Proseguir la estampida

Qué feliz era el porvenir de Juanjo Cobo este mes de septiembre. El ‘Bisonte de la Pesa’ acababa de triunfar en la Vuelta a España, una de esas victorias que cambian vidas y a veces también personas completas, consumando una estampida gloriosa que recompensaba su capacidad de superación y dejaba a sus piernas libres del yugo de su cabeza para mostrar el potencial, crudo, existente en ellas. Su particular ‘Jumanji’ (véase el número 27), sin embargo, se vio contrarrestado por uno en dirección contraria a cargo de la empresa de Geox, que tras un año de convulsa esponsorización decidió poner todos sus huevos en la cesta de la Fórmula 1 a costa de destrozar un gallinero muy rentable.

A pesar de la desastrosa noticia, de estar abocada a la desaparición la estructura que iniciara su andadura en el profesionalismo con el nombre de Saunier Duval, Cobo se mantuvo fiel a su amo como sólo saben hacerlo las fieras. Agarrado a que Matxin o Gianetti encontraran un clavo ardiendo, como David De la Fuente y otros excelentes corredores que se han visto obligados a colocarse como saldos en un mercado ya de por sí persa como el ciclista, el ‘Bisonte’ esperó mientras su mánager Antonio Sánchez Sabater lo dejaba querer y anunciaba periódicamente que su cliente disponía de prolijas ofertas.
Desvanecida las ilusiones de Matxin, un lacónico artículo en El País adelantó lo que hoy se ha confirmado: Movistar ha hecho un hueco en su plantilla para Juanjo Cobo. Eusebio Unzué, mánager de la escuadra telefónica, apelaba aquel día a una especie de responsabilidad social: “si Cobo no encuentra equipo, nosotros le acogeríamos”. A través de su aparente condescendencia, el técnico navarro hacía ver cierta contradicción interna, como si acogerlo fuera un favor al ciclista y no una prebenda del mercado de fichajes que, a través de la desgracia ajena, le había proporcionado una figura de primer nivel a precio de ganga.
Tal vez pensaba Unzué en el Cobo que había tenido en plantilla la campaña anterior. En 2010, el corredor cántabro padeció un periplo desolador por el entonces llamado Caisse d’Épargne. “Una espina clavada”. No terminó ninguna de las cuatro carreras ProTour en las cuales tomó la salida; su mejor clasificación fue un discretísimo 35º lugar en la general del modesto Brixia Tour italiano. Los técnicos de Caisse no cesaban de preguntarle. “¿Qué te pasa? ¿Qué te hace falta?”. Juanjo no funcionó; se marchitó lejos de Matxin, el biombo que le protegía de sus propias tempestades.
Una Vuelta a España después, es de esperar que todo haya cambiado. Cobo tiene un motivo menos para sus dudas, pues ya sabe de qué es capaz. En la carretera puede someter sin pestañear a ciclistas de caché muy superior; fuera de ella es motivo para la inspiración de todos los enfermos de abulia. En Movistar tendrá el ambiente ideal para consolidarse y un calendario ilusionante, con el redebut en el Tour y la defensa de su campeonato de la Vuelta a España. Su reto será proseguir su estampida lejos del influjo de Matxin; la capacidad de superarlo la lleva consigo, dentro de ese cuerpo de potencial inigualable y esa mente cuya actividad ha de manejarse con tiento.

Una excepción que puede ser un punto de inflexión

En un comunicado remitido a mediodía, la empresa Abarca Sports, encabezada por Eusebio Unzué y gestora del equipo Caisse d’Épargne, oficializaba la entrada de la telefónica española Movistar como nuevo patrocinador de la estructura navarra. Una gran noticia que llega quizá algo tarde pero… siendo la dicha buena…
Han sido días, semanas, meses de incertidumbre. En el artículo sobre la Clásica de San Sebastián resumíamos todos los rumores y certezas surgidos en torno al futuro de la formación bancaria: su alma máter, Unzué, no cesaba de pedir prórrogas y más prórrogas a los corredores del equipo para que no firmaran contratos con otros, se encontraba en negociaciones con diversas grandes empresas españolas que parecían dispuestas a aportar una parte del presupuesto necesario para mantener la escuadra en las carreteras. Se hablaba de un patrocinador confirmado que aportaría tres millones de euros. Hubo quien le puso nombre (Mahou) y origen (contactos de Juan Carlos Unzué, hermano de Eusebio y ex entrenador de porteros del FC Barcelona, que había conseguido el apoyo de la cervecera merced precisamente a través del club catalán). No había, sin embargo, certezas, comunicados oficiales. Sólo especulación.
Hoy se zanjó todo. Movistar entra en el ciclismo, una gran multinacional se involucra en el deporte de la bicicleta y marca al menos una excepción en la tendencia general de patrocinios que existía hasta ahora en el ciclismo español. Esta temporada, de los nueve equipos profesionales vinculados a nuestro país, dos se nutrían de capital extranjero y cinco de administraciones públicas. Sólo dos continentales, Caja Rural y Orbea, vivían del dinero de empresas privadas nacionales; y no precisamente de multinacionales, sino de compañías de tamaño medio. Movistar sí es una multinacional, la tercera empresa más importante del mundo en su sector con 300 millones de clientes, que querrá rentabilizar su patrocinio a nivel de publicidad directa… y, sobre todo, de ‘publicity’.
La ‘publicity’ es una técnica de notoriedad de nuevo cuño; por decirlo de alguna manera, la hija estudiosa de publicidad y medios de difusión. Se trata, a grandes rasgos, de hacer presente el nombre de la marca en los medios de comunicación a través de informaciones sobre la empresa relevantes para el interés público. Un patrocinio deportivo efectivo es un método de ‘publicity’ por excelencia; el patrocinio ciclista, en el cual el nombre de la empresa patrocinadora es también el nombre del equipo, quizá el mejor entre los deportivos para esta técnica. En 2011, una victoria de un ciclista del equipo Movistar reportará la presencia de la compañía telefónica entre las noticias de los principales diarios del país. Una presencia que será, por otro lado, insobornable toda vez que Movistar es una de las principales anunciantes del mercado español y nadie querrá hacerle un feo a quien, a fin de cuentas, paga parte de su presupuesto. Una presencia que no será solo para Movistar, sino también para el ciclismo en general.
El ciclismo es un auténtico filón por explotar en la publicidad moderna. Transmite tradicionalmente una imagen de esfuerzo y sacrificio extremos, deseable para muchas sociedades. Por desgracia, esta buena circunstancia se ha visto opacada durante la pasada década por la malísima sensación emanada de la lacra del dopaje que tanto ha perseguido al deporte de las dos ruedas. Ahora, ésta se ha diluido para dejar paso a otra de innovación técnica y excelencia tecnológica, razón por la cual empresas como Garmin, CSC o, más recientemente, Geox, se han animado a invertir en este deporte. Algo que, sin duda alguna, habrá pesado en la decisión del Grupo Telefónica de apoyar a la estuctura navarra.
La inversión es, además, muy baja en comparación con la requerida por otros deportes. Si hay copatrocinadores, ocho millones de euros serán suficientes para que Movistar mantenga la estructura de Unzué, menos de los diez que le costó el equipo de motociclismo en 2005. Una operación, esponsorizar a uno de las mejores escuadras ciclistas del mundo por ocho millones de euros, comparativamente más rentable que los dos millones anuales que cuesta a la sociedad presidida por César Alierta aparecer en la camiseta del Real Zaragoza, club de fútbol de la zona media de Primera División española, en un patrocinio de impacto bajísimo.
En el aspecto deportivo, la confirmación de la noticia llega al seno de Caisse d’Épargne un poco tarde. El bloque de cinco ciclistas franceses que había en plantilla se ha buscado en su totalidad su futuro fuera del equipo navarro, una baja quizá deseada dentro del ‘staff’. El resto de integrantes valiosos de la escuadra, por su parte, habían entablado contactos con otros conjuntos de nivel ProTour que ahora deberán deshacer para continuar junto a Eusebio Unzué: David Arroyo esaba relacionado con Liquigas, Vasil Kyrienka con Astaná, Rigoberto Urán y el director Neil Stephens con Sky… y otros como José Joaquín Rojas o Luis León Sánchez parecían tener un compromiso total a falta de firma con Garmin y Rabobank, respectivamente. De su voluntad dependerá su futuro ya que, salvo en el caso de Urán, a todos les expira el contrato este invierno.
La base de la plantilla del Team Movistar en 2011 estará formada, según informaba Diario de Navarra esta mañana, por ocho corredores con contrato en vigor (Plaza, Brusheghin, Iván Gutiérrez, Soler, Rui Costa, Madrazo, Amador y el antes mencionado Urán) y cuatro incorporaciones práticamente confirmadas. Da las incorporaciones se mencionaban dos: Branislau Samoilau, potente bielorruso de Quick Step, apto para todos los terrenos y futuro gregario de valor, y Beñat Intxausti, corredor vasco que confirmó ayer su salida de Euskaltel. La buena relación de su mánager Antonio Vaquerizas con Eusebio Unzué debe haber sido clave en la operación que llevará al zornotzarra a ser uno de los líderes del nuevo Team Movistar.
Quiénes serán sus compañeros es una incógnita que deberá resolverse en el próximo mes y que, en este momento, no preocupa demasiado. La resolución de todos estos problemas puede esperar una vez que los gerfialtes 😉 factótum de Caisse d’Épargne se han llevado la gran alegría de un año repleto para ellos de sinsabores, desde la sanción de Valverde hasta un Tour de Francia del cual volvieron de vacío. Una gran alegría, por qué no decirlo, compartida por el resto del mundo del ciclismo. Y particularmente por el español, que ve por fin aparecer un gran patrocinador en su escena en lo que, de ser exitosa la experiencia de Movistar, podría ya no ser una excepción, sino un punto de inflexión.

El brillo convertido en mate

Cuanto más altas son las expectativas más posible es que todo acabe en decepción. Es una norma universal y en el ciclismo se cumple a rajatabla; para algo este deporte es parte del universo. Podríamos citar casos y más casos de corredores que no satisfacen las grandes esperanzas depositadas en ellos. Algunos acaban como juguetes rotos, retirados a los pocos años de debutar en profesionales. Otros duran más campañas en la élite, pero lo hacen con más pena que gloria; hipotecan su temporada entera por días puntuales de gloria que los sitúan efímeramente en una suerte de purgatorio del cual podrían subir al cielo… pero finalmente caen de nuevo al abismo de la mediocridad. Luego están los que se reciclan. Son esos ciclistas cuyo futuro parece tan brillante… que cuando su carrera profesional no es la de una estrella sino la de un esforzado de la ruta, aún siendo tan respetables como el que más… resultan un poco decepcionantes. Sobre todo cuando se piensa en aquellos días pretéritos, cuando parecía que su progresión no tenía techo y se les comparaba con los más grandes…

A José Iván Gutiérrez Palacios (1978, Hinojedo – Cantabria) se le equiparaba en su día con Miguel Indurain. Alimentó la analogía su primer director en profesionales, el polémico Manolo Sáiz, cuando le llevó al Tour de Francia de 2000 con apenas 21 años. Era lo mismo que hicieron en su día Eusebio Unzué y José Miguel Echavarrí con el extraterrestre navarro, cuyas primeras participaciones en la gran ronda francesa duraron en 1985 y 1986 cuatro y ocho etapas, respectivamente.
La presencia de Gutiérrez en el ‘nueve’ de la potente ONCE – Deutsche Bank era justificada por Sáiz con otro argumento, aparte de la experiencia que supondría para el corredor cántabro. Iván (no le pongamos el José delante; ese nombre no le pertenece, simplemente se lo adosó en el Registro Civil la manía del cura de su pueblo) iba a ese Tour para ayudar al equipo en la contrarreloj por equipos del cuarto día en Saint-Nazaire. “Y cuando le veamos cansado, cuando se vea que no recupera de un día para otro, pues a casa“. Ese momento llegaría en la 11ª etapa, camino de Revel.
Antes tuvieron lugar aquellos setenta kilómetros de lucha por escuadras. En ellos el conjunto amarillo arrasó, distanciando en casi medio minuto a US Postal y en más de uno a Telekom. Parte de culpa en este triunfo sobre los dos bloques más potentes de aquel Tour la tuvo, sin duda, Iván. El corredor de Hinojedo llevaba ya un tiempo apuntando alto, muy alto; concretamente, desde la contrarreloj sub23 de los Mundiales de Treviso de 1999, donde acudió sin apenas presión y volvió con un oro colgado del cuello. En su primera campaña con los profesionales, poco antes de tomar parte en el Tour, se proclamó por primera vez campeón de España contra el crono en Murcia imponiéndose a ciclistas consagrados como David Plaza o el actual director deportivo de Euskaltel Álvaro González de Galdeano. La confianza depositada en él por Sáiz estaba, sin duda, completamente justificada.
Iván permaneció un año más junto al preparador cántabro, consiguiendo varios triunfos individuales, completando por primera vez el Tour de Francia y proclamándose campeón de España en ruta. El globo del corredor de Hinojedo se había hinchado; acababa su contrato y fue la auténtica golosina en el mercado para todos los equipos de primer nivel. Se lo llevaron Echavarrí y Unzué a Banesto, viendo en él un reflejo de aquel Indurain que condujera al equipo navarro a su época dorada, o de aquel Olano que les había reportado su última gran ronda por etapas con la Vuelta a España de 1998. A día de hoy, Iván no ha abandonado aún la mítica estructura bancaria.
Echavarrí y Unzué decidieron en los primeros años que era pronto para exponerlo a la presión de las grandes citas y le configuraron un calendario de carreras de segundo nivel que resultó fructífero desde el punto de vista de los resultados. Consiguió muchos puestos de honor, pero pocas victorias que en su mayoría fueron de escaso calado. Un éxito en el Giro dell’Emilia frente a grandes como Bettini, Bartoli, Rebellin ó Casagrande destapó en él cualidades de clasicómano ocultas hasta ese momento. También tuvo el honor de que su triunfo en la Escalada de Montjuic de 2003 fuera el último conseguido por Banesto como espónsor principal.
La esperada progresión de Iván hacia el estatus de superclase de nivel mundial, sin embargo, se ha ido retrasando y ya parece imposible que aparezca. Aunque ha ganado y realizado actuaciones de mérito, el cántabro no ha llegado a explotar. Sus cualidades de contrarrelojista no se han desarrollado hasta el esplendor esperado. Su segundo puesto en los Mundiales CRI de Madrid 2005 y los cuatro entorchados como campeón de España de la disciplina ostentados durante durante su carrera no deben ocultar otra realidad: sólo ha ganado ocho contrarrelojes desde que es profesional. Escaso bagaje para alguien que apuntaba ser el mejor contrarrelojista nacional de la década y que, de hecho, seguramente lo sea. Pero en este título tiene mucho que ver la escasa cantidad y calidad de croners alumbrada en España este principio de siglo.
A cambio de este desempeño algo romo en la que se supone sería su especialidad, Iván Gutiérrez ha tenido un buen rendimiento en otros aspectos. Sus cualidades de clasicómano se han hecho notar en más de una ocasión. También una cierta punta de velocidad que le ha reportado varios triunfos en ‘volatas’ de grupos pequeños. Ha hecho incursiones con éxito incluso en terrenos a priori poco propicios para él como la montaña, tal y como sucedió en el Tour del Mediterráneo de 2006, donde se impuso en el Mont Faron. Ha conseguido triunfos en generales de vueltas por etapas como el Eneco Tour de Benelux (dos veces) ó el citado Tour del Mediterráneo. Pocas para quien se suponía sucesor de Indurain, pero bastantes para cualquier otro ciclista sin tanta aureola previa. Y, en las últimas campañas, su labor como gregario en favor de los líderes de Caisse d’Épargne ha sido notable.
La vida ciclista de Iván Gutiérrez no se puede juzgar en ningún caso como vulgar. A pesar de que el corredor cántabro nunca haya llegado (ni llegue) a colmar las expectativas creadas en torno a él en los albores de su vida ciclista, será un error afirmar que su carrera profesional ha sido mediocre. La imagen que la resuma no podrá revelarse jamás en blanco y negro, aunque no poseerá el brillo que parecía destinada a tener en un principio. Será una fotografía sencilla. Con acabado mate.

> Perfil de Iván Gutiérrez en CQ Ránking

Caisse d’Épargne, un año más a por las Grandes

Primera parte: 4 de Enero, Arueda.com
Segunda parte: 5 de Enero, Arueda.com

Después de once años de sequía, Caisse d’Épargne volvió a adjudicarse una Gran Vuelta en 2009 de la mano de Alejandro Valverde. Fue su retorno a la senda donde caminaron durante mucho tiempo, y todos sus movimientos en el mercado de fichajes van orientados a seguir en ella.
Once años sin ganar una Gran Vuelta eran ya demasiados. Más para una estructura como la dirigida por Eusebio Unzué (otrora en comandita con José Miguel Echavarri), cuya ascendente ha sido siempre la de competir por la victoria en las carreras de tres semanas. Desde los primeros años del ya mítico Reynolds de Ángel Arroyo hasta la época de finales de los 90 con Olano, Zülle y el Chaba Jiménez en plenitud, pasando por supuesto por la época dorada de los Banesto de Perico Delgado y Miguel Indurain. Sin embargo, con el cambio de siglo esta tendencia triunfadora se perdió. Los proyectos de vueltómano con los que se contó en plantilla desde entonces no llegaron a cuajar como ganadores dentro del equipo bancario. Fue el caso de, entre otros, Unai Osa, Santi Blanco, Francisco Mancebo ó Denis Mechov; y, más recientemente, de Óscar Pereiro y Vladimir Karpets.

Parecía ser también el caso de Alejandro Valverde. Desde su llegada en 2005 a la estrctura, entonces patrocinada por Illes Balears, se le intentó encaminar hacia la disputa de grandes rondas a pesar de sus prometedoras condiciones (luego refrendadas) para las clásicas. La impresionante victoria conseguida por el murciano en la décima etapa del Tour de 2005, derrotando en la cima de Courchevel al heptacampeón Lance Armstrong, vino a respaldar este propósito de Echavarri y Unzué. Sin embargo, todo lo que sucedió después lo desavaló. Los éxitos de Valverde en las clásicas (resultó ganador en Flecha Valona’06 y Lieja’06 y ’08) llevaban aparejadas decepciones en las carreras de tres semanas, como la Vuelta que perdió ante Vinokourov in extremis en 2006 ó los mediocres resultados en las generales de los Tour de 2007 (sexto) y 2008 (octavo).

Alejandro Valverde, líder e incógnita

Por todo esto, el maillot oro conseguido por Alejandro Valverde en la Vuelta a España 2009 tiene un significado especial: devuelve las mieles del éxito en una Grande al equipo bancario, después de que éste las saboreara por última vez en la Vuelta de 1998 gracias a Abraham Olano. Además, las características y circunstancias del murciano dan a la historia un toque especial; de hecho, Eusebio Unzué reconoció en Meta2Mil que ganar la Vuelta con él era “un reto personal”. Fue el propio director navarro quien nos contó en primera persona las ambiciones de Alejandro para 2010: “Será nuestro jefe de filas en el Tour, donde peleará por el podio. Espero que su comportamiento y el posterior resultado en la última Vuelta a España cambien su mentalidad de cara a las carreras de tres semanas y le hagan más fuerte”.
La cuestión reside, precisamente, en si será capaz de mostrar en el Tour de 2010 la misma solidez y vigor que le encumbraron en la Vuelta del año pasado. Y también si será capaz de discutir de tú a tú en la ronda francesa con otros tres superclases camino de convertirse en míticos (alguno de ellos ya lo es) como Alberto Contador, Lance Armstrong y Andy Schleck. Parece complicado. Alejandro es muy fuerte, y brillante. Pero para conseguir un puesto de honor en el Tour hay que ser algo más. Más regular, más consistente.
El resto de la temporada de Alejandro repetirá en cierto modo el esquema de los últimos años. “Va a iniciar la temporada en enero con el Tour Down Under. La idea es seguir con París – Niza y disputar después País Vasco ó Catalunya. El primer ciclo se cerrará a finales de abril con las clásicas. Después, seguramente tomará parte en Dauphiné para preparar el Tour”. Después, siempre según el propio Unzué, Valverde se exprimiría un poco más para estar en la salida de la Vuelta a España, aunque quizá no en condiciones para defender con éxito su vigente campeonato en la misma. Pero siempre sin perder de vista que el gran objetivo del año es el Tour de Francia.

Unos refuerzos con la vista puesta en el Tour

Los fichajes realizados por Caisse d’Épargne tampoco se apartan demasiado de esta premisa. Si bien entre las seis bajas de la escuadra hispano-francesa se incluyen algunas especialmente apreciables para esta misión como la el ganador del Tour’06 Óscar Pereiro (a Astaná) o las del bronce mundialista Joaquín Rodríguez y el madrileño Dani Moreno (que se marchan a Katusha y Omega Pharma para ser jefes de filas), éstas quedan de sobra compensadas con cinco altas de mucho valor como son Rubén Plaza (Liberty), Juanjo Cobo (Fuji), Juan Mauricio Soler (Barloworld), Christophe Moreau (Agritubel) y Marzio Brusheghin (Lampre).

Todos ellos eran líderes en sus anteriores equipos. La duda parece evidente: ¿aceptarán adquirir un rol secundario? “La temporada es muy amplia, hay objetivos para todos. Habrá momentos en que serán grandes gregarios y otros en los que serán líderes”. Como caso paradigmático, Unzué cita a Brusheghin, que “correrá el Giro con mentalidad de líder y luego será gregario en el Tour”. En principio, Cobo, Soler y Brusheghin tienen confirmada en su calendario la gran ronda francesa; Moreau permanece en duda, por cuanto su nivel deportivo dista ahora bastante de aquel ágil contrarrelojista que quedara a las puertas del podio en el Tour del año 2000. Por su parte, Rubén Plaza tampoco parece tener en sus planes la ‘grande boucle’.

Rubén Plaza, el regreso del hijo dos veces pródigo

Posiblemente el fichaje más llamativo de Caisse d’Épargne sea el de Rubén Plaza. No se trata ni mucho menos de un asunto de calidad, algo que el alicantino posee a raudales, sino más bien de una relación profesional bastante peculiar con esta estructura. Plaza debutó en profesionales con ella cuando llevaba el nombre de iBanesto.com en 2001, y permaneció en sus filas durante tres años en los cuales apenas pudo rendir por problemas de espalda. Aún así, fue capaz de anotarse un Campeonato de España (2003) que le valió la confianza de Vicente Belda, quien le incorporó al añorado Comunidad Valenciana – Kelme, donde se mantuvo tres temporadas adquiriendo un apreciable palmarés, experiencia… y una sombra sobre su vida deportiva, al verse implicado de refilón y sin merecerlo en la triste Operación Puerto.
En 2007, Eusebio Unzué le reincorporó a su equipo, ya por aquel entonces con el patrocinio de la Caisse d’Épargne; tuvo que dejarle ir al final de la temporada. La sospecha y la hipocresía del mundo ciclista pesó más que sus buenos resultados (ganó la Vuelta a La Rioja), su gran calidad y las repetidas ocasiones en que Eufemiano Fuentes le exculpó públicamente de ser su cliente. Ahora, después de un periplo de dos años en Portugal, Plaza vuelve a Caisse gracias a “un documento emitido por la RFEC donde se da fe de que está completamente libre de sospecha de ningún asunto de dopaje”. En su temporada de regreso a la élite, Unzué espera “aprovechar sus grandes cualidades en objetivos mayores, a su medida. Por ejemplo, en la Vuelta a España podría asumir el papel de líder del equipo”.

Una plantilla fuerte… y prometedora

Al flanco de Valverde y los cinco fichajes hay un grupo de corredores que atesoran una calidad imponente. El murciano Luis León Sánchez, ganador de la París – Niza y una etapa en el Tour el año pasado, tomará los galones del equipo en la Vuelta a España junto a Rubén Plaza. Otro murciano, José Joaquín Rojas, augura un salto de calidad que le llevará a convertir parte de sus numerosos puestos de honor en flamantes victorias. José Iván Gutiérrez, por su parte, intentará recuperar el estado de forma que le llevó a ser considerado mucho tiempo como el mejor contrarrelojista de España. Hay también cazaetapas consolidados como Pablo Lastras, Vasil Kiryienka ó Chente García Acosta, y un bloque de gregarios para la montaña que ha demostrado de sobra su solidez: David Arroyo, David López, Alberto Losada, Luis Pasamontes, Xabi Zandio…
Pero, sobre todo, hay un grupo de jóvenes que son la envidia del pelotón mundial. Unzué se refiere a ellos con cautela: “tienen calidad. Pero no se puede poner velocidad a su progresión, simplemente cada año irán evolucionando. A corto plazo alguno de ellos y a largo el resto podrán hacer cosas importantes”. Esta cuadrilla viene liderada por el colombiano Rigoberto Urán, proyecto de ganador del Tour de Francia, que ya el año pasado destacó en la ‘grande boucle’ con sólo 22 años y esta temporada acudirá al Giro sin ataduras ni límites. A su estela están el ‘killer’ portugués Rui Costa, el potentísimo costarricense Andrei Amador, el pundonoroso escalador francés Arnold Jeannesson y el proyecto de superclase cántabro Ángel Madrazo. El futuro asegurado…
Precisamente sobre el futuro versó nuestra última pregunta a Eusebio Unzué. ¿Hasta cuándo está firmado el patrocinio de la Caisse d’Épargne? “Acaba en 2010, nos sentaremos a negociar pronto para garantizarnos la supervivencia de la escuadra más allá de esa fecha”. Económicamente, aún no está todo atado, aunque la tranquilidad de Unzué denota la seguridad de que no habrá problema para que la historia de la estructura siga adelante. La Historia va mucho más allá de las incógnitas de Valverde ó el futuro de unos jóvenes maravillosos. Con esta son ya 31 temporadas en la carretera, que incluyen la friolera de seis Tours de Francia ganados. La Historia, y la tradicional querencia de esta escuadra por las grandes vueltas, no puede sino seguir adelante.