Lieja sin piernas ni corazón

Publicado originalmente en Arueda.com

Final desacostumbrado para una Lieja – Bastoña – Lieja donde una treintena de corredores llegaron en disposición de ganar al definitivo repecho de Ans. El australiano Simon Gerrans (Orica-GreenEdge) consiguió el segundo Monumento de su carrera deportiva al esprín sobre Alejandro Valverde (Movistar) y Michal Kwiatkowski (OPQS).

La Decana es, por orografía, la más dura de las clásicas de primavera; por táctica, la más intrincada de las Ardenas. Y, sin embargo, fue tediosa. Para el espectador avezado faltaron movimientos: estábamos acostumbrados a ver escarceos en Stockeu y Haute-Levée, casi a 100 kilómetros de meta; luego vimos carreras decididas en La Redoute, a casi 40; desde 2008 presenciamos resoluciones en la Roche aux Faucons, a 20; ayer hubo que esperar a 500 metros de meta para que aconteciera el primer movimiento decisivo.

Ayer lo decisivo fue la inacción, que perdonó vidas. Había un reducido grupo de favoritos que podía permitirse esperar a Ans y, por tanto, correr a la defensiva; concretamente, la terna del podio. Todos los demás debían tomar el papel de atacantes. Sin embargo, sólo un verdadero candidato a la victoria fue incisivo y decidido: el checo Roman Kreuziger (Tinkoff-Saxo). Todos los demás se mostraron a cuentagotas o no aparecieron: ni los Astana (Nibali, Fuglsang, Iglinskiy…), ni Mollema, ni Cunego, ni Dan Martin hasta su ataque final… Ni siquiera Philippe Gilbert (BMC), que se anuló con Valverde, en un marcaje mutuo que se mostró improductivo. Y no fue por molicie: sencillamente se alinearon los astros para que ninguno, salvo Kreuziger, estuviera inspirado y/o con buenas piernas.

Así las cosas, se produjo una carrera defensiva. Tanto Valverde como Gerrans conservaron sus bloques de cara a las decisivas ascensiones de Saint Nicolas y Ans. Las intentonas con Domenico Pozzovivo (Ag2r) de secundario, Julián Arredondo (Trek) protagonista en la primera y Giampaolo Caruso (Katusha) en la segunda, fenecieron ante el empuje del grupo. Tampoco los arreones de Lars-Petter Nordhaug (Belkin), Samuel Sánchez (BMC) o Stefan Denifl (IAM) tuvieron solución de continuidad. Al fin y al cabo no eran favoritos quienes atacaban, sino segundos espadas cuyas opciones y calidad son obviamente un punto inferior a lo necesario para ser candidato a ganar.

No obstante, Lieja fue descorazonadora. Para Purito Rodríguez (Katusha), vacío demasiado pronto, y Rui Costa (Lampre), caído en acto de servicio. Pero también para el propio Caruso, que pasó en primer lugar la última curva de Ans, menos de 300 metros hasta meta, sólo para verse rebasado por la terna de veloces y acabar 4º, medalla de chocolate. Resulta un tanto desalentador pensar que este corredor, con una carrera deportiva solvente y regular pese a los quebraderos de cabeza que le supuso la Operación Puerto, se puede retirar con la general del Brixia Tour 2009 y una etapa del Tour Down Under en 2003, cuando la carrera de las antípodas era un exotismo y no el pistoletazo de salida de la temporada, como mejores victorias. Hoy tuvo cerca la gloria.

Más cerca aún se quedó Dan Martin (Garmin-Sharp). El irlandés con alma gerundense, o viceversa, supo burlar sus malos momentos subiendo la Roca de los Halcones para llegar en disposición de asestar un hachazo casi definitorio en Ans. Jibarizó a Kreuziger, a Gilbert, a Bardet. Rebasó a Pozzovivo, estaba por cazar a Caruso y… Al suelo. Dice que por una mancha de aceite. “¿Correr siete horas sólo para que te pase esto en la última curva? Sí, es poesía”, disertaba en meta, decepcionado por no poder repetir la victoria del ‘panda’.

El otro perdedor del día, por más que su actuación se preste a lecturas positivas (¡hizo podio!), fue Alejandro Valverde. El murciano fue posiblemente el más fuerte. Lo demostró con un par de aceleraciones en la Roca de los Halcones, lo demostró en un ataque rápidamente neutralizado al final de Saint Nicolas, lo demostró llevando en carroza a Gerrans y Kwiatkowski hasta la última curva. Pero no ganó, sino que fue segundo tras el escurridizo australiano. “Siempre le das vueltas a si hubiera arrancado un poco antes y podía haber soltado a Gerrans”, afirmó, “pero nunca sabes”. El corredor de GreenEdge admitió que estuvo contra las cuerdas en la Roche aux Faucons, que no lo pasó bien en muchas fases de la carrera. Pero se le perdonó la vida, llegó hasta Saint Nicolas y fue implacable en Ans. Con piernas, porque hay que tenerlas para ganar como él ayer, y sin corazón.

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