Vueltomanía australiana

Hoy tuvo lugar en la Vuelta a Burgos, probablemente la mejor carrera española no World Tour en términos de difusión, comunicación y explotación publicitaria, la tradicional etapa de las Lagunas de Neila. Estuvo marcada por una gran exhibición de los jóvenes colombianos Johan Esteban Chaves y Sergio Henao, con victoria del primero y ridículo del segundo por cedérsela sin tener asegurado el triunfo en la general. Éste correspondió al madrileño Dani Moreno, que tiró de pundonor, experiencia y Pellizotti para imponerse en la ronda castellano-leonesa y conseguir de paso su peso en cerezas. Un minuto largo después de la acción principal, 15º, llegaba a meta Cameron Meyer.

¿Hay vueltómanos en Australia? De verdadero postín, uno: se llama Cadel Evans, y ganó el Tour de Francia el año pasado. Con algo menos de credenciales, subordinados y reconocidos como dos grandes gregarios por su labor para Wiggins, están Richie Porte y Michael Rogers. En camino se halla el nuevo fichaje de Garmin-Sharp Rohan Dennis y, a tenor de lo visto en el Circuito de la Sarthe, quizá Luke Durbridge. Ante la aparente escasez de grandes vueltómanos aussies de nuevo cuño, el director de GreenEdge, Shayne Bannan, adujo a principio del año que era una cuestión de reconocimiento, futuro y expectativa: “Si miras bien, hay un par…

Las esperanzas, según Bannan, se llaman Jack Bobridge y Cameron Meyer. Bobridge lleva un año más bien anónimo en la carretera, centrado en preparar las pruebas olimpicas de pista, donde ya ha recogido una plata en persecución por equipos. Por su parte Meyer, desprovisto de cualquier opción de medalla en Londres 2012 al caerse del programa las disciplinas de fondo como el madison o la puntuación (donde es vigente campeón mundial), sí ha depositado sus esfuerzos en la ruta con la pretensión de devenir especialista en carreras por etapas.

Un plan: “aprender cómo disputar generales“, prefiriendo pequeños escenarios a los grandes como el Tour de Francia en el cual rechazó alinearse. Un plan madurado, que llevaba en la cabeza desde sus albores. Incluso podemos encontrar en su hoja de servicios dos Giros de Italia completados con Garmin y que, aunque poco indicativas, ya ha ganado dos rondas por etapas: el Tour Down Under 2011, atípica por cuanto carece de montaña o contrarreloj verdaderamente decisivas, y la Vuelta a Japón de 2008, donde con 20 años se impuso a su ya experto compatriota Jai Crawford y al clásico exótico Vincenzo Garofalo, sumando un alentador quinto puesto en la sobrecogedora subida desde parado al Monte Fuji.

Es un proceso, de perder algo de potencia y explosividad para ganar fondo y subir mejor. Vengo de los velódromos, donde mis competiciones duraban quince minutos, y pasar a la ruta para disputar carreras de siete horas es un desafío“, explicó en una entrevista en VeloNation. Para completar su conversión deportiva, Meyer está residiendo durante la temporada en Andorra y ha hecho girar su calendario competitivo en torno a carreras por etapas. Los abandonos en Turquía y Suiza, ambos por enfermedad, fueron las de arena; el 11º lugar en la Vuelta California y el 10º en Tirreno – Adriático, “mi plan va por buen camino“, las de cal.

Burgos no es ni cal ni arena, por cuanto no deja ser un ‘sparring’ para él y su nivel no ha sido lo suficientemente malo o bueno para extraer conclusiones. Estas llegaran en la Vuelta a España, punto álgido de su temporada, ante cuya apreciable participación y decena de finales en alto se pondrá a prueba. Su fortaleza estará en la crono de Pontevedra, para la cual se le supone más apto que la media de aspirantes a un buen puesto en la general. Su debilidad es la bisoñez, teórico defecto que pule pacientemente para convertirse dentro de no demasiado tiempo en el siguiente gran vueltómano australiano… Con el permiso de Durbridge y Dennis.

Foto: Iraia Calvo

Disfrutar un esprint

Hoy en Herning, llegada de la primera etapa en línea del Giro de Italia, se ha disputado un magnífico esprint. Si somos adeptos de la perfección quizá no haya sido brillante, pero sí ha resultado emocionante y tácticamente complejo, mucho más de lo que se suele expresar en las retransmisiones televisivas donde se expresa un caos en pos de la línea de meta más que un juego de técnica y estrategia. Os proponemos lo siguiente: leed esta explicación detallada de lo sucedido y, después, ved el vídeo de la llegada. ¡Ya veréis cómo es todo de intricado y apasionante!

Primero, los antecedentes: Sky y, en menor medida, GreenEdge han asumido la caza de la fuga del día, compuesta por Alfredo Balloni (Farnese Vini), Miguel Ángel Rubiano (Androni) y Oliver Kaisen (Lotto). Conseguido esto, han consentido que el local Lars Ytting Bak (Lotto) se luciera rodando por delante del pelotón una veintena de kilómetros. En los diez últimos kilómetros, Taylor Phinney ha sufrido una caída que le ha obligado a llevar a cabo un esfuerzo vertiginoso con ayuda de tres coequipiers de BMC para reintegrarse en el pelotón…

Y mientras tanto, por delante, se desarrollaba una ‘volata’ espléndida. Estamos en el segundo día de competición, y eso es un factor apreciable: todos los ciclistas y equipos tienen fuerzas y buscan realizar su estrategia en la carretera tan idealmente como era escrita en el papel y, si no, aprovechar los esfuerzos ajenos para el rédito propio.

La realización

Garmin, por ejemplo, ha sido junto a Sky el mejor bloque de la etapa de hoy. Sébastian Rosseler, primero, y Ramunas Navardauskas, después, han llevado perfectamente a cabeza a Jack Bauer, Alex Rasmussen, Robert Hunter y Tyler Farrar. Precisamente Hunter ha sido quien ha lanzado definitivamente el esprint; sin embargo, Farrar ha vuelto a no rematar en los metros finales y terminó cuarto. Así, el magnífico trabajo del conjunto de Jonathan Vaughters ha terminado siendo de provecho para los otros contendientes.

Otros dos hombres relevantes: Filippo Pozzato y Daryl Impey. El italiano, trabajando para Andrea Guardini, ha realizado dos postas impresionantes (a 3 y 1’5 kilómetros de meta) de resultado estéril para Farnese por cuanto su joven líder ha caído en la recta de meta cuando marchaba más allá de la décima posición del grupo pero útiles para Sky, que ha suplido con ellas las carencias de Hunt y el encierro de Cavendish que explicaremos más adelante. Por su parte, Impey ha llegado a la cabeza del pelotón dentro del último kilómetro, y pasado por la última curva (un codo a 500 metros de meta) en primera posición; sin embargo, no llevaba a su rueda a sus coequipiers de GreenEdge. Goss, 2º en meta, explicaba en meta que era la primera vez que el ‘treno’ corría junto.

Y luego está Sky. Los británicos sufrieron la baja del veloz Ben Swift el día del prólogo, y hoy probablemente lo hayan echado de menos: su reemplazo, Jeremy Hunt, no tiene la capacidad de realizar su labor en los últimos metros y las piezas han tenido que moverse. Hunt tiró del grupo hasta -3, cuando le rebasó Pozzato, quien favoreció la prevalencia británica. Después fue el turno de Flecha, que fue rápidamente superado provocando una reacción en cadena que terminó con un bandazo de Roberto Ferrari (Androni) y Cavendish encerrado a mitad del pelotón.

En ese momento, el trabajo de Eisel quedó estéril; también Kennaugh quedó fuera de juego. Fue Geraint Thomas quien, a 1’5 de meta, supo ver en el otro lado del grupo el tren de Farnese Vini, liderado por Pozzato, y dirigir a Manx Express hacia él en una maniobra audaz que le permitió volver a llevarle a la cabeza del grupo con la ayuda inestimable de un reaparecido Kennaugh. Después los británicos supieron situarse en la rueda del habilidoso Hunter y Tyler Farrar. Una vez en recta de meta, cada gregario lanzó a su líder, sin caer en la “trampa” de la débil arrancada de Hushovd. Entonces Farrar naufragó y Cavendish hubo que poner toda la carne en el asador para superar a Geoffrey Soupé y mantener a raya a Matthew Goss, que no llegó a inquietar al que hoy día es indiscutiblemente el mejor esprinter del mundo.

Ahora, el vídeo del esprint. No es un caos, sino un magnífico duelo de estrategias.

Foto: GreenEdge

GreenEdge es una mina para Orica

A las 10:37 horas en Melbourne, 2:37 en España, GreenEdge cumplía su promesa y anunciaba a través de Twitter su nuevo patrocinador principal. Dos minutos después, la página web de la escuadra, de diseño futurista y basada en la plataforma libre Drupal, se caía, obligando al departamento de comunicación encabezado por Bryan Nygaard a recurrir a Facebook para difundir su noticia: Orica, gargantuesca empresa de servicios para la minería, esponsorizará la escuadra australiana durante los próximos tres años.

La operación colma los deseos del mecenas de GreenEdge, Gerry Ryan, dispuesto a soportar con sus acaudalados bolsillos el equipo durante cierto tiempo pero no eternamente. El nuevo patrocinio evitará a la estructura de las antípodas recurrir a una fusión a lo Leopard. Se concretará, de inicio, con la integración de la marca en el maillot de la escuadra de cara al inminente Giro de Italia; antes del Tour de Francia, la imagen del ahora llamado Orica-GreenEdge será completamente rediseñada.

Las reacciones oficiales son, como es lógico, felicianas. Ryan habla de “un hito” que “ayudará al equipo a crecer“. Shayne Bannan, máximo responsable deportivo de la escuadra, se felicitaba en Cyclingnews porque “las buenas prestaciones deportivas” y “los valores” hayan servido para atraer este patrocinio. Ian Smith, director general de Orica, se mostraba orgulloso por poder unir su empresa “con un proyecto rompedor y pionero” que supone “una magnífica plataforma de márketing“.

A todo esto… ¿qué es Orica?

Se trata de una empresa de servicios para la minería. No explota directamente yacimiento alguno, sino que vende materiales para ello a través de sus diversas divisiones: Orica Mining Services (explosivos y técnicas de voladura), Minova (estructuras para minas) y Orica Chemicals (productos químicos generales). Su negocio es prolífico: en 2011 obtuvo un beneficio neto de 642 millones de dólares australianos, 500 millones de euros.

El motivo de un balance tan brutalmente positivo radica en un contexto tremendamente favorable como es la incipiente industria minera australiana. El país es rico en recursos minerales (tiene, por ejemplo, el 5% de las reservas recuperables de carbón en el mundo) y los está explotando y exportando al mercado asiático. Como consecuencia, el sector ha crecido enormemente hasta representar el 10% del PIB de Australia. No es extraño, por tanto, que Orica progrese a pasos agigantados; tampoco es raro que el gobierno laborista del país haya decidido “morder” el pastel con un impuesto a las mineras del 30% de su beneficio.

Volviendo a Orica en sí, sus orígenes se remontan a finales del siglo XIX, cuando nació un primer embrión de la compañía, que llegó a ser poseído por la empresa de Alfred Nobel, inventor de la dinamita. Emplea a 14000 personas y está presente en 50 países. En España, por ejemplo, se implantó comprando la autóctona Ibernobel y tiene tres sedes: dos en Cuenca (Tarancón y Montalbo) y una en León (Valderas).

El objetivo del patrocinio de Orica es claro: asociarse con los valores de trabajo en equipo y ecología inherentes al ciclismo. En la faceta ‘verde’, explotada actualmente por Argos Oil, Saur o Nissan entre otros, es donde tiene más trabajo que hacer. En su web, Orica afirma estar comprometida con el medio ambiente, pretender evitar deterioros a raíz de su actividad e incluso estar dispuesta a limpiar su legado de contaminación. Sin embargo, sólo en Nueva Gales del Sur rompió 131 veces sus permisos para generar polución entre 2000 y 2011. Recientemente ha protagonizado un nuevo escándalo ecológico en dicho estado, al atracar varios días frente a la costa Newcastle un barco de ‘sustancias potencialmente explosivas’, con 3000 toneladas de nitrato de amonio.

La situación no es, pues, halagüeña para la compañía en términos de imagen pública. La esponsorización del GreenEdge de Goss, Gerrans o Albasini es el primer paso de Ian Smith, recién nombrado director general, hacia una mejora de la percepción de Orica tanto en Australia como en el extranjero. Esta por ver que su asociación con el ‘verde’ rinda como desea; pero, por lo pronto, ya ha conseguido que la exposición de su marca se multiplique… Porque, si no fuera por este patrocinio, ¿por qué íbamos a estar hablando de ellos en Revolutio.es?

Foto: GreenEdge [Gerry Ryan [Jayco-derecha] e Ian Smith [Orica-izquierda]

Daryl Impey saldó la deuda de Morris Possoni

A Daryl Impey se le queda dormida la mandíbula de vez en cuando. Es una secuela, anecdótica, de un accidente que le pudo costar la vida y perdura con tal viveza en la memoria del ciclismo que recordarlo no merece ocupar más que un par de frases, treinta segundos de vídeo: en la última etapa de la Vuelta a Turquía de 2009, cuando se disponía a consumar su triunfo en la general de la Vuelta a Turquía, el esprinter de  Rabobank Theo Bos le agarró del hombro, arrojándolo al suelo de manera escalofriante. La caída le obligó a cruzar la meta en ambulancia, impidiéndole subir al podio definitivo para laurearse con todos los honores procedentes. La ronda turca sumó en su palmarés con más de escalofrío que gloria.

Por eso, para compensar ese aura evocadora de condescendencia, Daryl Impey merecía un triunfo como el conseguido en la segunda etapa de la Vuelta al País Vasco. El sudafricano no deja de ser un hombre de mucho trabajo y escasa suerte. Le costó cinco triunfos en categoría profesional dar el salto a un equipo ídem; cuando su carrera empezaba a despegar, sucedió el desagradable incidente turco; disfrutó de una oportunidad en RadioShack, pero sus cualidades de velocista no encajaron en la labor de brega precisada por Bruyneel. No le renovaron y aquel invierno cayó en la trampa de Pegasus, lo cual le obligó a volver a casa encuadrado en el modesto MTN-Qhubeka; a media campaña le rescataron los alemanes NetApp, que posteriormente le permitieron abandonar la casa germana para enrolarse en el potentísimo GreenEdge, en cuyas filas ha tenido el privilegio de desempeñar un trabajo clave para la victoria de Michael Albasini en la Volta a Catalunya.

 La victoria de hoy no sólo ha sido justa con el sudafricano, que ayer estaba “decepcionado” y hoy celebraba su triunfo extasiado. También ha supuesto el saldo de una especie de deuda latente, contraída hace algo menos de cuatro años en la misma ciudad (Vitoria) donde Impey esprintó de forma agónica para aguantar la ventaja obtenida a través de un demarraje casi involuntario bien entrado el último kilómetro. Allí, entonces, Morris Possoni había realizado otro esprint agónico para aguantar la ventaja obtenida a través de una fuga lejana. El italiano, entonces en High Road, no pudo resistir la acometida de su coequipier Kim Kirchen, quien le derrotó en el último golpe de riñón. Impey, en cambio, sí ha logrado levantar los brazos; también los levantó tras él Allan Davis, compañero en GreenEdge y vasco de adopción, que no le rebasó para otorgarle un meritorio triunfo. Más retrasado, 122º con algo más de medio minuto de pérdida y vestido de Lampre, llegaba Morris Possoni.

Foto: Esports3 – Hat tip @mrconde