El niño del taladro

En plenos primeros compases competitivos de la temporada 2011, el TAS nos ha recordado hoy la miserable existencia del dopaje emitiendo su veredicto respecto de un oscuro caso que llevaba dormido desde noviembre de 2010. La imputación a Franco Pellizotti de una manipulación sanguínea al encontrársele valores anormales en su pasaporte biológico había sido desechada por el CONI, habitualmente riguroso en asuntos de dopaje, y llegó al tribunal suizo impulsado por una UCI que temía ver definitivamente desacreditado su programa estrella para la lucha contra la ponzoña de nuestro deporte.
El recurso llegó a Suiza en noviembre de 2010, fue visto durante cinco meses y venció hoy 8 de marzo de 2011, diez meses después de que las sospechas se hicieran públicas (mayo de 2010) y unos veintiuno más tarde de que éstas comenzaran a albergarse (junio de 2009). La lentitud de los plazos ha sido exasperante y perjudicó al ‘delfín de Bibione’, que aun habiendo resultado absuelto ya hubiese perdido prácticamente una temporada de su vida deportiva. Con la sanción recibida, serán dos y gracias a que el conteo inicia con el anuncio oficial y no desde el dictamen. Y, además, con anulación de todo lo conseguido desde mayo de 2009, un mes antes de que se sospechara de él.
Este proceso resulta ejemplar por varios motivos. Primero porque resalta la lentitud de los procesos antidopaje; y después porque deja claro que las sanciones no siguen un protocolo estricto (¿por qué quitar a Franco su podio en el Giro 2009?), sino que van definiéndose en función de conveniencias puntuales.
Sabiendo esta última condición, dejar a la UCI con el pasaporte biológico como instrumento sancionador es como darle a un niño un taladro para que juegue: peligroso e incontrolable. Una vez legitimado su método, a la UCI le bastará de ahora en adelante con enjuiciar valores sanguíneos sin posibilidad de contraste público y suspender a quien sea preceptivo o a quien interese, que sea sancionado o no ya habrá sido perjudicado por los desmanes de la Federación. El TAS le ha regalado a la gente de Aigle una vía para ejercer su poder de forma despótica y casi inapelable, un peligro cuando quien detenta actúa con sus propias normas y encima las vulnera cuando le apetece.
Qué miedo tiene que estar pasando Contador pensando en que su caso pueda dar otro bandazo hacia el TAS. Qué miedo da un niño con un taladro en las manos. Qué miedo da la UCI.

Liquigas tiene la llave del Giro

La gran noticia de los prolegómenos del Giro de Italia fueron los valores anormales de Franco Pellizotti. El ‘delfín de Bibione’ se veía privado de competir en el que era su principal objetivo de la temporada, la ‘corsa rosa’ en cuya última edición accedió al último cajón del podio. Y, si significativa era la baja para el corredor, aún más lo era para el equipo. Liquigas perdía a una de sus puntas de lanza, al único hombre con la chispa necesaria para rematar el dominio que suele ejercer la escuadra ‘verde’ en la carretera allá donde va. Se cerraban las puertas de la victoria para el mánager Roberto Amadio, que se veía obligado a confiar en un diésel como Ivan Basso y completar la alineación con Vincenzo Nibali, a medio gas y con la mente puesta en el Tour. Una semana de competición después, la puerta sigue cerrada. Pero la llave están en sus manos…
El resultado de la última crono por equipos resultó esclarecedor. Los ‘verdes’ derrotaron a temibles cuádrigas de trotones como Sky o Columbia, a quienes superaron por 13″ y 21″ respectivamente. Con el resto de escuadras con favoritos para la ‘maglia rosa’ las distancias fueron aún mayores. Mientras el Cervélo de Sastre y el Astaná de Vinokourov cedían 38 dignos segundos, el BMC de Evans, quizá el hombre más fuerte de la carrera, se iba por encima del 1:20 de pérdida. Y rivales peligrosos como Scarponi (Androni) ó Garzelli (Acqua e Sapone) se veían rezagados alrededor de dos minutos y medio. Un auténtico golpe de mano que sirvió para resolver media carrera y dejar en cabeza de la general a tres integrantes del equipo: Valerio Agnoli, Ivan Basso y, de rosa, Vincenzo Nibali.
Estos tres hombres no fueron, sin embargo, los principales culpables del apabullante resultado de la CRE. Éste lo consiguió Liquigas echando mano de su clase media. Maciej Bodnar, Allessandro Vanotti, Tiziano Dall’Antonia y Fabio Sabatini, aparentes «rellenos» de su alineación, son cuatro grandes rodadores, gregarios de gran capacidad e incluso cualificados para luchar en otros terrenos. Dall’Antonia y Sabatini suelen entrar en las llegadas masivas con buenos resultados, mientras que Vanotti es un buen ‘passita’ que puede aguantar en la montaña con los mejores cuando juega sus bazas.
La otra parte de la clase media de Liquigas la conforman tres escaladores de impresión, tres hombres que aceptan el rol de domésticos pudiendo llegar a cotas muy altas de trabajar para sí mismos en lugar de para los demás. El líder de este pequeño bloque es el impresionante Sylvester Szmyd, posiblemente el mejor gregario para la montaña desde el Chechu Rubiera que resultara básico para que Lance Armstrong se llevara algunos de los Tours que conforman la leyenda deportiva del tejano. El polaco es una persona modesta, de las que callan por no hacer ruido; simpático, pero de pocas palabras. Viendo subidas como la del Mont Ventoux que se llevó en un mano a mano con Alejandro Valverde en la Dauphiné Liberé de 2009, es inevitable preguntarle por qué no ejercer de líder. «No creo que pueda estar entre los dos o tres mejores de una gran ronda. Prefiero trabajar para alguien que sí sea capaz de eso». Parco, algo inseguro; un gregario de manual.
En la tarea de dominar al pelotón durante las subidas a las míticas cumbres de ls gran ronda italiana ayudarán a Szmyd dos jóvenes de talento singular: el transalpino Valerio Agnoli y el croata Robert Kiserlovski. Agnoli (1985) lleva años evolucionando en la sombra; esta temporada ha dado un pequeño paso adelante, ha hecho sus pinitos en diversas carreras y su gran aparición en el alto nivel ha sido este Giro donde ocupa en este momento en el tercer lugar de la general. Por su parte, Kiserlovski (1986) es la mayor promesa del ciclismo del este de Europa desde Denis Menchov. Un ‘grimpeur’ fino, pero también buen rodador e incluso con cierta punta de velocidad para definir esprints reducidos. Tan completo que asusta, más aún viendo su corta edad. Ya ha conseguido una victoria esta temporada (Giro dell’Apenino). Su antiguo director, Giuseppe Martinelli, dijo de él que ganaría «el Giro de 2011» en una profecía que parece cada vez menos descabellada.
Las puntas de lanza, los grandes beneficiados del trabajo del bloque ‘verde’, son Ivan Basso y Vincenzo Nibali. Basso no necesita presentación: escalador de campanillas, su ‘affaire’ con el dopaje a raíz de la Operación Puerto vino a empañar una carrera deportiva que se preveía antológica. Volvió de la sanción hace exactamente año y medio, y en principio lo hizo algo falto de chispa. Se notó en el Giro y la Vuelta de la pasada temporada, donde llegaba a los metros finales siempre con los mejores pero echaba en falta el puntito definitorio. Esta campaña parece haber recuperado la brillantez, pero aún no es una apuesta del todo segura toda vez que no acaba de marcar diferencias en la montaña y suele perder algo de tiempo en la lucha contrarreloj.
Vincenzo Nibali, en cambio, es otra historia. Lo ‘squalo’ de Messina, el hombre cuyos duelos con Giovanni Visconti marcaron una época en el pelotón ‘dilettante’ italiano, es el vueltómano más brilllante del país con forma de bota. Sorprendió a propios y extraños con un séptimo puesto en la pasada edición del Tour de Francia, con un rendimiento magnífico en montaña y digno en cronos. Esta temporada repetía objetivos, siendo Julio el centro de su calendario y el podio de París un anhelo plausible. Pero los problemas de Pellizotti variaron su calendario, tuvo que figurar en la salida de Asterdam de improviso; como Contador en 2008 «vino de la playa». Cabe preguntarse si llegará a las mismas cotas que el pinteño; por lo pronto, ya es ‘maglia rosa’.
Liquigas suele ser el bloque más fuerte allá donde va, y este Giro no ha sido una excepción. Su tremendo potencial no puede ser igualado por ninguna otra estructura del pelotón mundial cuando la carretera pica hacia arriba; si acaso, por el RadioShack de Armstrong, Leipheimer y Klöden. Pero el equipo americano no está disputando la gran ronda italiana, y el resto de rivales no parece a la altura de la formación italiana. El BMC de Evans es débil; Cervélo (Sastre) y Astaná (Vinokourov) tienen un par de buenos ‘grimpeurs’ para proteger a sus jefes de filas, mientras que el nivel medio de Androni y Caisse d’Épargne es muy superior a la calidad diferencial de sus líderes Michele Scarponi y David Arroyo.
En este momento, Roberto Amadio tiene la llave para bloquear el Giro de Italia. Cuenta con los tres primeros de la general y un bloque a la altura, capacitado para conservar la posición de privilegio de la mejor de las maneras. Deberá burlar el acoso del resto del pelotón, que seguramente acometerá su inexpugnable defensa del liderato una y otra vez, buscándole una fisura que, hasta ahora, sólo tenía en la calidad diferencial de sus líderes.

Astarloza consigue la felicidad que merece

Con perdón: olé por los cojones de Astarloza
22 de Julio, Arueda.com

En cualquier religión, filosofía e incluso ideología política o económica se parte, de manera encubierta o no, de la siguiente premisa: la felicidad hay que merecerla. Hay que portarse bien, poner la otra mejilla; Kant diría que la felicidad es paralela a la buena voluntad, Marx que de una suma de comportamientos cívicos nacería una sociedad mejor y más justa. Mikel Astarloza, por su parte, diría que para conseguir algo no hay nada mejor que ir a por él, intentarlo una y otra vez. Porque tanto va al cántaro a la fuente que, al final, se rompe.

Hoy Astarloza ha ido cuatro veces con el cántaro a la fuente infructuosamente. Por delante se había formado una fuga cuyos integrantes más destacados eran Franco Pellizotti (Liquigas), Jurgen Van der Broeck (Silence), Vladimir Karpets (Katusha) y Fabian Cancellara (Saxo Bank). Junto a ellos, alrededor de una quincena de ciclistas, incluyendo tres compañeros de equipo de Mikel: Rubén Pérez, Gorka Verdugo y Egoi Martínez, con el maillot a puntos rojos entre ceja y ceja.

Astaná no pudo controlar las fugas

Pronto Pellizotti y Karpets se distanciaron del resto de la fuga, como para demostrar que eran los más interesados en que la escaramuza llegara a buen puerto y, sobre todo, los más fuertes. No era para menos: Pellizotti prácticamente se aseguraba la clasificación de la montaña, y Karpets por su parte estaba a apenas cinco minutos en la general y podía acortar distancias.

Esta última circunstancia, unida a la presencia de gregarios de los principales líderes, motivó que Astaná no quisiera dejar que la fuga hiciera camino. Sin embargo, el bloque dirigido por Bruyneel no está tan fuerte como los primeros días. Ha sufrido mucho desgaste, el liderato fáctico ejercido a pesar de que el amarillo estuviese en poder de Nocentini es un castigo tremendo. Hoy se ha hecho notar: no pudieron tumbar la escapada del día a pesar de intentarlo, aunque después mantuvieron el tipo en los ataques posteriores de quienes se querían unir a la fiesta…

La escapada del día, gran protagonista del espectáculo

Hasta que finalmente claudicaron. Antes, numerosísimos demarrajes y grupitos se formaron; Astarloza estuvo hasta en cuatro de ellos. El quinto y último, el bueno, lo formó con Goubert, Lefévre… y su compañero Igor Antón, que se vació para introducirle en el grupo de escapados, que transitaba a toda velocidad en persecución del dúo formado por Karpets y Pellizotti. Ambos coronaron el Gran San Bernardo en cabeza para después ser absorbidos en el descenso. Quedaba así un grupo de 18 ciclistas con alrededor de cinco minutos sobre el pelotón tirado por Astaná y tres Euskaltel (Antón, Verdugo y Astarloza; Rubén Pérez y Egoi Martínez se habían descolgado) vaciándose en pro de las opciones del propio Astarloza.

Se comenzó a subir el Pequeño San Bernardo y, de inmediato, se empezó a mover el árbol en la escapada. Pellizotti y Van der Broeck demarraban una y otra vez para seleccionar el grupo, mientras Astarloza llegaba con sufrimiento hasta su rueda segundos después, también una y otra vez. En la tentativa buena llegó a su estela también el francés de Cofidis Amäel Moinard, un combativísimo escalador de segunda fila llamado a un puesto entre los diez primeros del Tour en los próximos años. Detrás se formó un cuarteto con Casar (Française des Jeux), Fédrigo (Bbox), Roche y Goubert (AG2R). El resto de escapados fueron cazados por el pelotón.

Schleck lo intentó de nuevo

Mientras tanto, por detrás, también había tela por cortar. Andy Schleck había anunciado movimiento y parecía dispuesto a efectuarlo, a pesar de las dificultades pasadas en la primera ascensión del día. Y, efectivamente, Saxo Bank comenzó a tirar por detrás con fortaleza. Larsson, Nicki Sörensen y Chris Anker Sörensen seleccionaron el grupo, aumentaron el paso y eliminaron a todos los gregarios de Astaná. Preparaban el terreno para el ataque de los hermanos Schleck que, poderosos, saltaron llevándose a rueda otros cuatro ciclistas: el sorprendente Wiggins (Garmin), Nibali (Liquigas), Klöden y el gran líder Contador (Astaná), que mostró una fortaleza superlativa y, por encima de todo, solidez. Mucha solidez, pocos nervios; el camino hacia la victoria en París parece perfectamente trazado.

Faltaban varios en ese grupo de favoritos. Con Menchov (Rabobank) ya no se contaba, puesto que se había descolgado al principio de la ascensión. Sí fue más inesperado ver detrás a Cadel Evans (Silence), al quejumbroso Carlos Sastre (Cervélo) y, sobre todo, al gran foco de atracción mediático Lance Armstrong (Astaná). Los tres se habían quedado en un grupo retrasado, con toda la segunda fila del Tour a la que, supuestamente, no pertenecen. La sensación de decepción con respecto de la terna de favoritos caídos era fehaciente.

Pero, muy pronto, Armstrong quitó toda esa sensación. El americano dio la mayor exhibición individual en un Tour desde que Cancellara se impusiera el año pasado en Compiégne destrozando a todo un pelotón lanzado al sprint. Lance saltó desde el grupo y, en apenas kilómetro y medio, recortó los 45 segundos de retraso que acumulaba. Fue un ataque portentoso, especial, majestuoso. Empalmó con los seis favoritos que se habían destacado, que a su vez se detuvieron indecisos y dieron posibilidad al resto de ciclistas de segunda fila de reintegrarse con los mejores. Mejor dicho, a casi todos: Evans y Luis León Sánchez (Caisse) no pudieron hacerlo y perdió tres minutos en meta.

Astarloza resolvió la etapa a la perfección

El descenso del Pequeño San Bernardo, casi cuarenta largos kilómetros, apenas cambió nada; sólo apretó un poco las diferencias y eliminó al poderoso Jens Voigt (Saxo Bank), integrante de la fuga entonces situado en el grupo de favoritos que cayó aparatosamente al suelo y se vio forzado a abandonar. Por delante, el cuarteto formado por Pellizotti, Van der Broeck, Moinard y Astarloza caminaba con decisión mientras el cuarteto perseguidor se acercaba. A cuatro kilómetros de meta eran sólo siete los segundos de diferencia entre ambos grupos.

Encendió la mecha Moinard, con un ataque cuesta abajo poco efectivo que respondió rápidamente Van der Broeck. Una vez neutralizado ese movimiento, los fugados se miraron peligrosamente: se les echaban encima. No había tiempo. Astarloza lo entendió, leyó la carrera y se lanzó. Nadie respondió, abrió hueco en un santiamén y los otros tres comprendieron que se les habían agotado las opciones de victoria. El guipuzcoano de Pasajes, el primo de Chaurreau que empezó como profesional en AG2R, se hacía con una victoria que soñaba desde niño.

Era un premio. Para el trabajo realizado por Euskaltel durante todo este Tour, para las numerosas escapadas protagonizadas, para la labor de equipo por el maillot de la montaña de Egoi y la general ó victoria de etapa de Astarloza. El premio se lo llevó quien más se lo merecía, el corredor de menor clase capaz de entrar entre los diez primeros del Tour. Sólo a base de actitud, compensando su tosca manera de pedalear y su calidad limitada con una capacidad de sufrimiento fuera de lo común. La felicidad está más fácil para unos que para otros, unos son más buenos que otros. Pero se puede llegar a ella sin tantas capacidades, pero con más coraje.

Los cortes de la Navaja de Occam

Arueda.com

La navaja de Occam es un instrumento empírico que sirve como base a cualquier razonamiento lógico. Lejos de ser un instrumento físico, es una máxima cuyo nombre radica en que corta de raíz cualquier divagación e hipótesis demasiado complicada. Establece la preponderancia de lo simple con el siguiente postulado: “La interpretación más sencilla es probablemente la correcta”.

En ciclismo no hay carrera más sencilla que la contrarreloj: un recorrido que cada participante completa individualmente con el objetivo de hacerlo en el menor tiempo posible. Determina la fortaleza física del corredor mucho mejor que la montaña, donde hay cierto componente mental; mucho mejor que el sprint, donde hay una parte importantísima de trabajo de equipo; mucho mejor que el terreno de las clásicas, donde la táctica juega un papel decisivo. Aquí todo es muy sencillo, es la lucha en igualdad total de condiciones, la navaja de Occam corta muy bien.

La crono de hoy parecía sacada de otro tiempo. Acumulaba una longitud de sesenta kilómetros, propia de cualquier carrera del género en cualquier gran vuelta, pero la sazonaba con dos puertos de montaña que proporcionaban una dureza descomunal. Para muestra, los 17 minutos y 50 segundos de retraso que ha acumulado en meta el último clasificado, Óscar Gatto (ISD), con respecto del ganador Denis Menchov.

El ruso de Rabobank ha sido, sin duda, el gran beneficiado de hoy. Inició el día a 1’20” de la ‘maglia rosa’ que llevaba Danilo Di Luca y lo acabó con ella puesta y 34” de renta. Menchov es un corredor fortísimo, dominador en las contrarrelojes y capaz de lo mejor (Alpe de Siusi) y lo peor en la montaña, a causa de una debilidad mental que le hace hundirse cuando ve alguien superior a él en la carretera. Eso le hizo no ganar el Tour del año pasado, donde también acusó un poco de mala suerte, si bien no le ha impedido ganar una Vuelta a España, la de 2007, en la que avasalló desde otra crono (Zaragoza) hasta el final.

Sin embargo, ahora Menchov se enfrentará a otro problema que no es de mentalidad a la hora de defender el liderato. Se trata del equipo. Rabobank ha traído una alineación más bien débil, sobre todo a la hora de subir, que tiene además el hándicap de haber perdido a su ‘capitano’ en ruta, Pedro Horrillo, debido a una caída. Sólo Laurens Ten Dam (19º en la general), Mauricio Ardila (48º) y Dimitri Kozontchuk (79º) si se encuentra en sus mejores días parecen capaces de resistir hasta el último puerto con el ruso. Los acontecimientos pueden sobrevenir, sobre todo, con un ataque lejano en una de las numerosas etapas de media y alta montaña que restan hasta la llegada en Roma.

Otro equipo donde la navaja de Occam ha metido su filo ha sido Liquigas. Su bicefalia corre el peligro de convertirse en dicotomía; desventajas de salir con dos líderes en el mismo ‘nueve’. Ivan Basso y Franco Pellizotti han convivido hasta ahora perjudicándose, no han dado pedaladas a favor del otro y sí en contra; por ejemplo, el corte de la décima etapa que costó veinte segundos de desventaja a Basso lo provocó el propio Pellizotti.

En la contrarreloj, Pellizotti ha demostrado estar un punto por encima de Basso. El hombre del cabello rizado lleva un minuto de ventaja respecto del varesino, quien sólo se mostró mejor que él en Alpe de Siusi y tiene además dos hándicap: impericia para atacar y poca costumbre de alta competición. En estas circunstancias, recortar tres minutos (su diferencia respecto del líder Menchov) se antoja muy complicado si se espera a combatir de tú a tú. Pellizotti, por tanto, parece en mejor disposición para aspirar a la maglia rosa. La solución para evitar un conflicto tal vez sea buscar ataques lejanos con Basso, hacer trabajar a Menchov y dejar el terreno abonado para que Pellizotti remate. Que ambos den pedaladas para sí mismos, pero que al menos no se perjudiquen…

Por otro lado, la decepción de la contrarreloj posiblemente haya sido Michael Rogers. El australiano, antiguo campeón del mundo contrarreloj, se ha visto superado por los rivales y el recorrido y ha perdido casi tres minutos en meta con Menchov. El corredor de Columbia muestra una falta de solidez casi alarmante y, aunque algunas apuestas le daban como candidato a la sorpresa, aún le falta ese punto de regularidad para situarse entre los mejores. Tampoco su compañero Thomas Lövkist (a cinco minutos) ha dejado mejores sensaciones; la navaja de Occam dice esta vez que la guerra de Columbia seguramente no sean las clasificaciones generales.

Todo lo contrario le sucede a Carlos Sastre. Y a Levi Leipheimer. Ninguno de los dos se ha mostrado exultante, ni muy entonado; se mantienen a la expectativa, pero aún así son quinto y segundo en la general, respectivamente. El abulense de Cervélo espera amparado en su condición de corredor de fondo, lo que propicia que sus etapas para marcar diferencias sean más las finales que las iniciales. El americano, por su parte, esperaba no tener rival en la contrarreloj, poder sacar tiempo a todos; ahora tiene un problema llamado Menchov. Y también una solución llamada Astaná, un equipo potentísimo con capacidad de sobra para armar verdaderos zafarranchos.

El último corte de la navaja de Occam, el primero cronológicamente de todos los reseñados, lo ha dado en Lance Armstrong. Después de dos semanas introducido en el fragor de la competición, el americano ya había tomado ritmo de competición y se encontraba ante la prueba de fuego de la disciplina que tantos éxitos le dio otrora. El resultado, 13º a 2’26”, no invita al optimismo de pensar en la recuperación del Armstrong de antes de la retirada; hay doce ciclistas por encima suya, antes no había ninguno. Sin embargo, sí deja bien a las claras que el tejano sigue teniendo un nivel más que decente. Y puede ser, por qué no, que le veamos dinamitar el Giro con su trabajo a favor de Levi Leipheimer…

Italia vs Resto del Mundo en el Giro

¿Seguirá la hegemonía italiana o habrá sucesor para Pavel Tonkov?
11 de Mayo, Arueda.com
En el terrible recorrido de esta edición del Giro de Italia lucharán por la victoria 198 ciclistas (197 tras el positivo de Richeze, de CSF-Navigare) pertenecientes a 22 equipos. En esta ocasión no parece tan claro el favoritismo de los italianos para la victoria final, tan aplastante en la últimas ediciones (el último extranjero ganador fue el ruso Pavel Tonkov en 1996).


En esta ocasión, los no italianos llegan encabezados por un alemán que tenía en el punto de mira esta carrera a pesar de no saber si iba a correrla: Andreas Klöden. Y es que el de Astaná llega en un buen momento de forma tras su victoria en Romandía. A su lado contará con dos gregarios de lujo que no parecen llegar lo suficientemente bien para optar a la victoria final: el americano Levi Leipheimer y el ídolo español Alberto Contador, que recientemente se ha descartado para la lucha por la ‘maglia rosa’; aún y a pesar de esto, no sería descabellado pensar en un puesto entre los diez primeros y al menos un triunfo de etapa.

El ruso de Rabobank Denis Menchov aspira también a suceder a su compatriota Pavel Tonkov como ganador extranjero del Giro. A priori, asistía como preparación para el Tour: sin embargo, la gran condición física demostrada en Romandía le apunta como gran favorito a la victoria final. Caisse d’Épargne lleva también como líder a un ruso, del cual hablamos recientemente: Vladimir Karpets.

De Latinoamérica llegan tres ciclistas con posibilidades de hacerlo bien en algunas etapas de montaña y, en algún caso, incluso en la general: el venezolano José Rujano (Caisse d’Épargne), el colombiano Mauricio Soler (Barloworld), el mexicano Julio Alberto Pérez Cuapio (CSF-Navigare)… y un aspirante a sorpresa como es el escalador colombiano de Serramenti-Diquigiovani José Serpa, que ha realizado una adecuada aproximación al Giro y podría hacer saltar la banca en alguna etapa y también optar a la ‘maglia verde’ si no se ve excesivamente supeditado a su líder Simoni.

La armada italiana se basa en tres puntales de tres generaciones diferentes: el veterano Gilberto Simoni (Serramenti), el maduro Danilo Di Luca (LPR) y el joven Riccardo Ricco (Saunier Duval). Simoni, un ciclista ya en declive pero con clase y ese puntito extra dado por la experiencia, llega con una forma física aceptable a pesar de no haberse dejado ver en exceso. Ya saboreó las mieles del triunfo en dos ocasiones, ha estado cerca de hacerlo varias más… y podría volver a hacerlo ahora.

Por su parte, Danilo Di Luca llega enrabietado tras los múltiples problemas del asunto ‘Oil for Drugs’, que le han sacado del Pro Tour y de la campaña de clásicas de primavera. Está absolutamente centrado en el Giro y aspira a hacerse con la ‘maglia rosa’ por segunda vez tras su triunfo del año pasado. Llega en una forma física ideal (ganó el Giro del Trentino), las trampas del recorrido en la primera semana no le son para nada hostiles. Es el favorito número uno.

Riccardo Ricco’, ‘El Cobra’, es el último de la terna de grandes favoritos italianos. Y el más imprevisible. Ha tenido una campaña de primavera desastrosa, problemas extradeportivos y físicos… Toda una incógnita. Su sexto lugar en el Giro el año pasado y su evidente margen de progresión, sin embargo, le señalan como favorito.

Un coetáno de Ricco’, Vincenzo Nibali (Liquigas) se presenta como principal alternativa a todos estos nombres… y como potencial sorpresa, ya que hay quien lo sitúa en el podio. A su lado tendrá al curtido Franco Pellizotti, que siguen en busca de ese “puntito extra” que le permita estar con los mejores. CSF-Navigare presenta a otra posible sorpresa, Domenico Pozzovivo, y a un hombre que busca revindicación como es Emanuele Sella. Tres veteranos que ya han brillado en el Giro son también candidatos a destacar: Leonardo Piepoli (Saunier Duval), Marzio Brusheghin (Lampre) y Paolo Savoldelli (LPR).

En el plano de los sprinters, hay múltiples nombres y ningún dominador claro ante la falta de Alessandro Petacchi. Robbie Mc Ewen (Silence-Lotto), Erik Zabel (Milram) y, sobre todo, Daniele Benatti (Liquigas) son los llamados a poseer la supremacía de las volatas; Paolo Bettini estará siempre ahí gracias a la dureza implícita en los finales de cada jornada.

El australiano Graeme Brown (Rabobank), el británico Mark Cavendish (High Road) y el alemán Robert Förster (Gerolsteiner) son alternativas. Se presentan otros nombres destacados como Ilgynski y Bazayev (Astaná), Pagliarini (Saunier Duval), Loddo (Tinkoff) y Hondo (Diquigiovani). También hay un español con serias opciones de estrenar su casillero en vueltas por etapas, el vasco Koldo Fernández de Larrea (Euskaltel). Los sprints, eso parece claro, serán una lotería y un espectáculo ante la falta de un equipo que lleve el mando y la locura de todos los finales de etapa.