La "ruleta holandesa" del Giro de Italia

Rara vez los tres primeros días de una gran vuelta marcan tantas diferencias. La incursión del Giro de Italia en carreteras holandesas va a ser recordada durante muchos años, como sucediera con la Vuelta a España de la pasada temporada, por dos factores. El primero, la ingente cantidad de un público, el neerlandés, ávido de ver a los mejores ciclistas del mundo compitiendo en su país algunos días más aparte de los de la Amstel Gold Race y el ENECO Tour. El segundo, las constantes caídas provocadas por lo ratonero de las carreteras elegidas por la organización. Este último hecho ha sumido al pelotón entre el caos y la indignación. No cesan de levantarse voces críticas en su seno, como las de Pablo Lastras («Estas carreteras holandesas no son las adecuadas para disputar carreras») o Bradley Wiggins («Hay demasiadas señales e isletas en la calzada»).
Pero en el tema de las caídas hay, además, un segundo punto al cual quizá no se da el relieve pertinente; es una cuestión de orden interno, casi imperceptible para el aficionado. La señala Lastras: «con la globalización del ciclismo, han llegado muchos ciclistas al pelotón sin el oficio ni el respeto necesario». El abulense viene a poner de manifiesto cómo la mundialización ha traído consigo a corredores que no llegan a foguearse adecuadamente en el calendario europeo, el de las emboscadas y las rutas traicioneras, antes de enfrentarse a las carreras de alto nivel, aquellas donde a la dificultad del trazado se le suman una gran cantidad de rivales para ganar la posición en el pelotón y una velocidad endiablada.
No es cuestión de eurocentrismo, de «racismo» ciclista. También se queja de ello un ‘aussie’ como Cadel Evans, perjudicado por las caídas hasta el punto de perder el liderato en la segunda etapa: «cuando ves a ciclistas que se estrellan en carreteras completamente rectas, te preguntas si es que no saben montar en bicicleta, si no saben concentrarse o qué». O el americano Cristian Vandevelde, que se fracturó la clavícula en el mismo parcial y comenta con resignación: «un tipo frenó delante de mí y me encontré con su rueda delantera». Espectáculos como las decenas de caídas que tuvieron lugar en la segunda etapa [aquí enlace: http://www.youtube.com/watch?v=SM2VmLZKuaY ] podrían reducirse de contar los recién llegados al calendario europeo con algo más de experiencia en las, por lo general, complicadas rutas de las carreras del Viejo Continente.
En el terreno eminentemente deportivo, estos tres días de competición del Giro de Italia en los Países Bajos han venido a confirmar la mayoría de pronósticos y generar algunas sorpresas. En la contrarreloj inaugural, la victoria de Bradley Wiggins (Sky) hizo pensar que tal vez el británico decidiera tomarse en serio la lucha por la ‘maglia rosa’, sensación disipada de inmediato con los 37 segundos y 4 minutos cedidos en las dos siguientes jornadas.
Por otra parte, Brent Bookwalter (BMC) sorprendía a propios y extraños con un segundo puesto en el prólogo que ponía en duda el pronóstico general de que Cadel Evans apenas contaría con ayuda de su equipo en esta ‘corsa rosa’. De nuevo, la realidad vino a desmentir la sensación: en la segunda etapa en línea, el australiano se vio solo durante los kilómetros decisivos, cediendo casi un minuto debido a una caída y la ausencia total de sus coequipiers. A tenor de la gran condición física exhibida por Evans en el prólogo y en su lucha contra el viento y el pelotón de esos agónicos últimos metros camino de Middelburg, quizá sea el más fuerte de los aspirantes a la victoria final… pero también el más desprotegido.
No está tan fuerte Carlos Sastre. El hombre de Cervélo no tiene golpe de pedal, apenas lleva (¡contando el Giro!) una decena de días de competición y eso se nota. El Giro es largo, sí; pero el tiempo perdido en estos primeros compases de la prueba se echará de menos (o de más) conforme avance la carrera. Ya ha cedido en total 1’40» respecto del líder Alexandre Vinokourov, una barbaridad para quien busca una buena actuación en la general.
Los más sólidos entre los candidatos a la ‘maglia rosa’ son el actual portador Alexandre Vinokourov y los Liquigas Ivan Basso y Vincenzo Nibali. Respecto del primero, se le percibe atento, siempre en cabeza del pelotón y bien acompañado por los Tiralongo, Jufré o Grivko. En su contra juega su prematuro pico de forma, alcanzado en la Lieja – Bastogne – Lieja y que previsiblemente se disipará antes de la decisiva tercera semana del Giro. En cuanto a los segundos, Basso y Nibali, las vibraciones transmitidas por ambos son inmejorables. El varesino, sólido, sólo se ha dejado los 18 segundos del prólogo. Lo ‘Squalo’, por su parte, está situado en la general a apenas 5″ del liderato, lo que habida cuenta de la fortaleza de Liquigas podría vestirlo de rosa tras la CRE de mañana miércoles. Y a partir de ahí, quién sabe. Ya ganó Contador el Giro de 2008 viniendo de la playa…
Por último, cabe reseñar las pocas conclusiones que se pueden extraer de las ‘volatas’ que han resuelto los dos parciales en línea de este Giro que no ha hecho sino empezar. Tyler Farrar se mostró imperial en la primera etapa, mientras Wouter Weylandt supo nadar y guardar la ropa de la mejor manera posible en la segunda, ejerciendo adecuadamente su condición de punta de lanza del por lo demás flojo ‘nueve’ de Quick Step para esta edición de la gran ronda italiana. La decepción ha sido, sin duda, André Greipel. ‘Hulk’ tiene sobre sus espaldas la presión de demostrar a Mark Cavendish que es igual o mejor que él, después de los desaires lanzados públicamente por el velocista británico. Ha contado con dos ocasiones en las cuales su equipo, HTC – Columbia, ha trabajado impecablemente a su favor. En ambas su lanzador Matthew Goss ha sido más fuerte que él, quedando Greipel lejos de la victoria y transmitiendo una debilidad, cuanto menos, sorprendente.

Un clásico Giro para fondistas (y II)

7 de Mayo, Arueda.com

La nómina de aspirantes al triunfo en este Giro d’Italia tiene, en general, un poco menos de caché que en años pretéritos. Esta temporada, la mayor parte de líderes del pelotón mundial han apostado por preparar a conciencia un Tour de Francia que se presiente espectacular y con una veintena de candidatos a un puesto entre los cinco primeros. En el Giro el plantel no será tan extenso, pero seguramente deparará una competencia fenomenal toda vez que la mayoría de candidatos están cortados por el mismo patrón: son escaladores y fondistas que han enfocado su planificación sobre un Giro en el cual esperan salir victoriosos de la lucha en las cimas alpinas.
De entre todos los favoritos en la lucha por la ‘maglia rosa’, el número uno es Cadel Evans. El australiano, actual campeón del mundo, deberá actuar con audacia para imponerse en un Giro en el cual seguramente será el hombre más fuerte. No sólo tendrá que superar a sus rivales en los mano a mano, sino que lidiará con el hándicap que supone la debilidad de su equipo, un BMC que seguramente quedará retratado en la CRE. A estos contras se suma la escasez de kilómetros contrarreloj; no se antoja que una crono quebrada, una cronoescalada y un prólogo sean suficientes para conseguir una ventaja que permita a Evans ceder tiempo en montaña. El australiano también deberá rendir cuando la carretera pique hacia arriba. Y, sobre todo, estar atento a las ofensivas lejanas que le plantearan los bloques más fuertes en caso de que tome la ‘maglia rosa’ que ya vistiera en su única participación en el Giro, en 2002.
Precisamente a uno de los bloques más fuertes pertenece el segundo máximo contendiente de esta edición de la ‘corsa rosa’, el redimido Ivan Basso. El varesino encabeza a un Liquigas que en este Giro intentará no repetir la tónica de su presencia en carreras grandes esta temporada, presentando la alineación de mayor nivel medio para bloquear la carrera… y no siendo capaz de rematar con un hombre de calidad diferencial. Para ello contará con Basso, que contará con gregarios de lujo como Szmyd ó un Nibali que entra en el ‘nueve’ a última hora por la baja de Franco Pellizotti, relacionado con el dopaje por el polémico pasaporte biológico de la UCI. Ojo también entre los ‘verdes’ con Robert Kiserlovski, potente escalador que llega en buen momento tras imponerse en el Giro dell’Apenino y es, según una frase lapidaria de su ex director Giuseppe Martinelli, el «futuro ganador del Giro 2011».
La gran opción española la constituye uno de los ciclistas más sólidos del pelotón mundial, Carlos Sastre. El abulense de Cervélo llega a la ‘corsa rosa’ con el aval de veinte grandes vueltas completadas a lo largo de su carrera, el triunfo en el Tour de Francia 2008… y sólo ocho días de competición en su haber, un descanso necesario tras su cargado 2009 que sin embargo le hace llegar «con dudas sobre mi estado físico» a la salida de Rotterdam. Son, sin embargo, muchos años sobre la bicicleta y mucha calidad como para descartar de inicio al abulense de Cervélo, que de inicio se conformaría con una «plaza de podio». Quizá un objetivo por debajo de sus posibilidades, toda vez que el recorrido le viene como anillo al dedo.
Mucho más polémicos que Sastre son los dos hombres que cierran el repóker de grandes aspirantes a la ‘maglia rosa’. Alexandre Vinokourov, de cuyas cavilaciones hablamos la semana pasada [aquí enlace al artículo: http://www.arueda.com/competicion/reportajes/vinokourov-contra-la-memoria-del-ciclismo.html ], llega en un gran estado de forma al Giro tras imponerse en la Lieja – Bastogne – Lieja y cuenta con un equipo decente para la ocasión, con dos buenos gregarios como Josep Jufré y Paolo Tiralongo dispuestos a dejarse la piel por su causa. Las dudas vienen suscitadas por cómo afrontará tres semanas consecutivas de competición después de casi tres años parado. Por otro lado está Bradley Wiggins, controvertido fichaje de Sky este verano, que en este Giro puede certificar que su llegada al Olimpo ciclista en el pasado Tour de Francia no fue fruto de la casualidad. La incógnita es si viene a la ‘corsa rosa’ para disputar el triunfo o sólo para sumar kilómetros de preparación de cara a la gran ronda francesa.
El recuento de contendientes por la general del Giro no se acaba aquí. Y es que, al lado de estos colosos, habrá otros hombres de proporciones más comunes pero igualmente prestos para dar batalla. Michele Scarponi lidera al siempre combativo bloque de Androni-Diquigiovanni, con un ojo puesto en el top10 y otro en aprovechar sus condiciones de ‘passista’ para echar al zurrón victorias de etapa. Otro tanto hará Stefano Garzelli defendiendo los colores de Acqua e Sapone, en su caso buscando repetir entorchado con la ‘maglia verde’ que distingue al mejor escalador. En su equipo está uno de los máximos aspirantes a dar la campanada en la general, el jovencísmo Francesco Masciarelli, que llega algo corto de forma a pesar de su victoria en febrero en el emblemático Mont Faron del Tour del Mediterráneo. Otro joven ‘outsider’ es Domenico Pozzovivo, que llega en una condición inmejorable tras ganar en otra cima emblemática como Alpe di Pampeago en el Giro del Trentino. Pozzovivo lidera a Colnago-CSF, tercera escuadra italiana invitada por RCS y coja tras la baja por problemas con la cocaína de su esprinter Mattia Gavazzi.
Punto y aparte es el equipo Lampre. Giuseppe Saroni suele acudir siempre a la ‘corsa rosa’ con un líder de garantías que le permita aspirar a las primeras posiciones de la general. En esta ocasión no será así. Su baza más sólida son las ‘volatas’ de Allesandro Petacchi, que a buen seguro conseguirá más de una victoria en llegadas masivas; sus escaladores, Damiano Cunego y Gilberto Simoni, no parecen capaces de asaltar el podio final, sito esta vez en Verona. Mientras Cunego, ganador del Giro 2004, renuncia de plano a esta posibilidad porque cree aprovechar mejor sus posibilidades luchando por triunfos parciales, ‘Gibo’ está ya bastante lejos de sus mejores días e incluso vacilaba en su determinación de correr esta edición del Giro, la última de su carrera, por considerar su estado físico insuficiente. Demasiadas dudas para asegurar que los ‘blu-fucsia’ puedan hacer algo bueno…
En cuanto a la participación española, hay más opciones para los primeros puestos en la general aparte del ya mencionado Sastre. Liderando a Omega Pharma – Lotto estará el madrileño Dani Moreno, que afronta por primera vez desde sus tiempos en Relax una gran vuelta como jefe de filas. A pesar de ser un gran corredor y decente fondista, caben dudas de si asimilará bien los largos puertos de montaña italianos. Por otra parte, el talaverano David Arroyo ya ha figurado alguna vez en el top10 de la ‘corsa rosa’ y llega a Rotterdam dispuesto a repetir. Juega en su contra el potente ‘nueve’ de su equipo, Caisse d’Épargne, con una baza casi infalible en Marzio Brusheghin (3º del Giro 2008) y una posible sorpresa positiva en el colombiano Rigoberto Urán. Si uno de estos hombres consigue rendir a gran nivel, posiblemente Arroyo se vea obligado a aparcar el liderazgo y ejercer de gregario. También tomará parte en el Giro el equipo de Matxin, Footon-Servetto, con Eros Capecchi como mejor opción de lucimiento.
Llega un año más el Giro d’Italia, que se plantea igual de espectacular e intenso como siempre, con el habitual espíritu combativo de sus participantes italianos y la presencia de grandes estrellas del pelotón mundial. El espectáculo, clásico espectáculo, está servido.

Las dudas de Carlos

Mañana empieza en Rotterdam una nueva edición del Giro d’Italia, la 101, que ha apostado por un recorrido clásico y repetir fórmulas ya experimentadas. Los corredores se preparan con mimo: la ‘maglia rosa’ es un trofeo codiciado, distingue no tanto al mejor vueltómano en general como al mejor fondista, al hombre capaz de aguantar catorce días de competición repletos de emboscadas y llegar fresco a la temible última semana, con decenas de puertos de montaña salpicados por su trazado. La nómina de máximos aspirantes, de aquellos con derecho a soñarse en lo más alto del podio de Verona, la forman Cadel Evans, Alexandre Vinokourov, Ivan Basso y el español Carlos Sastre.
Todos llegan con mayores o menores dudas a Rotterdam. Basso admitió recientemente haberse encontrado demasiado corto de forma en el Giro del Trentino. Evans sabe a su equipo, BMC, muy inferior al de sus contrincantes. Vinokourov, por su parte, contempla decepcionado cómo el público no se alegra por sus victorias sino todo lo contrario; además, entiende complicado que aguante en el estado de forma óptimo el mes y medio necesario para imponerse en Lieja como hizo hace dos semanas y en el Giro, como debería hacer dentro de tres. Y Sastre…
Este invierno ha sido muy largo para Carlos Sastre. Casi ocho meses de parón competitivo. El abulense necesitaba vivir a cámara lenta por un tiempo, «estaba agotado física y mentalmente». Construirse una escuadra para sí mismo, con el apoyo de Cervélo y de otro gran corredor como Thor Hushovd pero básicamente cargándolo a sus espaldas en solitario, fue demasiado. «Es como aquello de que los hombres no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo», explica divertido. «Yo intenté a la vez ser ciclista y mánager, entrenar e ir a reuniones…»
Eso fue demasiado para él. La receta contra este agotamiento fue sencilla, hacer cosas distintas. «Disfruté de mi familia, fui a ver a Fernando Alonso al Gran Premio de Valencia, a un rally con el finlandés Mikko Hirvonen…». Desconectar. Sastre, Carlos, es al fin y al cabo una persona; se agobia y tiene un punto en el cual no puede más. La tensión le desborda. Como a todo hijo de vecino.
Le sucedió en el Tour de Francia del año pasado. Hundido por una mala actuación y desquiciado por el enfoque que muchos periodistas daban a la gran ronda francesa, centrándose en el duelo Contador vs Armstrong y despreciando el hecho de que era él, Carlos, el portador del dorsal número uno, se descolgó con unas declaraciones en contra de los medios. A Carlos no le quedó más remedio que rectificar, y aprovechó de paso para pedir perdón a sus compañeros en una nota de prensa que sorprendió a propios y extraños. Venía a decir que no se había dejado ayudar en todo el Tour, dejaba ver que el ambiente en el seno de Cervélo no había sido el mejor durante la ronda francesa y se culpaba de ello. El enorme papel de Heinrich Haussler y Thor Hushovd no debía ocultar el hecho de que él, Carlos, había estado muy por debajo de su nivel, agobiado y terminando en un decepcionante 17º puesto.
El Tour fue su colapso. Pero antes Carlos había realizado una temporada que sí colmaba las expectativas. Especialmente satisfactorio había sido su papel en el Giro, donde se erigió como mejor escalador de la carrera al derrotar en dos finales en alto a sus rivales: en el Monte Petrano los derrotó atacando desde abajo y rompiendo la banca con un ritmo infernal, mientras que en el Vesuvio demarró de nuevo de lejos, con menos chispa pero idéntico resultado. Llegó a Roma en cuarta posición de la general; los papeles reflejan una tercera debido al positivo de Danilo Di Luca.
El reto para este Giro es doble. Por un lado, recuperar sensaciones. Por otro, que esa presencia en el podio no sea sólo un número sino también una fotografía, sita esta vez en Verona. Si lo hiciera, sería el cuarto español de la historia en subir al cajón en las tres grandes vueltas; antes sólo lo han hecho José Manuel ‘Tarangu’ Fuente, el extraterrestre Miguel Indurain y el superclase Alberto Contador. La ocasión es buena; las sensaciones, mejorables. Sastre señala sus vacilaciones: «apenas he hecho ocho días de competición, por lo que tengo dudas de mi condición física».
Ciertamente, su calendario ha sido corto. Sólo ha corrido la Volta a Catalunya y la Lieja – Bastogne – Lieja, ambas carreras de altísimo nivel y ambas saldadas con actuaciones completamente anónimas. No puede decirse, por contra, que esto sea realmente un hándicap a la hora de enfrentar una carrera como el Giro donde lo decisivo se concentra en los últimos días de competición. Tal vez sea un buen plan. Lo que no es tan aceptable es que, siendo la ‘corsa rosa’ el gran objetivo del abulense, no haya tenido éste arrestos para ir a reconocer las etapas más importantes de la carrera. «Para eso están los directores», afirma despreocupado. Quizá piense Carlos que ya se preocupó lo suficiente el año pasado. De cualquier manera, será el tiempo quien dará y quitará razones, definiendo la realidad de las dudas de Carlos.

Un clásico Giro para fondistas (I)

Después de cuatro meses de competición que han dejado un fantástico sabor de boca, gracias en especial a la enorme campaña de clásicas donde hemos presenciado gestas históricas como el doblete de Cancellara en Flandes y Roubaix, la temporada ciclista llega a un nuevo clímax con el mes de mayo y el Giro d’Italia, la primera gran vuelta del año.
Un mayo más, un Giro más. Contrariamente a lo que sucede en la cultura popular, donde mayo es un mes de revolución, en el inmovilista deporte ciclista mayo es un mes de tradición, donde la lucha por la ‘maglia rosa’ se escenifica en un recorrido que siempre responde al mismo esquema: un festival inicial espectacular, una primera y segunda semanas llanas aunque plagadas de finales trampa y con algún final en alto, y en la tercera llega el turno de la montaña, con varias etapas de dureza máxima encadenadas.
El Giro de 2010, no podía ser de otra manera, responde a esta tradición fielmente. La concentración de gran parte de la dureza en la última semana hace de la gran ronda italiana una carrera ideal para fondistas, dejando además terreno para el lucimiento de los ‘passistas’ (escaladores con buena punta de velocidad) y los velocistas puros, tipos de corredores muy apreciados en el país con forma de bota, en los primeros [tibios] días de competición.
Rompe el esquema de esta edición de la ronda italiana el inicio, la nota novedosa con que ya sazonara su trazado la Vuelta a España 2009: la salida desde la ciudad de Rotterdam, en los Países Bajos. Los neerlandeses son grandes aficionados al ciclismo y la ausencia de una prueba por etapas de nivel en su país hace que trasladar el ‘circo’ por unos días a esas tierras sea un auténtico caramelo para los organizadores de las grandes vueltas. RCS, entidad que pone en marcha el Giro, aprovechará la tesitura para realizar un espectacular prólogo por las calles de Rotterdam y un par de etapas llanas que servirán para calentar las piernas de los corredores antes de la disputa de la contrarreloj por equipos de Cuneo.
Este será, precisamente, el primer punto decisivo del Giro d’Italia. Serán 33 kilómetros en terreno ligeramente ascendente por carreteras anchas. Esta última circunstancia es decisiva: querrá decir que un equipo bien compenetrado y con buenos rodadores en su formación podrá marcar diferencias. Apenas habrá dificultades, curvas ratoneras o emboscadas; sólo habrá que desplegar potencia. Esto posiblemente deje muy malparados a aquellos favoritos cuya escuadra no sea especialmente fuerte, cuya táctica quedará condicionada por el tiempo perdido en esta etapa.
Sin embargo, habrá terreno de sobra para que esos hombres de la general que cedan tiempo en la CRE desequilibren la contienda a su favor. El trazado incluye una gran profusión de emboscadas en esta ‘corsa rosa’, siendo especialmente interesantes los tramos de ‘sterrato’ que se recorrerán en la séptima jornada en la provincia de Siena o la peligrosa subida al Monte Grappa (casi veinte kilómetros de puerto) del decimocuarto parcial. Y, por supuesto, el tradicional final en alto de los primeros compases de la carrera, que siempre sirve para eliminar contendientes de la general y en esta ocasión estará sito en el temible Terminillo.
Entre medias habrá una gran profusión de jornadas de transición, con al menos seis finales de etapa claramente orientados al esprint. Terreno de sobra para que diriman su duelo los grandes velocistas presentes en este Giro d’Itaila, con Tyler Farrar, Alessandro Petacchi y André Greipel como cabezas de cartel. Será interesante ver el desempeño de un Greipel que contará con todo un equipo volcado por su causa de demostrar a Mark Cavendish que, en realidad, no está tan lejos de él. Farrar y, sobre todo, Petacchi, no contarán con grandes escuadras tras ellos, pero sí con lo necesario para plantear batalla. Otros candidatos en las llegadas masivas serán Greg Henderson (Sky) o un Robbie McEwen (Katusha) con el que ya nadie parece contar.
Todos estos nombres desaparecerán de la circulación el domingo 23 de mayo. Ese día se disputará una de las etapas reinas del Giro 2010, la decimoquinta con final en el Monte Zoncolan. El gigante de la provincia de Friuli se subirá por la vertiente de Ovaro, la más dura posible: en apenas diez kilómetros se ascenderán más de 1150 metros respecto del nivel del mar. Un desnivel pavoroso, habitualmente comparado con el asturiano Alto de l’Angliru, que vio triunfar en 2007 a un Gilberto Simoni que estará presente en la salida de Rotterdam formando parte de Lampre, pero ya lejos del nivel que le valiera saludar desde lo más alto del podio de Milán en 2001 y 2003.
Tras el día de descanso, llegará la cronoescalada de Plan de Corones, repitiendo la etapa de hace dos años donde Alberto Contador dio un golpe de mano en su camino a la victoria final. Seguido, un parcial sin un metro llano que concluirá en Peio Terme, o lo que es lo mismo, las primeras estribaciones del Stelvio. Y dos jornadas después, en lo que será la antepenúltima etapa, se tira de tradición para plantear un terrible trazado con final en el durísimo terreno rompepiernas de Aprica… previo paso por el Mortirolo, puerto mítico donde los haya, donde los principales favoritos tendrán una buena oportunidad de marcar diferencias.
Sin embargo, es de preveer que no aprovecharán del todo esta ocasión. Se reservarán de cara al día siguiente, de cara al monstruoso penúltimo parcial. El trazado, demencial, recorre 178 km que abarcan cinco puertos. El primero, Forcola de Livigno, compondrá cuarenta kilómetros de subida constante, con la única interrupción de apenas una decena de kilómetros de falso llano. Eira y Foscagno, de menor entidad, servirán para no dejar terreno de recuperación y llegar cuanto antes al mítico Gavia, Cima Coppi con sus 2618 metros de altura y que suele dejar espectaculares estampas en la retina del aficionado. Como colofón se subirá al Passo del Tonale, relativamente flojo para ser un primera, que supondrá un último envite para los favoritos, quien sabe si el golpe de gracia para más de uno. El último parcial de la carrera será una contrarreloj de quince kilómetros quebrados en los alrededores de Verona, que dará los últimos cincelazos a una general que seguramente ya llegará definida… o deparará unos kilómetros para el infarto.

Ya no es el ejército de Pancho Villa

«Ha sido un mes de ensueño», decía ayer Igor González de Galdeano en su Twitter. El máximo responsable deportivo de Euskaltel expresaba así su satisfacción por un abril donde su equipo consiguió cinco victorias. Se trata del tercer mes más exitoso de toda la historia del conjunto vasco, sólo por detrás de los mayos de 2000 y 2004, cuando los ‘naranjas’ consiguieron seis triunfos. Pero, más que el qué, a Galdeano le importa el cómo. «Sumando grandes trabajos de equipo que se reflejan en victorias».
El paradigma de esto fue el esprint victorioso de Pablo Urtasun en la primera etapa de la Vuelta a Asturias, llegado tras un trabajo ejemplar por parte de todos los hombre de Euskaltel: consecuencia directa de la insistencia del propio Igor Galdeano en la palabra «bloque». Es su filosofía desde que llegara a la dirección deportiva reemplazando a Julián Gorospe: convertir lo que José Antonio Ardanza (presidente de la compañía Euskaltel) denominaba como «ejército de Pancho Villa» en una escuadra compacta y con las ideas claras. El propio Urtasun puede dar fe de que lo ha conseguido, al igual que un Koldo Fernández de Larrea que aún no ha estrenado su palmarés a pesar de haberse beneficiado del trabajo de sus compañeros en cada prueba donde ha estado presente. Porque, aunque el bloque facilita las victorias, en los momentos decisivos es imprescindible contar con un corredor capaz de marcar la diferencia.
Una de las claves del excepcional abril de Euskaltel ha sido, precisamente, el desempeño de su ciclista de mayor calidad: Samuel Sánchez. El asturiano ha aportado dos triunfos al bagaje del equipo. El primero llegó en el cuarto parcial de la Vuelta al País Vasco, gran objetivo de la temporada para los ‘naranjas’. Allí, Samuel se impuso en la cima del emblemático Santuario de Arrate gracias al consentimiento de Alejandro Valverde, que le dejó ir en los últimos metros en un gesto que a la postre quizá le costara la general de la Itzulia. La segunda victoria del asturiano fue la Klásika Primavera de Amorebieta, donde llegó a meta en solitario tras atacar en la última subida al alto de Gárate y arriesgar en el descenso. En el debe de Samuel queda su dimisión de las clásicas de las Árdenas, donde parecería lógico que hubiera aprovechado el buen momento de forma mostrado en las pruebas vascas de principio de mes.
Sin embargo, la pléyade de aficionados de Euskaltel no le echaron de menos. Para ocupar su lugar estuvo Igor Antón. ‘Fuji’ ha dado este mes un paso más en su crecimiento ciclista, justamente cuando se levantaban voces críticas poniendo en duda su progresión deportiva. El galdakoztarra derrotó en la tercera etapa de la Vuelta a Castilla y León, con final en el Alto del Morredero, a un Alberto Contador ante el cual tuvo que ceder en la contrarreloj que decidió la general final de la ronda. Precisamente con el madrileño y otros grandes escaladores se batió el cobre en Flecha Valona y Lieja – Bastogne – Lieja, pruebas en las que fue cuarto y séptimo desempeñándose con descaro y haciendo olvidar la ausencia de Samuel.
Pero si ha habido una sensación esta primavera en el seno de Euskaltel, ése ha sido Beñat Intxausti. A sus 24 años, el de Amorebieta llegó en 2010 al conjunto cuya ligazón con la estructura de Saunier Duval y Seguros Bilbao sub 23 (y las filias y fobias existentes entre los cuadros directivos de las distintas escuadras) le impidió formar filas antes. Intxausti inició su mes con un tercer lugar en la general de la Vuelta al País Vasco y lo concluyó con el mismo puesto en la Vuelta a Asturias, lo que sumado a su victoria en la contrarreloj de la prueba asturiana refrenda un abril fenomenal.
Da la sensación de que el jovencísimo escalador recorre la senda de otro hombre al que le crecían las alas cuando la carretera picaba hacia arriba. Recuerda a aquel Iban Mayo que parecía destinado a guiar los destinos de Euskaltel durante mucho tiempo y se quedó en el camino debido a que su cabeza no acompañaba a unas condiciones físicas excepcionales. Pero, llegue o no Beñat Intxausti a tomar los galones que dejó huérfanos Mayo, siempre quedará la labor de Igor Galdeano. Con él al frente, el conjunto vasco no volverá a ser aquel ejército de Pancho Villa que tanto disgustó en su día a Ardanza.

Dos dedos de desquicio

En un deporte tan poco dado a la excentricidad de sus protagonistas como el ciclismo, que un corredor celebre su victoria con un corte de mangas y un ‘fingers up’ (levantar dos dedos de la mano con la palma orientada hacia la cara, signo equivalente en Gran Bretaña a la peineta española) resulta chocante y, sobre todo, polémico. Este gesto, la imagen de la semana del ciclismo mundial, lo realizó Mark Cavendish ayer tras imponerse en la segunda etapa del Tour de Romandía. Y viene a ser la penúltima de las salidas de tono que el corredor de Columbia lleva protagonizando toda la temporada.
No es fácil ser Mark Cavendish (1985, Isla de Man). El británico, conocido como Manx Express, irrumpió fulgurantemente en el primer plano del deporte de la bicicleta con cuatro etapas en el Tour de Francia de 2008, con 23 añitos recién cumplidos. No llegó de sopetón a la élite: antes fue un destacado ‘pistard’ y pasó dos campañas fogueándose en el calendario semiprofesional alemán. Incluso fue expuesto a presión un año antes del Tour de su explosión, precisamente en la misma Grande Boucle. La ronda francesa salía desde Londres, capital británica, y T-Mobile llevó a Cavendish como reclamo mediático y teórico aspirante a la victoria en el prólogo. El fracaso, con un 69º puesto, fue asumido con resignación.
Cavendish, sin embargo, no es un ciclista acostumbrado a fallar. Acostumbra a marcarse objetivos y conseguirlos sin despeinarse. Favorecen esto unas condiciones físicas magníficas e inusuales: tren superior potente, piernas cortas pero enormes, impresionantes en directo, capaces de alcanzar velocidades punta epatantes en muy poco tiempo. A pesar de su corpulencia, su baja estatura le da margen de progresión para superar pequeñas subidas a poco que se lo proponga; ya lo hizo de cara a la Milán – San Remo y el Tour de Francia de 2009, y en ambas citas cumplió sus expectativas con una serie de victorias inapelables frente a lo más granado del pelotón mundial.
Este año, sin embargo, todo ha sido distinto para Cavendish. Su sonrisa destilaba un poso de amargura, no era feliz y se notaba en todos los aspectos. Se presentó a sus primeras citas de la temporada fofo, bajo de forma; en casi todas las pruebas llegaba descolgado, dando un rendimiento indigno para quien se supone uno de los paladines del ciclismo mundial y líder del equipo que lleva tiempo erigido como gran dominador de las llegadas masivas. Mark se excusaba en una infección dental, solventada a medias en Paraguay, patria de su actual pareja sentimental.
El mundillo ciclista, sin embargo, no se conformaba con estas explicaciones. Debía haber explicaciones más allá, y el propio Cav acabó dándolas en una entrevista al ahora tabloide Sunday Times. Aparte de la inexcusable presión deportiva, Manx Express explicaba que la ruptura con su anterior prometida, el encarcelamiento de su hermano por tráfico de drogas y el grave accidente de Jonathan Bellis (Saxo Bank), uno de sus mejores amigos en el pelotón, resultaban un cóctel difícil de digerir para su mente. Y que, en consecuencia, su preparación para la temporada ciclista no había sido la mejor posible. No sabía cómo decirlo, cómo explicar al público que si se arrastraba por las carreteras era porque su mente le arrojaba al suelo.
A todos estos factores se sumó, quizá como uno más o como una consecuencia de ellos, su pique con André Greipel. El poderoso velocista alemán, compañero de equipo y gregario en otros tiempos, ha confirmado durante las dos campañas precedentes un nivel altísimo, casi el mismo que el propio Cavendish. El mánager de Columbia, Rolf Aldag, apostó a principios de temporada por dar a ambos gigantes de la velocidad calendarios separados donde ambos aprovecharan al máximo sus cualidades sin solaparse mutuamente; la misma fórmula que en años anteriores. Pero esta vez no funcionó.
Fue Greipel quien tiró la primera piedra tras Milán – San Remo. La cita, uno de los Monumentos del ciclismo, correspondía a Cavendish por su mayor caché. El mediocre rendimiento del británico en comparación con un Greipel que ya contaba con seis victorias en su palmarés en aquellas alturas de la temporada, sugería el desastre a priori. La carretera confirmó las sensaciones: el resultado fue desastroso. Totalmente fuera de forma, Cavendish se descolgó por primera vez a media carrera y acabó por ceder a casi cuarenta kilómetros de meta. Esto desató el malestar del Greipel, quien no dudó en afirmar que sus actuaciones habían sido buenas y merecía haber estado en la salida del Monumento italiano. Describió el quedarse fuera del ‘ocho’ de Columbia para la prueba como «un bofetón en la cara».
Un Cavendish totalmente fuera de sí mismo no se cortó a la hora de realizar unas contradeclaraciones a The Guardian que luego achacó a los antibióticos que le hacían tomar para sus problemas dentales. «Yo en mala forma soy mejor que Greipel. Lo que el diga no me importa, soy mejor corredor». Y aún añadió una puya para escenificar la ruptura: «no hay ninguna opción de que venga a una carrera donde yo participe». La guerra ha continuado después, y parece destinada a saldarse con la salida de uno de los dos esprinters del equipo Columbia. Greipel acaba contrato este año y se le ha relacionado insistentemente con Omega Pharma – Lotto; Cavendish, por su parte, no cesa de escuchar cantos sirena desde Sky, dirigido por su mentor Dave Brailsford.
Ayer era difícil saber a quién dirigía el británico sus gestos obscenos. Las primeras interpretaciones señalaban a Greipel, que acababa de realizar otras polémicas declaraciones a Sport-Bild. Pero Manx Express se encargó de desmentirlo rápidamente, faltando de paso el respeto a otros componentes del mundillo ciclista: «se lo dedico a los periodistas que me daban por acabado y no entienden un pijo de ciclismo». La interpretación, sin embargo, va un poco más lejos. Mark Cavendish ayer le decía a todas sus frustraciones que ya las había olvidado, que volvía a estar en el primer nivel. Y que nos preparamos para volver a contemplar a un superclase de la velocidad en acción.

Vinokourov contra la memoria del ciclismo

El pasado domingo, Alexandre Vinokourov dejó atrás a Alexandr Kolobnev en los últimos compases de la Cöté d’Ans para imponerse por segunda vez en la Lieja-Bastogne-Lieja. El kazajo entró en meta extendiendo los brazos, lanzando besos, aplaudiendo, loco de alegría por volver al primer plano del ciclismo. Su gesto de torció cuando subió al podio, recogió su trofeo… y el público le abucheó.

El ciclismo es un deporte de memoria y sentimientos. Los resultados permanecen en los papeles, pero el recuerdo de los aficionados se compone de sensaciones y no de números. La victoria de Vinokourov fue recibida por los belgas presentes en la meta de Ans como una ofensa después de que el kazajo protagonizara en 2007 uno de los positivos más sonados de la historia. Un positivo especialmente sangrante por cómo intento tomar el pelo al mundo del ciclismo antes, durante y después de que un control antidopaje delatara que había recurrido a una transfusión homóloga (de sangre ajena) para aumentar su rendimiento.
Alexandre Vinokourov (1973, Petropavlosk) no fue nunca un ángel. Al contrario, siempre resultó un ciclista controvertido, de gran calidad y mayor víscera. Ello le convertía en un corredor combativo en carrera, agradable para el aficionado pero incómodo para los compañeros, que veían como el insaciable kazajo no hacía más que reclamar más trozo del pastel competitivo, más presencia en carrera. Llegó a reclamar el liderazgo del Telekom en pleno esplendor de Jan Ullrich y a atacar a por la victoria (con éxito) en la llegada a los Campos Elíseos del Tour de Francia de 2005, en un coto habitualmente vedado para caza de los esprinters donde sus ganas de lucha le llevaron a triunfar.
Era un corredor polivalente, querido y amado, hasta que los delirios de grandeza comenzaron a pesar demasiado en su cabeza. Su inmenso poder fáctico en Kazajastán, procedente de su condición de deportista insignia del país y su amistad con los más altos mandatarios, hizo posible que las principales empresas del país le proporcionaran dinero para financiar la estructura de Manolo Sáiz en cuyas filas formaba (aquel Liberty Seguros defenestrado por la OP) y luego una escuadra propia, el Astaná con que tomó parte en el Tour de Francia 2007. En él, Vinokourov contaba con sus habituales cualidades y el respaldo de una pléyade de gregarios excepcionales como su compatriota Andrei Kasheckin, Andreas Klöden o Paolo Savoldelli. El objetivo no era otro que el maillot amarillo.
No aprovechó Vinokourov la oportunidad de ganar en buena lid. Fue perdiendo tiempo en todas las etapas decisivas hasta quedar a casi ocho minutos del líder Rasmussen antes de la importante crono de Albi, en la segunda semana de la carrera. En ella, el kazajo perpetró su primera exhibición, distanciando al siguiente (un consumado especialista como Cadel Evans) en más de un minuto. La segunda, más estratosférica si cabe, la realizó camino de Loudenville, en la mítica etapa en la cual Alberto Contador y Michael Rasmussen libraron un espectacular mano a mano en el Col de Peyresourde. Vino aventajó en un minuto al segundo en la línea de meta después de pasar todo el día fugado. Y de haber perdido media hora el día anterior en Plateau de Beille.
Las sospechas suscitadas por estas prestaciones se confirmaron al día siguiente, mientras el corredor declaraba gozoso en L’Équipe que su presencia inspiraba «respeto en el pelotón». El 24 de Julio, día de descanso, salía a la luz su positivo en la crono de Albi. Transfusión homóloga, un término con el cual los aficionados al ciclismo se familiarizaron dolorosamente durante un tiempo. Todo el Astaná tuvo que abandonar la carrera, con gesto compungido y en furgonetas; parecían más presos que ciclistas. Vinokourov, por su parte, montó su teatro y echó la culpa del positivo a las alteraciones que le pudo haber generado una caída en la quinta etapa.
Los actos que vinieron después continuaron el esperpento. Vinokourov anunció su retirada y se parapetó tras la Federación Kazaja de Ciclismo para recibir un único año de sanción y no pagar su sueldo de 2007 como multa tal y como contemplaba el Código Ético que tuvo que firmar aquella campaña para participar en las carreras ProTour. La UCI, errática, no consiguió hacer pagar a Vino, pero sí extender su sanción hasta los dos años que la normativa vigente impone como máxima para los culpables de dopaje. Ello no impidió que la sombra del kazajo permaneciera presente en el ciclismo mundial a través de declaraciones periódicas y de su imprescindible intermediación para la supervivencia del equipo Astaná.
Ahora, después de un exitoso ensayo a finales de 2009, Vinokourov ha vuelto al primer plano del ciclismo mundial. Pero lo hizo entre abucheos. La memoria de los aficionados tocó los sentimientos del kazajo, que al día siguiente mandó una carta abierta a los medios de comunicación donde afirmó no querer «ser el único y muy fácil objetivo de todos los males del ciclismo». El escepticismo volvió a reinar en los aficionados más suspicaces, que habían visto con indignación no sólo la victoria de Vinokourov, sino la compañía que tuvo en el podio de un Alejandro Valverde que sigue corriendo aun con la espada de Damocles de la sanción provocada por el CONI pendiente sobre su cabeza.
Es difícil determinar si los aficionados tienen o no razón afeando al corredor kazajo. Más allá de las filias y fobias que despierte el personaje, Vinokourov ha purgado sus penas pasando dos años sin competir. Es cierto que no cumplió la sanción completa al no ingresar su año de sueldo en las arcas de la UCI; pero sí el grueso de la misma. En teoría, tiene derecho a participar en todas las carreras que desee, derecho a ganarlas, a retirarse o a llegar fuera de control. Sin embargo el aficionado, el auténtico termómetro del ciclismo mundial a través de sus memorias y sensaciones, ha juzgado que no es digno de ello por toda la controversia que su caso, que junto al ‘affaire’ Rasmussen estuvo a punto de tumbar la carrera más grande del mundo, despertó. Aunque no tiene por qué tener razón, habrá que escuchar al público. Y Vinokourov, por su bien, deberá convencerlo.

Peter Sagan: un proyecto de ciclista total

«Esto es un ciclista», dijo el CEO de Cannondale Rory Masini en su blog el día que consiguió la victoria en la tercera etapa de París-Niza. La gran sensación del panorama ciclista mundial es eslovaco, corre en Liquigas y se llama Peter Sagan.
Sumando el primer parcial del Tour de Romandía obtenido hoy a las dos etapas de París – Niza que se llevó en el mes de marzo, son tres las victorias que Peter Sagan (1990, Zilina) luce en su palmarés en su año de neoprofesional. Los tres triunfos los ha conseguido el eslovaco en el más alto escalón, en el calendario ProTour e Histórico que configuran el primer nivel del deporte de la bicicleta. Prácticamente sólo ha corrido pruebas de este nivel (apenas cuatro días de competición en el Europe Tour), indicador de la tremenda confianza que tienen depositado en él los gestores del equipo Liquigas y, sobre todo, de su irresistible calidad.
Lo que más llaman la atención en la temporada de Sagan, sin embargo, no son tanto los resultados como el desempeño. Fuera de la bicicleta es callado y educado, apenas hay entrevistas con él porque no maneja con soltura en inglés. Sobre ella sucede al revés: es polivalente y descarado. En su primer día de competición entró en la fuga del día junto a dos hombres con Tours de Francia en el palmarés como Lance Armstrong y Óscar Pereiro, luciéndose en el llano. En la segunda etapa que se llevó de París – Niza ganó demarrando en un repecho, derrotando en su terreno a superclases como Alberto Contador o Alejandro Valverde. Ayer fue segundo en la crono que hizo de prólogo en el Tour de Romandía, por delante de reconocidos contrarrelojistas como Michael Rogers o su coequipier Roman Kreuziger. Hoy, en la primera etapa de la ronda suiza, ha ganado un esprint masivo con una ‘volata’ potente, 200 metros cara al aire para superar a velocistas como Francesco Gavazzi o Robert Hunter.
No hay terreno que se le resista. Peter Sagan incluso se atrevió a probar en París – Roubaix, donde no fue capaz de concluir. «Aún no sé lo que soy», reconocía con sencillez aquellos días. Había que probar: ya había sido segundo en la versión junior del ‘Infierno del Norte’, sólo superado por el inglés Andrew Fenn, en el mismo 2008 en que se coronó campeón del mundo de mountain-bike. Y es que esa es otra de las condiciones que hacen hablar de Sagan como ciclista total: ha ganado un Mundial de Mountain Bike junior y sido segundo en el de ciclocross sub 23, amén de sus exitosas incursiones en carretera animado por su hermano Juraj, al cual incorporará consigo a Liquigas la próxima campaña.
No es sencillo recordar una irrupción más fulgurante en el ciclismo de primer nivel; quizá Vanderbroucke se acerque un poco a sus prestaciones, pero no a sus resultados. La pregunta ahora es hasta dónde llegará el fenómeno Sagan. Con contrato firmado hasta 2012 con Liquigas, posiblemente el bloque más potente del ProTour, e infinitas posibilidades físicas, cabe preguntarse (como con Boasson Hagen) hacia dónde se autolimitará Sagan en este ciclismo moderno donde la especialización es una condición sinecuánime para ser un campeón. Tal vez hace treinta años un talento como el de Sagan pudiera haber marcado historia a la altura del ‘Caníbal’ Eddy Merckx como ciclista total capaz de batirse con los mejores en terrenos tan dispares como Milán – San Remo, París – Roubaix o el Tour de Francia. O tal vez sus magníficas condiciones le permitan incluso hacerlo en la actualidad…

Caja Rural, un soplo de aire fresco

Dentro del asfixiante panorama del ciclismo español cada soplo de aire fresco se celebra con alegría. Sucedió a finales de marzo, cuando la estructura Murcia (de categoría profesional el año pasado) consiguió salir a las carreteras una campaña más gracias a una fusión con el continental griego Heraklion, con unos medios modestos pero suficientes. Es el noveno equipo profesional de filiación española presente en el pelotón mundial, el segundo de nuevo cuño. El primero es un conjunto que marca un hito dentro de un proyecto al que se queda corto tildar de «a largo plazo»: Caja Rural.

El porqué se queda corto este apelativo salta a la vista cuando repasamos los diecisiete años que esta estructura navarra lleva en el campo aficionado. Con el apoyo de este patrocinador histórico, que ya diera nombre a un conjunto de primer nivel dirigido por Txomin Perurena que contó con Marino Lejarreta y Mathieu Hermans en 1988 y 1989, el Club Ciclista Burunda sacó a las carreteras un equipo amateur de alto calado, siempre con la vista puesta en el salto a cotas superiores. «La idea de hacernos ‘pros’ viene de lejos», reconoce Eugenio Goikoetxea, director deportivo y artífice junto a Iñaki Juanikorena de esta aventura, «pero gracias a los espónsor hemos podido llevarla a cabo en pocos meses. Empezamos a movernos seriamente en verano».
El tener equipo continental no lleva aparejada la desaparición de la escuadra aficionada («para conservarla hemos comprado una infraestructura nueva: dos autobuses, varios coches nuevos de Skoda…») ni su debilitamiento. Tampoco significa, sin embargo, que el Caja Rural aficionado sea el único conjunto amateur del cual se vaya a surtir el continental, desobedeciendo la política de filiales y ‘equipos convenidos’ que tanto daño hace en el panorama elite y sub23 español. Y éste tampoco será un polo de atracción para acumular grandes talentos a base de promesas: «ninguno de los ciclistas que hemos incorporado este año al amateur ha venido con compromiso de pasar el próximo a continental». Se dijo que con Ryabkin era así, «pero en realidad queríamos tenerlo y no pudimos darle cabida en el continental por tema de cupos de extracomunitarios».
Hacía varios años que la subida de Caja Rural a continental pululaba por lo mentideros ciclistas. Siempre asociada a Caisse d’Épargne que, se rumoreaba, ayudaría al conjunto navarro a cambio de que fuera un coto privado para ‘cazar’ talentos. Sin embargo, este extremo no es del todo real. «Somos un equipo puente, filial de todos y filial de nadie». La intención es que cualquier escuadra de mayor nivel se fije en los ciclistas que visten este año el maillot verde para reforzarse; «ojalá la temporada que viene no quede ninguno de los de 2010 con nosotros». Si es cierto, sin embargo, que el equipo de Echavarrí y Unzué ha recomendado ciclistas para que Caja Rural los incorpore; alguno llegó, otros no. El caso paradigmático es el de Michal Kwiatowski, que debuta como profesional en Caja Rural esta campaña y tiene firmado contrato para 2011 y 2012 con Caisse. «Será muy bueno dentro de dos o tres años», comenta Goikoetxea. Por lo pronto, el polaco ha mostrado combatividad en casi todas las pruebas en las que ha tomado parte.
Kwiatowski no es el único puntal de los verdes. La plantilla está compuesta de quince corredores, nueve de ellos menores de 25 años y diez neoprofesionales, algunos del talento de Egoitz García o David De la Cruz. O el uruguayo Fabricio Ferrari, que pasa pros un poco tarde pero ha mostrado su calidad desde el primer momento con actuaciones como la del GP Llodio (4º). «Cuando coja experiencia nos dará más de una alegría», vaticina su director. Desde el pelotón portugués llegaron el ex Cartaxo Aketza Peña («aporta veteranía») y el ex Liberty Vitor Rodrigues («es muy conocido en Portugal y muy buen escalador»). También firmaron, provenientes de Murcia – AMPO, Rubén Reig y Oleg Chuzda. Y la joya de la corona de Caja Rural, José Herrada.
El de Mota de Cuervo es, sin duda, el líder de los verdes. «También están Aketza y Rodrigues para las generales», puntualiza Goikoetxea. «Pero es muy bueno. Ya ha estado en varios equipos superiores, pero incomprensiblemente no se han fijado en él. Se le ve con ilusión y va a disputar el mejor calendario posible». Y repite un deseo en voz alta: «ojalá el año que viene esté en un Caisse d’Épargne o similar…». Lo cierto es que Herrada se ha erigido en el ciclista más destacado del conjunto navarro, mostrando su talento para la escalada y combatividad en cada ocasión propicia. Alguna vez, incluso, se ha visto a Caja Rural controlando el pelotón en su favor, para ser tercero en el Tour de Normandía ó décimo en la Klásika Primavera.
Herrada es autor de parte de las actuaciones que hace a Goikoetxea hablar de un balance «positivo. Hemos dado la cara a través de escapadas y en el pelotón, hemos batallado por doquier, sólo nos falta rematar y conseguir una victoria». Hasta ahora han tomado parte en todas las carreras españolas excepto la Challenge de Mallorca y la Clásica de Almería y en varias carreras francesas gracias a la mediación de la empresa de management Velofutur. Las perspectivas incluyen, amén del calendario español (lo correrán completo, excepto las pruebas citadas antes y la Vuelta a Burgos) más carreras francesas y la posibilidad de participar en la Vuelta a Portugal gracias a la presencia de Vitor Rodrígues («tenerlo en plantilla nos abrirá puertas», insinúa).
Pero antes el reto estará en la semana asturiana, que comienza mañana con la Subida al Naranco y continuará hasta el domingo con la Vuelta a Asturias. Una buena oportunidad para comprobar cómo evolucionan las cosas en Caja Rural, un auténtico soplo de aire fresco para el pelotón español.
Foto: Francis Ruiz

¿Por qué Evans no levanta los brazos cuando gana?

Cuando una persona tiene miedo a algo, normalmente no es capaz de dominarlo. Suele ser al revés. Es el miedo quien domina a quien lo sufre, conduciéndole a actuar como no desearía. La única manera que tiene la persona de superar ese terror que le atenaza es afrontarlo, encararlo y demostrarse a sí mismo que no tiene por qué depender a él.
Cadel Evans ha padecido miedo a perder desde su paso por el traumático T-Mobile de 2004, aquel que teniendo en plantilla a Botero, Ullrich, Klöden, Vinokourov, Savoldelli y él mismo se vio afectado por una plaga de lesiones increíble. Ese equipo no sólo fue el de los contratiempos físicos, sino también el de los complejos. Aún con las magníficas balas de que disponía en la recámara, el conjunto rosa fue incapaz de inquietar a Lance Armstrong en su camino hacia el sexto Tour consecutivo. De inicio no pudo contar con tres de sus puntales por las lesiones; su líder, Jan Ullrich, estaba acomplejado después de su derrota ante el superclase tejano en la Grande Boucle del año anterior; el segundo espada, Andreas Klöden, tenía complejo de eterna promesa; un baluarte sólido como Botero tenía complejo de inferioridad por sentirse cola de león entre tanta estrella; incluso el hasta entonces infalible Erik Zabel se veía superado por otros esprinters como McEwen ó Boonen.
T-Mobile era un equipo repleto de traumas, todos distintos y repartidos entre los distintos componentes del equipo. A Cadel Evans le tocó el miedo a perder, el miedo al ridículo en los escenarios grandes. Miedo a no dar la talla en las citas importantes, en mostrarse demasiado ansioso y caer por sus propios errores. Su estrategia para evitar todo esto fue la inacción, la mejor manera de no cometer ningún error ni ningún acierto. Siempre que pudo, Evans se mantuvo a rueda, sin intentar ofensivas que no pidiera estrictamente el guión de la carrera y consiguiendo sus victorias de relieve en las contrarrelojes, donde no le quedaba más remedio que salir de su parapeto y enfrentarse al resto de competidores uno contra uno.
La temporada pasada, después de casi tres años de rondar victorias de cierto calado sin conseguir ninguna, algo hizo ‘clic’ en el ciclista australiano. Hasta 2009, su escasa combatividad había pasado casi inadvertida en el marco de la era de ciclismo sin carisma que ahora toca a su fin y entonces acababa de rebasar su apogeo. Pero una serie de actuaciones que rozaron lo patético le convirtieron en objeto de cierto escarnio dentro de un sector del ambiente ciclista. Un Dauphiné donde se dejó arrebatar la victoria a manos de Valverde, un Tour decepcionante; hasta llegar a la Vuelta, donde no consiguió ventaja cuando pudo y un pinchazo en Sierra Nevada dio al traste con sus aspiraciones de ganar sin levantarse del sillín.
Aquel día, en la montaña granadina, a Evans le cambiaron los esquemas. Era necesario ser más valiente, como lo había sido en los días desesperados de Julio donde intentó compensar su mala actuación con fugas de salida. Si con su actitud pasiva era bueno, con una actitud más atrevida podría ser grande. El día que Evans constató esto en los Campeonatos del Mundo. Allí, en Mendrisio, saltó a un movimiento de ‘Purito’ Rodríguez y Kolobnev y después realizó un ataque sagaz, a contrapié para sus rivales, en un falso llano. Ninguno de sus rivales fue capaz de seguirle, y el ciclista australiano pudo entrar en meta relajado, celebrando y sin levantar los brazos…
Ése es el único tic que le queda a Cadel Evans de su trauma adquirido en T-Mobile. Por alguna razón, entra en meta sin levantar los brazos, en un gesto que puede llegar a ser tan característico como el ‘pistolero’ de Contador, el botellín de Purito o las fanfarronadas de Cavendish. No se deja llevar por el júbilo, ya sea en el incomparable marco de Mendrisio o en un apretado esprint de la Semana Coppi-Bartali; no se yergue sobre la bicicleta. Hay que retrotraerse a la etapa de la Semana Internacional que se llevó en 2008 para verle alzarse en meta. Tal vez tiene miedo de pecar de confiado y que alguien le supere en el último golpe de riñón, de que le suceda lo mismo que a su entonces compañero Zabel con Freire en la Milán – San Remo de 2004
La evolución de Evans, de un año a otro, queda patente si comparamos las Flecha Valona de 2009 y 2010. La campaña pasada, su impericia para los cambios de ritmo le hacía convertir cada ataque en un acto desesperado que precedía a la derrota más frustrante; hoy, el australiano se ha manejado sin ansiedad, aguantado el ritmo de Contador e Igor Antón (cuyos respectivos ‘rushes’ finales fueron excelentes e insuficientes, en sintonía con el trabajo de sus equipos) para después remachar cuando era necesario.
El día de hoy parece haber sido la confirmación de un necesario cambio de tendencia para el australiano. Aún es preceptivo esperar un par de grandes citas más para dilucidar si definitivamente el actual portador del maillot arcoiris se ha convertido en el campeón que su talento prometía y su actitud negaba. Por lo pronto, parece que lo ha conseguido; ahora, con el peso de un equipo hecho a su medida -BMC- sobre las espaldas, Cadel Evans ha dado el último paso hacia su madurez como ciclista. Ha perdido el miedo a perder.