Cavendish se impone el arcoiris en el velódromo danés

Mark Cavendish se proclamó campeón del mundo en una prueba marcada absolutamente por su recorrido, que favoreció la determinación de una Gran Bretaña que leyó acertadamente la carrera, trabajó a destajo y propició la inmaculada victoria de su líder.

Inició la prueba, se formó la habitual fuga quijotesca y el combinado británico se situó en cabeza del pelotón. A tirar para controlar una escapada donde se habían filtrado siete corredores de cierto nivel, entre otros un español de carné (Pablo Lastras), uno de adopción (Oleg Chuzda, ucraniano de Canet) y un francés (Anthony Roux). La Alemania de Greipel echaba una mano, pero el peso de la carrera recayó sobre una Gran Bretaña que no rehuía la responsabilidad; al contrario, parecía deseosa de tomarla. De hecho no la soltó hasta que, a menos de cuatro kilómetros de meta, se quedó sin elementos. En esos instantes de debilidad surgió para compensar sus carencias Australia, una aliada perfecta. Los oceánicos recibieron justo premio a su desempeño con la plata de un Matthew Goss cuyo aparente mal estado de forma había apartado de los pronósticos.
El recorrido fue el factor clave del Mundial. El trazado, sinuoso y estrecho en alguna de sus partes, hizo presagiar una gymkana; ciertamente, eliminó a Hushovd en una de esas caídas que perjudican principalmente a quien comete el demérito de circular demasiado mal colocado. Por otra parte el perfil, exagerado por la perspectiva, mostraba un total de tres subidas; ninguna tenía entidad.
Más que un circuito mundialista, la ruta danesa era un velódromo donde los profesionales podían desarrollar sin apenas pestañear velocidades medias superiores a los 45 kilómetros por hora. Ése es un terreno donde los británicos se sienten como peces en el agua. No en vano, el grueso de su cuerpo técnico se formó en el velódromo y seis de sus ocho ciclistas tienen experiencia internacional en disciplinas de pista. Incluso Cavendish vestía un mono y portaba un casco híbrido, materiales a medio camino entre el ciclismo techado y el de aire libre.
Había poco que hacer ante la arrolladora superioridad británica en este terreno; sólo esperar y encomendarse en un acto de fe a que apareciera un velocista capaz de derrotar a ‘Manx Express’. Aun así, hubo quien tuvo arrestos para resistirse a asentir. Como quien ve un oasis en mitad del desierto, hubo quien percibió en la recta de meta una cota donde romper la carrera, aunque lo cierto es que no era más que un repecho, una cuestecita urbana. Allí dejó Italia las fuerzas de los Gavazzi, Visconti o Paolini, quienes aumentaban el ritmo en cada paso buscando fisuras en los británicos. También se la jugaron desde lejos Francia (Voeckler, el citado Roux) y Bélgica (Van Summeren, Kaisen); apenas consiguieron crear una ligera emoción y ganarse cierta honra. El resto, cabezas de cartel como Cancellara o Gilbert incluidos, decidieron guardarse hasta la recta de meta.
El único momento en el cual cesó el dominio británico sobrevino a unos cuatro kilómetros de meta. Un Bradley Wiggins magnífico en el día de hoy se apartó, dejando a sus coequipiers Ian Stannard y Geraint Thomas con la misión de cubrir a Cavendish la distancia restante hasta meta. Era imposible realizar ese trayecto en cabeza y, con buen juicio, se apartaron para obligar a cualquier otro combinado a hacer la labor. Australia tomó el testigo, mientras la inercia de los gregarios colocando a sus velocistas en posición ventajosa contribuía al vértigo general.
Fue en ese momento cuando España realizó el que sería su único movimiento de valor en los kilómetros finales, convertido en error por las circunstancias. A dos kilómetros de meta, Juan Antonio Flecha avanzó hasta cabeza del grupo con Óscar Freire a su rueda para colocarlo en la práctica ‘pole position’. Cuando cesó en su esfuerzo, a falta de algo más de 700 metros para el inicio del repecho final, Freire quedó totalmente expuesto. Faltó en ese momento un hombre de apoyo para el cántabro, pero Rojas tiene una impericia posicional preocupante y Reynés se había caído unas vueltas antes, junto a Hushovd, viéndose forzado a abandonar. Freire se quedó solo, con decenas de poderosos esprinters que aguardaban agazapados a su rueda a que él tragara viento en la segunda posición del pelotón, apenas cubierto circunstancialmente por un Chris Sutton que bregaba en favor de Matthew Goss. Una vez éste se apartó, el tres veces campeón del mundo quedó cara al aire y se escoró hacia el lado izquierdo de la calzada despidiéndose de su cuarto arcoiris.
A su derecha se desató la ‘volata’. Heinrich Haussler inició el lanzamiento con el jovencísimo eslovaco Peter Sagan y su líder Goss a rueda. Circulaban pegados a la barrera, dejando apenas un pequeño hueco que tapaba Daniel Oss, sacrificado infructuosamente en pos de Daniele Bennati. Cuando el rubio italiano abrió la puerta, Cavendish cruzó el umbral. Goss tuvo la oportunidad, apenas dos o tres segundos, de cerrársela; no se decidió, prefirió esperar que ‘Manx Express’ le rebasara para coger su rebufo, y erró.
Finalmente, Cavendish hizo valer el meticuloso trabajo de su selección para imponerse al australiano, quien acabó lanzado pero no lo suficiente. Ocupó el tercer cajón un André Greipel portentoso, que inició la ‘volata’ pésimamente colocado y fue el más rápido en los 100 metros finales, birlando por apenas medio tubular el bronce a un Fabian Cancellara que, bruto como acostumbra, esprintó sentado. Se consumó así un podio formado por ciclistas cuya explosión deportiva sobrevino en el próximamente difunto HTC – HighRoad, auténtico dominador de la suerte suprema del esprint en los últimos años. Su testigo viajará, junto con Cavendish y el maillot arcoiris, al galáctico Team Sky.

Foto: Cyclingnews
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El mérito de Omega Pharma

Concluye la primera parte del Tour, esa cuya tónica de nervios ha adelgazado indeseablemente el pelotón de favoritos para la general, y las escuadras cuyas miras estaban puestas en esta parte de la carrera rinden cuentas y hacen balance. Quick Step se retira entre silencio taurino, mientras Vacansoleil recibe aplausos de simpatía y Katusha pitos de decepción alentados por el positivo [cuando menos atípico, similar al de Mosquera] de Kolobnev. HTC cuenta tres trofeos conseguidos por su primer espada Cavendish; Garmin aún paladea su excelente inicio. Pero si hay un triunfador, al menos por mérito, ése es Omega Pharma.

Digamos que la dinámica de un equipo ciclista como grupo humano se maneja en tres planos: circunstancias estructurales, convivencia y carrera. Omega Pharma tenía las tres en contra al inicio de este Tour de Francia. La anunciada escisión de la escuadra, circunstancia estructural, perjudicaba seriamente a una convivencia ya de por sí difícil por el ego del superclase Philippe Gilbert y la obligación de compatibilizar su inmenso talento deportivo en carrera con el de otros dos líderes como Jurgen Van den Broeck y André Greipel.
Es por ello que el comportamiento de la escuadra farmacéutica se antojaba impredecible. El inmenso estado de forma de Gilbert podía ser un obstáculo para el rendimiento de sus coequipiers, que trabajaron religiosa y satisfactoriamente en su victoria en el Mont des Alouettes: la victoria une. Sin embargo, en los días siguientes la ambición egoísta y desmesurada del valón bajó la eficiencia del conjunto y provocó malestar en Greipel: la derrota divide. El alemán no entendía cómo un coequipier suyo podía plantear la ‘volata’ a su aire en lugar de intentar ayudarle a derrotar a su archirrival Mark Cavendish, tal y como establecían las directrices del ‘staff’. A resultas de ello, ‘Hulk’ y su fiel gregario Marcel Sieberg solían circular ajenos a la defensa del maillot amarillo portado por Gilbert realizada por el resto de equipiers de Omega Pharma. Luego fue Van den Broeck el agraviado, ilógicamente neutralizado en el Mûr de Bretagne por Gilbert cuando su tímido acelerón tenía visos, si no de campeonar, sí de prosperar. Estas visicitudes llegaron a trascender al público, que percibió el viciado ambiente que se vivía en una escuadra a punto de partirse definitivamente a pesar de que Gilbert anunciara su intención de trabajar para Greipel…
Pero, si las derrotas suelen dividir al grupo humano, las dificultades comunes tienden a unirlo. Eso sucedió en el seno de Omega Pharma. A la desgraciada y temprana retirada del voluntarioso Jurgen Van de Walle se unieron en la novena etapa los percances de otro gregario como Frederik Willems y, sobre todo, de Van den Broeck, referencia de la escuadra de cara a la general y con gran arrastre entre sus compañeros por un carácter y unas dotes de liderazgo trabajadas en el psicólogo. Fue el ‘clic’ que necesitaba el grupo humano para reactivar su espíritu. Sólo quedaban seis corredores de gris, rojo y verde en carrera y había un amarillo por defender. En pos del mismo tiraron del pelotón buscando neutralizar la fuga que finalmente llegó a meta para aupar a Voeckler a la primera posición de la general.

La siguiente etapa, la décima, supuso una inflexión para el espíritu del mermado grupo de Omega Pharma. Ese día supieron conjugar la inconmensurable ambición de Gilbert con las opciones de Greipel. Aprovecharon una cota cercana a meta para endurecer la carrera y lanzar al valón, deseoso de protagonismo y victoria, por delante. Ello provocó el desgaste de los bloques del resto de velocistas, mientras Greipel viajaba cómodo junto a Sieberg y Roelandts, aprovechando además su inapreciado talento para la subida, superior al de muchos de sus competidores. Una vez neutralizado el insistente Gilbert, ‘Hulk’ jugó sus bazas en el esprint saliendo de la rueda de Cavendish y consiguiendo una victoria de valor triple por cuanto significaba un triunfo revindicativo de su capacidad de brillar en grandes escenarios, una revancha ante un viejo enemigo y también una redención para Omega Pharma, que vio a su egocéntrico líder celebrar puño en alto la victoria de su compañero e incluso realizar unas declaraciones para certificar el cambio de dinámica vivido en el seno de la escuadra. Las circunstancias estructurales seguían siendo contrarias, pero al menos carrera y convivencia parecen haber mejorado sensiblemente.
A partir de hoy, con la llegada del terreno montañoso, el papel de Omega Pharma en el Tour de Francia será seguramente algo más opaco aunque Philippe Gilbert anuncia su intención de mantenerse involucrado en carrera para ver hasta dónde puede llegar disputando la general, buscando quizá cumplir los augurios de Lucien Van Impe y Bernard Hinault cuando le definían este invierno como “capaz de ganar una gran vuelta”. La asunción generalizada, sin embargo, es un cambio de protagonistas radical desde este bloque de Pirineos a iniciar este jueves con el final en alto en Luz Ardiden (previo paso por el Tourmalet), continuando el viernes con la subida al Aubisque y terminando el sábado con la temible etapa de Plateau de Beille (con cinco puertos más por el camino).
Cómo van a transcurrir estos días es una incógnita de difícil resolución. Cadel Evans y los hermanos Schleck parten en principio con ventaja respecto del resto de grandes favoritos y planean su táctica como una defensa de su posición. El magullado Alberto Contador, cuya rodilla ha llegado a alentar rumores de retirada, parece destinado a moverse mientras un Samuel Sánchez persistente en la discreción promete ayuda al superclase madrileño y los italianos Iván Basso y Damiano Cunego se antojan igualmente discretos pero no tan deseosos de ceder sus pedaladas al pinteño. Más enigmático es el rendimiento de Robert Gesink y Andreas Klöden, mermados por las caídas pero bien colocados en la clasificación y con dos españoles (Luis León Sánchez y Haimar Zubeldia) prestos para tomar sus galones en caso de que sus problemas físicos les obliguen a cederlos. Desde hoy, los Pirineos desatarán la verdadera lucha por la general y enterrarán historias de la primera semana como el mérito de Omega Pharma.

Esprinters 2011: todos contra el rey Cavendish

Después de una época de estancamiento, las ‘volatas’ han vuelto a ser lo que eran. Habían pasado unos años donde el esprint, una de las especialidades “reinas” del ciclismo junto a la montaña y la contrarreloj, adolecía de referencias claras y expectación. La generación de esprinters surgida tras Mario Cipollini y Erik Zabel, con los Petacchi, McEwen, Hushovd, Freire… se eternizaba en su estatus dominante. No llegaba una nueva capaz de derrocarla o, al menos, discutirle su supremacía: apenas un Boonen cuyo principal interés no era el esprint y puntuales apariciones de Bennati, Furlan o Förster ponían una nota de juventud y cambio en el panorama de la velocidad.
Entonces, en julio de 2008, apareció Mark Cavendish. Cuatro victorias de etapa en el Tour de Francia, cada una más incontestable que la anterior, le hicieron poseedor de la calidad de nuevo rey de la velocidad y abrieron las puertas a una nueva generación de esprinters destinados a luchar para derrocarle. La superioridad y el instinto ganador de Manx Express son prácticamente incontestables: cuando toma parte en una ‘volata’ con plenitud de condiciones suele ganar. Cuenta además con el equipo adecuado para ello, con lanzadores de gran nivel como Bernhard Eisel, Mark Renshaw o Matthew Goss, quien por cierto se adjudicó el domingo el Down Under Classic, primera prueba ciclista profesional de la temporada. Su único problema es su comentado carácter, que le lleva a protagonizar en muchas ocasiones actos lamentables más propios de un impresentable que de un rey.
Por debajo de Cavendish, aspirando a arrebatarle su puesto, figuran dos prácticos coetáneos con un trabajo, unos coequipiers y un talento similares a los del británico pero sin esa chispa de genialidad que distingue a aquellos concebidos para pasar a la historia. André Greipel, ex compañero de Cavendish y objeto de ira de éste en muchas ocasiones, ha generado grandes expectativas cambiando el blanco de HTC por el gris de Omega Pharma. Deja de estar a la sombra del superclase británico en busca de competir contra él y derrotarle. Se ha llevado consigo a la escuadra belga a valiosos gregarios como Vicente Reynés, Marcel Sieberg o Adam Hansen y encuentra un lanzador ideal como Jurgen Roelandts para completar el puzzle que, espera, le llevará a la supremacía. Sus ‘volatas’ son más largas que las de Cavenidsh, siendo el alemán amante de batirse en rectas donde la habilidad y la colocación queden relegadas a un segundo plano y es la potencia el factor decisivo.
El otro candidato al trono de Cavendish es Tyler Farrar. El estadounidense es un caso atípico de esprinter y, en general, de ciclista: durante la temporada, su físico no sólo no se desgasta sino que va in crescendo. Ése es el motivo de su falta de resultados en las primeras carreras del año y las excelentes sensaciones que deja en los compases finales. Su fortaleza radica en una inteligencia superior a la media y el gusto por los finales donde la colocación y el manejo de la bicicleta es capital. Muchas de sus victorias vienen de labores individuales; a pesar de ello, cuenta con un gregario de confianza como Julian Dean y en 2011 tendrá en su Garmin – Cervélo a dos grandes corredores que, según Vaughters, podrían plegarse a sus exigencias en ciertos momentos de la temporada: Heinrich Haussler y el campeón del mundo Thor Hushovd. En el debe de Farrar está una falta de punta de velocidad que le obliga en muchas ocasiones a conformarse con posiciones de honor.
Tras estos tres grandes dominadores del esprint mundial se sitúan varios velocistas que afrontan un año crucial para saber hasta dónde podrán llegar. El argentino Juan José Haedo, de Saxo Bank, tendrá esta temporada vía libre para disputar Milán-San Remo y Tour de Francia con las mayores aspiraciones posibles; su largo esprint provoca que no le vayan bien las llegadas excesivamente controladas. Algo similar sucede con Yauheni Hutarovich, ganador de etapa en la Vuelta a quien la no inclusión de su FDJ en el World Tour podría perjudicar. Quick Step, por su parte, presenta junto al ya casi ex esprinter Tom Boonen a tres buenas balas: dos cuyo potencial real en la élite está por ver tras unos años grises (Gerald Ciolek y Geert Steegmans) y una cuya madurez debe confirmarse esta campaña, Francesco Chicchi. Por su parte, Sky presenta una nómina completa de esprinters poco ganadores que bien podría encabezarse con Greg Henderson; mientras, el Leopard de los hermanos Schleck confiará en que Daniele Bennati y Wouter Weylandt se acomoden por fin en el alto nivel.
2011 será, probablemente, el último año en la primera plana de un buen puñado de velocistas veteranos como Robbie McEwen, quien encontró acomodo en RadioShack tras el fiasco de Pegasus; Alessandro Petacchi, cuyo maillot verde en el pasado Tour podría ser su “canto del cisne”; y Óscar Freire, que esta temporada compartirá galones como velocista de Rabobank con Matti Breschel, Theo Bos y Michael Matthews.
Como Matthews, hay muchos otros elementos interesantes en el capítulo de esprinters de futuro. En Katusha, por ejemplo, han dejado ir a McEwen y Napolitano (ahora en Acqua e Sapone) y apostado fuerte este año por el jovencísimo Denis Galimzyanov, ex pistard cuya tremenda punta de velocidad se ve desmerecida con una falta de consistencia apreciable. Para corregir sus defectos tendrá un profesor de lujo como Mario Cipollini, que estará junto a él como Erik Zabel está en HTC para instruir a John Degenkolb (plata en el pasado Mundial sub23) y Leigh Howard. Otras dos escuadras presentan una nómina de esprinters jóvenes de impresión: Sky, con Davide Apollonio y Ben Swift en plena progresión, y Liquigas con Fabio Sabatini, Jacopo Guranieri y dos rapidísimos pistard: Elia Viviani y Davide Cimolai. Tres máquinas de ganar en categorías inferiores, Marko Kump (Geox), Adam Blythe (Omega Pharma) y Giacomo Nizzolo (Leopard), bien podría dar esta campaña sus primeros destellos en la élite.
Para el final quedan los velocistas españoles. En Movistar relucen Fran Ventoso, quien vuelve a la élite y promete buenos resultados gracias a sus inmensas condiciones físicas, y un José Joaquín Rojas de quien ya hablamos largo y tendido hace unos días. Koldo Fernández de Larrea, por su parte, llega este año a la treintena y deberá confirmar de una vez las buenas sensaciones que desprendía su potente esprint en el pasado; al final de la pasada campaña, de hecho, parecía encontrarse en el buen camino cuando una brutal caída en la París-Bourges cortó de cuajo su tendencia ascendente. Un joven que podría hacer saltar la banca es Juan José Lobato, el nuevo Óscar Freire que da el salto a profesionales con Andalucía – Caja Granada. Caso aparte son Diego Milán y Joaquín Sobrino, que afrontarán este año con Caja Rural su regreso al profesionalismo tras un año donde apenas tomaron la salida en carreras sueltas.
El panorama de la velocidad se presenta este año repleto de alicientes. El duelo entre tres esprinters de estilos diferentes como son Cavendish, Greipel y Farrar pondrá salsa a las ‘volatas’ ProTour esta temporada, con multitud de aspirantes a su alrededor dispuestos a superar a esta terna de superclases. El primer duelo, la primera cita donde comenzaremos a ver la puesta en práctica de toda esta teoría, tendrá lugar esta madrugada con el inicio del Tour Down Under. ¡El curso ciclista 2011 abre el telón!

La "ruleta holandesa" del Giro de Italia

Rara vez los tres primeros días de una gran vuelta marcan tantas diferencias. La incursión del Giro de Italia en carreteras holandesas va a ser recordada durante muchos años, como sucediera con la Vuelta a España de la pasada temporada, por dos factores. El primero, la ingente cantidad de un público, el neerlandés, ávido de ver a los mejores ciclistas del mundo compitiendo en su país algunos días más aparte de los de la Amstel Gold Race y el ENECO Tour. El segundo, las constantes caídas provocadas por lo ratonero de las carreteras elegidas por la organización. Este último hecho ha sumido al pelotón entre el caos y la indignación. No cesan de levantarse voces críticas en su seno, como las de Pablo Lastras (“Estas carreteras holandesas no son las adecuadas para disputar carreras”) o Bradley Wiggins (“Hay demasiadas señales e isletas en la calzada”).
Pero en el tema de las caídas hay, además, un segundo punto al cual quizá no se da el relieve pertinente; es una cuestión de orden interno, casi imperceptible para el aficionado. La señala Lastras: “con la globalización del ciclismo, han llegado muchos ciclistas al pelotón sin el oficio ni el respeto necesario”. El abulense viene a poner de manifiesto cómo la mundialización ha traído consigo a corredores que no llegan a foguearse adecuadamente en el calendario europeo, el de las emboscadas y las rutas traicioneras, antes de enfrentarse a las carreras de alto nivel, aquellas donde a la dificultad del trazado se le suman una gran cantidad de rivales para ganar la posición en el pelotón y una velocidad endiablada.
No es cuestión de eurocentrismo, de “racismo” ciclista. También se queja de ello un ‘aussie’ como Cadel Evans, perjudicado por las caídas hasta el punto de perder el liderato en la segunda etapa: “cuando ves a ciclistas que se estrellan en carreteras completamente rectas, te preguntas si es que no saben montar en bicicleta, si no saben concentrarse o qué”. O el americano Cristian Vandevelde, que se fracturó la clavícula en el mismo parcial y comenta con resignación: “un tipo frenó delante de mí y me encontré con su rueda delantera”. Espectáculos como las decenas de caídas que tuvieron lugar en la segunda etapa [aquí enlace: http://www.youtube.com/watch?v=SM2VmLZKuaY ] podrían reducirse de contar los recién llegados al calendario europeo con algo más de experiencia en las, por lo general, complicadas rutas de las carreras del Viejo Continente.
En el terreno eminentemente deportivo, estos tres días de competición del Giro de Italia en los Países Bajos han venido a confirmar la mayoría de pronósticos y generar algunas sorpresas. En la contrarreloj inaugural, la victoria de Bradley Wiggins (Sky) hizo pensar que tal vez el británico decidiera tomarse en serio la lucha por la ‘maglia rosa’, sensación disipada de inmediato con los 37 segundos y 4 minutos cedidos en las dos siguientes jornadas.
Por otra parte, Brent Bookwalter (BMC) sorprendía a propios y extraños con un segundo puesto en el prólogo que ponía en duda el pronóstico general de que Cadel Evans apenas contaría con ayuda de su equipo en esta ‘corsa rosa’. De nuevo, la realidad vino a desmentir la sensación: en la segunda etapa en línea, el australiano se vio solo durante los kilómetros decisivos, cediendo casi un minuto debido a una caída y la ausencia total de sus coequipiers. A tenor de la gran condición física exhibida por Evans en el prólogo y en su lucha contra el viento y el pelotón de esos agónicos últimos metros camino de Middelburg, quizá sea el más fuerte de los aspirantes a la victoria final… pero también el más desprotegido.
No está tan fuerte Carlos Sastre. El hombre de Cervélo no tiene golpe de pedal, apenas lleva (¡contando el Giro!) una decena de días de competición y eso se nota. El Giro es largo, sí; pero el tiempo perdido en estos primeros compases de la prueba se echará de menos (o de más) conforme avance la carrera. Ya ha cedido en total 1’40” respecto del líder Alexandre Vinokourov, una barbaridad para quien busca una buena actuación en la general.
Los más sólidos entre los candidatos a la ‘maglia rosa’ son el actual portador Alexandre Vinokourov y los Liquigas Ivan Basso y Vincenzo Nibali. Respecto del primero, se le percibe atento, siempre en cabeza del pelotón y bien acompañado por los Tiralongo, Jufré o Grivko. En su contra juega su prematuro pico de forma, alcanzado en la Lieja – Bastogne – Lieja y que previsiblemente se disipará antes de la decisiva tercera semana del Giro. En cuanto a los segundos, Basso y Nibali, las vibraciones transmitidas por ambos son inmejorables. El varesino, sólido, sólo se ha dejado los 18 segundos del prólogo. Lo ‘Squalo’, por su parte, está situado en la general a apenas 5″ del liderato, lo que habida cuenta de la fortaleza de Liquigas podría vestirlo de rosa tras la CRE de mañana miércoles. Y a partir de ahí, quién sabe. Ya ganó Contador el Giro de 2008 viniendo de la playa…
Por último, cabe reseñar las pocas conclusiones que se pueden extraer de las ‘volatas’ que han resuelto los dos parciales en línea de este Giro que no ha hecho sino empezar. Tyler Farrar se mostró imperial en la primera etapa, mientras Wouter Weylandt supo nadar y guardar la ropa de la mejor manera posible en la segunda, ejerciendo adecuadamente su condición de punta de lanza del por lo demás flojo ‘nueve’ de Quick Step para esta edición de la gran ronda italiana. La decepción ha sido, sin duda, André Greipel. ‘Hulk’ tiene sobre sus espaldas la presión de demostrar a Mark Cavendish que es igual o mejor que él, después de los desaires lanzados públicamente por el velocista británico. Ha contado con dos ocasiones en las cuales su equipo, HTC – Columbia, ha trabajado impecablemente a su favor. En ambas su lanzador Matthew Goss ha sido más fuerte que él, quedando Greipel lejos de la victoria y transmitiendo una debilidad, cuanto menos, sorprendente.

Un clásico Giro para fondistas (I)

Después de cuatro meses de competición que han dejado un fantástico sabor de boca, gracias en especial a la enorme campaña de clásicas donde hemos presenciado gestas históricas como el doblete de Cancellara en Flandes y Roubaix, la temporada ciclista llega a un nuevo clímax con el mes de mayo y el Giro d’Italia, la primera gran vuelta del año.
Un mayo más, un Giro más. Contrariamente a lo que sucede en la cultura popular, donde mayo es un mes de revolución, en el inmovilista deporte ciclista mayo es un mes de tradición, donde la lucha por la ‘maglia rosa’ se escenifica en un recorrido que siempre responde al mismo esquema: un festival inicial espectacular, una primera y segunda semanas llanas aunque plagadas de finales trampa y con algún final en alto, y en la tercera llega el turno de la montaña, con varias etapas de dureza máxima encadenadas.
El Giro de 2010, no podía ser de otra manera, responde a esta tradición fielmente. La concentración de gran parte de la dureza en la última semana hace de la gran ronda italiana una carrera ideal para fondistas, dejando además terreno para el lucimiento de los ‘passistas’ (escaladores con buena punta de velocidad) y los velocistas puros, tipos de corredores muy apreciados en el país con forma de bota, en los primeros [tibios] días de competición.
Rompe el esquema de esta edición de la ronda italiana el inicio, la nota novedosa con que ya sazonara su trazado la Vuelta a España 2009: la salida desde la ciudad de Rotterdam, en los Países Bajos. Los neerlandeses son grandes aficionados al ciclismo y la ausencia de una prueba por etapas de nivel en su país hace que trasladar el ‘circo’ por unos días a esas tierras sea un auténtico caramelo para los organizadores de las grandes vueltas. RCS, entidad que pone en marcha el Giro, aprovechará la tesitura para realizar un espectacular prólogo por las calles de Rotterdam y un par de etapas llanas que servirán para calentar las piernas de los corredores antes de la disputa de la contrarreloj por equipos de Cuneo.
Este será, precisamente, el primer punto decisivo del Giro d’Italia. Serán 33 kilómetros en terreno ligeramente ascendente por carreteras anchas. Esta última circunstancia es decisiva: querrá decir que un equipo bien compenetrado y con buenos rodadores en su formación podrá marcar diferencias. Apenas habrá dificultades, curvas ratoneras o emboscadas; sólo habrá que desplegar potencia. Esto posiblemente deje muy malparados a aquellos favoritos cuya escuadra no sea especialmente fuerte, cuya táctica quedará condicionada por el tiempo perdido en esta etapa.
Sin embargo, habrá terreno de sobra para que esos hombres de la general que cedan tiempo en la CRE desequilibren la contienda a su favor. El trazado incluye una gran profusión de emboscadas en esta ‘corsa rosa’, siendo especialmente interesantes los tramos de ‘sterrato’ que se recorrerán en la séptima jornada en la provincia de Siena o la peligrosa subida al Monte Grappa (casi veinte kilómetros de puerto) del decimocuarto parcial. Y, por supuesto, el tradicional final en alto de los primeros compases de la carrera, que siempre sirve para eliminar contendientes de la general y en esta ocasión estará sito en el temible Terminillo.
Entre medias habrá una gran profusión de jornadas de transición, con al menos seis finales de etapa claramente orientados al esprint. Terreno de sobra para que diriman su duelo los grandes velocistas presentes en este Giro d’Itaila, con Tyler Farrar, Alessandro Petacchi y André Greipel como cabezas de cartel. Será interesante ver el desempeño de un Greipel que contará con todo un equipo volcado por su causa de demostrar a Mark Cavendish que, en realidad, no está tan lejos de él. Farrar y, sobre todo, Petacchi, no contarán con grandes escuadras tras ellos, pero sí con lo necesario para plantear batalla. Otros candidatos en las llegadas masivas serán Greg Henderson (Sky) o un Robbie McEwen (Katusha) con el que ya nadie parece contar.
Todos estos nombres desaparecerán de la circulación el domingo 23 de mayo. Ese día se disputará una de las etapas reinas del Giro 2010, la decimoquinta con final en el Monte Zoncolan. El gigante de la provincia de Friuli se subirá por la vertiente de Ovaro, la más dura posible: en apenas diez kilómetros se ascenderán más de 1150 metros respecto del nivel del mar. Un desnivel pavoroso, habitualmente comparado con el asturiano Alto de l’Angliru, que vio triunfar en 2007 a un Gilberto Simoni que estará presente en la salida de Rotterdam formando parte de Lampre, pero ya lejos del nivel que le valiera saludar desde lo más alto del podio de Milán en 2001 y 2003.
Tras el día de descanso, llegará la cronoescalada de Plan de Corones, repitiendo la etapa de hace dos años donde Alberto Contador dio un golpe de mano en su camino a la victoria final. Seguido, un parcial sin un metro llano que concluirá en Peio Terme, o lo que es lo mismo, las primeras estribaciones del Stelvio. Y dos jornadas después, en lo que será la antepenúltima etapa, se tira de tradición para plantear un terrible trazado con final en el durísimo terreno rompepiernas de Aprica… previo paso por el Mortirolo, puerto mítico donde los haya, donde los principales favoritos tendrán una buena oportunidad de marcar diferencias.
Sin embargo, es de preveer que no aprovecharán del todo esta ocasión. Se reservarán de cara al día siguiente, de cara al monstruoso penúltimo parcial. El trazado, demencial, recorre 178 km que abarcan cinco puertos. El primero, Forcola de Livigno, compondrá cuarenta kilómetros de subida constante, con la única interrupción de apenas una decena de kilómetros de falso llano. Eira y Foscagno, de menor entidad, servirán para no dejar terreno de recuperación y llegar cuanto antes al mítico Gavia, Cima Coppi con sus 2618 metros de altura y que suele dejar espectaculares estampas en la retina del aficionado. Como colofón se subirá al Passo del Tonale, relativamente flojo para ser un primera, que supondrá un último envite para los favoritos, quien sabe si el golpe de gracia para más de uno. El último parcial de la carrera será una contrarreloj de quince kilómetros quebrados en los alrededores de Verona, que dará los últimos cincelazos a una general que seguramente ya llegará definida… o deparará unos kilómetros para el infarto.

Dos dedos de desquicio

En un deporte tan poco dado a la excentricidad de sus protagonistas como el ciclismo, que un corredor celebre su victoria con un corte de mangas y un ‘fingers up’ (levantar dos dedos de la mano con la palma orientada hacia la cara, signo equivalente en Gran Bretaña a la peineta española) resulta chocante y, sobre todo, polémico. Este gesto, la imagen de la semana del ciclismo mundial, lo realizó Mark Cavendish ayer tras imponerse en la segunda etapa del Tour de Romandía. Y viene a ser la penúltima de las salidas de tono que el corredor de Columbia lleva protagonizando toda la temporada.
No es fácil ser Mark Cavendish (1985, Isla de Man). El británico, conocido como Manx Express, irrumpió fulgurantemente en el primer plano del deporte de la bicicleta con cuatro etapas en el Tour de Francia de 2008, con 23 añitos recién cumplidos. No llegó de sopetón a la élite: antes fue un destacado ‘pistard’ y pasó dos campañas fogueándose en el calendario semiprofesional alemán. Incluso fue expuesto a presión un año antes del Tour de su explosión, precisamente en la misma Grande Boucle. La ronda francesa salía desde Londres, capital británica, y T-Mobile llevó a Cavendish como reclamo mediático y teórico aspirante a la victoria en el prólogo. El fracaso, con un 69º puesto, fue asumido con resignación.
Cavendish, sin embargo, no es un ciclista acostumbrado a fallar. Acostumbra a marcarse objetivos y conseguirlos sin despeinarse. Favorecen esto unas condiciones físicas magníficas e inusuales: tren superior potente, piernas cortas pero enormes, impresionantes en directo, capaces de alcanzar velocidades punta epatantes en muy poco tiempo. A pesar de su corpulencia, su baja estatura le da margen de progresión para superar pequeñas subidas a poco que se lo proponga; ya lo hizo de cara a la Milán – San Remo y el Tour de Francia de 2009, y en ambas citas cumplió sus expectativas con una serie de victorias inapelables frente a lo más granado del pelotón mundial.
Este año, sin embargo, todo ha sido distinto para Cavendish. Su sonrisa destilaba un poso de amargura, no era feliz y se notaba en todos los aspectos. Se presentó a sus primeras citas de la temporada fofo, bajo de forma; en casi todas las pruebas llegaba descolgado, dando un rendimiento indigno para quien se supone uno de los paladines del ciclismo mundial y líder del equipo que lleva tiempo erigido como gran dominador de las llegadas masivas. Mark se excusaba en una infección dental, solventada a medias en Paraguay, patria de su actual pareja sentimental.
El mundillo ciclista, sin embargo, no se conformaba con estas explicaciones. Debía haber explicaciones más allá, y el propio Cav acabó dándolas en una entrevista al ahora tabloide Sunday Times. Aparte de la inexcusable presión deportiva, Manx Express explicaba que la ruptura con su anterior prometida, el encarcelamiento de su hermano por tráfico de drogas y el grave accidente de Jonathan Bellis (Saxo Bank), uno de sus mejores amigos en el pelotón, resultaban un cóctel difícil de digerir para su mente. Y que, en consecuencia, su preparación para la temporada ciclista no había sido la mejor posible. No sabía cómo decirlo, cómo explicar al público que si se arrastraba por las carreteras era porque su mente le arrojaba al suelo.
A todos estos factores se sumó, quizá como uno más o como una consecuencia de ellos, su pique con André Greipel. El poderoso velocista alemán, compañero de equipo y gregario en otros tiempos, ha confirmado durante las dos campañas precedentes un nivel altísimo, casi el mismo que el propio Cavendish. El mánager de Columbia, Rolf Aldag, apostó a principios de temporada por dar a ambos gigantes de la velocidad calendarios separados donde ambos aprovecharan al máximo sus cualidades sin solaparse mutuamente; la misma fórmula que en años anteriores. Pero esta vez no funcionó.
Fue Greipel quien tiró la primera piedra tras Milán – San Remo. La cita, uno de los Monumentos del ciclismo, correspondía a Cavendish por su mayor caché. El mediocre rendimiento del británico en comparación con un Greipel que ya contaba con seis victorias en su palmarés en aquellas alturas de la temporada, sugería el desastre a priori. La carretera confirmó las sensaciones: el resultado fue desastroso. Totalmente fuera de forma, Cavendish se descolgó por primera vez a media carrera y acabó por ceder a casi cuarenta kilómetros de meta. Esto desató el malestar del Greipel, quien no dudó en afirmar que sus actuaciones habían sido buenas y merecía haber estado en la salida del Monumento italiano. Describió el quedarse fuera del ‘ocho’ de Columbia para la prueba como “un bofetón en la cara”.
Un Cavendish totalmente fuera de sí mismo no se cortó a la hora de realizar unas contradeclaraciones a The Guardian que luego achacó a los antibióticos que le hacían tomar para sus problemas dentales. “Yo en mala forma soy mejor que Greipel. Lo que el diga no me importa, soy mejor corredor”. Y aún añadió una puya para escenificar la ruptura: “no hay ninguna opción de que venga a una carrera donde yo participe”. La guerra ha continuado después, y parece destinada a saldarse con la salida de uno de los dos esprinters del equipo Columbia. Greipel acaba contrato este año y se le ha relacionado insistentemente con Omega Pharma – Lotto; Cavendish, por su parte, no cesa de escuchar cantos sirena desde Sky, dirigido por su mentor Dave Brailsford.
Ayer era difícil saber a quién dirigía el británico sus gestos obscenos. Las primeras interpretaciones señalaban a Greipel, que acababa de realizar otras polémicas declaraciones a Sport-Bild. Pero Manx Express se encargó de desmentirlo rápidamente, faltando de paso el respeto a otros componentes del mundillo ciclista: “se lo dedico a los periodistas que me daban por acabado y no entienden un pijo de ciclismo”. La interpretación, sin embargo, va un poco más lejos. Mark Cavendish ayer le decía a todas sus frustraciones que ya las había olvidado, que volvía a estar en el primer nivel. Y que nos preparamos para volver a contemplar a un superclase de la velocidad en acción.

Bicefalia, arrogancia, "hand in glove"

El frenesí de la temporada ciclista no cesa; estamos en Abril, mes de plena efervescencia en el mundo de las dos ruedas y con la actualidad dividida en varios focos. Mientras en el Circuito de la Sarthe Luis León Sánchez se llevaba una nueva victoria evitando el esprint con un potente demarraje en el último kilómetro, en la Vuelta al País Vasco se volvía a reproducir la controversia de ayer con Valverde realizando maniobras susceptibles de malinterpretación en su duelo con Óscar Freire. El cántabro zanjó el debate con unas contundentes declaraciones recogidas por el periodista de Eurosport Adrián G. Roca en su Twitter: “Ha sido la misma táctica, el mismo esprint que ayer, solo que en diferentes posiciones. A ver si [el juez] es igual de estricto”. No lo fue.
La gran polémica del día se ha situado lejos de las carreteras. La ha desatado desde las páginas del diario inglés The Guardian el incomensurable velocista Mark Cavendish, indiscutible número uno del mundo en lo que a ‘volatas’ se refiere y una de las lenguas más largas del pelotón. “Él no es un problema para mí: yo soy mejor corredor”. Las declaraciones, que dirigidas a un rival acérrimo constituirían una falta de respeto y una muestra de arrogancia extrema, adquieren un cariz aún peor cuando se conoce que van dirigidas a su propio compañero de equipo en HTC – Columbia, André Greipel. “Aun en mala forma, soy mejor que él”.
“Me molestaron mucho sus comentarios tras Milán – San Remo. Si se veía mejor que yo podría haberlo dicho antes, y no con la hoja de resultados en la mano”. Ya comentamos en su día la controversia surgida en torno a cómo Greipel perdió una buena oportunidad de luchar por la victoria en la ‘Classiccisima’ por ceder su puesto a Cavendish, corredor de mayor estatus que sin embargo se arrastraba por las carreteras en los días previos a la disputa del primer Monumento de la temporada. El resultado de esta decisión, ilógica en lo deportivo, fue un pobre 89º puesto para el velocista británico. Y, más adelante, unas explosivas declaraciones por su parte que amenazan con desestabilizar la armonía dentro de la escuadra capitaneada por Bob Stapleton.
Cavendish no se limita a criticar a su compañero (¿enemigo?), sino que impone condiciones públicamente: “No hay ninguna opción de que venga a una carrera donde yo participe”. Desprecia con esto las opciones del esprinter alemán de participar en los más selecto del calendario mundial, reservado para el mayor caché de ‘Manx Express’. Y, al final de la entrevista, lanza unos últimos dardos sobre Greipel: “Si sólo quisiera conseguir victorias de mierda, correría carreritas de mierda (sic)”. Sería justo y necesario recordarle al antiguo pistard de la Isla de Man que el único motivo por el cual Greipel tiene que correr “carreritas de mierda” es porque se ve obligado a cederle el mejor calendario. No se debe ser tan lenguaraz y hostil, y menos contra un coequipier.
Sólo parece existir una solución para este problema, y de hecho parece ser la buscada por Cavendish: la salida de uno de los dos hombres del equipo Columbia en dirección a otra nueva escuadra a la cual aportar la decena de triunfos que cualquiera de ellos (Mark ó André) garantizan cada temporada. Para el corredor germano ya se baraja un posible destino: Omega Pharma – Lotto, estructura históricamente acostumbrada a contar con un esprinter dominante en sus filas y huérfana de ello este año. Sin embargo, no parece probable que el culebrón acabe así. Resulta mucho más factible que sea Cavendish quien abandone Columbia con rumbo hacia el Sky de su mentor Dave Brailsford, que ya intentó en vano incorporarle este invierno y a buen seguro volverá a la carga con gusto el próximo. Teniendo en cuenta este dato, las declaraciones de Cavendish se pueden interpretar como un desaire, no ya a su compañero Greipel, sino al cuadro técnico de su equipo. Un gesto, un brindis contra ellos, un aviso de que está dispuesto a abandonar su plantilla apenas sea posible.
La bicefalia de Columbia ya no se sostiene; a Stapleton le ha llegado la hora de escoger con cuál de las cabezas quedarse. La punta de velocidad de Cavendish no tienen parangón en el ciclismo mundial, siendo Greipel algo más lento pero mucho más potente y consistente, tanto a la hora de lanzar esprints largos como para superar esas dificultades montañosas que son el talón de Aquiles del británico. Un factor diferencial llega cuando ambos se bajan de la bici: el carisma de ‘Manx Express’ contrasta con la timidez de ‘Hulk’, incapaz de atraer los focos hacia sí de otra manera que no sea sobre la bicicleta. Por otra parte, retener a Cavendish y dejar marchar a Greipel supondría perder una magnífica baza para los esprints y albergar en el seno del equipo una bomba de relojería, capaz de estallar en el momento menos adecuado por sus deseos de marchar a un equipo Sky para cuya concepción (británica) y talante (arrogante) es, como se dice en inglés, “hand in glove” (uña y carne).
Foto: Francis Ruiz