Sublime Garmin

En un inicio de Tour de Francia donde el ojo de la polémica ha estado situado sobre los hombros de Alberto Contador y el 1’38” cedido por éste ante un Andy Schleck frío y camuflado en su Leopard Trek, el plano deportivo está teniendo varios protagonistas meritorios. Philippe Gilbert estuvo espléndido en la etapa inaugural y espera ávido el final en el Mur de Bretagne que tendrá lugar mañana. Cadel Evans se ha mostrado excelentemente impulsivo ante lo que desde su entorno se percibe como “una gran ocasión de ganar el Tour”; ayer tiró de sus coequipiers de BMC hasta un excelente segundo puesto en la CRE. José Joaquín Rojas, por su parte, está haciendo acopio de sus variadísimas virtudes y enfocándolas en imponerse en la clasificación de la regularidad, cuyo maillot verde ya relega a su deseado entorchado de campeón de España…
Pero el gran nombre es, sin duda, Garmin. La victoria en la crono por escuadras de Les Essarts y el esprint ganador de Tyler Farrar en Redon suponen un culmen para la labor del mánager Jonathan Vaughters y su pléyade de técnicos y ciclistas. Dos grandes éxitos que recompensan a la perfección su filosofía de trabajo, de conjunto y detalle, por llegar en el inigualable escenario del Tour de Francia y, sobre todo, por su naturaleza colectiva y solidaria.
En los 23 km del domingo se vio un Garmin conjuntado, capaz de optimizar al máximo sus recursos y llegar al final del recorrido con los seis ciclistas aconsejables: cinco para marcar el tiempo y uno de reserva. La CRE es una disciplina especial donde para triunfar es necesario tener una técnica depurada y una táctica calculada que permitan quemar las naves en el momento adecuado a la par que se mantiene un ritmo máximo. Garmin la domina gracias a un trabajo concienzudo y continuo que, sin embargo, llevaba desde febrero de 2009 (crono inaugural de la Vuelta a Qatar) sin resultar en una victoria para el conjunto conocido como ‘argyle’ por los rombos escoceses que luce en el maillot desde su creación.
Entre los tres corredores descolgados en la crono por equipos figuraban dos de los vagones claves del triunfo de hoy, Tyler Farrar y Julian Dean. Guardaron energía, su CRE duró unos kilómetros menos, y eso lo han notado en la ‘volata’ de hoy. En ella emergieron a rueda de un superlativo David Millar a menos de un kilómetro de meta, aprovechando el descontrol generado por los acelerones de Danilo Hondo y Geraint Thomas, la caída de Samuel Dumoulin y el exceso de confianza de un HTC desarbolado. Una vez en cabeza, Thor Hushovd arrancó y les ofreció su preciada rueda de campeón del mundo y vigente líder del Tour de Francia, humildad y compañerismo ante todo…
A pesar del duelo planteado por Rojas y el golpe de riñón final de Feillu, la victoria de Farrar fue clara. Para hacer aún más sublime la actuación de Garmin, el esprinter americano entró en meta formando una W con las manos en recuerdo de su fallecido amigo Wouter Weylandt. Entre la adrenalina y el trabajo duro, fue la dosis de emoción necesaria para encumbrar al excelso conjunto de Jonathan Vaughters.
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El destino, ciego, se llevó a Wouter Weylandt

Los humanos sabemos que la muerte es algo consustancial a la vida, pero aún así luchamos por evitarla. Para eso tenemos el instinto de autoconservación: eludimos el peligro y nos enfrentamos a él buscando la huida de lo inevitable. Intentamos ignorar la muerte, latente en cada uno de nuestros pasos y dispuesta a irrumpir cuando el destino decida que es el momento. No nos resignamos a esperar ese momento sin más porque también sabemos que el destino, ese ente hecho de consecuencias y revestido de casualidades, se maneja en base a una lógica que le hace cruel. Frío. Ciego.
Hoy la ceguera y la frialdad del destino han acabado con la vida de Wouter Weylandt. 26 años, belga, clasicómano y esprinter de segundo nivel encuadrado en el Leopard Trek de los hermanos Schleck. La lógica humana dictaba que no debería haber muerto hoy, como no debería morir ninguno de los otros 206 participantes de este Giro de Italia. Menos aún estando su mujer encinta y con el parto planificado para septiembre.
Sin embargo, la racionalidad del destino se resuelve a sí misma por otros cauces, violentando a la humana y manejándola a su voluntad. Los designios de las personas dictaban que Wouter no debería haber estado compitiendo en el Giro de Italia, sino descansando en casa y preparando la Vuelta a Bélgica, a disputar a finales de mes. Pero (ay, destino) Daniele Bennati, esprinter de Leopard para la ‘corsa rosa’, se cayó en el Tour de Romandía con resultado de una fractura de clavícula. Weylandt fue llamado a filas para reemplazarle.
La de hoy ha sido la última caída de Wouter Weylandt, pero no la primera. Su oficio de velocista le había hecho golpearse contra el asfalto en muchas ocasiones. La penúltima fue en la pasada Scheldeprijs. Ahí, la providencia provocó que Tyler Farrar, su mejor amigo, hiciera el afilador con Mark Cavendish y cayera delante de él, que aunque frenó no pudo evitar arrollar al americano y dar un tremendo topetazo con su rueda trasera a una espectadora.
Quien sabe qué cadena de causas y efectos de consecuencias fatales puso en marcha esta vez el destino en su ciega lógica para hacer caer al antiguo corredor de Quick Step en el Passo del Bocco, una tachuela situada a 25 kilómetros de meta. El destino orquestó con saña su maniobra, porque el belga fue a parar contra un muro y perdió la vida en el acto.
Cesó su aliento y se cortó también la respiración del mundo del ciclismo, un ente vivo con una conciencia común más arraigada de lo habitual en cualquier colectivo. Aficionados, corredores, directores, periodistas, desatendieron la carrera de inmediato porque, en el marco de la competición, estaba sucediendo un drama más importante que ella. Todos nos rebelamos contra la lógica del destino, quien había sesgado de cuajo la vida de uno de los nuestros. Todos nos rebelamos también contra la lógica de aquellas personas que, ajenas y con pésimo gusto, se recreaban en las imágenes del deceso por puro morbo, desatendiendo que en ellas se reflejaba el fallecimiento de una persona que sentía, padecía, anhelaba, se enfadaba cuando las cosas le salían mal, tuiteaba la ecografía de su futuro bebé desde una BlackBerry… De una persona que, como el resto de sus congéneres, soñaba. Soñaba con ser cada día mejor y pasar a la historia siendo un ejemplo y un héroe como todos aquellos que existen con dignidad y buenos valores.
Weylandt era un chico sano que se ganaba la vida pedaleando para otros corredores. Esta campaña trabajó principalmente para Cancellara y para Bennati; en otras lo hizo para Boonen. Era uno más del mundo del ciclismo, ese cuyos miembros luchan entre sí con ahínco por una victoria pero también se ayudan mutuamente, aunque ello requiera bajar al cauce de un río para salvar un coche, unas bicicletas, unas vidas valiosas por su valor espiritual y no por el lógico. Weylandt ganó tres clásicas de la Copa del Mundo sub23 y etapas en la Vuelta a España y en el Giro de Italia, pero eso ahora mismo importa poco en la memoria del aficionado al ciclismo. Wouter Weylandt ya es un héroe a quien cruelmente se llevó el destino, frío y ciego. Descanse en paz.

La "ruleta holandesa" del Giro de Italia

Rara vez los tres primeros días de una gran vuelta marcan tantas diferencias. La incursión del Giro de Italia en carreteras holandesas va a ser recordada durante muchos años, como sucediera con la Vuelta a España de la pasada temporada, por dos factores. El primero, la ingente cantidad de un público, el neerlandés, ávido de ver a los mejores ciclistas del mundo compitiendo en su país algunos días más aparte de los de la Amstel Gold Race y el ENECO Tour. El segundo, las constantes caídas provocadas por lo ratonero de las carreteras elegidas por la organización. Este último hecho ha sumido al pelotón entre el caos y la indignación. No cesan de levantarse voces críticas en su seno, como las de Pablo Lastras (“Estas carreteras holandesas no son las adecuadas para disputar carreras”) o Bradley Wiggins (“Hay demasiadas señales e isletas en la calzada”).
Pero en el tema de las caídas hay, además, un segundo punto al cual quizá no se da el relieve pertinente; es una cuestión de orden interno, casi imperceptible para el aficionado. La señala Lastras: “con la globalización del ciclismo, han llegado muchos ciclistas al pelotón sin el oficio ni el respeto necesario”. El abulense viene a poner de manifiesto cómo la mundialización ha traído consigo a corredores que no llegan a foguearse adecuadamente en el calendario europeo, el de las emboscadas y las rutas traicioneras, antes de enfrentarse a las carreras de alto nivel, aquellas donde a la dificultad del trazado se le suman una gran cantidad de rivales para ganar la posición en el pelotón y una velocidad endiablada.
No es cuestión de eurocentrismo, de “racismo” ciclista. También se queja de ello un ‘aussie’ como Cadel Evans, perjudicado por las caídas hasta el punto de perder el liderato en la segunda etapa: “cuando ves a ciclistas que se estrellan en carreteras completamente rectas, te preguntas si es que no saben montar en bicicleta, si no saben concentrarse o qué”. O el americano Cristian Vandevelde, que se fracturó la clavícula en el mismo parcial y comenta con resignación: “un tipo frenó delante de mí y me encontré con su rueda delantera”. Espectáculos como las decenas de caídas que tuvieron lugar en la segunda etapa [aquí enlace: http://www.youtube.com/watch?v=SM2VmLZKuaY ] podrían reducirse de contar los recién llegados al calendario europeo con algo más de experiencia en las, por lo general, complicadas rutas de las carreras del Viejo Continente.
En el terreno eminentemente deportivo, estos tres días de competición del Giro de Italia en los Países Bajos han venido a confirmar la mayoría de pronósticos y generar algunas sorpresas. En la contrarreloj inaugural, la victoria de Bradley Wiggins (Sky) hizo pensar que tal vez el británico decidiera tomarse en serio la lucha por la ‘maglia rosa’, sensación disipada de inmediato con los 37 segundos y 4 minutos cedidos en las dos siguientes jornadas.
Por otra parte, Brent Bookwalter (BMC) sorprendía a propios y extraños con un segundo puesto en el prólogo que ponía en duda el pronóstico general de que Cadel Evans apenas contaría con ayuda de su equipo en esta ‘corsa rosa’. De nuevo, la realidad vino a desmentir la sensación: en la segunda etapa en línea, el australiano se vio solo durante los kilómetros decisivos, cediendo casi un minuto debido a una caída y la ausencia total de sus coequipiers. A tenor de la gran condición física exhibida por Evans en el prólogo y en su lucha contra el viento y el pelotón de esos agónicos últimos metros camino de Middelburg, quizá sea el más fuerte de los aspirantes a la victoria final… pero también el más desprotegido.
No está tan fuerte Carlos Sastre. El hombre de Cervélo no tiene golpe de pedal, apenas lleva (¡contando el Giro!) una decena de días de competición y eso se nota. El Giro es largo, sí; pero el tiempo perdido en estos primeros compases de la prueba se echará de menos (o de más) conforme avance la carrera. Ya ha cedido en total 1’40” respecto del líder Alexandre Vinokourov, una barbaridad para quien busca una buena actuación en la general.
Los más sólidos entre los candidatos a la ‘maglia rosa’ son el actual portador Alexandre Vinokourov y los Liquigas Ivan Basso y Vincenzo Nibali. Respecto del primero, se le percibe atento, siempre en cabeza del pelotón y bien acompañado por los Tiralongo, Jufré o Grivko. En su contra juega su prematuro pico de forma, alcanzado en la Lieja – Bastogne – Lieja y que previsiblemente se disipará antes de la decisiva tercera semana del Giro. En cuanto a los segundos, Basso y Nibali, las vibraciones transmitidas por ambos son inmejorables. El varesino, sólido, sólo se ha dejado los 18 segundos del prólogo. Lo ‘Squalo’, por su parte, está situado en la general a apenas 5″ del liderato, lo que habida cuenta de la fortaleza de Liquigas podría vestirlo de rosa tras la CRE de mañana miércoles. Y a partir de ahí, quién sabe. Ya ganó Contador el Giro de 2008 viniendo de la playa…
Por último, cabe reseñar las pocas conclusiones que se pueden extraer de las ‘volatas’ que han resuelto los dos parciales en línea de este Giro que no ha hecho sino empezar. Tyler Farrar se mostró imperial en la primera etapa, mientras Wouter Weylandt supo nadar y guardar la ropa de la mejor manera posible en la segunda, ejerciendo adecuadamente su condición de punta de lanza del por lo demás flojo ‘nueve’ de Quick Step para esta edición de la gran ronda italiana. La decepción ha sido, sin duda, André Greipel. ‘Hulk’ tiene sobre sus espaldas la presión de demostrar a Mark Cavendish que es igual o mejor que él, después de los desaires lanzados públicamente por el velocista británico. Ha contado con dos ocasiones en las cuales su equipo, HTC – Columbia, ha trabajado impecablemente a su favor. En ambas su lanzador Matthew Goss ha sido más fuerte que él, quedando Greipel lejos de la victoria y transmitiendo una debilidad, cuanto menos, sorprendente.

La prueba de fuego de Quick Step

Decía al principio de la temporada de clásicas que las preguntas que se planteaban ante ella las responderían las piedras. Un mes de competición después se podría decir que la mayoría de las incógnitas se alojan en el seno de Quick Step. Esta semana previa a la disputa del Tour de Flandes, carrera en la que el conjunto belga acumula cuatro de los últimos cinco triunfos gracias a Boonen y Devolder, ha estado marcada en ese sentido por las declaraciones del mánager de la escuadra flamenca Patrick Lefévre, que no dudo en declarar a P Magazine su enfado con la Federación Belga por condicionar a Iljo Keisse y, sobre todo, sus críticas a dos de los puntales de su propio equipo para las clásicas: Wouter Weylandt y Stijn Devolder.

Las críticas de Lefévre están cargadas de razón. A Weylandt le acusa de haber tenido unos pocos días buenos y, después, nada más. Lo cierto es que el velocista belga no tuvo demasiadas actuaciones brillantes la pasada temporada, y que ésta prácticamente no la ha empezado; cuenta, sin embargo, con el atenuante de su juventud. Respecto de Devolder existen menos paliativos: Lefévre le acusa de centrarse únicamente en el Tour de Flandes, y basta mirar sus resultados en 2009 para comprobar que no se puede más que estar de acuerdo con el técnico. Victoria en Flandes aparte, Stijn no hizo más que dos buenas cronos en Tirreno – Adriático (2º) y otra en el Campeonato de Bélgica (4º). El resto del año lo pasó en el anonimato, a pesar de completar más de medio centenar de días de competición adicionales.

Cabe la posibilidad de que las declaraciones de Lefévre fueran un latigazo para intentar hacer reaccionar a sus pupilos. En ese sentido, el acicate funcionó: tanto Devolder como Weylandt se mostraron agresivos y voluntariosos en los Tres Días de la Panne, el primero tirando del pelotón en solitario durante la etapa inaugural y el segundo esprintando en el sector matinal de la clausura, si bien también dejaron en evidencia que su forma física deja un poco que desear de cara a enfrentarse al Tour de Flandes, su gran compromiso de la temporada. Como consecuencia de este estado de forma precario, Weylandt se ha caído del ‘ocho’ de Quick Step para el Monumento flamenco. Devolder, por su parte, se ha visto relegado y se resigna a trabajar para que Tom Boonen consiga su tercera victoria en la clásica belga.

La realidad es que, en este momento, el superclase de Mol es la baza más sólida que puede poner en liza el conjunto belga. A su alrededor apenas podrá disponer de un aspirante de segunda fila como Sylvain Chavanel, gregarios sólidos pero poco relevantes como Barredo, Hulsmans y Tossato y un candidato a sorpresa positiva como Maarten Wynants. La situación será muy distinta a la del año pasado, donde Quick Step pudo bloquear la carrera a su antojo y servir la victoria para aquel que más interesó. Seguramente Boonen deberá luchar cuerpo a cuerpo con el que, a tenor de lo visto en el E3 Harelbeke, es el rival a batir: el suizo Fabian Cancellara, que en 2009 vio frustradas sus aspiraciones de ganar su tercer Monumento por una cadena rota en el Koppenberg y una ansiedad excesiva y en 2010 tendrá en Matti Breschel un gregario de excepción. Tras ellos, la opción del catalán Flecha, la posibilidad de un Gilbert estelar y las múltiples bazas de Liquigas (Oss, Bennati, Quinziato) y Rabobank (Nuyens, Boom, Langeveld). En la línea de meta de Meerbeke sabremos el nombre del ganador; pero, antes, nos enteraremos de si Quick Step es capaz de superar su prueba de fuego.