"Somos una generación muy buena"

Cuando a principios de año hablaba sobre Michael Matthews (1990, Australia), avisaba de que no tardaría en destacar y, probablemente, ya en el Tour Down Under brillaría “por primera vez a la altura de los mejores”. No me equivoqué. Pero lo cierto es que la apuesta era sobre seguro.
‘Bling’ llegaba al profesionalismo encuadrado en Rabobank y con la vitola de joven y destacada promesa del ciclismo mundial. Era de esperar, pues, que consiguiera buenos resultados desde el principio. Sin embargo, quizá no fueran tan obvios la multitud de puestos de honor conseguidos y las dos victorias de etapa acumuladas; en eso Matthews, a quien le han diseñado un calendario prácticamente a medida, superó las expectativas tal y como lo vienen haciendo casi todos los jóvenes de una generación, la de 1989 y 1990, que promete hacer historia. Resultaba obligado hablar con él en la línea de salida de la Clásica de Almería del pasado domingo para repasar sus hitos de este inicio de temporada y echar un vistazo al futuro.
Tu manera de iniciar la temporada ha sido impresionante…
Sí, desde luego. Comencé con una victoria en un critérium en Australia, después una etapa en el Tour Down Under, luego un par de podios en Algarve unas semanas después… Ha sido un gran inicio de temporada.
¿Lo esperabas?
No, definitivamente no. En realidad, no tenía muchas expectativas: ver cómo me adaptaba al ritmo de los profesionales y si acaso intentar luchar por alguna victoria más adelante… Y claro, empezar ganando ya una carrera me deja un sabor de boca genial.
¿Dónde vas a continuar esta campaña tan impresionante?
Iré a la Vuelta a Murcia [se impuso en la primera etapa] y después tomaré parte en algunas clásicas de pavé. Aparte, en mayo iré seguramente a la Vuelta a California.
¿Clásicas de pavé? ¿Quieres probar para centrarte en ellas en un futuro?
No; no estoy más seguro, sólo pienso en probarlas. De momento mi mejor cualidad ha demostrado ser la punta de velocidad. Ya he derrotado a grandes esprinters en carreras duras con llegadas masivas y pienso que esa es la faceta que explotaré por el momento.
La pasada temporada fue impresionante para ti, con un momento culminante en el Mundial sub23 donde te impusiste. En pocas palabras, ¿qué sensaciones te trae el recuerdo de ese día?
Gané en mi casa delante de mi gente: fue un sueño hecho realidad.
En aquella carrera copásteis los primeros puestos corredores como Degenkolb, Lobato o tú mismo que esta campaña habéis debutado como profesionales con buenísimos resultados… ¿Crees que tu generación va a dominar en un futuro próximo el pelotón?
La temporada pasada estábamos alrededor de una decena de ciclistas en mi categoría con un talento enorme que además realizamos algunas actuaciones fantásticas. Efectivamente pienso que somos una generación muy buena y en un par de años estaremos ahí arriba… Sin embargo, de ahí a decir que dominaremos hay una diferencia significativa. Más bien creo que tenemos calidad y llegaremos hasta donde podamos.
¿Cúantos años has firmado con Rabobank?
Dos temporadas: 2011 y 2012
¿Qué hay del nuevo equipo australiano que se está preparando de cara a la próxima campaña, GreenEdge?
No sé demasiado en torno al tema. Shayne Bannan, uno de los hombres fuertes del ciclismo australiano, lo está proyectando. Creo que va a ser un gran equipo y parece que en los próximos meses va a empezar a tener presencia en los medios, pero no sé mucho más allá de esto.
Por último, ¿dónde esperas brillar con más fuerza en un futuro?
No estoy seguro de qué quiero hacer en el ciclismo todavía. De momento pienso en coger experiencia y disfrutar del momento.
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‘Bling’: la nueva joya del ciclismo australiano

A Michael Matthews (1990, Camberra-Australia) le llaman sus compañeros ‘Bling’. No se refiere el mote a su velocidad o cualquier otra característica suya sobre la bicicleta, sino a una que le distingue fuera de ella: Michael es una persona coqueta, amante de adornar su cuerpo con distintos tatuajes y avalorios, como se puede ver en esta sesión de fotos junto al técnico de Cycling Australia (federación de ciclismo ‘aussie’) Shayne Bannan. Precisamente Bannan es su mentor, el hombre a cuyo amparo ha crecido Matthews desde que se incorporó a la formación continental Jayco-Skins, equipo de desarrollo de Cycling Australia para sus jóvenes promesas y embrión de la futura estructura de élite australiana que verá la luz en 2012.

Dos años ha pasado ‘Bling’ bajo la tutela de Bannan, siguiendo junto a la mayoría de sus compañeros de Jayco-Skins un programa donde se preparaban con mimo tanto la pista como la carretera. Los resultados en velódromo de Matthews, siempre en modalidades de resistencia, no fueron epatantes; en ruta, en cambio, su calidad y margen de progresión se hicieron evidentes desde el inicio. Un doble Campeonato de Oceanía sub23 (se impuso tanto en ruta y en contrarreloj con sólo 19 años) en 2009 precedieron a siete victorias en carreras .2 la pasada campaña; una temporada de ensueño coronada con un impresionante triunfo en el Campeonato del Mundo sub23 por delante del alemán John Degenkolb y el estadounidense Taylor Phinney. Una victoria que bien le valió el fichaje por todo un equipazo como Rabobank.
El punto fuerte de Michael Matthews, siguiendo el estereotipo del ciclista australiano, es la velocidad. Su calidad diferencial reside, sin embargo, en una consistencia sobresaliente que le permite aguantar con los mejores en carreras duras y jalonadas de repechos como su Mundial victorioso o el critérium de la Jayco Bay Cycling Classic en el cual se impuso ayer por delante de Simon Gerrans (Sky). El retrato de Matthews se completa con un carisma brillante, poco habitual en el ciclismo, gracias a su imagen y a su cercanía con los medios de comunicación.
La progresión esperable de Matthews es toda una incógnita, si bien su proyección es magnífica. Con sólo veinte años y varios kilates de talento, sólo la alta montaña parece suponer un límite para él, que por otra parte se ve menos capaz de lo aparente para las llegadas masivas. Por lo tanto, parece un proyecto de clasicómano de primer nivel. Tiene tiempo por delante para añadir algo de envergadura a sus 1’80 metros de estatura y parecerse a Tom Boonen, por sus características un buen referente para seguir la evolución de ‘Bling’.
Si definir por dónde pasa el futuro de Michael Matthews es complicado, indicar por dónde pasa su presente es, en cambio, bastante más sencillo. Tras las dos jornadas restantes de la Jayco Bay Cycling Classic y los Campeonatos de Australia en linea y contrarreloj, el Tour Down Under supondrá la primera prueba de fuego para Matthews en el profesionalismo. En él encontrará terreno abonado para su lucimiento, con varias llegadas picando hacia arriba como a él le gustan y terreno rompepiernas donde sacar partido a su buen momento de forma. Quizá la quinta etapa, con más dureza y tres subidas a la respetable tachuela de Willunga Hill, cercene sus aspiraciones de cara a la general. Pero es bastante probable que, en el Tour Down Under que dará el pistoletazo de salida a la temporada ciclista dentro de dos semanas, ‘Bling’ brille por primera vez a la altura de los mejores.

Burgos 2016 continúa un año más

“Continuamos, continuamos seguro”. Con estas palabras confirmaba Julio Andrés Izquierdo a Arueda.com que su equipo ciclista, el continental Burgos 2016, seguirá en las carreteras en el año 2011.
Como siempre en las cinco campañas de vida profesional del conjunto burgalés, la noticia llega tarde. Sin embargo, no es un problema de dejadez sino del hecho de que la mayoría de patrocinadores son organismos oficiales que, como nos cuenta Izquierdo, tardan en decidir cuánto y como apoyan. La posibilidad de que Burgos sea aspirante a capital europea de la cultura en 2016, como reza el eslogan del equipo, ha sido decisiva; el empujoncito para que los estamentos políticos de la provincia, la Junta de Castilla y León y varias empresas privadas de la zona aportaran su dinero para posibilitar que la escuadra sobreviva la próxima campaña.
Con un presupuesto modesto, adecuado a su categoría; sin posiblidad de hacer virguerías, con el único objetivo de dar continuidad a un proyecto sencillo que sin embargo significa bastante para un ciclismo español cuyo pelotón afronta una relativa depresión. Burgos 2016 es una escuadra valiosa por cuanto ofrece un escalón intermedio a jóvenes promesas para las cuales el paso directo desde sub23 hasta la categoría profesional o el ProTour puede suponer un muro difícil de franquear. Una labor que toma una especial relevancia cuando tenemos en cuenta que sólo existen actualmente un par de conjuntos con la misma filosofía en este Estado, Caja Rural y Orbea; y más aún si vemos que los corredores de Orbea están avocados casi irremisiblemente a saltar con Euskaltel y que Caja Rural dará el salto a la categoría profesional en 2011. Prácticamente urgía mantener, pues, al menos un equipo que sirviera de escalón para quienes no estén afiliados a la Fundación Euskadi.
Esta campaña no ha sido sencilla para Burgos 2016. “Ha ido bien dentro de lo que cabe”, relata Izquierdo. “La línea del equipo fue muy buena hasta Mayo, pero entonces sobrevino el accidente de Irlanda y nos rompió la dinámica”. Durante la FBK Midi Ras, una vuelta por etapas del país británico, cuatro corredores de la formación burgalesa que se hallaban en cabeza del pelotón fueron arrollados por un vehículo que invadió la carretera donde se disputaba la prueba. Fueron el rodador asturiano Raúl Santamarta, el jovencísmo mallorquín Lluis G. Más, el esprinter Vicente Óscar Grau y el escalador Diego Gallego; la columna vertebral del equipo, prácticamente quienes se encontraban en mejor forma.
El balance, a pesar de los problemas, no ha sido malo aunque la falta de una victoria individual le resta brillantez. “Tras el accidente estuvimos muy bien en el Campeonato de España, Iván Melero fue tercero en la general final de la Vuelta a Madrid y ganamos por equipos en la Prueba Villafranca de Ordizia”, enumera satisfecho Izquierdo. Antes, las actuaciones más interesantes del conjunto burgalés habían tenido lugar en la Vuelta a Castilla y León (donde Grau se metió en los esprints con buen resultado) y, sobre todo, en Subida a Naranco y Vuelta a Asturias. En ambas gracias, sobre todo, a un Andrés Antuña al que sobraron un centenar de metros para alcanzar la victoria en Naranco y dio así destellos de la calidad que mostrara en el campo aficionado tras tres años más bien grises en el profesionalismo. “Es un gran corredor”, comenta Izquierdo, “pero está compaginando el ciclismo con sus estudios de Derecho”. Y eso se tenía que notar irremediablemente.
Otro nombre propio de la temporada recién concluida para Burgos 2016 fue el del ecuatoriano Byron Guama, previsible líder del equipo que no pudo sin embargo competir un solo día vestido de rojo y negro por problemas de visados. “Es un enorme corredor y una buenísima persona, pero hemos tenido conflictos administrativos que han impedido que pudiera estar con nosotros”. El pequeño escalador ha continuado compitiendo en Sudamérica y gracias a ello ha llamado la atención del equipo Movistar, que posiblemente cuente con él para su filial sudamericano la próxima campaña. “Estamos a la espera de que dé ese salto”, confirma Julio Andrés.
Es el sino del equipo. Hace ya cinco temporadas que la estructura radicada en Burgos dio el salto a la categoría continental tras años entre la élite de la categoría amateur española. En ellos, la escuadra ha seguido una filosofía clara: juventud, sencillez y dar a promesas del campo aficionado la oportunidad de lucirse entre los profesionales. La línea, por supuesto, se mantendrá la próxima temporada, “haremos un equipo sencillo con gente joven”. Siempre mirando que es un “equipo de formación” que dependerá de los deseos de estructuras mayores que quieran contar con sus corredores. El orgullo para Burgos 2016 no es lucir un palmarés voluptuoso, sino ver a sus ex ciclistas en la elite como sucede en el caso de Sergio Pardilla, Rafael Valls u Óscar Pujol, que en 2011 formarán parte de los ProTour Movistar, Geox y Omega Pharma respectivamente. Un espíritu, espíritu gregario, muy necesario en el ciclismo actual.

Taylor Phinney, la gran promesa americana

Pedigrí es la mejor palabra para definir a Taylor Phinney (1990, Colorado). Nació en el seno de una familia ciclista, hijo de dos ex corredores, Davis Phinney y Connie Carpenter, ambos medallistas olímpicos. El chico sólo podía ser ciclista, claro. Y sólo podía ser bueno, siendo ahora mismo la mayor promesa del ciclismo estadounidense.
Taylor causó sensación en los Juegos Olímipicos de Pekín 2008, donde se colocó séptimo en la prueba de persecución en pista con sólo dieciocho primaveras; en los Mundiales del año siguiente directamente ganó. Un talento descomunal alcanzado gracias, en primer lugar, a un talento natural excepcional; y, en segundo, a la dedicación de su padre Davis Phinney, que se volcó en la formación de su hijo y, por cierto, sufre ahora de un temprano párkinson con sólo cincuenta años de edad.

A pesar de lo prolífico de su carrera en los velódromos, no sólo de pista ha vivido Taylor. El chico de Colorado también ha exhibido su magnífica planta (1’93 metros) en el ciclismo en ruta, con idénticos y deslumbrantes resultados como la París-Roubaix sub23 ó la impresionante colecta de cuatro etapas (de siete posibles) y la general final del Olympia’s Tour holandés, una de las pruebas más prestigiosas del calendario .2. Más recientemente, Phinney se llevó el prólogo del Tour del Porvenir, gran objetivo de su temporada en el cual tuvo que claudicar a causa de una tremenda caída. Y, sobre todo, consiguió el entorchado de campeón de su país contra el reloj, derrotando por trece centésimas al consagradísimo Levi Leipheimer. Un éxito asombroso que no hace sino subir las expectativas en torno a él.
Ya antes levantó muchísima expectación su debut como stagiaire este agosto en el RadioShack de Lance Armstrong. Tras año y medio desarrollándose en el prodigioso filial continental de éste, Trek – Livestrong, había curiosidad por ver a Taylor compitiendo en el máximo nivel. Sólo tuvo una carrera para ello, la Vuelta a Dinamarca, y su actuación fue anónima.
Durante unas semanas, Phinney ha sido motivo de controversia. El motivo: su futuro. No quedaba claro hacia dónde se orientaba. La lógica dictaba que ficharía por RadioShack, que le había albergado en su estructura durante dos campañas e incluso ofrecido un ensayo del máximo nivel como stagiaire. Pero esa lógica, digamos, primitiva, no funciona demasiado con Taylor, que ya rompiera su acuerdo (que no contrato) con el filial amateur de Garmin para unirse al a priori más poderoso Trek – Livestrong. Las opciones se abrían, más aún cuando en los mentideros se supo que su relación con Lance Armstrong, teórico padrino, apenas existía.
El ciclista de Colorado acabó por rechazar al mayor equipo de su país, en lo que Bruyneel calificó en su blog como “una decisión difícil”, porque no le podía ofrecer más que un año de contrato, 2011. Eso fue un factor diferencial: Phinney no quería quedarse sin equipo de nivel en 2012, año olímpico, y prefería firmar por dos campañas con algún otro de los equipos ProTour que no cesaban de proponerle jugosas ofertas a este talento, apenas un adolescente que se ha mostrado capaz de todo.
Se desató la especulación. Phinney reconoció tener ofertas de BMC y el Luxembourg Team de los Schleck y se dio por hecho que era el equipo de John Lelangue quien le había firmado su primer contrato de élite. El propio ciclista lo desmintió vía Twitter el 3 de Septiembre; veinte días después, hizo el tweet inverso para anunciar su fichaje por BMC.
Ayer por la tarde (noche en España) tuvo lugar la teleconferencia que hizo las veces de rueda de prensa de presentación de Taylor Phinney con sus nuevos colores. En ella el corredor americano reconoció que había pesado mucho en su decisión la estabilidad, los grandes campeones de quienes podría aprender (Ballan, Evans, su colega Hincapie) y la posibilidad de preparar el ómnium de los Juegos Olímpicos de 2012 con la máxima tranquilidad posible. Parece, pues, que a la mayor promesa del ciclismo estadounidense le quedan un par de campañas donde priorizará en su preparación los velódromos por encima de la ruta.
La pregunta que muchos aficionados nos hacemos es hasta dónde podrá llegar Taylor Phinney en la disciplina reina del ciclismo. Su padre ganó dos etapas en el Tour de Francia; ése es su pedigrí. Sin embargo, el jovencísimo talento afincado en Lucca parece destinado a superar a su progenitor. Como prologuista asombra, gracias a su pasado como persecucionista; como contrarrelojista de larga distancia, después de hacerse con el campeonato de su país, parece estar listo para medirse a quien sea necesario. Sus cualidades de velocista, heredadas también de la pista, están fuera de toda duda.
Pero el verdadero objetivo, para él y para la gente del mundillo norteamericano, es el asalto a las clásicas del norte. Su triunfo en la París – Roubaix sub 23 de 2009 le hace acreedor a la mayor de las glorias en ese tipo de carreras. A él le motiva correr en el Infierno del Norte, en principio para ayudar a George Hincapie; luego, para ayudar a los fanáticos del pedal norteamericanos a seguir algo más que el Tour. Oriente como oriente su carrera, está claro que el futuro del ciclismo americano está en manos de Taylor Phinney.

Cinco Revelaciones de la Vuelta a España

Peter Velits El mejor de los gemelos Velits es la gran sorpresa de lo que llevamos de Vuelta. Tras años madurando en el plácido pelotón alemán, dio el salto este invierno a HTC-Columbia en busca de una mejor base para madurar, un entorno más favorable y un poco más de presión; todo lo que echaba de menos en un Team Milram donde todo esto brillaba por su ausencia. Gracias a ese salto, se ha encontrado en una escuadra donde le piden algo más que meterse en los esprints y llegar hasta donde pueda en la montaña. Eso le ha beneficiado, y la gran muestra es esta Vuelta donde, con sólo tres etapas decisivas por disputar, está situado cuarto en la general, aunque algo lejos del podio. A Velits se le ve sólido en montaña e incisivo en las llegadas en cuesta; además, no parece que vaya a acusar la tercera semana toda vez que ya ha terminado dos Tour y ambos los ha acabado al alza. La duda es hasta dónde llegará en la contrarreloj de Peñafiel, que puede ser un auténtico hueso para un ciclista de sólo 25 años.
Tejay Van Garderen El compañero de Velits llegaba con cierto cartel tras ser tercero en la Dauphiné Liberé y segundo en la exigente Vuelta a Turquía. Prometía situarse entre los quince primeros a poco que la carrera le viniera de cara y está cumpliendo las expectativas con una actuación aún más sobria que la de su compañero Velits. Ocho etapas entre los veinticinco primeros son un gran bagaje para un chico de apenas 22 años cuyo motor seguramente irá a menos con el transcurso de la carrera. Sin embargo, encontrarse undécimo a falta de seis etapas para el final no es una mala carta de presentación para el hombre que debe llevar junto a Andrew Talansky y Taylor Phinney la bandera del ciclismo yanqui por Europa en la segunda mitad de la recién iniciada década.
Nicolas Roche El irlandés ya fue la revelación de la Vuelta 2008 y en esta edición ha sido una de las progresiones más notables. Se ha mostrado más consistente que nunca en su carrera, pecando incluso de opacidad toda vez que no ha llegado a darle de verdad el viento en la cara. Sin embargo, debe ser un regocijo para sus directores verle solvente en montaña, regular al máximo, sexto en la general con opciones notables de colocarse entre los cinco primeros. Todo ello con un Tour de Francia en las piernas, lo que para algunos es motivo de sobra para renunciar a la gran ronda española…
Gonzalo Rabuñal Uno de los gregarios más notables de la prueba. Con solo 26 años y dos grandes en las piernas, el ciclista de Arteixo se ha convertido en una pieza clave en las numerosas ofensivas de Xacobeo – Galicia en la montaña de esta Vuelta a España. Rabuñal es un buen escalador y decente contrarrelojista, a pesar de que sus resultados individuales apenas lo atestigüen (la clasificación de la montaña de la Vuelta al País Vasco es lo mejor de su palmarés), y sobre todo está dotado de un pundonor incomensurable que le convierte en un gran trabajador. Es el relevo natural de Ezequiel Mosquera, a cuya sombra crecerá un par de años más, cuando el de Teo deje la bicicleta.
Mikel Nieve Hablando de gregarios, la labor del alavés en favor de Igor Antón ha sido superlativa, contrapuesta a la dejación de funciones de un ominoso Beñat Intxausti que se retirara hoy. Tanto en llano como en montaña ha sido capaz de estar en todo momento junto al gran protagonista de la carrera… hasta su caída, cuando Nieve asumió los galones de líder como ha demostrado el trabajo desempeñado por Txurruka en Lagos. Situado decimosexto tras días de vaciarse por Antón, está por ver su rendimiento sin tener que estar pendiente de nadie en una Vuelta que supone su debut en una grande.

El imitador de Cavendish que Freire no conocía

En el tenderete donde algunos periodistas veíamos el final de la etapa de ayer en Marbella se tardó un poco en reaccionar cuando, en la ‘volata’ que ha decidio la carrera, una bala blanca adelantaba a un Mark Cavendish que se anotajaba imbatible. Sólo una vez el sorprendente protagonista alzaba los brazos se respondió: “¡Es Hutarovich!”
El bielorruso cruzó raudo la línea de meta. Se había guarecido tras las ruedas de Farrar y Cavendish, saliendo de ellas únicamente en los cien metros finales. Ello le valió poder lanzarse en velocidad punta encontrando nada más que lo justo el viento de cara que frenó a los mejores velocistas; los superó y, lanzado como iba, no pudo siquiera frenar en meta.
Sí que lo hizo Óscar Freire. El cántabro había llegado en el grueso del pelotón, sin intentar luchar por la victoria. Inquirido por un grupo de periodistas españoles, respondía sincero que no se había metido en el esprint por no estar en forma y para no arriesgar. Y, también, no haber “oído el nombre de Hutarovich en mi vida”. Tal vez porque el cántabro no es un enfermo de la bici, de parabólica y twitter; tal vez (seguramente sea el motivo principal) por el proverbial despiste que siempre lleva a cuestas. Porque alguna vez debe haber oído hablar del protagonista de hoy…
Yauheni Hutarovich (1984, Bielorrusia) no es un desconocido. No totalmente, al menos. Desde joven llamaba la atención en el calendario amateur francés, donde llegó como otros muchos corredores del este con objeto de crecer en una de las mecas del ciclismo. Era un velocista puro, de esos esprinters de viejo cuño que se quedaban hasta en los puentes, y buscaba una salida profesional que encontró en el Roubaix – Lille Metropole. Vistiendo ese maillot se hizo un hueco en el particular y endógamo calendario .1 del país vecino, consiguiendo alguna victoria y muchos puestos de honor.
Ello le valió su pase a Française des Jeux, equipo en el que a lo largo de los tres años ha ido evolucionando poco a poco. La escuadra dirigida por Marc Madiot es algo ruinosa, no consigue apenas resultados como se puede observar en los ránking, pero a cambio es una fábrica de buenos ciclistas que, como Gilbert, acaban por volar para pasar sus mejores años en otros equipos. Hutarovich ha ido dando pasos hasta explotar este verano, consiguiendo su primera victoria ProTour en la Vuelta a Polonia y, ayer, su primera victoria en una grande y presentación en el alto nivel en esta Vuelta a España.
¿Cómo llega hasta aquí Hutarovich? Sus piernas son columnas, su espalda ancha, su planta impresiona; es el velocista tipo. Eso, en realidad, es algo que comparten más o menos todos los de su calaña. La distinción entre unos y otros radica en secretos, intangibles, en el apoyo de su equipo, en una inteligencia superior, en un autoconocimiento máximo que le haga optimizar el uso de sus fuerzas. En el caso de Yauheni, según revela Cyclismag, el secreto es haber pasado horas analizando los esprints de su gran referente Mark Cavenidsh. Observándole ha aprendido a esprintar como un superclase y así sorprender a los que, como Freire, no le conocían.

Espaldarazo, recompensa y gran carta de presentación

Físicamente no hay demasiada diferencia entre ser primero o segundo. Centímetros, segundos, rara vez hay un margen mayor a un minuto entre el ganador y el siguiente; muy excepcionalmente se llega a distancias en las que no haya apelación posible a la mala o la buena suerte. La diferencia entre la victoria y la no-victoria (en ciclismo hablar de derrota es, según en qué casos, muy subjetivo) es, por tanto, más mental que física. Ser primero aporta motivación, gloria y reconocimiento, pero sin embargo no requiere mucho más esfuerzo que ser segundo. No. Sólo exige detalles, escondidos en la confianza, el coraje, la inteligencia. En aquellas cualidades del deportista que emanan de su cabeza. La diferencia entre ser primero y segundo, por tanto, sale de la mente y redunda en ella. Podríamos decir que la victoria es apenas una ilusión mental…

Galimatías y circunloquios aparte, la victoria es normalmente el objetivo número uno del deportista. Por eso es tan complicada de obtener y por eso gratifica tanto, más aún si se consigue merciéndola más que el resto de competidores; por eso José Herrada levantó hoy los brazos con tanta satisfacción en la meta de la sexta etapa de la Volta a Portugal. El conquense estrenó su palmarés a lo grande, con un triunfo en la Grandísima conseguido merced a un ataque bravo a unos cuarenta kilómetros de meta. El conquense cabalgó en solitario por dos puertos, desafiando a un pelotón donde los intentos de fuga eran rápidamente entorpecidos por sus compañeros de Caja Rural y el ritmo marcado por los poderosos Barbot y Palmeiras Resort, que buscaban el esprint respectivamente con Sergio Ribeiro y Cándido Barbosa, O Cándido. Finalmente trece exiguos segundos sirvieron a Herrada para conseguir su primera victoria como profesional y tocar con aún mayor fuerza la puerta del ProTour. Como bien dice en la nota de prensa de su equipo, “[esta victoria] es un espaldarazo a mi carrera, una recompensa a tanto trabajo y una gran carta de presentación”.
Espaldarazo, recompensa y gran carta de presentación es también el significado de esta victoria para Caja Rural. Se trata de la tercera de la temporada para la formación navarra; la particularidad es que las tres han llegado esta semana. Inauguró la racha Arturo Mora imponiéndose en un parcial de la Vuelta a León, de categoría .2; siguió el magnífico Oleg Chuzda, un ciclista que en verano da el rendimiento de un genuino superclase, en los primeros compases de la Volta a Portugal. Herrada compuso ayer el tercer capítulo de este período de tiempo ideal para la escuadra dirigida por Eugenio Gokoetxea.
Una semana ideal, justo es reconocerlo, obtenida por derecho propio después de meses de mucho lucimiento y sacrificio sin resultados, sin números que figuraran en el papel con el mismo fulgor que los bancarios lo habían hecho en la carretera. Caja Rural, poco a poco, se ha ganado el cariño y el reconocimiento de aficionados y mundillo ciclista en general gracias a encarnar con dignidad un concepto históricamente tan presente en el ciclismo español: el de escuadra de formación para que corredores de calidad den su primeras pedaladas como profesionales. Un concepto ausente desde hacía algún tiempo ahora que las estructuras de Segunda funcionan con una suerte de autarquía y las de Tercera (categoría donde sencuadra Caja Rural) suelen ser muy precarias y reunir poquísimo talento. Los navarros rompen con estas feas tendencias modernas, casan más con las clásicas y lo han sabido demostrar en un calendario que hasta ahora apenas ha superado los sesenta días de competición y acabará, tirando alto, en ochenta. Planean, según las noticias que van surgiendo en torno al tema, dar el salto a la categoría Profesional en 2011. Para ello tendrán la confianza de una caja de ahorros que confía en ellos y el aval (espaldarazo, recompensa, carta de presentación) de una excelente temporada remachada con tres triunfos de mérito… y quién sabe si alguno más…