Estará en el podio del Tour, por los kazajos

En la primera etapa en línea del Critérium du Dauphiné, Samuel Sánchez cruzaba la meta 24 minutos tarde, roto, protegido por Ricar García y Pello Bilbao, jóvenes abnegados a quienes le toco mantener al Cid naranja montado en su Babieca marca Orbea, antes de que se bajara y rompiera en dolor. Siete minutos antes, Dan Martin hacía lo propio, pero en solitario, acusando el temor de no poder debutar este verano en el Tour de Francia, donde sería un ‘outsider’ relevante. Catorce minutos antes que el corredor de Garmin había llegado Andy Schleck, complacido en el desafío a su teórico jefe Johan Bruyneel, que envainó su autoridad contundente en el comunicado de prensa de RSNT asegurando al luxemburgués su hueco en el ‘nueve’ de la escuadra para el Tour. A su lado, charlando, Alexandre Vinokourov

… Y con tres minutos de diferencia positiva, a las 16:27, Cadel Evans triunfaba en la meta de Saint-Vailler con un esprint sobresaliente, 250 metros cara al aire y de pie, tras casi un kilómetro en cabeza del grupito de fugitivos surgido de un ataque pícaro a 5 kilómetros del final. Segundo fue Jérôme Coppel, el que lanzó la primera piedra de esa fuga definitiva; y tercero, incapaz como el francés de remontar al poderoso vigente campeón del Tour de Francia, un aspirante a sucederle en el palmarés llamado Andrei Kashechkin (1980, Kzyl Orda).

Tiras, aflojas y luchas de poder

No es un hombre que necesite demasiada presentación, pero nunca está de más recordar su peculiar historia. Llegó a Europa con 18 años y usurpó su hogar adoptivo a Dimitry Murayev; hizo carrera en escuadras de diverso pelaje como Domo, Quick Step o Crédit Agricole hasta llegar a militar junto a su compatriota y referente Vinokourov en el último Liberty Seguros de Manolo Sáiz, transformado después de la Operación Puerto en Astaná por obra y gracia de los contactos de ‘Kash’ y ‘Vino’ en las altas esferas políticas y económicas de Kazajistán. Llegó después la apoteosis de septiembre de 2006, esa Vuelta donde el dúo derrotó a Valverde, tras la cual Vinokourov definió a Kashechkin como su “amigo” y “sucesor“. Dos bolsas de sangre mal transfundidas después, la exitosa pareja dejó de poder verse. Andrei pasó a ser un riesgo para Astaná.

En verano de 2011 sus caminos se cruzaron de nuevo en la convulsión. Vinokourov se rompió disputando el Tour de Francia en el que pretendía realizar su última gesta deportiva para postularse como héroe de la patria. En ese momento aparecieron, hábiles, Andrei Kashechkin, marginado en Lampre y víctima de un ataque de patriotismo, y el jefe comercial del conjunto Astaná, hombre fuerte dentro del ‘holding’ empresarial público Samruk Kazyna y ex luchador Aidar Makhmetov, competidor directo de ‘Vino’ en la escalada hacia lo más alto de la república presidencialista asiática. Ambos, ‘Kash’ y Makhmetov, se convirtieron en aliados de conveniencia con un objetivo común: hacerse con el Team Astana, derrocar a Vinokourov para medrar, uno en el campo deportivo y otro en el político, aprovechando su convalecencia y la caída en desgracia de su gran valedor en la oligarquía nacional, Daniel Akhmetov, expulsado del gobierno por presunta corrupción.

Se desarrolló una guerra fría en la cual una trinchera anunciaba el ocaso de la contraria mientras ésta se defendía aludiendo a los pobres resultados del enemigo. Para prevalecer, Kashechkin contrató al prestigioso técnico catalán Jaume Mas, que debía ayudarle con la aerodinámica y a batir el récord kazajo de la hora. Finalmente, el proyecto de revindicación quedó en agua de borrajas y todo desembocó en una tregua tensa para la cual este Critérium du Dauphiné supone un hito: es la primera vez que ‘Kash’ y ‘Vino’ coinciden en una carrera como coequipiers desde el infausto Tour de Francia 2007.

Propaganda post soviética

La tregua no significa, claro está, que la guerra haya concluido. Los protagonistas de la contienda siguen teniendo animadversiones y alianzas, intereses y ambiciones. Y para muestra está el vídeo, un reportaje de quince minutos rodado por ‘una televisión francesa’ que se emitió el 18 de Diciembre pasado en la televisión pública kazaja durante los festejos del vigésimo aniversario del país… Un ejercicio de propaganda pura en torno a la figura de Andrei Kashechkin, retratado como un Alexey Stakhanov de la bicicleta, moderno, magnánimo y excelente, que a base de esfuerzo denodado y técnicas vanguardistas va a lograr honrar a su querida patria.

El vídeo no tiene desperdicio y recurre a todas las figuras halagógicas típicas, habituales en un país cuyo presidente es retratado junto al satélite que lanzó a la órbita terrestre. Inicia con imágenes de la opulencia monegasca en la cual vive inmerso Kashechkin, jugando al golf vestido con el maillot de Astaná, retratado jovialmente junto a Armstrong o paseando en un entorno ‘chic’ con su esposa Nadja; describe sus entrenamientos (“todos los días recorre 200, 300, 400 o 500 kilómetros“); o entrevista a su médico personal, Stéphane Bermon, para que éste afirme que el ciclista kazajo tiene unas “cualidades físicas excepcionales“, ideales para “ganar el Tour, la Vuelta o el Giro“.

Tras unos cortes de Kashechkin pedaleando en un balcón, nadando en una piscina paradisíaca o tomando café con la dueña del gimnasio de alto standing donde tonifica su cuerpo, la aparición de la viuda de Andrei Kivilev (“Gracias a él, a sus gestos, tengo la sensación de que mi marido sigue presente“) y de su ‘amigo’ Aidar Makhmetov (“Andrei fundó Astaná junto a Vinokourov junto a 2006; por tanto es una parte esencial de éste y es lógico es que esté en él“) dan el transfondo humano necesario para erigirse héroe de un pueblo deprimido por el totalitarismo. Para mayor identificación de éste con su nuevo ídolo, la voz en off apostilla otra frase estajanovista: “A partir de ahora el equipo va a cambiar progresivamente, a reforzarse. La prioridad: ganar, ganar y ganar limpiamente“.

Abundando en ese aspecto, el dopaje ocupa uno de los puntos culminantes del reportaje, con ‘Kash’ abominando las trampas y aseverando que el ciclismo “debe ser limpio y estar totalmente libre de dopaje. De garantizar que en Astaná estamos limpios se ocupará un doctor de gran prestigio en Europa“; el ya citado Bermon, que apostilla: “La condición sine qua non para que yo esté aquí es que nadie se dope“. El vídeo concluye con una larga toma de Kashechkin pedaleando y el primer plano de sus gafas de sol a ritmo de Coldplay (¡nada de Goran Bregovic ni Mahalageasca!); pero, antes, la voz en off deja constancia de un compromiso lapidario: “Andrei promete estar en el podio del próximo Tour de Francia… Por los kazajos“.

Foto: Team Astaná

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