Gajes del Tour

El pelotón del Tour de Francia no ha ganado para sustos en esta primera semana. Caídas e incidentes de diversa índole han estado a la orden del día, siendo habitualmente la principal noticia de cada jornada por encima de las evoluciones deportivas de la misma. Esa tendencia, aborrecible, ha tenido hoy su apogeo. El pelotón, viajando de camino a Saint Flour por un recorrido quebrado, ha perdido a dos candidatos al podio, visto magullarse a su vigente campeón e incluso presenciado el execrable atropello de dos escapados por parte de un coche de la televisión francesa.
Resulta difícil encontrar un porqué para este Tour tan accidentado. El hecho es que sus 18 retirados en la novena etapa constituyen una marca excesiva, la mayor desde la durísima edición de 2003, cuando se registraban 26 abandonos a estas alturas de carrera tras las jornadas de Morzine-Avoiraz, Alpe d’Huez y Gap; en este Tour, sin embargo, la dificultad montañosa más reseñable ha sido la cima de SuperBesse donde ayer se impuso Rui Costa. Las cifras se tornan escalofriantes cuando se recuentan las causas de los abandonos y se halla que 14 de ellos han venido por caídas. Desde dentro del pelotón se habla del “nerviosismo” y la “tensión” como el principal motivo de estos incidentes.
Un análisis más frío arroja algunos posibles motivos más allá del estadío psicológico del pelotón. Uno de ellos es lo apretado de la clasificación general: ninguna de estas nuevas primeras etapas han sido verdaderamente selectivas de cara a ésta, y esto provoca que existan más candidatos a lucir en la misma con ganas de defender sus opciones peleando por la posición dentro del pelotón, aumentando con ello el riesgo de incidientes y, en general, el peligro.
Otro factor es el tamaño del pelotón. Los 198 ciclistas (veintidós equipos con nueve corredores cada uno) que tomaron la salida suponen la mayor participación en quince años, junto a 2003 y 1997 (cuando se repitieron las cifras). La presencia de más elementos en la carrera favorecen la posibilidad de incidencias, y de hecho un análisis de la relación entre el número de participantes y los abandonos por caídas registrados en las últimas seis ediciones del Tour alumbra una posible correspondencia entre estos factores como se puede ver en la tabla adjunta.

Los grandes damnificados de hoy, siguiendo los pasos de Wiggins, Leipheimer y Horner, fueron Alexandre Vinokourov y Jurgen Van der Broeck. Ambos cayeron a media etapa, en un descenso aparentemente sencillo y bien asfaltado en el cual había patinado unos minutos antes el fugado Johnny Hoogerland (Vacansoleil). El líder de Astaná se fracturó el fémur al saltar sobre el guardarraíl, mientras el belga se rompió el omoplato y tuvo que retirarse, mareado, tras un intento vano de continuar. El parte de bajas se completó con las renuncias de Wout Poels y Pavel Brutt y las caídas de Frederik Willems (cuyo abandono, sumado al de su líder Van der Broeck, deja a Omega Pharma con sólo seis ciclistas), David Zabriskie y el vasco Amets Txurruka…
… Pero pudo ser aún mayor si Juan Antonio Flecha y Johnny Hoogerland no hubieran corrido mejor suerte. El catalán de Sky y el holandés de Vacansoleil fueron atropellados a 36 kilómetros de meta por el imprudente conductor de un coche de la televisión francesa. El susto fue mayúsculo y sus consecuencias prácticamente mínimas con respecto a las posibilidades: apenas “chapa y pintura”, y la pérdida de una escapada que, ganadora, llegó a meta destacada del pelotón. Es el segundo accidente de un vehículo de carrera con ciclistas acaecido en este Tour tras la embestida de una moto de Getty Images al danés Nicki Sörensen (Saxo Bank); dos tragedias potenciales cuyo marco no debería distraer la atención de su causa, el sobredimensionamiento de la flota de vehículos acompañantes de este Tour de Francia.
En el plano estrictamente deportivo, la jornada de hoy supuso una alegría para el ciclismo español gracias a la victoria de Luis León Sánchez (Rabobank). El murciano se valió del trabajo desaforado de Thomas Voeckler, encendido en pos del maillot amarillo con el cual finalmente se hizo, para conseguir su tercera victoria de etapa en una ‘Grande Boucle’ y colocarse de paso en las primeras posiciones de la general, circunstancia que no es baladí toda vez que su líder Robert Gesink anda mermado por una caída y quizá deba entregar los galones. También magullado entró en meta, a cuatro minutos y dentro del grupo de favoritos, Alberto Contador. El madrileño se queja de dolores en su rodilla derecha tras sufrir un enganchón con Vladimir Karpets mediada la etapa de hoy. Otro caído que espera mejorar mañana, día de descanso, es Andreas Klöden, único de los cuatro líderes de RadioShack indemne… hasta hoy, cuando la misma caída que eliminó a Van der Broeck y Vinokourov le ha mandado al hospital en busca de diagnóstico. Gajes del Tour.
Anuncios

Desheredados con esencia de Vinokourov

Del mismo modo que la conducta de un grupo es reflejo de su líder, en ciclismo cada equipo emana el carácter de su líder. En las dos carreras que se están desarrollando estos días, Tirreno-Adriático y París-Niza, hemos podido ver el trabajo ordenado del Movistar de Unzué, la clase sin coraje del Leopard de los Schleck, la diáfana eficiencia del Garmin de Vaughters, la agilidad del Lampre de Saronni, el descaro del Farnese Vini de Visconti…
Pero, si un equipo ha mostrado una personalidad colectiva identificable por encima del resto, ése ha sido Astaná. La escuadra, teóricamente dirigida por Giuseppe Martinelli, nace auspiciada por y para Alexandre Vinokourov. A resultas de ello, la huella de la estrella kazaja marca la táctica colectiva, e incluso a todos y cada uno de los componentes de la plantilla. Astaná es pura esencia de Vinokourov: ataque desaforado, valentía, arrojo: unas condiciones donde la fuerza prevalece sobre la clase.
Sirva este sábado cómo botón de muestra. En Tirreno-Adriático, Gorazd Stangelj ha estado fugado más de doscientos kilómetros y ha sido reemplazado después en cabeza de carrera por ataques poco efectivos pero apreciables del joven talento australiano Simon Clarke y el italiano Enrico Gasparotto. En París-Niza, el propio Vinokourov ha tomado el toro por los cuernos al inicio de la etapa para romper el pelotón. Posteriormente, Remy Di Grégorio ha realizado una cabalgada en la última decena de kilómetros, con Movistar tirando por detrás y una carretera en condiciones deplorables que casi le cuesta una caída como a su compañero Robert Kiserlovski, que terminó debajo de una furgoneta.
Astaná es, también, un equipo de deshereados. Como el ganador de hoy, Di Grégorio: joven promesa en FDJ, descartado y bajado del pedestal en medio de un run-run de desaprobación. Como Gasparotto: apartado de Liquigas hace unos años por tener la osadía de birlarle a Di Luca una ‘maglia rosa’ y, desde entonces, peregrinó por diversos equipos hasta encontrar acomodo en Astaná. Como Kreuziger: sus capacidades físicas crearon una gran expectación diluida entre el enorme potencial de Liquigas, de donde salió por la puerta de atrás buscando “aire nuevo”. Como Kessiakoff: genial debut en carretera con Footon, absolutamente anónimo en Garmin… Como Vinokourov: positivo, dos años de sanción, vuelta al primer nivel y abucheos y suspicacias por doquier.
La victoria de Remy Di Grégorio en la séptima etapa de París – Niza ha sido la primera de la temporada para Astaná. A buen seguro no será la última; a buen seguro, también, le seguirán pocas más. En general, en la plantilla kazaja abundan la garra y la fuerza pero existe cierta carencia de instinto ganador. Síntoma de ello es que su mejor ‘killer’, Allan Davis, sólo ha ganado en los últimos 25 meses una carrera, los Juegos de la Commonwealth. A la escuadra celeste probablemente le espere un año parco en victorias. Por algo son desheredados. Pero también será una temporada prolífica en ataques y demostraciones de coraje. Por algo llevan la esencia de Vinokourov.

Foto: steephill.tv

El día de la dignidad

Hay pocas cosas más complicadas de entender en la sociedad actual que el concepto de dignidad. Es unívoco pero también prácticamente indefinible. Se puede reconocer en la existencia y el comportamiento de las personas de alrededor. También en sus circunstancias, que al fin y al cabo terminan por emanar de las propias personas. El sábado, en las carreteras guipuzcoanas, pudimos ver la dignidad en casi todos los elementos que rodearon a la que es ahora mismo, junto a la Vuelta al País Vasco, la cita más importante del ciclismo euskaldun.
La edición 2010 de la Clásica de San Sebastián vino a certificar en su desarrollo y conclusión la tendencia al alza que ha tomado la prueba organizada por el Grupo Correo de un tiempo a esta parte. Tras unos inicios poco brillantes, su inclusión en la Copa del Mundo la propulsó a la élite del ciclismo; la defunción de la antigua ‘challenge’ de la UCI y el nacimiento de la nueva, el UCI ProTour, la condujo a un segundo plano. Se situó, por decirlo de alguna manera, entre las peores de las mejores. Esta frustrante tesitura se tradujo en un menor interés del aficionado y el propio ciclista por la carrera donostiarra, que además vio como su recorrido (perpetuado a modo de clásica) había dejado de sorprender y de proporcionar alternativas para el desarrollo del espectáculo. Como suma de todo esto, cada edición era más previsible que la anterior y la nómina de ganadores fue decreciendo en calidad… hasta hace un par de años, cuando una victoria de Alejandro Valverde rompió esa línea de mediocridad dentro de la élite. En 2009 fue Barredo quien se llevó el gato al agua en lucha cerrada con otro excelente ciclista como Roman Kreuziger. El sábado se jugó la victoria una terna de lujo, digna de una prueba ProTour…

El sábado, que para casi todos los presentes en la Clásica fue el día de la dignidad, fue también un día complicado para los hombres de Caisse d’Épargne. No es que hubiera mucho en juego deportivamente, al fin y al cabo una clásica de verano no arruina una temporada (aunque sí que puede salvarla). Era un motivo extradeportivo el que les hacía llegar a la salida de Donosti en plena tensión. Eusebio Unzué, su director, les resolvería todas sus dudas en torno al futuro del equipo allí. El resultado del rendez-vous emplazado por el técnico navarro no fue demasiado clarificador; pidió quince días más a sus ciclistas, que en definitiva seguían con derecho a buscarse otro conjunto para la próxima temporada. La reunión, sin embargo, pareció sentar bien a los corredores, que se desempeñaron bien (dignamente) durante la carrera. De hecho, Luis León Sánchez consiguió la victoria, otro resultado de postín para un palmarés que comienza a ser abultado, y declaró estar a la espera de la ‘fumata blanca’ de Unzué para definir su futuro, desmintiendo de paso haberse comprometido ya con Rabobank.
No ha sido un año fácil en el seno de la formación bancaria. Habitualmente, el histórico tándem formado por José Miguel Echavarrí (ya retirado) y el propio Eusebio Unzué ha funcionado bien a la hora de cubrir el prespuesto necesario para mantener en liza a una de las estructuras más antiguas del ciclismo mundial, actual decana del pelotón español. En esta ocasión, por contra, el anunciado cese de patrocinio de Caisse d’Épargne no ha podido ser cubierto con garantías por Unzué con margen suficiente, y la incertidumbre ha influido indudablemente en el rendimiento del equipo, que por si fuera poco recibía en mayo un auténtico mazazo con la sanción por dopaje de su buque insignia Alejandro Valverde. Muestra de ello fue un Tour de Francia donde, a la postre, se fueron de vacío; no pudieron llevarse ninguna etapa a pesar de acumular varios segundos puestos, ni tampoco la general por equipos que RadioShack le arrebató en la última semana de carrera. En ambos casos la ansiedad se hizo notar, no se tomaron decisiones adecuadas en determinados momentos y eso restó brillantez a la notoria actuación del conjunto de base navarra.
De cara a la próxima temporada la situación sigue en el aire. La supervivencia de la escuadra parece garantizada por un patrocinador que aportaría una suma del orden de los tres millones de euros. Que éste fuera el único inversor provocaría la inmediata bajada de categoría del equipo, e incluso su inviabilidad toda vez que al sancionado Valverde le resta un año de contrato a razón de algo más de dos millones de euros. No parece, sin embargo, que el murciano vaya a actuar con mala fe en este sentido y ponga problemas a una formación que, por lo demás, le ha apoyado en todo momento. Volviendo al escenario de que no apareciera otro patrocinador, la diáspora sería obligatoria; sería sencillo retener a los jóvenes y a algunos gregarios que deberían asumir el rol de líderes, pero otros muchos corredores como Luis León, Arroyo, Urán, Kyrienka o Rojas saldrían hacia otras formaciones ProTour. Quienes saldrán seguro, por otra parte, son los ciclistas franceses, comprometidos con equipos de su país en la mayoría de casos, con la excepción de un Christophe Moreau decidido a retirarse y un Mathieu Drujon expectante (y con contrato). El surgimiento de otro patrocinador que aportara, al menos, otros tres millones de euros, sí permitiría que la escuadra de Unzué mantuviera su merecido e histórico estatus dentro del ciclismo mundial, representado por la majestuosa victoria de Luis León Sánchez en la Clásica de San Sebastián. Contrapuesta a su derrota frente a Casar en la novena etapa del Tour de Francia, un ejemplo de dignidad.
Hizo aún más valioso y significativa la actuación de Luis León el desarrollo de la carrera, espectacular gracias a los novedosos múltiples pasos por Arkale y Jaizkibel, y los rivales a los que hubo de enfrentarse el murciano. De un lado, un Alexandre Vinokourov tan impulsivo como siempre, haciendo gala de una fortaleza y una combatividad insobornables ante la crítica o las observaciones ajenas, apenas perturbadas cuando lo que escucha desde lo más alto del podio son pitos y no aplausos como le sucedió en Lieja. Su punto álgido fue un ataque a pocos kilómetros de meta que apenas pudo sostener Luis León y mostró las flaquezas del otro contendiente, Carlos Sastre.
El abulense se mostró sólido (digno), aunque falto de ese punto de explosividad que se pierde con la edad. Se le acaba la gasolina y él lo sabe, por eso la ha racionado esta temporada en una decisión difícil de comprender de primeras pero que ahora resulta incluso lógica. Retrasó al máximo su inicio de temporada y minimizó sus días de competición en lo que parecía un signo de holgazanería pero no es sino un medio para poder participar con garantías de lucimiento en las tres grandes vueltas. Sastre lleva a cuestas el peso de su equipo, Cervélo; en su espalda siente todos los millones de euros que los diseñadores de cuadros Vroomen y White invierten en la escuadra. Quiere que se traduzcan en buenos resultados, actuaciones dignas, y se responsabiliza en primera persona de que sea así. Por eso afrontará por segunda vez en su carrera el reto de correr las tres grandes vueltas en una misma temporada.
Otros hombres dignos en el día de la dignidad, en esta edición de la Clásica de San Sebastián que no pasará a la historia pero fue agradable y sintomática, fueron los revindicativos Haimar Zubeldia y Xavi Florencio. Uno palió (quizá sólo en parte) con un cuarto puesto el sinsabor de quedarse fuera del Tour de Francia por lesión; otro minimizó (seguro que sólo en parte) la decepción de verse fuera de la gran ronda francesa por una decisión discutible de su equipo, que le detectó un “mini” positivo por pomada contra las hemorroides y optó por sacarle de circulación. Ambos consiguieron restituir en la prueba donostiarra, quizá influidos por el ambiente de redención imperante, su amenazada dignidad.

Basso y Liquigas ordenan las fuerzas del Giro

El único hecho que parecía consumado de antemano en la salida de este Giro de Italia era que Liquigas iba a ser el equipo más fuerte de la carrera. Parecía una verdad incontestable y el devenir de los acontecimientos en esta ‘corsa rosa’ no hace sino dar la razón a esa sensación inicial. La escuadra verde ejerce una tiranía incontestable, se saben dueños y señores del transcurso de la prueba. Eso, un lujo, se convierte a veces en un hándicap tal y como sucediera camino de L’Aquila, cuando el resto de formaciones (incluyendo el Astaná del entonces líder Vinokourov) les cedieron la tostada para cazar a la inmensa fuga de sesenta corredores que casi cambia la carrera. Fue un día de perros para los hombres de Roberto Amadio, que terminaron por claudicar y tomar el mando del pelotón con cierto oprobio. Tuvieron que renunciar a su táctica porque la actitud del resto de equipos hacía que ellos mismo fueran los máximos perjudicados por ella.
A pesar del tropezón del día de L’Aquila, Liquigas siguió siendo el líder de facto de la carrera. No sólo le ha sido adjudicado el papel, sino que prácticamente lo ha reclamado en cada ocasión, en cada metro de recorrido. Parecía disgustarles ver a Caisse d’Épargne llevando el control, a pesar de que esa suerte fuera la natural para los pupilos de Neil Stephens toda vez que uno de sus hombres, David Arroyo, portaba la ‘maglia rosa’. En la etapa de hoy, apenas han llegado las primeras pendientes de la jornada, los Liquigas han arrebatado el testigo a los bancarios. Les liberaban de responsabilidad sin sacar ninguna contraprestación, toda vez que el ritmo del pelotón apenas ha aumentado en los primeros compases de dominio ‘verde’. Los efectos del trabajo del conjunto italiano se han visto en el Passo Duron, segundo puerto de la jornada, cuyas estrechas rampas han generado la primera selección de la carrera gracias al arreón de Agnoli, Vanotti y Kiserlovski, hoy gregarios magistrales incluso por encima de Sylvester Szmyd.
Si bien la superioridad de Liquigas era un hecho, la fortaleza de sus líderes ofrecía algo más de dudas. La preparación de Vincenzo Nibali no ofrecía demasiadas garantías de que fuera un candidato sólido a aguantar las tres semanas en punta; la opacidad de Ivan Basso hacía que tampoco fuera un caballo ganador de inicio. Es por ello que las decisiones tácticas de Roberto Amadio parecían cuestionables. Llevar controlada la carrera hasta sus últimos compases y una vez ahí dejar a sus jefes de filas batirse el cobre en igualdad de condiciones con el resto de favoritos en lugar de aprovechar la indudable fortaleza individual de sus elementos para levantar el zafarrancho de inicio era, por así decirlo, despreciar una ventaja muy significativa. En este punto hay que remitirse de nuevo a L’Aquila, donde filtraron en la escapada a su tercera baza, Robert Kiserlovski. El croata no mostró buenos detalles; al contrario, cedió algo de tiempo respecto a los mejores de la escapada. ¿Dónde estaba la fiabilidad en apostar por el movimiento de ciclistas de segunda fila en detrimento de Basso y Nibali?
El tiempo ha dado la razón a Amadio. O, mejor dicho, se la ha dado el Zoncolan. La subida alpina, rebosante de público para la ocasión, ejerció de navaja de Occam y desmenuzó las fortalezas y debilidades de todos y cada uno de los participantes de este Giro. Para muestra, un dato: el primer grupo de más de dos componentes en llegar a meta lo hizo a nueve minutos y medio del ganador, compuesto del destronado Stefano Garzelli, su gregario Vladimir Miholjevic y el antes nombrado Kiserlovski. Los 34 corredores que entraron por delante de ellos fueron de uno en uno, o como máximo en dueto.
Así las cosas, gracias a la catarsis organizada a partes iguales por Ivan Basso, su equipo Liquigas y un recorrido durísimo, la clasificación de hoy establece prácticamente el orden de fuerzas de este Giro. A saber: Basso, Evans, Scarponi, Cunego, Vinokourov, Sastre, Nibali; tres sorpresas como Pinotti, Martin y Gadret; y, undécimo, David Arroyo. Desaparecen de la zona noble algunos afortunados de L’Aquila como el desconcertante Wiggins o el fulgurante Xavi Tondo, a la par que ceden paulatinamente otros como Gerdemann o el omnipresente Kiserlovski. El austrliano Richie Porte y el líder David Arroyo aguantan dignamente, sabedores de que no subirán a lo más alto del podio de Verona pero sí pueden mantener una reconfortante posición entre los cinco primeros.
Y, como caso aparte, Carlos Sastre. El abulense fue la gran decepción del inicio de la gran ronda italiana, una decepción anunciada por su pésima preparación. Ocho días no son suficientes para aspirar a llegar bien a ninguna parte. El infortunio además le maltrató, colocando múltiples trampas en su camino a base de pinchazos y caídas. Y, en L’Aquila, la fortuna le sonrió colocándole en una fuga que le permitió limar todo el tiempo perdido. Ese equilibrio de designios universales le ha permitido situarse donde debería haber estado con una preparación adecuada: en la pomada, a menos de un minuto del líder fáctico Basso y por delante del resto de candidatos a la victoria final. El momento de Carlos llega ahora: en la tercera semana, después de haberse puesto a punto durante catorce etapas y con terreno de sobra para marcar diferencias.
Para llegar a su deseado ‘rosa’, el abulense deberá burlar la superioridad de Liquigas apoyado por Cervélo, un conjunto que no es ningún escándalo. En las mismas circunstancias, o peores, se encuentran el resto de favoritos, llámense Evans, Vinokourov, Scarponi o incluso Cunego. Da la sensación de que la posibilidad de que un ciclista que no sea de Liquigas gane esta edición del Giro depende en gran medida del grado de anarquía táctica que sean capaces de generar los 148 corredores que toman parte en la gran ronda italiana y no visten de verde.

Foto: CyclingNews

La "ruleta holandesa" del Giro de Italia

Rara vez los tres primeros días de una gran vuelta marcan tantas diferencias. La incursión del Giro de Italia en carreteras holandesas va a ser recordada durante muchos años, como sucediera con la Vuelta a España de la pasada temporada, por dos factores. El primero, la ingente cantidad de un público, el neerlandés, ávido de ver a los mejores ciclistas del mundo compitiendo en su país algunos días más aparte de los de la Amstel Gold Race y el ENECO Tour. El segundo, las constantes caídas provocadas por lo ratonero de las carreteras elegidas por la organización. Este último hecho ha sumido al pelotón entre el caos y la indignación. No cesan de levantarse voces críticas en su seno, como las de Pablo Lastras (“Estas carreteras holandesas no son las adecuadas para disputar carreras”) o Bradley Wiggins (“Hay demasiadas señales e isletas en la calzada”).
Pero en el tema de las caídas hay, además, un segundo punto al cual quizá no se da el relieve pertinente; es una cuestión de orden interno, casi imperceptible para el aficionado. La señala Lastras: “con la globalización del ciclismo, han llegado muchos ciclistas al pelotón sin el oficio ni el respeto necesario”. El abulense viene a poner de manifiesto cómo la mundialización ha traído consigo a corredores que no llegan a foguearse adecuadamente en el calendario europeo, el de las emboscadas y las rutas traicioneras, antes de enfrentarse a las carreras de alto nivel, aquellas donde a la dificultad del trazado se le suman una gran cantidad de rivales para ganar la posición en el pelotón y una velocidad endiablada.
No es cuestión de eurocentrismo, de “racismo” ciclista. También se queja de ello un ‘aussie’ como Cadel Evans, perjudicado por las caídas hasta el punto de perder el liderato en la segunda etapa: “cuando ves a ciclistas que se estrellan en carreteras completamente rectas, te preguntas si es que no saben montar en bicicleta, si no saben concentrarse o qué”. O el americano Cristian Vandevelde, que se fracturó la clavícula en el mismo parcial y comenta con resignación: “un tipo frenó delante de mí y me encontré con su rueda delantera”. Espectáculos como las decenas de caídas que tuvieron lugar en la segunda etapa [aquí enlace: http://www.youtube.com/watch?v=SM2VmLZKuaY ] podrían reducirse de contar los recién llegados al calendario europeo con algo más de experiencia en las, por lo general, complicadas rutas de las carreras del Viejo Continente.
En el terreno eminentemente deportivo, estos tres días de competición del Giro de Italia en los Países Bajos han venido a confirmar la mayoría de pronósticos y generar algunas sorpresas. En la contrarreloj inaugural, la victoria de Bradley Wiggins (Sky) hizo pensar que tal vez el británico decidiera tomarse en serio la lucha por la ‘maglia rosa’, sensación disipada de inmediato con los 37 segundos y 4 minutos cedidos en las dos siguientes jornadas.
Por otra parte, Brent Bookwalter (BMC) sorprendía a propios y extraños con un segundo puesto en el prólogo que ponía en duda el pronóstico general de que Cadel Evans apenas contaría con ayuda de su equipo en esta ‘corsa rosa’. De nuevo, la realidad vino a desmentir la sensación: en la segunda etapa en línea, el australiano se vio solo durante los kilómetros decisivos, cediendo casi un minuto debido a una caída y la ausencia total de sus coequipiers. A tenor de la gran condición física exhibida por Evans en el prólogo y en su lucha contra el viento y el pelotón de esos agónicos últimos metros camino de Middelburg, quizá sea el más fuerte de los aspirantes a la victoria final… pero también el más desprotegido.
No está tan fuerte Carlos Sastre. El hombre de Cervélo no tiene golpe de pedal, apenas lleva (¡contando el Giro!) una decena de días de competición y eso se nota. El Giro es largo, sí; pero el tiempo perdido en estos primeros compases de la prueba se echará de menos (o de más) conforme avance la carrera. Ya ha cedido en total 1’40” respecto del líder Alexandre Vinokourov, una barbaridad para quien busca una buena actuación en la general.
Los más sólidos entre los candidatos a la ‘maglia rosa’ son el actual portador Alexandre Vinokourov y los Liquigas Ivan Basso y Vincenzo Nibali. Respecto del primero, se le percibe atento, siempre en cabeza del pelotón y bien acompañado por los Tiralongo, Jufré o Grivko. En su contra juega su prematuro pico de forma, alcanzado en la Lieja – Bastogne – Lieja y que previsiblemente se disipará antes de la decisiva tercera semana del Giro. En cuanto a los segundos, Basso y Nibali, las vibraciones transmitidas por ambos son inmejorables. El varesino, sólido, sólo se ha dejado los 18 segundos del prólogo. Lo ‘Squalo’, por su parte, está situado en la general a apenas 5″ del liderato, lo que habida cuenta de la fortaleza de Liquigas podría vestirlo de rosa tras la CRE de mañana miércoles. Y a partir de ahí, quién sabe. Ya ganó Contador el Giro de 2008 viniendo de la playa…
Por último, cabe reseñar las pocas conclusiones que se pueden extraer de las ‘volatas’ que han resuelto los dos parciales en línea de este Giro que no ha hecho sino empezar. Tyler Farrar se mostró imperial en la primera etapa, mientras Wouter Weylandt supo nadar y guardar la ropa de la mejor manera posible en la segunda, ejerciendo adecuadamente su condición de punta de lanza del por lo demás flojo ‘nueve’ de Quick Step para esta edición de la gran ronda italiana. La decepción ha sido, sin duda, André Greipel. ‘Hulk’ tiene sobre sus espaldas la presión de demostrar a Mark Cavendish que es igual o mejor que él, después de los desaires lanzados públicamente por el velocista británico. Ha contado con dos ocasiones en las cuales su equipo, HTC – Columbia, ha trabajado impecablemente a su favor. En ambas su lanzador Matthew Goss ha sido más fuerte que él, quedando Greipel lejos de la victoria y transmitiendo una debilidad, cuanto menos, sorprendente.

Un clásico Giro para fondistas (y II)

7 de Mayo, Arueda.com

La nómina de aspirantes al triunfo en este Giro d’Italia tiene, en general, un poco menos de caché que en años pretéritos. Esta temporada, la mayor parte de líderes del pelotón mundial han apostado por preparar a conciencia un Tour de Francia que se presiente espectacular y con una veintena de candidatos a un puesto entre los cinco primeros. En el Giro el plantel no será tan extenso, pero seguramente deparará una competencia fenomenal toda vez que la mayoría de candidatos están cortados por el mismo patrón: son escaladores y fondistas que han enfocado su planificación sobre un Giro en el cual esperan salir victoriosos de la lucha en las cimas alpinas.
De entre todos los favoritos en la lucha por la ‘maglia rosa’, el número uno es Cadel Evans. El australiano, actual campeón del mundo, deberá actuar con audacia para imponerse en un Giro en el cual seguramente será el hombre más fuerte. No sólo tendrá que superar a sus rivales en los mano a mano, sino que lidiará con el hándicap que supone la debilidad de su equipo, un BMC que seguramente quedará retratado en la CRE. A estos contras se suma la escasez de kilómetros contrarreloj; no se antoja que una crono quebrada, una cronoescalada y un prólogo sean suficientes para conseguir una ventaja que permita a Evans ceder tiempo en montaña. El australiano también deberá rendir cuando la carretera pique hacia arriba. Y, sobre todo, estar atento a las ofensivas lejanas que le plantearan los bloques más fuertes en caso de que tome la ‘maglia rosa’ que ya vistiera en su única participación en el Giro, en 2002.
Precisamente a uno de los bloques más fuertes pertenece el segundo máximo contendiente de esta edición de la ‘corsa rosa’, el redimido Ivan Basso. El varesino encabeza a un Liquigas que en este Giro intentará no repetir la tónica de su presencia en carreras grandes esta temporada, presentando la alineación de mayor nivel medio para bloquear la carrera… y no siendo capaz de rematar con un hombre de calidad diferencial. Para ello contará con Basso, que contará con gregarios de lujo como Szmyd ó un Nibali que entra en el ‘nueve’ a última hora por la baja de Franco Pellizotti, relacionado con el dopaje por el polémico pasaporte biológico de la UCI. Ojo también entre los ‘verdes’ con Robert Kiserlovski, potente escalador que llega en buen momento tras imponerse en el Giro dell’Apenino y es, según una frase lapidaria de su ex director Giuseppe Martinelli, el “futuro ganador del Giro 2011”.
La gran opción española la constituye uno de los ciclistas más sólidos del pelotón mundial, Carlos Sastre. El abulense de Cervélo llega a la ‘corsa rosa’ con el aval de veinte grandes vueltas completadas a lo largo de su carrera, el triunfo en el Tour de Francia 2008… y sólo ocho días de competición en su haber, un descanso necesario tras su cargado 2009 que sin embargo le hace llegar “con dudas sobre mi estado físico” a la salida de Rotterdam. Son, sin embargo, muchos años sobre la bicicleta y mucha calidad como para descartar de inicio al abulense de Cervélo, que de inicio se conformaría con una “plaza de podio”. Quizá un objetivo por debajo de sus posibilidades, toda vez que el recorrido le viene como anillo al dedo.
Mucho más polémicos que Sastre son los dos hombres que cierran el repóker de grandes aspirantes a la ‘maglia rosa’. Alexandre Vinokourov, de cuyas cavilaciones hablamos la semana pasada [aquí enlace al artículo: http://www.arueda.com/competicion/reportajes/vinokourov-contra-la-memoria-del-ciclismo.html ], llega en un gran estado de forma al Giro tras imponerse en la Lieja – Bastogne – Lieja y cuenta con un equipo decente para la ocasión, con dos buenos gregarios como Josep Jufré y Paolo Tiralongo dispuestos a dejarse la piel por su causa. Las dudas vienen suscitadas por cómo afrontará tres semanas consecutivas de competición después de casi tres años parado. Por otro lado está Bradley Wiggins, controvertido fichaje de Sky este verano, que en este Giro puede certificar que su llegada al Olimpo ciclista en el pasado Tour de Francia no fue fruto de la casualidad. La incógnita es si viene a la ‘corsa rosa’ para disputar el triunfo o sólo para sumar kilómetros de preparación de cara a la gran ronda francesa.
El recuento de contendientes por la general del Giro no se acaba aquí. Y es que, al lado de estos colosos, habrá otros hombres de proporciones más comunes pero igualmente prestos para dar batalla. Michele Scarponi lidera al siempre combativo bloque de Androni-Diquigiovanni, con un ojo puesto en el top10 y otro en aprovechar sus condiciones de ‘passista’ para echar al zurrón victorias de etapa. Otro tanto hará Stefano Garzelli defendiendo los colores de Acqua e Sapone, en su caso buscando repetir entorchado con la ‘maglia verde’ que distingue al mejor escalador. En su equipo está uno de los máximos aspirantes a dar la campanada en la general, el jovencísmo Francesco Masciarelli, que llega algo corto de forma a pesar de su victoria en febrero en el emblemático Mont Faron del Tour del Mediterráneo. Otro joven ‘outsider’ es Domenico Pozzovivo, que llega en una condición inmejorable tras ganar en otra cima emblemática como Alpe di Pampeago en el Giro del Trentino. Pozzovivo lidera a Colnago-CSF, tercera escuadra italiana invitada por RCS y coja tras la baja por problemas con la cocaína de su esprinter Mattia Gavazzi.
Punto y aparte es el equipo Lampre. Giuseppe Saroni suele acudir siempre a la ‘corsa rosa’ con un líder de garantías que le permita aspirar a las primeras posiciones de la general. En esta ocasión no será así. Su baza más sólida son las ‘volatas’ de Allesandro Petacchi, que a buen seguro conseguirá más de una victoria en llegadas masivas; sus escaladores, Damiano Cunego y Gilberto Simoni, no parecen capaces de asaltar el podio final, sito esta vez en Verona. Mientras Cunego, ganador del Giro 2004, renuncia de plano a esta posibilidad porque cree aprovechar mejor sus posibilidades luchando por triunfos parciales, ‘Gibo’ está ya bastante lejos de sus mejores días e incluso vacilaba en su determinación de correr esta edición del Giro, la última de su carrera, por considerar su estado físico insuficiente. Demasiadas dudas para asegurar que los ‘blu-fucsia’ puedan hacer algo bueno…
En cuanto a la participación española, hay más opciones para los primeros puestos en la general aparte del ya mencionado Sastre. Liderando a Omega Pharma – Lotto estará el madrileño Dani Moreno, que afronta por primera vez desde sus tiempos en Relax una gran vuelta como jefe de filas. A pesar de ser un gran corredor y decente fondista, caben dudas de si asimilará bien los largos puertos de montaña italianos. Por otra parte, el talaverano David Arroyo ya ha figurado alguna vez en el top10 de la ‘corsa rosa’ y llega a Rotterdam dispuesto a repetir. Juega en su contra el potente ‘nueve’ de su equipo, Caisse d’Épargne, con una baza casi infalible en Marzio Brusheghin (3º del Giro 2008) y una posible sorpresa positiva en el colombiano Rigoberto Urán. Si uno de estos hombres consigue rendir a gran nivel, posiblemente Arroyo se vea obligado a aparcar el liderazgo y ejercer de gregario. También tomará parte en el Giro el equipo de Matxin, Footon-Servetto, con Eros Capecchi como mejor opción de lucimiento.
Llega un año más el Giro d’Italia, que se plantea igual de espectacular e intenso como siempre, con el habitual espíritu combativo de sus participantes italianos y la presencia de grandes estrellas del pelotón mundial. El espectáculo, clásico espectáculo, está servido.

Vinokourov contra la memoria del ciclismo

El pasado domingo, Alexandre Vinokourov dejó atrás a Alexandr Kolobnev en los últimos compases de la Cöté d’Ans para imponerse por segunda vez en la Lieja-Bastogne-Lieja. El kazajo entró en meta extendiendo los brazos, lanzando besos, aplaudiendo, loco de alegría por volver al primer plano del ciclismo. Su gesto de torció cuando subió al podio, recogió su trofeo… y el público le abucheó.

El ciclismo es un deporte de memoria y sentimientos. Los resultados permanecen en los papeles, pero el recuerdo de los aficionados se compone de sensaciones y no de números. La victoria de Vinokourov fue recibida por los belgas presentes en la meta de Ans como una ofensa después de que el kazajo protagonizara en 2007 uno de los positivos más sonados de la historia. Un positivo especialmente sangrante por cómo intento tomar el pelo al mundo del ciclismo antes, durante y después de que un control antidopaje delatara que había recurrido a una transfusión homóloga (de sangre ajena) para aumentar su rendimiento.
Alexandre Vinokourov (1973, Petropavlosk) no fue nunca un ángel. Al contrario, siempre resultó un ciclista controvertido, de gran calidad y mayor víscera. Ello le convertía en un corredor combativo en carrera, agradable para el aficionado pero incómodo para los compañeros, que veían como el insaciable kazajo no hacía más que reclamar más trozo del pastel competitivo, más presencia en carrera. Llegó a reclamar el liderazgo del Telekom en pleno esplendor de Jan Ullrich y a atacar a por la victoria (con éxito) en la llegada a los Campos Elíseos del Tour de Francia de 2005, en un coto habitualmente vedado para caza de los esprinters donde sus ganas de lucha le llevaron a triunfar.
Era un corredor polivalente, querido y amado, hasta que los delirios de grandeza comenzaron a pesar demasiado en su cabeza. Su inmenso poder fáctico en Kazajastán, procedente de su condición de deportista insignia del país y su amistad con los más altos mandatarios, hizo posible que las principales empresas del país le proporcionaran dinero para financiar la estructura de Manolo Sáiz en cuyas filas formaba (aquel Liberty Seguros defenestrado por la OP) y luego una escuadra propia, el Astaná con que tomó parte en el Tour de Francia 2007. En él, Vinokourov contaba con sus habituales cualidades y el respaldo de una pléyade de gregarios excepcionales como su compatriota Andrei Kasheckin, Andreas Klöden o Paolo Savoldelli. El objetivo no era otro que el maillot amarillo.
No aprovechó Vinokourov la oportunidad de ganar en buena lid. Fue perdiendo tiempo en todas las etapas decisivas hasta quedar a casi ocho minutos del líder Rasmussen antes de la importante crono de Albi, en la segunda semana de la carrera. En ella, el kazajo perpetró su primera exhibición, distanciando al siguiente (un consumado especialista como Cadel Evans) en más de un minuto. La segunda, más estratosférica si cabe, la realizó camino de Loudenville, en la mítica etapa en la cual Alberto Contador y Michael Rasmussen libraron un espectacular mano a mano en el Col de Peyresourde. Vino aventajó en un minuto al segundo en la línea de meta después de pasar todo el día fugado. Y de haber perdido media hora el día anterior en Plateau de Beille.
Las sospechas suscitadas por estas prestaciones se confirmaron al día siguiente, mientras el corredor declaraba gozoso en L’Équipe que su presencia inspiraba “respeto en el pelotón”. El 24 de Julio, día de descanso, salía a la luz su positivo en la crono de Albi. Transfusión homóloga, un término con el cual los aficionados al ciclismo se familiarizaron dolorosamente durante un tiempo. Todo el Astaná tuvo que abandonar la carrera, con gesto compungido y en furgonetas; parecían más presos que ciclistas. Vinokourov, por su parte, montó su teatro y echó la culpa del positivo a las alteraciones que le pudo haber generado una caída en la quinta etapa.
Los actos que vinieron después continuaron el esperpento. Vinokourov anunció su retirada y se parapetó tras la Federación Kazaja de Ciclismo para recibir un único año de sanción y no pagar su sueldo de 2007 como multa tal y como contemplaba el Código Ético que tuvo que firmar aquella campaña para participar en las carreras ProTour. La UCI, errática, no consiguió hacer pagar a Vino, pero sí extender su sanción hasta los dos años que la normativa vigente impone como máxima para los culpables de dopaje. Ello no impidió que la sombra del kazajo permaneciera presente en el ciclismo mundial a través de declaraciones periódicas y de su imprescindible intermediación para la supervivencia del equipo Astaná.
Ahora, después de un exitoso ensayo a finales de 2009, Vinokourov ha vuelto al primer plano del ciclismo mundial. Pero lo hizo entre abucheos. La memoria de los aficionados tocó los sentimientos del kazajo, que al día siguiente mandó una carta abierta a los medios de comunicación donde afirmó no querer “ser el único y muy fácil objetivo de todos los males del ciclismo”. El escepticismo volvió a reinar en los aficionados más suspicaces, que habían visto con indignación no sólo la victoria de Vinokourov, sino la compañía que tuvo en el podio de un Alejandro Valverde que sigue corriendo aun con la espada de Damocles de la sanción provocada por el CONI pendiente sobre su cabeza.
Es difícil determinar si los aficionados tienen o no razón afeando al corredor kazajo. Más allá de las filias y fobias que despierte el personaje, Vinokourov ha purgado sus penas pasando dos años sin competir. Es cierto que no cumplió la sanción completa al no ingresar su año de sueldo en las arcas de la UCI; pero sí el grueso de la misma. En teoría, tiene derecho a participar en todas las carreras que desee, derecho a ganarlas, a retirarse o a llegar fuera de control. Sin embargo el aficionado, el auténtico termómetro del ciclismo mundial a través de sus memorias y sensaciones, ha juzgado que no es digno de ello por toda la controversia que su caso, que junto al ‘affaire’ Rasmussen estuvo a punto de tumbar la carrera más grande del mundo, despertó. Aunque no tiene por qué tener razón, habrá que escuchar al público. Y Vinokourov, por su bien, deberá convencerlo.