Bruyneel, Nissan y el coche eléctrico

La retirada de Lance Armstrong supone un punto y aparte en la historia del ciclismo americano, y también lo va a suponer para la escuadra de Johan Bruyneel, donde ha militado el texano durante gran parte de su vida deportiva. Los altibajos en la trayectoria de este bloque han estado marcados por los vaivenes de Armstrong: el éxito de US Postal, el desconcierto de Discovery Channel, la falta de espónsor para continuar con el equipo, el transplante a Astaná, la posterior controversia y, finalmente, la decepción de un RadioShack que no llegó a cuajar en 2010 salvo por el brillante Dauphiné ganado por Brajkovic.
Esta campaña, ante la retirada definitiva del siete veces ganador del Tour, se corre el peligro de caer en la misma indefinición vivida cuando los fantásticos gregarios de Discovery se quedaron sin un líder sólido e indiscutible. Las opciones son, esencialmente, muy parecidas entre sí: Andreas Klöden, Levi Leipheimer, Haimar Zubeldia, Chris Horner… Son ciclistas veteranos, de buen nivel y capaces de conseguir un puesto entre los diez primeros en el Tour de Francia de contar con libertad para ello. El problema es apostar por uno y subordinar a los demás a sus órdenes: eso es lo que no se hizo en 2006 y resultó en una temporada anónima. Bruyneel ya ha tomado una determinación al respecto: será el único joven de sus candidatos para grandes vueltas, Janez Brajkovic, el destinado a romper la baraja y luchar con Contador, Schleck, Basso, Gesink y compañía.
De dar la talla el esloveno, la sombra de una posible desaparición del equipo una vez caduque el patrocinio de RadioShack a final de temporada, como sucedió en invierno de 2007, estará menos presente. Pero, aunque no la diera, el futuro de la escuadra de Bruyneel quizá esté ya asegurado.

Tal y como recogió en su blog Velofutur, Yaroslav Popovych dio en la VeloLive de Febrero una primera pista respecto al posible futuro de la formación estadounidense. Al parecer, la marca de automóviles Nissan, actualmente espónsor secundario, estaría dispuesta para tomar el relevo a RadioShack en el patrocinio principal de la escuadra asociada con la Fundación LiveStrong, toda vez que la marca de hipermercados de electrónica ya no tiene interés en continuar aportando dinero a ésta. Es una decisión empresarialmente lógica: RadioShack apenas tiene tiendas fuera del continente americano, y en esa zona del globo el reclamo más interesante es Armstrong… No hay interés real por sostener la estuctura cuando el texano deje de formar parte de ella.
Las motivaciones comerciales de Nissan, por otro lado, son muy distintas. La firma automovilística tiene ahora mismo un interés muy alto en Europa, donde ha tomado la delantera al resto de competidores en la carrera por sacar al mercado el primer coche eléctrico. Parece ser que ese vehículo de formulación tan quimérica está cerca de ser una realidad, como demuestra el plan gubernamental español Cénit Verde. Y, mientras empresas como Seat tienen previsto iniciar la comercialización masiva del coche eléctrico en 2014, Nissan piensa producir sus primeras unidades del llamado Nissan Leaf en 2012…
He ahí el quid de la cuestión. Por un lado, Nissan quiere asociar su marca con los valores ecológicos intrínsecos del ciclismo con objeto de mejorar la acogida de su modelo Leaf. Y por otro quiere que su campaña tenga fuerza en Europa, y especialmente en aquellos países donde va a ser fabricado el citado Nissan Leaf. Entre estos destacan Portugal, donde se producirán en serie motores eléctricos de ion litio, y Polonia, donde aparentemente Nissan localizará una planta de fabricación. A la luz de estas conjeturas, la ingente cantidad de lusos de la escuadra de Bruyneel (Cardoso, Oliveira, Machado y Paulinho, más Azevedo como director) y el sorprendente fichaje de Michal Kwiatowski, que rescindió su contrato con Eusebio Unzué para incorporarse a RadioShack, parecen tener mucha lógica más allá de las razones deportivas…
Una vez atados todos estos cabos, el domingo aproveché una entrevista con Haimar Zubeldia para preguntarle sobre este particular. El corredor vasco se hizo el sueco: “No sé. Los patrocinadores siempre dicen que están muy contentos y Johan tiene confianza en el futuro del equipo, pero aún están en negociaciones”. Por tanto, la noticia aún no es un hecho sino un mero rumor. Ahora bien: no me extrañaría en absoluto que lo expuesto en este artículo acabara por materializarse.

El día de la dignidad

Hay pocas cosas más complicadas de entender en la sociedad actual que el concepto de dignidad. Es unívoco pero también prácticamente indefinible. Se puede reconocer en la existencia y el comportamiento de las personas de alrededor. También en sus circunstancias, que al fin y al cabo terminan por emanar de las propias personas. El sábado, en las carreteras guipuzcoanas, pudimos ver la dignidad en casi todos los elementos que rodearon a la que es ahora mismo, junto a la Vuelta al País Vasco, la cita más importante del ciclismo euskaldun.
La edición 2010 de la Clásica de San Sebastián vino a certificar en su desarrollo y conclusión la tendencia al alza que ha tomado la prueba organizada por el Grupo Correo de un tiempo a esta parte. Tras unos inicios poco brillantes, su inclusión en la Copa del Mundo la propulsó a la élite del ciclismo; la defunción de la antigua ‘challenge’ de la UCI y el nacimiento de la nueva, el UCI ProTour, la condujo a un segundo plano. Se situó, por decirlo de alguna manera, entre las peores de las mejores. Esta frustrante tesitura se tradujo en un menor interés del aficionado y el propio ciclista por la carrera donostiarra, que además vio como su recorrido (perpetuado a modo de clásica) había dejado de sorprender y de proporcionar alternativas para el desarrollo del espectáculo. Como suma de todo esto, cada edición era más previsible que la anterior y la nómina de ganadores fue decreciendo en calidad… hasta hace un par de años, cuando una victoria de Alejandro Valverde rompió esa línea de mediocridad dentro de la élite. En 2009 fue Barredo quien se llevó el gato al agua en lucha cerrada con otro excelente ciclista como Roman Kreuziger. El sábado se jugó la victoria una terna de lujo, digna de una prueba ProTour…

El sábado, que para casi todos los presentes en la Clásica fue el día de la dignidad, fue también un día complicado para los hombres de Caisse d’Épargne. No es que hubiera mucho en juego deportivamente, al fin y al cabo una clásica de verano no arruina una temporada (aunque sí que puede salvarla). Era un motivo extradeportivo el que les hacía llegar a la salida de Donosti en plena tensión. Eusebio Unzué, su director, les resolvería todas sus dudas en torno al futuro del equipo allí. El resultado del rendez-vous emplazado por el técnico navarro no fue demasiado clarificador; pidió quince días más a sus ciclistas, que en definitiva seguían con derecho a buscarse otro conjunto para la próxima temporada. La reunión, sin embargo, pareció sentar bien a los corredores, que se desempeñaron bien (dignamente) durante la carrera. De hecho, Luis León Sánchez consiguió la victoria, otro resultado de postín para un palmarés que comienza a ser abultado, y declaró estar a la espera de la ‘fumata blanca’ de Unzué para definir su futuro, desmintiendo de paso haberse comprometido ya con Rabobank.
No ha sido un año fácil en el seno de la formación bancaria. Habitualmente, el histórico tándem formado por José Miguel Echavarrí (ya retirado) y el propio Eusebio Unzué ha funcionado bien a la hora de cubrir el prespuesto necesario para mantener en liza a una de las estructuras más antiguas del ciclismo mundial, actual decana del pelotón español. En esta ocasión, por contra, el anunciado cese de patrocinio de Caisse d’Épargne no ha podido ser cubierto con garantías por Unzué con margen suficiente, y la incertidumbre ha influido indudablemente en el rendimiento del equipo, que por si fuera poco recibía en mayo un auténtico mazazo con la sanción por dopaje de su buque insignia Alejandro Valverde. Muestra de ello fue un Tour de Francia donde, a la postre, se fueron de vacío; no pudieron llevarse ninguna etapa a pesar de acumular varios segundos puestos, ni tampoco la general por equipos que RadioShack le arrebató en la última semana de carrera. En ambos casos la ansiedad se hizo notar, no se tomaron decisiones adecuadas en determinados momentos y eso restó brillantez a la notoria actuación del conjunto de base navarra.
De cara a la próxima temporada la situación sigue en el aire. La supervivencia de la escuadra parece garantizada por un patrocinador que aportaría una suma del orden de los tres millones de euros. Que éste fuera el único inversor provocaría la inmediata bajada de categoría del equipo, e incluso su inviabilidad toda vez que al sancionado Valverde le resta un año de contrato a razón de algo más de dos millones de euros. No parece, sin embargo, que el murciano vaya a actuar con mala fe en este sentido y ponga problemas a una formación que, por lo demás, le ha apoyado en todo momento. Volviendo al escenario de que no apareciera otro patrocinador, la diáspora sería obligatoria; sería sencillo retener a los jóvenes y a algunos gregarios que deberían asumir el rol de líderes, pero otros muchos corredores como Luis León, Arroyo, Urán, Kyrienka o Rojas saldrían hacia otras formaciones ProTour. Quienes saldrán seguro, por otra parte, son los ciclistas franceses, comprometidos con equipos de su país en la mayoría de casos, con la excepción de un Christophe Moreau decidido a retirarse y un Mathieu Drujon expectante (y con contrato). El surgimiento de otro patrocinador que aportara, al menos, otros tres millones de euros, sí permitiría que la escuadra de Unzué mantuviera su merecido e histórico estatus dentro del ciclismo mundial, representado por la majestuosa victoria de Luis León Sánchez en la Clásica de San Sebastián. Contrapuesta a su derrota frente a Casar en la novena etapa del Tour de Francia, un ejemplo de dignidad.
Hizo aún más valioso y significativa la actuación de Luis León el desarrollo de la carrera, espectacular gracias a los novedosos múltiples pasos por Arkale y Jaizkibel, y los rivales a los que hubo de enfrentarse el murciano. De un lado, un Alexandre Vinokourov tan impulsivo como siempre, haciendo gala de una fortaleza y una combatividad insobornables ante la crítica o las observaciones ajenas, apenas perturbadas cuando lo que escucha desde lo más alto del podio son pitos y no aplausos como le sucedió en Lieja. Su punto álgido fue un ataque a pocos kilómetros de meta que apenas pudo sostener Luis León y mostró las flaquezas del otro contendiente, Carlos Sastre.
El abulense se mostró sólido (digno), aunque falto de ese punto de explosividad que se pierde con la edad. Se le acaba la gasolina y él lo sabe, por eso la ha racionado esta temporada en una decisión difícil de comprender de primeras pero que ahora resulta incluso lógica. Retrasó al máximo su inicio de temporada y minimizó sus días de competición en lo que parecía un signo de holgazanería pero no es sino un medio para poder participar con garantías de lucimiento en las tres grandes vueltas. Sastre lleva a cuestas el peso de su equipo, Cervélo; en su espalda siente todos los millones de euros que los diseñadores de cuadros Vroomen y White invierten en la escuadra. Quiere que se traduzcan en buenos resultados, actuaciones dignas, y se responsabiliza en primera persona de que sea así. Por eso afrontará por segunda vez en su carrera el reto de correr las tres grandes vueltas en una misma temporada.
Otros hombres dignos en el día de la dignidad, en esta edición de la Clásica de San Sebastián que no pasará a la historia pero fue agradable y sintomática, fueron los revindicativos Haimar Zubeldia y Xavi Florencio. Uno palió (quizá sólo en parte) con un cuarto puesto el sinsabor de quedarse fuera del Tour de Francia por lesión; otro minimizó (seguro que sólo en parte) la decepción de verse fuera de la gran ronda francesa por una decisión discutible de su equipo, que le detectó un “mini” positivo por pomada contra las hemorroides y optó por sacarle de circulación. Ambos consiguieron restituir en la prueba donostiarra, quizá influidos por el ambiente de redención imperante, su amenazada dignidad.

La voluntad en el Mont Ventoux

La primera interpretación del encabezado es maliciosa. Valverde le dio la voluntad, la limosna, a Sylvester Szmyd, en el Mont Ventoux. Pero nada más lejos. El murciano hoy ha hecho un nuevo amigo, un amigo de calidad que puede venir muy bien en cualquier envite al cual tenga que hacer frente en los próximos tiempos. Regalarle la victoria al polaco Szmyd no sólo es estrenar el palmarés de un corredor de nivel, también es ganarse el favor de un equipo muy poderoso llamado Liquigas. Si corre el Tour de Francia (ojalá), tal vez Valverde se vea en la necesidad de recordarle esta quinta etapa de Dauphiné Liberé al ‘capitano’ de la escuadra verde. Y puede que le sirva para algo.

Hoy, Alejandro Valverde tomó la salida con voluntad de hacerse con el maillot amarillo. No podía hacerlo de cualquier manera, los casi dos minutos que le separaban del hasta ahora líder Cadel Evans hacían preciso un ataque lejano. Dado que la etapa era unipuerto, los quince kilómetros de Mont Ventoux se tenían que aprovechar de la mejor manera posible. Para ello, el murciano contó con un aliado inestimable: la debilidad del contrincante. El equipo Silence – Lotto, tanto en la montaña como en cualquier terreno que no sean las clásicas, es un gigante con pies de barro: un barco con patrón y sin marineros. Hay líderes, pero no gregarios.

Hoy Evans estaba prácticamente solo desde los compases iniciales de la subida. Eso, la soledad del defensor del liderato, se puede sobrellevar toda una carrera si tú estás fuerte y tienes cierta distancia respecto del resto (nos lo enseñó Menchov en el reciente Giro). Cuando tú no estás en tu mejor condición y el abanico de favoritos está más abierto, sólo puedes mantener tu posición durante unos kilómetros. Después, tienes dos opciones: esperar que te salve impericia máxima de tus rivales, o hacer un movimiento táctico arriesgado y seleccionar tú mismo el grupo para asustar. Evans optó por lo primero y la cosa salió mal: había demasiados rivales como para que todos fueran tontos.

El más listo fue Alejandro Valverde. El más listo y el más fuerte; de los otros candidatos de la general, Contador estaba visiblemente ralentizado, Gesink demasiado nervioso, Millar hacía suficiente con afianzar unas prestaciones desconocidas y llegar con el resto. El único que estuvo a su altura fue el polaco Sylvester Szmyd (1978, Bydgoszcz), uno de los mejores motores para la subida del mundo convertido en gregario por circunstancias psicológicas. No es ya que tal vez le falte esa gota de instinto para la victoria, el problema va un poco más allá: nervios. Voluntad que se convierte en ansiedad. Hoy ha declarado que estaba “a punto de vomitar” en el momento de llegar a meta por la posibilidad tan inmediata de conseguir la victoria. Cosas que pasan, quizá a partir de ahora el ciclista de Liquigas comience a atesorar un cierto palmarés individual.

Mientras Valverde y Szmyd avanzaban con paso firme hacia la cima del “monte pelado”, por detrás hubo un número de entremés. Un carrusel de ataques de corredores de segunda fila mientras Evans tiraba y aflojaba, algo desquiciado a juzgar por la expresión de su cara, con Contador a su rueda. Gesink fue el que más seriamente atacó; no sería justo olvidar a Vincenzo Nibali. Tampoco a tantos otros que hacían un tanto mayor el ridículo táctico del australiano: Iván Basso, Jesús Hernández, Vladimir Efimkin…

Sin embargo, me gustaría quedarme con dos nombres de la etapa de hoy. El primero es el denostado Haimar Zubeldia, prototipo de corredor frío y con poco ‘feeling’ para el aficionado. Hoy ha atacado desde los primeros escarceos, se le ha visto con relativa fuerza pero no ha podido seguir a Valverde y Szmyd. Está cómodo como segundo espada de Astaná y eso se nota en actuaciones como las de Catalunya y la de hoy. Voluntad de hacerlo bien.

El otro nombre es el de Igor Antón. Ha sufrido toda la subida intentando coger la rueda de los mejores, nunca lo ha llegado a conseguir aunque sí ha tenido la suficiente voluntad como para lanzar un ataque que, a pesar de haber sido pírrico, le sirve para destacar aunque sea un poco. ‘Fuji’ se ha dejado ver. Este julio va al Tour, y seguramente no va a conseguir entrar entre los diez primeros (una plaza allí va a estar mucho más cara que, por ejemplo, el año pasado); pero, a buen seguro, entenderá pronto que debe atacar sin reservas para destacar. Eso será un premio para el aficionado y, a la larga, para él mismo.

En otro orden de cosas, me ha llamado particularmente la atención el último fichaje de Fuji – Servetto. Exótico, de nuevo, pero más lógico que el de, por ejemplo, Cameron Wurf. Se trata de un ciclista cuyo nombre me comenzó a sonar el año pasado, que esta temporada corría en el suspendido Amica Chips – Knauf: el croata Robert Kiserlovski. Escalador fino que no anda mal en el resto de terrenos, muy joven (23 años) y con muchísimo margen de progresión: su ex director le situaba en el podio del Giro del año que viene. No sé hasta dónde puede llegar, pero promete…

Euskaltel: Cuando todos reman en la misma dirección

30 de Diciembre, Arueda.com

Euskaltel ha sido el equipo que más ha evolucionado en los últimos cuatro años en el pelotón español, a pesar de que los datos no acaben de reflejarlo. La escuadra gestionada en los despachos por Miguel Madariaga ha pasado en poco tiempo de reflejar el carácter de Julián Gorospe, aquel corredor brillante a ratos que dejaba la sensación de falta de experiencia incluso en los últimos años de su carrera, a ser un espejo de aquel Igor González de Galdeano tozudo y robusto que mantenía el rendimiento máximo aconsejable mientras aguantaran sus piernas y su corazón.


No sólo ha sido un cambio de métodos preparatorios, que también, sino una permuta de actitudes. En el primer campo, se han racionalizado los calendarios: el ciclista corre pruebas que se adaptan a sus características, perdiéndose un poco el dogma de que “compiten los que más en forma estén”, algo que mermaba al esforzado de la ruta que perdía chispa e incluso motivación. En el segundo apartado, Igor Galdeano impuso un orden en el barco de Euskaltel. Aquello que era el ejército de Pancho Villa según algunos cronistas, aquello donde no se observaba trabajo de equipo, se arregló en base a una filosofía de cerrar filas en torno a un objetivo requiera lo que requiriese el mismo.

Se cumplen ya cuatro años desde que Igor tomara el mando del barco, se nota en la carretera aunque los resultados no acaben de dar la razón. Para el recuerdo queda aquel magnífico Tour’07, o esta última Vuelta a España donde Igor Antón fue llevado en volandas por sus compañeros (aspirando a todo) hasta que una caída desbarató las ambiciones de un equipo, de unos corredores que reconocían en la prensa estar huérfanos sin un objetivo, lejos de encerrarse en aquel conformismo y casi egoísmo pretérito.

Esa línea, ese barco donde todos reman en la misma dirección, se intentará seguir este año. Para ello, se ha prescindido de seis hombres que seguramente no han rendido lo esperado. Beñat Albizuri (lanzador aceptable al que tal vez le faltó motor para correr en Euskaltel), Lander Aperribay, Jon Bru (buen ciclista que no se encontró cómodo en un equipo grande), y Antxón Luengo dejan Euskaltel camino del retiro profesional. Dioni Galparsoro, ciclista de gran calidad pero poca cabeza, ficha por Conténtpolis-Ampo, donde demostrará ser muy válido para el ciclismo una vez se encuentre en un entorno de menor presión y junto a uno de sus mentores, Óscar Guerrero.

Capítulo aparte merece la baja de Haimar Zubeldia, posiblemente una representación viva del antiguo carácter imperante en el equipo. Ha vivido un tanto acomodado, sabiéndose líder indiscutible en aquellas carreras que tomase por objetivos; no ha sacado provecho de su clase, que si bien no es fabulosa sí es suficiente para entrar entre los cinco primeros de Tour o Vuelta. Emigra al Astaná de Contador, donde deberá plegarse ante otros ciclistas mejores que él y trabajar, asumiendo un rol que lleva mucho tiempo sin desempeñar y al que tal vez le cueste adaptarse.

En cuanto a las altas, serán tres incorporaciones hechas con lógica. Suben dos corredores del filial continental de Euskaltel, ese prolífico Orbea que se gana con sus frutos la continuidad en las carreteras y ratifica el acierto de la Fundación Euskadi de disponer un equipo puente donde pulir las joyas de la cantera vasca antes de dar el gran salto al Pro Tour.

El primero de estos dos promocionados de Orbea es Mikel Nieve, que casi desde Junio ya se sabía ascendido y ha seguido rindiendo a buen nivel. El navarro es un todoterreno, rodador aceptable que encuentra su mejor hábitat cuando la carretera pica hacia arriba y que tiene en la punta de velocidad su principal defecto. A sus 24 años tiene mucho margen de progresión, pudiendo llegar a ser un ciclista bastante importante en un futuro. Por el momento, esta temporada ha demostrado sus cualidades con puestos destacables para un neo en carreras como la Klásika Primavera (12º), GP Miguel Indurain (14º), Euskal Bizikleta (12º) ó Vuelta a Madrid (14º)

El segundo, llegado al equipo naranja a mediados de octubre para cumplir la normativa UCI que establece el mínimo de corredores por equipo Pro Tour en 23, es el alavés Sergio De Lis. Se trata de un rodador potente, buen pistard en su día, que da lo mejor de sí mismo en las contrarrelojes, con lo que cubre un perfil poco habitual en Euskaltel. Con Orbea, y a sus 22 años, ha sido líder dos etapas en el Circuito Montañés (para algunos expertos, la mejor prueba amateur de España).

El otro fichaje es el navarro Pablo Urtasun, que debutara en profesionales de mano de Óscar Guerrero en el desaparecido Kaiku y que estas dos últimas temporadas corriera en el Liberty portugués. Urtasun es un sprinter potente, algo brusco y reciclado en los últimos tiempos al rol de lanzador de dos velocistas de mayor cartel: el ídolo portugués Cándido Barbosa y el emergente Manuel Cardoso. Su cometido en Euskaltel será precisamente el de lanzador de Koldo Fernández de Larrea. A buen seguro realizará una labor más que digna.


Merece la pena partir de estas últimas altas para comentar la que puede ser dirección deportiva que tome Euskaltel la temporada que viene. Se ha reforzado el último punto débil del equipo, los rodadores; se ha rodeado al ‘pichichi’ del equipo, Koldo Fernández de Larrea (seis de las ocho victorias del año pasado corrieron a su cargo), un hombre al que sólo le faltaba un coequipier de garantías para poder dar el gran salto de calidad y enfrentarse a los mejores sprinters del mundo en igualdad de condiciones. Aparte, es presumible que el equipo girará en torno a un Samuel Sánchez que preparará con mimo las clásicas de primavera y la Vuelta a España, donde irá a por la victoria final. Para el Tour, serán Mikel Astarloza e Igor Antón quienes llevarán los galones.

Por otra parte, es de esperar que ciertos hombres del equipo den un paso al frente e incluso estrenen su palmarés. El potentísimo Markel Irízar, que rozara la victoria en el prólogo de la París-Niza, y su compañero de hornada Gorka Verdugo, no deberían resignarse a ser meros hombres de equipo y podrían jugar sus propias bazas en algunas pruebas menores. Combativos como Alan y Rubén Pérez son candidatos claros a la victoria en escapadas que lleguen a meta, dado que han adquirido la experiencia suficiente como para poder rematar sus cabalgadas con éxito. Por último, es exigible un mayor rendimiento de Iñigo Landaluze, completísimo aunque algo gris este año; y de Iván Velasco, que puede ser un corredor importante para el futuro si pierde el miedo a dejarse ver en cabeza.

No faltan mimbres en Euskaltel para hacer una buena temporada 2009. Es indudable que un equipo con un mercado tan limitado jamás podrá competir con las mejores estructuras del mundo en verdadera igualdad de condiciones. Sin embargo, sí que se pueden mejorar los resultados que se vienen cosechando de un tiempo a esta parte, algo pobres si comparamos los datos con los de otras escuadras Pro Tour. Y para esto hace falta tener un objetivo claro y, entonces…. unir fuerzas para conseguirlo. Remar todos juntos hacia el mismo horizonte.

La marea naranja y un equipo a su altura

Euskaltel, con un gran nueve a por una gran actuación
2 de Julio, Arueda.com
El miércoles pasado se presentó en el Parque Tecnológico de Zamundio la camiseta representativa de los aficionados vascos que llenarán las cunetas del próximo Tour de Francia. Un año más, la camiseta ha sido diseñada por Mikel Urmenta y el equipo de Kukuxumusu. Un año más, la camiseta servirá para animar al equipo que muestra al mundo la gran afición del pueblo vasco por lo que en euskera se llama, cantarín, txirrindularitza.


En 2001 Euskaltel fue invitado por primera vez al Tour de Francia. Roberto Laiseka estrenó el casillero vasco con su victoria en Luz Ardiden, en pleno corazón de los Pirineos, con un ataque inapelable desde el grupo de favoritos donde mandaban Lance Armstrong y su gregario Chechu Rubiera. Fue el principio de la marea naranja, de los miles de vascos que, año tras año, se agolpan en las carreteras pirenaicas. De las hordas de aficionados que animan, incansables, a todo ciclista que pasa; pero que espera con ansias a los de naranja. Porque ellos también, por supuesto, van de naranja.

Vivieron su máximo éxtasis en el Tour de 2003, cuando tuvo lugar la mejor actuación del equipo Euskaltel en la ‘grande boucle’. Aunque la gran exhibición fuera en Alpe d’Huez (Iban Mayo ganando ante los desbocados Ullrich y Armstrong), la mágica actuación de los hombres dirigidos en aquel entonces por Gorospe hizo que la fiebre txirrindulari se desatara. Fue el año en que debutaron las camisetas de Kukuxumusu, las mismas que vivieron las decepciones de 2004 y 2005 provocadas por la mala actuación de Mayo; que en 2006 sólo sintieron dignas las actuaciones de Isasi y Zubeldia…

Que en 2007 volvieron a disfrutar en un Tour bellísimo, con Astarloza y Zubeldia entre los diez primeros, con Txurruka y Rubén Pérez atacando en cada ocasión… Con una actuación en la que solo faltó una victoria de etapa, vaya. Y en este 2008 se puede, por qué no, mejorar con creces esto. El director deportivo Igor González de Galdeano no se ha dejado casi nada en casa: solamente faltarían, en un hipotético equipo ideal, el escalador Igor Antón y el sprinter Koldo Fernández de Larrea. El resto de los mejores estarán en la salida de Brest.

Empezando por un Samuel Sánchez, la excepción asturiana a la regla vasca y gran líder de la estructura, quien ha variado sus planes habituales de cada año para integrar en su calendario los Juegos Olímpicos y, de paso, el soñado Tour de Francia. Si bien su experiencia previa en la ronda francesa no acaba de ser positiva (dos retiradas por agotamiento en sendas participaciones), también es cierto que en ellas no era un corredor totalmente maduro. Ahora, con un podio de la Vuelta a España a sus espaldas, no debería ser descabellado pensar en una actuación decente en la general o en una victoria de etapa. En su contra está el hecho de que su preparación está ralentizada con objetivo de llegar en perfectas condiciones a la cita olímpica.


Haimar Zubeldia es, sobre el papel, el jefe del equipo para la gran ronda francesa. Cumplidor en el Tour de Francia (tres veces entre los diez primeros y solamente una retirada), ha mostrado este año una actitud algo más ofensiva que puede conseguir que conecte al fin con el aficionado… y con el podio. Sus cualidades contrarrelojistas han sufrido un ligero retroceso en favor de una sustancial mejora en montaña, donde contará además con un fuerte bloque de gregarios. Empezando por…

…Mikel Astarloza. El de Pasajes tiene experiencia en el Tour y ha realizado una aproximación muy adecuada. Después del espectacular noveno puesto obtenido el año pasado, no sería descabellado que se planteara el asalto al top 5 en la general; sin embargo, el arrojo que le caracteriza podría usarlo a favor de un Haimar Zubeldia que, ante la falta de favoritos solventes, puede estar ante su gran oportunidad de llegar al podio. Habrá que estar atentos a su rendimiento en las cronometradas, campo en que ha registrado una evolución considerable.

Por otro lado estarán los hipercombativos Rubén Pérez y Amets Txurruka, grandes animadores de la pasada edición del Tour. Txurruka, más brillante y con poco que demostrar tras su galardón de ciclista más combativo de 2007, podría aspirar al maillot de puntos rojos que distingue al mejor escalador. Pérez, por su parte, podría repetir actitud… o sacrificarse en pos de sus líderes, tarea en la que cumple con creces.

El papel de Egoi Martínez es la gran incógnita del Euskaltel para este Tour. A pesar de que su pasado debería otorgarle cierta libertad, su temporada no ha sido excesivamente brillante (lo mejor, el maillot de la montaña de la Vuelta al País Vasco). Las cualidades que le llevaron a disputar la Midi Libre al todopoderoso Lance Armstrong parecen un tanto diluidas. Lo más probable es que se centre en ayudar a los líderes y buscar oportunidades en las fugas.

Completarán el equipo el solvente todoterreno Gorka Verdugo, cuyo salto de calidad definitivo se confirmará en la gran ronda francesa; Juan José Oroz, rodador de mérito que espera conocer por primera vez París; e Iñaki Isasi, sprinter de segunda fila y buen hombre de llano que en 2006 tuviera una buena prestación aquí, consiguiendo varios puestos de honor en volatas.

El objetivo es claro, según Igor González de Galdeano: una victoria de etapa. Se presenta la ocasión ideal para disfrutar, para que se vuelva al éxtasis de la marea naranja. No faltará espectáculo, no faltará calidad en el equipo… y tampoco faltarán camisetas.

Haimar Zubeldia, sin levantar los brazos (y II)

Tras su gran Tour de 2003, Haimar dio su salto de calidad definitivo. Fue tentado por otros equipos, extranjeros en su mayoría, para unirse a ellos y dejar Euskaltel. Finalmente, dijo no a todas las ofertas para quedarse en su equipo de toda la vida, mirando a 2004 con la ilusión de entrar en el podio del Tour.
Volvió a repetir la fórmula de 2003, centrándose en el calendario español. Séptimo en Alcobendas, tercero en Asturias, quinto en Bicicleta Vasca… los triunfos no llegaban, pero los presagios eran buenos. Sin embargo, todos estos presagios se derrumbaron en Wasquehal, donde tanto él como Mayo cayeron al suelo, se atrancaron en los difíciles tramos de pavé dispersos durante la etapa y finalmente perdía cuatro minutos en meta. Acabó abandonando, derrotado, en Plateau de Beille. Después acudió a la Vuelta a España, donde realizó un gris papel (40º).
28 años ya. 2005 era el año de la reivindicación, debía ser el año de Haimar: el año de demostrar que 2004 era un bache, que él seguía siendo tremendamente bueno. Hubo cambio de fórmula para preparar el Tour, usando el Giro de Italia para ello y sacrificando la Vuelta a España. En Italia hizo un papel gris (49º), pero todo era un compás de espera hasta la gran ronda francesa. Durante ella, los focos se centraron en su compañero Iban Mayo, que fracasó estrepitosamente quedando en un insignificante 60º lugar. Haimar, por su parte, hizo una carrera de menos a más que le valió un décimo quinto lugar que no pasará a los anales de la historia pero que, en aquel momento, le sirvió para reafirmarse como corredor. Un séptimo lugar en la Clásica de San Sebastián terminó de conformar otro año gris.

En 2006 Haimar tomó el modelo Lance Armstrong, o el modelo de no competir apenas hasta el Tour. Octavo en Bicicleta Vasca, décimo en Castilla León. De nuevo poco bagaje en la salida de la gran ronda francesa. Y ahí realizó una buena actuación, superando el nivel de todos los años anteriores salvo 2003: una regularidad extrema (en las jornadas clave jamás superó el séptimo lugar, pero nunca bajó del vigésimo) le llevaron al noveno puesto de la general final (octavo si “descalificamos” a Floyd Landis). La Vuelta a España, nuevamente gris (34º), cerró una buena temporada en lo que respecta al Tour, pero que resultó más movida en invierno que en verano.
Y es que ese año 2006 se vivió una auténtica revolución en Euskaltel, con la llegada a la cúpula deportiva de Igor Galdeano… y la salida de Julián Gorospe. Galdeano llegó con intención de limpiar el corral, un corral lleno de gallos acomodados cuyo rendimiento estaba por debajo de lo que podían dar. Nadie tuvo su hueco asegurado, y se cayeron del equipo pesos pesados como Iker Camaño o, sobre todo, Iban Mayo. Haimar no tuvo resuelto su futuro hasta bien entrado noviembre, cuando accedieron a renovarle tanto a él como a su hermano.
Así, llegó a 2007 con 30 años y con la intención de que “se verá a otro Haimar”. Esto es, anunciando una mayor combatividad por su parte. De nuevo focalizó su temporada en Tour y Vuelta, pero esta vez preparándose en el calendario internacional, donde apenas sí consiguió buenos resultados; lo mejor, octavo en el GP Paredes portugués. De nuevo, Haimar llegó a la salida del Tour de Francia con todo por demostrar. Y lo demostró: combativo, filtrándose en fugas, pero regular como siempre, firmó un destacado quinto lugar en París. Bordeó el triunfo en Loudenville (tercero tras Vinokourov y Kirchen), pero la victoria se le siguió resistiendo. Completó una Vuelta a España anónima una vez más (44º). Pero con el Tour fue suficiente.
Esta es la historia de Haimar Zubeldia, uno de los ciclistas españoles más conocidos y respetados del pelotón internacional. Todo ello a pesar de que sólo ha ganado dos veces… y en ninguna alzó los brazos en señal de victoria.

Haimar Zubeldia, sin levantar los brazos (I)

El ciclismo nunca dejará de tener historias sorprendentes. La de Haimar es una de ellas.

Este año ha cumplido diez temporadas como profesional. En esos diez años, Haimar Zubeldia (1977, Usúrbil) se ha hecho con un nombre dentro del pelotón profesional. No es un ciclista que levante excesiva expectación, pero siempre está ahí. Tres veces entre los diez primeros del Tour de Francia, numerosos buenos puestos en carreras de respetable categoría… y una alarmante falta de instinto ganador.

Ciclista precoz, pasó solamente dos años en Olarra sub 23 antes de fichar por Euskaltel con tan solo 20 años en 1998. Precedido por una fama de sufridor, de ser extremadamente regular, su primer año fue el típico de adaptación; un décimo primer lugar en la Vuelta a Murcia fue todo su bagaje. Al año siguiente, aún sin presión, realizó una excelente Volta a Cataluña, siendo décimo en la edición de la trágica muerte de Manuel Sanroma. Noveno también en la Vuelta a Burgos, sus 22 años le hacían prometer un futuro bondadoso a sus mentores. Al año siguiente, en 2000, Haimar dio un gran salto de calidad. Estrenó su palmarés en la Bicicleta Vasca, carrera donde, además de la general, se hizo con la contrarreloj de Mendaro ante su actual ‘jefe’ Igor González de Galdeano. Sus dos primeras victorias… y las únicas hasta el momento.
Pero la cosa no quedó ahí. Haimar se destapó a nivel internacional consiguiendo un maravilloso segundo lugar en el Dauphiné Liberé. En la carrera donde Euskaltel (que corría como equipo invitado y aún pertenecía a la Segunda División) se destapó como aspirante a equipo grande, con López de Munain consiguiendo el triunfo de su vida en la cronoescalada inaugural (con el correspondiente liderato), con el bloque mostrando una actitud combativa excelente… y con un Zubeldia inconmensurable que fue líder tras la llegada al Mont Ventoux y al que sólo un ataque en pareja de Tyler Hamilton y el legendario Lance Armstrong (compañeros en el US Postal aquel año) en Digne le Bains apartó de la victoria. Ese mismo año Haimar realizó otra actuación de campanillas con un destacable décimo lugar en la Vuelta a España dominada por Roberto Heras.
Todo esto le adjudicó galones en el equipo. Al año siguiente, 2001, pidió contar con su hermano Joseba junto a él y la posiblilidad de disputar Tour y Vuelta a pleno rendimiento, sin preocuparse de nada más. Su año no pudo ser más decepcionante para las expectativas creadas; desaparecido en las generales de las dos grandes que corrió, apenas un séptimo lugar en la Volta a Cataluña y su quinto puesto en una fuga de la Vuelta a España conformaron su pobre bagaje; sus directores, sin embargo, no perdieron la confianza en él… y acertaron.
2002, ya con 25 años, se presentaba como un año de maduración para Haimar Zubeldia. El mal desarrollo de 2001 hizo que el aficionado se preguntara si Haimar no sería una estrella fugaz más del ciclismo. Un mero bluf. Así, se presentó a principio de año con mucho que demostrar; y, aunque no deslumbró, si brilló: cuarto en Dauphiné Liberé (por detrás del tándem Landis-Armstrong y de Christophe Moreau), realizó un discreto Tour de Francia (39º) y remachó su temporada en la Vuelta a España, con un meritorio 11º lugar. Poca cosa para un superclase, pero un palmarés bueno para un corredor de clase alta. Había que seguir mejorando…
Tras el mediano año 2002 y ya con 26 años, Haimar Zubeldia se plantó en 2003 de nuevo con el deber de demostrar lo apuntado hacía ya tres años. Prescindió del calendario internacional para centrarse en el nacional: tercero en Murcia y segundo en la Cresta de Gallo, cuarto en la Bicicleta Vasca y segundo en Arrate… el triunfo se le resistía. Llegó al Tour de Francia en un momento de forma óptimo. Tercero en el prólogo, cuarto en la crono de Cap Découverte, en el top ten en cimas míticas como Luz Ardiden, Plateau de Bonascre y Alpe d’Huez… regularidad. Sólo la combatividad de Vinokourov y la exhibición de Hamilton en Bayona le privaron del podio, firmando finalmente un destacadísimo quinto lugar. A la par que su compañero en la jefatura de filas de Euskatel, Iban Mayo, se encumbraba en Alpe d’Huez y acababa sexto en la general. Después aprovechó el momento de forma del Tour para acabar tercero en la Subida a Urkiola tras Piepoli y Bruylandts.