Basso, Evans, Scarponi, Cunego, Vinokourov, Sastre, Nibali; tres sorpresas como Pinotti, Martin y Gadret; y, undécimo, David Arroyo. Desaparecen de la zona noble algunos afortunados de L’Aquila como el desconcertante Wiggins o el fulgurante Xavi Tondo, a la par que ceden paulatinamente otros como Gerdemann o el omnipresente Kiserlovski. El austrliano Richie Porte y el líder David Arroyo aguantan dignamente, sabedores de que no subirán a lo más alto del podio de Verona pero sí pueden mantener una reconfortante posición entre los cinco primeros.
Y, como caso aparte, Carlos Sastre. El abulense fue la gran decepción del inicio de la gran ronda italiana, una decepción anunciada por su pésima preparación. Ocho días no son suficientes para aspirar a llegar bien a ninguna parte. El infortunio además le maltrató, colocando múltiples trampas en su camino a base de pinchazos y caídas. Y, en L’Aquila, la fortuna le sonrió colocándole en una fuga que le permitió limar todo el tiempo perdido. Ese equilibrio de designios universales le ha permitido situarse donde debería haber estado con una preparación adecuada: en la pomada, a menos de un minuto del líder fáctico Basso y por delante del resto de candidatos a la victoria final. El momento de Carlos llega ahora: en la tercera semana, después de haberse puesto a punto durante catorce etapas y con terreno de sobra para marcar diferencias.
Para llegar a su deseado ‘rosa’, el abulense deberá burlar la superioridad de Liquigas apoyado por Cervélo, un conjunto que no es ningún escándalo. En las mismas circunstancias, o peores, se encuentran el resto de favoritos, llámense Evans, Vinokourov, Scarponi o incluso Cunego. Da la sensación de que la posibilidad de que un ciclista que no sea de Liquigas gane esta edición del Giro depende en gran medida del grado de anarquía táctica que sean capaces de generar los 148 corredores que toman parte en la gran ronda italiana y no visten de verde.

Foto: CyclingNews

El arte de la fuga bidón

El miércoles, el Giro d’Italia quizá vivió su etapa más decisiva de su edición 2010. El recorrido quebrado y maratoniano que unía las ciudades de Lucera y L’Aquila en el undécimo parcial de la carrera parecía destinado únicamente a mermar a los corredores, que a priori debían pasar unas ocho horas sobre su máquina y estar atentos únicamente en la emboscada tendida en los últimos kilómetros con una ‘tachuela’ y un final en cuesta. Pero el guión de una prueba ciclista no lo pone la carretera, sino los corredores…
La fuga bidón es uno de esos antiguos artes del ciclismo que ya no se estilan, como los ataques por parejas o las escapadas en solitario. Antes no había gran ronda que no viera, al menos por un día, que un grupo grande de corredores inofensivos para la general se distanciara de un permisivo pelotón para jugarse la victoria de etapa y el liderato. Estos corredores, con el paso de las jornadas, iban cediendo tiempo paulatinamente respecto de los grandes favoritos para acabar situados de nuevo en las catacumbas de la general. A veces, pocas, los componentes de esta fuga bidón conseguían lo impensable, aguantaban su ventaja y se llevaban el gato al agua. Tal fue el caso del francés de origen polaco Roger Walkowiak, a quien dos escapadas de este género y un innegable talento le valieron llevarse el Tour de Francia de 1956; caramelo envenenado, este triunfo acabó por demoler su carrera deportiva… Pero esa es otra historia.
En el ciclismo moderno, el de los grandes equipos capaces de bloquear la carrera, las fugas bidón quedaron fuera de lugar. La fortaleza de las escuadras de los favoritos hacía posible que no hubiera grupo de valientes capaz de alejarse del pelotón para hacerse con el jersey de líder. La permisividad llegaba en la tercera semana, cuando se dejaban ir las llamadas escapadas consentidas, una suerte que llegó a tener incluso sus especialistas, los cazaetapas.
Así, las fugas bidón se convirtieron en ‘rara avis’. Hasta que llegaron los Tours de Lance Armstrong, y con ellos el dominio de su equipo US Postal. Johan Bruyneel, director del conjunto norteamericano, se encontró con un problema: la irresistible superioridad del tejano y sus coequipiers hacía que éste cogiera el maillot amarillo demasiado pronto, obligando a los suyos a desgastarse durante demasiados días en cabeza del pelotón, controlando la carrera tal y como corresponde a la escuadra del líder. Para resolver el inconveniente, el belga recurrió a la fuga bidón: regalar el liderato a un anónimo del pelotón, para así encomendar a él y su equipo el deber de controlar la carrera.
La fuga bidón por excelencia de la época Armstrong fue, sin duda, la que tuvo lugar en 2001 camino de Pontarlier. Fue una jornada larguísima y marcada por el mal tiempo… y la fuga de catorce corredores que contaron con el beneplácito del pelotón para adelantarse y coger el mando de la carrera. Los grandes fueron permisivos hasta la exageración: casi 36 minutos de ventaja colocaron en los primeros lugares de la general a Stuart O’Grady, François Simon y el kazajo Andrei Kivilev. Y, si bien el australiano claudicó a las primeras de cambio, el francés tomó el liderato y lo aguantó cuatro jornadas más para finalizar sexto en la general final, mientras el kazajo quedó cuarto a escasos cincuenta segundos del podio, cuyo último integrante fue el lazkaotarra Joseba Beloki.
Aunque, si hablamos de fugas bidón trascendentes para la general, sin duda el caso paradigmático en esta década es el de la fuga de Montelimar que encumbró a Óscar Pereiro como líder del Tour de Francia 2006. No era, en realidad, una fuga bidón de manual. Lejos de las decenas de ciclistas que suelen involucrarse en este tipo de escapadas, la del gallego sólo contaba con cinco implicados: Andrei Grivko, Sylvain Chavanel, Manuel Quinziato, Jens Voigt y el propio Pereiro. En esta ocasión fue Phonak, que contaba en sus filas con el líder de la carrera en la persona de Floyd Landis, quien permitió que la escapada cogiera la ventaja suficiente para que Óscar Pereiro se colocara en primera posición de la general. Más adelante, Landis recuperaría el liderato de manos del gallego gracias a una prodigiosa exhibición camino de Morzine. Tenía truco. Y Pereiro, segundo en París, pasará a la historia como ganador de aquella edición del Tour. Todo gracias no sólo a la bajeza de Landis, sino a su audacia para realizar su movimiento camino de Montelimar.
El pasado miércoles, el Giro de Italia 2010 quizá viviera su particular Pontarlier, o Montelimar. Fue camino de L’Aquila cuando un grupo con la friolera de 56 corredores se adelantó respecto del pelotón de los favoritos para aventajarles en más de doce minutos en la meta y, con ello, volver la carrera del revés. La debilidad del Astaná del líder Vinokourov y el BMC de Evans permitió esta circunstancia. Y la inactividad del Liquigas de Basso y Nibali, equipo más potente de la ‘corsa rosa’, pensando en que no había peligro real en los integrantes de la escapada, la alentaron. Ahora, cabe especular hasta dónde llegarán las consecuencias de este desastre táctico para los citados…
En principio, el actual líder Richie Porte (Saxo Bank) debería desaparecer pronto de las primeras posiciones de la general. Porte, ex triatleta, afronta su primera vuelta grande y posiblemente acuse el paso de los días cuando la carrera se encuentre inmersa en la durísima tercera semana. Tras él se encuentra un dúo de ciclistas correosos: tanto David Arroyo (Caisse d’Épargne) como Robert Kiserlovski (Liquigas) muestran una considerable fortaleza y aptitud para las grandes rondas, siendo el croata si cabe más brillante que el talaverano. Valerio Agnoli (Liquigas) y Linus Gerdemann (Milram) tendrán que enfrentarse con sus limitaciones y dar el salto de calidad si quieren agarrarse a un puesto en el top 5. Y luego están Wiggins y los Cervélo…
Bradley Wiggins (Sky) llegó a la salida de Amsterdam siendo una auténtica incógnita, que pareció despejarse primero con su excelsa victoria en el prólogo y, luego, con su mal rendimiento en el movido periplo holandés. Después de emplearse de manera digna el resto de parciales, su presencia en la fuga le colocó en la zona noble de la general, paliando la desventaja que acumuló en los primeros días de carrera y colocándose en disposición de pelear por la victoria final como ya hiciera en el pasado Tour de Francia. Aunque, refieriéndonos a paliar desventajas, sin duda el gran exponente y principal beneficiado de la fuga bidón es un Carlos Sastre (Cervélo) que ya tiene «ganas de que llegue la montaña» para demostrar que su infame primera semana de carrera fue únicamente producto de la mala suerte. Los doce minutos recuperados en la meta de L’Aquila vienen como anillo al dedo al abulense, que ha dado un gran golpe moral y afronta los días finales de la gran ronda italiana, su especialidad, muy alto de moral y cercano a un buen estado de forma.
Su gran rival de entre todos los presentes en la fuga bidón posiblemente sea su compañero de equipo Xavi Tondo. El catalán, que ha llegado al ProTour este año tras desempeñarse durante años a gran nivel en el segundo plano del ciclismo, ha sorprendido a propios y extraños durante toda la temporada. Este Giro no ha hecho sino seguir la tónica: sacrificado en pos de Sastre, en la primera jornada de montaña fue liberado de sus obligaciones y se coronó como mejor escalador del grupo de favoritos, adelantando a los grandes de la carrera en veinte signficativos segundos. Con la fuga de L’Aquila no sólo enjugó su desventaja, sino que consiguió seis minutos de ventaja respecto de Vinokourov, primero de los principales aspirantes a la ‘maglia rosa’.
Ahora, tanto Vinokourov como el resto de peces gordos, llámense Evans, Basso, Nibali o Scarponi, tienen la pelota en su tejado. Deberán trabajar para recortar toda la diferencia que concedieron camino de L’Aquila a todos estos buenos corredores. Para conseguirlo deberán echar mano obligatoriamente de tácticas agresivas. Y eso, por fortuna para el aficionado, es sinónimo de espectáculo.

Traducción del e-mail de Floyd Landis sobre el dopaje de Lance Armstrong

Al igual que los terremotos tienen réplicas que resultan más terribles si cabe que el seísmo original, los casos de dopaje en el ciclismo suelen dar vueltas de tuerca que convierten su esclarecimiento en un reto tortuoso. Salen a la luz nuevos métodos desconocidos, a veces una confesión confundidora; pero, casi siempre, son nuevos nombres los que se suman al galimatías existente.

El nuevo giro tomado por el ‘caso Landis’ fue ayer la gran noticia del mundo del ciclismo. La magnífica jornada vivida en un Giro d’Italia donde cada día depara una sorpresa y la impresionante victoria de Peter Sagan en la Vuelta a California se vieron opacadas por las sórdidas revelaciones de Floyd Landis, el menonita que protagonizó uno de los casos de dopaje más sonados de la historia del ciclismo.

En el Tour de Francia de 2006, el americano perteneciente por aquel entonces al equipo Phonak perdió el sólido liderato que acababa de recuperar del gallego Óscar Pereiro en el final en alto de la Toissure debido a una pájara. Al día siguiente, ni corto ni perezoso, Landis se lanzaba a conquistar la media montaña alpina, el Joux Plane y la mítica llegada a Morzine; en solitario, desde prácticamente el inicio de la etapa. Realizó una de las mayores exhibiciones del ciclismo moderno, derrotando por más de seis minutos a sus rivales. Pero aquella magnífica exhibición tenía truco.

Ahora Landis, tras cumplir dos años de sanción y volver a la competición en los modestos equipos norteamericanos OUCH y Bahati Foundation, ha decidido redimirse. Y, para hacerlo, ha disparado con bala contra el equipo donde aprendió todo lo que sabe, tanto de bicicleta como de (proclama él) dopaje. Mediante un correo electrónico dirigido al director general de USA Cycling, la federación estadounidense de ciclismo, Floyd Landis acusa a Lance Armstrong y Johan Bruyneel de estructurar un dopaje organizado en el seno del conjunto US Postal (más tarde Discovery Channel y actualmente RadioShack) en connivencia con las altas esferas del ciclismo.

Las reacciones a estas declaraciones no se han hecho esperar por parte de todos los estamentos, competentes y afectados. Por lo pronto, AMA (Agencia Mundial Antidopaje) y UCI (Unión Ciclista Internacional) han prometido investigarlo; de manera mucho más vehemente, eso sí, la primera que la segunda. Porque, si bien la AMA puede y debe llegar hasta las últimas consecuencias, esta investigación podría manchar hasta límites insospechados la imagen de la UCI y, sobre todo, de su ex presidente Hein Verbruggen.

Lance Armstrong, por su parte, se ha defendido acusando de falta de credibilidad a Landis y echando balones fuera al afirmar que existen «errores en la secuencia de eventos», que por ejemplo nunca corrió (ni ganó) la Vuelta a Suiza tras la cual supuestamente dio positivo; eso sucedió en 2001, y no en el año 2002 en que, según el tejano, ubica el hecho Landis. Sin embargo, sucede que el tejano ha equivocado su lectura de los correos del menonita: éste habla de que los hechos acontecieron «el primer año que se usó el test de detección de EPO». O, lo que es lo mismo, en 2001.

En ARUEDA.COM hemos traducido el presunto correo electrónico de Floyd Landis filtrado en los foros anglosajones de ciclismo con objeto de poner a vuestro alcance toda la información posible sobre un tema que traerá cola. Por lo pronto, esperemos a que se realicen las pesquisas preceptivas por parte de UCI y AMA en torno a este ‘caso Landis’, y también a que los implicados se defiendan y actúen. El objetivo no debe ser tanto cortar cabezas como arrancar confesiones que restituyan el honor del ciclismo, nuestro deporte.

2002: Johan Bruyneel me enseñó a usar parches de Testosterona durante la Dauphiné Liberé en Junio, tras lo cual viajé en helicóptero son el Sr Armstrong desde la llegada, creo que Grenoble, hasta St Mauritz (Suiza), donde me dio una caja de parches de 2’5 mg frente a su esposa, que presenció el intercambio. Alrededor de una semana después, el Dr Ferrari me extrajo medio litro de sangre que debía transfusionárseme durante el Tour de Francia. El Sr Armstrong no fue testigo de la extracción, pero él y yo tuvimos largas charlas sobre ella durante nuestros entrenamientos, donde él me explicó también sobre la evolución de los tests de detección de EPO y cómo las transfusiones eran ahora necesarias debido a los inconvenientes de este nuevo test. También me explicó que, el primer año que se usó el test de detección de EPO, el Sr Ferrari, que tenía acceso a dicho test, le aconsejó no usar nunca más EPO. Pero él no creyó al Sr Farrari (sic) y continuó usándola. Después, cuando ganó la Vuelta a Suiza un mes antes del Tour de Francia, dio positivo por EPO. En este punto, el Sr Bruyneel y él viajaron hasta el cuartel general de la UCI y llegaron a un acuerdo económico con el Sr. Vrubrugen (sic) para ocultar el positivo.

2003: Después de romperme la cadera en invierno, volé a Girona donde esta vez dos unidades (cada una de media litro) me fueron extraídas en un margen de tres semanas. Esto tuvo lugar en el apartamento donde el Sr. Armstrong vivía; fui requerido para quedarme allí y vigilar la temperatura de la sangre cada día. Eso [la sangre] estaba en un pequeño frigorífico en el armario con la sangre de George Hincapie y el Sr Armstrong, que planeaba irse unas semanas a entrenar y me pidió que me quedara allí para vigilar que el frigorífico tuviera electricidad y no sucediera nada raro con él.

Durante el Tour de Francia el equipo entero, en dos ocasiones diferentes, fueron a una habitación previamente indicada donde nos encontramos con el doctor para realizar las transfusiones. Durante el Tour presencié personalmente cómo George Hincapie, Lance Armstrong, Chechu Rubiera y yo mismo recibíamos transfusiones sanguíneas. También durante el Tour el médico nos dio a mí y mi compañero de habitación George Hincapie una pequeña jeringa de aceite de oliva donde se hallaba disuelto Andriol, una forma de testosterona ingerible, para consumir en dos tomas en un plazo de tres días.

Me pidieron que corriera la Vuelta a España aquel mismo año para que ayudara a Roberto Heras y en Agosto, entre el Tour y la Vuelta, me dijeron que consumiera EPO para subir mi hematocrito con objeto de que se me pudieran practicar más transfusiones sanguíneas. Me pidieron que fuera a casa de Lance con Johan Bruyneel para que [Armstrong] me diera EPO. La primera EPO que usé me la dio en la entrada de su casa, perfectamente a la vista de su entonces esposa. Era de marca Eprex y venía en seis jeringas previamente calibradas. Las usé por vía intravenosa varias semanas antes de la siguiente extracción de sangre y no tuve problemas con los controles antidopaje durante la Vuelta. En este tiempo Johan Bruyneel me enseñó a usar la Hormona de Crecimiento, y compré lo que necesitaba a Pepe el «entrenador» del equipo, que vivía en Valencia con el médico del equipo por aquello época. Entrenando para la Vuelta pasé mucho tiempo con Matthew White y Michael Barry, con quienes compartí testosterona y EPO y charlas sobre su uso.

De nuevo, durante la Vuelta el médico del equipo nos dio Andriol y practicó transfusiones de sangre. No tuvimos ningún problema con los controles.

2004: De nuevo el equipo me practicó dos transfusiones de sangre separadas, pero en esta ocasión Bruyneel se volvió más paranoico e hicimos las extracciones en Bélgica, adonde volamos para encontrarnos en un apartamento de propietario desconocido. La sangre se la llevó «Duffy», que era en aquel tiempo algo así como su asistente. La segunda de las transfusiones fue realizada en el autobús del equipo, en el trayecto desde la llegada de una etapa hasta el hotel, durante el cual el conductor fingió tener un problema mecánico y se detuvo en una remota carretera de montaña durante más o menos una hora para que todo el equipo pudiera recibir el medio litro de sangre. Esta es la única vez que vi al equipo entero recibir transfusiones a la vez, viendo a todos a la vez y al propio conductor de autobús. Aquel equipo incluía a Lance Armstrong, George Hincapie y yo como únicos americanos.

2005: Aprendí en este punto la mayoría de técnicas necesarias para las transfusión y otras cosas por mi cuenta, así que contraté a Allen Lim como ayudante para los detalles y la logística. Nos ayudó a Levi Leihpeimer y a mí a preparar las transfusiones y se aseguraba de que [la sangre] se conservaba a la temperatura adecuada. Los dos nos hicimos dos transfusiones separadas aquel Tour. Como mi hematrocrito estaba muy bajo de salida, yo hice mi primera transfusión unos días antes del comienzo de la carrera para no empezar con desventaja.

2006: Bueno, ya entiendes la idea….. Una cosa muy significativa es que me senté con Andy Riis (sic) [probablemente quiso decir Andy Rihs] y le expliqué lo que había hecho en el pasado y cuál era el riesgo que iba a tomar. Le pedí permiso, que él me dio en forma de dinero para completar las operaciones descritas. John Lelangue fue también informado por mí y Andy Riis (sic) consultó a Jim Ochowicz antes de dar el sí.

Hay muchos más detalles que tengo en diarios que estoy en proceso de transformar en una historia inteligible. Pero si la posición de USA Cycling [federación estadounidense de ciclismo] es que no hay suficientes detalles para justificar una llamada a la USADA [Agencia Antidopaje de Estados Unidos], estoy escribiendo tanto como puedo poner razonablemente en un correo electrónico para compartirlo con vosotros y averiguar qué proceso va a abrir USA Cycling con estas alegaciones.

Recibirás mucho más detalles cuando demuestres que se puede confiar en que harás lo correcto.

Floyd Landis

El ‘rosa’ de Quique

Hace dos meses, José Enrique Gutiérrez, el ‘Búfalo’, anunciaba su retirada. Se iba, «satisfecho» y «con la conciencia tranquila», uno de los mejores y más significativos ciclistas españoles de la década. Uno de esos hombres con la rara cualidad de estar siempre por encima de las expectativas.
Quique Gutiérrez (1974, Vinalesa – Valencia) llegó a la salida de la edición del Giro de Italia del año 2000 vestido de Kelme y precedido por un mote: el ‘Búfalo’. Acababa de estrenar su palmarés profesional en el GP Mitshubishi de Portugal, donde se llevó una etapa merced a un pacto con los hombres de LA – Pecol que éstos casi se saltan a la torera, viendo la fortaleza de los relevos del valenciano como una muestra de chulería. Daba igual. Antes, su estreno en la élite había sido muy afortunado; apenas acusó ser un neoprofesional en su primer Giro, el de 1998, donde abandonó figurando aún entre los treinta primeros y sorprendiendo…
Tampoco importaba. La señal de Caín de Quique Gutiérrez era su sobrenombre, ese ‘Búfalo’ que expresaba en una palabra lo que muchos deducían observando unos instantes su planta sobre la bicicleta. Era pura fuerza bruta. Antiestético, de los que parecen a punto de romper el cuadro en cada pedalada, porque la siguiente es más fuerte que el anterior. Poco ortodoxo. Y, por si le faltara algo, resoplaba. Cuando se esforzaba, se le subían los colores y bufaba por la nariz. Aunque a sus padres no les gustara, ese sería el sambenito que le acompañaría el resto de su carrera: ‘Búfalo’.
El ‘Bùfalo’ llegó al prólogo del Vaticano que inauguró el Giro’00 sin ninguna presión en absoluto, con el mismo objetivo que casi todos sus coequipiers de Kelme: dejarse ver lo máximo posible. A su lado, un grupo de guerrilleros de lujo con ‘Chechu’ Rubiera de cabeza de cartel; también estaban los colombianos Castelblanco y Cárdenas, el esprinter Vicioso, veteranos gregarios como ‘Pipe’ Gómez y Juan José de los Ángeles, y jóvenes promesas como Óscar Sevilla y Ricardo Otxoa, el vasco a quien un accidente de circulación junto a su hermano Javier le sesgó la vida.
En los 4’6 km por los dominios papales que hicieron las veces de recorrido de la primera cronometrada, el ‘Búfalo’ marcó el sexto mejor tiempo. Sorprendiendo, relativamente. Colocándose en una posición de ventaja que no convirtió en liderato en la segunda etapa en línea porque le birlaron las bonificaciones Cristian Moreni y Matteo Tosatto. Ya era tercero de la general; unas jornadas después sólo 14″ le separaban de la ‘maglia rosa’ portada por Tosatto. La preciosa prenda que identificaba al líder era un anhelo que estaba al alcance de su mano…
Y llegó la montaña. Era la octava etapa, 21 de Mayo, desde Corinaldo hasta Prato. Maratoniana, transcurría por un terreno quebrado que incluía el Passo della Consuma a 50 kilómetros de la meta como dificultad más reseñable. Vicente Belda, director de Kelme, sabía que era la gran oportunidad del ‘Búfalo’ para hacerse con el liderato. Tenía la posición ideal en la general, tercero por detrás de dos hombres como Moreni y Tosatto cuyo punto fuerte no era la montaña. Las rampas de los puertos del día eran tendidas tal y como convenía a su pupilo. Y, sobre todo, estaba el bloque: en él había nueve buenos escaladores que podían montar una escabechina en cualquier momento actuando en conjunto y bajo las valientes órdenes de alguien tan batallador como el técnico de Concentaina.
Lo hicieron. Tras pasar casi doscientos kilómetros saltando a todos los cortes que se formaban, Kelme consiguió llegar a la Consuma con el pelotón agrupado y, una vez ahí, armó el zafarrancho. Fueron los dos jóvenes, Otxoa y Sevilla, quienes marcaron un ritmo infernal para seleccionar el grupo y dejar a Tosatto sin los coequipiers de Fassa Bortolo que requería una defensa efectiva del liderato.
A un kilómetro para coronar la Consuma, atacó Axel Merckx. El belga era, por aquel entonces, un mocetón de físico impresionante que cargaba su ilustre apellido como una losa gigantesca. El nombre aún le venía grande porque era aquel año, encuadrado en el histórico Mapei de Squinzi, cuando se estaba descubriendo a sí mismo. A su rueda saltó Quique Gutiérrez, sabedor de que era su momento. Tras ellos, el desorden; decenas de ciclistas se animaron a perseguir al dúo de escapados. A rueda de cada uno de ellos se adosó un Kelme.
En el tránsito hasta el último puerto de la jornada, el Monte Acuto, se formó el corte definitivo. En él había tres Kelme: Quique, Castelblanco y un ‘Pipe’ Gómez que se descolgó tras vaciarse tirando en el llano y durante parte de la subida. Junto a ellos, dos Mapei de postín como Paolo Lanfranchi y el citado Merckx, la entonces brillantísima promesa Danilo Di Luca (Cantina Tollo), Filippo Casagrande (Vini Caldirola), Max Sciandri del efímero Linda McCartney, e Iván Parra, del histórico Vitalicio Seguros dirigido por Javier Mínguez. El corte abría hueco ante la debilidad del Fassa de Tosatto y el Liquigas de Moreni, primero y segundo de la general; un minuto, minuto y medio… Todo estaba hecho. De llegar el grupo de fugados compacto a meta, el liderato estaba asegurado para Quique. No había bonificaciones que valieran para arrebatarle la ‘maglia rosa’ como sucediera unos días antes.
Pero, en una curva del descenso del Monte Acuto, Axel Merckx trazó mal. Cayó. Y con él Quique, que según reconocería a posteriori llevaba kilómetros notando que los frenos y cambios de su máquina no funcionaban bien. El ‘rosa’ peligraba, y fue entonces cuando José Joaquín Castelblanco efectuó su mayor servicio para el equipo Kelme. Se empleó a fondo en un terreno que no era el suyo para reintegrar a valenciano y belga al grupo de fugados, que no había ralentizado su marcha para esperarles. En meta, Axel Merckx conseguía que su apellido figurara en el palmarés del Giro como vencedor de etapa 26 años después. Y Quique Gutiérrez se convertía en el undécimo español de la historia en portar la ‘maglia rosa’.
El sueño de Quique no duraría mucho más. El propio ‘Búfalo’ lo admitía en meta; al día siguiente la etapa alpina era infernal, con final en Abetone y sobre todo paso por un coloso como San Pellegrino. «Va a ser difícil conservar el liderato». Los pronósticos se hicieron buenos. El valenciano (y Kelme en general) naufragó, y la preciada camiseta de líder recaía sobre los hombros de Francesco Casagrande. Pero por todo lo vivido el día anterior, por el sueño y la euforia que llevaron al ‘Búfalo’ a tintarse el pelo de rosa, el esfuerzo había merecido la pena. Más adelante, el de Vinalesa ni siquiera llegaría a terminar la prueba, retirándose en la 18ª etapa camino de Prato Nevoso…
Años después, Quique Gutiérrez volvió al Giro de Italia. Fue en 2006, vestido de Phonak. Fue aún más protagonista si cabe, acabando en segunda posición de la general final, sólo por detrás de un estratosférico Ivan Basso. Todo quedó, sin embargo, empañado por la terrible sombra del dopaje, de la Operación Puerto que sumada al ‘caso Landis’ le impidió volver a competir aquella temporada. La Operación Puerto que le impidió también retornar al máximo nivel, obligándole a peregrinar por equipos de mediano calado hasta que decidió retirarse a principios de este año, sin contrato profesional por omisión de Rock & Racing y pensando en trabajar por el ciclismo de base. Afirmando que no tiene una mala palabra en contra de un deporte, el de las dos ruedas, que posiblemente le deba mucho. Por las injusticias y por días tan vibrantes como aquel 21 de Mayo de 2000 en que levantó a todos los aficionados españoles del sillón.

Liquigas tiene la llave del Giro

La gran noticia de los prolegómenos del Giro de Italia fueron los valores anormales de Franco Pellizotti. El ‘delfín de Bibione’ se veía privado de competir en el que era su principal objetivo de la temporada, la ‘corsa rosa’ en cuya última edición accedió al último cajón del podio. Y, si significativa era la baja para el corredor, aún más lo era para el equipo. Liquigas perdía a una de sus puntas de lanza, al único hombre con la chispa necesaria para rematar el dominio que suele ejercer la escuadra ‘verde’ en la carretera allá donde va. Se cerraban las puertas de la victoria para el mánager Roberto Amadio, que se veía obligado a confiar en un diésel como Ivan Basso y completar la alineación con Vincenzo Nibali, a medio gas y con la mente puesta en el Tour. Una semana de competición después, la puerta sigue cerrada. Pero la llave están en sus manos…
El resultado de la última crono por equipos resultó esclarecedor. Los ‘verdes’ derrotaron a temibles cuádrigas de trotones como Sky o Columbia, a quienes superaron por 13″ y 21″ respectivamente. Con el resto de escuadras con favoritos para la ‘maglia rosa’ las distancias fueron aún mayores. Mientras el Cervélo de Sastre y el Astaná de Vinokourov cedían 38 dignos segundos, el BMC de Evans, quizá el hombre más fuerte de la carrera, se iba por encima del 1:20 de pérdida. Y rivales peligrosos como Scarponi (Androni) ó Garzelli (Acqua e Sapone) se veían rezagados alrededor de dos minutos y medio. Un auténtico golpe de mano que sirvió para resolver media carrera y dejar en cabeza de la general a tres integrantes del equipo: Valerio Agnoli, Ivan Basso y, de rosa, Vincenzo Nibali.
Estos tres hombres no fueron, sin embargo, los principales culpables del apabullante resultado de la CRE. Éste lo consiguió Liquigas echando mano de su clase media. Maciej Bodnar, Allessandro Vanotti, Tiziano Dall’Antonia y Fabio Sabatini, aparentes «rellenos» de su alineación, son cuatro grandes rodadores, gregarios de gran capacidad e incluso cualificados para luchar en otros terrenos. Dall’Antonia y Sabatini suelen entrar en las llegadas masivas con buenos resultados, mientras que Vanotti es un buen ‘passita’ que puede aguantar en la montaña con los mejores cuando juega sus bazas.
La otra parte de la clase media de Liquigas la conforman tres escaladores de impresión, tres hombres que aceptan el rol de domésticos pudiendo llegar a cotas muy altas de trabajar para sí mismos en lugar de para los demás. El líder de este pequeño bloque es el impresionante Sylvester Szmyd, posiblemente el mejor gregario para la montaña desde el Chechu Rubiera que resultara básico para que Lance Armstrong se llevara algunos de los Tours que conforman la leyenda deportiva del tejano. El polaco es una persona modesta, de las que callan por no hacer ruido; simpático, pero de pocas palabras. Viendo subidas como la del Mont Ventoux que se llevó en un mano a mano con Alejandro Valverde en la Dauphiné Liberé de 2009, es inevitable preguntarle por qué no ejercer de líder. «No creo que pueda estar entre los dos o tres mejores de una gran ronda. Prefiero trabajar para alguien que sí sea capaz de eso». Parco, algo inseguro; un gregario de manual.
En la tarea de dominar al pelotón durante las subidas a las míticas cumbres de ls gran ronda italiana ayudarán a Szmyd dos jóvenes de talento singular: el transalpino Valerio Agnoli y el croata Robert Kiserlovski. Agnoli (1985) lleva años evolucionando en la sombra; esta temporada ha dado un pequeño paso adelante, ha hecho sus pinitos en diversas carreras y su gran aparición en el alto nivel ha sido este Giro donde ocupa en este momento en el tercer lugar de la general. Por su parte, Kiserlovski (1986) es la mayor promesa del ciclismo del este de Europa desde Denis Menchov. Un ‘grimpeur’ fino, pero también buen rodador e incluso con cierta punta de velocidad para definir esprints reducidos. Tan completo que asusta, más aún viendo su corta edad. Ya ha conseguido una victoria esta temporada (Giro dell’Apenino). Su antiguo director, Giuseppe Martinelli, dijo de él que ganaría «el Giro de 2011» en una profecía que parece cada vez menos descabellada.
Las puntas de lanza, los grandes beneficiados del trabajo del bloque ‘verde’, son Ivan Basso y Vincenzo Nibali. Basso no necesita presentación: escalador de campanillas, su ‘affaire’ con el dopaje a raíz de la Operación Puerto vino a empañar una carrera deportiva que se preveía antológica. Volvió de la sanción hace exactamente año y medio, y en principio lo hizo algo falto de chispa. Se notó en el Giro y la Vuelta de la pasada temporada, donde llegaba a los metros finales siempre con los mejores pero echaba en falta el puntito definitorio. Esta campaña parece haber recuperado la brillantez, pero aún no es una apuesta del todo segura toda vez que no acaba de marcar diferencias en la montaña y suele perder algo de tiempo en la lucha contrarreloj.
Vincenzo Nibali, en cambio, es otra historia. Lo ‘squalo’ de Messina, el hombre cuyos duelos con Giovanni Visconti marcaron una época en el pelotón ‘dilettante’ italiano, es el vueltómano más brilllante del país con forma de bota. Sorprendió a propios y extraños con un séptimo puesto en la pasada edición del Tour de Francia, con un rendimiento magnífico en montaña y digno en cronos. Esta temporada repetía objetivos, siendo Julio el centro de su calendario y el podio de París un anhelo plausible. Pero los problemas de Pellizotti variaron su calendario, tuvo que figurar en la salida de Asterdam de improviso; como Contador en 2008 «vino de la playa». Cabe preguntarse si llegará a las mismas cotas que el pinteño; por lo pronto, ya es ‘maglia rosa’.
Liquigas suele ser el bloque más fuerte allá donde va, y este Giro no ha sido una excepción. Su tremendo potencial no puede ser igualado por ninguna otra estructura del pelotón mundial cuando la carretera pica hacia arriba; si acaso, por el RadioShack de Armstrong, Leipheimer y Klöden. Pero el equipo americano no está disputando la gran ronda italiana, y el resto de rivales no parece a la altura de la formación italiana. El BMC de Evans es débil; Cervélo (Sastre) y Astaná (Vinokourov) tienen un par de buenos ‘grimpeurs’ para proteger a sus jefes de filas, mientras que el nivel medio de Androni y Caisse d’Épargne es muy superior a la calidad diferencial de sus líderes Michele Scarponi y David Arroyo.
En este momento, Roberto Amadio tiene la llave para bloquear el Giro de Italia. Cuenta con los tres primeros de la general y un bloque a la altura, capacitado para conservar la posición de privilegio de la mejor de las maneras. Deberá burlar el acoso del resto del pelotón, que seguramente acometerá su inexpugnable defensa del liderato una y otra vez, buscándole una fisura que, hasta ahora, sólo tenía en la calidad diferencial de sus líderes.