Vendiendo a los Xacobeo

Hace unos días, el brillante periodista murciano Andrés Cánovas reflexionaba en su Twitter (@andrescanovas): los corredores de dos equipos que desaparecían a final de temporada, Cervélo y Xacobeo, habían tenido suertes muy dispares. Mientras que de los veinticinco integrantes de la estructura suiza veintiuno ya han encontrado acomodo, uno se retira y sólo tres (los españoles Florencio, Novoa y Cuesta) están aún sin contrato, los ciclistas de la escuadra gallega sufren de un panorama mucho más complicado. Mosquera, Oliveira y Delio Fernández ya tienen equipo para 2011; Carlos Castaño cuelga la bicicleta por sus problemas físicos y el resto… nada. A la expectativa.
Andrés relacionaba este hecho con la progresiva anglosajonización del ciclismo, con el hecho de que el centro neurálgico del deporte de la bicicleta se está desplazando poco a poco a países de habla inglesa, traicionando a la tradición que situaba dicho centro neurálgico en la zona mediterránea y germanófona. Mi pero fue, en ese momento, el hecho de que los casos de Xacobeo y Cervélo me parecían poco comparables: la fecha en que se anunciaron sus desapariciones (mediados de agosto para los suizos, principios de octubre para los españoles) era muy distinta, el nivel de ambos equipos (Cervélo es 16º en CQRánking, Xacobeo 31º) también. Sí me parece más acertada una comparación con Milram, que anunció su cese aún antes que Cervélo y de cuya plantilla actual hay nueve hombres sin contrato para 2011 y dos retirados, por cuanto el nivel de ambas escuadras es similar y la conclusión continúa siendo anglófila… Pero no es ése el tema que pretendo tratar en este artículo.

Tras una Vuelta a España tremendamente exitosa, bastante distinta de lo que fue la tónica general de una temporada por lo demás gris, a los políticos gallegos les faltó tierra para sacarse la foto con Ezequiel Mosquera y el resto de corredores dirigidos por Álvaro Pino como honrosísimos representantes del pueblo gallego. E incluso garantizaron su continuidad, que se encontraba en el alero desde hacía bastante tiempo. Se habló de varias vías que parecían hacerla posible, pero por unas y otras razones ninguna llegó a concretarse y los positivos de Mosquera y David García Dapena acabaron por enterrar cualquier opción.
Al principio, los ciclistas gallegos del equipo no se rindieron y lucharon por intentar salir a las carreteras encuadrados en la categoría continental. La iniciativa no fructificó y acabaron por tirar la toalla, iniciando así su lucha individual para encontrar equipo para la próxima temporada, siguiendo los pasos de Ezequiel Mosquera y el portugués Nelson Oliveira, comprometidos con Vacansoleil y RadioShack respectivamente. Estos días ha sido Delio Fernández, un proyecto interesantísimo de gregario de alto nivel, quien se ha colocado en el torticero Madeinox-Boavista. Sin embargo, aún quedan once corredores más (descontando al retirado Carlos Castaño y al inclupado de dopaje David García) por encontrar acomodo… once ciclistas cuyas cualidades, nada despreciables, les harían válidos para cualquier equipo de segundo nivel o incluso de élite.
Gustavo César Veloso, Gustavo Domínguez y Rodrigo García rondan la treintena y han acreditado cualidades de sobra durante su carrera deportivo. César, ganador de la Volta a Catalunya 2009, es un destacable vueltómano. Domínguez, que ya ha despertado el interés de algún equipo portugués, es un ciclista serio, recio, capaz de estar en la pomada cuando se encuentra en buena forma. Por su parte, Rodrigo es clase en estado puro: un porte inigualable y olfato de ganador que no sin embargo no ha dejado ver en un par de años bastante desafortunados en Miche y Xacobeo. Estos tres corredores son buenísimas opciones para trabajar con libertad en equipos de nivel medio, ser líderes o ‘capitanos’ de ruta e incluso dar alguna campanada durante el año.
Más jóvenes son los componentes de la base de jóvenes talentos que había en las filas del conjunto gallego. Gonzalo Rabuñal y Serafín Martínez, a sus 26 años, son ya ciclistas experimentados, con tres grandes vueltas en las piernas cada uno y capaces de lucir en distintos terrenos, preferentemente en montaña en el caso de Rabuñal y en fugas cuando nos referimos a Serafín; aún no han dado lo mejor de sí, constituyendo una incorporación valorable para cualquier escuadra, ya sea un ProTour que busque buenos gregarios con futuro o un continental que requiera elementos por pulir en sus filas.
Aún mayor futuro tienen los dos benjamines de entre los Xacobeo que siguen sin contrato a estas alturas del invierno, Vladimir Isaichev y Marcos García. A sus 24 años acumulan, como Serafín y Rabuñal, un buen bagaje de experiencias. Que no tenga contrato el ruso, excelente gregario todoterreno y buen rodador, es injusto; que el de San Martín de Valdeiglesias tampoco es prácticamente un escándalo. Segundo en Vuelta a La Rioja, tercero en el Gran Premio Llodio y séptimo en la Subida al Naranco; combativo hasta el extremo, buen escalador, con porvenir en clásicas y también en vueltas, tanto de una como de tres semanas… ‘Muki’ es una auténtica joya en el mercado a quien debería mirarse con interés desde el ProTour.
José Antonio de Segovia (28) es el último de los corredores en progresión de Xacobeo; profesional tardío, gran contrarrelojista y decente escalador que en un par de años podría estar en la clase alta del ciclismo español de continuar con su evolución. Ya maduro está Francisco José Pacheco (28), esprinter ganador de una etapa del Circuito de Getxo en 2010 y capaz de dar presencia a cualquier equipo en las ‘volatas’ de cualquier prueba del calendario nacional. Los dos corredores restantes, Gustavo Rodríguez Iglesias (31) y Alberto Fernández Sáinz (29), tienen algo menos de nivel y un margen de progresión estrecho; sin embargo, han demostrado en su periplo dentro del equipo gallego seriedad en su trabajo y capacidad para ser dignísimos gregarios.
Es una pena la desaparición de Xacobeo por muchos motivos, y de entre ellos ya se indicó en su día uno capital: la disolución de un bloque sólido, capaz de rendir en las más diversas circunstancias y ante la más cruda competencia. Ahora sus elementos quedan libres de compromiso y, la verdad… difícilmente desentonarían en un equipo profesional. Lo único que necesitan para demostrarlo es un hueco.
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La cuerda de Nibali y Mosquera

Nibali y Mosquera. Quedaban cuatro kilómetros a meta, la subida a la Bola del Mundo que se estrenaba en la Vuelta a España en el papel de colofon, el duelo estaba servido y la cuerda de cincuenta segundos empezaba a tensarse y relajarse. El gallego tiraba de un extremo por delante; lo Squalo sujetaba el otro a unos treinta metros de distancia. Había desatado las hostilidades un ataque inclemente de Frank Schleck un kilómetro antes. El luxemburgués se retorcía ahora a la par que el poseedor de la plaza de podio que anhelaba, el sorprendente Peter Velits, y otros dos aspirantes al mismo honor como Joaquín Rodríguez y Nicolas Roche. Todos ellos pecaron de pusilánimes durante el resto de los kilómetros de subida. En los puertos anteriores, donde ninguno llegó a intentar la escapada lejana que podría haber puesto en jaque a Velits, y en la ascensión a Navacerrada que precedía a la Bola, donde se conformaron con seguir la rueda de David García y Roman Kreuziger, los mejores gregarios de esta Vuelta que hoy escurrían sus últimos gramos de fuerza. Mientras, todos esperaban a que algo pasara y Velits respiraba tranquilo porque, efectivamente, iba a conservar su merecido puesto de honor.
Merecido. De merecimientos fue la historia de esos cuatro kilómetros de duelo entre Nibali y Mosquera. Los cincuenta segundos que les separaban podrían haber sido treinta y ocho de no haber mediado el despiste de ayer en Toledo por parte de Mosquera, y eso quizá pesara en los ánimos del gallego. La cuerda que separaba al futuro ciclista de Vacansoleil del rojo era doce segundos más larga y Nibali se aprovechó de ello pare evitar que llegara a tensarse. Reguló con acierto el italiano, que llegó a perder veinte segundos (más los ocho de bonificación extra que tomaría Mosquera) pero acabó por recortar la distancia hasta coger a una decena de metros de la línea de meta la rueda del gallego, que ya no apretaba buscando la general sino que se dejaba una marcha más en previsión de la lucha por la etapa.
Finalmente no hubo tal. Nibali no lo dijo claramente en meta, Mosquera dijo no saber nada y un elegante “si me ha regalado la etapa se lo agradezco”, Álvaro Pino fue menos caballeroso y se enfadó en antena con Chema Abad (presentador de Tablero Deportivo en RNE) cuando el periodista dio por hecho de manera algo impertinente que el italiano había regalado la etapa al ciclista de “su” Xacobeo. La percepción del que escribe fue que Nibali buscaba el triunfo parcial para complementar el de la general de la segunda gran vuelta de Liquigas este año (tres podios en tres grandes, un año fantástico para los ‘verdes’), llegó a rueda de Mosquera y le faltó tiempo para rebasarle, por lo que dejó de esforzarse.
Fue, en todo caso, un final justo. Mosquera no merecía irse de esta Vuelta de vacío, sólo con el segundo puesto de la general en el zurrón; su equipo, Xacobeo, tampoco. Nibali, por su parte, ha sido el mejor durante las tres semanas de esta carrera; poco espectacular, ha estado también poco obligado por sus rivales. ‘Purito’ Rodríguez se desinfló con el paso de las etapas, Frank Schleck despertó demasiado tarde, Velits y el resto de ciclistas del top10 nunca fueron una amenaza para él, Igor Antón se cayó cuando parecía el mejor. Mosquera se dejó 27 de los 41 segundos que finalmente le ha separado en la general en etapas teóricamente intrascendentes; en ellas se separó definitivamente del triunfo que quizá alcance el año que viene. Era de justicia pues que Nibali confirmara su victoria en la gran ronda española en la espectacular subida a la Bola del Mundo, golpe de gracia de una Vuelta a España que supone todo un triunfo para Unipublic.

Bielas en vísperas de la Bola del Mundo

1. Ezequiel Mosquera se ha dejado hoy doce segundos en la meta de Toledo respecto de Vincenzo Nibali, mucho más atento a la hora de seguir la rueda de los más explosivos en un final trampa que había pasado prácticamente inadvertido por lo maratoniano del resto de la jornada. Álvaro Pino, director saliente de Xacobeo, contó en televisión minutos antes cómo había ordenado a sus corredores que llevaran a Ezequiel a cabeza para que pasara lo más cómodo posible los últimos kilómetros. No lo hicieron bien y Mosquera perdió doce segundos que no son diferencia sino síntoma; síntoma de cómo la presión puede un poco con el modesto corredor gallego.
2. Ahora la distancia a recortar respecto de Nibali son cincuenta segundos. Ya sí resulta imprescindible para Mosquera coger bonificaciones en la meta de la Bola del Mundo para enfundarse el maillot rojo de esta emocionantísima Vuelta. Liquigas, por tanto, no pondrá mañana el menor interés en controlar la etapa (es de reseñar que tampoco podría hacerlo dada la relativa debilidad de los ‘verdes’ como equipo), dejará marchar a una fuga grande con opciones de llevar a buen término y ello obligará a trabajar a Xacobeo. Habrá que ver cómo se desenvuelven los hombres de Álvaro Pino. Como guerreros han dado un nivel excepcional; ¿harán lo mismo controlando la carrera?
3. Un factor que hará complicado el control del devenir de la carrera por parte del pelotón será la lucha que se desarrollará por el tercer lugar del podio. Peter Velits ostenta ahora mismo esa posición con unos dos minutos de ventaja sobre un grupo de seis hombres, algunos coequipiers como en el caso de Xavi Tondo y Carlos Sastre, distanciados entre sí por apenas treinta y cinco segundos. Es de esperar que todos ellos le buscarán las cosquillas al eslovaco, que deberá de defenderse con el solitario apoyo de Sitsov y un Van Garderen venido a menos. Ello garantiza una ascensión muy movida a la Bola del Mundo (“Navacerrada con el Xorret de Catí al final”, describió con acierto Mosquera) y también augura batalla desde el mismo banderazo de salida.
4. La lucha por la clasificación por equipos que sostienen Caisse d’Épargne y Katusha, ahora separados entre sí por unoa treinta segundos, también puede resultar clave en la labor de Xacobeo, que podría encontrarse con un aliado excepcional en cualquiera de estos dos equipos en caso de que saliera perdiendo durante la configuración de la fuga del día, por ejemplo introduciendo un hombre menos que su rival en ésta. Esta lógica alianza deportiva, sumado a otras menos lógicas que también podrían darse, quizá desempeñe un papel clave en la resolución de una etapa que promete ser legendaria.

La Vuelta deja fuera a RadioShack

A mediodía de ayer, la organización de la Vuelta a España remitía una nota de prensa con veintidós equipos y una nota al pie informando de su decisión respecto de la lista de invitados a la gran ronda española. Y con ello se desataba la guerra dialéctica.
Las escuadras que tomarán parte en la Vuelta serán, según los deseos de Unipublic, las dieciséis que firmaron el llamado ‘Acuerdo de Londres’ hace dos años (básicamente, los ProTour de 2008 que siguen en las carreteras) y seis que son directamente invitadas por la organización: los ProTour Sky, Katusha y Garmin y los profesionales Cervélo, Andalucía – Cajasur y Xacobeo – Galicia. Una selección, según declara Javier Guillén [máximo ejecutivo de la Vuelta a España] en As llevada a cabo en base a “criterios estrictamente deportivos”, que deja fuera de la carrera a la gran sensación de su pasada edición de la gran ronda española, Vacansoleil, al BMC de Cadel Evans y a uno de los indiscutibles mejores equipos del mundo, RadioShack.
Es en el seno de esta última estructura donde se ha hecho notar más el descontento y la indignación con Unipublic. La primera reacción fue de Johan Bruyneel, que en su Twitter anunció recién conocida la noticia que haría comentarios “interesantes y picantes”. Más tarde, emitió un comunicado donde se mostró “no sólo sorprendido, sino perplejo. Pensé que se trataba de un error y llamé a Javier Guillén para que me diera explicaciones. Me dijo que no ofrecíamos un equipo suficientemente bueno y no me lo podía creer. Sólo con Leipheimer, Klöden, Horner y Brajkovic llevábamos a cuatro potenciales ganadores de la Vuelta. Era nuestro otro objetivo del año junto al Tour, por eso (y porque debíamos correr la Vuelta a California) no corrimos el Giro de Italia”.
Si tomamos lo que dice Bruyneel como cierto, realmente la razón no está con Unipublic. Leipheimer, Klöden, Horner y Brajkovic parecen corredores de entidad suficiente como para garantizar la invitación del que, por otra parte, es el octavo equipo del mundo según el Ránking UCI y el quinto según CQ Ránking. Ahora bien, no parece que esa fuera efectivamente la alineación que RadioShack planeaba disponer en la gran ronda española.
Según algunas fuentes y declaraciones de Chechu Rubiera a Biciciclismo, ésta incluía a Janez Brajkovic, Chris Horner, Geert Steegmans y el bloque ibérico del equipo conformado por el propio Rubiera (que con la decisión de Unipublic no estará en el estreno en competición de la cima que lleva su nombre, también conocida como Coto Bello), Zubeldia, Irízar, Machado y Paulinho. Pero no por Leipheimer y Klöden, que de cumplir un calendario formado por Tour y Vuelta acabarían la temporada con 80 días de competición, una cifra a todas luces excesiva para ciclistas de 37 y 35 años respectivamente.
Así, no parece que Bruyneel las tenga todas consigo; pero lo mismo se puede decir de Javier Guillén. El valor deportivo del ‘nueve’ preseleccionado por RadioShack es enorme más allá de las ausencias de sus cabezas de cartel, empezando por el heptacampeón del Tour Lance Armstrong. No puede ser que sea el factor decisivo para esta no invitación a la Vuelta. Más bien puede que lo sea la nota al pie a la cual hacíamos referencia al principio, que establece que “Unipublic se reserva la posibilidad de modificar esta lista si circunstancias importantes así lo aconsejaran, teniendo siempre muy presentes las responsabilidades éticas de los participantes y su calidad deportiva”, y la intención sea presionar a RadioShack para que mejor aún más su propuesta.
O quizá, como señala en algunos mentideros, sea un castigo al equipo americano por lo que pueda haber de cierto en las declaraciones de Landis. O por las posturas contrarias a las sostenidas por las grandes autoridades que Bruyneel y Armstrong han adoptado en asuntos de trascendencia para el futuro del ciclismo. Un ciclismo que Bruyneel afirma “estar dispuesto a hacer todo lo posible para profesionalizar” en un pequeño ataque de megalomanía.
En Vacansoleil, en cambio, la decisión de Unipublic de dejarles fuera de la Vuelta en favor de equipos de menor calidad como Garmin o cuyo desprecio por el calendario español ha sido manifiesto como Sky ha sido acogida con resignación. Su mánager Dan Luijkx ha declarado que “es lamentable que no podamos hacer ninguna gran vuelta en 2010 después de lo bien y rápido que anduvo todo en 2009… Esperamos que estas peleas entre organizadores y equipos se acaben cuando llegue el nuevo sistema en 2011. Estamos tristes, pero tenemos que centrarnos en las muchas citas grandes que nos quedan en estos meses”. Evita así las polémicas el gerente del conjunto holandés, que revolucionó varias veces la gran ronda española el año pasado con su actitud combativa, y se pone en manos del sistema de invitaciones previsto para la próxima campaña, basado en méritos deportivos y no en económicos o, directamente, subjetivos.
El tercer agraviado significativo por la no invitación a la Vuelta a España, BMC, se lo toma con aún mayor filosofía y, sobre todo, con realismo. Y es que no posee plantilla ni estructura suficiente para afrontar las tres grandes rondas esta temporada, hecho que se hubiera consumado de haber estado presentes en la salida de Sevilla. “Nuestros planes pasaban por competir en un ‘grande’, el Giro de Italia”, explica ufano el mánager Jim Ochowicz, “y eventualmente una segunda, el Tour de Francia. Pero hacer la Vuelta, en 2010, no era posible”.
Por lo que respecta a los equipos a los que se ha otorgado una invitación, las reacciones de alegría han sido mucho más tibias. Andalucía, cuya viablidad depende en gran medida de estar presente en la gran ronda española, expresaba su agradecimiento a través de su jefe de filas José Ángel Gómez Marchante. Xacobeo, por su parte, afirmaba que su objetivo será mejorar en la Vuelta de 2010 lo hecho en la de 2009, para lo cual contará con el liderazgo de Ezequiel Mosquera y el respaldo de buenos elementos como David García Dapena, Gustavo César o Rodrigo García. Dave Brailsford, mánager de Sky, hablaba de un “voto de confianza de Unipublic”, mientras Katusha, Garmin y Cervélo aún no han realizado ninguna declaración al respecto. Los primeros están dentro por la predilección de Javier Guillén por su líder Joaquín Rodríguez; los segundos, por Tyler Farrar; los terceros, por Carlos Sastre. Ahora bien, no se sabe si por su presencia en el ‘nueve’ de la Vuelta o por su poder fáctico…

* Agradecimiento a Daniel Sánchez por su traducción de las declaraciones de Dan Luijkx

Ezequiel Mosquera: el último de su estirpe

Cuando uno observa a Ezequiel Mosquera (1975, Teo – A Coruña) sobre la bicicleta, la primera imagen que le viene a la mente es la de otro escalador puro, el aragonés Fernando Escartín. Ellos dos, junto a Roberto Heras y ‘Chava’ Jiménez, son los últimos grandes exponentes de esa especie que hasta hace unos años representaba el arquetipo de ciclista español: hombres extremadamente delgados, en muchas ocasiones de baja estatura también, que sufrían en el llano y hacían sufrir en la montaña a cualquiera de sus rivales gracias no sólo a sus cualidades innatas, sino también a un carácter agresivo sobre la bicicleta, un arrojo sin parangón que les hacía atacar cuando la carretera más se empinaba, fuera en el último puerto o en el primero.

Hablamos de una especie de corredor endémica, casi inédita más allá de nuestras fronteras y presente desde los primeros pasos del ciclismo español: desde Federico Ezquerra y Vicente Trueba, pasando por Federico Martín Bahamontes y Julio Jiménez, hasta llegar al que se convirtió en el prototipo de esta raza, ese Pedro Delgado que tuvo los arrestos de arriesgarse a un periplo en el PDM holandés para conseguir esa pericia en el llano que les faltaba a sus congéneres.
Ezequiel Mosquera es un escalador de los de antes. Su única cualidad en el llano es el ser capaz de apretar los dientes cuando es necesario, ser un esforzado de la ruta. A pesar de haber rozado en varias ocasiones el podio de la Vuelta a España, jamás ha renegado de esta condición: no busca tener varios hombres a su servicio, prescinde del aureola que rodea a los grandes líderes del pelotón. Se conforma con pedalear sin ataduras. “Sencillamente me gusta ser ciclista. No es que me chifle la competición; sólo la sobrellevo”. Sincero. Sencillo.
Sencillos fueron también sus comienzos en el ciclismo. Pasó a profesionales con 23 años en el modesto equipo portugués Paredes, donde se mantuvo cuatro campañas y consiguió dos victorias antes de pasar dos temporadas en Cantanhede y Carvalelhos. Cuando se le recuerda la experiencia portuguesa, Eze sonríe aún con mayor amplitud de la habitual, enseña un poco más su aparato dental (a la vejez, viruelas). “Ganaba poco dinero, pero fue una época bonita. Cuando estaba allí me quejaba, pero ahora vuelvo y sólo tengo buenos recuerdos. En febrero, durante la Vuelta al Algarve, sentí bastante nostalgia”.
Eze tampoco olvida cómo logró salir de Portugal hacia cotas mayores. “A Óscar Guerrero siempre le voy a estar agradecido”. Fue el técnico vitoriano quien le dio la alternativa en España, haciéndole un hueco en el modélico y añorado equipo Kaiku y dándole la oportunidad de destacar en un calendario de cierto nivel. “El bloque de Kaiku podría haber llegado muy lejos. Teníamos una buena empresa apoyándonos, buenos corredores, buena imagen, buen staff… lo teníamos todo para haber llegado lejos. Pero duró menos de lo que deseábamos”. Su mayor éxito vestido de rosa fue una etapa de la Vuelta a la Rioja, conseguida gracias a una épica cabalgada. Llamó la atención de Vicente Belda, que le incorporó a aquel Comunidad Valenciana de 2006, moribundo y fustigado por la OP, donde pasó un año en blanco. Surgió entonces la oportunidad de firmar con el nuevo Karpin – Galicia de Álvaro Pino…
Tres exitosas temporadas después, Mosquera persigue objetivos elevados dentro de un calendario de mucha mayor calidad que el que disputaba en su día en Portugal. El gallego lidera el Xacobeo – Galicia, de categoría profesional y con varias presencias en carreras ProTour. “Para este inicio de temporada tengo un pico de forma en Catalunya, País Vasco y Castilla y León [en las dos primeras completó actuaciones anónimas; la tercera ha empezado hoy]. Teníamos la posibilidad de correr el Giro, pero era muy complicado y hubiera sido necesario reforzar la escuadra para afrontarlo con garantías… Y después me centraré en preparar la Vuelta a España”.
Ésa es su carrera fetiche. Ha tardado ocho temporadas y cinco equipos en poder participar en la gran ronda española, y explota cada presencia en ella al máximo. 5º en la general final de 2007, 4º en 2008, 5º en 2009. Regularidad al máximo, sólo hace falta un puntito más para pisar el podio. “Voy a ir a la Vuelta con intención de hacer entre los tres primeros, pero con los pies en el suelo. Una caída te puede dejar sin opciones a las primeras de cambio”, tal y como le sucedió a él mismo en la etapa de Lieja de la edición pasada.
Pero, a la hora de la verdad, su anhelo en la Vuelta a España es otro. Le delata, de nuevo, la preponderancia que toma el aparato de dientes en su cara. “Tengo ganas de conseguir un triunfo de etapa. Todos estos años me he quedado con la miel en los labios [cinco veces entre los cuatro primeros de diversos parciales], porque aunque fuera el mejor de los favoritos llegaban escapados por delante. Pero este 2010 tengo seis finales en alto, seis oportunidades buenas”. Se le pregunta si le gustaría ganar en la Bola del Mundo, final en alto inédito que se disputará el penúltimo día de carrera, con todos los grandes jugándose el triunfo definitivo. Sonríe, esta vez con la boca cerrada. “Sí. Sería un puntazo”.

A sus 35 años, con doce campañas como profesional en las piernas, es imposible no preguntar por una hipotética retirada. La respuesta es, cuanto menos, sorprendente: “No me veo muchos años más compitiendo. Ya digo: me gusta ser ciclista, la vida sacrificada, el entreno diario… Pero el ambiente de competición es muy exigente, no me gusta demasiado examinarme todos los días”.
El día que se retire, el ciclismo español se quedará con Carlos Sastre como única referencia en cuanto a escaladores puros de tronío (Contador es un ciclista total, moderno, capaz de desempeñarse igual de bien subiendo y en contrarreloj). Habrá que esperar a la evolución de Sergio Pardilla, que se experimenta en el Carmiooro italiano, o de un Beñat Intxausti que evoluciona y sorprende (fue 3º en la Vuelta al País Vasco) en las filas de Euskaltel con objeto de llegar donde Iban Mayo no pudo. El día que Ezequiel Mosquera se retire perderemos a uno de nuestros últimos escaladores de élite. Pero también a un corredor que hace de su condición de esforzado de la ruta, de su modestia y sencillez, su enorme y auténtica virtud.

Un digno final para una carrera marcada

¿Óscar Pereiro a Xacobeo?
Arueda.com

Suena estimulante y suena también natural. Óscar Pereiro, nacido en Mos hace 32 años, está en declive desde que ganó el Tour de Francia de 2006. Un éxito precioso que ilumina su palmarés por sí sólo, que eclipsa al resto. Un éxito que, por otra parte, fue una maldición. Si encontramos algún corredor parecido al mítico Roger Walkowiak en el ciclismo moderno, ése es el gallego.

Fuera del ambiente ciclista no se recuerda como era el Pereiro de antes de aquel Tour. Dentro… es difícil recordarlo. Parecen dos corredores diferentes. El Pereiro pre2006 era un corredor combativo, sin nada que perder, capaz de ganarse la vida compitiendo en el modesto Porta da Ravessa. De embarcarse a la aventura en Phonak de la mano de Álvaro Pino para clasificarse undécimo en el loquísimo Giro’02. De acumular fugas y más fugas en el Tour’05 hasta conseguir una victoria; y, de remate, cazar otra fuga más para colocarse décimo en la general final. Ése era Pereiro.

Precisamente, fue siendo él mismo como se arruinó. En el Tour de 2006 partía de colíder de Caisse d’Épargne junto a Alejandro Valverde. El murciano fue eliminado por una caída a las primeras de cambio, él era jefe de filas único y falló en Beret. Casi veinticinco minutos de desventaja le animaron para filtrarse en una fuga camino de Montélimar junto a Chavanel, Voigt, Quinziato y Grivko. Lo recuerdo como si fuera ayer, cómo Grivko atacó y se desfondó a unos treinta kilómetros de meta. Acabó perdiendo seis minutos. Después Voigt hizo uno de sus demoledores demarrajes, Óscar se fue con él. Victoria para el alemán, el español esperaba nervioso en meta junto al locutor de TVE (¿era Carceller?). La ventaja necesaria para alcanzar el maillot amarillo, algo más de 28:30, se había superado en referencias intermedias pero parecía imposible en meta por cuanto el pelotón aceleraba en preparación del sprint por los puntos del maillot verde. Finalmente fue posible, Pereiro se puso líder con minuto y medio sobre un Landis cuyo Phonak decidió no perseguir para dejarle el trabajo de controlar la carrera al Caisse d’Épargne.

Con lo que no contaba Landis era con Pereiro aguantando como un jabato. Tampoco con el brutal petardazo que el propio americano iba a dar en La Toissure. Aquello le desquició. Al día siguiente, en una de las últimas burradas del ciclismo de los pinchazos y en una de las etapas más bonitas que se han visto en el Tour en los últimos años, Landis le dio la vuelta a la carrera con una exhibición camino de Morzine y pasando el durísmo Joux Plane. Él sólo reventó la fuga del día, reventó al pelotón que le perseguía, reventó todo. En la última crono acabó de consumar su remontada. Reventó dos carreras cuando dio positivo por testosterona. La primera, el Tour de Francia de 2006. La segunda, la carrera deportiva de Óscar Pereiro.

Los meses siguientes fueron de incertidumbre, de desmotivación, de agobio. El gallego estaba acorralado por el positivo de Landis, que le convertía en ganador legal del Tour, y por la negativa de ASO ha reconocerle este mérito. Se convirtió en un hombre mediático, y cada entrevista era lo mismo: ¿Cómo te sientes? ¿Cuándo te dan el Tour? ¿Qué injusto todo, verdad? Extenuante. A partir de entonces, Pereiro fue una sombra.

Aunque 2007 no fuera del todo un mal año, su décimo lugar en el Tour supo a poco al aficionado no especializado aunque fuera lógico para aquel que conociera el desempeño normal del gallego. 2008, sin presión por contar con el curioso paraguas de la decepción y con el escudo de un Valverde dispuesto a centrar los focos en la gran ronda francesa, parecía su temporada para la resurrección. Lo estaba siendo. Óscar lo reconocía, volvía a disfrutar sobre la bici y a ser él mismo. Atacaba, se fugaba, volvía a ser un corredor combativo que, por ejemplo, mostraba una faceta olvidada: gran descendedor. Mejor descendedor que escalador, de hecho. Y fue en una bajada donde todo volvió al suspense: en el Col d’Agnello, una caída escalofriante por un terraplén, de carretera a carretera. Todos los corredores de Caisse d’Épargne arremolinados en torno a él, Chente García Acosta pensaba que había muerto. No. Se había quedado afectado, rotos algunos huesos. Pero había salvado la vida.

Si humanamente había sido un mazazo, más aún lo había sido desde el punto de vista deportivo. La caída fue otro antes y otro después. Porque antes era difícil motivarse, pero después resultaba imposible. Se dudaba incluso de la continuidad de Pereiro en el pelotón este 2009. Sin embargo, el talentoso corredor gallego decidió intentar cumplir su contrato, y lo hizo funcionarialmente. Provocó un divorcio en el seno de su equipo. No se veía bien de cara al Tour, intentó forzar, pero camino de Envalira claudicó. Unzué, disconforme, manifestó meses después en El Mundo Deportivo que “debería haberme liado a hostias con él”, una afirmación exagerada que sin embargo dice mucho. A Pereiro ya no se le quiere deportivamente en la formación bancaria, que le ha enseñado la puerta de salida. Ya habla de ella como si de un ex equipo fuera, a pesar de que dentro haya dejado “grandes amigos” gracias a su carácter extrovertido.

Pero ese no es final para un corredor tan brillante como él. Óscar no se debe conformar con retirarse en silencio, en salir por el arrastre en lugar de por la puerta grande. Aún tiene ofertas, de todos aquellos que saben que su problema no está tanto en las piernas sino en la cabeza, que es al fin y al cabo la que gira los pedales. Liquigas se ha interesado por él; incluso el Radioshack de Lance Armstrong. Pero su lugar está lejos de esos destinos internacionales en los que lleva, al fin y al cabo, tanto tiempo. Sería igual de difícil motivarse. Su destino está más abajo, en un lugar donde recibir el cariño que merece. En Xacobeo.

Los últimos días han estado llenos de rumores. Todos van en la misma dirección. Óscar quiere irse a Xacobeo, que necesitaría un nuevo patrocinador para asumir su ficha. El corredor está dispuesto a poner de su parte, a bajar su caché e incluso a no cobrar. Pino no le haría ascos si así fuera; no hay que olvidar que fue el preparador gallego quien fichó a Óscar para el equipo Phonak en 2002, consciente de sus posibilidades. Su rol en la carretera no sería tanto el de líder, ése es para Mosquera, sino el de ciclista libre que pueda aprovechar sus buenos días para destacar. Incluso, por qué no, Pereiro se puede adaptar al papel de gregario como ya ha hecho en varias ocasiones.

Más importante que su rol en la carretera sería su rol fuera de ella. Pereiro es una de esas personas nacidas para ser estrella, para presentar programas de televisión y ser, en definitiva, famoso. Un gancho mediático. El hombre capaz de amarrar la continuidad del patrocinio por parte de las autoridades gallegas al equipo Xacobeo: el cambio de gobierno lo ha puesto en duda. Y más aún con el asunto del Dr. Beltrán, médico que entró a trabajar en Xacobeo mediada la Vuelta y resultó estar implicado lateralmente en los positivos de Héctor Guerra, Nuno Ribeiro e Isidro Nozal en Portugal. Que Óscar estuviera en Xacobeo amarraría el futuro de la estructura gallega.

En los últimos días, Pereiro se ha reunido con el nuevo Secretario Xeral do Deporte de la Xunta de Galicia para tratar su incorporación al equipo Xacobeo. Para tratar la continuidad del equipo. Para hacerle un último favor al ciclismo gallego. Para hacerle un último favor a su mentor Álvaro Pino, para hacerse un favor y terminar con la cabeza bien alta su vida deportiva antes de empezar su vida en la fama más hedonista. Para darle un digno final a una carrera marcada.

Aires de superación en Andalucía-Cajasur

“No es un sueño de locos ir al Giro”. Con estas declaraciones en ‘El Día de Córdoba’ ha destapado Antonio Cabello el tarro de las esencias. El eco ha sido una noticia de Biciciclismo que anunciaba la ampliación de la plantilla del equipo andaluz. De inmediato, Andalucía se ha convertido en el centro de la especulación y la rumorología. Un plantel de veinte corredores y un calendario que podría incluir el Giro invitan a ello.


Especialmente interesante resulta esta última parte. ¿Cómo puede llegar Andalucía a correr el Giro d’Italia? Si bien es cierto que su estructura es modélica, con todas las categorías del ciclismo englobadas y una dirección ejemplar, el nivel de la plantilla profesional no parece suficiente para enfrentarse a la gran ronda italiana y a la española en un mismo año. El conjunto es ahora mismo limitado, y además se tendrá que enfrentar a la pérdida de su punta de lanza Xavi Tondo, cuyo futuro parece ligado a alguna estructura Pro Tour como Astaná, Katusha ó Caisse d’Épargne. No parece que las incorporaciones que se hagan, que deben incluir al menos tres corredores del filial para seguir la política deportiva del equipo, puedan garantizar un rendimiento mínimo.

Peligroso a la hora de evaluar esto es el precedente de Xacobeo este año. El equipo gallego acudió al Giro d’Italia de este año reclamado por el organizador, ayudado por las circunstancias que le señalaban como el mejor equipo puramente español dispuesto a acudir a la ‘corsa rosa’. La mala suerte se cebó con el equipo, que perdió de inicio a Ezequiel Mosquera por una caída y a las pocas etapas vio cómo tenía que abandonar un David García Dapena que marchaba líder de la montaña. Así, el papel de la escuadra gallega quedó limitada a los fogonazos de jóvenes como Rabuñal, Marcos García ó el ruso Isaichev, que sumados al temperamento del infatigable Eduard Vorganov dieron como resultado una actuación decente… pero al fin y al cabo mediocre. Mejorable por cualquier profesional italiano como Ceramica Flaminia, que acudiría motivado además por ser el Giro su gran objetivo de la temporada.

Después de esto, ¿estarían los organizadores del Giro dispuestos a repetir la invitación de Xacobeo en detrimento de otro equipo cuyos esfuerzos se centraran exclusivamente en su carrera? Posiblemente no. El nivel dado por Xacobeo, que no olvidemos es el mejor equipo profesional español en la actualidad casi sin discusión, no anima a ello. Y menos aún anima Andalucía-Cajasur, que por ejemplo sólo ha conseguido cinco victorias este año; dos de Tondo, una de Ortega, una de Piedra y otra del asturiano Ángel Vicioso. La invitación suena poco probable y, lo que es peor, poco merecida.

El espíritu de superación que emana de la entrevista a Cabello es encomiable. Y el desarrollo del proyecto de Andalucía, modélico. Paso a paso, año a año, ha ido creciendo. Este año ya se han aventurado a correr carreras por Europa. Quizá llegue el momento de dar el gran salto. Pero es difícil hacerlo con una plantilla basada en andaluces, que no muestran precisamente un nivel muy bollante. Quizá en un futuro, con incorporaciones no andaluzas, la evolución de promesas de la estructura como Antonio Piedra ó Pablo Lechuga y la adhesión al equipo de corredores de la región que evolucionan fuera de él como Luis Ángel Maté ó Manuel Vázquez… Quizá entonces se pueda pensar en dar ese salto con garantías.

Por lo pronto, realmente, no se puede aspirar a ello. Además, un detalle algo inquietante es la “recomendación de la UCI”, que suena a confusión con la ‘Label Wild Card’ que efectivamente recibieron del máximo organismo el año pasado… ó incluso a endiosamiento ante la prensa local. Ésta siempre ew fácil de engatusar en terrenos especializados tal y como demuestran muchos corredores en entrevistas antes de acudir a grandes carreras, donde casi siempre se muestran como aspirantes a la victoria.

Verdaderamente, es complicado entrar como invitado al Giro. Para Andalucía-Cajasur, por su condición de equipo modesto y español, mucho más. Aunque siempre es de aplaudir el optimismo y el afán por mejorar de este equipo, ejemplar en su gestión y capaz de mantenerse ajeno a todos los escándalos.