Chavanel se concede un bis

El pasado lunes, camino de Ans, Sylvain Chavanel consumaba una de las suertes más complicadas y honrosas del ciclismo en ruta: obtener una victoria gracias a una escapada lejana. En el Tour de Francia. Y, por si fuera poco, añadía a la proeza un elemento de valor al hacerse también con el liderato de la prueba, efímero a la postre pero gratificante durante las veinticuatro horas que duró en sus espaldas. Chavanel había conseguido lo que los franceses llaman un ‘coup double’, doble golpe, un triunfo parcial que lleva aparejado el liderato absoluto. Sin embargo, aquel día, la gesta del galo de Quick Step no tuvo la repercusión que merecía en las crónicas. Le hurtó el protagonismo el sindicalismo ciclista, ese movimiento encabezado por Fabian Cancellara que sintió a los corredores acometidos por la organización y decidió que ese día el tramo final de la etapa no se iba a disputar.
A Sylvain Chavanel no le gustó la decisión, y tampoco le gustó pensar que su magnífico ‘coup double’ pudiera haberse visto favorecido por el feo gesto del pelotón. Así lo expresó en meta aquel día, y así lo dijo ayer tras repetir gesta en la Station des Rousses: “es una revancha para mí. Cuando gané el lunes, el pelotón se había detenido…”. Contento. Chavanel saltó en el penúltimo puerto acompañado de otros corredores de nivel medio-alto como Thomas Voeckler, Dani Moreno, Juanma Gárate o Rafa Valls (que llegó segundo a meta a sus 23 años, mostrando un descaro que siempre debiera acompañar al talento y seguramente le hará llegar lejos); en las primeras estribaciones de la última ascensión les abandonó. Superó a su coequipier Jérôme Pineau, cabeza de carrera proveniente de la fuga, y el resto fue coser y cantar.
Chavanel es el hombre que el ciclismo francés estaba esperando. Todoterreno de calidad y altas prestaciones, combativo, con cierto olfato para la victoria pero (¡ay!, dice aquí el aficionado francés) con poca fascinación cuando se le habla del Tour de Francia. No considera que sea su destino, le llaman más las clásicas. Fue el hecho diferencial para que, en invierno de 2008, se decidiera por Quick Step en lugar de por la estructura de Johan Bruyneel. Unos hablaban de adoquines y otros de grandes rondas. Este año acaba contrato y está decidido a firmar por un país del hexágono, para volver a sentir el cariño del aficionado galo que poco a poco le había ido archivando en el cajón mental de los belgas; en el mejor caso, junto a los valones. Los puntos UCI que está cosechando, eso sí, le garantizarán un contrato generoso, por si no fueran suficiente motivo para rubricar el mismo sus excelentes cualidades.
La otra sensación del día, más leve, fue el intercambio de papeles entre el Astaná de Contador y el RadioShack de Lance Armstrong. Por un momento, parecía que fuera el madrileño quien tuviera un equipo de garantías a sus órdenes y el americano el que contara con una compañía de nivel poco concluyente. La escuadra kazaja se mostró sólida, incluso aumentó el ritmo en la ascensión final para seleccionar el grupo; Tiralongo y Navarro imperiales, Vinokourov pululando por las primeras plazas aun sin recibir un soplo de viento en la cara, Contador satisfecho. Mientras tanto, en la formación americana los básicos (Paulinho, Popovych, Murayev) se desfondaban demasiado pronto tirando del pelotón cuando no se debía, Klöden pegaba el petardazo y cedía cuatro minutos, Horner y Brajkovic sufrían a cola de grupo; sólo Leipheimer aguantaba el tirón de Astaná al lado de Armstrong. Ante este panorama, ni rastro de la táctica ofensiva anunciada.
Peor que Armstrong lo pasó, eso sí, Andy Schleck. El jovencísimo luxemburgués prácticamente se quedó sin coequipiers. Hoy sólo aguantó a su lado Chris Anker Sörensen, incluso el danés Jakob Fuglsang puso las luces rojas y perdió trece sintomáticos minutos en meta. El resto se había dejado ir antes. Parece que Andy, sin Frank a su lado cuando las cosas se pongan serias, estará expuesto a sentirse muy solo…

Cuando la noticia no es quién gana sino quién se pelea

Sexta entrega de este Tour de Francia, tercera consecutiva resuelta al esprint masivo. Tercera muestra del ciclismo anodino con el que tradicionalmente se ha dejado definir la primera semana del Tour de Francia, de lo que ahora se ha dado en llamar ‘ciclismo youtube’. A saber: carreras cuya historia cabe perfectamente en un clip de un par de minutos donde se contengan un corte del grupo de fugados de turno y la secuencia completa del esprint.
Para apuntillar la inercia, el desenlace de esta tercera entrega ha sido prácticamente idéntico al de la segunda. Garmin se ha hecho cargo del esprint haciendo uso de su magnífico treno (Van Summeren, Millar, Maaskant, Dean, Hunter), pero echando en falta el ‘rush’ final de su jefe de filas Tyler Farrar, mermado por una caída y hoy relegado a la rueda del ganador Mark Cavendish. Y es que el hombre de HTC – Columbia ha sido el gran triunfador de estos dos días, consiguiendo la victoria en ambos, beneficiándose del denodado trabajo de Garmin y, sobre todo, de la superlativa labor de su coequipier Mark Renshaw, que ha conseguido desequilibrar las ‘volatas’ a su favor lanzándolas en el momento justo para sorprender a los rivales y dejar a ‘Manx Express’ con las victorias al alcance de sus pedales. Victorias, por otra parte, merecidas y sufridas por el británico, que de hecho rompió a llorar en el podio cuando recibía honores por la primera. Llorando de alegría, para aliviar un poco el peso de liderar uno de los equipos más potentes del mundo; peso quizá excesivo para sus jóvenes espaldas y, sobre todo, para su inmadura cabeza.
Sin embargo, la noticia que más atención acaparó en el día de hoy no fue la victoria de Cavendish, aunque sí compartió tiempo y casi espacio con ella y con la tremenda caída que provocó un motorista a Robbie McEwen, que posiblemente lleve al australiano a la retirada en un Tour donde la suerte no ha estado en ningún momento de su parte. El gran foco de atención de las postrimerías de la etapa fue la tremenda pelea entre Carlos Barredo y Rui Costa, de Quick Step y Caisse d’Épargne.
Aunque el vídeo parezca explícito, retratando al asturiano como un auténtico energúmeno salido de quicio y al portugués como un inocente a quien el suceso pillara de improviso, la realidad es que hay bastante historia detrás. Ni uno es tan bueno ni el otro tan malo. Alguna pertenece ya al pasado y resulta algo difusa. La de hoy es bastante concreta. A una veintena de kilómetros de meta, en plena lucha por la posición dentro del pelotón, Costa y Barredo han iniciado un pique que se ha resuelto con un codazo del portugués en el estómago del asturiano, que se quedó sin aire como consecuencia. Un lance quizá algo subido de tono, pero al fin y al cabo normal en circunstancias de máxima presión como las que tienen lugar en el inicio del Tour.
El problema vino cuando al codazo siguieron algunas mentadas de madre y una actitud de Rui Costa que fue interpretada como chulesca por Barredo, que fuera de sí agarró la rueda delantera de su bicicleta para consumar los hechos que se pueden ver en el vídeo. La rápida intervención de los periodistas y auxiliares que se encontraban cerca de ambos impidió que el bochorno fuera a mayores, y si bien hay fuentes que indican que Rui Costa fue en segundas a por el asturiano este extremo no ha sido confirmado y debe ser, por tanto, desechado.
Las consecuencias de este incidente van a ser menores de lo esperado para ambos corredores. La organización del Tour de Francia ha sido benevolente, dejando la factura únicamente en 200 francos suizos (unos 150 euros) para cada uno, y en escenificar delante de todos un perdón que ya se han pedido en privado. Un castigo, quizá, demasiado leve. Tirando jurisprudencia, la pelea entre Leonardo Sierra y Ramontxu González Arrieta en la Vuelta 1995 acabó con venezolano y vasco fuera de la carrera. Pero tampoco se puede obviar que un incidente similar sucedió en la tercera etapa de esta misma edición de la ronda francesa, con Robert Hunter (Garmin) y Jakob Fuglsang (Saxo Bank) golpeándose repetidas veces sobre la bicicleta, y quedó impune. Y que, hablando de incidentes similares…
Las luchas de codos y peleas dialécticas varias son una constante dentro del pelotón. La gran diferencia de la protagonizada por Barredo y Costa con respecto al resto no es ni más ni menos que un final voluptuoso y televisado. La gran suerte es que mañana no será otro día de ‘ciclismo youtube’, sino que se romperá la inercia con la final en la Estación de Rousses. Se distraerá con ello la atención del gran público, pero también del avezado, y del periodista, y del organizador, y del propio ciclista. Porque mañana, seguro, habrá noticia en quién gana, y no en quién se pelea.

Huelgas y sindicalismo ciclistas

No esperemos encontrar jamás consenso en los grupos humanos. Al revés: si éste existe, será señal de que la masa se ha aborregado. Y eso va, inevitablemente, en perjuicio de la sociedad.
En efecto, cuando los sindicatos españoles convocaron una huelga general para el 29 de Septiembre de este año con motivo de la reforma laboral propuesta por el presidente Zapatero, muchos ciudadanos se echaron las manos a la cabeza. Militantes, periodistas, políticos, incluso sindicalistas de segunda fila, pensaban que la huelga estaba mal convocada. Consideraban que iba a destiempo por posponerse hasta después de verano. Que tendría dudoso alcance por cuanto se perdería la tensión social. Que la legitimidad era discutible toda vez que las protestas se centraban en detalles, árboles que ocultaban ver el bosque de los verdaderos problemas de los trabajadores. Todos, sin embargo, acabarán por ir a la huelga el 29-S. El aborregamiento no habrá sido de palabra, pero sí se consumará en hechos. Y, si no, ahí estarán los siniestros “piquetes informativos” para corregir conductas. Y adoctrinar.
La etapa de hoy del Tour de Francia estaba señalada como uno de esos días clave, tópicos, donde nadie gana la carrera pero alguno puede perderla. Ese posible perdedor fue hoy Andy Schleck, el principal perjudicado de entre los favoritos por la serie de caídas provocadas por lo angosto de las calzadas belgas, siempre traicioneras y sembradas de obstáculos, sumadas a lluvia fina y al aceite derramado por una moto de televisión que se derribó a si misma en el descenso del Col de Stockeau intentando no colisionar con Francesco Gavazzi (Lampre), que se había ido al suelo delante de ella y cuyos movimientos seguía. Sin embargo, el luxemburgués acabó por no sufrir las consecuencias de estas circunstancias; ni él ni ninguno de los Quince que formaban nuestra pléyade de favoritos antes del Tour. Se ocupó de ello el sindicalismo al frente del cual se situó Fabian Cancellara.
“Queríamos expresar nuestra solidaridad con todos los ciclistas caídos”, afirmaba Gerdemann. Se amparaba el sindicalismo ciclista en que las circunstancias habían sido propiciadas por los organizadores del Tour de Francia. La ruta era peligrosa, las carreteras del Benelux lo son por lo general; eso es cierto. Robert Hunter iba más lejos, demasiado lejos: “Ninguna GV debe ir a los países del norte, ¡que jodan al que diga lo contrario!”. El aceite desparramado por la carretera y el agua del cielo habían hecho el resto. Johan Bruyneel, director de RadioShack, definía el descenso de Stockeau como “una pista de patinaje”. Pueden atestiguarlo los casi setenta corredores que cayeron al suelo (algunos como George Hincapie o el propio Andy Schleck en dos ocasiones) y el mecánico que resbaló cuando se dirigía a atender a un ciclista de su equipo caído en el suelo.
Tras este tramo de locura y constantes caídas quedó como primer grupo del pelotón un colectivo de treinta ciclistas con los líderes de Rabobank (Menchov, un Gesink al que luego se ha descubierto una fisura en su codo), Cervélo (Sastre, Hushovd), BMC (Evans) y Caisse d’Épargne (Luis León Sánchez). Y Cancellara, el maillot amarillo y principal poder fáctico del día. El suizo se erigió en portavoz y protagonista: había que esperar a los afectados por los incidentes. Al ‘paquete’ principal donde viajaban Wiggins, Armstrong, Basso y Contador, solo en los momentos decisivos tal y como se venía temiendo y especulando. Y al grupo más retrasado donde viajaba su coequipier Andy Schleck junto a su hermano Frank y varios gregarios de Saxo Bank. Mientras tanto Sylvain Chavanel, que iba escapado antes de que se desatara la locura, pedaleaba ajeno, recorriendo la ruta hacia la victoria de etapa y el maillot amarillo.
En el grupo de Cancellara surgió el desconcierto, y después la indignación. Casi todos, sin embargo, hicieron caso al suizo; sólo Cervélo puso a tirar con brío al esprinter Jeremy Hunt, buscando el beneficio de sus jefes de filas. Este conato de rebeldía se zanjó con una mentira. “Cancellara le ha dicho a Thor [Hushovd] que la carrera había sido neutralizada y a nosotros no nos llegaba ningún tipo de información por radio…”, decía un Carlos Sastre que, de ser ciertas sus declaraciones, habría caído en la trampa de Bjarne Riis para evitar que sus líderes perdieran opciones de cara a la general. BMC y Rabobank hicieron mutis por el foro. Iván Gutiérrez también cayó, pero contrariado: “No sabes qué hacer exactamente en ese tipo de situaciones porque se habían producido muchas caídas que implicaban a hombres importantes. Por un lado, no era ético tirar pero por otro, la carrera es la carrera”. El cántabro hizo gestos ostensibles al hoy maillot amarillo para expresar su desacuerdo pero no llegó a tomar determinaciones concretas, tenía miedo de ser el esquirol que acaba siendo señalado por los huelguistas. Y, como reconocía en meta, “son momentos muy difíciles en los que necesitas indicaciones de tu director para saber qué hacer exactamente y en ese momento no las teníamos”.
La pregunta es por qué Iván no recibió indicaciones para tirar. Esa hubiera sido la lógica deportiva. Peor no piensa así su director en Caisse d’Épargne Eusebio Unzué: “Considero correcta la decisión de haber ralentizado la marcha por las circunstancias excepcionales. […] [Pero] se han beneficiado algunos ciclistas que no acostumbran a actuar con ese respeto que se les ha tenido”. El resto de directores, sin embargo, no han ido en la línea de Unzué. Joxean Fernández ‘Matxin’, de Footon-Servetto, se refería a una presunta “falta de personalidad” de los corredores. Gerry van Gerwen, de Milram, hablaba de que era necesiario guardar un “respeto a los patrocinadores, a los aficionados y a los organizadores”. Dave Brailsford, mánager de Sky, resumía el hecho con un explícito “absolutamente patético”.
La imagen del día, sin embargo, no ha sido tanto la fusión de todos los grupos en uno solo que, además, ha viajado durante casi veinte kilómetros extendido a todo lo ancho de la calzada en una actitud manifiesta de no-competición. Lo ha sido más bien el esprint, que Fabian Cancellara ordenó se convirtiera en un no-esprint con gestos inequívocos; cómo Maxime Bouet, de AG2R, daba una pedalada de más para entrar segundo en meta y el suizo se ofuscaba. Porque para algo había bajado el corredor de Saxo Bank unos kilómetros antes al coche del director de carrera para pactar que no hubiera ‘volata’ ni se repartieran puntos para el maillot de la regularidad en la llegada, cual líder sindical a la interlocución con políticos o empresarios…
En el Tour de Francia ha sucedido hoy algo parecido a lo que sucederá el 29-S en España. El proletariado, los ciclistas que viven constantemente ablentados por sus directores, los organizadores de carreras y los federativos (estamentos dominantes), se ha revelado con un paro liderado por cabezas visibles surgidas de él mismo por una causa nimia comparada con otras mucho más importantes. Que, como en la huelga general, esta protesta pueda no ser legítima, ir a destiempo, carecer de alcance o emanar del aborregamiento de la masa… es algo interpretable por el espectador, en mi opinión estafado hoy con una hora de ciclismo infame.

Road Rage

Las caídas son un factor de riesgo completamente inherente al ciclismo. Inevitables. Y en la primera semana de una gran vuelta, aún más.
La tendencia a concentrar en esos días la mayoría de llegadas masivas provoca que las jornadas iniciales de las grandes vueltas se conviertan por lo general en un rosario de accidentes, fruto principalmente de la inquietud de los corredores y, en segundo término, de una miscelánea de factores que van desde el trazado de la prueba hasta al perro que ha hecho hoy besar el suelo a Ivan Basso. O la invasión de la calzada por parte de uno de los hoy numerosos espectadores que ha importunado a David De la Fuente y costado caro a un Adam Hansen (HTC) que se ha visto obligado a abandonar la carrera.
Son, en su mayoría, caídas provocadas por lo ajeno, por lo involuntario, por el cúmulo de circunstancias que algunos dan en llamar suerte. No es aceptable, sin embargo, que uno de estos infortunios suceda por acción u omisión consciente de uno de los esforzados de la ruta…
La ansiedad jamás es buena consejera. Una máxima obvia para la mayoría de las personas debería ser recordada de manera vehemente por los rectores de HTC a Mark Cavendish. El magnífico esprinter británico no tiene rival cuando de punta de velocidad se trata, pero está desarrollando una peligrosa agresividad sobre la bicicleta que no le beneficia en nada. Su enorme competitividad se está traduciendo en irritabilidad y desmesuras, que se convierten en fracasos que a su vez devienen frustraciones y más competitividad, nerviosa competitividad. Un círculo vicioso que a los mandos de un vehículo se tipifica como ‘road rage’; en español, ‘conducción colérica’ o ‘violencia vial’.
Su insultante entrada victoriosa en una etapa del Tour de Romandía exhibiendo corte de mangas y ‘fingers up’ y la tremenda caída masiva provocada en la Vuelta a Suiza (que sesgó las esperanzas de Haussler de participar en esta edición del Tour de Francia) fueron las primeras manifestaciones aparentes de este trastorno en el ciclista de la Isla de Man. El origen primigenio de ellas no es sencillo de determinar; de hecho, resulta poco probable que se pueda localizar en un único factor desencadenante. A la natural conducta atrevida sobre la bicicleta de Cavendish, propia de cualquier pistard, se han unido problemas tanto deportivos (pique con su compañero André Greipel, que por cierto se imponía hoy en la primera etapa de la Vuelta a Austria) como extradeportivos (encarcelamiento de su hermano, ruptura con su prometida) que han acabado por desequilibrarle ostensiblemente.
El resultado último de este cóctel ha sido la tremenda caída de hoy en la llegada de Bruselas. ‘Manx Express’ rivalizaba con Mirco Lorenzetto (Lampre) por la rueda del ‘treno’ de HTC y no ha dudado en cargarle con el hombro en una curva de noventa grados situada a pocos metros de la meta. El incidente generado por esto ha contribuido a convertir los últimos compases del parcial de hoy en una ‘gymkana’ donde ha salido ganador el ahora especialista en llegadas embarulladas Alessandro Petacchi.
El italiano ha sido el gran triunfador de una jornada donde, por lo demás, los corredores no agraviados por la “suerte” han quedado impresionados por la presencia masiva de público en la orilla de las carreteras holandesas. Reforzado por su actuación ha salido el moldavo Alexandre Pliuschin, ciclista que Katusha ha rescatado de un AG2R donde su peso específico no se correspondía con sus condiciones. Pliuschin es un rodador potente con ‘punch’ en las subidas cortas que a sus 23 años se ha impuesto dos veces en el campeonato de su país y en el Tour de Flandes amateur. Su escapada en la parte final de la etapa de hoy, donde ha mantenido a raya al pelotón expectante por el esprint, representa la primera de muchas actuaciones destacables en el máximo nivel.

Somatizaciones de un prólogo del Tour

Rara vez un prólogo dicta sentencia. No es sino un anticipo, un inicio para romper el hielo mediático y descongelar las piernas de los corredores, tensas y expectantes por la cita para las cuales han sido preparadas durante meses.
Las diferencias en un prólogo son, por tanto, más psicológicas que somáticas. Segundos arriba, segundos abajo; irrelevantes cuando se cuentan las setenta horas que normalmente emplea el ganador de una gran vuelta en completarla. Son las sensaciones, y cómo las interiorizan los corredores, las que marcan la importancia de un prólogo. Ejemplo fehaciente de ello es un Andy Schleck que se despachaba en Twitter con un explícito “reconozco que hoy ha sido un día de mierda”. El luxemburgués está nervioso, el ambiente dentro del equipo Saxo Bank nunca es el mejor y es sencillo adivinar que en este momento es aún peor que de costumbre por el anunciado proceso de descomposición de la estructura salvo aparición de un patrocinador sorpresa. Del estado de las piernas de Jakob Fuglsang dependerá que las diferencias entre ‘staff’ y vacas sagradas se vean expresadas sobre la carretera…
Hay algo que sí ha funcionado en Saxo Bank, y no es otra cosa que lo que siempre funciona. La locomotora suiza Fabian Cancellara, a cuyo alrededor se sembraron multitud de dudas a raíz de insinuaciones y un elocuente vídeo de Youtube, ha vuelto a ganar un prólogo del Tour de Francia, el cuarto de su vida. Sin trampa, cartón ni electricidad, tal y como demuestra el control realizado a su ‘cabra’ por comisarios UCI a su llegada a meta. Una foto de Cancellara observando la labor de los enviados de Aigle no tendría precio.
Dicha labor deja a las claras que las diferencias de la contrarreloj no las marcaron artilugios escondidos en el interior del cuadro de los esforzados de la ruta. La clave estuvo, más allá de en las piernas de los corredores, en las condiciones meteorológicas que, además de provocar escalofriantes caídas como las de Matthias Frank o Manuel Cardoso, fueron bien leídas por muchos y malinterpretadas por otros. En el bando de los primeros destaca un Tony Martin que se vio ganador durante gran parte de la jornada y vio como el triunfo se escapaba entre pedaladas de Cancellara y besos de su preciosa novia. En de los segundos, los delfines de RadioShack (léase Leipheimer y Klöden), con piernas para estar con los mejores pero con las peores circunstancias para ello, o un Wiggins cuya condición de prologuista se vio afrentada con una infame 77º posición. A casi un minuto de un Cancellara que deberá somatizar las buenas sensaciones emanentes de su maillot amarillo y, sobre todo, transmitirlas a sus coequipiers para que dos candidatos a todo en la carretera no se pierdan en los pasillos de los hoteles.

Dos o tres cañonazos

En 1885, España se debatía entre el bienestar y la más absoluta de la crisis. Recién perdidas gran parte de las riquezas coloniales y con ello los últimos recuerdos del pasado esplendor del Imperio, sólo el orden establecido por el turno dinástico de Cánovas del Castillo y Sagasta, sistema democrático sólo para el observador poco crítico, garantizaba el equilibrio de la nación. Eso y el mando de un rey, Alfonso XII, ilustrado y justo, que sabía qué le convenía a la nación y, sobre todo, qué le convenía a él mismo.
En esa coyuntura, con el Estado pendiente de un hilo, Alfonso XII contrajo una enfermedad venérea como resultado de su afición a levantar las faldas de las actrices del Madrid de la época. Murió a los pocos meses, dejando en el vientre de su esposa María Cristina de Austria un vástago que, se supone, heredaría la Corona y los derechos reales de su padre. Del sexo del retoño dependería que éste tomara la Corona tras unos años de regencia de su madre, o que España acabara en manos de un noble extranjero que se casara con su princesa. Esto último no iba a ser permitido por los poderes fácticos del Estado, siendo el ejército el más abiertamente opuesto a que una mujer fuera heredera de Alfonso XII. Se dice que los cuarteles de Madrid estuvieron velando armas días enteros en espera de oír los cañonazos que anunciarían el nacimiento del nuevo integrante de la Familia Real. Tres si fuera varón, dos si fuera mujer. Tres indicarían la paz; dos, la insurrección y el pronunciamiento militar…
El sábado inicia un Tour de Francia abierto, con un favorito definido cuya supremacía se ve amenazada por la debilidad de sus coequipiers, en contraste con los tremendos bloques presentados por sus rivales. Alberto Contador tiene una sola debilidad individual, que puede devenir inapreciable llegado el momento, en su poca destreza sobre el adoquinado que se recorrerá en la tercera etapa camino de Arenberg. Pero sí que adolece de un talón de Aquiles ostensible en su equipo, Astaná. Este ha sido el runrún general durante toda la campaña.
Pero, como siempre en el ciclismo, lo que se habla fuera de las carreteras hay que confirmarlo dentro. Pero en este caso no ha habido tal confirmación, sino una refutación. Astaná, titubeante en citas como París – Niza, se mostró sólido e incluso avasallador en la Dauphiné donde Contador fue segundo, sólo por detrás de un Janez Brajkovic supremo al que el madrileño no fue capaz de doblegar ni en contrarreloj ni en montaña para sorpresa de propios y extraños.
La lectura de estos hechos cambia de manera significativa si consideramos las circunstancias que los rodearon. Para empezar, la derrota de Contador no tiene su principal origen la falta de forma del pinteño, que se encontraba a casi un mes de su gran objetivo y, por tanto, lejos de su punto máximo de forma. Ni, por supuesto, en las flaquezas de su escuadra. Responde, según se apuntaba en el semanario Meta2Mil, a una guerra psicológica planteada por Johan Bruyneel. Y es que el director belga, presuntamente, prepara a uno de sus segundos espadas para que llegue al cien por cien a las carreras a las que participa Contador para que le plante cara o incluso le derrote. Una táctica que funcionó a la perfección con Brajkovic en Dauphiné, y no se culminó con Machado o el propio Brajkovic, que fueron derrotador por el de Astaná en Algarve y Castilla y León respectivamente.
Precisamente en el calendario de Contador reside la segunda clave del pasado Dauphiné. La fortaleza de su equipo proviene, además de a las obvias condiciones de sus compañeros, del calendario de competición llevado a cabo por estos: ninguno de los ciclistas que va a ser gregario de Contador a excepción hecha de los kazajos Alexandre Vinokourov y Maxim Ilginskyi han tenido permiso para preparar sus propios objetivos y han competido en las mismas pruebas de perfil bajo que el pinteño, con lo cual llegarán sin rastro de fatiga a la salida de Rotterdam. Se trata de una práctica que sólo se lleva a cabo, y en menor medida como se desprende del párrafo anterior, en otra estructura cuyas miras se posan únicamente en el Tour: RadioShack.
De cualquier manera, los ocho acompañantes de Alberto Contador no parecen los mejores para garantizar una defensa efectiva del amarillo. Paolo Tiralongo es el único garante de solvencia, tal y como ha demostrado toda su vida deportiva en las filas de Saeco y Lampre. Benjamín Noval, gregario de confianza y cabecera del madrileño, aporta mucho más como ‘capitano’ y protector del superclase de Pinto que con sus pedaladas. Jesús Hernández, Dani Navarro, Andrei Grivko y David De la Fuente, a pesar de haber ofrecido buenas prestaciones en las pruebas en que han tomado parte, afrontan por primera vez el Tour con mentalidad de gregarios de un líder absoluto y cuentan además con la presión añadida de que éste sea un hombre cuyas cualidades convierten el amarillo en un objetivo irrenunciable. Y en torno los kazajos Vinokourov e Ilginskyi hay dudas, razonables, por la patente de corso que les supone ser los apadrinados directos del patrocinador de la formación; si bien su valía será innegable de centrar sus esfuerzos en ayudar a Contador.
Todo esto lo saben el resto de aspirantes a la victoria en la general del Tour de Francia. Y, seguramente, actúen en consecuencia desde la salida de cada etapa, dispuestos a dar los dos primeros cañonazos por los que espera en armas todo el pelotón. Los hermanos Schleck, capaces de todo por sí solos, tienen de su lado en Saxo Bank a un futuro candidato a lo máximo como Jakob Fuglsang, que ya nos dijo que blablabla, junto a fuerzas de la naturaleza como Fabian Cancellara o Chris Anker Sörensen y gregarios del peso de Voigt u O’Grady; en suma, un bloque que bien orquestado podría derrotar a cualquiera.
Ivan Basso y Roman Kreuziger compartirán jefatura de filas en un Liquigas que, con Szmyd, Quinziato u Oss, será como siempre uno de los bloques más fuertes de la carrera. Rabobank tiene dos bazas peligrosas como Robert Gesink y Denis Menchov, que tendrán junto a ellos a una suma de talentos individuales como Freire, Boom o Gárate que, para su desgracia, rara vez se combinan en un colectivo. Lance Armstrong, por su parte, forma junto a Andreas Klöden y Levi Leipheimer un triunvirato temible, reforzado con sólidos coequipiers como Horner, Brajkovic, Paulinho o Popovych que pueden efectuar temibles tácticas de equipo desde lejos.
Este Tour, sin duda, se decidirá así. Desde lejos. A cañonazos. Terreno hay para ello: no es ya la norma general en el Tour dejar lo más difícil para el final, sino que se concentra cada vez más dureza en los puertos de paso, a mitad o incluso al inicio de la etapa. Responsabilidad de los equipos, de sus directores, será disparar esos dos primeros cañonazos lejanos que levantarán en armas a todo el pelotón. Y responsabilidad de Contador y su Astaná dar el tercero que, como en la España de hace más de cien años, apacigüe la insurrección del resto del pelotón y garantice su continuidad en el poder.

El Tour de los Quince

El sábado comienza un Tour de Francia en la línea del año pasado en cuanto a expectación. A pesar de la presencia de un dominador absoluto como Alberto Contador, pocas veces se ha presentado la gran ronda francesa tan abierta. La ausencia de un patrón, de un equipo claramente más fuerte que el resto, hace que la carrera se presuma táctica e imprevisible. Y, en consecuencia, extiende el abanico de corredores con opciones de conseguir una plaza de podio hasta límites insospechados. En Arueda hemos seleccionado a los principales candidatos a un lugar de privilegio y a continuación analizamos sus bazas para alcanzar el éxito en el que hemos venido a llamar ‘El Tour de los Quince’
Alberto Contador El vueltómano número uno del pelotón mundial es, por derecho propio, el gran favorito indiscutible a llegar a los Campos Elíseos vestido de amarillo. Puede ganar tiempo en cualquiera de los terrenos tradicionalmente decisivos: es netamente superior a todos en montaña, mientras que en contrarreloj sólo unos pocos pueden hacerle sombra. Llega, además, en un estado de forma óptimo, sólo un kilogramo por encima de su peso ideal. Además en Dauphiné, a pesar de caer derrotado frente a un Brajkovic que llegaba al cien por cien a la cita, las sensaciones fueron inmejorables. Su único lunar a nivel individual podría ser el pavés, presente en la tercera etapa camino de Arenberg y donde corredores más pesados como Lance Armstrong podrían robarle tiempo. Su talón de Aquiles, sin embargo, no es otro que su equipo, Astaná, más débil de lo deseable y que podría dejarle en la estacada ante una emboscada táctica del resto de escuadras.
Carlos Sastre El ganador de la ‘Grande Boucle’ 2008 es por tradición la segunda baza sólida del ciclismo español para campeonar en París. Un análisis más detenido de la situación, por el contrario, no es tan esperanzador. El abulense lleva un año infame, donde ni las piernas ni la suerte han estado de su lado. Se presentó en el Giro en baja forma y lo acabó en una decepcionante octava posición mermado por las caídas. A su favor juega su talento para la escalada y su raza, condiciones innatas que deberá sacar a relucir en el que podría ser su último Tour de Francia
Samuel Sánchez Campeón olímpico y dos veces podio en la Vuelta, el asturiano se enfrentará por cuarta vez a la gran ronda francesa con la ambición de cuando menos superar el séptimo puesto alcanzado en 2008. El gran problema que deberá subsanar el jefe de filas de Euskaltel es su falta de calidad diferencial en montaña y contrarreloj; su gran ventaja, las muchas etapas que acaban con una ración de su terreno favorito, la bajada.
Luis León Sánchez Es la opción sorpresa del ciclismo nacional. Luis León ha centrado sus miras en el Tour por primera vez en su carrera, en parte impulsado por la circunstancia de la sanción de su coequipier Alejandro Valverde. Hasta dónde puede llegar en la general que él mismo ha definido como su objetivo prioritario es un auténtico misterio, toda vez que nunca ha disputado una ronda de tres semanas con esa intención. Está por ver, en especial, si la potencia de la que hace gala habitualmente se va resintiendo con el paso de los días.
Ivan Basso El italiano llega a la ‘Grande Boucle’ con los deberes hechos tras su portentoso triunfo en la general del Giro de Italia. Pero, sobre todo, viene renacido y deseoso de acabar de una dentellada con todos los prejuicios existentes en torno a él tras su sanción por tentativa de dopaje. El varesino es un escalador de fondo; no le faltará terreno en un Tour que ha distribuido la dureza en el recorrido de las etapas en lugar de concentrarla en la parte final de los parciales con los casi odiosos finales en alto. En su contra puede pesar el Giro que lleva en sus piernas. Pero, sobre todo, cuenta con el aval de tener un equipazo como Liquigas tras de sí, con compañeros como…
Roman Kreuziger Y es que el checo es uno de los grandes candidatos a hacer saltar la banca este Julio. Ha pasado el año relajado, luchando por cotas elevadas apenas en París – Niza (donde fue cuarto) y dando destellos de calidad allá por donde ha pasado. Su clase está fuera de toda duda después de acabar noveno en 2009, con sólo 24 años. Y lo más interesante es que no sabemos cuál habrá sido su evolución este invierno, ya que sus enormes cualidades pueden haberse desarrollado hasta auparle a un lugar en el podio de París…
Bradley Wiggins Si bien en 2009 la presencia del británico en las primeras plazas de la general se antojaba similar a la de un ‘sputnik’, ahora no. Enrolado en la superestructura Sky, Wiggins ha realizado una aproximación sólida a la Grande Boucle, con participaciones discretos aunque dignas en lo más granado del calendario internacional y siempre con el Tour entre ceja y ceja. Quizá el mejor contrarrelojista entre los aspirantes a la general Contador aparte, la gran sorpresa de 2009 ya es un hombre vigilado y tenido en cuenta por el resto de favoritos.
Cadel Evans Una actuación decepcionante en la edición del año pasado de la gran ronda francesa supuso una auténtica catarsis para el corredor australiano, cobarde hasta entonces y corajudo desde el momento en que se vio impotente por no hacer sino seguir la rueda del resto de candidatos a la victoria allá donde fuera. Cadel Evans es ahora un corredor totalmente distinto a la anterior versión de él mismo que vimos acabar entre los diez primeros del Tour en varias ocasiones. Está por ver hasta dónde será capaz de llegar con su nueva actitud y las cualidades de siempre, vestido de arco iris y ayudado por un equipo (BMC) que si diluirá apenas llegue la montaña.
Michael Rogers La otra gran baza ‘aussie’ será este hombre, líder del potentísimo HTC que intentará confirmar con 31 años los que apuntaba con 20: que es un hombre hecho para las rondas de tres semanas. Hasta ahora, su mejor actuación en un Tour fue un anónimo noveno puesto en 2006. Mejorar esto es casi una obsesión para un Rogers que ha realizado una temporada interesante merced a un cambio en sus métodos de preparación que, a juzgar por sus triunfos en las generales de las Vueltas a Andalucía y California, han sido para bien.
Lance Armstrong El texano es uno de los nombres propios de cualquier competición en la que tome parte. Y, en el caso de este Tour 2010, aún más después de anunciar que ésta será su última participación en la gran ronda francesa. Su última vez en una competición con la cual ha desarrollado una sinergia casi nunca vista entre un corredor y una carrera; durante siete años prácticamente vivieron el uno para el otro, algo que dio réditos a ambos. La gran duda es si, a sus 38 años, estará en disposición de luchar por lo máximo o si, por el contrario, será únicamente el mascarón de proa del gigantesco drakkar de RadioShack, que incluye corredores como Levi Leipheimer, Andreas Klöden ó Chris Horner que podría representar una baza táctica valiosísima para RadioShack por sus buenísimas cualidades… o ser incluso capaces de optar a puestos de honor con el permiso o la colaboración del heptacampeón.
Andy Schleck Posiblemente, el luxemburgués sea el enemigo natural de Contador. Tanto para este año como para los próximos. Andy representa la antítesis de Alberto; el asfixiante ritmo que es capaz de imponer en la montaña podría ser la kriptonita de los nerviosos ataques lanzados por el de Pinto. Las cualidades que le llevaron al segundo escalón del podio el año pasado habrán aumentado este invierno como consecuencia lógica de la evolución de un ciclista de apenas 25 años que afronta esta Grande Boucle con un reto estimulante: llevarse el maillot blanco por tercera vez consecutiva y empatar así con el superclase teutón Jan Ullrich, entrando con ello en la historia del Tour de Francia.
Frank Schleck El hermano de Andy es su principal apoyo tanto fuera como dentro de la carretera, donde representa el papel de ‘capitano’ de ruta del potentísimo Saxo Bank junto a dos clásicos como Jens Voigt y Stuart O’Grady. Pero ojo, el mayor de la pareja luxemburguesa no es un convidado de piedra en la lucha por la general, tal y como demostró con el cuarto lugar alcanzado el año pasado. Al contrario, su solidez le podría llevar a una plaza de podio a poco que la carrera se le ponga de cara… o su hermano no requiera de sus servicios.
Denis Menchov Eterno aspirante a la victoria en la Grande Boucle, el dos veces ganador de la Vuelta a España y una del Giro de Italia posiblemente se encuentre ante su última buena ocasión de consumar una victoria en la gran ronda francesa donde su cota máxima es, hasta ahora, un cuarto lugar en 2008. A sus 32 años llega en un momento de máxima madurez, habiendo realizado un calendario liviano para llegar en plenitud de condiciones a un Tour de Francia que es objetivo prioritario para su equipo, Rabobank, toda vez que su salida está sita en la ciudad holandesa de Rotterdam.
Robert Gesink Aunque, si de ciclismo holandés hablamos, el adalid número uno es este corredor. Gesink se enfrenta por segunda vez a la gran ronda francesa después de la mala experiencia del año pasado, donde tuvo que retirarse a las primeras de cambio por una caída. Escalador de campanillas como demostró con su sexto puesto en la Vuelta a España 2009, el gran aval del corredor de Rabo es una portentosa exhibición en la etapa reina de la Vuelta a Suiza, donde se impuso de manera imperial. Sus hándicap son la inexperiencia, debilidad en la lucha contra el crono y tener tras de sí un equipo que funciona más como una suma de individuos que como un conjunto de verdad.
Jurgen Van der Broeck El belga es nuestra última gran apuesta para destacar en la general de este Tour de Francia. El año pasado se pasó casi toda la carrera escapado por delante del pelotón, haciendo la guerra por su cuenta toda vez que su líder Cadel Evans había naufragado. Ahora el líder es él; y, como tal, planteará una carrera seria, haciendo valer su fortaleza contrarreloj para llegar lo más lejos posible en la clasificación final. Cuenta con el equipo Omega Pharma a su servicio, y especialmente con un Dani Moreno que debutará en la gran ronda francesa con ganas de comerse el mundo.
Fuera de este grupo de grandes favoritos nos hemos dejado al líder de Garmin Christian Vandevelde, ciclista sólido donde los haya pero algo débil para optar al podio de París, y a un Damiano Cunego (Lampre) que luchando por triunfos parciales podría encontrarse de sopetón con un puesto de privilegio en la general. También habrá en la salida de Rotterdam jóvenes de gran caché y mayores expectativas como Edvald Boasson Hagen (Sky), Jakob Fuglsang (Saxo Bank), Tony Martin (HTC) ó Rui Costa (Caisse d’Épargne), cuyas opciones individuales estarán sometidas a los designios de los líderes de sus respectivos equipos.

El arte de la fuga bidón

El miércoles, el Giro d’Italia quizá vivió su etapa más decisiva de su edición 2010. El recorrido quebrado y maratoniano que unía las ciudades de Lucera y L’Aquila en el undécimo parcial de la carrera parecía destinado únicamente a mermar a los corredores, que a priori debían pasar unas ocho horas sobre su máquina y estar atentos únicamente en la emboscada tendida en los últimos kilómetros con una ‘tachuela’ y un final en cuesta. Pero el guión de una prueba ciclista no lo pone la carretera, sino los corredores…
La fuga bidón es uno de esos antiguos artes del ciclismo que ya no se estilan, como los ataques por parejas o las escapadas en solitario. Antes no había gran ronda que no viera, al menos por un día, que un grupo grande de corredores inofensivos para la general se distanciara de un permisivo pelotón para jugarse la victoria de etapa y el liderato. Estos corredores, con el paso de las jornadas, iban cediendo tiempo paulatinamente respecto de los grandes favoritos para acabar situados de nuevo en las catacumbas de la general. A veces, pocas, los componentes de esta fuga bidón conseguían lo impensable, aguantaban su ventaja y se llevaban el gato al agua. Tal fue el caso del francés de origen polaco Roger Walkowiak, a quien dos escapadas de este género y un innegable talento le valieron llevarse el Tour de Francia de 1956; caramelo envenenado, este triunfo acabó por demoler su carrera deportiva… Pero esa es otra historia.
En el ciclismo moderno, el de los grandes equipos capaces de bloquear la carrera, las fugas bidón quedaron fuera de lugar. La fortaleza de las escuadras de los favoritos hacía posible que no hubiera grupo de valientes capaz de alejarse del pelotón para hacerse con el jersey de líder. La permisividad llegaba en la tercera semana, cuando se dejaban ir las llamadas escapadas consentidas, una suerte que llegó a tener incluso sus especialistas, los cazaetapas.
Así, las fugas bidón se convirtieron en ‘rara avis’. Hasta que llegaron los Tours de Lance Armstrong, y con ellos el dominio de su equipo US Postal. Johan Bruyneel, director del conjunto norteamericano, se encontró con un problema: la irresistible superioridad del tejano y sus coequipiers hacía que éste cogiera el maillot amarillo demasiado pronto, obligando a los suyos a desgastarse durante demasiados días en cabeza del pelotón, controlando la carrera tal y como corresponde a la escuadra del líder. Para resolver el inconveniente, el belga recurrió a la fuga bidón: regalar el liderato a un anónimo del pelotón, para así encomendar a él y su equipo el deber de controlar la carrera.
La fuga bidón por excelencia de la época Armstrong fue, sin duda, la que tuvo lugar en 2001 camino de Pontarlier. Fue una jornada larguísima y marcada por el mal tiempo… y la fuga de catorce corredores que contaron con el beneplácito del pelotón para adelantarse y coger el mando de la carrera. Los grandes fueron permisivos hasta la exageración: casi 36 minutos de ventaja colocaron en los primeros lugares de la general a Stuart O’Grady, François Simon y el kazajo Andrei Kivilev. Y, si bien el australiano claudicó a las primeras de cambio, el francés tomó el liderato y lo aguantó cuatro jornadas más para finalizar sexto en la general final, mientras el kazajo quedó cuarto a escasos cincuenta segundos del podio, cuyo último integrante fue el lazkaotarra Joseba Beloki.
Aunque, si hablamos de fugas bidón trascendentes para la general, sin duda el caso paradigmático en esta década es el de la fuga de Montelimar que encumbró a Óscar Pereiro como líder del Tour de Francia 2006. No era, en realidad, una fuga bidón de manual. Lejos de las decenas de ciclistas que suelen involucrarse en este tipo de escapadas, la del gallego sólo contaba con cinco implicados: Andrei Grivko, Sylvain Chavanel, Manuel Quinziato, Jens Voigt y el propio Pereiro. En esta ocasión fue Phonak, que contaba en sus filas con el líder de la carrera en la persona de Floyd Landis, quien permitió que la escapada cogiera la ventaja suficiente para que Óscar Pereiro se colocara en primera posición de la general. Más adelante, Landis recuperaría el liderato de manos del gallego gracias a una prodigiosa exhibición camino de Morzine. Tenía truco. Y Pereiro, segundo en París, pasará a la historia como ganador de aquella edición del Tour. Todo gracias no sólo a la bajeza de Landis, sino a su audacia para realizar su movimiento camino de Montelimar.
El pasado miércoles, el Giro de Italia 2010 quizá viviera su particular Pontarlier, o Montelimar. Fue camino de L’Aquila cuando un grupo con la friolera de 56 corredores se adelantó respecto del pelotón de los favoritos para aventajarles en más de doce minutos en la meta y, con ello, volver la carrera del revés. La debilidad del Astaná del líder Vinokourov y el BMC de Evans permitió esta circunstancia. Y la inactividad del Liquigas de Basso y Nibali, equipo más potente de la ‘corsa rosa’, pensando en que no había peligro real en los integrantes de la escapada, la alentaron. Ahora, cabe especular hasta dónde llegarán las consecuencias de este desastre táctico para los citados…
En principio, el actual líder Richie Porte (Saxo Bank) debería desaparecer pronto de las primeras posiciones de la general. Porte, ex triatleta, afronta su primera vuelta grande y posiblemente acuse el paso de los días cuando la carrera se encuentre inmersa en la durísima tercera semana. Tras él se encuentra un dúo de ciclistas correosos: tanto David Arroyo (Caisse d’Épargne) como Robert Kiserlovski (Liquigas) muestran una considerable fortaleza y aptitud para las grandes rondas, siendo el croata si cabe más brillante que el talaverano. Valerio Agnoli (Liquigas) y Linus Gerdemann (Milram) tendrán que enfrentarse con sus limitaciones y dar el salto de calidad si quieren agarrarse a un puesto en el top 5. Y luego están Wiggins y los Cervélo…
Bradley Wiggins (Sky) llegó a la salida de Amsterdam siendo una auténtica incógnita, que pareció despejarse primero con su excelsa victoria en el prólogo y, luego, con su mal rendimiento en el movido periplo holandés. Después de emplearse de manera digna el resto de parciales, su presencia en la fuga le colocó en la zona noble de la general, paliando la desventaja que acumuló en los primeros días de carrera y colocándose en disposición de pelear por la victoria final como ya hiciera en el pasado Tour de Francia. Aunque, refieriéndonos a paliar desventajas, sin duda el gran exponente y principal beneficiado de la fuga bidón es un Carlos Sastre (Cervélo) que ya tiene «ganas de que llegue la montaña» para demostrar que su infame primera semana de carrera fue únicamente producto de la mala suerte. Los doce minutos recuperados en la meta de L’Aquila vienen como anillo al dedo al abulense, que ha dado un gran golpe moral y afronta los días finales de la gran ronda italiana, su especialidad, muy alto de moral y cercano a un buen estado de forma.
Su gran rival de entre todos los presentes en la fuga bidón posiblemente sea su compañero de equipo Xavi Tondo. El catalán, que ha llegado al ProTour este año tras desempeñarse durante años a gran nivel en el segundo plano del ciclismo, ha sorprendido a propios y extraños durante toda la temporada. Este Giro no ha hecho sino seguir la tónica: sacrificado en pos de Sastre, en la primera jornada de montaña fue liberado de sus obligaciones y se coronó como mejor escalador del grupo de favoritos, adelantando a los grandes de la carrera en veinte signficativos segundos. Con la fuga de L’Aquila no sólo enjugó su desventaja, sino que consiguió seis minutos de ventaja respecto de Vinokourov, primero de los principales aspirantes a la ‘maglia rosa’.
Ahora, tanto Vinokourov como el resto de peces gordos, llámense Evans, Basso, Nibali o Scarponi, tienen la pelota en su tejado. Deberán trabajar para recortar toda la diferencia que concedieron camino de L’Aquila a todos estos buenos corredores. Para conseguirlo deberán echar mano obligatoriamente de tácticas agresivas. Y eso, por fortuna para el aficionado, es sinónimo de espectáculo.

Vinokourov contra la memoria del ciclismo

El pasado domingo, Alexandre Vinokourov dejó atrás a Alexandr Kolobnev en los últimos compases de la Cöté d’Ans para imponerse por segunda vez en la Lieja-Bastogne-Lieja. El kazajo entró en meta extendiendo los brazos, lanzando besos, aplaudiendo, loco de alegría por volver al primer plano del ciclismo. Su gesto de torció cuando subió al podio, recogió su trofeo… y el público le abucheó.

El ciclismo es un deporte de memoria y sentimientos. Los resultados permanecen en los papeles, pero el recuerdo de los aficionados se compone de sensaciones y no de números. La victoria de Vinokourov fue recibida por los belgas presentes en la meta de Ans como una ofensa después de que el kazajo protagonizara en 2007 uno de los positivos más sonados de la historia. Un positivo especialmente sangrante por cómo intento tomar el pelo al mundo del ciclismo antes, durante y después de que un control antidopaje delatara que había recurrido a una transfusión homóloga (de sangre ajena) para aumentar su rendimiento.
Alexandre Vinokourov (1973, Petropavlosk) no fue nunca un ángel. Al contrario, siempre resultó un ciclista controvertido, de gran calidad y mayor víscera. Ello le convertía en un corredor combativo en carrera, agradable para el aficionado pero incómodo para los compañeros, que veían como el insaciable kazajo no hacía más que reclamar más trozo del pastel competitivo, más presencia en carrera. Llegó a reclamar el liderazgo del Telekom en pleno esplendor de Jan Ullrich y a atacar a por la victoria (con éxito) en la llegada a los Campos Elíseos del Tour de Francia de 2005, en un coto habitualmente vedado para caza de los esprinters donde sus ganas de lucha le llevaron a triunfar.
Era un corredor polivalente, querido y amado, hasta que los delirios de grandeza comenzaron a pesar demasiado en su cabeza. Su inmenso poder fáctico en Kazajastán, procedente de su condición de deportista insignia del país y su amistad con los más altos mandatarios, hizo posible que las principales empresas del país le proporcionaran dinero para financiar la estructura de Manolo Sáiz en cuyas filas formaba (aquel Liberty Seguros defenestrado por la OP) y luego una escuadra propia, el Astaná con que tomó parte en el Tour de Francia 2007. En él, Vinokourov contaba con sus habituales cualidades y el respaldo de una pléyade de gregarios excepcionales como su compatriota Andrei Kasheckin, Andreas Klöden o Paolo Savoldelli. El objetivo no era otro que el maillot amarillo.
No aprovechó Vinokourov la oportunidad de ganar en buena lid. Fue perdiendo tiempo en todas las etapas decisivas hasta quedar a casi ocho minutos del líder Rasmussen antes de la importante crono de Albi, en la segunda semana de la carrera. En ella, el kazajo perpetró su primera exhibición, distanciando al siguiente (un consumado especialista como Cadel Evans) en más de un minuto. La segunda, más estratosférica si cabe, la realizó camino de Loudenville, en la mítica etapa en la cual Alberto Contador y Michael Rasmussen libraron un espectacular mano a mano en el Col de Peyresourde. Vino aventajó en un minuto al segundo en la línea de meta después de pasar todo el día fugado. Y de haber perdido media hora el día anterior en Plateau de Beille.
Las sospechas suscitadas por estas prestaciones se confirmaron al día siguiente, mientras el corredor declaraba gozoso en L’Équipe que su presencia inspiraba «respeto en el pelotón». El 24 de Julio, día de descanso, salía a la luz su positivo en la crono de Albi. Transfusión homóloga, un término con el cual los aficionados al ciclismo se familiarizaron dolorosamente durante un tiempo. Todo el Astaná tuvo que abandonar la carrera, con gesto compungido y en furgonetas; parecían más presos que ciclistas. Vinokourov, por su parte, montó su teatro y echó la culpa del positivo a las alteraciones que le pudo haber generado una caída en la quinta etapa.
Los actos que vinieron después continuaron el esperpento. Vinokourov anunció su retirada y se parapetó tras la Federación Kazaja de Ciclismo para recibir un único año de sanción y no pagar su sueldo de 2007 como multa tal y como contemplaba el Código Ético que tuvo que firmar aquella campaña para participar en las carreras ProTour. La UCI, errática, no consiguió hacer pagar a Vino, pero sí extender su sanción hasta los dos años que la normativa vigente impone como máxima para los culpables de dopaje. Ello no impidió que la sombra del kazajo permaneciera presente en el ciclismo mundial a través de declaraciones periódicas y de su imprescindible intermediación para la supervivencia del equipo Astaná.
Ahora, después de un exitoso ensayo a finales de 2009, Vinokourov ha vuelto al primer plano del ciclismo mundial. Pero lo hizo entre abucheos. La memoria de los aficionados tocó los sentimientos del kazajo, que al día siguiente mandó una carta abierta a los medios de comunicación donde afirmó no querer «ser el único y muy fácil objetivo de todos los males del ciclismo». El escepticismo volvió a reinar en los aficionados más suspicaces, que habían visto con indignación no sólo la victoria de Vinokourov, sino la compañía que tuvo en el podio de un Alejandro Valverde que sigue corriendo aun con la espada de Damocles de la sanción provocada por el CONI pendiente sobre su cabeza.
Es difícil determinar si los aficionados tienen o no razón afeando al corredor kazajo. Más allá de las filias y fobias que despierte el personaje, Vinokourov ha purgado sus penas pasando dos años sin competir. Es cierto que no cumplió la sanción completa al no ingresar su año de sueldo en las arcas de la UCI; pero sí el grueso de la misma. En teoría, tiene derecho a participar en todas las carreras que desee, derecho a ganarlas, a retirarse o a llegar fuera de control. Sin embargo el aficionado, el auténtico termómetro del ciclismo mundial a través de sus memorias y sensaciones, ha juzgado que no es digno de ello por toda la controversia que su caso, que junto al ‘affaire’ Rasmussen estuvo a punto de tumbar la carrera más grande del mundo, despertó. Aunque no tiene por qué tener razón, habrá que escuchar al público. Y Vinokourov, por su bien, deberá convencerlo.

Los invitados a la fiesta del Tour de Francia

El diario deportivo L’Equipe ha anunciado en su edición de hoy los nombres de los 22 equipos que tomarán parte en el Tour de Francia 2010, que se disputará entre el 3 y el 25 de Julio. En principio, la lista no contiene grandes sorpresas: a las dieciséis escuadras cuya presencia estaba garantizada por el acuerdo que en su día sellaron las formaciones ProTour de 2008 y los organizadores de las grandes vueltas se han unido los seis equipos de nuevo cuño de mayor nivel deportivo: Cervélo, Garmin, BMC, Katusha, Sky y Radioshack.
La controversia nace, por un lado, del hecho de que se queda fuera un equipo profesional francés de gran progresión como Saur – Sojasun, que cuenta en plantilla con grandes exponentes del ciclismo galo como Jimmy Casper o Jonathan Hivert. Y por otro de que la salida de la gran ronda francesa se situará en Rotterdam (Países Bajos), lo cual hacía casi preceptivo la presencia de algún equipo neerlandés que se añadiera a Rabobank, como Skil ó Vacansoleil. Ambas estructuras, de hecho, llevan años haciendo méritos para recibir la invitación de la empresa ASO para la gran fiesta anual del ciclismo en este 2010.
Decepción para Vacansoleil…
Para Vacansoleil, la noticia ha sido un auténtico jarro de agua fría, habida cuenta de los precedentes que hacían probable su participación en el próximo Tour: sus actuaciones en carreras relacionadas con ASO como la Vuelta a España (donde fueron uno de los equipos más combativos) ó el Tour de Qatar disputado en Febrero (donde se llevó la general con Wouter Mol) eran, junto al fichaje de dos de los estandartes del ciclismo francés como son los hermanos Brice y Romain Feillu, un gran aval deportivo. Además, el patrocinio que la marca Vacansoleil aportó a la pasada París-Niza suponía un enorme guiño económico e institucional.
La reacción del mánager Hilaire Van der Schueren en Sporza ha ido en la línea del desencanto: «obviamente, estoy muy decepcionado». Y apunta denodadamente contra la presencia de ciertos equipos cuya plaza estaba garantizada por pacto: «ASO comparte opinión conmigo, sin la norma de que los 16 ProTour que sobreviven de 2008 tengan plaza en la carrera automáticamente habría espacio para nosotros. Hay equipos cuyo nivel es menor que el nuestro, como Footon, que está lleno de jóvenes». En este caso, el director neerlandés dispara donde más duele: la presencia en el Tour de una escuadra deportivamente débil que, para más inri, fue vetada de la carrera en el pasado por los problemas de dopaje de sus antiguos ciclistas estrella Riccardo Ricco’ y Leonardo Piepoli. «Al menos somos el primer equipo reserva», se resigna Van Der Schueren.
… y para Skil – Shimano
En el caso de Skil, la estructura dirigida por Iwan Spekenbrink llegó incluso a participar en el Tour de Francia del año pasado, donde tuvo una suerte desigual: su combatividad, en especial durante las primeras etapas, no llegó a refrendarse con resultados en la línea de meta. A pesar de todo, el sabor de boca dejado por la escuadra antiguamente radicada en Japón fue bueno. Este invierno, con objeto de ganarse los favores de ASO, se consolidó una colonia francesa relativamente extensa en el equipo, con cinco corredores galos en plantilla. Sin embargo, no ha sido suficiente para convencer a los organizadores del Tour de Francia.
Al contrario de las reacciones del seno de Vacansoleil, que iban por la senda de la indignación, las de los hombres de Skil se acercaban más a la resignación. «En secreto esperas buenas noticias», declaró el mánager Iwan Spekenbrink a De Telegraaf, «pero sabíamos que había buenísimos candidatos como Radioshack, Sky ó BMC. Ciertamente no puedo decir que no entienda la elección de equipos hecha por ASO». El corredor Koen De Kort se expresa en su blog en la misma línea: «se veía venir, pero no deja de ser una decepción», comienza. «Sin embargo, comprendo la decisión de ASO de dar las wild-card a quienes las han recibido».
Los seis invitados
No es demasiado aventurado afirmar que dejar fuera a cualquiera de los seis equipos a los que se han otorgado a las invitaciones hubiera constituido un pequeño sacrilegio deportivo. La presencia del recién nacido Team Sky resulta indiscutible toda vez que cuenta con la mayor estructura de entre todos los equipos profesionales, además de con la gran promesa del ciclismo mundial (Edvald Boasson Hagen) y la gran sorpresa del Tour del año pasado (Bradley Wiggins). Radioshack posee un gran nivel medio y, por encima de todo, al heptacampeón Lance Armstrong. Garmin ha demostrado en sus dos participaciones en la gran ronda francesa una solidez sobrada que, seguramente, tendrá continuidad este año.
Ofrecían algo más de dudas Cervélo, Katusha y BMC. En los canadienses, la intención de Carlos Sastre (ganador del Tour 2008) de centrarse en disputar el Giro de Italia parecía una suerte de anticipación a la no inclusión del equipo entre los elegidos por ASO; sin embargo, han pesado otros nombres como Thor Hushvod y Heinrich Haussler, ambos ganadores de etapa en la edición del año pasado e incluso maillot verde de la regularidad en el caso del noruego. Para Katusha, su pobre nivel en el Tour de 2009, sin presencia en la general y con una única victoria de etapa a cargo de Serguei Ivanov, parecía un hándicap importante. Parece haberles redimido ante ASO su notable principio de año, con Joaquim Rodríguez, Robbie Mc Ewen y Filippo Pozzato a muy buen nivel.
Por último está BMC. La escuadra de base suiza recibe su invitación con alegría, seguramente porque se sabían en el alero toda vez que sus grandes estrellas, Cadel Evans y Alessandro Ballan, parecían convencidas de que no iban a estar en el Tour y dispuestas a darlo todo en el Giro de Italia. Han pesado para la decisión de ASO, por encima de todos, dos hechos: sus excelentes relaciones con el staff del equipo (Jim Ochowicz, mánager de BMC, ejercía el mismo cargo en 7-Eleven, primer equipo americano en correr el Tour; John Lelangue, director deportivo, trabajó durante años para ASO) y la presencia en la formación de Cadel Evans, podio en dos ocasiones en la gran ronda francesa y actual campeón del mundo de fondo en carretera. La duda, como en el caso de Sastre, es si el australiano dará el ancho en la ‘Grande Boucle’ después de darlo todo en la ‘corsa rosa’.
En definitiva, la lista de invitados a la fiesta del Tour de Francia ha sido la que dictaba la lógica. Se echa de menos únicamente la presencia de algún equipo holandés acompañando a Rabobank en la salida de Rotterdam. Para ello, tal vez, hubiera hecho falta un poco más de valentía en el seno de ASO: atreverse a dejar fuera a escuadras cuyo nivel esté en duda, como BMC o Katusha, para poner en liza a otras cuyo rendimiento será con toda seguridad bueno aunque no se traduzca en buenos resultados en la meta, como hubiera sido el caso de Vacansoleil, Skil o Saur. De cualquier manera, el espectáculo en las carreteras francesas este mes de Julio está servido… y garantizado.