Australia rebasando a España

Artículo publicado originalmente en Zona Matxin

Se podría dar el caso de que Australia tuviera en 2014 los mismos equipos ciclistas que España: 1 WorldTour, 1 Profesional. Hace poco ganábamos 11-0

@andrescanovas

El declive del ciclismo español es una tendencia conocida y mil veces anunciada, aunque poco analizada. Son datos esporádicos, como los de la clase media que tratamos aquí en abril, los que hacen saltar las alarmas. El tuit del periodista Andrés Cánovas que encabeza este artículo es otro ejemplo de ello. Con la presumible desaparición de Euskaltel, a España sólo le van a quedar dos escuadras en la primera y segunda división del ciclismo: Caja Rural (Profesional, 2ª) y Movistar (WorldTour, 1ª; probablemente estará registrado en Luxemburgo en 2014 para ahorrar en impuestos). Y, mientras tanto, Australia contará con toda seguridad con Orica-GreenEdge en WorldTour y tiene francas opciones de que Drapac, Huon Salmon o ambos asciendan a Profesional desde el escalón Continental donde evolucionan actualmente.

Ese contraste directo con un país que antes era una anécdota en la escena ciclista y poco a poco se va situando a la altura de las naciones históricas sería una forma más de refrendar el declive español. Hace sólo ocho años, 136 ciclistas españoles habían terminado alguna carrera de primera división por sólo 22 australianos. Esta campaña, por lo pronto, la participación en WorldTour es de 62 españoles por 43 australianos: unos se quedan en la mitad, otros suben al doble. Dicho esto, la tendencia a la baja de España en este indicador no es un fenómeno aislado entre las naciones “tradicionales”: también Italia (de 131 a 95) o Alemania (de 47 a 31) lo han sufrido. Otras, como Francia (de 96 a 102) o Bélgica (de 65 a 74), no lo han notado. Mientras tanto, países emergentes que al igual que Australia tienen escuadras nacionales en primera división como Kazajistán (de 8 a 9) o Katusha (de 12 a 16) no han vivido la misma progresión que el país oceánico. ¿Dónde está la clave del caso australiano?

Partimos de que Australia es a día de hoy una potencia emergente. Pese a no estar contenida en ningún acrónimo resonante como el BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) que cada vez toma más peso en el panorama mundial, lleva más de dos décadas sin tener un PIB interanual negativo, aunque al resto de economías desarrolladas este indicador les enrojeció al menos en la época de crisis mundial de 2008. Su secreto está en que, aunque su sector más fuerte sea el servicios, el primario está creciendo a pasos agigantados. Dicho de otra manera: en Australia están pujando la agricultura y, sobre todo, la minería. Que una empresa de soluciones para minería como Orica sea el principal patrocinador del equipo del país no es casualidad.

Centrándonos en el mundo del ciclismo, Australia ha canalizado su actividad principalmente a través de dos plataformas. Por una parte, el Instituto Australiano del Deporte (AIS) lleva años realizando una inversión fuerte en el deporte de la bicicleta, expresado principalmente en la pista pero también importante en la carretera. Su programa de detección de talentos en clubes locales realiza una criba de la cual extrae jóvenes talentos para pulirlos y convertirlos en ‘pistards’ brillantes que más adelante pueden pasarse a la carretera con éxito. Sin ir más lejos, la base de la plantilla de GreenEdge ha pasado por este proceso.

¿Qué sucede con quienes no entran en el programa del AIS? Ésa es la otra plataforma para el éxito del modelo australiano. La federación nacional, Cycling Australia, organiza las National Road Series, un circuito competitivo o liga de ciclismo en carretera que empezó a disputarse con esta denominación en 2005. Su importancia para los corredores la explica Wesley Sulzberger, actualmente enrolado en GreenEdge: “No es sólo una cuestión de conseguir resultados, que también, sino de tener la oportunidad de aprender a competir”. Económica y publicitariamente las NRS son un producto potente: gracias a la mediación del AIS, cuenta con el patrocinio de Subaru, y SBS, cadena de televisión de cobertura nacional, retransmite en la sobremesa de los domingos resúmenes de media hora de duración de las 14 carreras masculinas (también hay 9 femeninas) que componen su calendario. Esto garantiza el retorno de la inversión publicitaria realizada por la treintena de equipos que participan en las NRS, de entre 50000 y un millón de dólares australianos de presupuesto.

Ahora, dos de esos equipos que disputan el NRS, registrados actualmente como continentales ante la UCI, aspiran a dar un salto más e integrarse en la categoría Profesional: Drapac y Huon Salmon – Genesys. El primero tiene el ascenso casi asegurado, ya que está sostenido por las empresas (y la fortuna) de Michael Drapac, un millonario enamorado del ciclismo que se implica en el día a día del equipo, ya lo tuvo en la categoría en 2007 y suele pagar periplos por Asia. En cuanto a Huon Salmon – Genesys, depende de que sus patrocinadores, una productora de salmón y una firma de servicios financieros, ambas con fuertes intereses en Asia, se animen a aumentar su aportación a las arcas de la estructura.

En los últimos días se ha sumado otro factor para incentivar la promoción de estos dos equipos. El Tour Down Under, carrera WorldTour que se disputa en enero sufragada por organismos turísticos locales, con impacto planetario y un interés deportivo que la convierten en la cúspide de la pirámide del ciclismo australiano, ha anunciado que invitará en 2014 a un equipo Profesional del país que esté registrado en el MPCC, lo cual ha aumentado las prisas y especulaciones en torno al futuro de Drapac y Huon Salmon.

Mientras tanto, en España, la Vuelta no es cebo suficiente para atraer patrocinadores ni invita equipos en su primer año como Profesional. La RFEC no da pasos, al menos públicamente, para crear un circuito competitivo nacional de nivel; en este sentido, apenas sucedió el escarceo de la Fundación Coequipier. Ninguna televisión nacional se interesa por retransmitir el ciclismo español como conjunto, mucho menos a una hora ‘premium’ para su consumo como puede ser la sobremesa. Y el CSD no se implica en reanimar al deporte de la bicicleta, ni siquiera a tomarle el pulso, si no es para temas de dopaje. Lo peor es que éste es el momento ideal para invertir en ciclismo, un deporte barato por su ratio de impacto publicitario / inversión; lo peor es que éste es el momento necesario, cuando el pelotón nacional se puede quedar reducido a tres escuadras, una por categoría, corriendo el riesgo de bajar a un nivel que por historia, tradición y competitividad no merece.

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