Cavendish gana una San Remo de oficina

21 de Marzo, Arueda.com

Faltaron ataques en la Milán – San Remo 2009. Se notó en exceso la ausencia de algunos teóricos favoritos, en su mayoría clasicómanos, que no llevaron a buen término su preparación por diversos motivos. Fabian Cancellara renunció por un precario estado de forma, pensando quizá en el Giro. Frank Schleck y Óscar Freire sufrieron sendas lesiones; el campeón del mundo Alessandro Ballan está enfermo. Mirco Lorenzetto, quinto el año pasado y potencial sorpresa, amaneció febril y no pudo tomar la salida.

Sin embargo, la plana mayor de esprinters puros sí se presentó al completo. Tom Boonen, Mark Cavendish, Alessandro Petacchi, Thor Hushovd, Daniele Bennati, Robbie Mc Ewen, también los españoles Koldo Fernández de Larrea y José Joaquín Rojas. Velocistas, acompañados de potentes equipos en la mayoría de los casos, con buenos corredores supeditados a sus objetivos.

Así las cosas, las esperanzas de movimiento eran pocas. El equipo Acqua e Sapone, con Stefano Garzelli y Luca Paolini en plena forma, podía ser buen animador. El libérrimo Pozzato podría haber dado una exhibición de cualidades. Por supuesto, estaba Lance Armstrong, a priori dispuesto para ejercer de ‘sheriff’. Sin embargo, la alternativas más sólidas eran dos: la terna de Diquigiovanni, formada por Gilberto Simoni, Michele Scarponi y Davide Rebellin, reventando el grupo a base de ataques; ó el potentísimo Luis León Sánchez haciéndose de un pequeño hueco subiendo el Poggio para consolidarlo bajando y ganar en solitario.

Ninguna se cumplió. Faltó decisión, sobraron escuadras para controlar, convencidas de las posibilidades de victoria de sus velocistas. De inicio se formó una fuga de once corredores de medianías, donde destacaban únicamente el austríaco de Columbia Bernhard Eisel y el ruso de Katusha Mikhail Ignatiev. Controlaban la distancia LPR (Petacchi), Cervélo (Hushvod) y Quick Step (Boonen), la fuga se fue desgranando y cuando fue abortada definitivamente al pie de la Cipressa sólo quedaban en cabeza el citado Ignatiev, Sebastian Turgot (Bouygues), Christophe Le Mevel (Française des Jeux) y el local Giampaolo Cheula (Barloworld).

En la Cipressa, la penúltima cota del recorrido, el soso desarrollo de la carrera parecía romperse. Michele Scarponi tomó la primera posición del pelotón y empezó a seleccionarlo. Los ciclistas más débiles cedieron pronto, se formaron numerosas catervas por detrás que incluían nombres ilustres como Robbie Mc Ewen, Koldo Fernández de Larrea o el celebérrimo Lance Armstrong. En la pomada sólo quedaron dos grupos: por delante uno de veinte ciclistas donde tiraba Liquigas al ser Benatti el único esprinter integrado en él, por detrás otro de treinta donde LPR trabajaba a marchas forzadas para llevar a Petacchi delante, aunque trajera consigo a varios rivales. Lo consiguió.

Quedaba así un grupo demasiado grande y repleto de hombres rápidos al llegar al pie del Poggio. Un Caisse d’Épargne envalentonado se tomó la cabeza de grupo en pos de las opciones de José Joaquín Rojas, sacrificándose infructuosamente. Française des Jeux hizo después lo propio en un movimiento algo necio, dado que no tenía ningún hombre capaz de entrar ni siquiera entre los cinco primeros en una hipotética volata en San Remo. Se empezó a subir y…

… No ocurrió nada. Prácticamente nada. El Poggio es una subida más o menos corta y suave; la dureza la deben poner los ciclistas, y eso no sucedió. Sylvain Chavanel se puso en cabeza para marcar un paso lento que salvaguardara las opciones de su jefe Boonen, y se mantuvo ahí durante kilómetros; primero solo, luego acompañado de otros coequipiers de Quick Step. Cuando quedaban apenas mil metros para coronar, Rebellin lo intentó a la desesperada sin resultado; Pozzato le secundó y repitió la acción, adquiriendo una pequeñísima ventaja que luego desperdició en la bajada. En todos esos movimientos anduvo metido Egoi Martínez (Euskaltel), el primero de los tres españoles que apareció en los compases finales de la carrera. El siguiente en hacerlo fue Luis León Sánchez, quien una vez acabado el descenso quemó sus naves con un derroche de potencia que ni siquiera inquietó a un grupo donde ya se mascaba el esprint.

Y el esprint al final llegó. Los equipos se disputaron el dominio del mismo,saliendo ganador de la contienda un Columbia que gracias a Hincapie consiguió colocar inmejorablemente a Cavendish. Todo, sin embargo, saltó por los aires cuando el corredor de Cervélo Heinrich Haussler demarró y sorprendió. El alemán ha explotado este año, ha mostrado una gran fortaleza y una regularidad que hasta ahora ni se le sospechaba. Sabedor de que su explosividad no es suficiente para volatas cortas y su sprint de media distancia era inferior al de ocho o diez de sus contrincantes, decidió jugárselo todo a una arrancada larga.

Casi le sale bien, de no ser por un Mark Cavendish superlativo que saltó desde atrás, cogió su rebufo y pudo superarle en un último golpe de riñón excepcional. Ambos, alemán y británico, picaron dos segundos respecto del resto de contendientes, que no supieron ni pudieron seguir la rueda de Cavendish hacia la línea de meta. Tercero en la misma fue Thor Hushvod, coequipier de Haussler al que quizá perjudicó la arrancada de su compañero; séptimo fue Aitor Galdós, de Euskaltel, que sorprendió al colarse entre los grandes y compensó de alguna a manera a su equipo la posible fractura de clavícula sufrida por Iñigo Landaluze en una caída bajando la Cipressa.

Los últimos tres kilómetros de Milán – San Remo fueron emocionantes y tuvieron algunos ingredientes de sorpresa. El resto de la carrera, para qué engañarnos, no mereció la pena y no quedará en la memoria de ningún aficionado. No todas las competiciones pueden ser cantos al ciclismo, como la París – Niza que vivimos recientemente. Aunque siempre es un sinsabor ver como monumentos como Milán – San Remo pueden ver a su espectáculo darse de bruces contra el ferreo control táctico del ciclismo moderno. A veces, ciclismo de oficina.

Orbea: cinco años de cantera

16 de Febrero, Arueda.com

En 2005, la creación de la categoría continental permitió en España la salida a las carreteras de cuatro modestísimas formaciones que con más ilusión que dinero tomaban la alternativa en el profesionalismo. Eran Andalucía – Paul Versan, Catalunya – Ángel Mir, Spiuk y Orbea. Cuatro temporadas después, Andalucía es un equipo profesional de nivel medio. Catalunya y Spiuk no tuvieron la misma suerte y, mientras los primeros veían su proyecto hundirse en el segundo año de funcionamiento, los segundos duraron dos más y se debieron renunciar a continuar este invierno. En cuanto a Orbea…

Orbea continúa, tras casi cinco años de travesía, igual que al principio. Nació como una estructura intermedia entre el campo amateur y el ProTour, como el lugar donde los mejores jóvenes vascos vivieran un tiempo de transición antes de dar el salto al Euskaltel. Y vive como tal, sirviendo de trampolín para corredores que, como Alan Pérez ó Iván Velasco, se adaptaron en él al profesionalismo antes de entrar en la élite del ciclismo mundial de la mano del equipo grande de la Fundación Euskadi.

“La labor de formación de Orbea es algo positivo, no hay más que fijarse en la procedencia de muchos de los corredores que ha fichado Euskaltel en los últimos años”, puntualiza nuestro cicerone para la ocasión Eriz Ruiz de Erentxun. Eriz tiene 24 años y la temporada pasada empezó a competir en el seno del equipo Orbea. “El salto de aficionados a un equipo ProTour sería muy duro sin más, un par de años aprendiendo el oficio en un equipo continental vienen muy bien”, continúa.

A todo esto, ¿quién es Eriz sobre la bicicleta? “Diría que soy un buen rodador, combativo y sin problemas a la hora de hacer de gregario para otros. Se me dan un poco mal los sprints, no los gano ni llegando solo, y las grandes rampas; aunque si las piernas me responden puedo luchar en todo tipo de terreno”. El simpático corredor alavés afronta la temporada con la vista puesta en el Pro Tour: “Siempre piensas en dar el salto. Más al empezar el año, que todo son ilusiones”.

La vista puesta en el Pro Tour. Ese objetivo hace a Orbea renovar casi la mitad de su plantilla cada invierno. El ciclista tiene un par de temporadas para demostrar su valía y capacidades durante un calendario centrado en las carreras españolas sin descuidar incursiones en terreno francés. Si no lo hace, debe buscarse una salida y dejar el hueco a otro corredor que intente conseguir su pasaporte al Pro Tour.

De la plantilla del año pasado, Unai Uribarri y Eladio Sánchez han dejado el equipo en dirección a la retirada. Igor Romero se ha recalificado con Baqué; David Martín Velasco e Iván Melero han encontrado acomodo en Rock & Racing y Burgos Monumental, respectivamente. Mikel Nieve y Sergio De Lis, por su parte, han conseguido lo que les llevó a Orbea a principios de 2008: dar el salto a Euskaltel.

¿Quién o quiénes serán los siguientes en hacerlo? Eriz hace su apuesta: “Jonathan Castroviejo puede ser el hombre a seguir, desde hace tiempo viene con muy buenas referencias y ya el año pasado lo hizo muy bien. Todos los que renovamos [Sesma, Minguez, Olano y Eriz, amén del ya mencionado Castroviejo] debemos dar un paso adelante”. Sin duda alguna, el vizcaíno Castroviejo es el más aventajado: excelente rodador, con ciertas cualidades para el terreno quebrado, es seguramente quien tiene un mayor futuro por delante; si bien es cierto que el jovencísimo escalador Miguel Mínguez o nuestro entrevistado Eriz Ruiz de Erentxun también parecen atesorar potencial suficiente para desarrollar una buena carrera profesional.

Por otra parte, se incorporan al equipo desde el campo amateur la friolera de ocho ciclistas, todos ellos menores de 22 años. De ellos el más destacado es, seguramente, Ricardo García, que sube desde Naturgás avalado por sus aptitudes para la escalada y una cierta punta de velocidad. Su compañero de equipo en aficionados Ibón Lavín, por su parte, es un buenísimo escalador cuyas referencias resultan prácticamente inmejorables. La lista de incorporaciones la completan los rodadores Joseba Larralde (Bidelan), Mikel Illundáin, Eneko Echeverz (Naturgás) y Beñat Urain (Debadarrena) y los pistards Andoni Blázquez (Bidelán) y Romain Sicard, oriundo este último del País Vasco francés. Estos serán los mimbres a partir de los cuales construir nuevos ciclistas válidos para el máximo nivel.

Cuatro temporadas ya al pie de cañón, primero dirigido por Jon Odriozola y después por Álvaro González de Galdeano, lleva el equipo Orbea. Cuatro temporadas forjando jóvenes promesas, para las cuales “el salto de aficionados a un equipo ProTour sería muy duro sin más” y que aprovechan al equipo como trampolín antes de iniciar una fructífera carrera profesional. Y culminar así un sueño.

Euskaltel: Cuando todos reman en la misma dirección

30 de Diciembre, Arueda.com

Euskaltel ha sido el equipo que más ha evolucionado en los últimos cuatro años en el pelotón español, a pesar de que los datos no acaben de reflejarlo. La escuadra gestionada en los despachos por Miguel Madariaga ha pasado en poco tiempo de reflejar el carácter de Julián Gorospe, aquel corredor brillante a ratos que dejaba la sensación de falta de experiencia incluso en los últimos años de su carrera, a ser un espejo de aquel Igor González de Galdeano tozudo y robusto que mantenía el rendimiento máximo aconsejable mientras aguantaran sus piernas y su corazón.


No sólo ha sido un cambio de métodos preparatorios, que también, sino una permuta de actitudes. En el primer campo, se han racionalizado los calendarios: el ciclista corre pruebas que se adaptan a sus características, perdiéndose un poco el dogma de que “compiten los que más en forma estén”, algo que mermaba al esforzado de la ruta que perdía chispa e incluso motivación. En el segundo apartado, Igor Galdeano impuso un orden en el barco de Euskaltel. Aquello que era el ejército de Pancho Villa según algunos cronistas, aquello donde no se observaba trabajo de equipo, se arregló en base a una filosofía de cerrar filas en torno a un objetivo requiera lo que requiriese el mismo.

Se cumplen ya cuatro años desde que Igor tomara el mando del barco, se nota en la carretera aunque los resultados no acaben de dar la razón. Para el recuerdo queda aquel magnífico Tour’07, o esta última Vuelta a España donde Igor Antón fue llevado en volandas por sus compañeros (aspirando a todo) hasta que una caída desbarató las ambiciones de un equipo, de unos corredores que reconocían en la prensa estar huérfanos sin un objetivo, lejos de encerrarse en aquel conformismo y casi egoísmo pretérito.

Esa línea, ese barco donde todos reman en la misma dirección, se intentará seguir este año. Para ello, se ha prescindido de seis hombres que seguramente no han rendido lo esperado. Beñat Albizuri (lanzador aceptable al que tal vez le faltó motor para correr en Euskaltel), Lander Aperribay, Jon Bru (buen ciclista que no se encontró cómodo en un equipo grande), y Antxón Luengo dejan Euskaltel camino del retiro profesional. Dioni Galparsoro, ciclista de gran calidad pero poca cabeza, ficha por Conténtpolis-Ampo, donde demostrará ser muy válido para el ciclismo una vez se encuentre en un entorno de menor presión y junto a uno de sus mentores, Óscar Guerrero.

Capítulo aparte merece la baja de Haimar Zubeldia, posiblemente una representación viva del antiguo carácter imperante en el equipo. Ha vivido un tanto acomodado, sabiéndose líder indiscutible en aquellas carreras que tomase por objetivos; no ha sacado provecho de su clase, que si bien no es fabulosa sí es suficiente para entrar entre los cinco primeros de Tour o Vuelta. Emigra al Astaná de Contador, donde deberá plegarse ante otros ciclistas mejores que él y trabajar, asumiendo un rol que lleva mucho tiempo sin desempeñar y al que tal vez le cueste adaptarse.

En cuanto a las altas, serán tres incorporaciones hechas con lógica. Suben dos corredores del filial continental de Euskaltel, ese prolífico Orbea que se gana con sus frutos la continuidad en las carreteras y ratifica el acierto de la Fundación Euskadi de disponer un equipo puente donde pulir las joyas de la cantera vasca antes de dar el gran salto al Pro Tour.

El primero de estos dos promocionados de Orbea es Mikel Nieve, que casi desde Junio ya se sabía ascendido y ha seguido rindiendo a buen nivel. El navarro es un todoterreno, rodador aceptable que encuentra su mejor hábitat cuando la carretera pica hacia arriba y que tiene en la punta de velocidad su principal defecto. A sus 24 años tiene mucho margen de progresión, pudiendo llegar a ser un ciclista bastante importante en un futuro. Por el momento, esta temporada ha demostrado sus cualidades con puestos destacables para un neo en carreras como la Klásika Primavera (12º), GP Miguel Indurain (14º), Euskal Bizikleta (12º) ó Vuelta a Madrid (14º)

El segundo, llegado al equipo naranja a mediados de octubre para cumplir la normativa UCI que establece el mínimo de corredores por equipo Pro Tour en 23, es el alavés Sergio De Lis. Se trata de un rodador potente, buen pistard en su día, que da lo mejor de sí mismo en las contrarrelojes, con lo que cubre un perfil poco habitual en Euskaltel. Con Orbea, y a sus 22 años, ha sido líder dos etapas en el Circuito Montañés (para algunos expertos, la mejor prueba amateur de España).

El otro fichaje es el navarro Pablo Urtasun, que debutara en profesionales de mano de Óscar Guerrero en el desaparecido Kaiku y que estas dos últimas temporadas corriera en el Liberty portugués. Urtasun es un sprinter potente, algo brusco y reciclado en los últimos tiempos al rol de lanzador de dos velocistas de mayor cartel: el ídolo portugués Cándido Barbosa y el emergente Manuel Cardoso. Su cometido en Euskaltel será precisamente el de lanzador de Koldo Fernández de Larrea. A buen seguro realizará una labor más que digna.


Merece la pena partir de estas últimas altas para comentar la que puede ser dirección deportiva que tome Euskaltel la temporada que viene. Se ha reforzado el último punto débil del equipo, los rodadores; se ha rodeado al ‘pichichi’ del equipo, Koldo Fernández de Larrea (seis de las ocho victorias del año pasado corrieron a su cargo), un hombre al que sólo le faltaba un coequipier de garantías para poder dar el gran salto de calidad y enfrentarse a los mejores sprinters del mundo en igualdad de condiciones. Aparte, es presumible que el equipo girará en torno a un Samuel Sánchez que preparará con mimo las clásicas de primavera y la Vuelta a España, donde irá a por la victoria final. Para el Tour, serán Mikel Astarloza e Igor Antón quienes llevarán los galones.

Por otra parte, es de esperar que ciertos hombres del equipo den un paso al frente e incluso estrenen su palmarés. El potentísimo Markel Irízar, que rozara la victoria en el prólogo de la París-Niza, y su compañero de hornada Gorka Verdugo, no deberían resignarse a ser meros hombres de equipo y podrían jugar sus propias bazas en algunas pruebas menores. Combativos como Alan y Rubén Pérez son candidatos claros a la victoria en escapadas que lleguen a meta, dado que han adquirido la experiencia suficiente como para poder rematar sus cabalgadas con éxito. Por último, es exigible un mayor rendimiento de Iñigo Landaluze, completísimo aunque algo gris este año; y de Iván Velasco, que puede ser un corredor importante para el futuro si pierde el miedo a dejarse ver en cabeza.

No faltan mimbres en Euskaltel para hacer una buena temporada 2009. Es indudable que un equipo con un mercado tan limitado jamás podrá competir con las mejores estructuras del mundo en verdadera igualdad de condiciones. Sin embargo, sí que se pueden mejorar los resultados que se vienen cosechando de un tiempo a esta parte, algo pobres si comparamos los datos con los de otras escuadras Pro Tour. Y para esto hace falta tener un objetivo claro y, entonces…. unir fuerzas para conseguirlo. Remar todos juntos hacia el mismo horizonte.

Pro Tour que se desmembra

Liquigas y Cofidis ya renunciaron; otros se lo están pensando
Arueda.com
Los altos costes económicos, las exacerbadas restricciones éticas y la desaparición de las mejores carreras de su calendario parecen estar a punto de dar la puntilla al Pro Tour. Estos factores se han ido sumando, han aumentado su tamaño y han acabado por resultar insoportables para muchos equipos, que se ven obligados a renunciar a pertenecer a la categoría reina del ciclismo para evitarlos.


El primero en hacerlo fue, hace algo más de una semana, Cofidis. Los gestores del equipo francés alegaron que la inversión económica y correr carreras tan exóticas como las propuestas para el año que viene en China y Rusia no era necesario para el objetivo del patrocinador, un banco francés de crédito. Éste sólo necesita exhibirse en carreras disputadas en territorio galo y en países en los cuales se están abriendo mercado, como por ejemplo España, Bélgica o Portugal. Por ello, no es menester un gasto económico tan elevado en licencias, y tampoco una plantilla tan amplia (este año, Cofidis cuenta con la barbaridad de ¡30 ciclistas!). El hueco natural del equipo sería, por tanto, la categoría profesional: una plantilla más reducida, un calendario libre que podrían ajustar a sus necesidades siempre y cuando mantengan buena relación con los organizadores.

Y es que ya no es necesario estar en la Primera División para estar en las mejores carreras, aquellas pertenecientes a ASO, RCS y Unipublic. Cada empresa organiza sus competiciones al libre albedrío que les proporcionan las Federaciones de sus respectivos países. Se crean así unos climas de vacío legal ante los cuales la UCI no puede hacer nada, al menos nada significativo. Ni siquiera hacer los controles antidopaje pertinentes y estipulados en el código ético.

El mismo código ético que, se supone, ha dado el empujón definitivo al equipo Liquigas para dejar el Pro Tour. Los italianos ficharon a Ivan Basso hace unos meses, lo cual provocó una fuerte polémica: al ser un ciclista sancionado por su relación con el dopaje (o por su ‘no relación’, ya que afirma haber tenido sólo la tentación de doparse), su incorporación a las filas de la estructura dirigida por Roberto Amadio fue mirada con malos ojos por la UCI… y por el resto de equipos. Esto forzó a Liquigas a abandonar la AIGCP donde estos se aglutinan.

La información, anunciada en primicia por Biciclismo, se confirmará según esta misma fuente en los próximos días. Traerá consigo la salida de Pippo Pozzato, ‘il Principe’, que no podrá continuar en el equipo dado su alto caché y sus aspiraciones. También, se dice, por su especial carácter. Ofertas no faltarán: el debilitado Milram, el potente CSC y el próximamente megalómano Tinkoff han mostrado interés por él.

Esta senda de renuncias podría haber sido seguida por Euskaltel. La situación del bloque capitaneado por Madariaga y personificado en Igor Galdeano es muy particular: su patrocinador es estrictamente regional, y si sólo tuviera intención de promocionarse en su mercado potencial podría limitarse a apadrinar una estructura continental que corriera todas las carreras desarrolladas en Euskadi y Navarra. Sin embargo, la motivación de este equipo va más allá de lo estrictamente económico: se busca promocionar a una región, el País Vasco, por el mundo. Aunque, claro está, por esa parte del mundo que se interese por la región. El apoyo institucional a partir del cual sobrevive mayormente el equipo no es una garantía para mantener una estructura Pro Tour. Tal vez bastara con una escuadra profesional que corriera allá donde realmente le interesara. Sin embargo, este razonamiento se quedó por el camino: Euskaltel parece decidido a renovar su licencia Pro Tour para el año que viene, quizá para el próximo cuatrienio.

No lo tienen tan claro Bouygues Telecom y, sobre todo, Française des Jeux. Los primeros tienen exactamente la misma problemática que Cofidis: ¿para qué un crucero si me basta con un yate? Los segundos tienen un problema algo más complejo: la falta de potencial de su equipo toda vez que Philippe Gilbert se marcha a Silence – Lotto. La intención del equipo francés es reducir gastos, menos ciclistas y menos competiciones, para lanzar una estructura continental que sirva de vivero para la grande. En caso de que McQuaid accediera a flexibilizar condiciones, a reducir el presupuesto mínimo para ser Pro Tour, Française des Jeux continuaría en la categoría reina del ciclismo.

El Pro Tour, ya lo hablamos hace mes y medio, no tiene claro su futuro. La sensación de improvisación, la creación de carreras que, sin historia ni tradición, entran en el primer nivel mundial… Ahora, además, surge el problema de que ni los propios equipos admiten continuar en este circo, que prometía ser la reoca y acaba por ser el patito feo. Da pavor imaginar como mirarán deportes perfectamente institucionalizados, o que limpian los trapos sucios en casa, esta caótica situación donde cada ente va por libre, donde se lucha a plena luz del día por ser el dictador mundial del ciclismo. Del adorado Ciclismo.

La marea naranja y un equipo a su altura

Euskaltel, con un gran nueve a por una gran actuación
2 de Julio, Arueda.com
El miércoles pasado se presentó en el Parque Tecnológico de Zamundio la camiseta representativa de los aficionados vascos que llenarán las cunetas del próximo Tour de Francia. Un año más, la camiseta ha sido diseñada por Mikel Urmenta y el equipo de Kukuxumusu. Un año más, la camiseta servirá para animar al equipo que muestra al mundo la gran afición del pueblo vasco por lo que en euskera se llama, cantarín, txirrindularitza.


En 2001 Euskaltel fue invitado por primera vez al Tour de Francia. Roberto Laiseka estrenó el casillero vasco con su victoria en Luz Ardiden, en pleno corazón de los Pirineos, con un ataque inapelable desde el grupo de favoritos donde mandaban Lance Armstrong y su gregario Chechu Rubiera. Fue el principio de la marea naranja, de los miles de vascos que, año tras año, se agolpan en las carreteras pirenaicas. De las hordas de aficionados que animan, incansables, a todo ciclista que pasa; pero que espera con ansias a los de naranja. Porque ellos también, por supuesto, van de naranja.

Vivieron su máximo éxtasis en el Tour de 2003, cuando tuvo lugar la mejor actuación del equipo Euskaltel en la ‘grande boucle’. Aunque la gran exhibición fuera en Alpe d’Huez (Iban Mayo ganando ante los desbocados Ullrich y Armstrong), la mágica actuación de los hombres dirigidos en aquel entonces por Gorospe hizo que la fiebre txirrindulari se desatara. Fue el año en que debutaron las camisetas de Kukuxumusu, las mismas que vivieron las decepciones de 2004 y 2005 provocadas por la mala actuación de Mayo; que en 2006 sólo sintieron dignas las actuaciones de Isasi y Zubeldia…

Que en 2007 volvieron a disfrutar en un Tour bellísimo, con Astarloza y Zubeldia entre los diez primeros, con Txurruka y Rubén Pérez atacando en cada ocasión… Con una actuación en la que solo faltó una victoria de etapa, vaya. Y en este 2008 se puede, por qué no, mejorar con creces esto. El director deportivo Igor González de Galdeano no se ha dejado casi nada en casa: solamente faltarían, en un hipotético equipo ideal, el escalador Igor Antón y el sprinter Koldo Fernández de Larrea. El resto de los mejores estarán en la salida de Brest.

Empezando por un Samuel Sánchez, la excepción asturiana a la regla vasca y gran líder de la estructura, quien ha variado sus planes habituales de cada año para integrar en su calendario los Juegos Olímpicos y, de paso, el soñado Tour de Francia. Si bien su experiencia previa en la ronda francesa no acaba de ser positiva (dos retiradas por agotamiento en sendas participaciones), también es cierto que en ellas no era un corredor totalmente maduro. Ahora, con un podio de la Vuelta a España a sus espaldas, no debería ser descabellado pensar en una actuación decente en la general o en una victoria de etapa. En su contra está el hecho de que su preparación está ralentizada con objetivo de llegar en perfectas condiciones a la cita olímpica.


Haimar Zubeldia es, sobre el papel, el jefe del equipo para la gran ronda francesa. Cumplidor en el Tour de Francia (tres veces entre los diez primeros y solamente una retirada), ha mostrado este año una actitud algo más ofensiva que puede conseguir que conecte al fin con el aficionado… y con el podio. Sus cualidades contrarrelojistas han sufrido un ligero retroceso en favor de una sustancial mejora en montaña, donde contará además con un fuerte bloque de gregarios. Empezando por…

…Mikel Astarloza. El de Pasajes tiene experiencia en el Tour y ha realizado una aproximación muy adecuada. Después del espectacular noveno puesto obtenido el año pasado, no sería descabellado que se planteara el asalto al top 5 en la general; sin embargo, el arrojo que le caracteriza podría usarlo a favor de un Haimar Zubeldia que, ante la falta de favoritos solventes, puede estar ante su gran oportunidad de llegar al podio. Habrá que estar atentos a su rendimiento en las cronometradas, campo en que ha registrado una evolución considerable.

Por otro lado estarán los hipercombativos Rubén Pérez y Amets Txurruka, grandes animadores de la pasada edición del Tour. Txurruka, más brillante y con poco que demostrar tras su galardón de ciclista más combativo de 2007, podría aspirar al maillot de puntos rojos que distingue al mejor escalador. Pérez, por su parte, podría repetir actitud… o sacrificarse en pos de sus líderes, tarea en la que cumple con creces.

El papel de Egoi Martínez es la gran incógnita del Euskaltel para este Tour. A pesar de que su pasado debería otorgarle cierta libertad, su temporada no ha sido excesivamente brillante (lo mejor, el maillot de la montaña de la Vuelta al País Vasco). Las cualidades que le llevaron a disputar la Midi Libre al todopoderoso Lance Armstrong parecen un tanto diluidas. Lo más probable es que se centre en ayudar a los líderes y buscar oportunidades en las fugas.

Completarán el equipo el solvente todoterreno Gorka Verdugo, cuyo salto de calidad definitivo se confirmará en la gran ronda francesa; Juan José Oroz, rodador de mérito que espera conocer por primera vez París; e Iñaki Isasi, sprinter de segunda fila y buen hombre de llano que en 2006 tuviera una buena prestación aquí, consiguiendo varios puestos de honor en volatas.

El objetivo es claro, según Igor González de Galdeano: una victoria de etapa. Se presenta la ocasión ideal para disfrutar, para que se vuelva al éxtasis de la marea naranja. No faltará espectáculo, no faltará calidad en el equipo… y tampoco faltarán camisetas.

"Debo consolidarme entre los sprinters"

Entrevista a Koldo Fernández de Larrea
7 de Marzo, Arueda.com
A sus 26 años, el ciclista de Euskaltel – Euskadi ya está considerado como uno de los mejores sprinters de España. Vitoriano de nacimiento, se presentó al gran público con un excepcional Giro en 2006, donde solamente una caída en la séptima etapa le apartó del lucimiento individual en las volatas. El año pasado realizó también buenas actuaciones en el Giro de Italia y la Vuelta a España; pero sobre todo se adjudicó una victoria de campanillas en la última etapa de Tirreno – Adriático. Este año repite calendario en el que es su quinto año como profesional.

¿Cómo recuerdas tu primer Giro de Italia?
De mi primer Giro pues tengo buenos y malos recuerdos. Hay una parte buena en la que estuve luchando con McEwen y muchos de los mejores sprinters del mundo. Pero hay otra parte mala, ya que en la séptima etapa me pegué un buen leñazo al caer por un barranco. Tengo esos dos recuerdos del Giro.

Desde la distancia, ¿cómo ves tu victoria en Tirreno – Adriático?
Bueno, yo creo que la primera victoria como profesional siempre es especial. Desde luego que te cambia un poco la mentalidad, ves que puedes estar con los mejores. Personalmente, yo tenía muchas ganas de conseguirla y fue un paso adelante

¿Cómo cambió Euskaltel con el relevo de Julián Gorospe a Igor González de Galdeano?
Han sido diferentes. Igor conoce un ciclismo más moderno, estuvo con Manolo [Sáiz] y además es un hombre más joven que conoce mejor los adelantos. Julián también tenía sus cosas buenas, era de otra época… Como en todos los equipos, a veces hay cambios y todos tienen sus cosas buenas y malas.

¿Te atraen las clásicas?
Sí, sobre todo la París-Roubaix. La he corrido ya dos años y esta temporada vuelvo a ir

¿Dónde ves tu techo?
[Duda] No sé. Yo creo que debo consolidarme entre los sprinters y estaría bien conseguir unas cuantas victorias al año

¿Cuáles son tus objetivos para este 2008?
Rendir bien en el Giro, mi principal objetivo, y después la Vuelta a España.

Igor consuma su naranja

El año 2008 será el de la confirmación para el nuevo bloque de Euskaltel

Igor González de Galdeano y Samuel SánchezCuando, a finales de 2005, Igor González de Galdeano asumió la jefatura deportiva del equipo Euskaltel en detrimento de Julián Gorospe (que le acompañó como director deportivo en su primera temporada en el cargo), pidió dos años para que se viera el equipo que él quería. Con la escuela de Manolo Sáiz y Javier Mínguez, la palabra clave para Igor fue clara: bloque.

Así empezó la transformación del Euskaltel de las figuras, de Mayo, Zubeldia y Samuel, en el Equipo Euskatel. Se empezó por cambiar la mentalidad, por erradicar la corrosión interna que provocaba el acomodo existente en varios ciclistas. A partir de ahora, al ataque. Fueron tomadas decisiones muy polémicas, como la marcha de Iban Mayo e Iker Camaño a Saunier Duval.

Pero, sea como fuere, el cambio ha resultado positivo para Euskaltel. Han ganado presencia en las carreras; quizá no llegan muchas victorias, pero la imagen de los patrocinadores sí que llega a las casas. En pos de que esta tendencia se convierta en constante, Igor Galdeano ha seguido “limpiando” el equipo para dejar un bloque joven y, sobre todo, comprometido.

Dejan el equipo sin visos de seguir como profesionales el desafortunado Aketza Peña, envuelto en un asunto de dopaje; Andoni Aranaga, que no ha podido demostrar lo que apuntó en Kaiku y, según se rumorea, ha sufrido ciertos desplantes desde la dirección de la escuadra; el hermanísimo Joseba Zubeldia, un caso flagrante de enchufe; e Iban Iriondo, tras un par de años en los que no ha logrado adaptarse del todo al profesionalismo debido a la exigencia del Pro Tour.

Dos bajas de Euskaltel sí que han encontrado equipo para el año que viene: el joven Unai Uribarri, que en un trance parecido al de Iriondo ha recibido la oportunidad de redimirse en Orbea; y el apadrinado Iban Mayoz, que tras dos años aciagos con Euskaltel recala en Karpin-Galicia. La rumorología echa humo en torno a él.

Capítulo aparte merece la baja del “venevasco” Unai Etxebarría, último representante de la vieja guardia de Euskaltel, que deja la bici tras ser descartado por Igor en aras del rejuvenecimiento del equipo y no encontrar un contrato adecuado para continuar en las carreteras el año que viene. Desaparece así del panorama ciclista un corredor modélico, rodador aunque polivalente para cualquier menester, y que además poseía un instinto ganador bastante notorio.

El capítulo de altas, por el contrario, registra pocos movimientos. Tan solo hay tres altas, con lo que se recorta la plantilla en cuatro ciclistas. Desde Orbea llegan dos buenos corredores: Francisco Javier Aramendia, un hombre de planta impresionante como rodador y de sólo 21 años, lo cual le deja un margen de progresión altísimo; y Josu Agirre, contrarrelojista y casi todoterreno de bastante bravura, que a buen seguro ayudará mucho al líder de turno… o incluso brillará individualmente.

El otro fichaje constituye un retorno esperado entre la afición vasca: Egoi Martínez, el chaval de Etxarri-Aranantz que se hiciera con un Tour del Porvenir y deslumbrara al mismísimo Armstrong en Midi Libre hace unos cuantos años, vuelve a la que fue su casa tras pasar dos temporadas a la sombra del propio Lance y de Bruyneel en Discovery Channel. Ya rondando la treintena; llega en el momento justo de madurez para tomar responsabilidades.

Egoi Martínez, Igor Antón, Mikel Astarloza… serán los nuevos hombres para llevar el peso del equipo en los momentos importantes de la temporada, junto a clásicos como Iñigo Landaluce, Haimar Zubeldia o Samuel Sánchez; y con corredores brillante que pueden hacer saltar la banca en cualquier momento, como Koldo Fernández de Larrea, Amets Txurruka o incluso José Agirre.

Todo ello envuelto en una filosofía de ataque, de escuadra protagonista en carrera. La filosofía de Igor Galdeano, su particular equipo naranja, que tendrá su prueba de fuego en este 2008.

Haimar Zubeldia, sin levantar los brazos (y II)

Tras su gran Tour de 2003, Haimar dio su salto de calidad definitivo. Fue tentado por otros equipos, extranjeros en su mayoría, para unirse a ellos y dejar Euskaltel. Finalmente, dijo no a todas las ofertas para quedarse en su equipo de toda la vida, mirando a 2004 con la ilusión de entrar en el podio del Tour.
Volvió a repetir la fórmula de 2003, centrándose en el calendario español. Séptimo en Alcobendas, tercero en Asturias, quinto en Bicicleta Vasca… los triunfos no llegaban, pero los presagios eran buenos. Sin embargo, todos estos presagios se derrumbaron en Wasquehal, donde tanto él como Mayo cayeron al suelo, se atrancaron en los difíciles tramos de pavé dispersos durante la etapa y finalmente perdía cuatro minutos en meta. Acabó abandonando, derrotado, en Plateau de Beille. Después acudió a la Vuelta a España, donde realizó un gris papel (40º).
28 años ya. 2005 era el año de la reivindicación, debía ser el año de Haimar: el año de demostrar que 2004 era un bache, que él seguía siendo tremendamente bueno. Hubo cambio de fórmula para preparar el Tour, usando el Giro de Italia para ello y sacrificando la Vuelta a España. En Italia hizo un papel gris (49º), pero todo era un compás de espera hasta la gran ronda francesa. Durante ella, los focos se centraron en su compañero Iban Mayo, que fracasó estrepitosamente quedando en un insignificante 60º lugar. Haimar, por su parte, hizo una carrera de menos a más que le valió un décimo quinto lugar que no pasará a los anales de la historia pero que, en aquel momento, le sirvió para reafirmarse como corredor. Un séptimo lugar en la Clásica de San Sebastián terminó de conformar otro año gris.

En 2006 Haimar tomó el modelo Lance Armstrong, o el modelo de no competir apenas hasta el Tour. Octavo en Bicicleta Vasca, décimo en Castilla León. De nuevo poco bagaje en la salida de la gran ronda francesa. Y ahí realizó una buena actuación, superando el nivel de todos los años anteriores salvo 2003: una regularidad extrema (en las jornadas clave jamás superó el séptimo lugar, pero nunca bajó del vigésimo) le llevaron al noveno puesto de la general final (octavo si “descalificamos” a Floyd Landis). La Vuelta a España, nuevamente gris (34º), cerró una buena temporada en lo que respecta al Tour, pero que resultó más movida en invierno que en verano.
Y es que ese año 2006 se vivió una auténtica revolución en Euskaltel, con la llegada a la cúpula deportiva de Igor Galdeano… y la salida de Julián Gorospe. Galdeano llegó con intención de limpiar el corral, un corral lleno de gallos acomodados cuyo rendimiento estaba por debajo de lo que podían dar. Nadie tuvo su hueco asegurado, y se cayeron del equipo pesos pesados como Iker Camaño o, sobre todo, Iban Mayo. Haimar no tuvo resuelto su futuro hasta bien entrado noviembre, cuando accedieron a renovarle tanto a él como a su hermano.
Así, llegó a 2007 con 30 años y con la intención de que “se verá a otro Haimar”. Esto es, anunciando una mayor combatividad por su parte. De nuevo focalizó su temporada en Tour y Vuelta, pero esta vez preparándose en el calendario internacional, donde apenas sí consiguió buenos resultados; lo mejor, octavo en el GP Paredes portugués. De nuevo, Haimar llegó a la salida del Tour de Francia con todo por demostrar. Y lo demostró: combativo, filtrándose en fugas, pero regular como siempre, firmó un destacado quinto lugar en París. Bordeó el triunfo en Loudenville (tercero tras Vinokourov y Kirchen), pero la victoria se le siguió resistiendo. Completó una Vuelta a España anónima una vez más (44º). Pero con el Tour fue suficiente.
Esta es la historia de Haimar Zubeldia, uno de los ciclistas españoles más conocidos y respetados del pelotón internacional. Todo ello a pesar de que sólo ha ganado dos veces… y en ninguna alzó los brazos en señal de victoria.

Haimar Zubeldia, sin levantar los brazos (I)

El ciclismo nunca dejará de tener historias sorprendentes. La de Haimar es una de ellas.

Este año ha cumplido diez temporadas como profesional. En esos diez años, Haimar Zubeldia (1977, Usúrbil) se ha hecho con un nombre dentro del pelotón profesional. No es un ciclista que levante excesiva expectación, pero siempre está ahí. Tres veces entre los diez primeros del Tour de Francia, numerosos buenos puestos en carreras de respetable categoría… y una alarmante falta de instinto ganador.

Ciclista precoz, pasó solamente dos años en Olarra sub 23 antes de fichar por Euskaltel con tan solo 20 años en 1998. Precedido por una fama de sufridor, de ser extremadamente regular, su primer año fue el típico de adaptación; un décimo primer lugar en la Vuelta a Murcia fue todo su bagaje. Al año siguiente, aún sin presión, realizó una excelente Volta a Cataluña, siendo décimo en la edición de la trágica muerte de Manuel Sanroma. Noveno también en la Vuelta a Burgos, sus 22 años le hacían prometer un futuro bondadoso a sus mentores. Al año siguiente, en 2000, Haimar dio un gran salto de calidad. Estrenó su palmarés en la Bicicleta Vasca, carrera donde, además de la general, se hizo con la contrarreloj de Mendaro ante su actual ‘jefe’ Igor González de Galdeano. Sus dos primeras victorias… y las únicas hasta el momento.
Pero la cosa no quedó ahí. Haimar se destapó a nivel internacional consiguiendo un maravilloso segundo lugar en el Dauphiné Liberé. En la carrera donde Euskaltel (que corría como equipo invitado y aún pertenecía a la Segunda División) se destapó como aspirante a equipo grande, con López de Munain consiguiendo el triunfo de su vida en la cronoescalada inaugural (con el correspondiente liderato), con el bloque mostrando una actitud combativa excelente… y con un Zubeldia inconmensurable que fue líder tras la llegada al Mont Ventoux y al que sólo un ataque en pareja de Tyler Hamilton y el legendario Lance Armstrong (compañeros en el US Postal aquel año) en Digne le Bains apartó de la victoria. Ese mismo año Haimar realizó otra actuación de campanillas con un destacable décimo lugar en la Vuelta a España dominada por Roberto Heras.
Todo esto le adjudicó galones en el equipo. Al año siguiente, 2001, pidió contar con su hermano Joseba junto a él y la posiblilidad de disputar Tour y Vuelta a pleno rendimiento, sin preocuparse de nada más. Su año no pudo ser más decepcionante para las expectativas creadas; desaparecido en las generales de las dos grandes que corrió, apenas un séptimo lugar en la Volta a Cataluña y su quinto puesto en una fuga de la Vuelta a España conformaron su pobre bagaje; sus directores, sin embargo, no perdieron la confianza en él… y acertaron.
2002, ya con 25 años, se presentaba como un año de maduración para Haimar Zubeldia. El mal desarrollo de 2001 hizo que el aficionado se preguntara si Haimar no sería una estrella fugaz más del ciclismo. Un mero bluf. Así, se presentó a principio de año con mucho que demostrar; y, aunque no deslumbró, si brilló: cuarto en Dauphiné Liberé (por detrás del tándem Landis-Armstrong y de Christophe Moreau), realizó un discreto Tour de Francia (39º) y remachó su temporada en la Vuelta a España, con un meritorio 11º lugar. Poca cosa para un superclase, pero un palmarés bueno para un corredor de clase alta. Había que seguir mejorando…
Tras el mediano año 2002 y ya con 26 años, Haimar Zubeldia se plantó en 2003 de nuevo con el deber de demostrar lo apuntado hacía ya tres años. Prescindió del calendario internacional para centrarse en el nacional: tercero en Murcia y segundo en la Cresta de Gallo, cuarto en la Bicicleta Vasca y segundo en Arrate… el triunfo se le resistía. Llegó al Tour de Francia en un momento de forma óptimo. Tercero en el prólogo, cuarto en la crono de Cap Découverte, en el top ten en cimas míticas como Luz Ardiden, Plateau de Bonascre y Alpe d’Huez… regularidad. Sólo la combatividad de Vinokourov y la exhibición de Hamilton en Bayona le privaron del podio, firmando finalmente un destacadísimo quinto lugar. A la par que su compañero en la jefatura de filas de Euskatel, Iban Mayo, se encumbraba en Alpe d’Huez y acababa sexto en la general. Después aprovechó el momento de forma del Tour para acabar tercero en la Subida a Urkiola tras Piepoli y Bruylandts.