Sublime Garmin

En un inicio de Tour de Francia donde el ojo de la polémica ha estado situado sobre los hombros de Alberto Contador y el 1’38” cedido por éste ante un Andy Schleck frío y camuflado en su Leopard Trek, el plano deportivo está teniendo varios protagonistas meritorios. Philippe Gilbert estuvo espléndido en la etapa inaugural y espera ávido el final en el Mur de Bretagne que tendrá lugar mañana. Cadel Evans se ha mostrado excelentemente impulsivo ante lo que desde su entorno se percibe como “una gran ocasión de ganar el Tour”; ayer tiró de sus coequipiers de BMC hasta un excelente segundo puesto en la CRE. José Joaquín Rojas, por su parte, está haciendo acopio de sus variadísimas virtudes y enfocándolas en imponerse en la clasificación de la regularidad, cuyo maillot verde ya relega a su deseado entorchado de campeón de España…
Pero el gran nombre es, sin duda, Garmin. La victoria en la crono por escuadras de Les Essarts y el esprint ganador de Tyler Farrar en Redon suponen un culmen para la labor del mánager Jonathan Vaughters y su pléyade de técnicos y ciclistas. Dos grandes éxitos que recompensan a la perfección su filosofía de trabajo, de conjunto y detalle, por llegar en el inigualable escenario del Tour de Francia y, sobre todo, por su naturaleza colectiva y solidaria.
En los 23 km del domingo se vio un Garmin conjuntado, capaz de optimizar al máximo sus recursos y llegar al final del recorrido con los seis ciclistas aconsejables: cinco para marcar el tiempo y uno de reserva. La CRE es una disciplina especial donde para triunfar es necesario tener una técnica depurada y una táctica calculada que permitan quemar las naves en el momento adecuado a la par que se mantiene un ritmo máximo. Garmin la domina gracias a un trabajo concienzudo y continuo que, sin embargo, llevaba desde febrero de 2009 (crono inaugural de la Vuelta a Qatar) sin resultar en una victoria para el conjunto conocido como ‘argyle’ por los rombos escoceses que luce en el maillot desde su creación.
Entre los tres corredores descolgados en la crono por equipos figuraban dos de los vagones claves del triunfo de hoy, Tyler Farrar y Julian Dean. Guardaron energía, su CRE duró unos kilómetros menos, y eso lo han notado en la ‘volata’ de hoy. En ella emergieron a rueda de un superlativo David Millar a menos de un kilómetro de meta, aprovechando el descontrol generado por los acelerones de Danilo Hondo y Geraint Thomas, la caída de Samuel Dumoulin y el exceso de confianza de un HTC desarbolado. Una vez en cabeza, Thor Hushovd arrancó y les ofreció su preciada rueda de campeón del mundo y vigente líder del Tour de Francia, humildad y compañerismo ante todo…
A pesar del duelo planteado por Rojas y el golpe de riñón final de Feillu, la victoria de Farrar fue clara. Para hacer aún más sublime la actuación de Garmin, el esprinter americano entró en meta formando una W con las manos en recuerdo de su fallecido amigo Wouter Weylandt. Entre la adrenalina y el trabajo duro, fue la dosis de emoción necesaria para encumbrar al excelso conjunto de Jonathan Vaughters.
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GST I: Liderato simbólico para un ‘tricolore’

Con 39 puertos por delante, 19’1 kilómetros de contrarreloj por equipos apenas son el chocolate del loro: una dulce y paladeable minucia. Pero, en esencia, nada significativo. Por ello, las diferencias de esta bonita jornada inicial del Giro hay que cogerlas con pinzas y casi desecharlas: los ocho segundos obtenidos por Nibali respecto de Contador no representan nada en una prueba de tres semanas tan dura que probablemente se decida por minutos.
El valor es meramente simbólico, como simbólico es el hecho de que el primer líder de este Giro conmemorativo de la Reunificación italiana sea el campeón transalpino contrarreloj, un Marco Pinotti que ya había anunciado en Cyclingnews su intención de vestirse de ‘rosa’ el día de hoy. Su equipo, el extraordinario HTC, puso todos los medios para ello. La escuadra americana siempre obtiene buen rendimiento de una especialidad cuya mecánica muy similar a la suya, el lanzamiento de esprints: un corredor rápido embala durante 200 metros, deja relevo a un corredor potente que mantiene la velocidad 500, y así sucesivamente. De este modo, los hombres dirigidos por Valerio Piva han dado una exhibición de poder con Renshaw, Cavendish, Rabon, Alex Rasmussen y el menos conocido pero imprescindible Patrick Gretsch sacrificándose por un Pinotti radiante.
Lo curioso será observar mañana si el rodador lombardo consumará la paradoja de trabajar para perder el liderato. Encuadrado en su HTC y con su mismo tiempo está Mark Cavendish, actual mejor esprinter del mundo, y la lógica dicta que el campeón de Italia contrarreloj se unirá al resto de sus coequipiers para prepararle las llegadas, empezando por la presumible ‘volata’ de mañana. Si el conocido como ‘Manx Express’ se clasifica entre los tres primeros en meta obtendrá una bonificación que le permitirá rebasar a un Pinotti que, de cualquier manera, ya habrá cumplido su objetivo de vestir el ‘rosa’ al menos un día.
Algo sorprendente… El Giro de Italia no es un objetivo para Omega Pharma – Lotto, y por ello ha traído una alineación de retales donde apenas el prometedor velocista Adam Blythe se adivina como cabeza visible, con dos vueltómanos como Jan Bakelandts y Francis De Greef aspirando a consumar un salto de calidad que les lleve del top20 al top10. Sin embargo, en su ecléctico ‘nueve’ hay buenos rodadores y eso se ha plasmado en la CRE de hoy: cuartos y líderes durante buena parte de la prueba. Quizá sea su momento más brillante en toda la ‘corsa rosa’.
Algo decepcionante… Decepción relativa para Garmin-Cervélo y RadioShack. Los primeros, favoritos por antonomasia en cualquier crono por equipos, han estado algo por debajo de sus expectativas y notado el cambio de última hora que sacó de su ‘nueve’ a Jack Bobridge (actual campeón de Australia) en favor de Thomas Peterson (segundo corredor más lento en completar el recorrido de hoy). Los chicos de Bruyneel, por su parte, han rayado a un gran nivel y sabido mover sus fichas para llegar con un buen bloque a la parte final. La decepción viene por el hecho de que los diez segundos que les han sobrado para superar a HTC quizá hubiera podido dárselos un buen ‘croner’ como Ivan Rovny, eliminado a las primeras de cambio en una curva mal trazada en la cual se fue contra las vallas.
Algo ajeno… Impresionante Thomas Voeckler hoy en los Cuatro Días de Dunkerque. El líder del conjunto Europcar desbancó al alemán Marcel Kittel, dominador hasta ahora de la prueba por etapas gala, rompiendo la baraja con una serie de ataques espectacular en un repecho adoquinado situado en el circuito final. Su exhibición se culminó cuando, en el último paso por el citado repecho, comenzó a doblar corredores rezagados. Una vez los hubo rebasado, comenzó a saludar a la cámara porque tenía tiempo: acumuló casi dos minutos de ventaja en la veintena de kilómetros que rodó en solitario. Voeckler es puro espectáculo, pero también efectividad… Y cada vez, más.

Las polémicas en torno a GreenEdge

Durante la conversación telefónica con Neil Stephens que dio como resultado el reportaje ‘GreenEdge: desvelamos el secreto mejor guardado del ciclismo australiano‘ se tocaron temas un poco más controvertidos que no se incluyeron en el citado texto para no hacerlo excesivamente largo. Sin embargo, resulta de interés detenerse en ellos para completar el retrato del deslumbrante proyecto australiano.
El primero de ellos fue la posible relación entre GreenEdge y el no-nato Pegasus Sports de Chris White. Como ya se informó aquí, se hablaba de una mala relación entre Pegasus y las altas esferas del mundo de las dos ruedas en las antípodas, lo cual incluiría a Cycling Australia. Además, hubo suspicacias con el hecho de que la bicicletera Scott, en principio espónsor de Pegasus, se uniera a GreenEdge una vez finalizado dicho proyecto.
Cuestionado por estos hechos y por la posibilidad de que Pegasus hubiera sido torpedeado por Cycling Australia para favorecer los intereses de GreenEdge, Stephens respondió con un explícito “de ninguna manera. De hecho, la federación ofreció ayuda a Chris White para sacar adelante el equipo, pero éste la rechazó. Después, cuando sus apoyos económicos les abandonaron, vinieron a solicitarla de nuevo. Pero entonces GreenEdge ya era una realidad y estaba incluso mejor fundado que Pegasus, por lo cual rechazamos una posible colaboración”. Respecto de Scott, Stephens explicó que los directivos de la compañía “son buena gente: apoyaron a Pegasus para intentar formar un ProTeam en Australia y, cuando vieron que éste no salía adelante, se aproximaron a GreenEdge”. Y puntualiza: “nosotros no quisimos acercarnos de inicio a Scott, precisamente, para evitar que los componentesde Pegasus se sintieran agraviados”.
El otro asunto polémico tratado durante la conversación fue el despido de Matthew White del conjunto Garmin – Cervélo de Jonathan Vaughters. El técnico australiano, ex corredor del US Postal de Lance Armstrong, estuvo enrolado varios años en la escuadra radicada en Girona y vio rescindido su contrato con ésta en enero de 2011 por haber recomendado al Trent Lowe asistir a la clínica del doctor Luis García del Moral, algo que iba en contra de las políticas internas del equipo. Los rumores arreciaron en torno a una posible relación del despido con el presunto papel que White tomaría en GreenEdge en 2012, lo cual podría haber resultado en un conflicto de intereses. Vaughters negó en repetidas ocasiones esta hipótesis, en público y en privado; White, por su parte, guardó silencio y asumió el cargo de coordinador en Cycling Australia.
Sobre este asunto, Stephens opina que “Vaughters debería haber mantenido a White en el cargo. Al fin y al cabo, Matthew tiene mucha culpa del actual potencial deportivo de Garmin-Cervélo. Hubo un mal entendimiento entre ambos y Matthew salió demasiado pronto del equipo”. Y añade un dato poco conocido: “Cycling Australia abrió un expediente e investigó en torno al despido de White; la conclusión fue que los motivos de éste fueron incorrectos”. Preguntado por la relación de Matthew White con el cuerpo técnico de GreenEdge, Stephens admitió que estaba “pidiendo consejo” al ex director de Garmin, pero “en calidad de amigo”. “Quizá en un futuro pueda unirse al proyecto, pero es algo que aún no está claro”.

El día más feliz de la vida de Johan Van Summeren

Ninguno de los titanes de las piedras llegó a la París-Roubaix con las cuentas saldadas. El único en terminar satisfecho el pasado Tour de Flandes fue el ganador Nick Nuyens, quien se borró de Roubaix con el pretexto de preparar la disputar de la Amstel Gold Race de la semana que viene y se clasificó hoy tercero en la Klasika Primavera de Amorebieta. El resto, desde Boonen hasta Cancellara, desde Ballan hasta Flecha, tenían retos por completar y malos humores que enjugar.
Garmin – Cervélo no era una excepción de todo esto. La escuadra dirigida por Jonathan Vaughters, de hecho, era la gran decepción de la temporada de piedras. Su teórico equipazo, formado por una clase media envidiable, unos ‘outsiders’ reseñables y todo un campeón del mundo como Thor Hushovd ejerciendo de puntal, no había refrendado en la carretera las prestaciones prometidas sobre el papel. Los pinganillos abiertos en televisión, además, habían hecho un flaco favor a la dirección técnica del equipo mostrando como instaban a sus ciclistas a correr de forma conservadora.

En definitiva, la estructura estadounidense llegaba a la línea de salida de Compiègne con mucho por demostrar. Y las circunstancias se alinearon para que lo hiciera, eliminando a varios de los principales favoritos (Boonen, Chavanel, Pozzato) y con ello a sus escuadras. También generando una fuga compuesta de muchos secundarios donde supieron encontrar su hueco Gabriel Rasch y Johan Van Summeren. E incluso dando fuerza a ciclistas como Vanmarcke y Hushovd cuyas cualidades fueron importantísimas a la hora de controlar la prueba y permitir la victoria del citado Van Summeren.
Fue una Roubaix tensa, emocionante y emotiva; pero lo cierto es que no fue una buena carrera. Garmin, en efecto, tuvo buena culpa de ello. Sin embargo, no es menos cierto que la mayoría de equipos acusaron una falta de ambición manifiesta, corriendo a expensas de un Cancellara tan superior como abandonado por sus coequipiers. Leopard Trek no es una escuadra de clásicas, ya se vio en Flandes y ha vuelto a notarse hoy en el Infierno del Norte: desde el tramo de Mons-en-Pévele, situado a medio centenar de kilómetros de meta, ‘Espartaco’ estuvo solo.
Tuvo que sacar el cuchillo y ponérselo entre los dientes desde ese mismo instante para no ver escaparse a la victoria que llevaba en sus piernas. Primero dio un tirón para reavivar la marcha del grupo de favoritos; después se fue junto a Ballan y Hushovd y los remolcó hasta encontrarse a prácticamente doscientos metros de los fugados. Pidió el relevo a italiano y noruego y ninguno se lo concedió, pensando que los coequipiers que marchaban delante les eximían de cualquier responsabilidad. El suizo se hartó, se sentó, habló directamente con los directores de sus compañeros de fuga lanzando un órdago: “no pienso hacer la caza entera yo solo”. No la hagas, le dijeron. Y ‘Espartaco’ perdió todo el trabajo realizado.
En esa sucesión de acontecimientos residió la clave de la carrera, que pasó a decidirse delante. Restando apenas una veintena de kilómetros para el final la fuga se seleccionó, quedando Tjalingii (Rabobank), Bak (HTC), Rast (RadioShack) y Van Summeren por delante. Para dar una idea del calibre de la escapada basta observar que sólo Van Summeren había cruzado alguna vez entre los diez primeros la línea de meta del velódromo de Roubaix, mientras ni Bak ni Tjalingii se habían clasificado jamás por encima del vigésimo puesto.

Yasmin, la futura esposa de Van Summeren

La lógica indicada por el palmarés se cumplió en el Carrefour de l’Arbre. El corredor de Garmin rompió la baraja y nadie discutió su triunfo, ni aun viéndose obligado el belga a recorrer los cinco kilómetros finales pinchado. En el mismo tramo donde decidió Van Summeren intentó Cancellara realizar una aceleración; fue frustrado por la inoportuna moto de la televisión y el obstáculo representado por un Roelandts desfondado. Luego realizó ‘Espartaco’ un último ataque de pura rabia que le sirvió para clasificarse en segunda posición. Mientras el suizo conseguía su premio estéril, Van Summeren sacaba un momento de lucidez entre la emoción de la victoria y pedía matrimonio a su novia Yasmin, paciente espectadora en la línea de meta. Ella dijo sí y completó el que sin duda alguna es el día más feliz de la vida del modesto corredor belga.

Imágenes: Cyclingnews y @wielerman

Nuyens fue el más listo de un Tour de Flandes memorable

Los días previos al Tour de Flandes son una liturgia de creación de expectativas que, normalmente, no son satisfechas por una realidad tozuda en quitar la razón a la ilusión de los aficionados. Sin embargo, en ocasiones, el ciclismo trasciende y se convierte en mágico por obra y gracia de unos hombres, los esforzados de la ruta, que con sus virtudes y miserias, sus aciertos y errores, sus golpes de suerte y sus infortunios… Convierten una carrera en inolvidable.
La prueba de hoy ha sido un gran ejemplo de esto. Los corredores se han desempeñado con orgullo y coraje, fajándose unos contra los otros y, a su vez, contra una ruta dantesca con más de 250 kilómetros de calzada estrecha jalonada de cotas, pavé y muros.
La batalla ha iniciado muy pronto, con una fuga táctica en la cual Garmin y Sky introdujeron sendos elementos (Hammond y Hunt) para evitar responsabilidades. Siguió con una escaramuza, poco después, donde multitud de segundos espadas de diversos equipos se introdujeron forzando al Leopard Trek del gran favorito, Fabian Cancellara, a asumir el peso de la carrera y quemarse en pos de la neutralización.
Quick Step repitió la táctica de cada Flandes. Dejó a Boonen a rueda de Cancellara y mandó al segundo de a bordo, en este caso Sylvain Chavanel, por delante desde muy lejos. El francés encontró la compañía de un sorprendente Simon Clarke (Astaná) y otros sucesivos acompañantes. El fallo vino cuando Tommeke, ansioso y restando aún cuarenta kilómetros para meta, decidió romper la baraja para eliminar a todos aquellos rivales expectantes de los designios de Cancellara, incluyendo un Gilbert perjudicado por un inoportuno pinchazo.
La aceleración de Boonen fue el interruptor que encendió el motor de Cancellara. El suizo cogió su fusil y machacó al grueso del pelotón primero, a Pozzato después y a un Boonen que ejerció de cazador cazado y renunció a seguir la rueda de ‘Espartaco’, optando por buscar el amparo de un grupo mayor a expensas de la presencia de Chavanel en cabeza de carrera.
Cuando el superclase de Leopard Trek cazó al francés, éste se alojó a su rueda y le negó los relevos. Por detrás, el BMC de Ballan, el Katusha de Pozzato y el Vacansoleil de Leukemans (con un trágico Devolder) tomaron la iniciativa de la caza mientras los hombres de Garmin se escondían, cobardes, pensando en el tercer puesto; otros esperaban y lanzaban pequeñas escaramuzas de dudosa efectividad.
En las inmediacionse del mítico Kappelmuur, uno de los momentos culminantes de la temporada ciclista, la ventaja de Cancellara y Chavanel sobre el grupo de favoritos estaba por encima del medio minuto. Cuando se llegó a la subida adoquinada el suizo, desinflado, fue cazado por un grupo donde aquellos favoritos que veían la carrera perdida se encontraron con una segunda oportunidad e intentaron aprovecharla.
Un Gilbert impulsivo tomó la delantera durante unos kilómetros que le jibarizaron las piernas y fue atrapado definitivamente por Leukemans, Ballan, Hincapie, Flecha, Thomas, el sorprendente Scherinlinckx, Langeveld, Nuyens, Boonen y los quemados Cancellara y Chavanel. Las sensaciones eran desiguales: Ballan parecía fuerte, Flecha se antojaba decidido, Nuyens se escondía, Langeveld se la jugaba sabedor de su pobre ‘rush’.
Finalmente fue un poderoso demarraje de un Cancellara renovado el que decidió la carrera llevándose a Nuyens y un valiosísimo Chavanel, corajudo y siempre atento. Por detrás los equipos, aún llevando como en el caso de BMC y Sky dos corredores en el grupo, vacilaban; por delante había entendimiento, con Cancellara trabajando la parte del león, Chavanel la del ratón y Nuyens ejerciendo de rémora. Flecha y Boonen, los más fuertes del grupo trasero, acabaron por demarrar con impaciencia pero la suerte estaba echada y el triunfo estaba en cabeza.
Cancellara jugó su baza acelerando desde lejos. A casi 350 metros de meta encendió el suizo la mecha, y a punto estuvo a punto de sacar de punto a un Nuyens aparentemente débil y portador de un Chavanel tranquilo. A sólo 150 metros del final el belga de Saxo Bank remachó a Cancellara y, entonces, Chavanel cometió su error buscando la rueda suiza en lugar de la belga. Fracasó y, cuando intentó remontar, se quedó sin tiempo y sin espacio.
Nuyens consiguió, de esta manera, un triunfo inesperado que viene a refrendar que la arriesgada apuesta de Bjarne Riis fichándole como líder de Saxo Bank para las clásicas tras varias temporadas oscuras no era tan descabellada. El belga se llevó se ha llevado ya una A Través de Flandes agónica y, con esta victoria en De Ronde, confirma sus excelentes sensaciones.
Sin embargo, más allá del cajón más alto del podio, el segundo y el tercero de la carrera han sido los verdaderos protagonistas del día. Cancellara con su ataque, aun desaforado y desafortunado; Chavanel con su atención y sus infinitas fuerzas, aun marradas en la parte final… Han dignificado el ciclismo y elevado el espectáculo a un nivel insospechado y existentes únicamente en la imaginación de los aficionados más optimistas para configurar un Tour de Flandes histórico donde Nuyens fue el más listo.

Velocista americano en Flandes

En el imparable ascenso del ciclismo anglosajón dentro del concierto mundial aún queda un hito por alcanzar: triunfar en el Tour de Flandes. Ningún angloparlante lo ha conseguido en la época moderna. Sólo el malogrado Tom Simpson, ganador en la edición de 1961, figura en el palmarés de De Ronde. Un éxito ya lejano que, cincuenta años después, buscará ser renovado.
Se prevé la presencia de algo más de una docena de ciclistas estadounidenses, australianos y britanicos en la salida de Brujas el próximo domingo. Cavendish y Goss van encuadrados en un HTC sin patrón en busca de experiencia; Sky presentará a Barry, Stannard y, sobre todo, un Geraint Thomas en forma cuya prestación es una prometedora incógnita. En Saxo Bank, trabajando para el renacido Nuyens, estará un asentado Baden Cooke; parecida función desempeñará en Leopard un ganador de Roubaix y podio en Flandes como Stuart O’Grady, y también un Hincapie cuyas ambiciones amarillean y se ponen al servicio de BMC, probablemente el verdadero ‘dark horse’ de las Clásicas.
Pero sobre todo, sobre todos, destacan dos hombres cuya ambición por Flandes es realista. Heinrich Haussler y Tyler Farrar, puntales junto a Thor Hushovd del potente Garmin-Cervélo, son dos corredores complementarios con gusto por el adoquín. Haussler, que nació y pació en Australia aunque sus genes sean alemanes, ya fue segundo en De Ronde en la edición de 2009 y promete correr de manera agresiva, sabedor de que su punta de velocidad es menor comparada con la de sus coequipiers.

Farrar, por su parte, es otra historia. Es un velocista puro, condición poco propicia para triunfar en el Monumento flamenco, pero también un verdadero enamorado de una región donde habita, vive y, por supuesto, entrena desde hace años. Conoce al dedillo gran parte de las carreteras por donde se desarrollan las carreras de la región, y de ello saca cumplida ventaja. Esta campaña ha figurado en el podio de Gante – Wegelvem y A Través de Flandes; la pasada se impuso en la Scheldeprijs (semiclásica recientemente establecida como entremés de Roubaix) y fue quinto en un Flandes cuyo desarrollo no se adaptó para nada sus características al estar marcado por el impresionante ataque lejano de Cancellara y Boonen.
En evitar esto radican gran parte de las opciones de un Farrar ambicioso y deseoso de triunfar en la que ahora es su casa. Si hay una escapada abortable de corredores de segundo nivel, si existe un marcaje pronunciado entre los grandes favoritos que favorezca subidas a ritmo en los muros, sus opciones subirán enteros. También deberá estar, al menos, tan atento como el año pasado: parece complicado que su equipo disponga bloquear la carrera para jugar su baza en detrimento de otras más adecuadas como Haussler y Hushovd.
Tyler Farrar necesitará, para cumplir su sueño, que la carrera acontezca como en el año 2001, cuando se redujo a una serie de cortes en muros clave y un esprint entre ocho corredores donde salió victorioso un incrédulo Bortolami, o en 2000, cuando sólo el ataque de Tchmil en el Bosberg burló (por poco) a un grupo de una treintena de corredores en apariencia conformes con esprintar por la victoria. De esa manera tendrá Farrar posibilidades de triunfar como velocista americano en Flandes y romper la barrera que resta al ciclismo anglosajón.

Foto: Flickr de Slipstream

Ocho horas en quince minutos

Milán – San Remo es una carrera extraordinariamente normal. Su perfil es, sobre el papel, absolutamente anodino: casi trescientos kilómetros llanos con unas cuantas subidas, apenas repechos, dispersos a lo largo de la carrera. Los últimos compases de la prueba, como los de muchas otras desde que el Giro pusiera de moda los finales nerviosos para dificultar los esprints excesivamente controlados, tienen dos subidas reseñables. Para los escarceos de valientes con afán de protagonismo y el sufrimiento de los velocistas puros está la Cipressa, coronada a 22 de meta. Para los verdaderos favoritos sin fe en su esprint está el Poggio, cuatro kilómetros de repecho suave tras cuya cima quedan apenas seis mil metros, vertiginosos, de terreno favorable hasta la meta del Lungomare Italo Calvino donde, de no prosperar los demarrajes, se jugarán la victoria los esprinters.
El recorrido de Milán – San Remo no es, pues, excepcional. De hecho, el desarrollo no tiene más secretos que los expuestos. No hay encerronas, ni posibilidad de ataques lejanos. La carrera dura ocho horas, pero se resuelve en los quince minutos que se tarda en subir y bajar el Poggio… Quince minutos, eso sí, especiales, vibrantes por la leyenda que llevan asociados tras 102 ediciones de la que no en vano es llamada la Classiccisima. Carreteras estrechas y una pléyade de corredores con lo más granado del pelotón mundial, peleando a codazos por situarse lo mejor posible y lanzarse hachazos en una prueba cuya dureza viene dada por los ciclistas y su conciencia de que quien gana en San Remo pasa a la historia del ciclismo, llámese Eddy Merckx (siete veces vencedor de la prueba) o Marc Gómez (el primer cántabro en ganarla).

La gran incógnita de este año, la de siempre desde que en los cincuenta se añadieran repechos al tradicionalmente llano trazado de la carrera, es si triunfará una escapada fraguada en el Poggio o si se decidirá todo al esprint. Los precedentes apuntan a lo segundo: de las diez últimas ediciones de la Classiccisima, siete se han resuelto en una llegada masiva, tres de ellas a favor de Óscar Freire.
En una edición de pronóstico abiertísimo, el cántabro es seguramente el máximo favorito tras imponerse en dos etapas de la Vuelta a Andalucía y esconder un buen golpe de pedal en Tierreno-Adriático. En su contra jugarán la debilidad de sus coequipiers (sólo un hombre de progresión sorprendente, Sebastian Langeveld, parece con el fondo suficiente para estar junto a él) y quizá la lluvia, toda vez que su equipo Rabobank está teniendo problemas con sus ruedas en determinadas circunstancias meteorológicas como sintieron en la pasada París-Niza. En su favor, aparte de sus condiciones físicas, están su perfecto conocimiento del terreno al cual se enfrenta y el interés de otros equipos por forzar el esprint masivo: el Lampre de Petacchi (ojo a su coequipier Gavazzi), el Quick Step de Boonen, el HTC-Columbia de Cavendish (y Goss)… Y Garmin-Cervélo.

En la actitud que tomen los chicos de Vaughters residirá una de las claves de la carrera del sábado. La escuadra americana cuenta con tres candidatos a la victoria: el velocista Tyler Farrar, el campeón del mundo Thor Hushovd y el ambicioso Heinrich Haussler, que ya ha dejado constancia en su blog de Cyclingnews de que no va a San Remo “a hacer segundo o tercero”. La decisión que tome Garmin de jugar la baza del esprint o alentar los ataques y participar de ellos marcará en gran medida la prueba, habida cuenta de que es el único equipo con talento suficiente en sus filas para bloquear la Milán – San Remo.
Frente a todos los velocistas estarán los clasicómanos puros, todos aquellos hombres cuyas piernas han sido afinadas en Tirreno-Adriático y París-Niza con la mente puesta en el pavé o las Árdenas, cuyas opciones pasan por salir victoriosos en la batalla del Poggio. En esta categoría destacan tres corredores que han transmitido sensaciones excepcionales: el recuperado Allessandro Ballan de BMC, el impresionante Philippe Gilbert, con André Greipel como coequipier en Omega Pharma, y Fabian Cancellara, dispuesto a dar la primera victoria de prestigio a su Leopard Trek con Bennati en la recámara. A ellos podemos sumar la terna de Katusha (Di Luca, Pozzatto, Kolobnev), el ‘tricolore’ Visconti y las opciones de sorpresa de españoles como Flecha (Sky), Rojas o Ventoso (Movistar), quienes arriban a la prueba italiana con mucha competición en las piernas, para completar el paisaje de opciones y favoritos.
De los jóvenes aspirantes a saltar a la élite es mejor hablar poco. El ciclista de CSF Sacha Modolo tendrá complicado repetir su cuarto puesto del año pasado, mientras otras promesas como Sagan, Matthews, Boasson Hagen… probablemente sufrirán la longitud de una Milán – San Remo poco apta para los jóvenes. El primer Monumento de la temporada suele premiar con un pase a la historia a corredores contrastados, capaces de mantener el tipo durante ocho horas y actuar sabiamente en los quince minutos decisivos.

Fotos: Arueda.com y flickr de Garmin-Cervélo