Quieren traerse un Mundial a España

Hace ya unos días que la comitiva española llegó a Geelong para participar en los prácticamente mal denominados Mundiales de Melbourne. Capitaneada por José Luis de Santos en la parte deportiva, con una representación institucional más amplia de lo habitual para defender a capa y espada la candidatura de la ciudad berciana de Ponferrada para optar a la organización de los Mundiales de 2013 y con el siempre eficaz jefe de prensa de la RFEC Luis Román Mendoza para contar sus peripecias. El objetivo: traerse al menos un Mundial a España.
La primera gran opción, esperanza e ilusión, era que los encargados de la candidatura de Ponferrada 2013 fueran quienes consiguieran el primer Mundial para la delegación española esta madrugada, mañana en Australia. Parecían ir bien colocados: los rivales de Florencia, Génova y Hooglede-Gits no tenían demasiado postín ni especial difusión. Además, Ponferrada 2013 había tenido mucho apoyo del Gobierno y la Junta de Castilla y León, aunque no tanto de los medios.
Una vez en Australia, las opciones de la candidatura española comenzaron a bajar enteros. La rumorología, bastante certera en estos casos, señalaba a Florencia como ciudad elegida en el cónclave de trece altos cargos de la UCI que decidiría dónde se desarrollarían los fastos de 2013. Y, efectivamente, este mediodía se confirmó la noticia. La UCI le ha concedido a Italia su cuarto Mundial en quince años; el quinto si contamos Mendrisio, ciudad suiza pero prácticamente italiana. Se dice que la solvencia organizativa de los italianos es admirable… Así pues, Ponferrada deberá esperar un año más para culminar su sueño de organizar un Mundial, dificultado sin duda por no ser una capital de provincia.
Féminas y sub23: opciones remotas
Una vez eliminados los bercianos, a España sólo le queda la opción deportiva para traerse un Mundial; los mejor colocados para ello son, sin duda, los hombres de categoría élite. Entre las chicas, las opciones son mínimas. Rosa Bravo, Ana Belén García y Belén López están por desgracia lejos de las Pooley, Vos o Ardnt; de hecho en la crono de hoy, ganada precisamente por Pooley, Bravo (31ª) y López (33ª) han completado sendas actuaciones anónimas.
En cuanto a los jóvenes, la distancia con la élite existe pero es algo menor. Jesús Herrada, Juan José Lobato, Higinio Fernández y Mikel Landa ya demostraron durante la temporada en general y en el Tour del Porvenir en particular capacidad de codearse con los mejores. En la prueba en ruta, Lobato es una interesantísima baza para el esprint mientras sus compañeros pueden buscar el triunfo mediante fugas. En la CRI, disputada esta mañana, Herrada ha cuajado una notable performance al ser octavo a sólo 1’18” del campeón, el irresistible Taylor Phinney.
Freire, a por su cuarto Mundial
Son los mayores quienes más posibilidades tienen de campeonar en Geelong. José Luis de Santos ha tenido buen criterio para realizar la lista, primando para la prueba en ruta la formación de un equipo sólido y entregado al cántabro Óscar Freire antes que la selección plagada de posibles ganadores que tuvo España en otras ocasiones. Para la contrarreloj ha habido más problemas. Hubo muchas dudas, con Rubén Plaza y Luis León renunciando a tomar parte en ella; pero finalmente se han saldado, como casi todo este año en la selección y en contraste con lo que sucedió en Mendrisio, sin malos rollos. Representarán a España Iván Gutiérrez y Luis León Sánchez, quienes tienen un recorrido adaptado a sus características pero una competencia brutal encabezada por Cancellara, Porte, Martin y Larsson.
En la ruta hay, de inicio, un grupo de seis ciclistas que ejercerán de gregarios y tendrán a Freire como líder, a Gárate como ‘capitano’ y a Samuel como hombre libre. Imanol Erviti, Luis León Sánchez, Rubén Plaza, Carlos Barredo, Haimar Zubeldia y Fran Ventoso llegan a la cita mundialista en un estado de forma óptimo; la mayoría han completado la Vuelta, mientras Zubeldia se ha preparado en las pruebas ProTour canadienses y Ventoso ha hecho lo propio en las semiclásicas italianas y francesas. Todos tienen avales de sobra y se centrarán en proteger a Freire y controlar una carrera que se prevé movida, muy influenciada por el viento. Para ello tendrán la compañía o la animadversión de otras selecciones potentes como Italia (Pozzato, Visconti), Australia (Goss, Evans) o Bélgica (Gilbert), que cuentan también con líderes definidos y quizá opten por dinamitar la prueba para eliminar a esprinters puros como el americano Farrar, el alemán Greipel o el británico Cavendish.
Los puntales de la selección, Gárate, Samuel y Freire, tienen ya sus funciones bien definidas. El hecho de que no habrá pinganillos en la prueba en ruta dota a Juanma Gárate de una importancia especial en los esquemas de la selección: al ser el más veterano del grupo, tomará galones y ejercerá de ‘capitano’; o, lo que es lo mismo, de director fáctico. Él tomará las decisiones y mandará tirar o parar a sus compañeros en función de las necesidades de Freire. Samuel Sánchez, por su parte, podrá jugar sus bazas y no estará atado a las necesidades del cántabro…
El cántabró. Óscar Freire. La mejor baza de todas, el mejor esprinter que ha tenido España en años, con un talento especial para los Mundiales. Ya lleva tres: desde Verona 2004 está empatado con Rik Van Steenbergen, Alfredo Binda y Eddy Merckx en esa plusmarca sólo al alcance de los dioses de este deporte. Su objetivo, de aquí a su retirada, será romperla y colocarse como líder en solitario de ese ránking de ensueño con cuatro impresionantes entorchados. Este año tiene una ocasión de oro con un recorrido que le viene como anillo al dedo y una selección volcada en jugar su baza. El domingo, alrededor de las nueve de la mañana, tras una madrugada donde los aficionados españoles lucharemos a brazo partido con Morfeo, sabremos si Freire consigue traerse ese anhelado Mundial a España.

Estadísticas de la #porramundial2010

Viene siendo habitual que los habitantes del “tuiterío ciclista” nos enzarcemos en una porra cuando se acerca algún evento importante del deporte de las dos ruedas. La costumbre inició en la París – Roubaix, cuando @EzquerroAS y yo (@elpecharroman) hicimos una porra que sólo tuvo siete u ocho participantes. Poco a poco la cosa se ha ido sofisticando. La de los Nacionales CRI fue la primera que organicé en primera persona y tuvo una quincena de apuestas; la del Tour subió a 25 pronósticos, ya en la Vuelta hubo 47… y para estos Mundiales de Melbourne / Geelong ya vamos por 57 participantes, de los cuales 51 han hecho la apuesta completa.
La cosa mola, en primer lugar, porque sirve para conocer gente que merece la pena. En segundo, porque es fenomenal ver cómo la gente apuesta porque sí, sin haber nada en juego aparte de la honrilla que por ejemplo se llevaron @juanrito en el Tour y @petanqui en la Vuelta; esta vez hemos bromeado con los 1000 € de premio que nos había aportado un jeque árabe. Y en tercero porque, como ha dicho un tuitero que curiosamente no participa (@AitorNavarro), es curioso observar las apuestas de la gente y sacar conclusiones estadísticas como las siguientes…
Contrarreloj
> Indudablemente, Fabian Cancellara es el gran favorito. 49 de los 55 apostantes en la crono, el 89%, dan al suizo como ganador. Sólo dos tuiteros le dejan fuera de sus pronósticos: el extravagante @fkasiski y el condescendiente (“pobre Fabian”) @FernandoLlamas
> El favorito al segundo puesto es, sin duda, Tony Martin. 23 pronósticos, el 42%, le dan como medalla de plata. Mientras, 4 apuestas le dan como ganador y 13 le sitúa en el tercer lugar.
> El otro corredor recurrente en las apuestas de los tuiteros son Gustav Erik Larsson: 26 veces (47%) aparece… y sólo una como ganador
> Como resultado de estos tres condicionantes, el podio más repetido es Cancellara – Martin – Larsson, por este orden; ha sido apostado en 10 ocasiones. El segundo, Cancellara – Larsson – Martin, seis veces.
> Mucha menos confianza merecen para los tuiteros los siguientes ciclistas, que sólo han aparecido en una apuesta: Alex Ramussen (@CheliFdez), Patrick Gretsch (@fkasiski), Janez Brajkovic y Sven Tuft (@Biarnes72)
> La ausencia de Cadel Evans frustra los pronósticos de @BiciGogaESPN y @lucrational, que le llevaban en tercera y segunda posición respectivamente.
Ruta
> El principal favorito es Óscar Freire, medalla de oro para 21 de los 53 apostantes, el 40%. Para el resto de plazas de podio no se le tiene tan en cuenta: sólo 2 piensan en él para el segundo lugar, únicamente 3 le situán tercero.
> Philippe Gilbert también tiene el favor de los tuiteros. Según 15 pronósticos campeonará; otros 15 le sitúan segundo y 7 le ponen bronce.
> Si poca gente piensa en Freire para un cajón del podio que no sea el mayor, caso contrario es el de Filippo Pozzato. 10 tuiteros le ponen tercero y 11 segundo, mientras que sólo tres creen en él para el oro
> Entre Gilbert y Freire acumulan 36 apuestas para el oro, el 68%. El resto de pronósticos se reparten entre otros ocho corredores: Alexandr Kolobnev, André Greipel, Fabian Cancellara, Filippo Pozzato, Mark Cavendish, Peter Sagan y Samuel Sánchez.
> Al contrario que en la crono, hay una gran diversidad de podios. El más repetido es Freire – Gilbert – Pozzato, tres veces. Después, con dos ocasiones, vienen: Freire – Pozzato – Gilbert, Freire – Gilbert – Sánchez y Gilbert – Sánchez – Pozzato
Ahora sólo queda que se disputen las carreras y ellas den o quiten la razón a los tuiteros…
Pronósticos Completos AQUÍ

Mundiales: Recorridos no aptos para especialistas

Se acerca la edición 2010 de los Campeonatos del Mundo de Ciclismo, atribuida a la ciudad australiana de Melbourne a pesar de que el calendario competitivo de la cita se desarrolla casi al completo en la vecina Geelong. La gran mayoría de los ciclistas, temerosos del ‘jet lag’, llegaron a Australia hace unos días. Con ello, además de burlar al cambio horario, se brindan la oportunidad de reconocer exhaustivamente los recorridos por los que deberán transitar los profesionales masculinos el miércoles para la contrarreloj y el domingo para la ruta.
Ambos circuitos son muy simliares y, de hecho, coinciden en más de la mitad de su trazado. Las carreteras de Geelong, en general, son muy benévolas para con los grandes grupos y castigadoras para quienen circulan en solitario: anchas, lo cual favorece el trabajo de conjunto, y abiertas, lo que provocará que la incidencia del viento sea máxima. Esto último, siendo que Geelong está situada en una bahía y es por tanto una ciudad costera, no será una cuestión baladí. Ciclistas como Juanma Gárate han avisado de que en la recta de meta pegará de cara. Las previsiones meteorológicas, por lo pronto, establecen que pegará muy fuerte en la contrarreloj y más débilmente el día de la prueba en línea.
Centrándonos ya en el trazado, ambas pruebas inician con unos cinco kilómetros de llano para enfrentarse después a un primer repecho, que en la prueba en línea es de algo más de un kilómetro durante el cual se alcanzan pendientes de dos dígitos; en la crono la subida es más larga, con un descansillo en la parte intermedia. Seguido llega un descenso de tres kilómetros y medio durante el cual se cruzará el polémico puente temporal de Bailey, ya restaurado tras verse afectado por una crecida del río Barwon, que evitará el paso por el estrecho puente de Queens Park. De inmediato se afrontará la subida al segundo repecho signficativo del circuito, más corto y algo menos empinado que el anterior.
Tras el paso de los dos repechos vendrá terreno llano con ligera tendencia descendente. En la prueba contrarreloj serán casi diez kilómetros para que los especialistas recorten lo perdido en las subidas ante ciclistas más livianos. En la prueba en ruta serán cinco kilómetros y medio de terreno abonado para el reagrupamiento, lo cual hará bastante complicado que un corredor en solitario, o incluso un grupo pequeño de corredores, pueda resistir el acoso de un pelotón organizado en pos del esprint. Los últimos setecientos metros hasta la línea de meta pican hacia arriba, algo que se notará mucho habida cuenta de que los ciclistas llegarán a la última vuelta con más de doscientos cincuenta kilómetros en la pierna. Eso y el viento de cara harán que la cuesta final se le haga muy larga a más de uno.
En general, el recorrido parece adecuado para corredores completos y especialistas, por así decirlo, mixtos, pero no para espcialistas puros. En la contrarreloj, los rodadores más unidimensionales como el francés Laszlo Bodrogi se verán penalizados por los repechos, mientras que los croners más ligeros sufrirán en los llanos costeros. Parece claro que, una vez más, Fabian Cancellara es el gran favorito. En la prueba en línea, clasicómanos con buen final y esprinters con capacidad para aguantar en las subidas son los principales candidatos, mientras que velocistas puros como Cavendish parecen tener menos opciones, más al carecer de un equipo para respaldarle como en el caso del británico. En el ambiente se señala principalmente a dos hombres como grandes favoritos: el belga Philippe Gilbert, que lleva “cuatro meses desayunando Mundial”, y Filippo Pozzato, ganador del critérium que se disputó la pasada madrugada como entremés del Mundial. De este tema, sin embargo, hablaremos conforme vaya avanzando la semana…

Taylor Phinney, la gran promesa americana

Pedigrí es la mejor palabra para definir a Taylor Phinney (1990, Colorado). Nació en el seno de una familia ciclista, hijo de dos ex corredores, Davis Phinney y Connie Carpenter, ambos medallistas olímpicos. El chico sólo podía ser ciclista, claro. Y sólo podía ser bueno, siendo ahora mismo la mayor promesa del ciclismo estadounidense.
Taylor causó sensación en los Juegos Olímipicos de Pekín 2008, donde se colocó séptimo en la prueba de persecución en pista con sólo dieciocho primaveras; en los Mundiales del año siguiente directamente ganó. Un talento descomunal alcanzado gracias, en primer lugar, a un talento natural excepcional; y, en segundo, a la dedicación de su padre Davis Phinney, que se volcó en la formación de su hijo y, por cierto, sufre ahora de un temprano párkinson con sólo cincuenta años de edad.

A pesar de lo prolífico de su carrera en los velódromos, no sólo de pista ha vivido Taylor. El chico de Colorado también ha exhibido su magnífica planta (1’93 metros) en el ciclismo en ruta, con idénticos y deslumbrantes resultados como la París-Roubaix sub23 ó la impresionante colecta de cuatro etapas (de siete posibles) y la general final del Olympia’s Tour holandés, una de las pruebas más prestigiosas del calendario .2. Más recientemente, Phinney se llevó el prólogo del Tour del Porvenir, gran objetivo de su temporada en el cual tuvo que claudicar a causa de una tremenda caída. Y, sobre todo, consiguió el entorchado de campeón de su país contra el reloj, derrotando por trece centésimas al consagradísimo Levi Leipheimer. Un éxito asombroso que no hace sino subir las expectativas en torno a él.
Ya antes levantó muchísima expectación su debut como stagiaire este agosto en el RadioShack de Lance Armstrong. Tras año y medio desarrollándose en el prodigioso filial continental de éste, Trek – Livestrong, había curiosidad por ver a Taylor compitiendo en el máximo nivel. Sólo tuvo una carrera para ello, la Vuelta a Dinamarca, y su actuación fue anónima.
Durante unas semanas, Phinney ha sido motivo de controversia. El motivo: su futuro. No quedaba claro hacia dónde se orientaba. La lógica dictaba que ficharía por RadioShack, que le había albergado en su estructura durante dos campañas e incluso ofrecido un ensayo del máximo nivel como stagiaire. Pero esa lógica, digamos, primitiva, no funciona demasiado con Taylor, que ya rompiera su acuerdo (que no contrato) con el filial amateur de Garmin para unirse al a priori más poderoso Trek – Livestrong. Las opciones se abrían, más aún cuando en los mentideros se supo que su relación con Lance Armstrong, teórico padrino, apenas existía.
El ciclista de Colorado acabó por rechazar al mayor equipo de su país, en lo que Bruyneel calificó en su blog como “una decisión difícil”, porque no le podía ofrecer más que un año de contrato, 2011. Eso fue un factor diferencial: Phinney no quería quedarse sin equipo de nivel en 2012, año olímpico, y prefería firmar por dos campañas con algún otro de los equipos ProTour que no cesaban de proponerle jugosas ofertas a este talento, apenas un adolescente que se ha mostrado capaz de todo.
Se desató la especulación. Phinney reconoció tener ofertas de BMC y el Luxembourg Team de los Schleck y se dio por hecho que era el equipo de John Lelangue quien le había firmado su primer contrato de élite. El propio ciclista lo desmintió vía Twitter el 3 de Septiembre; veinte días después, hizo el tweet inverso para anunciar su fichaje por BMC.
Ayer por la tarde (noche en España) tuvo lugar la teleconferencia que hizo las veces de rueda de prensa de presentación de Taylor Phinney con sus nuevos colores. En ella el corredor americano reconoció que había pesado mucho en su decisión la estabilidad, los grandes campeones de quienes podría aprender (Ballan, Evans, su colega Hincapie) y la posibilidad de preparar el ómnium de los Juegos Olímpicos de 2012 con la máxima tranquilidad posible. Parece, pues, que a la mayor promesa del ciclismo estadounidense le quedan un par de campañas donde priorizará en su preparación los velódromos por encima de la ruta.
La pregunta que muchos aficionados nos hacemos es hasta dónde podrá llegar Taylor Phinney en la disciplina reina del ciclismo. Su padre ganó dos etapas en el Tour de Francia; ése es su pedigrí. Sin embargo, el jovencísimo talento afincado en Lucca parece destinado a superar a su progenitor. Como prologuista asombra, gracias a su pasado como persecucionista; como contrarrelojista de larga distancia, después de hacerse con el campeonato de su país, parece estar listo para medirse a quien sea necesario. Sus cualidades de velocista, heredadas también de la pista, están fuera de toda duda.
Pero el verdadero objetivo, para él y para la gente del mundillo norteamericano, es el asalto a las clásicas del norte. Su triunfo en la París – Roubaix sub 23 de 2009 le hace acreedor a la mayor de las glorias en ese tipo de carreras. A él le motiva correr en el Infierno del Norte, en principio para ayudar a George Hincapie; luego, para ayudar a los fanáticos del pedal norteamericanos a seguir algo más que el Tour. Oriente como oriente su carrera, está claro que el futuro del ciclismo americano está en manos de Taylor Phinney.

Qué es un Top 10

¿Habéis oído alguna vez aquello de que las preguntas sobre la vida jamás tienen la misma respuesta cuando se les hace a personas distintas? Pues es así. Tal vez una cuestión científica sea unívoca, pero nunca lo es una cuestión vital. A raíz de eso, y como conclusión para la Vuelta a España, hoy la pregunta es… ¿qué ha significado para cada uno de los ciclistas que han acabado entre los diez primeros la gran ronda española ese puesto de honor?
1. Vincenzo Nibali (Liquigas) Lo Squalo ha sido el gran protagonista de las horas posteriores al podio de Madrid. Era lo de menos tras completar una Vuelta casi anónima, cediendo la responsabilidad al resto de contendientes por la general hasta que en Peña Cabarga se hizo con el liderato prácticamente por eliminación y con ello obtuvo algo de atención mediática. Entonces empezó lo difícil para él. En la contrarreloj de Peñafiel casi perdió la Vuelta donde a priori iba a ganarla; pudo respirar tranquilo cuando le birló doce segundos a Mosquera en Toledo y finalmente ganó resistiendo al gallego en la Bola del Mundo. Tras hacerse con la Roja, el primer gran triunfo de su carrera deportiva, Nibali se ha postulado como candidato a rivalizar con Contador y Andy Schleck en el próximo Tour. No le falta calidad y ha mostrado esta temporada tanto en Vuelta como en Giro una solidez notable. Esta por ver, sin embargo, que pueda aguantar en montaña a los mejores del mundo. De cualquier manera, el próximo julio tendrá a su servicio a una gran escuadra como Liquigas que se volcará por su causa. No se puede descartar nada en lo que respecta al rendimiento de la gran esperanza italiana.
2. Ezequiel Mosquera (Xacobeo) La baja de Igor Antón le convirtió en el portador de todo el cariño y las esperanzas del público español, y desde luego ha sabido manejarse en esos términos. Es un escalador puro de los de antes, aunque su candidatura seria a la victoria en la general la presentó en la crono de Peñafiel; luego, en la Bola del Mundo, su corajudo ataque robó el corazón a los aficionados, que ya le identifican con los Escartín, Heras… Ayer por la tarde, Ezequiel confirmó lo que se negaba a refrendar por respeto a su actual equipo y era un secreto a voces: ha fichado por Vacansoleil, donde seguramente se lleve a algún compañero suyo de Xacobeo. Gracias a sus prestaciones en esta Vuelta los holandeses han echado el resto por ficharle. En principio, la escuadra capitaneada por Dan Luijkx se asegura con su fichaje correr la gran ronda española; una cita que se une al Giro, más o menos plausible gracias al fichaje de Ricco’ (ya redimido, es una de las grandes figuras del pelotón italiano), y a la expectativa de acudir al Tour gracias a la calidad de su plantel. De cualquier manera, Mosquera conocerá la élite internacional a sus 34 años gracias a Vacansoleil y, sobre todo, a su trabajo en esta Vuelta.
3. Peter Velits (Columbia) El eslovaco llegaba a esta Vuelta rebotado: no contemplaba competir en la Vuelta a principios de año, pero una lesión en abril le hizo cambiar su calendario. Gracias a esto llegó, vio y triunfó obteniendo un cajón de podio con el cual ni siquiera soñaba en la apoteósica salida de Sevilla. Mostró regularidad, algo inesperado toda vez que, como él mismo reconocía, en las grandes vueltas “un día iba bien y al siguiente mal, siempre”. Tras esto cambia su mente: el mejor de los Velits no sólo puede aspirar a ser un gran clasicómano o un decente corredor de grandes vueltas. Puede ser un líder desde ya para un equipo sin demasiadas bazas para las carreras por etapas como HTC – Columbia. De su techo hablaremos cuando dispute un Tour a plena máquina pensando en la general; por lo pronto, no se avista.
4. Joaquín Rodríguez (Katusha) El escalador catalán llegaba a la Vuelta sin presión después de una dignísima campaña en marzo y abril y un Tour superlativo. Con los deberes hechos, pero también con ambición. ‘Purito’ aspiraba a colocarse como mejor ciclista del mundo y lo ha conseguido, tal y como atestigua el nuevo ránking UCI. Por el camino ha conseguido algo más intangible y, también, más glorioso: se ha situado en la memoria de los españoles gracias a su espíritu combativo y sus ansias de ir siempre a por algo más. Ha acabado fundido, de hecho ha tenido que renunciar al Mundial; pero también ha recibido un tremendo empujón moral que le hará afrontar la próxima temporada con la convicción de que, ya sí, es uno de los corredores más importantes del ciclismo internacional.
5. Frank Schleck (Saxo Bank) El luxemburgués no tenía nada que perder ni que ganar en esta Vuelta. Una actuación discreta no hubiera sido saludada con gestos de asombro, ya se sabe que los Schleck gustan de venir a España pero no precisamente por competición; una sobresaliente, en realidad, tampoco le hubiera supuesto un gran beneficio. Deja su equipo, ya tiene resuelto su futuro como jefe de filas en una estructura creada ad hoc para él y su hermano; no había, en definitiva, una gran motivación para Frank en esta Vuelta que no fuera la honrilla y el salvar un año por lo demás algo opaco. Eso se notó. Al final de la carrera, conforme se fue sintiendo mejor después de dos meses sin casi competir, el mayor de los Schleck sí se mostró más incisivo; antes se movió en la zona gris. Su quinto puesto final ha sido una recompensa a su regularidad y a una seriedad que, por desgracia, no tuvo su hermano.
6. Xavier Tondo (Cervélo) Es uno de los grandes triunfadores de la carrera, a la altura de Velits. El ciclista de Valls jamás había terminado una grande en toda su carrera, y esta Vuelta no sólo la ha concluido sino que ha estado con los mejores e incluso ido a más los últimos días. Ha hecho gala de una inteligente manera de correr que hasta ahora no había mostrado, sin duda aprendida de Carlos Sastre: se dejaba ir cuando demarraban los más fuertes y luego iba recuperando terreno conforme se sucedían los kilómetros de ascensión. Además se le vio fuerte en la crono de Peñafiel, lo cual hace que a partir de ahora sea un hombre a tener en cuenta en las próximas grandes rondas que dispute para luchar por la general. Esto lo han sabido ver los rectores del nuevo Movistar, que cuenta con el catalán como líder para las vueltas de tres semanas de la próxima campaña.
7. Nicolas Roche (AG2R) Como Velits y Tondo, al irlandés este top10 en la Vuelta le sirve para autoafirmarse como futuro corredor de generales. No cabe duda de que es una de las mayores promesas en esta especialidad, siendo que muestra una solidez impepinable en las llegadas en alto y ‘punch’ para las subidas cortas, lo que le habilita para luchar por las clásicas de las Árdenas. Su problema puede ser la contrarreloj, terreno donde se deja más tiempo del deseable. No parece un ganador, pero sí un digno contrincante por el podio de las vueltas de tres semanas de esta década.
8. Carlos Sastre (Cervélo) Qué signfica para él esta Vuelta lo ha dejado claro en su última nota de prensa: el cierre del proyecto Cervélo. Le costó los mejores años de su carrera deportiva alumbrarlo, y lo aparca con un deje de decepción. La época dorada del abulense ya pasó; esta temporada, maratoniana para él una vez que ha hecho las tres grandes vueltas, ha acusado notablemente la pérdida de chispa propia de la edad. La próxima campaña, en el equipo Geox, tendrá la oportunidad de darse un último día de gloria antes de proceder a una digna retirada y subirse a un coche de equipo. En su debe en esta Vuelta: prácticamente no ayudó a su compañero Xavi Tondo, claramente en mejor estado de forma que él.
9. Tom Danielson (Garmin) No se le ha dedicado una línea en las crónicas, y eso es muy sintomático para el ciclista americano. Por un lado, es señal de que siendo regular, sin estridencias, uno se puede encaramar a posiciones de privilegio en una gran ronda. Por otro, es señal de que un corredor como él, simplemente, no engancha. Lleva tres top10 en la Vuelta a España en su carrera deportiva y, sin embargo, nadie parece recordárselos. A sus 32 años quizá no sea tarde para reciclarse en un buen gregario… o a lo mejor prefiere seguir engrosando su palmarés de vueltómano de segunda fila.
10. Luis León Sánchez (Caisse d’Épargne) El murciano cerró. Cerró el top10, cerró la historia de Caisse d’Épargne en las grandes vueltas y cerró su ciclo en el equipo bancario. Llegó a la Vuelta sin responsabilidad, pensando en triunfos parciales y en preparar el Mundial, y tuvo que tomar galones cuando ninguno de sus compañeros fue capaz de dar mejores prestaciones que él en la general. Al final forzó la máquina más de lo deseable para apuntarse su primer puesto entre los diez primeros en una gran vuelta, el camino por el que le ha llevado Eusebio Unzué estos años. Sin embargo, no parece que sea el ideal para él. Veremos qué opinan en su próximo equipo, Rabobank.

La cuerda de Nibali y Mosquera

Nibali y Mosquera. Quedaban cuatro kilómetros a meta, la subida a la Bola del Mundo que se estrenaba en la Vuelta a España en el papel de colofon, el duelo estaba servido y la cuerda de cincuenta segundos empezaba a tensarse y relajarse. El gallego tiraba de un extremo por delante; lo Squalo sujetaba el otro a unos treinta metros de distancia. Había desatado las hostilidades un ataque inclemente de Frank Schleck un kilómetro antes. El luxemburgués se retorcía ahora a la par que el poseedor de la plaza de podio que anhelaba, el sorprendente Peter Velits, y otros dos aspirantes al mismo honor como Joaquín Rodríguez y Nicolas Roche. Todos ellos pecaron de pusilánimes durante el resto de los kilómetros de subida. En los puertos anteriores, donde ninguno llegó a intentar la escapada lejana que podría haber puesto en jaque a Velits, y en la ascensión a Navacerrada que precedía a la Bola, donde se conformaron con seguir la rueda de David García y Roman Kreuziger, los mejores gregarios de esta Vuelta que hoy escurrían sus últimos gramos de fuerza. Mientras, todos esperaban a que algo pasara y Velits respiraba tranquilo porque, efectivamente, iba a conservar su merecido puesto de honor.
Merecido. De merecimientos fue la historia de esos cuatro kilómetros de duelo entre Nibali y Mosquera. Los cincuenta segundos que les separaban podrían haber sido treinta y ocho de no haber mediado el despiste de ayer en Toledo por parte de Mosquera, y eso quizá pesara en los ánimos del gallego. La cuerda que separaba al futuro ciclista de Vacansoleil del rojo era doce segundos más larga y Nibali se aprovechó de ello pare evitar que llegara a tensarse. Reguló con acierto el italiano, que llegó a perder veinte segundos (más los ocho de bonificación extra que tomaría Mosquera) pero acabó por recortar la distancia hasta coger a una decena de metros de la línea de meta la rueda del gallego, que ya no apretaba buscando la general sino que se dejaba una marcha más en previsión de la lucha por la etapa.
Finalmente no hubo tal. Nibali no lo dijo claramente en meta, Mosquera dijo no saber nada y un elegante “si me ha regalado la etapa se lo agradezco”, Álvaro Pino fue menos caballeroso y se enfadó en antena con Chema Abad (presentador de Tablero Deportivo en RNE) cuando el periodista dio por hecho de manera algo impertinente que el italiano había regalado la etapa al ciclista de “su” Xacobeo. La percepción del que escribe fue que Nibali buscaba el triunfo parcial para complementar el de la general de la segunda gran vuelta de Liquigas este año (tres podios en tres grandes, un año fantástico para los ‘verdes’), llegó a rueda de Mosquera y le faltó tiempo para rebasarle, por lo que dejó de esforzarse.
Fue, en todo caso, un final justo. Mosquera no merecía irse de esta Vuelta de vacío, sólo con el segundo puesto de la general en el zurrón; su equipo, Xacobeo, tampoco. Nibali, por su parte, ha sido el mejor durante las tres semanas de esta carrera; poco espectacular, ha estado también poco obligado por sus rivales. ‘Purito’ Rodríguez se desinfló con el paso de las etapas, Frank Schleck despertó demasiado tarde, Velits y el resto de ciclistas del top10 nunca fueron una amenaza para él, Igor Antón se cayó cuando parecía el mejor. Mosquera se dejó 27 de los 41 segundos que finalmente le ha separado en la general en etapas teóricamente intrascendentes; en ellas se separó definitivamente del triunfo que quizá alcance el año que viene. Era de justicia pues que Nibali confirmara su victoria en la gran ronda española en la espectacular subida a la Bola del Mundo, golpe de gracia de una Vuelta a España que supone todo un triunfo para Unipublic.

Bielas en vísperas de la Bola del Mundo

1. Ezequiel Mosquera se ha dejado hoy doce segundos en la meta de Toledo respecto de Vincenzo Nibali, mucho más atento a la hora de seguir la rueda de los más explosivos en un final trampa que había pasado prácticamente inadvertido por lo maratoniano del resto de la jornada. Álvaro Pino, director saliente de Xacobeo, contó en televisión minutos antes cómo había ordenado a sus corredores que llevaran a Ezequiel a cabeza para que pasara lo más cómodo posible los últimos kilómetros. No lo hicieron bien y Mosquera perdió doce segundos que no son diferencia sino síntoma; síntoma de cómo la presión puede un poco con el modesto corredor gallego.
2. Ahora la distancia a recortar respecto de Nibali son cincuenta segundos. Ya sí resulta imprescindible para Mosquera coger bonificaciones en la meta de la Bola del Mundo para enfundarse el maillot rojo de esta emocionantísima Vuelta. Liquigas, por tanto, no pondrá mañana el menor interés en controlar la etapa (es de reseñar que tampoco podría hacerlo dada la relativa debilidad de los ‘verdes’ como equipo), dejará marchar a una fuga grande con opciones de llevar a buen término y ello obligará a trabajar a Xacobeo. Habrá que ver cómo se desenvuelven los hombres de Álvaro Pino. Como guerreros han dado un nivel excepcional; ¿harán lo mismo controlando la carrera?
3. Un factor que hará complicado el control del devenir de la carrera por parte del pelotón será la lucha que se desarrollará por el tercer lugar del podio. Peter Velits ostenta ahora mismo esa posición con unos dos minutos de ventaja sobre un grupo de seis hombres, algunos coequipiers como en el caso de Xavi Tondo y Carlos Sastre, distanciados entre sí por apenas treinta y cinco segundos. Es de esperar que todos ellos le buscarán las cosquillas al eslovaco, que deberá de defenderse con el solitario apoyo de Sitsov y un Van Garderen venido a menos. Ello garantiza una ascensión muy movida a la Bola del Mundo (“Navacerrada con el Xorret de Catí al final”, describió con acierto Mosquera) y también augura batalla desde el mismo banderazo de salida.
4. La lucha por la clasificación por equipos que sostienen Caisse d’Épargne y Katusha, ahora separados entre sí por unoa treinta segundos, también puede resultar clave en la labor de Xacobeo, que podría encontrarse con un aliado excepcional en cualquiera de estos dos equipos en caso de que saliera perdiendo durante la configuración de la fuga del día, por ejemplo introduciendo un hombre menos que su rival en ésta. Esta lógica alianza deportiva, sumado a otras menos lógicas que también podrían darse, quizá desempeñe un papel clave en la resolución de una etapa que promete ser legendaria.

Un diente que puede decidir la Vuelta

Una gran vuelta son noventa horas, pero se decide por insignificantes segundos que suelen corresponder a detalles nimios. Andy Schleck perdió el Tour de este año en una salida de cadena, Fignon cedió el amarillo en 1989 ante Lemond por sólo ocho segundos, a Óscar Sevilla se le escapó el podio de la Vuelta 2003 en una sucesión de problemas mecánicos desastrosos. Hoy, Ezequiel Mosquera ha puesto en discusión el triunfo de Vincenzo Nibali en la general de la Vuelta a España, que parecía garantizado. Un cambio importante causado por detalles. Por un desafortunado pinchazo mal solventado y por una audaz decisión del corredor de Xacobeo – Galicia a la hora de montar su bicicleta.
La contrarreloj de Peñafiel de la Vuelta a España ha sido una de esas grandes jornadas de ciclismo, de las que ponen al aficionado al borde del infarto y a prueba los nervios de los corredores, técnicos, organizadores… implicados en la carrera. Lo que al inicio parecía una contrarreloj cualquiera de una gran vuelta, con Cancellara marcando el mejor tiempo a pesar de sufrir un cierto desfallecimiento en la parte final de la prueba, se acabó convirtiendo en una auténtica esquizofrenia, un maremágnum donde la mala realización de TVE y la no provisión de referencias a los medios por parte de Unipublic jugaron un papel clave para convertir la excitación en confusión.
Se había preparado una contrarreloj llana que, por su trazado, propiciaría tres zonas bien diferenciadas de viento: una primera dirección Norte de unos seis kilómetros, una segunda dirección Oeste de dieciocho y una tercera dirección Este de veintidós. En las primeras horas del día apenas sopló el aire, lo cual dejaba todas estas cábalas en agua de borrajas. Sin embargo, conforme fue avanzando la jornada se levantó un viento fuerte dirección Este que cambió por completo el signo de la prueba. Ahora habría una zona con fuerte viento de cara, pero también una aún mayor con viento a favor que permitiría el desarrollo de una velocidad altísima.
Eso sólo lo supieron leer algunos como Denis Menchov, el primero en montar el plato de 55 dientes (que permite una velocidad punta mayor que el estándar en contrarreloj, de 54) y hacerlo notar en meta. También lo hizo Peter Velits, sorprendente ganador de la etapa que se confirma como gran revelación de la carrera aupándose al podio. Ezequiel Mosquera, el quijotesco escalador de Xacobeo que ha tomado el testigo de Igor Antón como acaparador de las simpatías de los aficionados, puso un plato de 55 dientes también; sus dos rivales para la general, Joaquín Rodríguez y Vincenzo Nibali, optaron por usar un 54.
Ahí se marcó la diferencia. Nibali, mucho mejor contrarrelojista que Mosquera, no pudo demostrar su superioridad en la carretera. Los 54 dientes fueron un factor; el otro, un pinchazo resuelto con amateurismo por los auxiliares del equipo italiano que le hizo perder unos treinta segundos. El resultado, una distancia de únicamente veinte segundos, treinta y ocho en la general, mucho menos de lo que podría haber sido, que deja la carrera completamente abierta a falta de una jornada con final en la Bola del Mundo, decisiva y garante de épica.
Junto a Nibali destaca en el capítulo de perdedores Joaquín Rodríguez, quien cedió el maillot rojo al italiano y también una inmensidad, seis minutos que le dejan muy lejos del podio que parecía tener asegurado y ahora pertenece a Velits. El resto de la general no ha cambiado sustancialmente: del cuarto (Schleck) al noveno (Sastre) hay apenas treinta segundos, y de allí al tercer lugar de Velits menos de dos minutos; una apretura que parece una llamada a la emoción en esa subida a la Bola del Mundo que se va a estrenar esta Vuelta entre la mayor de las expectaciones.
El ciclismo tiene algo de karmático. Suele inclinar los detalles, la gloria, por aquel que más y mejor trabaja. Unipublic llevaba tiempo trabajando por producir una gran Vuelta y aquí la tiene; Mosquera lleva años de trabajo infatigable para conseguir al fin un gran éxito basado en la humildad y el arrojo del que hacen gala tanto él como su equipo, y tiene una oportunidad de oro para lograrlo. Nibali, en cambio, reconoció no saber el recorrido de lo que quedaba de Vuelta en el primer día de descanso; en el segundo fue incluso más lejos al decir que no sabía quién era Mosquera, que por eso se quemó a su rueda en Pal. Eso, para algunos un comentario gracioso, para otros soez, para mí irrespetuoso, le ha acabado por pasar factura. En Pal y hoy en Peñafiel. Al Ciclismo le gustan los detalles y funciona con karma, y eso puede hacer que la Vuelta se decida del lado de Mosquera por un diente, el del plato de 55 que montó en su bicicleta por conocer bien el recorrido y las circunstancias, al contrario que su rival que a buen seguro sacará de esta gran ronda española una lección sobre lo que es el Ciclismo.

El truco del gregario

Dice el tópico que el ciclista gana las carreras no tanto con las piernas como la cabeza, auténtica suministradora de motivación y serenidad para el hombre que hace girar los pedales. En la jornada de ayer de la Vuelta, al igual que en la que acabó en Morzine-Avoiraz en el pasado Tour de Francia, se vio que esta máxima tiene un recoveco más en el hecho de que a veces al ciclista la mente no le sirve sólo para ayudarle a pedalear más, sino para pedalear menos… y evitar el pedaleo de los rivales.
La cima asturiana de Cotobello se estrenó en la competición representando en sus rampas una repetición de lo visto en Avoiraz. De paso, ha dejado la sensación de ser un puerto digno de leyenda, por encima de la norma española en longitud y pendiente media, con una carretera vistosa y en un lugar donde hay cierta afición por el ciclismo. Un auténtico acierto para Unipublic, organizadora de la Vuelta que recibió el chivatazo de esta interesante subida por medio de Chechu Rubiera, cuyo nombre adosaron a la cima en la presentación del recorrido. Cotobello – Cima Chechu Rubiera. A la hora de la verdad, se han ahorrado referir al ciclista asturiano en el Libro de Ruta por aquello de hacer olvidar la injusticia deportiva de que RadioShack no esté en la Vuelta. Es uno de los pocos detalles feos de Javier Guillén y su equipo, pero no hay que obviarlo.

Volviendo a la representación, sólo cambiaron los protagonistas respecto del Tour. Pongamos en el vídeo de Avoiraz a Nibali en lugar de Contador, Mosquera y Purito por Andy Schleck y Samuel Sánchez, y sobre todo Kreuziger por Dani Navarro, y tendremos la película de la subida de ayer. Nibali tenía su día malo y, para ocultarlo, hizo uso del mejor de sus gregarios para trucar la carrera y adormecer al resto de contendientes por la general. Cuando el checo Kreuziger tomó la delantera y comenzó a aumentar gradualmente el ritmo, todos se ajustaron a su incómoda rueda. Precisamente por eso, por incómoda, y porque la acumulación de esfuerzos del tríptico cantábrico y de una etapa exigente por los incesantes escarceos en particular hacía que ninguno de los mejores fuera con buenas sensaciones. Los mejores tenían motivos para respetar el paso de Liquigas: Purito Rodríguez sabía que, yendo como va justo, no podía permitirse alegrías; Mosquera, de largo el más combativo de toda la prueba en la alta montaña, parecía poco inspirado. Velits y Tondo, cuarto y quinto, acusaron de hecho el ritmo y cedieron un poco en el caso de eslovaco y algo más en el del catalán.
Hubo amagos de insurrección, momentos en que la paz artificial impuesta por Kreuziger estuvo a punto de desmoronarse, de fallar el truco del gregario. Fueron los ataques de Frank Schleck, Tom Danielson y Carlos Sastre, de la segunda fila del grupo de favoritos y aún con algo que decir en la carrera toda vez que los tres parecen estar acabando al alza la gran ronda española. Liquigas dejó ir a los atrevidos, como lo había hecho antes con los chavales de Euskaltel que encontraron premio a su valentía con la impresionante victoria de Mikel Nieve, en lo que se interpretó como un gesto de suficiencia. Como si el ataque de unos contrincantes que se encontraban a más de tres minutos en la general no fuera preocupante para ellos. Efectivamente, no lo era. Tenían mejores cosas de que preocuparse.
Como en la fábula del Rey Desnudo de Hans Christian Andersen, tuvo que ser el más niño e inocente quien gritara que en realidad el Rey iba como Dios lo trajo al mundo y aquel traje era una falacia. Nicolas Roche demarró al notar que poco a poco el ritmo de Kreuziger iba decreciendo sin que nadie hiciera nada, desarmó al checo e hizo saltar a la vista que Nibali estaba inerme e incapaz. Sobrevino entonces el carrusel de ataques, Rodríguez, Mosquera, un García Dapena increíblemente sólido. Todos dejando atrás a un Nibali clavado que cedía el liderato al motivadísimo Purito Rodríguez, que no se engañaba en meta y admitía estar destinado a ceder de nuevo el rojo en la crono.
Fueron 37 los segundos que cedió lo Squalo frente al catalán de Katusha en apenas 700 metros, pero no fueron ni mucho menos una derrota para el siciliano, que pasó el examen con nota tirando de precedentes con la inteligente maniobra de Contador en Avoiraz. Al revés, fue un triunfo. Engañó a sus contrincantes hasta dejarles para distanciarle sólo 700 metros que de otra manera podrían haber sido siete kilómetros. Entonces Nibali sí hubiera tenido un problema, pero lo evitó gracias al truco del gregario.

Cinco Revelaciones de la Vuelta a España

Peter Velits El mejor de los gemelos Velits es la gran sorpresa de lo que llevamos de Vuelta. Tras años madurando en el plácido pelotón alemán, dio el salto este invierno a HTC-Columbia en busca de una mejor base para madurar, un entorno más favorable y un poco más de presión; todo lo que echaba de menos en un Team Milram donde todo esto brillaba por su ausencia. Gracias a ese salto, se ha encontrado en una escuadra donde le piden algo más que meterse en los esprints y llegar hasta donde pueda en la montaña. Eso le ha beneficiado, y la gran muestra es esta Vuelta donde, con sólo tres etapas decisivas por disputar, está situado cuarto en la general, aunque algo lejos del podio. A Velits se le ve sólido en montaña e incisivo en las llegadas en cuesta; además, no parece que vaya a acusar la tercera semana toda vez que ya ha terminado dos Tour y ambos los ha acabado al alza. La duda es hasta dónde llegará en la contrarreloj de Peñafiel, que puede ser un auténtico hueso para un ciclista de sólo 25 años.
Tejay Van Garderen El compañero de Velits llegaba con cierto cartel tras ser tercero en la Dauphiné Liberé y segundo en la exigente Vuelta a Turquía. Prometía situarse entre los quince primeros a poco que la carrera le viniera de cara y está cumpliendo las expectativas con una actuación aún más sobria que la de su compañero Velits. Ocho etapas entre los veinticinco primeros son un gran bagaje para un chico de apenas 22 años cuyo motor seguramente irá a menos con el transcurso de la carrera. Sin embargo, encontrarse undécimo a falta de seis etapas para el final no es una mala carta de presentación para el hombre que debe llevar junto a Andrew Talansky y Taylor Phinney la bandera del ciclismo yanqui por Europa en la segunda mitad de la recién iniciada década.
Nicolas Roche El irlandés ya fue la revelación de la Vuelta 2008 y en esta edición ha sido una de las progresiones más notables. Se ha mostrado más consistente que nunca en su carrera, pecando incluso de opacidad toda vez que no ha llegado a darle de verdad el viento en la cara. Sin embargo, debe ser un regocijo para sus directores verle solvente en montaña, regular al máximo, sexto en la general con opciones notables de colocarse entre los cinco primeros. Todo ello con un Tour de Francia en las piernas, lo que para algunos es motivo de sobra para renunciar a la gran ronda española…
Gonzalo Rabuñal Uno de los gregarios más notables de la prueba. Con solo 26 años y dos grandes en las piernas, el ciclista de Arteixo se ha convertido en una pieza clave en las numerosas ofensivas de Xacobeo – Galicia en la montaña de esta Vuelta a España. Rabuñal es un buen escalador y decente contrarrelojista, a pesar de que sus resultados individuales apenas lo atestigüen (la clasificación de la montaña de la Vuelta al País Vasco es lo mejor de su palmarés), y sobre todo está dotado de un pundonor incomensurable que le convierte en un gran trabajador. Es el relevo natural de Ezequiel Mosquera, a cuya sombra crecerá un par de años más, cuando el de Teo deje la bicicleta.
Mikel Nieve Hablando de gregarios, la labor del alavés en favor de Igor Antón ha sido superlativa, contrapuesta a la dejación de funciones de un ominoso Beñat Intxausti que se retirara hoy. Tanto en llano como en montaña ha sido capaz de estar en todo momento junto al gran protagonista de la carrera… hasta su caída, cuando Nieve asumió los galones de líder como ha demostrado el trabajo desempeñado por Txurruka en Lagos. Situado decimosexto tras días de vaciarse por Antón, está por ver su rendimiento sin tener que estar pendiente de nadie en una Vuelta que supone su debut en una grande.