El niño del taladro

En plenos primeros compases competitivos de la temporada 2011, el TAS nos ha recordado hoy la miserable existencia del dopaje emitiendo su veredicto respecto de un oscuro caso que llevaba dormido desde noviembre de 2010. La imputación a Franco Pellizotti de una manipulación sanguínea al encontrársele valores anormales en su pasaporte biológico había sido desechada por el CONI, habitualmente riguroso en asuntos de dopaje, y llegó al tribunal suizo impulsado por una UCI que temía ver definitivamente desacreditado su programa estrella para la lucha contra la ponzoña de nuestro deporte.
El recurso llegó a Suiza en noviembre de 2010, fue visto durante cinco meses y venció hoy 8 de marzo de 2011, diez meses después de que las sospechas se hicieran públicas (mayo de 2010) y unos veintiuno más tarde de que éstas comenzaran a albergarse (junio de 2009). La lentitud de los plazos ha sido exasperante y perjudicó al ‘delfín de Bibione’, que aun habiendo resultado absuelto ya hubiese perdido prácticamente una temporada de su vida deportiva. Con la sanción recibida, serán dos y gracias a que el conteo inicia con el anuncio oficial y no desde el dictamen. Y, además, con anulación de todo lo conseguido desde mayo de 2009, un mes antes de que se sospechara de él.
Este proceso resulta ejemplar por varios motivos. Primero porque resalta la lentitud de los procesos antidopaje; y después porque deja claro que las sanciones no siguen un protocolo estricto (¿por qué quitar a Franco su podio en el Giro 2009?), sino que van definiéndose en función de conveniencias puntuales.
Sabiendo esta última condición, dejar a la UCI con el pasaporte biológico como instrumento sancionador es como darle a un niño un taladro para que juegue: peligroso e incontrolable. Una vez legitimado su método, a la UCI le bastará de ahora en adelante con enjuiciar valores sanguíneos sin posibilidad de contraste público y suspender a quien sea preceptivo o a quien interese, que sea sancionado o no ya habrá sido perjudicado por los desmanes de la Federación. El TAS le ha regalado a la gente de Aigle una vía para ejercer su poder de forma despótica y casi inapelable, un peligro cuando quien detenta actúa con sus propias normas y encima las vulnera cuando le apetece.
Qué miedo tiene que estar pasando Contador pensando en que su caso pueda dar otro bandazo hacia el TAS. Qué miedo da un niño con un taladro en las manos. Qué miedo da la UCI.
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